XIII-"Puedes perder o ganar… pero ni pienses en huir… nunca será la respuesta"

-¿Se puede saber en qué estás pensando?- llegó bastante enojada.

-¿Qué pasa?- estaba bastante serio, ya sabía por qué ella estaba así.

-No te hagas el qué no sabes. Mafer me lo contó mientras regresábamos.

-Si tomo una decisión es por algo.

-Con eso no vas a lograr nada.

-Lo que sea que haga es por mi familia.

-Esto no ayudará a nadie.

-Eso sólo lo sabré yo, y te pido por favor que no te metas, es lo mejor ¿OK?

-Obvio que no es lo mejor, y sí me meto, y ni siquiera preguntes por qué, ni se te ocurra. Yo quiero lo mejor para ustedes, no es egoísmo ni nada, tú sabes que nunca me atrevería a contradecirte por algo así; no obstante, esto no es nada justo para tu madre y Mafer, tú estas decidiendo por ellas.

-Sabes que mi madre no está en condiciones para decidir nada.

-Ella misma podría haberte dicho que quería irse, tú lo sabes, y tú eres quien hizo todo por su cuenta, es obvio que tu madre no reclamaría nada porque piensa que eres tú quien lo necesita.

-Yo no necesito nada, no lo hago pensando en mí, sino en ellas.

-Te engañas al decir eso. Tú mismo lo dijiste, que no sentías la fuerza necesaria para afrontar esto, y mucho menos para sacar adelante a tu familia. No lo entiendes, tú no tienes nada más que estar ahí, recordándoles que ahora lo más importante es pensar en el futuro ¿Crees que algo cambiará si se van? Pues te equivocas. Huir no sirve de nada.

-¡No estoy huyendo de nada, no tengo por qué hacerlo!

-Santiago, por favor, huyes del hecho de aceptar que tu padre ya no está, piensas que tienes que hacer esto solo y te equivocas. Y, para qué negarlo, también huyes de lo que sea que sientas por Milagros. Sientes que ya no vale la pena nada, por eso quieres irte, pensando que todo cambiará empezando de nuevo.

-¡No es así, te equivocas!

-No puedes seguir como si nada hubiera pasado. Y baja la voz, primero yo no estoy gritando, y segundo solo las personas inseguras gritan.

-¿Sabes qué? ¡Vete!

-Claro, ya dije todo lo que tenía que decir- caminó hacia la puerta- Suerte en el viaje.

-Cómo se atreve, ella qué puede saber ¡Nada! ¡Nadie entiende nada! Todo lo hago por su bien –se sentía demasiado perturbado, le había costado tomar esa decisión pero claro que era lo mejor…

-¿España? ¿De qué hablas? ¿Por qué tendríamos que irnos?

-Conoces bien la situación, lo mejor para mamá será despejarse para que vaya olvidando todo lo sucedido.

-¿Olvidar? ¿Piensas que un viaje le hará olvidar?

-No, mejor dicho le va ayudar el distraerse un poco.

-Puede distraerse aquí mismo. Qué estás buscando realmente.

-Nada, solo su bien y el tuyo por supuesto.

-Lo que es yo, será peor, acá tengo a mis amigas que me apoyan, allá ¿A quién tendré?

-A nosotros, tu familia, estaremos juntos.

-Y también los puedo tener acá, mamá lo que necesita es que la animen y eso puedo hacerlo acá, y contigo no puedo contar, sólo aceptas lo que crees conveniente.

-Mira, Mafer, el viaje se realiza quieras o no.

-El que realmente necesita recuperarse de todo, eres tú.

Caminaba rápidamente, claramente estaba enojada, en todos los años que fue amiga de Santiago nunca se había imaginado que llegarían a una discusión como esa- Cómo puede ser que actúe así, tan egoístamente, no quiere entender. Se irán, pasado mañana, y yo no podré hacer nada por evitarlo.

-Descuida amiga, lo intentaste.

-Mafer, lamento haberme venido tan rápido pero necesitaba decirle todo lo que pienso al cabeza dura ese, pero no sirvió de nada, lo lamento.

-No hay nada que lo haga cambiar de opinión, ya no queda nada que hacer. Igual gracias por la tarde superdivertida, y a tus amigas también dales las gracias.

-Lo hice porque quería levantarte el ánimo, pero ahora creo que con todo esto ya no sirvió de nada.

-Claro que sí, se que tengo una gran amiga y por todo lo que has logrado esta semana, además muy valiente. Sabes que para mí ya eres como una hermana.

-Obvio –se quedó pensando, quería decir muchas cosas- Bueno, ya me tengo que ir, nos vemos mañana.

-OK. Bye amiga –la vio alejarse- Aún no puedo creer que seas la misma Marilyn que conocí hace cuatro años, la que casi no hablaba ni opinaba. Sean buenas o malas esas chicas te han ayudado crecer, ahora creo que soy yo quien debe comenzar a crecer.

Estaba esperando el bus, tenía demasiados pensamientos, no podía creer que después de todo lo que hablaron esa vez, él terminara tomando el camino más estúpido y fácil- "Cómo puede ser tan idiota, tan cobarde. Acordamos que cada uno se llenaría de valor para lograr lo que buscaba, no lo hizo, yo sí, yo sí me atreví…"

-¿Y ahora qué crees que pase?

-No se Gaby, pero me preocupa, sus amigas no lo van a dejar así como así.

-Eso sí es obvio, algo van hacer.

-Más bien algo van a intentar, porque no pienso permitir que hagan algo.

-Mira, se que te sientes culpable.

-Tengo motivos suficientes.

-Sí, te sientes culpable y con razón, pero no deberías meterte en eso, lo que hizo Alexandra ella misma lo decidió, y por supuesto que sabía que no la iban a dejar así como así, además eso no estuvo bien.

-Lo se, pero ya sabes que yo comencé todo eso, y también le prometí a Angela defender a Alexandra si ocurría algo. Lo voy hacer y ya, no les pido a ustedes que me apoyen porque ya no quiero involucrar a nadie más y de ahí ya no me importa lo que piensen las demás.

-En ese sentido, me alegra que estés así de decidida. Y bueno, ya llegará tu momento- se quedaron en silencio mientras el resto seguía con su bulla- Qué raro, hace rato debía venir el profesor.

-Pues sí, aunque mejor para todas, quién va querer hacer matemáticas.

-Ay pero si - dejó de hablar, al ver que la conversación de las chicas de allá, al parecer, se había tornado más seria- Tal parece que…

-Sí, ya lo se, en cualquier momento.

-Molina, venga un momento- la auxiliar apareció en el salón.

Estaba en las nubes de preocupación y tensión.

-Marilyn, te llaman – le dio un codazo leve.

-¿Ah? Sí, qué se le ofrece.

-Que venga, tiene una llamada de su madre.

-¿Qué? ¿Ahora? ¿Es necesario?

-Deje de hacer perder el tiempo, su madre espera en la línea.

-Sí ya voy –antes de irse voltea hacia Gaby y le susurra- Mientras no estoy si pasa algo, les recomiendo que ustedes no se metan si no les interesa, y si quieren ayudarla entonces intenten calmarlas a ellas – salió del salón, deseando que no sucediera nada malo.

Ya había pasado como media hora, y no era que Marilyn se quedara hablando tanto, sino que cuando ya estaba yendo se cruzó con la profesora de literatura y como sabía que tenían hora libre le comenzó a comentar sobre concursos literarios que se llevarían a cabo y que realmente en otra ocasión le hubieran encantado y hasta hubiera preguntado, pero ahora tenía la mente en lo otro. Mientras tanto en el salón, ya estaban preparándose para demostrarle a Alexandra que sus advertencias eran en serio.

-Bien, ahora sí que se va a arrepentir.

-¿Están seguras de esto chicas?

-Milagros, se lo dijimos, que si se metía con nuestra amiga las pagaría y lo va a hacer.

-Pero no me parece que sea para tanto.

-Tú sabes que no es así, por favor ahora déjanos a nosotras arreglar todo. Vamos chicas- se acercaron donde estaba Alexandra conversando con Claudia.

-Creo que ha llegado la hora de que arreglemos unas cuentas contigo.

-Yo no tengo nada con ustedes.

-Por favor, chicas, ya pasó.

-Claudia, se lo advertimos y no entendió, esto es con ella no contigo. Si te quieres meter no te dejaremos- Maira, Marlene y Sofía la alejaron- Ahora sí.

-Qué crees que lograrán con esto Pamela.

-Entenderás por qué no debes meterte con nosotras.

-Haz lo que quieras no me arrepiento.

Veía lo que sus amigas hacían, la verdad no le agradaba, pero tampoco quería que Alexandra se quedara así de tranquila, qué se suponía que hiciera.

-¿Y qué opinas?

-¿Ah? Disculpe, es que ahora estoy como muy distraída no se que me pasa hoy, me he estado sintiendo rara.

-Adelante, ve a tu salón.

-De verdad lamento no poder escucharla.

-Marilyn, no han pasado ni diez años desde que dejé el colegio, se que debe haber algo muy urgente para ti.

-Muchas gracias, usted es genial – se fue y subió rápidamente las escaleras.

-Contigo no sirven de nada las palabras ¿Cierto?

-Lo que ustedes digan no me importa.

-Ah, muy bien entonces ya no tendrás que escucharme, verás lo que haremos- ella misma fue la que primero se acercó rápidamente.

La detuvo- Espera Pamela, así no arreglas nada.

-Gaby, te digo a ti y a tu grupo, esto no es con ustedes y mejor que no se metan.

-No puedes solucionar así las cosas- la siguió reteniendo.

-¡Chicas!- todas fueron avanzando velozmente para apartar a Gaby.

Entonces las chicas del grupo que había estado con Gaby se acercaron- Ya cálmense, si así van a hacer las cosas entonces nuestro plan de quedarnos mirando ya fue.

-Ah entonces así quieren la cosa. Sería mejor si se quedaran calladitas viendo.

-¿Sabes Marlene? Ahora la que debe callarse eres tú.

-¿Qué te pasa ah? Va ser peor para ti si sigues provocando Susana- la empuja.

-No me toques – la empuja.

Marilyn llegó corriendo, y vio desde afuera como todas se empujaban y discutían.

-Miren saben qué muévanse- se hace paso entre todas- aquí la cosa es contigo- llega hasta Alexandra- Ahora vas a ver –todas las de su grupo se le juntan y avanzan arrinconando a Alexandra- Esto te pasa por…

-¡¡¡¡¡Ya basta!!!!- Marilyn llegó corriendo, por única vez en su vida, hasta más rápido que el viento, tomando lugar entre Alexandra y el resto.

-Vaya. Sólo faltabas tú. Supongo que también vienes a defenderla.

-No. Sólo vine a cumplir una promesa y a enmendar una estupidez.

-Sino vas a hacer algo más que hablar, muévete.

-Si quieren avanzar son ustedes quienes tendrán que moverme.

-Vamos Marilyn hazte a un lado-empezaron a avanzar.

Las retuvo, quién sabe de dónde podía haber salido esa fuerza para detenerlas a todas ellas juntas- Supongo que tendrán que pasar sobre mí.

-Oh por favor, no tienes por qué hacer esto. Acá la única que tiene que pagar culpa es ella –se va hacia a ella.

La jala por atrás- ¡Ahora sí, ya es suficiente! ¡Todas se me calman! Ahora me van a escuchar a mí.

-No tengo tiempo para perderlo contigo.

-Acá no hay solo una culpable. Una preguntita ¿Acaso ustedes intentaron hablar de verdad con ella? Y por si acaso, amenazar no es hablar.

-Entonces nosotras tenemos la culpa de todo.

-No, Alexandra también tiene parte de la culpa obviamente –voltea- Al igual que ellas, hiciste las cosas de frente sin intentar arreglarlo hablando, pero… -era ahora cuando debía decirlo todo, se llenó de todo el valor que pudo- aún así todo en realidad originalmente lo causó una sola persona –vio como todas la mirabas interrogativamente- Yo.

-¿Esperas que te creamos?

-Supongo que tendré que explicarles las cosas cronológicamente del final al inicio. Si Alexandra dijo todo no fue por un estúpido chico, por favor sólo a ustedes se les ocurriría semejante cosa, fue porque terminó hartándose de soportar tanto fastidio y amenaza.

-Todo eso fue por algo.

-Ahí es a donde quiero llegar –su corazón le latía muy fuertemente como si estuviera en juicio su vida- Si ustedes hacían eso, era porque tenían por seguro que Alexandra quería meterse en la relación de Milagros y Jonathan, eso a causa de los hechos que la acecharon, los cuales supusieron que estaban liderados por ella. No obstante, si ustedes pasaron de suposición a seguridad, fue porque alguien en cierto modo se los confirmó.

-¡Tú! Dijiste que no tenías idea, que les habías dicho todo como era, que seguro habían malentendido, pero no, todo fue gracias a ti.

Sentía como las miradas de todas sus compañeras la atravesaban, incluso las de sus amigas, no era capaz de decir nada.

-Si ya comenzaste, termina de explicarnos- a pesar de que no había titubeado para nada, no le creían totalmente, no tenía sentido.

-Esa vez que hablaron conmigo, indirectamente logré convenciéndolas de que sus sospechas sí eran ciertas.

-O sea, nos engañaste.

-Exacto. Terminaron hallando a la persona equivocada, y así quedé como si no hubiera tenido nada que ver. Sí, ella decidió por sí misma hablar, pero todo eso tuvo una causa.

-Tú, todo lo hiciste para no quedar como culpable- con mucha razón era Alexandra la más enojada de todas.

-Pues era obvio, las tranquilas son las peores.

-Cállense un momento- por primera vez Milagros intervino- Tengo una pregunta ¿El convencernos fue apropósito?

La había agarrado por un lado que no tenía como evitar- Pues, claro, de qué otra forma hubiera podido ser.

-No lo pensé en ese momento, pero quizás lo nerviosa que estabas se debía a otra cosa.

-Milagros, tú eres quien menos podría deducir algo sobre mí, no me conoces para nada.

-Sí y qué, cualquiera hubiera notado que estabas asustada ¿O no?

Estaba preparada para que gritos, reclamos, lo que sea contra ella, no le importaba que la miraran mal ni nada de eso, pero el manifestar que sentía miedo era algo distinto, era como que todas supieran que fue causado simplemente por su debilidad, sin embargo había dicho que lo aclararía todo sin más engaños- Lo admito, sentí mucho miedo, porque sabía que estaba sola en eso, temí tener que vérmelas sola, no me di cuenta hasta después todo lo que había dicho esa vez- se sentía vulnerable.

Volteó hacia sus amigas- Ya la oyeron ¿Alguien específico tiene la culpa de todo esto? Todos cometieron errores.

-Ella aún no ha dicho por qué lideró ese plan.

-Porque quise y ya, si terminé diciendo todo esto fue porque yo acepto la culpa de todo lo sucedido, cada una cometió sus propios errores pero el error causante de todo fue el mío. Ya lo dije y con eso me basta, cuando me decidí a hacer algo era demasiado tarde, lo pasado es pasado y no se puede cambiar.

-Es cierto, aunque creo que te falta agregar algo más- las amigas de Milagros la miraron fijamente.

-Claro que lo se –tomó aire, esta era la peor parte para ella, cuando debía disculparse- Primero y principalmente, debo pedirte perdón por lo que hice Milagros, nada podría justificar causar todo eso. Alexandra, lamento haberte colocado en una situación como esa. Y también me disculpo con todas las que se vieron involucradas en esto. Y bueno ya se acabó, aquí no pasa nada y continúen normal.

-O sea que ahora quieres que hagamos como si no hubiera pasado nada. Mira, nada me va a quitar de la mente lo que dijiste.

-Y a mi qué me importa. Les estoy diciendo que continúen con lo suyo no que se hagan las que tienen amnesia- entonces pudo sentir como las miradas de todas sus compañeras la atravesaban totalmente, murmullos y más murmullos, no tenía nada que hacer ahí- se fue rápidamente, cualquier cosa era mejor que estar ahí.

-Señorita ya le dije, que pagaré lo que sea necesario, pero necesito un vuelo que no pase de esta semana. Entonces, el domingo en la madrugada. Muchas gracias, buenas tardes- colgó y se quedó largo tiempo pensando-"Ahora ya nada podrá evitarlo, nos iremos como sea"- fue a su cuarto a terminar de empacar y encontró el cofre mediano donde guardaba cosas que era muy significativas para él-"Claro que no pienso abrirlo, no será abierto nunca más, lo mejor será quemarlo o algo así antes de irnos"- aunque quizás no estaba tan decidido como quería convencerse.

En ese momento sintió que no podía más con todo lo que sentía y le llamó a Mafer al celular.

-¿Si? ¿Eres tú, no Marilyn?

-Sí, necesitaba hablar contigo.

-¿Estás bien?- creyó saber qué pasaba- Ya lo dijiste todo ¿Cierto?

-Así es, y creí que dejaría de sentir culpa, pero ahora me siento mucho peor- No sabes como fue esa espantosa sensación, cuando de repente todas la miradas se dirigieron hacia mí, por eso me fui.

-¿No esperabas que todas se quedaran tranquilitas o sí?

-No, pero nunca me imaginé sentir algo como eso.

-Esa es tu verdadera conciencia, que recién ahora está actuando cuando creías que ya no sentirías remordimiento. Apuesto que recién ahora te das cuenta.

-Exacto, sólo ahora es cuando he podido entender las verdaderas consecuencias.

-Entonces respira profundo, ya pasó todo eso. Ahora sólo mira hacia el futuro.

-Se oye muy alentador- suspiró, sabía que aún le quedaba varios meses y que las chicas no olvidarían así de fácil lo sucedido- Al menos tú sigues apoyándome.

-Eh, sí- no era capaz de decirle lo que Santiago había decidido- Claro.

Y ahí estaba, ya habían cuatro días desde entonces y, al menos ella, seguía como si nada en el cole, al fin y al cabo de nada le serviría andar con la cabeza baja de culpabilidad y vergüenza, le llegaba totalmente lo que pensara el resto o que le mandaran indirectas; había dicho todo lo que debía decir y nada más- "Yo he soportado esto como he podido, él sólo es un cobarde"- su bus llegó y se fue, y con el humo que dejo el carro se fueron sus pensamientos.

-Papá –se acercó a la lapida- Se que he vuelto muy rápido, pero es que no se que hacer. Santiago está actuando cegado por la desesperación, nada lo hará cambiar de opinión –dos lágrimas corrieron por su rostro- Realmente nos haces mucha falta. No quiero irme, quiero quedarme con Tommy, Marilyn, el resto de mis amigos. Mi hermano se equivoca, ojala pudieras hacer algo- sintió un extraño toque cálido sobre el hombro.

-Descuida, todo va a salir bien. Siempre estaré con ustedes, mi pequeña…

-¿Papá?- miró por todas partes pero no había nadie- Gracias- se alejó.

Había estado observando el cofrecito por mucho tiempo- Esa carta, jamás la leeré- una parte de el quería pero el saber que su padre la había escrito le causaba tristeza- "Para qué me dejaste esas cartas, para qué papá"-entonces sintió una voz que resonó en su cabeza- "El valor que necesitas está en tu corazón"- eso lo perturbó totalmente-¿Papá?- había sido su voz, estaba seguro- Valor – dijo intentando tomar toda la fuerza que pudo y leyó la carta- "Hijo mío: Después de esa gran conversación que tuvimos, comprendí que el tiempo está pasando demasiado rápido, que tengo una familia y tengo que aprovecharla. Sin embargo, se que si estás leyendo esto es porque ya no estoy más con ustedes; te pido que seas fuerte, tu madre y tu hermana te necesitan. Yo siempre permaneceré a su lado, protegiéndolos y amándolos con todo mi corazón; no obstante, ahora te toca guiar a tu familia, ten valor, mucho valor. Hoy al verte a los ojos, vi amor, un amor puro y verdadero; siempre mantenlo en tu corazón, busca la fortaleza en ese amor. En este día, te vuelvo a decir lo que te dije hace muchos años; la verdadera fuerza viene del corazón, de tus sentimientos, de el amor tan intenso que sientas. Recuerda siempre que los amo, y nunca dejes de amar. Te desea lo mejor del mundo… Tu padre, ahora y siempre" –sentía una sensación confusa en su interior, no quería llorar y aún así se sentía muy mal- Papá. Por qué…-se dejó caer en su cama, realmente no podía soportar más.

-No se que le habrá pasado, cada vez está más raro. Hoy se despertó como a las once y dijo que tenía que salir un momento, sin explicaciones ni nada.

-La verdad, ya nada me sorprende de él, y en realidad me da igual lo que haga.

-Sabes que él actúa así por todo lo ocurrido.

-Sí, pero para mí cono esa actitud, es como si nunca lo hubiera conocido.

Al levantarse sintió un impulso, y sólo su corazón sabía a donde lo llevaría. Había caminado y caminado, hasta que se halló frente al Británico, como en otros sábados pasados- "Así que aquí es adonde debía llegar"- y pasado unos momentos, como tantas otras veces, la vio cruzar frente a él, y esa misma sensación cálida de otras veces lo inundó- "El amor ¿No papá?"-regresó a su casa.

-¿Se puede saber dónde estabas?

Cruzó de frente, sin ni siquiera hacerle caso, fue directo a su habitación y se tiró a la cama- Ay, qué raro, pero siento una sensación de tranquilidad inmensa- entonces cogió el cofrecito, después de la carta se encontraba una pequeña foto de Milagros- Si basta con el amor que siento, claro que no me daré por vencido, no huiré más, papá- salió y vio que Mafer estaba ahí como aún esperando que le dijera algo.

-¿Y bien?

-Tú eres quien debe cuidar más de mamá.

-¿Qué estás diciendo?

-Por ahora creo que estaré muy ocupado poniendo en orden los negocios de papá.

-O sea que ¿Estás diciendo que vamos a seguir aquí?

-Este es nuestro hogar, este es lugar donde papá quisiera que estemos y donde siempre vamos a poder encontrarlo.