-... y pocos días después de arrebatarselo a los panoceánicos, los científicos de O-12 ya tenía localizado el agujero de gusano que daba a un sistema en territorio del Trinomio Tohaa. El resto, es historia: mandamos una señal, y ellos respondieron.
-Entiendo... me alegro de que esos imbéciles panocos se quedaran sin su juguetito, seguro que se las hubiera apañado para meternos en otra guerra con su arrogante estupidez. Cuidado con la cabeza aquí.
Hakim sonrió mientras cruzaba la estrecha fisura en la pared para dar a entender que compartía esa opinión, aunque no podía evitar recordar que el resto de naciones habían tratado también de actuar en beneficio propio, incluida la propia Yu jing. Claro que siendo japonés probablemente tampoco debía tenerle mucho cariño a sus amos chinos.
El caso era que ya habían logrado convencer más o menos al japonés de que eran lo que decían ser, así que prefería no enfadarlo de nuevo. Hakim le había mostrado algunos artículos y noticias sobre el contacto con los tohaa que tenía almacenados en su comlog, y Jamilla también había aportado muchas fotos y un par de grabaciones de los primeros contactos que tenía en guardados en su dispositivo.
Leeria había permanecido en silencio todo el tiempo, inquieta, un par de pasos por detrás de los humanos, pero había señalado tímidamente con la mano una de las fotos que habían estado viendo, donde casualmente aparecía ella de fondo junto a otros tohaa y confirmando que pertenecía a la expedición diplomática. O al menos una muy parecida a ella, era difícil distinguirlos.
La actitud de Hiro había ido cambiando gradualmente a medida que iba asimilando toda aquella información, desde una desconfianza absoluta, no exenta de cierta hostilidad, hasta la actitud más relajada aunque aún recelosa que mostraba en aquellos instantes, mientras supuestamente los guiaba a su refugio. Había dado una serie de rodeos, les había explicado, para despistar a cualquier posible perseguidor, aunque sin dar muchos detalles de por dónde iban pasando, Hakim sospechaba que el japonés quería desorientarlos un poco. Ni él ni las dos mujeres tenian intencion de ir a ningún lugar que no fuera ese supuesto lugar seguro, por lo que si aquello le daba tranquilidad a aquel tipo, por él perfecto.
Hakim esperó a que las dos chicas pasaran por la grieta en el cemento antes de seguir al japonés por un amplio almacén subterráneo, lleno de vagones de metro y robots de mantenimiento apagados abandonados entre los vagones. Habían entrado por unas grietas que conectaban con el alcantarillado, una forma un poco rebuscada aunque tenía su lógica ya que el extremo por donde habían estado las salidas a la red de metro estaban bloqueado por un gran derrumbamiento. Por la zona del derrumbamiento había varios agujeros que daban a la superficie, y dejaban entrar la luz suficiente para iluminar tenuemente la mayor parte de la estancia.
Tras guiar a los otros tres entre los vagones hasta un túnel menor, Hiro se detuvo en el fondo, donde los raíles acababan en un tope, y una pila considerable de placas de metal y piezas de motores electrico descansaban contra la pared del fondo, oxidándose sobre un charco de agua estancada.
-Esperad un segundo. -Ordenó, y acto seguido desapareció tras el montón de chatarra. atravesando literalmente la pared.
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-Un proyector holográfico, no está mal. -Comentó Jamilla. -No se, esperaba algo más… rudimentario.
Hakim asintió. -Bueno, ha tenido bastante tiempo para recoger aparatos y armamento por la ciudad. No quiero ni imaginarme las trampas que estará desactivando.
Hiro reapareció, asomando de pecho para arriba a través del holograma, dando la sensación de que era un fantasma. -Listo, podeis pasar.
Al cruzar el acceso oculto, Hakim silbó impresionado. Al otro lado les esperaba una pequeña habitación ocupada por mas piezas de maquinaria abandonada, y lo más importante, un remoto de combate con identificaciones en chino, armado con un spitfire silenciado y dos lanzallamas; y un par de aquellos drones-mina que los japoneses fabrican, los famosos Crazy koalas. En el techo de la habitación había colocado, discretamente en un agujero, un dispositivo reproductor de hologramas de gran calidad, que era el responsable de ocultar el acceso en la pared. Al fondo, Hiro esperaba junto a una compuerta abierta que de haber estado cerrada se habria sido dificil de distinguir sin examinar detenidamente la pared.
-¿Seguro que podemos pasar? -Preguntó preocupado el haqquislamita al ver cómo los robots fijaban sus visores en él tan pronto puso un pie dentro de la habitación. Por si acaso, indicó discretamente a Jamilla que se apartaran de la entrada, para que salieran del ángulo de tiro del guardián.
-Los he puesto en modo standby, así que ahora mismo son inofensivos.- respondió el asiático, dando unos golpes amistosos en el casco al remoto del spitfire.
Hakim caminó por la habitación bajo la atenta mirada de las máquinas, hasta llegar junto a Hiro. Que por el camino no recibiera un tiro o un adorable robot le explotara en la cara le pareció suficiente buena señal.
-Podéis pasar, parece que es seguro..
Las dos mujeres cruzaron rápidamente la habitación, la odalisca mirando con interés los remotos y el proyector. Con los cuatro juntos de nuevo, Hiro los hizo pasar por la compuerta, que daba a un largo pasillo que descendía en la tierra, y la cerró tras ellos.
-Perdona Hiro, ese proyector de antes… ¿es un DaryanU-780? -Pregunto Jamilla mientras caminaban, que añadió al ver la cara sorprendida de Hakim. -Mi jefe compró un par de esos para su casa. Son tecnología militar punta, además de proyectar hologramas crean un campo de ruido blanco alrededor para contrarrestar visores multiespectro. Eran la leche.
-Si, creo que recordar que Sakura lo mencionó. -Respondió el japonés. Al mencionar a aquella otra persona, el semblante de Hiro se ensombreció claramente, con el ceño fruncido de rabia. Jamilla hizo el amago de seguir preguntando, pero Hakim le indicó disimuladamente que se abstuviera de hacerlo. Ya habría tiempo más adelante.
Finalmente el pasillo concluía en otra compuerta metálica, está notablemente más blindada y con un panel de seguridad a su lado, así como un par de cámaras y un compartimiento que probablemente era de una torreta, justo en el techo sobre ella.
Aquel despliegue era el que esperarías de una entrada a un bunker, pero no uno cualquiera, aquello parecía la entrada a unas instalaciones secretas del más alto nivel del ejército Yujing. Lo cual no le cuadraba a Hakim. ¿Cómo un soldado raso japonés había logrado dar con semejante lugar?
Se le ocurrió que a lo mejor estaba abandonado y en ruinas, pero en cuanto entraron el soldado ghulam supo que no era el caso, ya que se encontraron con una gran sala común en perfecto estado, salvo por cierto desorden en forma de cajas y aparatos repartidos por el suelo y en la inmensa mesa que presidía la estancia.
Pero no era solo eso, el mobiliario, las máquinas, la habitación en general no solo estaba bien cuidada, sino que además era evidente que todo el material que habia alli era moderno y de muy buena calidad. Las paredes estaban cubiertas con pantallas último modelo que mostraban imágenes holográficas representando mapas de la ciudad y las zonas colindantes o grabaciones en tiempo real, y la propia mesa central tenía montado un proyector holográfico en su centro. Hasta había una pequeña cocina portátil de apariencia cara junto a la mesa, con su propio fabricador de alimento y una máquina de café con sello panoceánico.
Al fondo de la sala había tres entradas a pasillos, lo que significaba que la estructura era considerablemente más grande.
- Bienvenidos a mi humilde morada. Por el segundo pasillo se llega a los barracones y las duchas, por si quereis poneros cómodos. También hay una despensa de comida y una enfermería muy completa. Aunque aviso que no se mucho mas aparte de los primeros auxilios básicos. -Comentó brevemente Hiro mientras cerraba la puerta.
-¡Perfecto! De eso me puedo encargar yo, soy enfermero de campaña. -respondió Hakim. -Vamos Jamilla, tengo que cambiarte esos vendajes sucios. Leeria, acompañame tu tambien, me gustaria comprobar que no tienes ningún daño por el aterrizaje.
Hakim indicó a Jamila y la tohaa que fueran con él a la enfermería, aunque antes de entrar por el pasillo, se giró hacia el japonés, que se había quedado pensativo junto a un bulto tan alto como el, cubierto por una sábana.
-¿Hiro, no necesita que le examine nada? Es lo mínimo que puedo hacer, después de que nos salvara de aquella encerrona. Le debemos una muy grande.
-Gracias, pero estoy perfectamente. No quiero descansar hasta que revise que el perímetro de seguridad sigue operativo. ¡Por favor! -Zanjó bruscamente Hiro, con el cuerpo tenso y el puño cerrado con fuerza sobre la sabana.
-Como quieras. -Hakim se encogió de hombros, y se internó en el pasillo. Esperaba ganarse su confianza siendo amable, y de paso comprobar cómo estaba de salud física y mental, pero había quedado claro que el japonés no estaba de humor. Mejor dejar que se le enfriaran los ánimos e insistir cuando estuvieran más descansados...
Hiro esperó que aquel árabe tan insistente desapareciera por el pasillo para relajar el cuerpo. La tensión y el esfuerzo de las últimas horas hicieron acto de presencia, y la armadura se volvía más y más pesada por momentos. Agotado, el hombre arrastró la silla más cercana y se dejó caer en ella.
-¿Qué estás haciendo, Hiro? ¿Es que no aprendiste nada con lo que pasó con los otros?
Hiro parpadeó lentamente y levantó la vista hacia la voz femenina que acababa de hablar. Sin darse cuenta había tirado de la sabana al sentarse, y ésta se había caído, descubriendo una unidad Karakuri, uno de aquellos robots de combate de creación nipona de aspecto vagamente femenino. El robot tenía su fino rostro girado hacia el hombre, y sus inexpresivos receptores ópticos que imitaban unos ojos de mujer fijos en el. -Traer a esos tres aquí es un error, y lo sabes.
-Por favor, ahora no… -el soldado apartó la mirada, y se centró unas hojas de papel sucio que reposaban sobre la mesa, manoseándolas haciéndose el distraído. Pero el daño ya estaba hecho, y las palabras del robot no paraban de resonar en su cabeza.
-Escúchame Hiro, estás cometiendo un grave error. -insistió la robot. -No debiste haberlos traído, pondrán en peligro la misión. Tu misión.
-¿Y qué debería haber hecho, dejar que los alienígenas los capturaran? ¿Condenarlos a la muerte, o algo mucho peor?
-Si.
-Es muy fácil decirlo cuando no estás en esa situación. -Contestó molesto Hiro. -llegué a pensarlo, pero no pude, querría haber tenido la sangre fría para dejarlos a su suerte pero mi conciencia me lo impedía.
-No ha sido tu "conciencia", Hiro, ha sido tu debilidad. Estabas tan desesperado por poder hablar con otra persona, que no te paraste a pensar los riesgos que supondrían para nosotros.
-¡No es así, lo hice porque es mi deber! Me alisté para proteger a aquellos que no pueden, para proteger a mi gente… -Hiro se levantó furioso. Sin embargo, la furia se fue disipando rápidamente, dejando paso a una sensación de desazón y angustia. -Un año... hace más de un año desde la última vez que pude hablar con otro humano. La soledad… es terrible.
-¿"Tu gente"? -soltó con tono burlón el robot. -Por favor, esos no son "tu gente", ni siquiera son japoneses. Maldita sea, una de ellos es un alienígena, ¡el enemigo! Seguro que es una espía, y sus compañeros asaltarán este búnker en cualquier momento gracias a tu momento de debilidad.
Desesperado, el japonés se llevó las manos a la cabeza y le dio la espalda al robot. -No, no me lo creo, sus historias suenan coherentes, parecen sinceros. Quiero creerlos, incluso a la alienígena.
-Por culpa de tu error os matarán, y todos los sacrificios que se hicieron para seguir esta lucha, para que continues nuestra misión, quedarán en nada.
Hiro notó como la sangre se le helaba al oír aquellas últimas palabras. La voz del robot había cambiado paulatinamente a medida que hablaba, perdiendo aquel tono artificial que le caracterizaba por uno mucho mas humano, mas familiar. Cambiado a una voz que conocía muy bien.
Tembloroso, el hombre se giró lentamente. Donde había estado el robot, estático, ahora se encontraba una chica asiática joven vestida con el uniforme estándar de infantería Keisotsu y el pelo corto de color rojizo y negro, peinado en un flequillo largo. Su rostro le era dolorosamente familiar.
La armadura estaba completamente destrozada a golpes y tajos, y un profundo corte recorría su garganta, dejando salir un abundante reguero de sangre. La palidez mortecina de su rostro contusionado contrastaba radicalmente con sus grandes ojos caoba, inyectados en sangre y húmedos por las lágrimas. De sus labios finos brotaba sangre entre toses y jadeos, mezclándose con sus lágrimas en la barbilla y goteando al suelo.
-¿Vas a permitir que mi muerte sea en balde?
-N-no... Sakura, yo no… -Hiro murmuró, conteniendo las lágrimas. La mujer comenzó a avanzar, extendiendo una mano pálida y con varios dedos rotos hacia él, buscando su cuello.
-Si no vas a cumplir el juramento que hicimos, entonces es preferible que te unas a nosotros. Deja de ensuciar el poco honor que te queda, y muere como el perro cobarde en el que te has convertido, hermano.
-¡No, espera, no! -Hiro intentó retroceder, pero las piernas se le enredaron con algo, haciéndole tropezar y caer de espaldas. Dolorido, cerró los ojos y se resignó a su destino. Ella tenía razón, había fracasado. Él era el que había estado al mando, lo habían seguido sin dudar y habían aceptado seguir luchando para recuperar su hogar y el de sus familias. Y ahora estaban todos muertos sin que la victoria pareciera estar mínimamente próxima, no había logrado absolutamente nada. Solo la deshonra del fracaso.
-¿Hiro, sucede algo?- Cuando el japonés abrió los ojos, vio al joven haqquislamita asomado por la puerta, sosteniendo un rifle en las manos y mirándolo con evidente preocupación. -Te hemos oído gritar. ¿Te encuentras bien? No tienes buena cara.
-No, no... estoy perfectamente. Estaba… -El japonés miró hacia la Karakuri, que permanecía en el mismo sitio, con la cabeza ligeramente caída. -Estaba intentado arrancar ese trasto, pero me ha dado una descarga. Sospecho que tendremos un guardián menos esta noche.
- Entiendo... -asintió Hakim. -Mi oferta sigue en pie, si te encuentras mal no dudes en venir y decírmelo.
-De acuerdo, mañana me pondré en tus manos, a ver si la fama de los médicos haqquislamitas está justificada. -Respondió Hiro mientras se levantaba, empujando de una patada la silla con la que había tropezado. El otro hombre se encogió de hombros y volvió a desaparecer por el pasillo.
El japonés espero unos segundos a que Hakim se alejara, y se acercó a la Karakuri, examinándola de cerca. El robot estaba desconectado, le faltaba las células energéticas.
Hiro tomó aire y lo expulsó lentamente, en un ejercicio de relajación que solía usar. Había tenido un momento de flaqueza, al fin y al cabo seguía siendo un hombre normal y corriente, todos tienen sus malos momentos. Pero no se iba a rendir tan fácilmente. Mientras quedara una sola gota de sangre en sus venas, seguiría luchando. Por su gente, por su hogar. Por Sakura…
Tumbada en la cama de la claustrofóbica habitación que le habían asignado, Leeria intentaba inútilmente aislarse del mundo exterior y calmar la ansiedad que atenazaba su cuerpo. ¿Porque había aceptado la maldita oferta y unirse a aquella maldita expedición diplomática?¿Que se le había perdido en aquel maldito rincón salvaje y primitivo en la otra punta de la galaxia? Podría haber dicho que no, Maara lo hubiera entendido perfectamente y había otros buenos xenobiologos que habían ocupado su puesto encantados.
Pero no había podido, la amistad y la curiosidad por aquella nueva especie inteligente habían sido más fuertes que su sentido común. Si hubiera hecho caso a las advertencias de su familia y amigos ahora podría estar en Runohaa, tranquila y segura, y sus únicas preocupaciones hubieran sido los quehaceres diarios y la evolución de sus investigaciones en la universidad. Y no sola, encerrada en un maldito agujero en el suelo junto con tres de aquellos humanos, uno de los cuales la había amenazado con matarla, y en una ciudad controlada por las tropas de la IE.
Si al menos los humanos hubieran sido más interesantes... pero no habían resultado ser más que una panda de primates primitivos, violentos y traicioneros que parecían más preocupados por perjudicarse mutuamente que en plantar cara a la amenaza muchisimo mas importante de el Ejercito combinado. Y su supervivencia dependia ahora de tres de ellos. Al menos podía agradecer que gracias a los implantes podía comprender sus lenguas...
Leeria se abrazó las piernas y recostada de lado, comenzó a sollozar desconsoladamente, sobrepasada por la angustia y el miedo. Ella era una persona tranquila y pacífica, una erudita, no un soldado. No estaba preparada para una situación tan estresante, ni física ni mentalmente.
La joven tohaa dio un respingo al notar como una mano se posaba en su brazo. Había estado tan distraída lamentándose que ni siquiera se había enterado de que uno de los humanos hubiese entrado en la habitación.
- Eh, eh, tranquila, soy yo, Jamilla.- Habló el humano con tono tranquilizador, mientras acariciaba con gentileza su brazo. Leeria abrió un ojo y comprobó que, efectivamente, el recién llegado era la hembra humana, que a pesar del aspecto cansado y los múltiples vendajes de las heridas sufridas, le dedicaba una sonrisa amable. De los tres humanos, ella era claramente la que se había mostrado más amistosa con ella, por lo que Leeria se relajo un poco tras el susto inicial, y se sentó en la cama.
- Te he traído ropa por si te quieres cambiar, ese traje está hecho polvo y supongo que te gustaría ponerte algo más cómodo.- Continuó hablando la humana, a la vez que tomaba de la única mesa de la habitación una chaqueta marrón y unos pantalones azulados de un tejido bastante grueso.
- Calculo que son de tu talla mas o menos, pero de todas maneras hay un monton mas donde los encontre. También he traído unas galletas y zumo.- La humana le mostró un par de paquetes con unas especies de tortas marrones pintadas y una botella con un líquido naranja de aspecto ligeramente espeso.- Aunque no se si tu gente puede comer nuestra comida…
Leeria tomo con cierta suspicacia el paquete para estudiarlo más detenidamente, aunque lo que realmente le preocupaba era la actitud de aquella criatura. Hasta ese momento había estado tan atenazada por el miedo que no se había parado a pensar porque la hembra se mostraba tan atenta y amable con ella.
¿Tramaba algo? Le habían advertido que los humanos solo eran capaces de comunicarse oralmente y eran muy aficionados a las conspiraciones y los engaños, lo que significaba que no se podía confiar en nada que dijeran o hicieran. ¿Como saber si aquella humana solo estaba siendo altruista, o en realidad tenía una agenda secreta que la implicaba de alguna manera?
- N-no hay problema con vuestra comida, podemos metabolizar la mayoría gracias a los tratamientos genéticos.- La tohaa se mordió el labio, arrepintiéndose de sus palabras. Antes de partir se había avisado a todo el personal civil de la expedición de procurar mantener el máximo secreto posible sobre tecnología o ciencia avanzada, y en general cualquier cosa de la que los humanos pudieran sacar provecho. De hecho, en teoría ella ni siquiera debería haber tenido que interactuar con ninguno de ellos, solo observarlos y estudiarlos.
Leeria sacudió la cabeza y soltó un suspiro triste. Estaba siendo una paranoica, aquella información no podía ser tan relevante… ¿verdad?
- Gracias, pero ahora mismo no tengo hambre.- Mintió, ya que de hecho sí que tenía, y mucha. Había pasado más de medio dia desde la última vez que probó bocado.
- De acuerdo, te las dejo ahí por si te apetece más adelante.- La humana asintió satisfecha y dejó los paquetes en la mesa. Sin embargo, en vez de marcharse, para sorpresa de Leeria, la humana se sentó en la cama junto a ella, muy cerca, y la rodeo con con un brazo, apretando pero sin mucha fuerza. La tohaa se quedó paralizada, en tensión y sin saber qué hacer. ¿Que prentendía?
-Tranquila Leeria, se que tienes miedo y las cosas pintan muy mal, pero tienes que tener fe, la esperanza es lo último que se pierde. Hakim y yo vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para que vuelvas sana y salva. Lo juro.
Al oir a la humana, Leeria comprendió que lo que intentaba era consolarla, en ese aspecto al parecer los humanos no eran tan distintos de ellos. Agradecida, la tohaa dejo que la humana la abrazara por completo, y apoyó la cabeza sobre su hombro, no le importaba que fuera una criatura extraña y desconocida, solo quería alguien que la apoyara, alguien con quien desahogarse.
.
- Yo.. yo…- Leeria intento hablar, pero tenía un nudo en la garganta que le impedía seguir, y lo único que pudo hacer fue comenzar a sollozar de nuevo, copiosas lágrimas corriendo de nuevo por sus mejillas.
La humana comenzó a acariciarle la espalda y susurrar con voz dulce.- Shhh, tranquila, ya esta. Tranquila, no estas sola, yo estoy aquí contigo...
A pesar de lo que le dictaba el sentido común, de lo que había visto y oído, de las advertencias que había recibido, Leeria decidió que, si bien los humanos no eran seres de fiar, confiaría al menos en aquella hembra humana tan compasiva. Quería hacerlo, para no perder la poca esperanza que le quedaba. Tenía que hacerlo, si quería tener una mínima probabilidad de sobrevivir.
- Alabadas sean las duchas calientes.- murmuró Hakim mientras depositaba el chaleco táctico y el resto de sus pertenencias junto a la cama. Aún no acababa de creer la suerte que había tenido. La habitación era fría y austera, la cama no tenía un colchón precisamente blando, y la camisa y los pantalones de color caqui y limpios que había tomado prestada estaban un poco acartonados tras a saber cuantos años almacenados, pero sin duda era infinitamente mejor que las perspectivas que había tenido horas antes.
El soldado se levantó la camisa y se miró el estómago. La piel aún estaba violácea y dolía al tacto donde le había pateado el morat, pero gracias al cóctel de medicinas regenerativas y anti inflamatorios que se había metido en la enfermería, el hematoma comenzaba a disminuir apreciablemente. El excelente equipamiento de la enfermería le había permitido confirmar que no sufría ninguna fractura, y aunque Jamilla si estaba más machacada, gracias al tratamiento que le había dado estaría recuperada en un par de días.
Ahora solo necesitaba descansar un poco y dejar a los medicamentos hacer su magia, algo que Hakim pretendía hacer durmiendo unas cuantas y bien merecidas horas.
Mientras se tumbaba en la cama, Hakim recordó el rato que había pasado en la enfermería, y no pudo evitar sonreír. Para tratar a Jamilla había tenido que pedir a esta que se desvistiera en parte, pero la odalisca directamente se lo había quitado todo hasta quedarse solo en ropa interior, dejando al descubierto su escultural cuerpo.
Hakim había estado con varias chicas, algunas realmente atractivas y con muy buen cuerpo, pero ninguna se podía comparar con aquella diosa exuberante, incluso sucia y malherida aquella mujer parecía un ángel venido del paraíso que había tomado el rostro de su vieja amiga. Tenía que admitir que se había puesto un poco nervioso cada vez que la había tocado, y ella se había dado cuenta, pero afortunadamente no pareció molesta. De hecho podía jurar que ella tambien se habia sonrojado un poco.
El soldado cerró los ojos y dejó que su mente se llenara con aquellas maravillosas imágenes, cuando el clickeo de unos tacones anunció que precisamente la mujer de sus sueños se acercaba. Al abrir los ojos Jamilla ya asomaba el torso y la cabeza por el marco de la puerta.
- Vaya, perdona. No sabía que estabas durmiendo.- La mujer susurró. - Vendré más tarde.
- No, tranquila, solo estaba probando el colchón.- Mintió descaradamente Hakim, que se incorporó rápidamente.- ¿Sucede algo? ¿Le pasa algo a la alien?
- No, la pobre está muy asustada pero me ha asegurado que se encuentra bien. Solo quería…- Jamilla pareció dudar un segundo, añadiendo.- solo quiero hablar un momento.
- Si, por supuesto. Entra.- El soldado suspiró un poco aliviado, y le indicó a su amiga que entrara. Aunque había examinado a la mujer tohaa a conciencia, la realidad era que no tenía ni idea de la fisiologia y anatomia de su especie. A él le había parecido verla saludable, aparentemente intacta salvo por algunos arañazos. Pero bien podía estar perfectamente muriéndose por cualquier motivo que no fuera un balazo o algo igual de evidente, y Hakim no se hubiera dado cuenta hasta que fuese demasiado tarde.
La odalisca cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido, y se aproximó hasta la cama. Se había cambiado la chaqueta por una camiseta caqui que le estaba bastante grande y se había quitado los guantes, pero conservaba los pantalones y las botas con el que había llegado, aunque ahora estaban más limpios y alguien (seguramente ella) los había reparado un poco.
Hakim se levantó para ofrecerle la única silla que había en la habitación, pero Jamilla negó con la cabeza y se sentó en la cama, indicando además que se sentara junto a ella. El soldado no pudo evitar fijarse en que la mujer parecía un poco nerviosa, moviendo las manos sin parar, y rehuía su mirada mientras un silencio cada vez mas incomodo comenzaba a llenar la habitación. El soldado tenía varias cosas en mente que llevaba un buen rato queriendo hablar en privado con su amiga, pero el cuerpo le decía que se esperara, que dejara que ella diera el primer paso, como claramente estaba intentado hacer.
- Hakim, yo… lo siento. Lo siento mucho.- Jamilla rompió finalmente el silencio, con una voz cargada de arrepentimiento.
- ¿Qué?- Preguntó visiblemente sorprendido Hakim, que miró atónito a su amiga. ¿Había interpretado ella que él estaba ofendido de alguna manera? - ¿Por qué me pides perdón? No has hecho nada.
- Si, si que lo he hecho.- La odalisca agacho la cabeza evitando la mirada del soldado.- Se que te he hecho daño, y mucho, cuando me marche. Te deje tirado como un perro, y no he hecho nada en todo este tiempo para corregir ese error.
- ¿Que? No… yo no… no.- La confesión había dejado al soldado totalmente desprevenido, y no sabía muy bien cómo reaccionar. En el fondo ella no se equivocaba, estaba bastante dolido, tenía todo el derecho del mundo a enfadarse y recriminarle su actitud. Pero su aprecio por ella era más fuerte que cualquier sentimiento negativo. Además podía ver que la mujer estaba realmente arrepentida. - Mira, no te mentiré, cuando te fuiste me sentó fatal y me ha fastidiado no tener noticias de ti ni poder localizarte durante todo este tiempo, te he echado mucho de menos. Pero siempre pense que tendrias un buen motivo, nadie huye y se esconde por gusto. Nunca pensé que fuera por tu culpa..
- ¡No Hakim, lo hice por cobardía!- Jamilla se levantó, con los puños apretados, dando la espalda a Hakim. -Llevo mucho queriendo verte, pero tenía miedo... miedo de que me odiases y me rechazaras por como te trate después de todo lo que hiciste por mi.- La joven aflojó los puños, y se abrazó a sí misma.- Pero sobretodo de tener que reencontrarme con mi pasado, mis recuerdos. De que, de algún modo, él me encontrase a través de ti.
Hakim se levantó muy serio, y le puso la mano en el hombro a Jamilla. -Huiste por culpa de tu padre, ¿verdad?
La odalisca se limitó a asentir con la cabeza. Hakim no necesitaba saber más, desde el primer dia lo había sospechado.
El padre de Jamilla , hasta su muerte, había sido un hombre despreciable y dominante, miembro de una banda de aquellos asquerosos Kum, y envuelto en negocios de lo más sucios para más inri. Jamilla siempre lo había odiado, y al parecer el sentimiento había sido mutuo, por lo habitual que era que la chica apareciera con algún golpe o moratón. Tardo o temprano tenía que haber llegado la gota que colmara el vaso.
- Guárdate esas disculpas, mi pequeña Mila. No te culpo por lo que hiciste -Hakim atrajo a la mujer a su pecho y la rodea en un fuerte abrazo.- Eres la mejor amiga que jamas he tenido, y una persona muy importante para mi. Sabes que no importaba lo que sucediera, yo siempre estaba ahí para ti, y si me dejas, siempre lo estaré.
- Yo… yo - Respondió con voz temblorosa la odalisca, que se giró y le devolvió el abrazo.- ¡G-gracias Hakim! ¡Te he echado tanto de menos!
Los dos permanecieron unidos, sin querer soltarse para no romper aquel momento. Cuando finalmente se separaron lentamente, Jamilla parecia mucho mas aliviada.
- No podía soportarlo más, Hakim, los remordimientos me estaban matando. Me horrorizaba la posibilidad de que uno de los dos muriera antes de poder confesarme. Pero tenía miedo de hacerlo.- murmuró Jamilla mientras se limpiaba disimuladamente una lágrima. Hakim no pudo evitar sonreír al ver el gesto, Jamilla siempre había odiado que la viesen llorar.
- Te comprendo, yo también quería hablar contigo sobre esto, pero no me atrevía. También he sido un poco cobarde.- Hakim admitió un poco avergonzado. -Afortunadamente siempre fuiste la más valiente de los dos.
Jamilla sonrió por fin, para alivio del soldado que empezaba a sentirse mal de ver a su amiga tan afectada.
- Hoy ha sido un día de demasiadas emociones.- Añadió apenas conteniendo un bostezo.- Me gustaría seguir hablando, ponernos al dia y contarte todo lo que me ha pasado estos años, pero me temo que no aguantaré despierta mucho.
- Tranquila, Mañana será un nuevo dia. Mientras estemos aquí a salvo tendremos tiempo para ello.
- Por supuesto, cuenta con ello. Duerme bien, si es que puedes en esa cama.- Se despidió Jamilla riendo entre dientes.
- Lo mismo digo. Dudo que la tuya sea mucho mejor.
Hakim se sentó en la cama y comenzó a quitarse las botas, listo para dormir. Jamilla por su parte ,se acercó hacia la puerta, pero se detuvo junto a ella, sin abrirla. Finalmente, la odalisca se giró a su amigo.- Hakim, ¿te importa si me quedo a dormir contigo? Ahora mismo no quiero estar sola. Sería como en los viejos tiempos, como cuando íbamos por la noche a aquella colina… ¿cómo se llamaba?
- La colina del Tuleiyan, me acuerdo perfectamente de como nos quedábamos viendo el cielo estrellado hasta quedarnos sobados.- Respondió Hakim, recordando con un suspiro nostálgico.- Por supuesto, ponte cómoda mientras voy a buscar un saco de dormir.
Hakim hizo el gesto de levantarse, pero Jamilla lo detuvo poniendo una mano en su pecho y obligandolo a tumbarse de nuevo en la cama.
- No, espera.- La odalisca se sentó en la cama, y tras descalzarse se echó junto a Hakim, que se quedó completamente estático por la sorpresa. Más aún cuando la cama, que era para una sola persona, obligaba a Jamilla a ponerse de lado, con el cuerpo prácticamente echado sobre el de Hakim. Estaban tan cerca que el perfume de su cuerpo comenzó a saturar su nariz con su agradable fragancia. ¿Cómo podía alguien oler tan bien?
-¿ E-estas segura de querer dormir así ? En uno de los dos se mueva un poco te vas a caer.
Por respuesta, Jamilla tomó el brazo de Hakim e hizo que rodeara su cuerpo con él, mientras ella apoyaba la cabeza en su hombro, las mejillas ligeramente sonrojadas y ojos somnolientos.- Pues no dejes que me caiga.
Hakim se movió ligeramente para que los dos se pudieran acomodar los dos un poco mejor mientras Jamilla daba un último bostezo y cerraba los ojos. Notando como el sueño se apoderaba rápidamente de su mente, el joven le dedicó una última mirada al hermoso rostro de su amiga y su expresión serena.
Con la felicidad impresa en su cara, Hakim cerró los ojos. No todos los días se duerme con un ángel.
- No veo ningún rastro, ¿seguro que han pasado por aquí?
- Completamente, así que cierra la puta boca y mantén los ojos abiertos.
Deblaar no pudo evitar gruñir fastidiado por el comentarios de sus acompañantes, batidores de una unidad tohaa de tropas regulares. El era un maldito rastreador Maakrep, los mejores en su trabajo, y que pusieran en duda que tuviera un rastro le cabreaba mucho. Al menos los cretinos eran silenciosos incluso cuando se quejaban.
El tohaa se detuvo un segundo y se concentró para seguir el rastro. Solo necesito un momento para volver a localizar el rastro de feromonas, era sutil, otros tohaas menos entrenados no se hubieran dado cuenta pero para él era tan evidente como un cartel fluorescente.
Pocas veces había participado en batidas tan fáciles. El humano que llevaban tanto tiempo buscando era un hueso duro de roer, pero por fin había cometido un error llevándose con él aquella tohaa, que había dejado un bonito rastro de feromonas pidiendo ayuda a gritos en Corahtar.
Con una pista ya sólida, el rastreador avanzó en cabeza por las alcantarillas silenciosamente, el rifle listo para recibir una posible emboscada, sus escoltas unos pasos por detrás registrando hasta el último agujero que veían.
De repente el rastro desapareció, para sorpresa de Deblaar, en una pared de los túneles. Pero apenas se acercó comprobó que la pared tenía una considerable fisura que llevaba a otra habitación, está más amplia e iluminada que las alcantarillas. Y lo mejor de todo...
- Perdona que dudara, jefe. Ya los tenemos.- susurro junto a él uno de los tohaa con una sonrisa. Deblaar tambien sonrio al ver el largo trozo de tela sedosa que colgaba de una barra metálica que asomaba de la grieta, demasiado limpio y nuevo para llevar mucho tiempo allí. El tejido era el típico usado en la alta costura en territorio tohaa
- ¿Entramos y registramos?
- No, de eso me encargo yo. Avisad al mando y formad un perímetro de guardia hasta que lleguen los refuerzos.- Ordenó el maakrep a sus acompañantes. Acto seguido extrajo de uno de los bolsillos de su mochila una pequeña jaula, y la abrió en el suelo. Obedeciendo sus órdenes feromonas, cuatro pequeños roedores de piel escamosa salieron de ella y se adentraron por la grieta.
Apenas había pasado un cuarto de hora cuando uno de los animales volvió corriendo. La sonrisa de Deblaar no hizo sino ensancharse al recibir la información feromónica que la criatura le estaba transmitiendo.
- Bingo, ya os tenemos...
