"Chocolatier" AU BillDip

Resumen: El chocolate es un regalo de los dioses a los mortales, entre sus muchas propiedades se encuentra el sanar un corazón roto.

Disclaimer: Los derechos de los personajes de Gravity Falls pertenecen a Alex Hirsch y a Disney, yo los uso con el único propósito de entretener y sin fines de lucro, los personajes que mencione y no aparezcan en la serie son de mi autoría (Salvo que los tome de otra serie :v como OTGW)

Género: Drama, BL

Clasificación: Mayores de 15 (Aunque es internet, y seguramente hay chicos menores de 15 posiblemente leyendo, sean discretos).

Advertencia: Amor entre chicos, corazones rotos, palabras feas que los niños no deben decir, alguna que otra falta de ortografía, sexo, mucho sexo gay y desenfrenado, bueno la verdad el sexo aún no es seguro, una mala redacción, posibles cambios de narrador y tiempos gramaticales, es un universo alterno y puede haber OoC.

Pareja Principal: Bill Cipher /Dipper Pines

Autora: Leani, o Dilea como gusten decirme

NOTA DE LA AUTORA: Hola, antes que nada, lamento la demora, mi computadora ha estado fallando muchísimo, más de la mitad del capítulo al parecer no se había guardado o que se yo, y tuve que rehacerlo, no quedo como estaba en un inicio pero la idea es la misma. De antemano me disculpo por los errores que tengan pero decidí publicar antes de que mi pc colapse :'( espero no tener muchos errores, disfruten el capitulo.

Capítulo 4

El arte hecho chocolate

~1~

Dipper y Mabel tenían casi 10 años cuando sus padres murieron, fue en el mes de Julio, después del funeral mudaron sus cosas de California al estado de Oregón, al pueblo de Gravity Falls con sus tíos abuelos, sus únicos parientes vivos y aptos para hacerse cargo de ellos, a Mabel le tocó ser el apoyo de ambos, con su extrovertida personalidad trataba de evitar que su hermano se hundiera, él cayó en depresión y se sumió en un mutismo que duró casi tres meses, sólo hablaba con ella y sus tíos, la chica no se pudo permitir vivir el luto, más de una vez ella era quien quería consuelo, quien quería llorar a mares, pero en vez de eso callaba y ponía una sonrisa e intentaba ayudar Dipper a seguir adelante, y sin darse cuenta eso fue su catarsis, ese año fue el cumpleaños más triste que la castaña recordaba, fue un pequeño pastel del supermercado, sus tíos, Wirt y Grenda, dos niños que habían conocido hacia tres veranos y con quien rápidamente congeniaran, sólo los veían los veranos que visitaban a sus tíos, pero intercambiaban correspondencia* durante el año, sobretodo Dipper y Wirt que no eran muy sociables y ambos se encontraban atraídos por el misterio y lo paranormal. Para final de aquel año, ya se habían recuperado casi por completo, aún se sentían nostálgicos, pero el vivir llorando no haría que sus padres regresaran y ciertamente ellos no querían que sus hijos vivieran constantemente tristes, aún había ocasiones en que los gemelos se sentían afligidos, pero era cada vez menos frecuente, pero al llegar diciembre con navidad a la vuelta de la esquina el menor de los Pines volvió a mostrarse melancólico. Y esta vez ni Mabel pudo hacer mucho por su hermano.

Una fría mañana, tupidas nueves cubrían el cielo y amenazaba con nevar, Mabel había ido a casa de sus amigas a ver películas de temporada, lo había invitado pero él se negó. Se encontraba leyendo cuando llamaron a la puerta, parecía que nadie iría a abrir, suspiro con pesar y dejo su libro sobre el sofá, era el cartero.

— Hola pequeño ¿Esta tu tío Stan? Traigo un paquete para él. – Dipper asintió con la cabeza y fue a buscarlo, estaba en la tienda haciendo inventario.

— Tío Stan, traen un paquete para ti, debes ir a firmar.

— Genial, seguro ese el pedido de mes pasado. – Ambos caminaron a la puerta de entrada, Stanley Pines se extrañó al ver el paquete, era bastante pequeño para ser su mercancía, Dipper se quedó en la sala de estar y tomo su libro nuevamente, escucho que la puerta se cerraba y su tío se sentó junto a él y puso su paquete en la mesita de café, el pequeño observo como rasgaba el papel luego de un breve vistazo al remitente, y una pequeña sonrisa de satisfacción se colocaba en su rostro. En el interior había un cofrecito de madrera de unos treinta centímetros de largo por unos diez de alto, había un sobre sobre el cofre, el mayor leyó rápidamente la carta, la guardó en el bolsillo de su abrigo y abrió el cofrecito.

— Gracias Dan*.– Escucho que murmuraba su tío a la par que frotaba sus manos, ansioso.

El castaño observaba con curiosidad mal disimulada y sus ojos brillaron al ver lo que había en el interior: chocolates, se veían más que deliciosos, no eran las típicas barras que solía consumir, esas que al fabricarse en masa algunas veces salían mal decoradas, no estas se veían diferentes, algunas eran pequeños cuadrados, otras unas esferas coloridas, había algunos bastoncillos alargados y delgados, otras parecían pequeños tazones, y otras tantas formas, todas colocados en pequeños capacillos de papel, se veían delicadamente decorados, hechos con mucho cuidado. Su tío sacó el contenido del cofre, cuatro charolas de plástico apiladas que contenían los chocolates para mantenerlos fijos al transpórtalos, los dejo a un lado y observo el fondo del cofre y con un poco de trabajo quito lo que parecía la tapa de un fondo falso, saco un par de bolsas plásticas con algo que no sabía que era, solo distinguía el color verde, morado y café, lucía como musgo seco, en la otra habían champiñones, o eso parecía. Rápidamente guardo las bolsas en su abrigo y se dirigía a su recámara, antes de salir de la habitación se giró a su sobrino.

— Puedes quedarte con eso chico, – señaló el cofre y los chocolates. — Pero recuerda compartirle un poco a tu hermana. – el castaño asintió enérgicamente y antes de que Stan saliera por completo probó una de aquellas delicias, simplemente se perdió en aquel maravilloso sabor, había probado un pedacito de universo, de repente el cielo ya no era tan gris, el frío era agradable y el mundo ya no era triste. La hora de la cena había llegado y Dipper ya se había terminado una de las charolas, y había guardado el cofre en su habitación, bajo al comedor donde sus tíos se encontraban poniendo la mesa.

— Te ves mejor chico. – comento Stan mientas colocaba un plato d asado frente a su sobrino y notaba su sonrisa.

— Sí tío, esos chocolates son, mágicos.

— ¿Qué chocolates Lee?

— Oh, un amigo que conocí en Holanda me envió un presente de navidad, Daniel Corduroy ¿recuerdas? El pelirrojo malhumorado, tiene una hija que es chocolatera y me envío chocolates artesanales que ella hace, entre otras cosas. – susurró la última parte aunque Ford lo escucho y ya sabía que otras cosas había enviado aquel sujeto, y el aditivo de mágico en los chocolates no le estaba agradando. — Los chocolates son simples chocolates, sin ningún añadido extraño Sixer, lo juro.– Le mostro la carta que había recibido donde explicaba que esos eran chocolates normales que servían para despistar el otro obsequio. — Sabes que no lo pondría en riesgo, y no me gusta el dulce así que decidí dárselos al chico, y ve, funcionó ya está de mejor humor. –

— Sí, supongo debemos ver el lado positivo. – Se sentaron a comer en silencio, por lo general era Mabel quien dirigía los temas de conversación, pero iba a quedarse a dormir en casa de su amiga Candy, cuando los mayores estaban recogiendo los restos de la cena Dipper, sorpresivamente, rompió el silencio.

— Tío Stan, ¿Cómo hace la hija de tu amigo los chocolates? No son como los que compramos en el supermercado ¿Por qué estos me hacen sentir mejor?

— Bueno, sinceramente no lo sé, tal vez sixer pueda ayudarte con eso. – Observo a su hermano, quien se quedó pensando un momento antes de comenzar a caminar.

— Sígueme. – se dirigieron al estudio del mayor, el castaño había estado ahí un par de veces y siempre se sorprendía por la gran cantidad de libros que allí había, dos paredes completas, del suelo al techo con repisas llenas de libros y otros tantos que ya no cabían en los estantes se encontraban en cajas, su tío busco durante algunos minutos mientras el pequeño esperaba sentado frente al escritorio. — Aquí esta. – Tomo un grueso tomo de una enciclopedia de botánica, y se sentó junto a su sobrino. — Verás el principal ingrediente del chocolate es el cacao, al menos lo es de los que probaste, no es algo precisamente barato y por eso las grandes chocolateras los mezclan con grasas, azucares, leche para rebajarlos y que sea un costo rentable, por eso los que acabas de probar son diferentes ya que algunos contienen hasta un ochenta por ciento de cacao en su composición. – Dipper se esforzaba en entender a su tío, y este a su vez intentaba explicarle de la forma menos técnica posible y simplificarlo para él, aunque era un joven inteligente no podía usar términos que no conociera, sería complicado. — Esta es la planta del cacao y este es el fruto, es el grano del cacao lo que importa y de donde parte para hacer el chocolate. Aquí dice que entre sus principales componentes destacan el triptófano, la dopamina, feniletilamina, la teobromina. – El pequeño no parecía entender de que hablaba, suspiró y pasó su mano por sus cabellos. — Veras, a niveles químicos hay ciertos componentes que afectan tanto tu cerebro como tú cuerpo, sobretodo te hacen sentir relajado a nivel muscular y anímico, es como una especie de antidepresivo, eso es lo más sencillo que te lo puedo explicar. – el castaño se quedó procesando la información recibida, el chocolate si bien no hacía que las personas fueran felices si ayudaba a que no estuvieran tristes y él no quería que más personas pasaran por lo que vivió en aquellos meses.

— ¿Cómo puedo hacer mis propios chocolates?

~2~

Charles Cipher había sido educado para ser alguien recto, serio, exitoso, alguien a quien parecía que nada podría afectarle, y eso mismo quería inculcar a sus hijos, desgraciadamente no contaba con el carácter rebelde de su segundo hijo que más de una vez le dio dolores de cabeza, pero aun así lo amaba, a sus tres vástagos, tan diferentes. Phil era lo más parecido al hijo modelo: serio, formal, le obedecía sin cuestionarlo y en unos años podría dejarle a cargo su empresa más importante. Bill era muy inteligente pero también bastante holgazán, mientras Phil daba mucho más de lo que se le exigía Bill apenas daba lo suficiente, se solía escapar de casa por las noches, usaba un lenguaje vulgar y frecuentaba sitios y personas nada propios para alguien de su categoría, mostrando siempre una faceta sarcástica, cínica y un humor bastante negro. Su esposa Vanessa no quiso que su tercer hijo fuera incapaz de demostrar emociones positivas, así que ignorando los deseos de su esposo convirtió al menor, Will, en un joven un tanto dependiente, temeroso y bastante sensible en sus primeros años de vida, pero el primer gran logro de Bill Cipher fue el de fortalecer un poco el ánimo de su hermanito, fueron inseparables durante la juventud del rubio llegando incluso a contagiarle su sarcástico humor y su afilada labia, la cual no solía mostrar a menudo, pero sin duda de los tres hermanos era a quien menos se antojaba ver molesto.

Pese a todos esos defectos, Charles no podía negar que adoraba a su familia, estaba orgulloso de sus hijos y ellos lo amaban pese a no demostrarlo de forma muy efusiva, por ello el día que murió los afecto drásticamente a todos su esposa, dependiente a él y su compañía no pudo soportar la soledad y en menos de un año dejó la mansión ya que todo le recordaba a su pareja, y buscó consuelo en diferentes hombres pero ninguno estaba a la altura del caballero que había sido el padre de sus hijos. Phil se sentía incapaz de llorar o charlar sobre eso con sus hermanos así que se encerró en su trabajo por meses dejó de dormir y alimentarse adecuadamente, podía pasar días enteros sin salir de su oficina. Bill por su parte hizo lo que mejor sabía, estar de fiesta, el alcohol y las drogas eran alivios temporales que evitaban que la tristeza lo consumiera, de forma impresionante fue Will quien mostró más fortaleza lloró lo que hubo que llorar y cada domingo, durante tres años, visitaba el sepulcro de su padre, al principio conversaba con él, contándole lo que ocurría con la familia, después las visitas fueron mensuales que se limitaban a llevar flores y pronunciar breves frases, un te amo papá, o todos te extrañamos eran suficientes. Le dolía ver como sólo eran sus flores las que adornaban aquella lapida, su familia se había separado, nunca tenían tiempo para salir a comer, para saber cómo estaban, no podían tener una conversación de más de cinco minutos sin que alguien comenzara a gritar, por lo que decidió rendirse y hacer lo que ellos habían hecho con él, ignorarlos. Cuando la cordura regresó a los Cipher ya era tarde, o eso creían, su familia se había desmoronado y ninguno tuvo el valor de romper aquella rutina silenciosa de enviarse obsequios para ocasiones especiales.

~3~

¿Por qué siempre te brillan los ojos cuando hablas de tus deliciosos postres? Desde el primer día en que lo vio hablando de forma tan apasionada sobre sus creaciones, Bill sintió curiosidad ¿qué había tras todo aquello? Seguro había una excelente respuesta, seguro una historia fascinante, casi inverosímil, por ello se sorprendió con la respuesta que recibió.

— No me gusta ver tristes a las personas. – El rubio no supo que decir ante eso y en su rostro se reflejó la confusión, Dipper sólo soltó una risilla y trato de explicarse mejor. — Hay ciertas propiedades en el chocolate que pueden levantar el ánimo de las personas, muchas veces nos guardamos el dolor y la tristeza y no tenemos con quien acudir, o simplemente no queremos compartirlo con los demás. – El otro asintió con la cabeza, aun sin comprender a donde quería llegar. — ¿Sabes que es el THC?

— Es lo que tiene la marihuana ¿no? – No sabía que tenía que ver lo uno con lo otro, ¿su chico del café vendía brownies espaciales? No que le molestara, le compraría algunos incluso, pero esos cambios de conversación no podía seguirlos.

— Sí, es el principal componente psicoactivo, entre la alteración a los sentidos también logra un estado de relajación y de euforia. El cacao tiene un compuesto similar llamado anandamida que cumple esas mismas funciones pero en menor intensidad, y si le agregamos sus deliciosos sabores, y las combinaciones diversas que puedes hacer con él, es un bálsamo para el alma, no en vano cuando alguien está triste siente ganas de comer chocolate, su cuerpo le pide precisamente esos compuestos que necesita para mejorar su estado de ánimo.

— Me acabas de dar una lección sobre lo activos químicos del chocolate pero eso no responde mi pregunta ¿cuál es la pasión de tras de esto? – señalo a su alrededor, todos los postres que se exhibían, aquel local decorado de forma sencilla, cálida y cómoda, eso era la culminación de un sueño, o quizá sólo el principio.

— Lo sé, pero necesitas esos antecedentes para comprender un poco. – tomó aire intentando encontrar las palabras correctas. — Mis padres murieron cuando era un niño. – Dipper acalló con una mano él lo siento que el rubio iba a decir. — No importa, ya no duele, aunque en ese entonces dolía mucho, yo no estuve bien el año que ocurrió, todo iba cuesta abajo, no quería comer, jugar, en ocasiones ni siquiera quería hablar con mi hermana, sólo quería dormir, sólo me la pasaba leyendo, sabía que estaba mal, pero no había nada que me motivara, simplemente me estaba apagando, entonces un día de diciembre a uno de mis tíos le enviaron un paquete desde Holanda, eran chocolates artesanales, y otras cosas, – soltó una risa al recordarlo. — había una gran variedad: bombones, pralinés, orangettes, trufas, con solo verlos adivinabas que sería una gran experiencia para el paladar, y fue mejor de lo que imaginaba, fue una experiencia única, no podría describirla, pero como los chocolates del supermercado no eran como aquellos, pensé en hacer los míos, al principio para mí, pero pensé en mi familia y amigos, todos alguna vez sentimos tristeza y el chocolate de alguna forma ayudaba a sobrellevarla, pero no era tan sencillo hacerlo, durante mi adolescencia experimente un poco, teniendo interesantes resultados y una meta fija, poder vender chocolate de calidad a un precio accesible. El proyecto final para graduarme del culinary institute of America fue potenciar las propiedades que te mencione anteriormente, sin tener que perder sabor o que se elevara el costo, al final lo logré*, por eso me apasiona al hablar de mis creaciones, porque son el resultado de una vida de esfuerzo, fue poder aferrarme a un sueño y lograrlo.

El ojimiel se perdió en las pupilas avellanadas, ahí estaba ese brillo especial, tan apasionado, recién valoraba el esfuerzo que había tras cada postre fabricado ahí, recordó entonces aquellos bombones que realizó especialmente para él, buscando que no fueran muy dulces pero tampoco muy amargos, buscando un equilibrio al paladar. Nunca se los agradeció.

— Yo, creo que no te había dicho lo mucho que me gustaron los bombones que me preparaste aquella vez, sabían delicioso más que eso, yo, gracias. – se sonrojó levemente.

— No tienes por qué darlas, ahora Bill dime ¿qué te apasiona a ti?

— No lo sé, antes creía que era pintar pero jamás desborde el entusiasmo que tú tienes, ni un poco, y tampoco quise luchar por hacerlo mi forma de vida, supongo que aún no encuentro algo de lo que jamás me harte, que quiera hacer hasta el final de mis días. –se sintió extrañamente vacío, él tenía algo que muchos ambicionaban, dinero, el suficiente para vivir cinco vidas sin trabajar, podía darse los lujos que quisiera, y sin embargo no era plenamente feliz.

— ¡ánimo! Tienes toda una vida por delante, verás que encontraras algo. – Le dedico una cálida sonrisa y le sirvió una rebanada de tiramisú. Y Bill en verdad creyó en las palabras de aliento de Dipper, una pequeña ilusión se instaló en su pecho.

~4~

Era sábado al mediodía y Mabel se encontraba impaciente, frente a ella tenía un vestido a medio hacer y solo jugueteaba con los alfileres mientras observaba su celular en la mesa que tenía al lado, su hermano había prometido contarle si accedía a tener una cita con Bill, aunque en su opinión lo que hacían por las mañanas era una cita, debía saber sí su hermano saldría con aquel rubio para darle unas cuantas indicaciones sobre cómo vestir primeramente, había descartado el primer conjunto, a que lugares podría ir y cómo comportarse en ellos, no era tonta y tal vez Dipper se había tragado el cuento de que el rubio era un simple oficinista pero para alguien que se dedicaba al mundo de la moda era fácil reconocer los trajes de sastre que él solía llevar, algo que un simple oficinista no podría permitirse, y estaban sus movimientos aún el más descuidado poseía una gracia y elegancia típica de quienes fueron criados en las altas esferas. No sabía cuál era la razón por la que le mintiera a su hermano, aunque podía adivinarlo: no quería que se interesaran en su dinero, sino en él. Tal vez había tenido una mala experiencia en el pasado, se negaba a pensar que ese sujeto quisiera burlarse de su hermano, porque sí lo hacía, conocería a Mabel Pines, así como Pacifica ya había sufrido su ira, ella no dudaría en darle su merecido a quien lastimara a su hermanito sin importarle quien fuera. Su celular comenzó a sonar la melodía de Disco girl, su gemelo le estaba llamando, aceptó la llamada, puso el altavoz y sin saludar siquiera reprendió a su hermano.

— ¡Alexander "Dipper" Pines*! ¿Pensabas hacerme morir de curiosidad como a los gatos?

— ¿Qué? Creo que así no va el refrán, Mabel me vas a dejar sordo, sígueme gritando y colgaré.

— Atrévete a colgar y yo te colgaré a ti de las pelotas, ah espera, no tienes, ni en los años 50's se cotizaban tanto para tener una cita.

— Mabel, basta.

— Vale, estoy calmada, cuéntame.

— Ya sabes la respuesta, accedí a salir con él. Lo veré a las 9. –

— ¿A las nueve? Pero cierras a las 8, y en lo que limpias, no te dará tiempo de ir a cambiarte. – comenzaba a hiperventilar.

— Vendrá aquí por mí, me iré con lo que llevo puesto, imagino que iremos a un bar o algo así.

— ¿Te irás justo como estas? ¡Dipper! Debes ducharte, y ponerte más guapo, no señor, no iras con tus trapos feos de siempre, saldrás temprano hoy.

— Mabs no puedo hacer eso, debo cerrar a la hora que establecí.

— No hay pero que valga, dije que saldrías antes no que cerrarías temprano, yo sé cómo funciona todo, y lo que más se vende ya está preparado, solo debo servirlo de forma coqueta y ya. Yo te relevaré. – Sin esperar más respuestas la castaña colgó, observo algunas prendas que ya había confeccionado, ideales a la talla de su hermano, eligió tres conjuntos y les tomo una fotografía, tomo su bolso y cerró su estudio.

En menos de una hora había llegado a la cafetería de su hermano, observo y el local estaba casi lleno, pero todos los clientes ya tenían sus pedidos, no los distraerían mucho. Se dirigió a la puerta tras el mostrador y entro a la cocinita, sobre la mesa más alejada de las estufas, la cual servía de oficina, donde llevaba sus registros de contabilidad, requisiciones, cualquier cosa que necesitara papeleo. Colocó con cuidado las prendas y se dirigió a su hermano, se encontraba sentado tras el mostrador, garabateando en una libreta, lo abrazó por la espalda y recargo su mentón en su hombro.

— ¿Qué haces bro?

— Quiero hacer una escultura de chocolate, pero aún no elijo un diseño que represente ese compromiso.

— ¿Por qué no haces algo abstracto?

— ¿Cómo qué? – su hermana le arrebato la libreta.

— No debe ser algo que represente fielmente esos gustos, sólo algo que haga alusión a ello. – comenzó a hacer unos trazos, siempre dibujo mejor que su gemelo, habilidad que potenció al estudiar diseño de modas. Dipper la dejó dibujar para atender a sus clientes, cobrar y limpiar algunas mesas. Al cabo de unos minutos termino el boceto, y se lo mostró a su gemelo quien quedo complacido con el diseño, la base eran cuatro esferas y en una de ellas sobresalía una luna menguante, a centro se elevaba un tosco riso que se ramificaba, tenía algunas hojas similares a las del maple y algunas flores, unas simulaban caer, sencillo, practico y lindo, con ese aire extraño que a los futuros esposos les gustaba. — ¿Qué te parece?

— Es perfecto. Gracias Mabs. – le dio un fugaz abrazo mientras comenzaba a imaginar los colores que agregaría, las hojas serían de un tono cobrizo, la luna tendría salpicaduras de dorado y plata, las flores serían detalladas con granate y el tronco sería de chocolate oscuro.

— Bien ahora pasemos al motivo por el que estamos aquí ¿A dónde piensas ir?

— No sé, Bill no dijo nada, yo pensé en ir al bar de la calle Christopher y…

— Obviamente no irán a ese tugurio de mala muerte, ¿no has pensado que tal vez Bill prefiera algo de más categoría? ¿O quizá caiga en el cliché de una cena en un elegante restaurante?

— Pues, no, no lo había pensado.

— Eso es obvio, y no podrías ir con esa ropa – señalo sus converse gastados, su pantalón de mezclilla deslavado y que comenzaba a deshilacharse en algunas partes. Aunque su blanca filipina cubría su torso apostaba a que llevaba una camisa desgastada con el estampado de alguna banda. — Necesitas algo versátil– sacó su celular y le mostro las fotografías. — ¿Cuál prefieres? – Dipper eligió al azar, un pantalón negro de corte recto, una camisa azul marino y un saco gris casual. — Bien, en un par de horas debes marcharte a arreglarte.

Ambos estuvieron atendiendo a los clientes, mientras charlaban, el tema principal fueron los encuentros matutinos que tenía con Bill y lo fácil que le resultaba estar con él, se sentía como si lo conociera años atrás, y no sólo unas semanas, habían hablado de su pasado, sus gustos, sus temores, su familia y amigos. Mabel lo observaba con una sonrisa, aunque no lo admitiera comenzaba a ilusionarse y ella no sabía si eso era bueno o malo. A las seis en punto, ella lo obligo a ir a casa con el atuendo que usaría, y con la promesa de ir juntos a desayunar al día siguiente para que le contara con lujo de detalles su cita.

~5~

William Cipher se encontraba observando la ciudad tras la ventana, siempre llena de vida, de actividad, nunca le gusto, él prefería los lugares tranquilos, sin muchas personas, antes de que su padre muriera ese era su sueño, irse a vivir a un pintoresco pueblo montañés, y ahora se encontraba atrapado en un trabajo que si bien no odiaba, tampoco lo disfrutaba, escucho pasos a sus espaldas pero seguía absorto en sus pensamientos, en lo que pudo haber sido.

— Lamento haberte hecho esperar, estaba terminando de resolver un asunto importante. – su hermano mayor entro aun revisando unos documentos.

— Descuida, se sentó en un cómodo sofá que había en el despacho. ¿Hay problemas?– le cuestionó al ver el ceño fruncido del otro.

— Nada grave, aunque para mi molestia necesito ver a Phil para resolverlo. – hizo una mueca de frustración, mientras que el ojiazul sonrió complacido.

— Sabes, es bueno que lo menciones ya que justamente vengo a hablarte sobre eso. – Bill al fin levanto la vista de los papeles y observo a su hermanito. — Phil quiere vernos a ambos, al parecer tiene algo importante que decirnos.

— ¿Cuándo?

— Hoy, en la noche. Reservo en citré.

— Lo siento no puedo, ya tengo un compromiso, dile a Philip que eso se avisa con timpo.

— Pero Bill, es importante, al parecer quiso decírtelo durante el almuerzo la semana pasada pero no le diste oportunidad.

— Lo siento, no podré hoy. – Antes de que Will continuara insistiendo un desarreglado pelirrojo entró a la oficina llamando al rubio a gritos.

— ¡Bill! ¡¿Cómo es posible que sigas aquí todavía?!

— Hola Tom, también es un gusto verte.

— ¿Por qué sigues aquí? Ya deberías estarte arreglando para tu cita de esta noche.

— Me entretuve con el contador de la empresa y algunos socios, y como verás tengo una visita habría sido grosero correrlo o no atenderlo. – señalo a su hermano.

— Hola enano. – Tom despeino los cabellos azules del menor, quien hizo un puchero de enfado. — ¡Aw! Eres adorable. Pero viven juntos ¿no podría esperar?

— Thomas, es un asunto familiar importante y mi hermano debe asistir, vine por él.

— Eso sí que no enano, Bill tiene una cita con un sensual y ardiente hombre diez años menos que él, no se lo arruinaras.

— Oh por favor, cualquier otro día Bill ir a conseguir a sus, sus, hombrezuelos, total le dura más un trago que un acompañante.

— Ese es el punto enano, este no es como los otros, hasta pone ojitos de borrego a medio morir cuando habla de su chico del café, nunca lo vi ilusionado con nadie y no voy a permitir que pierda esta oportunidad. – el menor de los Cipher quedó sin habla tras esa confesión, el que su hermano pareciera por fin querer algo serio con alguien, nunca creyó que eso ocurriría así que volteo a verlo esperando una confirmación pero parecía que quería asesinar a Tom en ese preciso instante.

— Bueno, podrías llevarlo a la cena, supongo que Phil llevará a su novia.

— Lo dudo, si es algo importante sobre lo que quiere hablar y en verdad necesita mi presencia será algo familiar.

— Sí, tienes razón, pero es algo urgente, lo cambiaré para mañana a la hora de la comida ¿tienes alguna objeción?

— Ninguna, ahí estaré.

— De acuerdo, le avisaré a Phil y te envío un mensaje con el lugar y la hora, y suerte hermano. – Le dio un inesperado abrazó que pronto fue correspondido, Tom se mordió la lengua para evitar decir algún comentario sarcástico, sabia cuanto había extrañado su mejor amigo la relación que solía llevar con sus hermanos y parecía que las cosas comenzaban a mejorar.

~6~

Dipper observaba alrededor un tanto fascinado aquel lugar, era bastante acogedor, las paredes eran de ladrillo y el piso de madera, una ligera luz ambarina no muy brillante llenaba el lugar, el mobiliario era rustico, cada mesa tenia flores frescas y unas cuantas velas flotando en un tazón de cristal, le daba un toque muy íntimo, tanto el cómo su acompañante tenían una copa de buen vino tino, una tabla de quesos y uvas para degustar en lo que esperaban el platillo principal.

— ¿Te gusta?

— Es un precioso lugar Bill, llevo años viviendo en esta ciudad y no sabía que hubiera algo así, aunque lo cierto es que no acostumbro a salir mucho, prefiero quedarme en casa viendo películas o leyendo, ocasionalmente voy a exposiciones en galerías o a los museos, aburrido ¿no?

— No me lo parece, al contrario, parece que en esta ciudad abundan los fiesteros, estar festejando hasta el amanecer ya no es algo que me llame mucho la atención, prefiero la tranquilidad. Sabes, no sabía a donde llevarte lo usual es ir al cine, un café o a cenar. Descarte el cine porque quería seguir conociéndote y no podríamos hablar si debemos ver una película, no podía llevarte a tomar un café porque la mejor cafetería de esta ciudad la atiendes tú y no sería justo ponerte a trabajar en nuestra cita, fue difícil decidir un lugar para cenar ya que cocinas delicioso, no podía llevarte a cualquier lugar sería un insulto.

—Me halagas – soltó una risilla y comenzó a sonrojarse. — Pero exageras, y sinceramente no soy tan bueno.

— Tu modestia es fascinante, aunque no tanto como tus ojos ni tan embriagante como tu sedosa voz. – se inclinó sobre la mesa, le dio una coqueta sonrisa y tomo su mano, su sonrisa se ensancho al ver que el castaño entrelazaba sus dedos. Ambos cayeron en un agradable silencio en el que se perdieron en la mirada del otro, sus pulsos se aceleraron, Dipper sintió que su mano comenzaba a sudar y quiso retirarla pero el mayor no se lo permitió y lo sujeto con más fuerza. — ¿Te incomoda que sujete tu mano?

— Para nada, es sólo que…

— ¿Qué cosa?

— Nada importante. – le dedico una pequeña sonrisa y cambió el tema de conversación.

— ¿Cómo te fue hoy en el trabajo?

— Supongo que bien, aunque tuve algunos dolores de cabeza con los de contabilidad, tardaron horas en darme unas simples cuentas. Pero como sea, eso se solucionó.

— Me alegro ¿Te gusta tu trabajo?

— No puedo decir que lo amo, pero es bastante interesante, excepto cuando debo lidiar con situaciones de mucho estrés.

— A nadie nos gusta pero son cosas inevitables. Yo amo mi trabajo pero más de una vez he estado al borde de un colapso, sobre todo al inicio cuando no sabía llevar muy bien un negocio, pero de los errores se aprende.

— Sí, tienes razón, ahora sé que no debo ir a las oficinas de contabilidad a una hora de salir en sábado.

— Bueno por algo se empieza. Y exactamente ¿a qué te dedicas? Sé que me dijiste que haces trabajo de oficina, pero exactamente en qué área.

— Eh, pues yo, soy el segundo asistente del CEO. – Mintió esperando sonar creíble, lo había tomado desprevenido.

— Vaya, eso suena a mucho trabajo.

— Lo es, aunque en teoría tengo un horario fijo la realidad es que paso más tiempo del que quisiera en la empresa. – suspiro con pesar, esa parte no era mentira, por fortuna para él, el primer tiempo llegó e interrumpió su charla.

Para el momento del postre, ya con el alcohol en sus sistemas la charla era más fluida, aunque Dipper que no acostumbraba a beber se sentía bastante achispado, algo mareado y aunque empezaba a arrastrar las palabras no paraba de contar sus vergonzosas anécdotas, Bill se divertía escuchándolo su risa era contagiosa y ya hasta sentía que adoraba a Mabel con todas esas locuras que hizo pasar a su gemelo, al momento de irse el castaño se tambaleaba al caminar, y el ojimiel se reprendió por dejarlo beber tanto. Se apresuró a sostenerlo, caminaron un par de cuadras y el rubio no veía ningún taxi disponible, tendría que hablarle a su chofer, busco un lugar apropiado para poder esperar pero había potenciales peligros para su acompañante en estado de ebriedad, a media cuadra más se encontraba una entrada a central park, en el parque habría menor riesgo, no era muy noche, esa parte contaba con vigilancia e iluminación, la mejor opción del momento, con algo de trabajo llegaron a una banca donde sentó al castaño con cuidado y el hizo lo mismo a su lado, saco su celular y llamó a su chofer, dio breves pero claras instrucciones, por el trafico posiblemente demoraría media hora en llegar, a punto de guardar su móvil notó que estaba solo en la banca.

— ¡Dipper! ¡¿Dónde estás?!– comenzó a llamarlo desesperado.

— ¡Bill!– el rubio volteo hacia la fuente de sonido, y lo vio más adorable que nunca, se abrazaba con fuerza a un pino e intentaba treparlo sin éxito, al no poder hacerlo intento sacudir el grueso tronco que no se movió ni un poco, enfadado lo pateo haciéndose daño en el pie. — ¡Bill! – volvió a llamarlo con urgencia. Se acercó a él conteniendo una carcajada.*

— ¿Qué ocurre? ¿Ese árbol te robo la billetera? ¿Te ayudo a patearlo?– el castaño lo miró ceñudo.

— Es un pino, y quiero una ardilla. – se cruzó de brazos e hizo un puchero, lucia tan adorable.

— ¿Para qué quieres una ardilla?

— Son tiernas y esponjosas. Quiero una de mascota.

— Te daría una, es más todas las ardillas de este parque pero no tienes tiempo para cuidarla ni jugar con ella, tener una encerrada la pondría triste.

— Pero…

— Podemos venir los domingos y traerles algunos frutos secos.

— Eso suena a una segunda cita.

— En realidad suena a muchas más citas, si así lo quieres. –El castaño abrazo sorpresivamente a Bill, aunque no se molestó, al contrario se apresuró a corresponder el abrazo, se observaron unos instantes y lentamente acercaron sus rostros, el aliento cargado de alcohol inundo sus fosas nasales, sus labios se encontraron por primera vez, era un beso torpe por parte de Dipper pero aun así quería más, paso sus brazos por el cuello del rubio y empezó a dar pequeñas mordidas y coló su lengua en la boca de su acompañante, las manos del mayor recorrían su espalda con suavidad, sin el febril entusiasmo del otro que lo sujetaba con rudeza y desesperación, como si temiera que en cualquier momento se esfumara, se separaron más por falta de aire que de ganas, juntaron sus frentes a la par que intentaban regular su respiración, sus ojos estaban brillantes y sus labios hinchados, sonrieron en medio de sus agitadas respiraciones.

— Me gustas mucho Bill.

— Y tú a mi Pine Tree.

CONTINUARA…

— –

NOTAS FINALES:

*Sé que la historia de la caricatura se desarrolla en 2012 pero como la que yo hago se desarrolla en este año 2016, pues cuando los personajes eran niños no era popular el uso del e-mail y las redes sociales ni existían, creo, así que se carteaban ;u; que bonito, yo siempre quise un amigo por correspondencia.

*Obviamente hablo del padre de Wendy, Manly Dan.

*Pues no es posible eso, no se podría potenciar sin alterar otras propiedades organolépticas, con alguna esencia o alcohol se puede hacer de forma más sutil, pero aun así hay cambio, así que imaginen que si es posible porque es sólo una historia xD

*Alexander en honor al sensual-hípster-amante de lo spooky-leñador-creador de Gravity Falls Alex Hirsch

*Alguna excusa barata debía tener para el apodo de pine tree,

Al inicio mencione que mi computadora está fallando, la idea es formatearla esta semana por lo cual no puedo asegurarles que suba capitulo el viernes, pero tratare que así sea. En fin Lindo día y dulces pesadillas.

Ahora sí a responder comentarios, que ahora solo tuve dos :'( *cries in spanish*

Slash Torrance: Me alegra que te vaya gustando el capítulo, en ocasiones siento que si voy apresurando las cosas entre ellos, pero en estos tiempos modernos ya todo es muy rápido :v bueno ya aquí hay BillDip oficial Saludos, hasta el próximo capítulo. :)

Saory Namino Cipher: Jajaja me gusta el pinescone pero AMO el BillDip, asi que solo hare guiños a esa pareja. También me encanta Pyronica, por alguno de tus fanficde hecho 3, ya hubo al fin un besito BillDip y sí, habrá Tomco aunque no muy pronto aun, y sí ese Abadeer es el padre de Marcelin, Saludos hasta el siguiente capítulo :D