Signel contempló con interés las ruinas donde se hallaba el objetivo, uno de aquellos mastodontes de cemento y cristal que mejor representaban la decadente y patética sociedad humana. Tenía que admitir que la jungla había mejorado sustancialmente su aspecto, convirtiendo aquel templo al hedonismo y la complacencia en una a la vida natural.

El enorme edificio estaba rodeado por amplias avenidas que en condiciones de combate intenso hubieran hecho muy arriesgado acercarse a él, pero para bien o para mal los defensores humanos hacia mucho que habían muerto, y el Umbra se podía permitir caminar tranquilamente por mitad del asfalto, vigilando que las tropas a su cargo cumplieran sus órdenes y se aproximaran poco a poco a la edificación comercial.

Bueno, en realidad sí que quedaba un defensor, recordó con fastidio Signel, uno que llevaba demasiado tiempo burlándose de él. Aunque el resto de las ratas habían ido cayendo una tras otra con relativa rapidez, no había sido sin crear muchos problemas y molestias, y para una sola que quedaba, ésta estaba resultando aún más persistente y escurridiza que todas las demás juntas.

Inconscientemente el Umbra cerró el puño enguantado con fuerza alrededor de la empuñadura de su espada, tal eran las ganas que tenía de que esta probara la sangre de aquel molesto humano, pero la misión tenía prioridad, por lo que tuvo que alejar sus pensamientos de ese tema. Revisando las imágenes que transmitían los drones que volaban por encima, comprobó que estaban ya a escasas unidades del objetivo, que no parecía dar señales de vida. En principio parecía un trabajo fácil: llegar a recuperar el ocupante de la cápsula si aún seguía vivo y llevarlo de vuelta a base, con cualquier tropa enemiga a mucha distancia de allí y ni rastro de la rata en las proximidades. Tan fácil como despellejar uno de esos irritantes tohaa, aunque no tan entretenido.

Una transmisión entrante parpadeó en la esquina de su campo de visión aumentada, indicando que uno de sus soldados tenía algo que decir. Con un pensamiento le dio paso, y la imagen transparente de un explorador shasvastii cuyo nombre no recordaba se superpuso sobre los edificios invadidos por la vegetación.

- ¿Qué sucede?-

- Señor, el equipo de tiradores está en posición. Y hemos encontrado algo que le interesará- .

La imagen del shasvastii fue reemplazada por la de una habitación medio derruida, con un agujero considerable en la pared que dejaba ver el perfil de la ciudad. La habitación en sí no tenía nada destacable, pero el ojo experto de Signel en seguida se percató de los detalles. En el suelo había un montón ladrillos y trozos de muebles acumulados, que fácilmente se podían utilizar como apoyo para un arma de gran calibre, y justo por detrás eran evidentes las marcas en el polvo del suelo de alguien que se había arrastrado por allí recientemente, y se había levantado sin tiempo a limpiarlas.

Signel no pudo evitar reprimir una siniestra sonrisa. La rata estaba cerca, probablemente atraída por el mismo premio que ellos.

- Que los tiradores mantengan sus posiciones, tal y como ordené.-

En cuanto el tirador asintió, el Umbra desechó su imagen y abrió el canal general de su unidad. - Cambio de planes, quiero un perímetro de seguridad alrededor del edificio y aguardar a mi llegada, lideraré personalmente el equipo de asalto que entrará a recuperar el objetivo. Si algo o alguien intenta salir lo quiero acribillado hasta que apenas sea reconocible.-

Con un movimiento rápido y elegante, Signel desenvainó su espada y emprendió la carrera para alcanzar a sus tropas. La veda estaba abierta, y esta vez el humano no escaparía.

Un repugnante gorjeo salió de la garganta de la serpiente verdosa cuando Hakim hundió la hoja de su cuchillo en la cabeza del reptil. Si no había contado mal, esta debía ser la vigésimo quinta vez que algún ser de la flora y fauna autóctona intentaba morderle, picarle, arañarle o cualquier otra acción que supusiera un riesgo a su integridad. Al menos podía dar gracias de que hubieran sido en su mayoría pequeños animales y plantas, nada realmente grande y agresivo.

Mientras extraía el cuchillo de la serpiente muerta y limpiaba la hoja en la manga, Hakim decidió que si salía vivo de alli jamas volveria a poner un pie en Paradiso. Como echaba de menos Barouk y sus desiertos secos…

- Gracias por el aviso, casi me muerde esa cabrona- Susurro el soldado a Jamilla. - Con lo jodido que es este sitio seguro que era muy venenosa.-

- De nada, pero deberias estar mas atento a dónde pisas, no soy tu niñera.- respondió la mujer también entre susurros, una sonrisa socarrona sus labios. - Aunque se que te gustaria...-

- Es muy fácil decirlo cuando tienes sentidos mejorados. ¿Cómo puñetas voy distinguir una serpiente verde oscura entre una maraña de vegetación aún más verde?- Hakim gruñó molesto para goce poco disimulado de su amiga, que tuvo que contener la risa. El joven soldado se tapó la boca para contener también la risa, ver sonreír y de buen humor a Jamila le resultaba reconfortante, incluso en la situación actual.

Hakim le dio un codazo amistoso a su amiga y le indicó por señas que guardara silencio antes de otear sobre el macetero de hormigón parcialmente derribado tras el que se escondían.

Se hallaban ya en el espacio que debía ser el centro del edificio, una enorme plaza interna cerrada con un techado de cristales tintados para contener los soles paradiseños, y dominadas por una gran fuente circular adornada con estatuas de mármol de hombres de varios metros de alto que, a juzgar por las poses e indumentarias de los que quedaban en pie, debieron ser peces gordo del estadoimperio. En su momento debió ser un rincón muy agradable, donde pasear entre compras o disfrutar de unas copas en terrazas a la sombra, a resguardo del castigo de los soles binarios.

Ahora sin embargo la imagen era deprimente. Las tiendas tenían todas las cristaleras rotas, el mobiliario estaba destrozado y desperdigado entre los matojos, y la fuente se había convertido en un estanque de aguas turbias y helechos, todo eso sin contar con la omnipresente vegetación.

Hakim sospechaba que los numerosos destrozos no se debían únicamente a la invasiva jungla paradiseña, ya que había un par de todoterrenos militares abandonados por la plaza, con señas de haber recibido una explosión potente relativamente cerca.

Pero sin duda lo más llamativo era la pequeña cápsula con el emblema del O-12, parcialmente hundida en la fuente y con una de las estatuas derribadas, volcada justo encima.

- Llevo un par de minutos sin oír los golpes, pero estoy segura de que provienen de ese trasto.

Hakim analizó el panorama. La plaza parecía en calma, pero también era verdad que era un sitio magnífico para tender una emboscada, con balcones terraceros en las múltiples plantas superiores dando una vista estupenda a aquella plaza sin apenas coberturas, y bastante vegetación para que fuera difícil el moverse con rapidez por ella. Pero Jamilla aseguraba que si había alguien cerca ella lo sabría, por lo que el soldado decidió fiarse de ella.

- Voy a acercarme a mirar. Toma, cúbreme.- Pidió Hakim mientras intercambiaba el rifle por la pistola que le había dejado a Jamilla. La joven asintió y se asomo por encima del macetero, apuntando con el rifle mientras Hakim se levantaba y caminaba rápidamente hasta la fuente.

Por el camino dos pájaros salieron volando de repente, asustando un poco a Hakim, pero afortunadamente no hubo disparos o explosiones, por lo que cuando llegó al borde de la fuente seguía razonablemente intacto. Ya desde más cerca, el soldado haqquislamita pudo ver que en el lateral de la cápsula estaba escrito en inglés 'Estrella Vespertina', lo que confirmaba sus sospechas. Con suerte el ocupante podría aportar un poco de luz sobre lo sucedido hacía apenas unas horas.

También se percató de que la cápsula estaba ligeramente abierta, aunque no lo suficiente para que pudiera salir una persona adulta. La estatua volcada claramente impedía que se abriera por completo.

Por suerte el agua no era demasiado profunda, le llegaba ligeramente por debajo de la cintura, por lo que Hakim comenzó a avanzar lentamente hasta la cápsula, rezando por que no viviese allí ningún otro diabólico animalillo absurdamente venenoso. No era un buen momento para recordar aquel documental sobre un pez que ponía sus huevos en ciertos… orificios corporales. Hakim notó como una gota de sudor frío corría por su espalda solo de rememorar las fotos.

- ¿Hay alguien ahí?- Preguntó el soldado en su mejor inglés posible, intentando alejar su mente de aquellas dantescas imágenes. Comprobó con alivio como el asustado rostro de una mujer joven aparecer al otro lado de la ranura que había quedado en la cápsula, al menos no habían llegado tarde. Sin embargo desde el primer segundo que la vio, algo le resultó raro en la chica. No era fea, de hecho tenía un rostro bastante agraciado, pero su piel tenía una palidez enfermiza, casi blanca, y había algo raro en su pelo, parecía erizado.

Al mirar más detenidamente Hakim se dio cuenta de que el 'pelo' en realidad eran unas especies de hojas rígidas, y la cara tenía protuberancias extrañas en la frente. ¡Aquella chica no era humana!

Fue entonces cuando recordó el motivo original de su visita a Paradiso: las reuniones con el equipo diplomático de aquellos misteriosos alienígenas que se habían aliado con la humanidad contra el Ejército Combinado. Tohaa se hacían llamar, si no recordaba mal, y a juzgar por las fotos que había visto esa chica era uno de ellos.

-¿H-hola? ¿Entiendes mi idioma?- Pregunto Hakim inseguro en árabe. La tohaa asintió levemente, aunque su mirada denotaba temor y desconfianza. -Tranquila, somos aliados. Te vamos a sacar de ahí, solo aguanta unos minutos más.

La tohaa pareció tranquilizarse un poco, por lo que Hakim hizo el amago de apartarse de su visión, para investigar el cómo sacarla de allí, dando por hecho que no había nada más que decir. Por eso le sorprendió bastante cuando la mujer alienígena habló en un correcto árabe con voz sorprendentemente grave, cargada de angustia.

-Deprisa, por favor.

El joven soldado asintió, estar encerrado en aquel trasto no debía ser una experiencia demasiado agradable.

Por desgracia, una inspección rápida dejó claro que sacar a la tohaa no iba a ser fácil, la estatua que se había volcado encima estaba intacta desde el cuello hasta las rodillas, con parte de lo que era el torso apoyado directamente sobre el casco de la cápsula, lo que colocaba varias toneladas de piedra sobre ella. De hecho, se dio cuenta de que la compuerta se había abierto parcialmente porque había cedido por el peso, doblándose hacia fuera.

Hakim retrocedió hasta el borde de la fuente, donde ahora se hallaba Jamilla agachada, vigilante.

- Tenemos un superviviente, una civil. Viene del Estrella Vespertina.

- ¿La estación? ¿La han destruido?- pregunto incrédula la odalisca.

- Puede ser -respondió sombrío el soldado, recordando el navío alienígena abriendo fuego.

-¿Pero sabes lo mejor?... nuestra náufraga no es humana, es una de esos tohaa que aparecieron hace unas semanas. Probablemente sea de la expedición diplomática.

- ¿En serio? ¡Tenía muchas ganas de ver uno en persona! -comentó Jamilla con un brillo de fascinación en los ojos, durante unos segundos Hakim volvió a ver a la niña curiosa y aventurera de su infancia.

Pero la mujer recuperó inmediatamente la seriedad.- Sigue siendo nuestra responsabilidad ponerla a salvo.

- No va a ser fácil. Tal y como está atrapada, necesitamos una forma de romper o mover la estatua. Y en ambos casos hará falta bastante contundencia, vamos a necesitar maquinaria pesada o explosivos.

Los dos se quedaron pensativos, intentando buscar una solución al problema. Estando en un antiguo centro comercial, Hakim busco con la vista entre las ruinas si distinguía alguna tienda de bricolaje o similar, pero de primeras casi todas las tiendas estaban cubiertas de vegetación. Y las que no tenían escritos los carteles en chino, que tampoco era de ayuda.

- Vamos a tener que registrar los locales uno por uno.- comentó Jamilla, que parecía haber pensado lo mismo que él.- pero nos puede llevar horas...

Hakim asintió, no tenían tanto tiempo, en cualquier instante podía aparecer algún explorador enemigo, o algún depredador llegará siguiendo su olor.

Fue entonces cuando la mirada del soldado recayó en uno de los todoterrenos, cuyo morro apuntaba hacia la cápsula. A pesar de que estaba cubierto de enredaderas, un gancho de remolque era claramente visible en el paragolpes delantero.

- Creo que tengo una idea. ¡Ven, rápido!

Seguido por Jamilla, Hakim avanzó hasta el todoterreno, un vehículo robusto y blindado de gran tamaño pensado para transportar tropas con seguridad. El soldado arrancó sin dificultades las enredaderas que envolvían el paragolpes, dejando al descubierto un cabrestante con varios metros de cable metálico, enganchado firmemente al paragolpes.

- Estos trastos están pensados para poder mover el coche con carga completa.

Jamilla abrió mucho los ojos y sonrió.- Y eso puede ser fácilmente un par de toneladas. ¡Podrá desplazar fácilmente la estatua!

La odalisca tomó el gancho y comenzó a tirar con fuerza, extrayendo cable suficiente para llegar hasta la cápsula.

- ¡Voy a atar esto alrededor de ese mamotreto, intenta arrancar el motor!

Hakim tuvo que cortar más ramas de enredaderas pero en menos de un minuto la puerta del vehículo estaba abierta y el soldado pudo entrar en el habitáculo sucio y lleno de cristales rotos, que apestaba a humedad concentrada. Parecía que estaba de suerte, ya que las llaves seguían en el contacto. Jamilla ya estaba en la fuente, moviéndose alrededor de la estatua caída, por lo que en breve podrían moverla.

Sin embargo, cuando el joven pulso el botón de arranque, el motor ni siquiera hizo el amago de arrancar. Por un segundo temió que el coche no tuviera batería, pero las pantallas del panel de mando se iluminaron, mostrando indicadores y mensajes en un perfecto chino. Hakim no pudo evitar pensar en lo oportuno que hubiera sido tener un traductor árabe-chino en su comlog, pero no tenía tanta suerte.

El soldado dejó la pistola en el salpicadero y comenzó a buscar por el habitáculo un manual de uso, si era bueno vendrían imágenes de ejemplo mostrando cómo arrancar correctamente. En esa tarea se hallaba concentrado cuando noto una mano en el hombro.

-Jamila, sucede al... ¡whoa!- Hakim exclamó sobresaltado al notar como la mano tiraba de él con fuerza , sacándolo de dentro del todoterreno y arrojándolo bruscamente contra el suelo. Sorprendido, cuando el haqquislamita abrió los ojos se encontró con el cañón de un spitfire a escasos centímetros de la cara.

El arma la sostenía un hombre joven, de rasgos asiáticos aunque era difícil distinguir su cara bajo la barba y el pelo salvajemente alborotado. Iba vestido con una capa de camuflaje mimético y una armadura de combate ligera de diseño japonés despintada y abollada, aunque en el pecho aún se distinguía parcialmente un sol naciente pintado sobre un fondo blanco.

- ¡H-hey, tranquilo tio! ¡No dispares!

- ¿¡Que hay en la cápsula!?.- Susurró el desconocido con tono amenazante, en inglés con un fuerte acento japonés.

-¿Cómo?

- ¡Que hay en esa cápsula!. -Insistió, agarrando con evidente impaciencia el Spitfire.

- ¡Una civil, una de los nuestros! ¡Estamos intentando rescatarla!

El japonés miró fijamente un par de segundos a Hakim, sin dejar de sostener el spitfire apuntado directamente a su cara. De fondo, el chapoteo de Jamilla en la fuente se detuvo.

-Hakim, todo listo… ¿Hakim? -La voz de la odalisca pasó rápidamente de la extrañeza a la agresividad -¡Tú, suelta ese arma y aléjate de él!

Para alivio, y también cierto desconcierto del soldado haqquislamita, su atacante apartó el arma y le tendió la mano para ayudarle a ponerse de pie, que aceptó con reticencia. Al levantarse pudo comprobar que Jamilla apuntaba hacia ellos con el rifle, aunque parecía tan confusa como él con las acciones del recién llegado.

- No hay tiempo para explicaciones, yo muevo la estatua, vosotros sacais al civil, y salimos cagando leches. - El japonés tendió una palanca a Hakim y se subió al todoterreno. - No tenemos mucho tiempo, llegarán pronto.

Hakim entendió inmediatamente quienes eran quienes venían, por lo que asintió y salió corriendo hacia la fuente. Allí la esperaba Jamilla con evidente incredulidad, aunque sin bajar el rifle.

- ¿Asi de facil, nos fiamos de él y punto? ¡Ni siquiera sabemos quién coño es o lo que quiere!

- Es un humano, nos va a ayudar, y parece que sabe usar esa infernal máquina yujing. Ya es mucho más de lo que esperábamos y no estamos en situación de rechazarla. De todas maneras no le perdamos ojo. - Respondió serio Hakim, lanzando una mirada disimulada al rifle Askari que Jamila tenía en las manos.

La pareja se situó junto a la cápsula mientras el motor eléctrico del todoterreno cobraba vida con un sonoro zumbido. Inmediatamente el cabrestante comenzó a recoger cable hasta ponerlo tenso. Hakim comprobó con desasosiego que la estatua no cedía del todo y era el pesado vehículo el que se veía arrastrado hacia la fuente.

- Mierda, no va a ser suficiente.

Como contestación las ruedas del todoterrenos soltaron un fuerte chirrido, intentando retroceder a la vez que tiraba de la estatua. Esta vez sí, el pesado trozo de mármol comenzó a moverse poco a poco, arañando el metal de la cápsula a medida que se iba desplazando.

Hicieron falta unos segundo más pero finalmente la estatua cayó al agua, dejando vía libre para manipular la compuerta de la cápsula,que estaba completamente chafada. Inmediatamente Hakim metió la palanca y comenzó a empujar hacia abajo con todo su cuerpo, mientras Jamilla manipulaba los controles de apertura externos.

- Los cierres están abiertos, pero se había atascado un poco.- informó la odalisca - ¡Aguanta un poco, Leeria! ¡Estarás fuera en un momento!

- ¿Leeria?- Pregunto entre resoplidos Hakim. El esfuerzo estaba trayendo de vuelta el dolor de los golpes, pero aun asi no aflojó en su esfuerzo.

- La chica.- respondió Jamilla mientras se unía, tirando con el de la palanca.- He hablado un poco con ella para tranquilizarla. Creo que es claustrofóbica.

Finalmente la compuerta cedió, y entre los dos la empujaron hacia el agua. Dentro de la cápsula, la tohaa los miró sorprendida, hecha un ovillo en el asiento de la misma.

Como Hakim temía, efectivamente era una civil ya que iba vestida con un corpiño naranja y una falda muy elegantes, pero nada prácticos y que ofrecía nula protección. La indumentaria dejaba bastante de su figura al descubierto, y el soldado comprobó sorprendido que físicamente los tohaa no parecen muy diferentes físicamente de un humano. De hecho la chica tenía un físico bastante atractivo, y Hakim tuvo que hacer un esfuerzo para evitar que la mirada no se le fuera al generoso escote del corpiño. Por suerte no parecía herida.

- Vamos Leeria, hora de largarse. -Jamilla se encaramó a la cápsula y ayudó a la temblorosa tohaa a levantarse poco a poco. Hakim se fijó que el japonés había salido del todoterreno, y hacía gestos para que se apresuraron.

- Jamilla, no tenemos todo el día...

- Si si, lo se, pero... ¡cuidado!- Repentinamente la odalisca empujó a la tohaa y se tiró encima suya. Hakim se agachó tras el aparato instintivamente, y unas décimas de segundo despues una ráfaga corta impactó contra el agua a escasos metros de él.

- ¡Dijiste que los oirías venir! -Exclamó Hakim lo suficientemente alto para que Jamilla lo oyera.

-¡Eso creía, pero han sido muy sigilosos! ¡Da gracias de que he reaccionado antes de que dispararan!

-¡Humanos, rendíos inmediatamente y se respetarán vuestras vidas! ¡resistíos y morireis!- Gritó una voz grave y siniestra, con una resonancia imposible en una garganta normal.

Como respuesta, el soldado japonés, que había saltado al otro lado del todoterreno para cubrirse, asomó medio cuerpo y abrió fuego a discreción con el spitfire. - ¡Corred!

Hakim apenas pudo oír el grito bajo el rítmico estruendo del arma automática disparando, que esparcía una letal lluvia de balas sobre sobre los alienígenas recién llegados, pero no le hizo falta. Aprovechando el fuego de cobertura, Jamilla le paso a Hakim el fusil, y junto a la tohaa saltaron fuera de la cápsula. Los tres corrieron hacia la posición del japonés tan rápido como les permitia el agua, Jamilla sosteniendo a la tohaa por el cuello para cubrirla con su cuerpo, como solían hacer los guardaespaldas con sus protegidos. Afortunadamente la mayoría de enemigos se habían puesto a cubierto a la espera de que acabase la tormenta de fuego que caía sobre ellos. Sin embargo, uno de ellos, uno vestido con una gabardina negra y capucha se iba acercando, moviéndose ágilmente, como un borrón apenas visible, entre las coberturas que iba encontrando mientras evadía por milímetros cada ráfaga que iba directo hacia él.

-¡Segunda planta, a nuestra izquierda!- gritó Jamilla señalando con la mano. Hakim reaccionó automáticamente, y aunque apenas distinguía las figuras moviéndose comenzó a disparar ráfagas cortas en la dirección que su amiga indicaba. Varios tiradores, apenas visibles, se agacharon o retrocedieron para evitar los disparos, aunque uno no estuvo tan rápido, y tras soltar un grito agónico, se desplomó desde la terraza hacia abajo. Por la planta baja se veían más enemigos tomando posiciones en los distintos accesos a la plaza, rodeándolos y negando cualquier posible vía de escapatoria. Estaban muy jodidos...

Pese a el fuego de supresión de Hakim y el japonés, para cuando los tres llegaron junto a el misterioso hombre barbudo algunos alienígenas comenzaron a aventurarse a asomar la cabeza, y los disparos comenzaron a cruzar en ambos sentidos. Sin olvidar que el alienígena oscuro que se había lanzado hacia ellos cada vez estaba más cerca. Aunque Hakim no pudo evitar notar que el fuego de las tropas del Ejército Combinado no era muy preciso ni intenso. Claramente los querían vivos.

- ¡Nos han dejado encerrados, y las balas no nos durarán para siempre!- Avisó Hakim desesperado a la vez que sacaba el cargador vacío del rifle. Le quedaban solo dos cargadores completos, lo cual no era precisamente una reserva muy amplia de munición.

- ¡Hay una salida! ¡Rápido, las granadas!- grito el japonés, sin dejar de disparar.

-¿¡Qué!? - Que preguntaron Hakim y Jamilla a la vez confundidos.

-¡Las granadas de humo, joder!- el japonés se señaló varias granadas que colgaban del pecho de su armadura. Aprovechando los breves segundos de distracción de los tiradores humanos, el alienígena de negro dio un poderoso salto desde su escondrijo, encaramándose al capo del todoterreno con felina agilidad a la vez que lanzaba un tajo con una afilada espada, cortando limpiamente en dos el spitfire.

-¡Ya eres mío, asqueroso humano!- proclamó triunfante con aquella voz tan terrorífica a la vez que pateaba la cara del sorprendido japonés, tirándolo de espaldas, y acto seguido saltó sobre él.

Hakim, aún en mitad de la recarga, ni siquiera se paró a apuntar, disparando la escopeta desde la cadera con una mano por pura intuición. Los dardos ultradensos del cartucho impactaron milagrosamente en el torso del alienígena en pleno aire, que salió volando por encima del todoterreno a la vez que el soldado haqquislamita se caía desequilibrado por el retroceso de la escopeta.

El japonés se levantó de un salto y desengancho un par de granadas, las lanzó a ambos lados del todoterreno bajo un reanudado fuego enemigo. Tras sendas explosiones dos enormes nubes de humo negro comenzaron a llenar rápidamente la plaza.

-Seguidme, rápido.

Los dos jóvenes árabes y la alienígena siguieron al soldado asiático, ligeramente agachados para evitar los disparos, no parecía que hubiesen traído nadie con visores por lo impreciso que estaban siendo.

A unos metros del todoterreno, el improvisado guía se detuvo y se arrodilló, apartando un frondoso matojo de hierbas y frutos pisoteados para dejar al descubierto una alcantarilla abierta.- Bajad por aquí. Ya.

Hakim dejó que las dos mujeres bajaran primero, para seguirlas acto seguido hasta unas un túnel de alcantarillado tenuemente iluminado, con paredes cubiertas de musgos y brotes asomando por sus múltiples grietas. Al menos el nivel del agua sólo llegaba por los tobillos, por lo que no seria dificil correr.

El soldado japonés finalmente bajó deslizándose por las escaleras unos segundos después.

-Bien, ¿Y ahora por dónde? -preguntó Jamilla impaciente. El japonés le lanzó una mirada hosca, y acto seguido agarró del brazo a la civil tohaa. La chica gritó de dolor cuando el hombre le retorció el brazo y la empujo contra la pared con brusquedad, como si fuera una criminal.

-¡¿Que demonios haces?! ¡¿Estas loco?!- Hakim dio un paso para detener al otro hombre, pero este se giró hasta interponer a Leeria entre los dos, sin aflojar su presa, desenfundó rápidamente una pistola que colocó en la sien de la aterrorizada tohaa.

-Malditos traidores, con que uno de los nuestros... ¿¡Tan estúpido cree que soy ese maldito Umbra!? -escupió con odio y apuntó a la pareja con la pistola.- ¡Soltad las armas o le meto un tiro a este demonio!

Hakim intercambio una mirada nerviosa con Jamilla, sin saber que hacer, la situación era delicada y cualquier mal gesto podía acabar con la civil muerta. Por no hablar del valioso tiempo que estaban perdiendo para huir. ¿pero por qué demonios reaccionaba así aquel tipo?

Entonces el soldado haqquislamita lo comprendió, al fijarse en el aspecto sucio y desaliñado, la armadura abollada y descolorida...

-Tranquilicemonos, ¿vale?. Mira, yo me llamo Hakim y ella Jamilla.-Hakim señaló a su amiga, que tenía la mano en la empuñadura de su cuchillo, lista para desenfundar y lanzarse sobre el japonés.- Y los dos somos leales ciudadanos de Haqqislam, lo juro por el profeta.

El soldado enfatizó sus últimas palabras, a la vez que le lanzaba una mirada a Jamilla, pidiendo silenciosamente que la apoyara. La odalisca relajó ligeramente su cuerpo, aunque sin alejar un milímetro la mano del cuchillo. -Lo que dice es cierto, lo juro por el profeta, Allahu akbar.

- Nosotros te hemos dicho nuestros nombre, si nos dices el tuyo podremos hablar como personas civilizadas.

-Hiro…-Murmuró el japonés tras un par de segundos en tenso silencio.

-De acuerdo, Hiro, escucha, todo esto es un malentendido. -Siguió Hakim intentando sonar lo más tranquilizador posible. -¿Cuánto hace que estas aquí incomunicado?

El japonés entrecerró los ojos receloso, pero respondió. -Año y medio.

-¿Desde que cayó la ciudad has estado aqui solo? ¿En serio? -Preguntó sorprendida Jamilla, que también pareció comprender el problema por su gesto. -Eso lo explica todo. Los tohaa ahora son nuestros aliados.

- ¿¡Como!? -Hiro soltó incrédulo, aunque sin aflojar la presa de la gimoteante alienígena.- ¿Se han rebelado? ¡Que mentira más burda y pobre! Todo el mundo sabe que las tropas del ejército combinado ni se rebelan, ni desertan...

- ¡No no, es totalmente en serio! Resulta que no todos los tohaa pertenecen a ese ejército invasor, hay un grupo en otro lado de la galaxia que aún resiste los ataques de la IE, y se han aliado con nosotros.

El soldado japonés no parecía muy convencido con aquella revelación, y Hakim cada vez estaba más convencido de que tendrían que intentar reducirlo o matarlo. Lo cual no pintaba bien, se suponía que los soldados del ejército sectorial japonés recibían entrenamiento intensivo en artes marciales y combate cuerpo a cuerpo.

El lejano sonido de pisadas y voces hablando en un idioma claramente no humano llegaron resonando por fondo del túnel, aproximándose.

- Me creeré lo que decis por el momento.- Hiro finalmente parecido entrar en razón, y soltó a la joven tohaa, que inmediatamente se alejó de él, aterrorizada, para esconderse detrás de la pareja haqquislamita. -Pero si queréis venir a mi refugio más os vale contarme con todo lujo de detalles esa historia.

El japonés se descolgó de la espalda un fusil bastante remendado, y comenzó a trotar por las alcantarillas, en dirección opuesta a por donde llegaban los sonidos de las tropas combinadas.

-No se si es buena idea seguirlo. -Susurró Jamilla. -Es peligroso, y nada nos garantiza que no haya perdido el juicio.

-¿Acaso tenemos mejores alternativas? Es él o los morat otra vez. -Hakim se percató de que la tohaa se estremeció ante la sola mención de los sádicos alienígenas de piel roja, pero seguía escondiéndose tras Jamilla, como si temiese que el japonés se arrepintiera y decidiera volver a por ella. La propia odalisca torció el gesto, probablemente recordando su primera experiencia con los morat. -Lleva mucho tiempo sobreviviendo en esta ciudad a pesar de la invasión, es nuestra mejor baza si queremos tener alguna expectativa de volver a casa vivos.

Resignada, Jamilla asintió y agarró con pulso firme pero delicado a la aterrada mujer tohaa por el hombro, empujándola para que comenzara a andar, pero la alienígena se resistía. -Vamos Leeria, tenemos que movernos. Todo va a ir bien, nosotros te protegemos.

Finalmente la tohaa asintió insegura y se dejó guiar, por lo que los tres emprendieron la carrera tras el soldado japonés, que empezaba a coger cierta ventaja.

Hakim no pudo evitar pensar que podían estar cometiendo un grave error confiando en aquel hombre, pero a su pesar sabía que situaciones desesperadas requieren de medidas desesperadas...