Disclaimer: La historia de Inuyasha es propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi.
Remembranzas
Únicamente se ufanó y enunció un nombre: -Kobayashi Rin-.
El recuerdo de una criatura jugando en su hogar de antaño se exteriorizó repentinamente, donde sus padres eran su única felicidad. Era un mundo tan estrecho, que no había espacio para las heridas. Cual doloroso fue el desvanecimiento de aquel sueño en el instante que el viento susurraba su nombre.
-Rin.
A veces solías distorsionar la realidad con remembranzas familiares, experimentando un alivio momentáneo. Querías aferrarte a ello, sabiendo que después te lamentarías. Lo único que te mantenía en pie, era olvidar un pedazo de éstas.
Inmediatamente desviaste la cabeza en dirección contraria donde estaba tu amiga, evitando que las lágrimas brotarán. Un semblante débil era el preludio de mil preguntas; de tal modo que respiraste hondo y encaraste con un rostro tenuemente alegre a tu acompañante.
Las calles paulatinamente se cubrían de ornamentos navideños, resultando paradisíaco para los amantes de esa época del año. Parecía una pintura sacada de un cuadro impresionista, que aunado al ocaso, causaba fervor en algunos transeúntes.
Sin embargo, la importancia que era dada a las festividades invernales era algo tan insignificante para ti. Incluso te jactabas de ello. Apreciabas más los rascacielos que rodeaban al distrito de Nishi-shinjuku* 1, que su demás entorno.
Después de comparar el panorama, agarraste el volante para adentrarte al tránsito. El flujo vehicular no era ningún problema para un nativo; pero la paciencia estaba en otro término. Sólo cerraste los ojos en señal de resignación. Y en ese lapso de tiempo, viñetas del pasado cobraban vida.
El silencio predominaba en los centenares de magnolias kobushi* 2 que circundaban en Karuizawa* 3, mientras con parsimonia deleitabas el olor silvestre con una ligera inclinación de tu cabeza en la gruesa corteza de un árbol.
Ese pequeño paisaje cincelado al puro estilo japonés, explotó en matices lúgubres con la interrupción de voces amenazantes. La tranquilidad de una niña que distaba ser menor de diez años, era perturbada por un trío de chicos en plena pubertad. Uno de ellos le propinó una pedrada, hiriéndola consecutivamente en su ojo izquierdo.
Una fina línea rojiza se perfiló en tus irises dorados junto con una sonrisa macabra. En un santiamén, alzaste el brazo derecho aunado con la cabeza de uno de los detractores. La estrangulación producía un cierto placer en tu muñeca; pero la muerte no era algo que promulgarás, en cambio la tortura sí.
La falta de oxígeno producía una espesa neblina ocular en el puberto, resultando en vano su forcejeo. La ira contenida en tus venas, se calmó en un par de segundos después, antes de que el chico empezará con graves síntomas de hipoxia. Cuando retiraste tu mano de su cuello, la triada huyó inmediatamente.
El panorama volvió a la normalidad, sin antes advertir unos pasos sobre el pastizal. Ningún rastro de cobardía se figuraba en aquella pequeña, cuando giraste tu cabeza para verla de reojo. Acaso era ingenua. Seguramente sí. Sin atisbo de encararla, tenías la intención de caminar en dirección contraria a ella. La piedad era casi nula o inexistente en ti; no obstante, cuando analizaste sus ojos, algo se quebró. La profundidad que se allanaban en éstos, te trastocó hasta la médula espinal…
Esos ojos esmeraldas habían sido tan letales, que nunca lograste olvidarlos. Pero la sociedad nipona podía ser tan destructiva con las apariencias, que se podía tachar de pedofilia aquel comportamiento.
En medio del caos urbano, la lluvia aclamaba por incrustarse en modestas y estrafalarias vestimentas. Sin embargo, para ti escuchar el tintineo del agua circulando por la sombrilla y salpicarte un poco, te embriagaba de una paz descomunal.
En cambio, el cruce peatonal con dirección a la estación de Shibuya*4 hacía que esa tranquilidad se esfumará. A pesar de frecuentar este lugar, no podía acostumbrarse a ello; la única opción era controlar esa claustrofobia que surgía en momentos de gran acumulación de gente.
Por lo menos tu mente se hallaba en un fragmento de la conversación que había causado un poco de polémica en tu amiga. Incluso derramó algo de su café americano cuando se percató de un ligero rubor en tus mejillas al escuchar el nombre de aquel sujeto que te había arrinconado a la lujuria en aquella velada.
Y en algún punto del camino, sin pensarlo, pronunciaste su nombre en un tono casi imperceptible con el pandemónium de gente que circulaban sin el menor reparo en ella:
-Taishō Sesshomaru.
Inmediatamente que articulaste su nombre, una fragancia cegó tu sentido del olfato, y viraste tu cabeza tratando de asimilar si ello estaba fuera de la lógica humana o acaso él se encontraba ahí. Negaste rotundamente aquel hecho, puesto que alguien con tal presencia no pasaría desapercibido.
De repente, alguien haló de tu mano izquierda y el correr de tu pulso sanguíneo se detuvo unas milésimas de segundo con aquella mirada escabrosa, que anteriormente estaba oculta por unos lentes oscuros. Y de sus labios se manifestó una breve sentencia en un tono sarcástico:
-No hay escapatoria, Kobayashi Rin.
Al menguar el tránsito en las densas calles de la capital nipona, retomaste el volante con la sutil idea de trastocar los pensamientos de esa chica.
"Ella pensaba que era la primera vez que se habían visto; y por un momento él creyó lo mismo".
Aproximadamente quince minutos después, aparcaste el coche algo alejado del peculiar cruce de Shibuya. Sin malgastar su tiempo, poco a poco se camufló entre la multitud con un sombrero al estilo gangster, el cual ocultaba su larga cabellera, aunado con unas gafas oscuras y un abrigo del mismo color.
Finalmente sólo faltaba un tramo para acercarse a su objetivo. Era el momento preciso para atacar a su atractiva presa.
"Uno, dos, tres… se ha agotado tu tiempo pequeña ave…"
* 1) Nishi-shinjuku: Es un vecindario que pertenece a Shinjuku (es uno de los 23 barrios especiales), Tokio, Japón. En este vecindario es posible encontrar la mayoría de los rascacielos en Tokio.
* 2) Magnolias kobushi: Es una especie de árbol originario de Japón. Florece a principios de la primavera, mostrando flores blancas con toques de rosa pálido, y tienen una fragancia agradable.
* 3) Karuizawa: Es una ciudad situada en el distrito de Kitasaku, en la Prefectura de Nagano. Además, es un lugar turístico muy popular para la gente de Tokio, que viajan a Karuizawa para alejarse de la ciudad sobre todo en verano.
* 4) Shibuya: Es uno de los barrios de Tokio que marcan tendencias. Sus grandes centros comerciales y las innumerables tiendas de moda hacen que Shibuya compita con Harajuku como el barrio más "fashion" de la ciudad.
Espero que les guste el nuevo capítulo. Además, procuraré actualizar cada mes (aunque esta vez fue más de lo previsto); y en cuánto a la historia, pretendo que sean aproximadamente diez capítulos.
También, agradezco de antemano los comentarios que han hecho.
