Si, no leyeron mal... Summer tiene actualización. Mas notas al final.
Declaimer: Haikyuu es propiedad de Furudate y yo hago esto sin fines de locro porque nadie en su sano juicio me pagaria.
Gracias a Zakki por betear esto! Siempre estare en deuda contigo!
Advertencias: Lemmon, lime. Cliché. OoC.
Hey hey hey
Capítulo 3: Squad.
—Buenas noches Hinata
—Buenas noches Kageyama. Descansa.
Los dos cuervos no lo dudaron ni un segundo antes de acercarse en busca de los labios del otro. Estaban recargados contra la pared afuera del cuarto del más pequeño en el segundo piso.
Sus labios encajaron a la perfección, Kageyama atrapó gentilmente entre sus dientes el labio inferior de Hinata y lo jaló para que el otro abriera la boca y pudiera adentrar su lengua, una vez que lo hizo, las manos del menor que estaban enredadas en el negro cabello de su novio se cerraron con fuerza. El jadeo que Kageyama soltó se perdió en la boca del otro; ambos podían sentir como sus besos estaban subiendo de nivel, como eran cada vez más y más adictivos, como pronto comenzarían a perder el control.
—Hinata, Kageyama, a dormir.
La voz de Suga hizo que se separaran de golpe, ambos con un violento sonrojo inundando sus mejillas y extendiéndose hasta sus orejas.
—¡Sí, Suga-san!
Hinata le dio un rápido y último beso a su novio antes de entrar corriendo a su cuarto. Kageyama suspiró y se volteó hacia su superior, ambos comenzaron a subir las escaleras.
—¿Y? ¿Tuviste éxito?
—No, ese idiota-
—¡Kageyama!
—Bien, él está totalmente cerrado. No creo que tenga sentimientos —comentó de mala gana.
—Estoy preocupado, Tsukishima no ha sido el mismo desde que Yamaguchi terminó con él, tal vez no lo demuestra pero estoy seguro que está sufriendo.
Una vez en el tercer piso ambos se quedaron frente a las escaleras y siguieron hablando. Suga, como la mamá cuervo que era, estaba sumamente preocupado por el más alto de sus polluelos.
—No lo sé Suga-san, y con todo respeto pienso que te equivocas. Creo que si le dolió al principio, pero todos sabemos como era la relación entre ellos dos. Creo que lo que realmente le afectó fue perder la rutina que tenían, pero eso es todo. Tsukishima ya no estaba enamorado de él.
Suga abrió la boca para contestar pero un fuerte portazo proveniente de la habitación del búho y el gato lo interrumpió abruptamente.
Daichi salió de su propia habitación preocupado por el estruendo, pero su corazón volvió a latir con tranquilidad cuando vio a Suga deseándole las buenas noches a Kageyama. Una vez que el de cabellos claros entró al cuarto, Daichi lo tomó entre sus brazos y lo abrazó con firmeza, al mismo tiempo que aspiraba el olor que su cabello desprendía y se relajaba gracias a la agradable esencia. Suga sintió su corazón acelerarse, un poco confundido levantó sus brazos y los envolvió con cariño alrededor de la espalda del capitán de Karasuno.
—Aquí estoy, Daichi. Es hora de ir a dormir —murmuró con voz suave como la seda.
El de cabellos oscuros solo asintió y volvió a lo que estaba haciendo antes de que el ruido lo hiciera correr. Suga lo observó con un deje de ternura antes de comenzar con su rutina para acostarse; ese abrazo lo había sentido como lo gloria y ahora se preguntaba cómo sería dormir entre sus brazos.
...•••...
Kuroo se recargó contra la puerta a la que recién le acababa de dar un portazo, su cuerpo se fue deslizando lentamente hacia abajo hasta que quedó sentado, con las piernas extendidas y la cabeza reclinada hacia atrás.
No había sido su intención escuchar a ambos armadores de Karasuno hablar, él simplemente iba saliendo en busca de Bokuto para arrastrarlo hasta la cama cuando el nombre de 'Tsukki' había aparecido y por algún motivo su cuerpo se había quedado congelado ahí, frente a la puerta de su habitación con el oído más agudo que nunca.
Luego fue inevitable dar un portazo para volverse a encerrar; el corazón le latía a tal velocidad que las alas de un colibrí quedarían en ridículo, bueno no, estaba exagerando pero es que en verdad, escuchar algo referente a que el insolente rubio tenía sentimientos y que de hecho podría estar sufriendo era... esperanzador.
Sabía que Tsukishima le llamaba bastante la atención, que sus ojos siempre se dirigían a él en cuanto estaba en la misma habitación, que se moría por escucharlo reír, y millar de cosas más, pero hasta ahora, hasta que supo que Tsukishima tenía el corazón roto y que él mismo haría hasta lo imposible por sanarlo fue que se dio cuenta de que el rubio insolente y sarcástico le gustaba... y mucho.
...•••...
Tsukishima miró él reloj en la pared, apagó la tele y emprendió su camino hacia la habitación que compartía con Akaashi. En serio esperaba que esos dos búhos hubieran respetado su cama y se hubieran mantenido lejos de ella. Durante el camino por las escaleras, en su mente repasó rápidamente lo que le diría al armador, sin embargo una vez que abrió la puerta y entró, vio una escena tan ¿linda? ¿Tierna? El punto es que la piel se le erizó por tanta dulzura. Akaashi estaba plácidamente dormido, su cabello se veía un poco húmedo ahí donde la mano de Bokuto lo acariciaba. Las sábanas blancas de la cama lo cubrían hasta la cintura. Era la imagen del sueño perfecto.
—¡Tsukki! —susurró Bokuto—. Me alegro de que ya estés aquí. Es hora de que me vaya —se inclinó para besar en la frente a su novio y luego se dirigió a la salida de la habitación—. Buenas noches, Tsukki.
El rubio murmuró unas palabras de despedida similares y una vez que la puerta fue delicadamente cerrada, algo muy raro viniendo de Bokuto, le dirigió una mirada a Akaashi, sintiéndose algo celoso de lo plácidamente que el otro dormía.
...•••...
A la mañana siguiente, en la habitación de Yaku y Noya, el gato de Nekoma fue despertado por los rayos del sol en su cara. La noche anterior había olvidado cerrar las cortinas y ahora se arrepentía terriblemente de ello. Su compañero seguía durmiendo, totalmente desparramado en la cama con las sabanas enredadas en sus piernas y parte de su torso.
Al parecer el karma le había llegado, porque tenía una media erección matutina. Con un suspiro se levantó de la cama y fue hacia el baño para echarse agua fría en la cara. Se vio al espejo y no pudo detener la sonrisa traviesa que se abrió paso a través de sus delgados labios.
Regresó al cuarto y vio la hora, eran las siete de la mañana con unos minutos; probablemente sus otros compañeros seguirían durmiendo por un buen rato, así que tendría la playa del lugar para sus oscuras intenciones.
Le envió un mensaje a su novio, se puso un short rojo y una playera blanca, de la ropa que había llevado con él desde Tokio, luego salió de la habitación para esperar al otro.
...•••...
[Yaku-meew, 7:12 a. m.] Emergencia Lev. Te espero en el pasillo.
Lev tenía el sueño muy ligero, así que el zumbido de su celular lo espabiló de inmediato mientras su mano se extendía para tomar el artefacto. Lo leyó sólo con un ojo y luego saltó de la cama, con el corazón latiéndole a mil por hora. Tomó el short que había usado el día anterior y se lo puso. No se molestó en cambiarse la playera de gatos que usaba como pijama. Hinata ni se inmutó por sus movimientos, tampoco es que hiciera mucho ruido.
No se lavó los dientes ni hizo nada por peinar el cabello de recién levantado que tenía, Yaku no solía mandarle mensajes así, y por ese motivo sintió una mezcla de alivio y confusión cuando lo vio sano y salvo, resplandeciente como el sol mañanero frente a la puerta de su habitación.
—¿Qué...?
Yaku no le dio respuesta, por el contrario, le dio la espalda y caminó en dirección a las escaleras para luego bajarlas a paso rápido, a Lev no le quedó más opción que seguirlo.
Su novio lo guio hasta la playa, donde el aire era tan agradable que Lev se relajó al instante. Ya no le importaba a donde fueran siempre y cuando Yaku estuviera a su lado. Siguieron caminando unos quinientos metros hasta que llegaron a una roca de gran tamaño, luego la rodearon hasta detenerse del otro lado y Lev lo comprendió. Ahí quedaban ocultos de todo el campamento.
La boca se le secó cuando una idea de lo que podrían hacer ahí le cruzó la mente.
—Yaku ¿tú...?
Sus palabras fueron nuevamente interrumpidas esa mañana cuando el líbero lo jaló hacia abajo para poder juntar sus labios en un hambriento beso.
Lev conocía todos los besos de Yaku y viceversa, así que su miembro se comenzó a levantar cuando ambas lenguas se comenzaron a rozar fogosamente. Sus manos se deslizaron por el cuerpo de su novio hasta que estuvieron sobre la tierna carne de su trasero y comenzó a manosearlo y apretarlo a su antojo.
Yaku se dejó hacer por un rato, disfrutando la adoración que su novio le profesaba, sin embargo sabía que no tenían todo el tiempo del mundo así que se las arregló para meter una de sus manos entre la ropa de su novio hasta que alcanzó su miembro ya erecto y cuya punta estaba húmeda por el líquido preseminal.
Lev se estremeció ante la sensación y comenzó a mover su cadera inconscientemente en busca de más contacto. Yaku se lo dio, comenzó a masturbarlo a un ritmo lento y tortuoso, haciendo que las piernas le temblaran.
El otro por su parte, deslizó una de sus manos bajo la ropa del más pequeño, buscando la estrecha entrada para introducir uno de sus largos y pálidos dedos. Cuando lo consiguió y Yaku arqueó la espalda por la sensación, el orgullo lo hizo sonreír.
—No tenemos mucho tiempo —la rota voz de Morisuke le devolvió un poco de cordura.
Y tenía razón, el sol estaba comenzando a sentirse muy caliente y pronto todo el campamento estaría despierto. Sin embargo, por mucho que quisiera apresurarse, no tenía ni idea de la posición en la que lo iban a hacer. Lev definitivamente no cargaría a Yaku contra la roca, pues podría rasparse o incluso cortarse con la porosa superficie. Estar sobre la arena tampoco era muy buena opción, debido a que la fricción podría lastimarlos en donde estuvieran apoyándose. Al final quien encontró la solución a ese pequeño problema fue Lev, quien sugirió que él se recargaría en la roca, con la ropa medio bajada, solo lo suficiente para que su miembro saliera y Yaku pudiera ponerse de espaldas contra él, para autopenetrarse al ritmo que él deseara. El reto estaba en no caerse, pero Yaku era pequeño así que Lev estaba seguro de que lo lograrían.
El de sedoso cabello rosáceo se bajó el short y su ropa interior de un solo movimiento, y Lev sintió que podría correrse con la visión de esa piel cremosa bañada por el sol. De hecho, en el lado derecho de su pelvis aún quedaba la sombra de un chupetón que el más alto le había hecho días antes de partir de Tokio; y se veía terriblemente tentadora ahí, descubierta y resaltante, como llamándolo a rehacerla.
Yaku sonrió con suficiencia por como Lev lo estaba devorando con la mirada, se sentía poderoso y deseado, y aquella sensación era increíble.
Sin embargo, en serio no tenían todo el tiempo del mundo, así que se giró para darle la espalda al más alto, que ya estaba recargado sobre la roca, con las piernas un poco dobladas y los dedos de los pies enterrados en la arena que aún se encontraba fresca. Su miembro sobresalía de entre su ropa, con ese pálido rosa que lo llamaba a intentar enrojecerlo con una mamada. La punta del mismo ya estaba humedecida con líquido preseminal, brillante y ansiosa por enterrarse en el cálido interior de Yaku.
Lev escupió en su mano antes de dirigirla hacia su propio falo, en parte para humedecerlo aún más y en parte para dirigirlo al trasero de Yaku que ya se acercaba hacia él.
El glande de Lev era grande, y Yaku sabía, por experiencia, que debía ser cuidadoso cuando se lo estaba introduciendo; apretó los labios para no gemir una vez que lo sintió más y más adentro y al girar la vista pudo observar como los dedos de Lev se encajaban sobre la dura superficie de la roca, probablemente usando todo su autocontrol para no entrar de una sola estocada en el interior de su novio.
Cuando todo el miembro estuvo completamente dentro, Yaku comenzó un lento vaivén que sabía que enloquecería a Lev.
Cinco movimientos lentos, tortuosos y provocadores seguidos de otros tres más rápidos y feroces.
Era difícil sino tenían en que apoyarse, pero ahora las manos de Lev se habían aferrado a su cintura para no dejarlo caer. Y de esa forma fue más fácil.
No había repetido ese patrón ni dos veces cuando ya tenía a Lev gimiendo y jadeando detrás de él, susurrando su nombre de forma entrecortada con los dedos de sus manos encajados a la piel que tocaba. Yaku sonrió y se permitió jadear pesadamente, echando su cabeza hacia atrás por la placentera sensación de su próstata siendo rozada una y otra vez por la sobresaliente punta de Lev.
Ambos perdieron el paso del tiempo, o dejó de importarles. El sonido de sus cuerpos chocando, con las pieles sudadas por el ejercicio erótico y los rayos del sol eran todo lo que importaba ahora. Los sonidos de Lev eran cada vez más altos e incontrolables, y cada uno de ellos hacía que el interior de Yaku se estrechara aún más sobre su miembro. Sin embargo, aun así se las arregló para dirigir una de sus manos hacia el falo del más bajo y más silencioso para comenzar a masturbarlo al mismo ritmo que aquellas tortuosas penetraciones. No tardó mucho para que pudiera sentir como sus manos eran salpicadas con caliente esperma, seguido de su miembro siendo deliciosamente estrechado dentro de aquel pequeño cuerpo a su merced.
Debido a que Yaku no había hecho eso que lo enloquecía, la poca cordura que le quedaba logró que sacara su miembro del interior de su novio en cuanto el primer lengüetazo del orgasmo lo alcanzó.
Y en lugar de acabar en su interior, como hubiera deseado, sus chorros de caliente y viscoso néctar fueron a dar a la espalda de Yaku, quien se estremeció por la sensación.
La vista era preciosa: un sonrojado y despeinado Yaku aún inclinado hacia él, como ofreciéndole su trasero, con la espalda llena de gotas de semen que escurrían gracias a la gravedad. Como su orgasmo ya había culminado, se permitió volver a introducir su miembro en aquella entrada que ya estaba amoldada a la forma de su pene. Gimiendo un poco más, antes de que comenzara a dolerle la fricción que estaba provocando.
Y cuando volvió a sacarlo por segunda vez, Yaku se giró hacia él dándole un suave golpe en el brazo por aquella acción. No es que estuviera realmente enojado, pero ser penetrado cuando aún no te recuperabas de la primera vez... era demasiado para una mañana.
—La próxima vez será en una cama. Y podrás terminar dentro de mí las veces que quieras.
Lev sonrió antes de asentir e inclinarse a depositar un tronante beso sobre sus labios favoritos en todo el mundo.
...•••...
—¡Hey hey hey!
La estridente voz de Bokuto hizo que Kuroo le aventara con fuerza una de las dos almohadas que tenía al lado de su cara. Bokuto, ya bien despierto y con todos sus reflejos al cien la esquivó fácilmente.
—Vamos bro, hoy es nuestro último día libre antes de comenzar a entrenar. ¡Hay que disfrutarlo!
—Hay que descansar... —la somnolienta voz de Kuroo también sonaba molesta. Pero Bokuto lo conocía y sabía que no era en serio.
—Hay que ir a levantar a Akaashi.
Kuroo se dio la vuelta sobre su espalda y se talló los ojos mientras bostezaba. Luego contestó:
—Es extraño que Akaashi no haya venido a levantarnos hace —miró el reloj despertador en la mesita de noche—, una hora.
—Debe estar cansado.
Bokuto sonrió ampliamente y Kuroo negó con incredulidad.
—Eres un salvaje.
Bokuto sólo amplió su sonrisa antes de caminar hacia el baño para lavarse los dientes, Kuroo lo siguió y cinco minutos después, ambos aún en pijama y despeinados, llegaron a la puerta de Akaashi y Tsukishima.
El de Fukurodani no dudó en abrirla, y con otro estridente "¡Hey hey hey!" Se lanzó sobre la cama de su novio para llenarle de besos el rostro que puso de 'te voy a matar Bokuto'.
Akaashi siguió gruñendo y lanzándole miradas matadoras a su hiperactivo novio mientras Kuroo los pasaba de largo, dirigiéndose a la cama de Tsukishima, quien al parecer tenía el sueño pesado.
Lo observó desde arriba, totalmente enternecido por la tranquilidad en su rostro y la forma tan infantil en la que se aferraba a las cobijas blancas de la cama.
El impulso de darle pequeños besos muy suaves por todo el rostro para despertarlo lo invadió y por un momento casi lo hace. Sin embargo sabía que se ganaría un puñetazo en la cara, así que optó por otra opción... otra que también ameritaría un puño estrellándose en su cara.
—Buenos días princesa —se acercó para susurrarle al oído, con una amplia sonrisa en sus labios—. Vamos bella durmiente, el sol ya salió y el día está esperando por ti.
Tsukishima gruñó aún medio dormido, estremeciéndose inconscientemente por esa burlona voz en su oído. Se giró hacia Kuroo y lanzó uno de sus brazos alrededor de su cuello para jalarlo a la cama junto a él, y el cuerpo de Tetsurou cedió fácilmente pues eso lo había tomado con la guardia baja. Así que Tsukishima era de los que se acurrucaban para seguir durmiendo.
La mitad de su cuerpo aún seguía con los pies en el suelo, así que la posición en la que se encontraba era bastante incómoda, pero no le importó demasiado.
—Tsukki, es hora de despertarse, me gustaría seguir acostado contigo pero tenemos a otra pareja de tórtolos al lado y aún no hay la confianza para hacer un cuarteto —susurró un poco más alto mientras pasaba su mano por la mejilla del rubio, acariciando con suavidad hasta que los ojos dorados se abrieron de golpe y lo miraron asustado antes de retroceder rápidamente, como si le hubieran dado una descarga eléctrica.
—¿Qué carajos?
—Buenos días, Tsukki.
—¡Buenos días, Tsukki! —coreó Bokuto con ganas desde atrás de Kuroo.
Akaashi gruñó con furia antes de empujar a su novio fuera de su cama.
...•••...
A las once del día ya estaban todos desayunando en el gran comedor. Algunos de mejor humor que otros. Sin embargo después del pan francés, los huevos con tocinos, la fruta con yogurt (con extra porción de fresas para Tsukishima) y los jugos de naranja o leche, los ánimos de todos se sentían mucho mejor. Y tanto Katya como Yuuki estaban secretamente satisfechas de las marcas que se veían en el pecho de Akaashi cada vez que éste se inclinaba, de las mejillas sonrojadas de Yaku y Lev por el sol, y de las miraditas que Sugawara y Sawamura se daban de vez en cuando.
El resto del día fue sumamente tranquilo, todos se dedicaron a relajarse y a mentalizarse para los entrenamientos que comenzarían al día siguiente.
Durante la tarde la nutrióloga llegó y los hizo pasar a todos con ella para pesarlos y medirlos. Sacar su índice de masa corporal y demás proporciones. Era obvio que ninguno de ellos tenía sobrepeso, pero agarrar un poco de músculo mientras incrementaban sus habilidades no le haría daño a nadie. Ella le entregó una lista con comidas y porciones a Yuuki y Katya, quienes asintieron solemnes, listas para el nuevo reto que sería alimentarlos a todos bajo esas nuevas instrucciones.
Cuando el sol se metió y todos se hubieron duchado, la cena se sirvió. Comenzó con una crema de pimientos, seguida por pescado asado acompañado de ensalada de lechuga, fresas y mango, bañada con aderezo de manzana y una porción de yakimeshi con mini camarones. El postre fue un poco de gelatina. Cada uno tenía diferentes porciones, pero nadie se quedó con hambre pues éstas habían sido bastantes generosas.
—Se lucieron —les sonrió Daichi mientras se estiraba sobre su asiento—, gracias por la comida.
Al bajar su mano acarició como quien no quiere la espalda de Suga, quien se encontraba a su derecha, enviándole un estremecimiento por todo el cuerpo.
—No es nada. Fue muy simple la verdad —contestó Yuuki, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja—. Les recomendamos que se duerman temprano, pues mañana a las 8:30 de la mañana ya estarán listos sus licuados de proteína.
Todos asintieron, y poco a poco fueron abandonando el comedor en dirección a sus habitaciones. Noya y Asahi salieron juntos, tomados de la mano, bajo la desaprobadora mira de Takeru que no pasó desapercibida para Suga.
—¿Pasa algo? —le preguntó el de Karasuno con voz dulce.
Takeru se giró a verlo un poco sorprendido, pensando que lo mejor sería no decir nada, pero luego se dijo a sí mismo que si alguien podía controlar ese tipo de comportamiento, sería él y el capitán, el tal Daichi.
—Pues sí. Venimos a entrenar, no de luna de miel.
La sonrisa de Suga se tensó sobre su rostro, ¿de verdad había dicho eso?
—¿Y eso influye en algo sobre tu entrenamiento?
—Claro, en el mío y en el de todos.
Su contestación ya había llamado la atención de aquellos que continuaban en el comedor. Kuroo y Bokuto, que habían estado jugueteando y bromeando entre ellos ahora tenían una mirada incrédula en el rostro. Daichi tenía el ceño fruncido, a Taketora comenzaba a rodearlo un aura oscura, y Tsukishima, Hinata y Kageyama sólo los observaban con diferentes muecas de disgusto.
—¿En qué, exactamente? —la voz de Suga ya era más filosa, y toda dulzura quedó atrás.
—¿No es obvio? Nuestro armador genio se distraerá por estarle viendo el trasero a ese enano...
—¡Medimos casi lo mismo!
—... Uno de nuestro jugadores estrella estará distraído en el otro armador. Nuestro libero y la otra ala lateral no podrá recibir ni un pase por estar agarrándose de las manos. Y eso obviamente nos afecta a todos...
Sugawara levantó una mano para hacerlo callar, ya había escuchado suficiente.
—Sus nombres son Kageyama, Hinata, Bokuto, Akaashi, Asahi y Nishinoya. Ya llevas suficiente tiempo aquí como para haber aprendido eso —habló Kuroo en voz alta y clara para hacerse escuchar.
—Y todos ellos son más fuertes que tú —añadió Tsukishima.
—¿Y a ustedes quién les llamó? —contestó Takeru con la guardia alta.
—Somos más fuertes que tú, ¿sabes por qué? Porque llegamos aquí aún con ese tipo de distracciones, y seremos más fuertes que nunca gracias a las mismas.
—Bien dicho, bro.
— Y —añadió Suga— porque somos un equipo, y todos aquí entendemos que esto no es una luna de miel, pero no por eso nos convertiremos en unos amargados. Ellos no te han hecho nada, así que Takeru Nakashima, de verdad espero no volver a escucharte decir nada de mis cuervos otra vez, porque estoy seguro de que no soy el único que saldrá a defenderlos.
—No puedes hacerme nada. Está contra las reglas.
—Así como tú tampoco puedes hacerle nada a ellos —contestó Kuroo con una sonrisa de burla en sus labios.
Takeru se paró de su silla y salió de ahí hacia su habitación, lamentándose porque aún tendría que compartirla con Kageyama, y también tendría que volver a escuchar como susurra el nombre de Hinata en sueños.
...•••...
Después de eso todos se quedaron ahí hasta que los ánimos se enfriaron un poco, Suga hablaba con Kageyama en un rincón, aconsejándolo para que su relación con Takeru no empeorara. Taketora se fue hacia su habitación para contarle a Konoha y Asahi lo que había pasado. Daichi distraía a Hinata, quien aún estaba echando chispas por la ofensa hacia su novio y sus demás compañeros. Y Bokuto, Kuroo y Tsukishima conversaban sobre lo que había pasado.
—Es una suerte que Akaashi no haya escuchado nada de eso. No se lo menciones, Tsukki, por favor.
—Sabes que igual se enterará, bro.
—Sí, pero recurrirá a alguno de ustedes dos para una versión más clara, y entonces ahí omitirán que él y yo estuvimos dentro de ese homofóbico discurso.
—¿Por qué, Bokuto-san?
—Bueno, cuando dimos a conocer nuestra relación también hubo gente que no se lo tomó muy bien, y aunque Keiji nunca lo demostró, yo sé que le afectó. Ha pasado un tiempo, pero quiero evitar cualquier tipo de recordatorio hacia esa época de nuestras vidas.
El gato y el cuervo asintieron. Y Tsukishima de pronto recordó que aún quería hablar con Akaashi, porque todo el día se había sentido algo sofocado y sabía que eso no era causado por el sol o el calor del ambiente de Okinawa.
—Me voy a dormir —suspiró ante la mirada preocupada de Bokuto y dijo—. No le diré nada. Pero contrólate a ti mismo y demuéstrale a ese idiota de Wakutani South que no eres débil porque tu novio también esté aquí contigo. O me arrepentiré de cubrirte la espalda y haberlos defendido.
Bokuto sonrió de oreja a oreja, tanto que a Tsukishima le dolió la cara de sólo observarlo. Kuroo por otro lado, estaba embelesado por las palabras que el rubio acababa de decir. Al parecer de verdad había algo más detrás de la imagen de rubio inteligente y malhumorado que le daba a todo el mundo, y él de verdad quería conocerlo todo.
—Gracias Tsukki.
—Mnh.
El aludido sólo hizo un gesto de despedida antes de dejarlos ahí y salir del comedor en dirección hacia su habitación. Subió las escaleras tranquilamente mientras sentía a su corazón acelerarse sin que él pudiera evitarlo. Los nervios ya lo habían invadido y odiaba esa sensación.
Cuando entró a su cuarto se encontró con que Akaashi recién iba saliendo de tomar una ducha, así que dejó que éste terminara de vestirse y se sentara en la orilla de su cama antes de llamarlo.
—Akaashi-san, ¿puedo hablar contigo?
El de cabello negro lo miró confundió antes de asentir y prestarle toda su atención.
—Claro Tsukishima, ¿qué pasa?
—Bueno, ¿recuerdas que me dijiste que podía hable contigo si quería, um, desahogarme? — Akaashi asintió una vez más y abrió la boca para decir algo, pero la voz de Tsukishima no lo dejó—. Pues es eso. Esto se vuelve cada vez peor...
—No entiendo de lo que me estás hablando. ¿Qué se vuelve peor?
—Esta sensación que tengo en el pecho, como si alguien me sofocara hasta el punto de casi dejarme sin aire.
—La he tenido.
—¿Por Bokuto?
Akaashi dudó un poco antes de contestar, decidiendo que si Tsukishima se estaba abriendo con él, él podría hacer lo mismo. Y que él podía dar el primer paso para que el rubio no se guardara nada.
—Bueno, las cosas no siempre fueron tan fáciles con Bokuto. Tuvimos muchos baches en el camino, personas a quienes considerábamos buenos amigos nos dieron la espalda. Incluso su familia, que es más liberal que la mía, nos puso obstáculos. Fue difícil, pero al final logramos salir adelante. Nunca nos dimos por vencidos.
Tsukishima apretó los labios y asintió solemne, sintiéndose un poco egoísta porque sus problemas no eran ni la mitad de difíciles que los problemas de Akaashi habían sido. Ahora comprendía porque Bokuto no quería que le mencionara la aparición de su nombre en los pensamientos de Takeru.
—Yo, no sé qué decir. Lo mío no fue tan complicado.
—Igual es importante, así que cuéntamelo.
—Bueno, tenía un novio. Su nombre es Yamaguchi y jugamos juntos en Karasuno —comenzó, intentando explicarse lo mejor que pudo—. Y no sé qué me pasa, porque no lo amo, nunca lo amé a decir verdad. Éramos amigos y él se enamoró de mí, un día se declaró y yo sólo acepté porque sabía que si me negaba las cosas entre nosotros cambiarían y la idea de adoptar otra rutina me molestaba —Akaashi frunció el ceño, sorprendido por esa 'logica'—. Funcionó al principio, porque era como ser amigos con uno que otro roce, y por Dios, soy un adolescente y mis hormonas lo necesitaban. Sin embargo desde el principio supe que no era lo que yo quería, la personalidad de Yamaguchi y la mía simplemente no encaja para algo más que una amistad. En una relación no quieres a alguien complaciente que diga sí a todo, eso es algo patético. Así que después de un tiempo dejé de buscarlo, y volví a intentar que nos tratáramos como amigos, intenté prepararlo para el inminente hecho de que terminaríamos pero fue un total fracaso, porque cuando después de, literalmente semanas en las que dejé de besarlo y de tratarlo como algo más de lo que en realidad siempre seríamos, finalmente me preguntó qué pasaba, yo fui honesto. Sé que no soy un experto en relaciones, pero es obvio que cuando estás en una relación, de la índole que sea, hay que ser honestos siempre.
Tsukishima se quedó en silencio, pensando cómo continuar y Akaashi le dio todo el tiempo que necesitó. A pesar de todo lo dicho, el ambiente entre ellos aún se sentía ligero y eso de alguna manera le dio esperanza a Tsukishima. Esperanza de que tal vez él sólo había hecho lo correcto.
—El punto es que le dije que terminaríamos, y él no se lo tomó muy bien. Nunca habíamos discutido de esa manera, ambos dijimos cosas horribles pero aun así no me puedo arrepentir de mis palabras y eso me hace sentir ¿culpable? Y entonces veo a todas esas parejas felices frente a mí y aunque no debería importarme sólo pienso en que nunca voy a encontrar a alguien que me soporte de la manera en que lo hacía Tadashi, pero que al mismo tiempo me haga sentir algo y es ridículo porque sé que aún soy joven pero también es tan patético qu...
—Alto ahí, Tsukishima —lo interrumpió Akaashi, quien no iba a permitir que pensamientos como ese siguieran germinando en la mente del menor—, nada de lo que me dices es ridículo. Es tan real y tan respetable como lo que me pasó a mí.
—No se parecen en nada.
—Para mí sí, pero ese no es el punto aquí. ¿Hace cuánto pasó eso?
—¿La discusión? Cuatro semanas antes de venir aquí, pero las cosas entre nosotros finalmente terminaron el viernes antes de verlos a ustedes en Karasuno.
—¿Te refieres a su amistad? —Tsukishima asintió—. No sé Tsukishima, yo digo que deberían dejar que las cosas se enfríen y luego decidir si realmente terminarán una amistad tan larga como la que me describes y no pongas esa cara, también sé que ese no es el tema principal aquí —Akaashi suspiró, parándose de su cama y yéndose a sentar junto a Tsukishima, poniéndole una mano en el hombro como muestra de apoyo—. ¿Ya pensaste en darte la oportunidad con alguien más?
El aludido lo miró sorprendido y negó dos veces con la cabeza. No se le había pasado por la mente porque, como ya había dicho, sería muy complicado encontrar a alguien que lo aguantara y que al mismo tiempo le causara un interés genuino. Se le ocurría una persona que llamaba su atención, pero era imposible, eran igual de incompatibles y probablemente pelearían todo el tiempo. Un gato peleando con un cuervo que sacaba las garras.
—No lo sé.
—No lo pienses demasiado, si hay alguien en tu mente inténtalo. Es soledad lo que sientes, y sólo hay una forma de contrarrestarla —sentenció Akaashi con una sonrisa de medio lado naciendo en sus labios.
Tsukishima asintió por última vez aquella noche antes de agradecerle y darle las buenas noches, luego se acostó, pero había tanto en su cabeza que no pudo dormir hasta que las horas pasaron y ya era bien entrada la madrugada. Sabía que maldeciría todo lo que se pusiera en su camino al día siguiente pero aun así, cuando finalmente Morfeo lo acogió en sus brazos, soñó con un gato negro maullándole a la luna.
...•••...
Kageyama dormiría con Hinata en la habitación que el pequeño compartía con Lev, no había más. Takeru lo había ofendido directamente y no sólo eso, también a su novio, así que no era muy buena idea que siguieran quedándose juntos.
A Suga no le preocupaba mucho lo que pudieran o no hacer, apenas eran unos niños que habían aprendido a besar, y Lev estaría ahí con ellos.
Ya era bastante tarde, y por la conmoción de la pelea, Suga ya no había podido hablar con sus otros cuervos, así que estaba un poco inquieto, lo suficiente para que los brazos de Daichi lo rodearan por la espalda y lo abrazaran con fuerza.
—¿Qué pasa?
—No es nada...
—Te conozco, ¿aún estás enojado por lo de Takeru?
—No, más bien siento pena por él, vino a soltar ese tipo de comentarios al lugar menos indicado, aunque en parte fui yo quien le preguntó qué pasaba...
—No es tu culpa —susurró Daichi contra la piel de su cuello antes de depositar un beso ahí, dejando paralizado al de cabellos claros.
—¿Por qué hiciste eso?
—No sé, tu pálida piel se veía tan apetecible, y hueles delicioso... ¿Te molestó?
—N-no es eso. Sólo no me lo esperaba.
Daichi bajó su mirada hacia la piel que había besado y se sorprendió al ver que había dejado una pequeña marca que en la pálida piel de Suga resaltaba un montón. Toda su sangre se encendió, y su mente dejó de mandar sobre su cuerpo cuando volvió a inclinar la cabeza para presionar sus labios contra el pedazo de piel que ha besado, mordiendo y succionando esta vez para hacerlo más grande.
¿Cómo algo tan simple como eso había logrado hacerlo perder la cordura? Había sido cuestión de tiempo, su deseo por Suga había nacido desde que se dio cuenta que lo quería, y ahora que no se estaba negando a las caricias que le profesaba sentía que podía hacerle de todo.
Separó sus labios de él con el sonido audible de la succión y utilizó su posición para empujarlo suavemente hasta acorralarlo contra la pared más cercana.
Suga estaba en las nubes, él ni siquiera tenía idea de que su cuello era una de sus mayores zonas erógenas, así que sentía como las piernas le temblaban por la sensación mientras se dejaba hacer, totalmente complacido.
Reaccionó un poco cuando sintió el frío muro de cemento contra su mejilla, y justo en ese instante una de las piernas de Daichi se coló entre las suyas mientras sus manos hacían lo mismo por debajo de la playera que usaba como pijama. Suspiró nuevamente perdido en todo aquello. La idea de detenerlo ni siquiera se le había pasado por la mente hasta que sintió la semi erección de su capitán comenzar a frotarse contra el espacio entre sus nalgas, acompañada de una respiración jadeante entre los besos que su cuello seguía recibiendo con gusto.
Gimió quedito, pero lo suficientemente alto para que Daichi lo escuchara y se quedara congelado.
De pronto se sintió frío, la sangre helada corriéndole en las venas. Había estado a punto de meter sus manos en el short y probablemente en los bóxers de Suga, listo para hacerle de todo si no hubiera reaccionado.
Se alejó un poco, sintiéndose terrible, aunque... Suga no lo había detenido en ningún momento. Y eso de alguna forma le dio esperanza.
Dejó un último beso en la pálida piel, justo al lado de la marca que orgullosamente había dejado. Luego giró a Suga, poniendo sus manos en la delgada cintura y acercándose hacia él. Era ahora o nunca.
—Me gustas.
Y no esperó respuesta, se inclinó y juntó sus labios con los de Koushi, sintiendo como tocaba el cielo sin necesidad de un orgasmo.
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Oya oya oya
No estoy feliz con el capitulo, para que les miento. Pudo haber quedado mejor, porque lo escribí entre enferma y exhausta. Sin embargo también pudo haber quedado peor. No tengo palabras para agradecer la paciencia y los reviews con sus opiniones, y las peticiones de una continuación. Eso fue lo que trajo este capitulo nuevo. Espero que lo disfruten, ya estoy mejor y vuelvo a tomar el ritmo de traducciones y escritura.
Como ya saben este fic es todo sexo y Cliché, asi que lamento si algo no tiene mucho sentido. Pero bueno, yo solo quería escribir de ellos en situaciones estúpidas.
Si te gustó, no te olvides dejar un comentario, seria increible leerlo.
Nos vemos!
Atte: LaLa
