Un leve siseo anunció el desellado de la cápsula antes de que la compuerta se abriera automáticamente, provocando que el aire húmedo y cálido de las junglas de Paradiso sustituyera gradualmente la atmósfera fría y aséptica del interior.

Hakim se asomó y oteó los alrededores, para asegurarse que no había peligro cerca. Habían aterrizado escasos segundos antes en aquel pequeño claro entre varios árboles de al menos una veintena de metros, todavía se podía ver el humo y el suelo quemado por culpa de los retrocohetes, y el silencio reinante comenzó a disiparse por los sonidos la fauna cercana a medida que esta comenzaba poco a poco a recuperarse del susto debía haber supuesto la estruendosa llegada del aparato.

Aunque no había visto nada llamativo, Hakim hizo señas a Jamilla para que se asomara también. Se solía decir que las Odaliscas tenían un sexto sentido para detectar el peligro, por lo que no estaba de más aprovechar ese talento.

- ¿Ves algo?- Le susurro al oído.

Jamila observo concentrada el claro unos segundos. - Nada remarcable. Podemos salir sin miedo-

Hakim trepó por la compuerta hasta salir con cierto esfuerzo, y muy caballeroso, le tendió la mano a Jamila para ayudarla a subir. Esta se limitó a tenderle las cajas con el botiquín y las provisiones de emergencia de la cápsula, y trepó sin mucha dificultad con un brazo sujetando un par de mochilas con el otro. Lo cual era bastante increíble teniendo en cuenta su estado.

Durante el descenso Hakim había aprovechado para hacerle los primeros auxilios, y había podido comprobar el gran trabajo de bioingeniería en que se había convertido el cuerpo de su amiga. Aunque la piel tenia un tacto suave y muy natural, era evidente que se había reforzado con algún tipo de de blindaje subdérmico que había evitado que la hoja del machete cortara demasiado profundo, y la había protegido durante algún tiroteo previo, a juzgar por la metralla y varios fragmentos de bala que le había extraído de algunas heridas. Además sus músculos eran absurdamente duros para una chica de su complexión, no tenía dudas de que en un pulso Jamila le derrotaría sin mucha dificultad.

Incluso con esa protección había sufrido cortes y heridas muy profundo, Hakim no era médico pero sabía que alguien normal con alguna de esas heridas se hubiera desangrado en minutos. La sangre de Jamila, sin embargo, se había coagulado con una facilidad y rapidez antinatural, evitando una pérdida mayor.

Jamila había soportado todo el proceso en silencio, medio adormilada, sin quejarse en ningún momento. Solo soltó un leve gruñido de molestia cuando le recoloco el hombro dislocado. El joven soldado había visto una vez a un hombre casi el doble de grande desmayarse al pasar por el mismo tratamiento.

Ya con los pies en suelo paradiseño, Jamila comenzó a caminar con precaución alrededor del claro mientras Hakim repartir todo el material de supervivencia y las provisiones que habían tomado de la cápsula entre las dos mochilas. - ¿Alguna idea de donde estamos?-

- ¿En mitad de una puñetera selva? No tengo ni idea- Hakim resopló resignado, la cápsula no contaba con conexión con la red GPS del planeta, si es que existía en esa zona, y obviamente tampoco traía un mapa. Así que la única referencia con la que contaban era sus propios conocimientos de la geografía de Paradiso, que tampoco eran abundantes. - En cualquier caso deberíamos ponernos en marcha lo antes posible-

- Si nos alejamos será más difícil que nos encuentre un equipo de rescate, y no se tu pero yo no soy experta en supervivencia en jungla precisamente.-

- Es verdad, pero si estamos en territorio del Ejercito combinado los aliens llegarán tarde o temprano, y en el mejor de los casos nos mataran de un tiro. En cuanto a los equipos de rescate, creo que por aquí había una pistola de bengalas- Hakim suspiró aliviado al localizar la susodicha pistola, que además traía dos cargas. Al levantar la vista, el soldado se dio cuenta de que su amiga ya no estaba en el claro. - ¿Jamila? ¿Dónde estás?-

- Aquí y baja la voz. Será mejor que veas esto- Hakim se levantó de un salto al notar el tono de alarma en la voz de Jamila, aunque unas punzadas de dolor en el vientre y espalda redujeron su ímpetu. Aún no había mirado como habían quedado las patadas del morat o la bala que su chaleco había parado, pero sabía que unos buenos moratones era lo mínimo que encontraría. Era casi seguro que tenía alguna costilla rota.

Hakim siguió la voz de Jamila hasta detrás de un denso grupo de árboles entre cuyos troncos tuvo que trepar un poco. Tras ellos estaba Jamila inclinada, mirando algo en el suelo. Al acercarse, Hakim pudo ver qué era lo que la había alertado. - Mierda…-

Semienterrado en el suelo, yacía el esqueleto de un humano vestido con el uniforme de un soldado Zhang shi Yu Jing, o lo que quedaba de ella, ya que presentaba un enorme cráter en el estómago. Lo peor es que en las proximidades se podía ver restos de armas y materiales, así como algún cadáver más.

- Y no solo esto, fíjate allí.- Jamila se levantó y señaló hacia la selva. Hakim tardó unos segundos hasta comprender que le estaba señalando. Entre los árboles de la jungla, a no mucha distancia, se podían ver edificios, y la mayoría presentaban marcas y daños claramente producidos por combates.

- He mirado las identificaciones, eran soldados de la guarnición de Zhongchong.-

- ¡Mierda y más mierda, que el demonio se lleve a esos malditos bichos!- Masculló Hakim desesperado. Todo el mundo había oído sobre la batalla de Zhongchong. O más bien la masacre. ¿Tan difícil era que la dichosa cápsula hubiera aterrizado en terreno aliado?

Con evidente urgencia, Hakim agarro de la muñeca a Jamilla y la llevó de vuelta para recoger las mochilas. - Vamos, tenemos que movernos. Las patrullas enemigas habrán visto nuestra llegada, pueden aparecer en cualquier instante.-

- ¿Pero para ir a dónde? ¿Hacia la jungla? Son famosas por lo peligrosas que son, incluso para personas bien equipadas y experimentadas en este tipo de terreno. En nuestro estado no llegaremos lejos.-

Hakim sabía que tenía razón, Jamila estaba muy pálida y sudaba copiosamente, y el mismo no podía evitar resoplar y gruñir de dolor con cada paso que daba. La humedad era agobiante, más para alguien acostumbrado a un clima mucho más seco como ellos, y aunque tenían comida y agua, dudaba que pudieran darles más de unos días, cuando podían tardar mucho más en llegar hasta algún puesto humano. Eso sin contar con el peligro añadido de las tropas enemigas. Aquella jungla sería su tumba, y Jamila, por su expresión, también lo había pensado.

- La ciudad Hakim- soltó de repente la mujer - ¡Refugiémonos en la ciudad! Es un terreno más familiar para nosotros que la jungla, y podremos ocultarnos el tiempo que necesitemos hasta que estemos más recuperados y decidir qué hacer a continuación. O esperar a que surja una oportunidad de rescate.-

Hakim no estaba del todo convencido, y su amiga lo debió notar porque insistió en sus argumentos.

- La ciudad no hace tanto tiempo que cayó, seguro que encontraremos provisiones y armas en buen estado.-

La idea no era descabellada. Iba a ser tremendamente peligroso, las ruinas también tendrían sus peligros y era más que seguro que las tropas enemigas la patrullaban. Pero en vista de su situación, cualquier baza a su favor era vital, por mínima que fuera.

- Decidido entonces, lo intentaremos en la ciudad, y recemos por que Alá nos guíe lejos del peligro.-

Algo grande estaba pasando, lo presentía. El repentino incremento en la actividad los últimos días del enemigo resultaba bastante sospechoso. Había tenido la esperanza de que fuera la señal de un contraataque humano en ciernes, pero no parecía probable. Las tropas alienígenas no habían parecido demasiado preocupadas.

Al menos había tenido la suerte de poder ver de primera mano desde su puesto de observación improvisado en el antiguo edificio de la televisión estatal, un coloso de hormigón feo y gris que había soportado bien la guerra, como el cielo despejado se había llenado repentinamente de multitud de bólidos llameantes, cayendo directamente hacia el suelo a gran velocidad.

Lo primero que le vino a la mente era que se trataban de los restos de una batalla espacial, sus sospechas pronto quedaron confirmadas al ver como uno de los bólidos frenaba bruscamente antes de atravesar el techado de los centros comerciales Fiung-Shen, a apenas seiscientos metros de su posición.

Desde el nido de francotirador que había montado en unos apartamentos próximos contemplaba desde una vista privilegiada el edificio hecho de cristal y materiales sintéticos transparentes, que ahora gracias a la vegetación parecía un inmenso invernadero descuidado, y las avenidas que convergían en él. Esperaba tumbado, con una manta camaleónica echada encima encima, los prismáticos en la mano y el rifle de francotirador justo a su lado, cargado con suficientes balas antimaterial como para volar un tanque, deberían ser más que suficientes si no le gustaba lo que veía salir. Hacía menos de diez minutos un dron enemigo había sobrevolado el edificio, por lo que la visita no se haría esperar.

Al cambiar los prismático a visión infrarroja comprobó que la cápsula seguía en el mismo sitio, cada vez más fría pero sin abrirse, parecía haberse volcado al aterrizar dentro del centro comercial. Quizás lo que llevará dentro estaba atrapado…

De repente unos ligeros movimientos llamaron su atención, al suroeste del edificio. Dos pequeñas motas se movían por la avenida con precaución entre la vegetación y los coches abandonados, en dirección al centro comercial. Al hacer zoom identificó las dos siluetas como humanas, un hombre y una mujer. Rápidamente echó mano del rifle y apuntó hacia los desconocidos. Solo fue un momento, pero los pudo ver, efectivamente eran un hombre y mujer humanos jovenes, ambos de piel muy morena para ser asiáticos. ¿De dónde demonios habían salido? ¿Había más supervivientes en Zhongchong y no se había enterado hasta ahora?

Desde luego no estaban con el Ejército Combinado, por la forma de moverse estaban claramente intentado ser sigilosos, con moderado éxito.

La pareja dio una pequeña carrera desde detrás de una furgoneta hasta el interior del centro comercial, y pudo verlos con más detalle unos instantes. El hombre iba con uniforme militar, y le parecía haber distinguido el emblema de las unidades Ghulam haqquislamitas, mientras que la mujer parecia una civil, iba con unos pantalones con un faldon en la espalda, un chaleco rojo muy ceñido que dejaba el vientre al descubierto y vendajes por todo el cuerpo. Habia que admitir que tenia una figura bonita.

¿Una operación de rescate para quien estuviera en la cápsula, quizás? No, no tenía sentido mandar solo a dos personas, una ni siquiera era militar. Y en todo caso hubieran sido soldados yu jing. No, esos dos debían ser náufragos también.

La pregunta era, ¿qué hacer con ellos? Los había visto en mal estado, la mujer llevaba muchos vendajes, y durante la carrera los dos habían parecido renqueantes. Sin su ayuda no durarían mucho. Pero lo ralentizarían, o podrían delatarlos por accidente. Él todavía tenía una misión que cumplir, no podía permitirse que lo mataran, o peor aún, que lo capturaran vivo. Y una patrulla enemiga no tardaría en aparecer por la zona.

Tras unos segundos pensantivo, Kei Nakamura soltó el rifle mascullando una maldición, y emprendió la carrera hacia la salida de la habitación donde estaba apostado. Si era rápido llegaría a Fiung-Shen antes de que algún maldito alienígena asomara su repugnante cabeza.

- Despejado. Rápido, entra dentro-

Hakim abrió por completo la compuerta de la cámara frigorífica y dejó pasar a Jamila dentro mientras él cubría arrodillado los pasillos del almacén del supermercado con el rifle en ristre. En cuanto su amiga entró, se levantó y la acompañó, cerrando lentamente la compuerta para evitar dar un ruidoso portazo.

Mientras Jamila soltaba su mochila y se dejaba caer contra la pared, agotada, Hakim dio una vuelta rápida entre las estanterías, terminando de asegurar la habitación y de paso en busca de algo útil. Por desgracia tenía toda la pinta de que el supermercado había sido saqueado durante la evacuación de la ciudad, y sus almacenes no había sido una excepción, apenas quedaban unos cuantos paquetes de comida caducada y productos de limpieza desparramados por el suelo. Al menos la cámara había permanecido cerrada herméticamente, y la vegetación apenas había entrado.

- Aquí no hay nada aprovechable, a menos que necesites un poco de lejía- Bromero Hakim al volver junto a su amiga, que bebía abundantemente de una de las cantimploras que traía el material de supervivencia de la cápsula.

- Al menos es más fresco que ahí fuera-

Hakim tuvo que conceder que tenía razón, aunque la refrigeración hacía mucho que no funcionaba el ambiente dentro de la cámara era sustancialmente más frío y seco que en el exterior. Y es que tener que moverse sigilosamente por una ciudad invadida por una jungla plagada de insectos, animales salvajes y plantas urticantes estando heridos era agotador y estresante, pero lo peor sin duda era el calor. Lo cual era irónico, siendo ellos dos nativos de Barouk, donde se era habitual que se alcanzaran temperaturas muy superiores. Pero mientras el calor de Barouk era seco, allí la humedad era terrible, hasta tal punto que se hacía difícil respirar, y los dos estaban agotados y bañados casi literalmente en sudor.

Al menos habían tenido la suerte de no encontrarse a ningún enemigo ni animal peligroso.

Soltando también su mochila, Hakim se sentó junto a Jamila, gruñendo aliviado por poder descansar un rato. No pudo evitar fijarse en el pulso tembloroso, la palidez y la respiración agitada de la chica, por lo que le puso una mano en el hombro y preguntó

- Jamila, te encuentras bien? No tienes muy buena cara-

- Si, si, perfectamente. Solo un poco cansada.- Mintió ella. Hakim reconoció los síntomas, había perdido bastante sangre y se notaba, pero Jamila se había mantenido estoica, sin soltar ni un solo quejido o poner una mueca de dolor en todo el trayecto. Era bastante admirable.

- De acuerdo, entonces pararemos aquí hasta que te encuentres mejor. Toma, deberías comer- Hakim le tendió a Jamila una barra alimenticia de sus pertrechos, que la chica recogió agradecida.

- No se si estan tan malas como las que nos dan en el ejército, pero te dan mucha energía.-

La odalisca le dio un mordisco a la barra, que tenía un color amarillento bastante poco apetitoso, pero al paladearlo su expresión no era de desagrado. - No está mal, sabe a plátano.-

- Me alegro. ¿Cómo llevas el brazo?¿ y el ojo?-

- Bien, aun no veo muy bien por él, pero el brazo solo me molesta un poco- Respondió Jamila quitándole importancia.

Hakim prefirió no insistir, por lo que se limitó a sacar una cantimplora y dar tragos cortos. Un silencio tenso inundó la cámara, en realidad el joven soldado tenía unas ganas insoportables de hablar con su vieja amiga, de preguntarle por su vida y compartir historias, ponerse al día. Pero algo le decía que no era el momento, no sabía si era la tensión de la situación o el hecho de que tras tantos años sin verse, ni hablar entre sí, en el fondo se habían convertido en dos completos desconocidos. En diez años una persona puede cambiar mucho, y aunque veía en ella cosas que recordaba de un tiempo pasado, muy probablemente la Jamila que estaba ahora mismo junto a él en el fondo tenía poco o nada que ver con aquella chica que él recordaba de su infancia.

A pesar de que cada vez que cruzaban la mirada Jamila sonreía, Hakim podía notar que la mujer estaba un poco incómoda, parecía a punto de decir algo pero no se atrevía, y eso le ponía aun mas nervioso.

Incapaz de soportar la situación, el joven se levantó con un suspiro, tomó de nuevo el rifle y se dirigió a la puerta.

- Voy a examinar un poco los almacenes, a ver si queda algo aprovechable. Si quieres puedo buscar algo con lo que reemplazar esas botas por algo más apropiado. Me niego a creer que no hubiera ninguna tienda con zapatos aquí.- Comentó señalando el calzado de Jamila, unas elegantes botas de caña alta con un tacón de mínimo diez centímetros, más pensada para fiestas de alto standing que para operaciones militares. Hakim no sabía mucho sobre calzado femenino, pero sí lo suficiente para saber que aquello no podía ser cómodo, menos en la situación actual.

- Gracias pero no será necesario, dudo que encuentres algo mejor y más apropiado para mi- Respondió Jamila con una media sonrisa. Al ver la expresión confusa de Hakim, a la mujer se le escapo una breve carcajada. Era probablemente la risa más dulce y agradable que Hakim había oído en mucho tiempo.

- Bioesculpido, me modificaron quirúrgicamente los pies para poder andar permanentemente con tacones sin molestias, es bastante habitual entre las chicas que trabajan como Odaliscas. Y precisamente estas botas están diseñadas para nosotras y nuestro trabajo en todos sus aspectos. Incluido el combate.-

- Vaya… realmente tenemos mucho de lo que hablar- comentó Hakim un tanto incrédulo mientras abría ligeramente la compuerta de la cámara.

- Si, bastante….- Jamila se quedó un segundo en silencio, alerta. - ¿Has oído eso?-

- N-no.- Respondió preocupado el soldado, que alzó el rifle y se asomo por la rendija, listo para disparar a un posible asaltante. Jamila se levantó y comenzó a caminar con cara de concentración hacia la compuerta.

- Espera… ¡ahí está otra vez!- Exclamó la odalisca muy seria. - Es un sonido discontinuo, como si algo blando golpeara metal. Algo como...-

- ¿Unos puños?-

Los dos se miraron unos segundos en silencio, dejando que las implicaciones de aquel misterioso sonido calara en sus mentes.

- Puede ser alguien en apuros, alguien como nosotros. Nuestra cápsula fue la última que quedaba en la nave.- comentó preocupada Jamila.

- O una trampa.- respondió sombrío Hakim. - Los alienígenas son muy astutos y nos andan buscando.-

- ¿Pero y si no lo es? ¿Y si es alguien en apuros? No podemos ignorarlo.- Jamilla miró fijamente a Hakim, sus intensos ojos esmeraldas llenos de determinación, o por lo menos el ojo que tenía sano.- No sería correcto. No puedo abandonar a alguien en peligro.-

El joven soldado se rasco la cabeza y suspiró resignado, apenas conteniendo una sonrisa a pesar de la seriedad de Jamila, que alzó una ceja confusa.

Conocía muy bien esa mirada de su infancia y sabía de sobra que discutir con ella ahora iba a ser una pérdida de tiempo, había tomado una decisión y no habría forma física de hacerla cambiar de opinión. Era agradable saber que al menos no había cambiado tanto. Y para qué engañarse, incluso aunque no la conociera habría sido difícil decirle que no a semejante preciosidad.

- Pues entonces solo queda echar un vistazo.-

Hakim abrió por completo la compuerta, y asomando el rifle, le indicó por señas a Jamila que le cubría. Esta sonrió satisfecha y desenfundó la pistola que Hakim le había dejado, colocándose junto a él e internándose en el pasillo con pasos medidos y el arma lista, como una profesional. Siguiendo a Jamila, Hakim deseo con toda su alma que se estuviera equivocando con sus sospechas y por una vez la fortuna les acompañase.