Con semblante mortalmente serio, Signel contemplaba las imágenes holográficas de los accesos al búnker enemigo mientras un dron médico completaba la cura final de las heridas que había recibido durante la escaramuza con los humanos. Aunque su vida no había corrido peligro en ningún momento, extraer las decenas de dardos metálicos que habían quedado alojados en su cuerpo había sido un proceso cuanto menos molesto. Lo único que había logrado aquel cabrón de piel oscura era aumentar las ganas del Umbra de salir a cazar y destripar a toda aquella estúpida y persistente especie, y especialmente a los tres que se le habían escapado.

A pesar de su desprecio por los humanos, Signel tenía que admitir que a veces demostraban cierto ingenio, como con aquel bunker. Se había construido en el más absoluto de los secretos, a juzgar por la ausencia de datos acerca de aquel emplazamiento en registro oficiales, y usando una forma y componentes que lo hacían muy difícil de detectar con cualquier medio que no fuese un sondeo geológico exhaustivo.

Ya detectado, encargarse de ese refugio no debía ser una tarea difícil. Plantar carga sísmica con un dron excavador, y dejar que la tierra se tragara a los últimos vestigios resistencia en aquella región era su opción favorita de muchas que se le ocurrían. Por desgracia la diplomática tohaa que habían rescatado aquellas ratas lo cambiaba todo, ya que las órdenes eran capturarla viva. Un asalto al bunker no era viable, a pesar de la insistencia de los oficiales morat. No dudaba lo más mínimo del entrenamiento y ferocidad de sus soldados, pero tampoco de que la diplomática se suicidaría ante la mínima posibilidad de ser capturada. Eso si no le alcanzaba antes una rafaga suelta en el tiroteo.

Para el Umbra la conclusión era lógica: tenía que hacerlos salir de allí de alguna manera, y pillarlos desprevenidos. La gran pregunta era… ¿cómo?

Justo cuando el drone médico se marchaba, su tarea completa, una aviso de mensajes entrantes en su comlog llamó la atención del Umbra. Acariciándose la barbilla, Signel examinó los mensajes, una serie de informes de las operaciones en marcha. Los observo muy por encima, sin prestar mucha atención, al menos hasta uno concreto. El informe en cuestión era un listado de los humanos capturados o sepsitorizados recientemente. La mayoría provenían de cápsulas de evacuación de naves derribadas, o la propia estación que habían destruido horas antes, aunque realmente le daban igual, como si los usaban de abono para huevos shasvastii.

Fue entonces cuando una idea vino a su mente. ¿Como no se le había ocurrido antes?

El Umbra activo su comlog y abrió enlace con los responsables de todos los campos de prisioneros en su región. - aquí el Legates Signel, les transmito las imágenes de dos humanos a la fuga. Interroguen a todos los prisioneros y convertidos. Si alguno los reconoce, lo quiero en mi presencia inmediatamente."

Con la mirada perdida en el infinito, Hakim dio un trago al café matutino que se había preparado, si es que a aquel mejunje denso marrón se le podía llamar café. Después de un dia completo sin parar de darle vueltas, aún no se le ocurría una salida a la encrucijada en la que se hallaba, cada plan tiene unas perspectivas aún menos esperanzadoras que el anterior. Si aún no había perdido la esperanza era porque ansiaba compartir hasta el último segundo posible con Jamilla, y volver con ella a casa. Pero el desánimo poco a poco se apoderaba de él, y podía notar algo que la moral de su vieja amiga y la tohaa decaían poco a poco.

Del japones no podia opinar, ya que apenas les dirigía la palabra.

Tan abstraído estaba Hakim en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que tenía a la mujer tohaa al lado hasta que esta habló.- ¿Hakim, tiene un momento?

- ¿Eh? oh, sí, por supuesto- Respondió el soldado ligeramente sobresaltado. Le resultaba un tanto perturbador aquella voz tan grave y profunda, no pegaba para nada a la apariencia tan frágil y menuda que tenía la alienigena.

- Puedo…¿ Puedo preguntarle cuál es su relación concreta con la humana Jamilla? ¿son ustedes muy cercanos entre sí?

Hakim no estaba seguro de que lo confundía más, la pregunta en sí, o lo nerviosa que parecía la tohaa la respecto. Se había percatado que Leería parecía mas comoda con Jamilla, pero no veia que tenia que ver eso con él.

- Es… complicado. Pero creo que puedo decir con seguridad que somos muy buenos amigos.- "Ojala algo más" añadió para sí mismo.

Leería se retorció los dedos nerviosa, y Hakim pudo notar como un olor como extraño, que no desagradable, comenzaba a surgir de ella.- Entonces… ¿sería posible que vosotros dos y yo formemos una triada?

El joven soldado tuvo que ponerse una mano en la boca para evitar escupir el trago de café que acababa de dar. ¡¿Acababa de proponerle una alienígena un trío?!- Eh… no quiero ser maleducado, pero no se si es adecuado pensar en eso ahora mismo… No me malinterpretes, me pareces atractiva, parece que físicamente no sois tan distintos de los humanos, claro que no entiendo mucho del tema. ¿Son nuestras partes, ya sabes... siquiera compatibles?

Era ahora turno de Leeria para mirar muy confundida a Hakim. Este dio por hecho que la había ofendido de alguna manera que ni siquiera entendía. Por suerte, la risa de Jamilla interrumpio el momento incómodo.

- No te está pidiendo que te acuestes con ella, tonto.- dijo la odalisca mientras entraba en la sala. La tohaa se quedó boquiabierta y se alejó un poco de Hakim al oír aquello.- Los tohaa se emparejan en triadas para su vida cotidiana. Si no pueden, parece que les afecta bastante.

- Vaya, siento no ser un experto en culturas alienígenas.- Respondió Hakim ligeramente avergonzado.

- ¿Es que no os dieron informes previos mientras veniais a las reuniones diplomáticas?. Aunque tampoco te culpo por el malentendido, los hombres solo saben pensar con el paquete.- Comentó entre risas Jamilla

- Bah, lo que sea.- El soldado hizo un aspaviento para manda a callar a su amiga, que negó con una sonrisa, y se giro a Leeria.- No me importa formar parte de esa "triada", si eso te hace sentir mejor.- Viendo la mirada desconfiada que la alienígena le lanzaba, añadió.- Sin ninguna implicación sexual. Lo juro por el profeta.

- Gracias.- respondió la alienígena aliviada, aunque se le notaba aún un poco de recelo con él.- las confusiones con especies de comunicacion no feromónica son habituales, por desgracia.

- Ah, es cierto, vosotros os comunicáis con feromonas o algo asi, ¿no?- Pregunto Hakim, intentado cambiar de tema tras su metedura de pata. -¿Es muy distinto?

- Si, el Corahtar, en vuestra lengua sería más o menos "la lengua de la verdad", ¿Quereis que os explique como funciona?- La tohaa parecía visiblemente entusiasmada con la pregunta, hasta que se detuvo dudosa.- No se si debería contar esto a unos humanos. Claro que si habéis capturado algún traidor del Trienio, vuestros científicos ya habían estudiado su biología… ¡Supongo que no habrá problemas entonces!

Los siguientes veinte minutos fueron básicamente una charla de xenobiología avanzada, más propia de un aula de universidad que de una conversación informal. Para Hakim era bastante obvio que aquella mujer tohaa era una asesora científica de la expedición diplomática. Por el entusiasmo con el que explicaba le recordaba a un profesor de ciencias que tuvo en el instituto. Al principio tenía que admitir que tenía cierto interés, pero pronto comenzó a ponerse terriblemente técnico, y Hakim se limitó a hacer como que escuchaba mientras volvía a pensar en que planes para el futuro próximo.

- Un segundo. - interrumpió Jamilla a la tohaa cuando esta hablaba de noseque reacción bioquímica. - ¿ois eso?

Hakim salió de su estupor y agudizó el oído. En principio solo oía el tenue zumbido de las luces, pero pasado unos segundos captó el característico ruido de estática de una radio. Fue entonces cuando se dio cuenta de que venía de su cinturón. Alli tenia guardado un pequeño dispositivo de radiotransmisión de corto alcance, un aparato un tanto arcaico comparado con el comlog que llevaba al brazo.

- ¿Tan mal está la cosa en el ejército que aún os dan esas antiguallas?- Pregunto Jamilla atónita. La tohaa no dijo nada, pero su expresión daba a entender que pensaba algo parecido.

- No, no, esto es una cosa solo de mi unidad.- Respondió Hakim mientras recordaba cómo funcionaba aquel trasto.- Bahir, nuestro teniente, nos obliga a llevar uno encima desde una escaramuza con unos matones Kum. Tenian un hacker que logró joder nuestras comunicaciones, y uno de los nuestros casi vuela a la mitad de la escuadra con su lanzagranadas por confusión… Vale, ya me acuerdo, ese ruido es que alguien está transmitiendo en una de las frecuencias que tiene registrada. Veamos a ver quien es…

Al desbloquear el audio, comenzó a oírse una voz bastante distorsionada hablando en arabe.- ...nuestra posición….. equipo de extracción….. estatua negra…

- ¡Es uno de los nuestros! - Exclamó Hakim sorprendido.- Maldita sea, no sintoniza bien. Venga, necesitamos saber más…

Los tres se acercaron un poco, expectantes e intentado oír mejor lo que salía de aquel altavoz, mientras Hakim ajustaba y movía de arriba a abajo el aparato intentado pillar mejor señal.

- Repito, Plaza Tieshan, junto a la estatua negra.- La voz por fin sonó nítida y con un nivel de interferencias razonable. A Hakim le resultó muy familiar aquella voz.

- ¿Sul, eres tu?- Se hizo un silencio de unos segundos hasta que la voz contestó.

- ¿Hakim?¡ joder tío, estás vivo! ¡Bendito sea el profeta, te daba por muerto!

-¡ Y yo a ti, viejo amigo!- Hakim no pudo evitar sonreír de oreja a oreja. - ¡Jamilla, es Sulayam! ¿Lo recuerdas? Nos alistamos a la vez, y ahora estamos en la misma unidad.

Jamilla sonrio aunque alzando una ceja sorprendida.- Sí que me suena… ¿No era el hijo de los Fayed? No parecía muy aficionado a la disciplina…

- ¿Hakim, donde estas? Tienes que venir, rápido, nos hemos reagrupado al sureste Zhongchong, para unirnos a un contingente…

Hakim no pudo oir mas, ya que de repente la radio dejó de estar en sus manos, y pasó a las de Hiro. El japonés, que había llegado con paso airado, le arrebató el aparato, lo arrojó con fuerza al suelo, y lo reventó de un disparo con la pistola que llevaba en la mano.

- ¿Pero qué haces, maldito loco?- Grito Hakim levantándose de un salto, asustado por el disparo. Jamilla se levantó también, sorprendida, mientras que Leería se tiró al suelo y se escondió bajo la mesa.

- ¡ Evitar que delates nuestra posición, maldito insensato!- Contestó furioso Hiro, apuntandoles con la pistola. Tanto Hakim como Jamilla retrocedieron un paso, él echando la mano a su pistolera, ella alzando el brazo derecho y apuntando con la muñeca.

- Tranquilizate, Hiro. Por favor…- pidió Jamilla en tensión, lista para saltar sobre el japonés y sin perder de vista el arma que esté sujetaba.-¡Habíamos contactado con tropas aliadas! ¡Es una oportunidad de oro para volver a casa, tu también!

- ¡Yo ya estoy en mi hogar!¡Y mientras viva no permitas que caiga en manos de esos monstruos alienígenas!

- ¡¿De qué hablas!?- respondió Hakim incrédulo.- Es bastante obvio que la ciudad ya ha caído. Lo hizo hace tres años ya. El frente está mucho más al este ya.

- !Te equivocas!- Grito Hiro apuntando hacia Hakim con la pistola.- ¡Las órdenes fueron claras, mientras quedase un solo defensor con vida y luchando, la ciudad no habra caido!

La tensión era palpable, y Hakim pudo ver en la mirada del otro hombre determinación y un punto de locura. Si intentaba cualquier movimiento brusco era más que seguro que dispararía, y a esa distancia no era probable que fallase. Estaba condenado, incluso aunque Jamilla intentase algo.

Sin embargo, la odalisca, en vez de intentar atacar con a saber que tenía en la muñeca, bajo el brazo y preguntó con voz calmada. -¿ Hiro, tienes familia? ¿están a salvo?

El japonés apuntó a Jamilla, con la respiración acelerada y gesto irritado. Pasados unos segundos, respondió con desconfianza.- Mujer, y un hijo. Se marcharon con mi familia cuando empezó la invasión, a Japón…

- ¿Y no los echas de menos?- insistió la joven.

- Todos los días, a cada hora… Cada segundo. Por eso he de devolverles su hogar. ¡Nuestro hogar!- Hakim vio la duda escrita en la expresión del japonés, y comprendió lo que su vieja amiga intentaba.

- Hiro, todos tenemos gente que nos esperan en casa. Y estoy seguro de que lo que más desean en este mundo es que volvamos con ellos.- Jamilla dio un paso hacia el japonés, que retrocedió sin dejar de apuntar.

- L-lo se, yo tambien estoy deseando volver con ellos. Pero no puedo irme, no puedo traicionar la confianza de todos aquellos que se sacrificaron, de todos los que han dado su vida para proteger esta ciudad. ¡Se espera de mí que luche hasta el final!

Hiro, escuchame atentamente. No tengo ninguna duda de que eres un hombre tan valiente como honorable, un auténtico samurai de esos.- Hakim temió que el japonés se tomara aquello como algo ofensivo, pero en su lugar le arrancó una sonrisa triste.- Pero debes ser realista: Aquí no puedes hacer nada más, el EC ha ganado y por mucho que luches será en vano. Pero si vuelves a territorio humano, no solo podrás volver con tu familia, tambien podras ayudar a tus compatriotas.¿ Un veterano de tres años tras las líneas enemigas?¡ Estoy seguro de que lo que has aprendido hasta ahora vale su peso en oro! ¡Ayudarias a salvar muchas vidas!

Para alivio de los dos, Hiro bajo lentamente el brazo del arma, mientras su cara reflejaba en parte el conflicto que parecía tener en su cabeza. Lo que ninguno de los dos esperaba fue que el japonés se girara hacia el robot Karakuri desactivado que descansaba en un rincon de la sala y comenzara a hablarle.- ¡S-sakura, basta! Ellos tienen razon… ¿q-que puedo hacer yo contra todo un ejército? ¡No, no me estoy rindiendo!

Tanto Hakim como Jamilla contemplaron estupefactos cómo el hombre comenzaba a discutir acaloradamente con aquella máquina desconectada. Incluso Leeria se asomo de debajo de la mesa, intrigada. Los dos se miraron confusos, sin saber muy bien qué hacer mientras el tono de la discusión con "Sakura" no paraba de subir.

- Creía que era cosa mía, pero no, realmente le hablaba al robot…- Susurro Hakim.

- No sabemos por qué infierno habrá pasado todo este tiempo…por desgracia me esperaba algo así.- Contesto también entre susurros Jamilla.

De repente, Hiro se llevó la pistola a la sien y empezó a gritar.- ¿¡Esto es lo que quieres, maldita sea!? ¿¡Esto es lo que quieres!?

Sin pensárselo ni un segundo, tanto el soldado haqqislamita como la odalisca se abalanzaron sobre el japonés, él placando por la espalda mientras ella le arrebataba la pistola con una llave. Los tres cayeron al suelo, Hakim y su amiga reteniendo como podían a un Hiro que forcejeaba como un loco. - ¡Hiro, vuelve en ti! ¡Solo era una alucinación!

Pasados unos segundos tensos, el japonés por fin se detuvo, con la respiración entrecortada y el rostro cubierto de sudor.- Y-yo… P-parecia tan real… lo siento…

- Ya paso todo, Hiro.- Le susurro Jamilla mienta lo soltaba. La odalisca se levantó y se apresuró a tapar la Karakuri con una sábana que había al lado.- Respira hondo. Céntrate en nosotros y olvida lo que acabas de ver.

Hakim espero un poco más antes de soltarlo también, cuando estuvo seguro de que se había calmado por completo antes. Los dos hombres se sentaron en el suelo, e intercambiaron una mirada rápida. - Hiro, no te vamos a obligar a hacer nada. Pero nosotros vamos a intentar huir, y te pido por favor que no nos lo impidas.

-¿ Sois conscientes de que esa llamada puede ser una trampa, verdad?- Preguntó Hiro.

- Por supuesto, es lo primero que he pensado. Pero si no lo es no, probablemente no tendremos una oportunidad igual jamas. Y si resulta ser falsa, intentaremos huir por la jungla. Con o sin tu ayuda.- Hakim miro a Jamilla y Leería. Su amiga asintió con seguridad, la tohaa también aunque con menos confianza.

Hiro se quedó un momento pensativo, mirando de reojo el bulto cubierto que era el robot Karakuri. Finalmente, el japonés se rascó la barbilla y solo un suspiro resignado.- En las junglas de Paradiso no durarías ni dos dias… Esta bien, os ayudare.

- Me cago en la puta madre de todo ser viviente en esta maldita bola de barro.

- Esa boca, Kowalsky.- susurro la cabo Graham a su compañero de binomio.- Como nos maten por tu culpa me dedicare toda la otra vida a reventar los huevos a patadas.

- No en serio, quién coño me mandaría firma aquel estúpido papel de reclutamiento.- Siguió quejándose el soldado mientras se daba palmadas por todo el uniforme, que estaba cubierto de restos de telaraña blanca muy pegajosa.- Con lo bien que estaría yo ahora en Graceville, bebiendo cerveza y viendo un buen partido de Dog bowl… pero no, tenia que venirme aquí a "salvar la esfera humana y convertirse en un héroe mientras ligas con montones de tías". Puto embustero, solo se ha dejado hasta ahora una nómada loca de esas, y todavía me pica la entrepierna.

- Lo mismo si te afeitaras, te operases la cara por completo y dejaras de ser un gilipollas integral ligarias algo más.- Respondió Graham apartando la vista momentáneamente de los prismáticos.- Ahora calla y vuelve al trabajo.

Los dos batidores Foxtrot volvieron a concentrarse en observar, tumbados desde su escondrijo el panorama desolado de la ciudad. Por desgracia para Graham, su compañero no había acabado con sus protestas.- Venga, Lorna, ¿no me dirás que estoy contenta por haber venido aquí? ¿no estás harta de que te traten como un idiota? Creo que perdemos el tiempo mandando tropas aquí, esto no es problema de Ariadna.

La cabo volvió a bajar los prismáticos, y miró incrédula a Kowalski.- No se como puede ser tan idiota. Esta guerra sí que nos importa. ¿O prefieres esperar hasta que los monos rojos esos están a las puertas de La Muralla? Yo si que creo en esta expedición, y en qué estamos haciendo algo útil.- La mujer se quitó un momento el chambergo para recoger un flequillo rubio, y sigue oteando con los prismáticos.- Además, si no venimos nosotros los cosacos son capaces de ganar la estúpida guerra, e ir echándolo en cara. Como si no fueran ya suficientemente insufribles.

Kowalski solo una pequeña carcajada.- ¡Jaja, tienes razon!. O peor aún, ¡que se lleven la gloria los culos finos merovingios!

Los dos soldados rieron de buena gana. Sin embargo, Kowalsky se puso serio repentinamente.- Jefa, a las tres y diez, trescientos metros. Junto al autobús verde.

Graham enfoco en la dirección que su compañero le indicó. Le costó un poco de esfuerzo, pero finalmente pudo distinguir a las cuatro figuras que se movían discretamente entre el tráfico abandonado y medio cubierto de vegetación.

- Dos hombres y dos mujeres. Van armados al menos tres de ellos.- Comentó Kowalski mientras ella cambiaba los prismáticos por el rifle de francotirador que descansaba a su lado. Usando la mira de gran aumento pudo confirmar lo que su compañero decía. Uno de los hombres llevaba lo que parecía una armadura de diseño Yu jing pintada de camuflaje selvático, y bastante desgastada. El otro hombre sin embargo iba con un uniforme de ghulam haqqislamita, y tenía la piel morena característica de ese pueblo; al igual que una de las mujeres, que sin embargo vestía también una chaqueta de un uniforme Yu Jing. La última mujer llevaba una especie de gabardina y capucha con camuflaje fotoreactivo, lo que la hacía difícil de distinguir con el entorno, pero no parecía muy sigilosa.

En uno de los movimientos, sin embargo, la capucha se le movió lo suficiente para distinguir algunos rasgos de su cara.

- ¡Es una tohaa! La segunda mujer no es humana, es una tohaa.

Kowalski asintió y sacó de un bolsillo un PDA, donde empezó a buscar entre diversos rostros de hombres y mujeres de raza tohaa. - Premio, parece ser una de las asesoras científicas de la expedición, Leería noseque… ¡Amiga personal de la embajadora! Si la devolvemos de una pieza supongo que se alegrará bastante.

- Y que lo digas.- Respondió Graham mientras se levantaba. La tiradora echó mano de su radio y comenzó a hablar.- Papá oso, aquí Foxtrot Alfa. Hemos encontrado uno de los objetivos, cambio.

- Recibido, Foxtrot, vamos en camino. No los pierdan de vista.