CAPÍTULO 2:
DESPERTAR
-Despertó... despertó! -se oyó a lo lejos, como una voz espectral.
Leo miraba borroso, sentía un fuerte dolor en la cabeza, pero estaba extrañamente cómodo. Aquella sensación le recordaba a las mañanas de resaca, con la modorra de sentir el sol de la mañana apuntándole al rostro, sobre una cama, y sin saber cómo diablos llegó ahí. En seguida volteó la cabeza hacia los lados, pero no halló a nadie, solo escuchaba murmullos. De pronto, recordó que algo le chocó en la cabeza, e inmediatamente se le vino a la mente la imagen de la tal Pinkie Pie.
-Bueno, al menos estoy lejos de esa loca -pensó.
-¡BUENOS DIAS! -exclamó emocionada y con la voz chillona la pony rosa. Subiendo por, aparentemente, una escalera.
-La pony que te parió -murmuró Leo para sus adentros… tapándose el rostro con las patas.
-¡Ten cuidado la próxima vez! ¡Mis tics pueden predecir cosas! -comentó Pinkie.
-Lo dice en serio -añadió otra voz que provenía de abajo. Para alivio de Lion, era una voz masculina.
-¡Bueno! ¡Ya que estás levantado, cuéntame algo sobre ti Lion Heart! -dijo Pinkie Pie mientras se sentaba cerca del pony.
-Espera... ¿cómo sabes mi nombre? -preguntó extrañado.
Pinkie Pie le alcanzó su tarjeta de identificación.
-¡Rayos! -chilló Leo, incorporándose de un salto y arrebatándole la tarjeta a la pony- ¡Mis cosas! ¡¿Dónde están mis cosas?!-.
-!Lo siento, es todo lo que pude recoger! -dijo Pinkie Pie un poco sobresaltada, como disculpándose.
Leo se quedó paralizado un momento, y luego, la desesperación se dispersó por todo su cuerpo.
-¡Maldición! -gritó.
-¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡El resto se lo tuve que dejar traer a Twilight! ¡Pesaban mucho! -volvió a decir Pinkie Pie.
De repente, Leo se sintió estúpido.
-¡Pinkie Pie! Deja que Lion descanse... aún tiene que recuperarse -dijo una voz femenina que provenía también de abajo.
De pronto, sus cosas empezaron a subir por las escaleras. Leo sintió un enorme alivio al ver su equipaje que al parecer estaba completo. Se cayeron al suelo, y un quejido surgió debajo de ellas.
-¡Todo tuyo! -jadeó un pequeño dragón morado y de escamas verdes en la espalda.
Era la primera vez que veía un dragón tan cerca, pero a Lion no le importó en lo absoluto; primero eran sus cosas. Abrió sus mochilas y comenzó a revisar desesperadamente. Con cada cosa que hallaba en su sitio se sentía poco a poco más tranquilo. Guitarra sana y salva, documentos importantes completos, ropa limpia, una gran cantidad de pergaminos, tintas, plumas, y una serie de cachivaches que él consideraba de un enorme valor. Abrió un paquete más pequeño, y al verlo vacío se quedó helado en su sitio, con una mueca que a Pinkie Pie le pareció graciosa y que intentaba imitar.
-¡Mi... mi... mi! -balbuceaba- ¡Mis libretas de bosquejos! ¡¿Dónde están mis dibujo?!-.
-¿Esto? -preguntó de nuevo la otra voz femenina, quien iba subiendo las escaleras.
Lion volteó inmediatamente y vio a otra pony. "¡Doble premio!" pensó, "Mi libreta está a salvo y me la trae una pony que esta buena".
-¡Oh gracias! -dijo. Sabía lo que diría a continuación.
-Disculpa, me causó curiosidad y vi tus dibujos -comentó la pony de pelaje violeta y lacia melena púrpura, de la cual resaltaba un rayo fucsia igual que el color de su cutiemark- Dibujas muy bien -dijo sonriendo.
-Ah... gracias -contestó Lion algo dubitativo. Todo el mundo se lo había dicho y no le parecía raro. Más bien, tomaba el halago como un protocolo de buenas costumbres.
-¡Twi! ¡Twi! ¡Haremos una fiesta para darle la bienvenida! -exclamó Pinkie Pie quien saltaba al rededor de la habitación.
-¡Es una gran idea, Pinkie Pie! -contestó la pony con un tono de voz amable... muy amable.
Lion era el menos entusiasmado, no le gustaban las fiestas y podía inventar una serie de excusas para justificarlo, y no todas lejos de la realidad. No obstante, había ido allí, a Ponyville, para dejar todo atrás y respirar nuevos aires, pensó de manera optimista que esta fiesta podría ser una gran oportunidad de dejar una buena primera impresión.
-¡Estupendo! -dijo Leo.
-Te gustará tío... Pinkie hace las mejores fiestas de todo PonyVille -le comentó el escurridizo dragón morado con picardía, a quien no vio en qué momento se puso a su lado. No era terrorífico en verdad, quizá porque era un dragón joven, sabía que esas criaturas tardan en crecer, mucho más que un pony- Las ponys de por aquí están preciosas-.
-Gracias Spike -dijo la pony violeta.
-Sí, excepto ellas -.
Fue lo último que el pequeño dragón alcanzó a decir antes que una sorpresiva patada de la pony lo arrojara del balconcito de la habitación y se estrellara contra la pared.
-¡Bien hecho Twi! -dijo Pinkie Pie entre risitas.
-¡Oh! Lamento las molestias, Lion Heart -dijo de pronto la pony a quien llamaban Twi.
-No hay problema... eh... ¿Twi? -preguntó Leo dubitativo.
-¡Vaya! ¡Qué tonta soy! ¡Olvidé presentarme! -la pony parecía un poco avergonzada- Me llamo Twilight Sparkle, soy la bibliotecaria, te trajimos hasta aquí porque estabas inconsciente-.
-¡Pensamos que Derpy te había matado! -chilló Pinkie.
-¿Quién es Derpy? -preguntó Leo.
-Una pony un tanto... distraída -contestó Twi.
-Ah... lo siento, soy nuevo aquí, no conozco a nadie -contó Leo.
-No hay problema Lion Heart-.
-Llámame Leo -
-¡Leo! -exclamó Pinkie Pie emocionada- ¡¿Algo así como León?! ¿León Feroz? ¡Debes ser muy fuerte!- Le propinó un golpecito en una pata que agarró a Leo desprevenido.
El Pony perdió el equilibrio y cayó, pero mucho peor que eso fue caer de quijada y morderse la lengua.
-¡Pinkie Pie! -regañó Twilight.
-Oopsie -balbuceo ella.
-No hay problema... -contestó el pony incorporándose, miró a la pony rosa y pensó que encima de empalagosa y gorda, era hiperactiva. No obstante, creyó que el dolor que sintió Spike fue mucho mayor.
-Pinkie pie... eh... ¿Por qué no vas a organizar la fiesta y...?-.
-¡Enseguida! -exclamó Pinkie, y desapareció como un rayo.
Sin embargo, la habitación seguía oliendo a caramelo, como los perfumes baratos, pero por suerte ya se había marchado. Enseguida, se oyó un largo suspiro que emitía Twilight, probablemente ella también se sentía muy aliviada de que Pinkie Pie se marchara.
-¿Es tu amiga? -preguntó de repente Lion.
-Una de las mejores... Es como una hermanita menor -contestó Twi.
-¿Es menor que tú? -preguntó Leo.
-No pero... lo parece ¿eh?-.
-¿Que edad tienes? -cuando preguntó eso Twilight le echó una mirada que puso nervioso al pony.
-No se le pregunta eso a una chica... ¿sabías?-.
Leo se puso nervioso, podría haberse vuelto a morder la lengua, pero ya le dolía demasiado como para volverlo a hacer. "Tonto!" se repetía a sí mismo.
-Ji ji ji -río Twilight por lo bajo.
-Ahh... lo siento... lo siento -repitió Lion- Olvidé que soy nuevo, no hay mucha confianza-.
Probablemente ella se burlaba de él, o le hacía gracia esa cara que dicen que pone cuando está nervioso. Lion Heart suspiró.
-Ahi va mi primera "gran" impresión... -pensó.
- !Te estoy molestando! -le dijo Twilight con una sonrisa risueña que en cierto modo tranquilizó a Leo- Tengo 24 años, y por si no te ubicas, estás en la biblioteca de PonyVille... Ven, bajemos-.
El pony la acompañó y descendieron por una pequeña escalera circular que daba a una salita, cuyas paredes eran estanterías llenas de toda clase de libros. De hecho, como Leo acostumbraba a observar su entorno, parecía como si el lugar estuviese tallado dentro del tronco de algún árbol. Twilight le seguía hablando, probablemente de la vida en el pueblo o de su empalagosa amiga Pinkie Pie, pero no le tomó mucha importancia (¡Error!). Otra cosa que le gustaba mucho era hojear libros al azar y leer el primer párrafo que sus ojos encontraban. El estar en una biblioteca le recordaba que en muchas ocasiones que las usaba para escapar del ruido de la ciudad y encontrar un ambiente inspirador. Husmeó muchas de las estanterías de Twilight que tenían muchos libros verdaderamente raros y viejos… definitivamente había caído en un lugar detenido en el tiempo. Además de ello, también sentía mucha paz en aquel lugar, posiblemente porque Twilight era más pacífica de lo que parecía, tenía un aura muy apacible. Ah… otra cosa, Lion Heart tenía una extraña manía de sentir el aura que emitían los ponys.
-Eh… ¿Lion Heart? –preguntó Twilight, interrumpiendo los pensamientos del pony.
-¡Oh! ¡Lo siento! ¡Lo siento! –se puso nuevamente nervioso- Estaba distraído-.
-Te quedaste viéndome…. –dijo la pony con un gesto que puso más nerivioso a Lion, como si algo sospechase.
-Eh bueno… estaba… -tragó saliva- Puede que suene raro, pero siento el aura de los demás, y me quedé embobado con el tuyo. Es muy apacible. Hace años que no conozco a alguien con esa tranquilidad… la vida en la ciudad es muy estresante y la gente no es muy amical a veces-.
Twilight no supo que decir al instante, probablemente no esperaba esa respuesta.
-Bueno… -Miraba de reojo, como buscando algo en que fijar su mirada- Mi amiga Pinkie Pie tiene extraños tics que predicen desgracias y cosas así –se tranquilizó- Quizá tengan mucho que conversar al respecto. No creo mucho en esas cosas aunque por la experiencia con Pinkie Pie tuve que creerlo-.
-Es decir… ¿No me crees? –preguntó Lion.
-¡No, no! ¡No quise decir eso! –la pony parecía algo nerviosa- ¡Mejor sigamos con la visita, tengo más cosas que ver, y un búho también!-.
Twilight sonreía un poco fingidamente, al igual que Leo, quien en el fondo se arrancaba los pelos de la crin y sentía que quería golpearse la cabeza con algo duro para olvidar la estupidez que acababa de hacer. La seguía por detrás, frustrado. Adelante tenía a la primera pony con la que entablaba una conversación normal, que además era simpática, y lo primero que se le ocurrió es ser él mismo… ¿Dónde quedaron sus ocho años de periodista? Se sentía un "Perdedor"… Y no saben cuánto odiaba Lion Heart esa palabra… la odiaba de verdad…
-Eres gracioso… silencioso, pero gracioso –le dijo depente Twilight con, otra vez, esa voz apacible que calmaba los nervios de Lion- Yo también era así la primera vez que vine, incluso al comienzo también creí que las ponys de aquí estaban locas, pero con el tiempo te darás cuenta lo agradable que son-.
La esperanza renació para Leo, marcada por un suspiro de alivio.
-Si tú lo dices… Twilight Sparkle –contestó Leo.
-¿Deseas conocer el pueblo? –preguntó la pony.
Lion Heart se quedó pensativo, y de pronto, su mente dio un brinco. Sabía que algo había olvidado. Fue por su equipaje y sacó un pergamino.
-Esto –dijo enseñándoselo a Twilight- ¿Conoces el lugar que marca el contrato?-.
-¡Vaya coincidencia! –señaló la pony con entusiasmo- Esta es la recomendación de la princesa Celestia, me dijo que vendría un periodista a encargarse de la edición del Foal Free Press-.
-Estupendo… -contestó Leo sin sentir sorpresa- …¿Por qué coincidencia?-.
-Porque la princesa me encargó de hospedar aquí en la biblioteca al periodista que vendría, y eres tú –parecía alegre por la noticia- Por un momento pensé que vendría un periodista viejo y alcohólico-.
No le sorprendía aquella afirmación… de hecho, es una primera percepción que suelen tener de los periodistas de prensa escrita. Y no estaba muy lejos de la realidad… El "Pequeño Leo" tuvo una época de alcohólico los primeros años que trabajó en prensa y era tan solo un "novatillo".
-Vamos Twilight Sparkle, no todos son así –dijo- también trabajé en la televisión, y es muy distinto al periodismo en prensa… hasta pagan más, aunque es terriblemente más difícil de entrar que a la prensa escrita. Depende de ciertos puntos, algunos entran por contactos y otros por esfuerzo propio-.
-¿Y por qué entraste tú? –preguntó Twilight mirando con atención.
-Por esfuerzo propio –dijo Leo con mucho orgullo y una sonrisita sincera.
-Suena interesante –Twilight se veía entusiasmada, o eso quería creer Lion… sin embargo, por su tono de voz, no fingía esta vez- Vamos de camino a la escuela –le dijo la pony- En el camino me cuentas un poco, pues de todos modos, tengo que entrevistarte, es una formalidad. No olvides tu hoja de vida-.
Lion Heart asintió con la cabeza, y por primera vez en mucho tiempo amó su profesión; al menos algo tendría que hablar con Twilight, que encima, sería su supervisora. Mientras buscaba sus papeles sonreía con optimismo y unas ganas de saltar y brincar que tenía que soportar o de lo contrario, todo se volvería a ir al demonio… Así que llegó a una conclusión, tenía que dejar de ser él mismo y sacar a relucir la brillante e interesante personalidad que el periodismo le había ayudado a crear.
-Listo, aquí esta, Twilight –le dijo, entregándole un archivador. Ella lo sostuvo con magia, cosa que lo agarró un poco desprevenido.
-¿Nos vamos? -.
-A donde quieras, pastelito –pensó Lion Heart con picardía mientras asentía con la cabeza.
Los ponys salieron de la casa, y Leo, al voltear, descubrió que efectivamente aquella biblioteca estaba tallada dentro de un árbol. Sorprendido y optimista, el pony siguió a Twilight a través de las pequeñas y acogedoras calles de PonyVille, de camino a una nueva vida. Mientras tanto, dentro de la biblioteca, un montón de libros amontonados se empezó a tambalear, y una pequeña garrita se agitaba.
-Eh… ¿Twilight?... ¿Corazón Valiente… León… o como te llames?... ¿Alguien puede ayudarme?... ¿Hola?-.
Continuará...
