CAPÍTULO 5:
APUESTA

Aunque triste en el fondo por recordar a su amiga, Twilight puso su mejor semblante y llevó a LionHeart por la única calle de Ponyville con dirección al oeste, en donde le dijo estaba el centro en donde se producía el periódico. Habría que caminar un poco desde la biblioteca, como saliendo del pueblo, cruzando el puentecito sobre un arroyo que no lo llegaba ni a la mitad de sus patas. Le llamó la atención la casita roja, no porque pareciera una escuela, sino porque no había otro edificio cercano. A menos que…

-¿Tampoco tienen un lugar dónde hacer el periódico? –preguntó LionHeart.

-Si… - Twi sonrió tímidamente-… ¿No te dije que era un periódico escolar antes?-.

LionHeart soltó un largo y penoso suspiro, pero sería de necios pedir más. La habilidad de solucionar problemas y apañárselas con lo que se disponga es algo que el pony había adquirido con años de experiencia, y viendo la situación actual, supo que sería casi como empezar de cero. Solo temió que carecieran de los materiales necesarios. Mientras se acercaban, LionHeart pensó en múltiples maneras de empezar rápido con la mínima cantidad de material posible, cuando de repente, el ruido de la campana lo distrajo. Las puertas de la escuela se abrieron bruscamente como cuando una cuerda de guitarra se rompe tras haber estado tensa durante mucho tiempo. De la escuelita salieron presurosos muchos pequeños ponys que casi atropellan a Twi y a Leo, seguidos por su maestra que los despedía cariñosamente.

-¡Maestra Cheerilee! –saludó Twilight emocionada.

-Hola pequeña poni –dijo ella con dulzura.

-Maestra, le presento al señor Lion Heart –Twi se apartó para dejar a Leo avanzar- Es el periodista que vendría por lo del proyecto-.

-Buenas tardes –dijo él.

-¡Oh! Es un gusto conocerlo, joven-.

"¿Joven?" se preguntó LionHeart, pues no parecía que la maestra Cheerilee tuviera más edad que él.

-LionHeart, ella también te apoyará en lo que pueda –dijo Twilight- Muchos de sus alumnos mayores están a su cargo. Pregúntale todo cuanto necesites-.

-Estupendo –dijo LionHeart- ¿Podemos empezar por saber dónde está la oficina?-.

Cheerilee y Twilight se miraron y pusieron el mismo gesto nervioso, como si el no tener personal, materiales y un sitio adecuado para trabajar fueran algo menor comparado con lo que estuvieran ocultando. Pero pensándolo bien, LionHeart no creyó que la falta de material fuera el problema del nerviosismo… quizá la razón de sus nervios fueran que él no acepte encargarse del trabajo.

-Bueno… ¿Por qué no le enseñamos las instalaciones? –sugirió Cheerile.

Twilight sonreía, y se acercó lentamente a la oreja de la maestra para susurrarle algo. "¿Qué puede ser peor? ¿Qué no tengan ni siquiera una pluma y tintas?" pensó LionHeart un poco fastidiado por tanto secreto. Era obvio que el proyecto era muy importante como para avergonzarse de no tener siquiera los medios para realizarlo.

Ya estaba empezando a pensar en amigos que podrían alquilarle algunas máquinas de imprenta usadas cuando aquella tensión fue interrumpida con la dulce presencia de una de las ponys más hermosas que había visto hasta entonces. Si alguna vez habéis visto el color de tela de algodón amarilla que se usa para las delicadas ropas de bebé, pues ese era el color de esa pegaso, que estuvo a punto de decirle algo a Cheerilee y a Twilight, pero al ver a LionHeart, retrocedió. El pony se quedó tres eternos segundos contemplándola, y durante otro más largo aún posó su vista sobre los ojos verdes claros que se ocultaban tímidos detrás de una melena rosada… no escandalosamente rosada como las de Pinkie Pie… sino un rosado cálido y tierno.

-Hola… -dijo LionHeart entrecortado.

La pegaso movía una de sus patas de un lado hacia otro, mirando nerviosa a los costados, evitando el contacto con LionHeart.

-Hola… -dijo tan despacio que más parecía un lamento.

Hubo un incómodo silencio.

-Fluttershy, quiero presentarte a LionHeart –dijo Twi señalando al pony.

-¿Lion Heart? –se preguntó la pegaso, alzando la vista- ¿Algo así como un león atrapado dentro del cuerpo de un pony?-.

-Si… algo así –contestó Leo sin saber qué responder. Forzó una sonrisa y se acomodó los lentes- No te preocupes, soy vegetariano y no muerdo… aunque si rujo un poco cuando me enfado-.

-Oh, no, no –dijo Fluttershy sintiendo algo más de confianza hacia él- No hay ningún problema con eso. Sé calmar a las bestias-.

El comentario fue tan inocente y a la vez inoportuno que Twilight y la maestra Cheerilee tuvieron que voltearse y taparse la boca para no estallar en risa. Y aunque la verdad el comentario fue un tanto humillante para LionHeart, sintió la necesidad de reír por la manera tan pura que Fluttershy lo decía.

-¡Oh! –dijo un poco conmocionada por las repentinas risas- En serio señor León –trató de mostrarse firme y segura- Soy muy buena calmando a las bestias y animalitos salvajes-.

Como nadie podía dejar de reír por lo bajo, Fluttershy volvió a sentirse nerviosa.

-¡Lo digo en serio!-.

-Luego hablamos de eso Fluttershy –dijo Twilight intentando aguantar la risa. Se veía tan relajada que de verdad era necesario que riese.

-¿Ya acabaste con la limpieza? –preguntó Cherilee.

-¡Oh, sí! –contestó Fluttershy- De no ser por mis amigos jamás habría acabado a tiempo para que el señor León venga-.

"Deja de llamarme señor león" pensó LionHeart mientras las demás farfullaban entre ellas. Las tres ponys llevaron a Leo detrás de la escuela en donde había una gran cantidad de roedores y pajarillos que rodeaban la entrada de un sótano, saltando de alegría, dándole aparentemente la bienvenida. Bajó lentamente, temiendo que algún escalón se rompa, o peor aún, descubrir que no tuviesen siquiera una mesa. Estaba oscuro y se filtraban débiles rayos de luz por las cortinas agujereadas de las pequeñas ventanas. Avanzó y creyó que estaba en un depósito, pero a medida que su vista se acostumbraba a la oscuridad se dio cuenta que se trataban de objetos de gran tamaño cubiertos con mantas. LionHeart se asustó cuando dos pajarillos sobrevolaron la habitación, creyó que eran murciélagos. Abrieron las cortinas con sus picos y dejaron pasar una intensa luz que iluminó el sitio y cegó al pony. Lo primero que vio delante de él fue un viejo y carcomido escritorio sin mantel, y un sillón de respaldar alto, rojo y mullido. Otros animalitos entraron al lugar y sacaron los manteles que cubrían los diversos objetos y máquinas. Dos mesas de redacción con máquinas de escribir cuyas letras eran ilegibles, una máquina de imprenta muy anticuada (¡Una!), un gran armario con dos puertas (una de ellas sin cristal) en donde se guardaban grandes lotes de papel amarillento. Por más que buscó, no vio algo que tuviera más utilidad que una pluma. Afortunadamente no había polvo ya, pero se sentía en el aire un nostálgico olor a madera y papel viejo.

-Bien… Señor LionHeart –dijo Cherilee algo nerviosa- Bienvenido a nuestra humilde y antigua oficina de prensa.

Una de las mesitas de redacción se desplomó y la antiquísima máquina de escribir se rompió en pedazos. El silencio, que siguió a continuación del grito de miedo de las tres ponis fue largo e incómodo. Leo inspeccionaba el sitio.

-No tenemos mucho… pero… ¿Es lo básico, no? –dijo Twi intentando sacar el máximo partido a su optimismo- ¿Le gusta?

Un segundo silencio incómodo.

-Creo que no… -susurró Fluttershy-.

-Al contrario, Fluttershy… pensé que no tenían nada… pero al menos tienen la máquina de imprenta que es lo más difícil de encontrar–opinó Leo sin entonación, aunque la verdad sentía una profunda decepción por la falta de equipo- ¿Tienen laboratorio de fotografía?-.

-¡Si señor! –contestó una enérgica voz que salió desde una puerta cercana.

De ella salió intempestivamente un pegaso bastante joven y delgado. Por un instante LionHeart creyó que él vivía ahí por la apariencia que tienen aquellos que conocen un sitio como las herraduras de sus cascos. Era casi imperceptible su sonrisa tan llena de entusiasmo por el pelaje intensamente blanco, pero sus ojazos marrones irradiaban con un peculiar brillo como el que tienen los ponys a los cuales no puedes ignorar… como Rainbow Dash. Tenía la crin de un color bastante ordinario, marrón como la madera, pero era un jovencito que llamaba bastante la atención por sus orejotas.

-Buenas tardes maestra Cherilee, buenas tarde señorita Twilight, Fluttershy –dijo el pequeño pony.

-¡Oh! Featherweight, no te había visto en todo el día –dijo la maestra con asombro.

-Me estuvo ayudando a limpiar, y se encargó del laboratorio de fotografía el solo –comentó la pegaso de melena rosa.

Featherweight se mostraba lleno de orgullo, haciendo sobresalir la cámara que colgaba de su cuello.

-Me alegra que al menos haya un fotógrafo –se apresuró a decir LionHeart con mucho alivio.

-¡A su servicio señor! –saludó el pegaso.

Las otras tres ponys también sonrieron del alivio al ver que LionHeart se complacía de tener alguien en el equipo.

-Bueno, Twilight. Creo que deberían conversar entre ustedes –dijo Fluttershy- Tienen mucho trabajo que hacer-.

-Nos iremos para no molestarlos-.

Cheerilee y la otra pegaso salieron despacio del sótano, durante un silencio que resultó bastante incómodo para Twi y también para LionHeart, quien sabía que la hora de poner en práctica sus ocho años de periodista den sus frutos para el éxito de este periódico… o al menos causar una buena impresión ante tantas guapas ponys que había visto en todo el día… Sin embargo, las pocas dudas que le quedaban en la cabeza antes de firmar el contrato eran las peores.

-Bien –suspiró Twilight, golpeando el piso con los cascos- Una pequeña reunión antes de empezar-.

Hubo un silencio incómodo en el cual solo se oyó el débil trino de los pájaros que se filtraban por las pequeñas ventanas del sótano.

El segundo silencio fue provocado por LionHeart-… ¿Dónde está el resto del equipo?-.

Featherweight estuvo a punto de decir algo, pero se mordió los labios, volteo a ver a Twilight y esta le sonrió nerviosa.

-Bueno… aquí estamos –contestó ella.

Leo agachó la cabeza como rindiéndose ante todo. En realidad no esperaba más, y su mente ya calculaba lo que costaría conseguir el equipo restante, reclutar practicantes y los respectivos presupuestos para todo. Asentía con aprobación y esbozó una sonrisa.

-Bien –exclamó, pero antes de proseguir se detuvo a pensar- … Por cierto… ¿Cuánto me van a pagar?-.

No había pasado más de quince minutos. Fluttershy y Cheerilee intentaban charlar para aguantar la inevitable curiosidad de oír lo que sucedía en el sótano… pero no esperaron mucho. Alguien salía.

-¡Señor Heart! ¡No se vaya!–llamaba el pequeño Featherweight.

LionHeart había colmado su paciencia. Por su cabeza pasaban mil cosas, pero arriesgarse a tomar un trabajo en tan malas condiciones y sin un pago fijo era como y a la guerra armado con un cuchillo de goma, sin provisiones, y sin un seguro de vida para la familia en caso de que lo maten. O eso le hizo creer Twilight tras la brevísima charla en el sótano sobre el sueldo.

-Le prometo que le pagaré todo lo que se pueda –decía Twilight mientras corría detrás de él- Haremos una colecta entre todas las ponys, pero la cantidad que usted nos pide es un poco… exorbitante-.

-¿Dos mil bits mensuales le parece exorbitante? –preguntó LionHeart sin dirigirle la mirada.

-Pues… de hecho sí… Para supervisar, leer, y delegar labores… Creo que es algo –intentó buscar una palabra- un poco simple… ¿no?-

En eso, Leo se dio media vuelta y estampó sus cascos contra el suelo, sintiendo incordio por aquella palabra… "Simple".

-Señorita Sparkle… Digamos que me interesa vuestra magia ¿Qué le parece si la contrato cómo una hechicera de carnaval y hace aparecer conejos de un sombrero delante de mi público? –las palabras que salían de LionHeart eran muy sinceras y duras, algunas con sarcasmo- Usted ganará lo que los ponis tiren al escenario luego de su acto… ¿Qué le parece?-.

Silencio reflexivo, seguido de una Twilight ofendida.

-La magia no es un espectáculo. Se requieren años de estudio para perfeccionarla –contestó ella un poco enfadada, pero al rato, se dio cuenta- Y… no me gustaría que me pagasen con limosnas-.

LionHeart asintió con la cabeza con mirada severa.

-Y yo no tiré cinco años de carrera en una universidad que la pagué yo mismo, y en mis años de experiencia. Lo siento, no puedo aceptar –dijo tratando de ser amable.

-¿Dónde conseguiremos a otro periodista, señor Heart? –preguntó Twilight- ¿No tiene usted algún amigo conocido?-.

LionHeart suspiró, pues algo había de admitir. No era un extraordinario periodista, pero era muy bueno. Los que son muy buenos, cobran bien… y los que son extraordinarios, cobran extraordinariamente bien.

-No conseguirán otro, y menos un director, por menos de cuatro mil bits –contestó.

Twilight no era estúpida, y Leo había aprendido a no creer en ciertas apariencias durante su juventud, cuando apenas era practicante… ella trataba de convencerlo de alguna manera porque en el fondo sabía que ningún buen director de medios gana por debajo de esa cantidad de dinero, ni siquiera los amarillistas. Por un lado se sentía ofendido por que hayan recurrido a él como la última salida a sus problemas, pero por el otro, sentía que no quería hacer falta a su palabra, pues fue Celestia quien le pidió…

"Mis ponys en Ponyville van a lanzar un periódico y necesitan un director en el equipo... Si te interesa, mándame una carta"

La idea era tentadora como para decir no, pues a cualquiera de sus colegas le hubiera gustado ser directores de un medio; primero porque es un cargo que da prestigio, y segundo, se gana muy bien. Aceptó y prometió esforzarse, así que muy en el fondo, se sentiría culpable si abandonaba ahora estas ponys... pero.

-Sin sueldo fijo y con un mal equipo no llegaremos lejos, Twilight Sparkle –le dijo sin perder su compostura y seriedad- Le contaré que muchas veces me he metido en compromisos en mejores condiciones que este, pero si no cuentan ni con el presupuesto para pagarle a sus empleados, menos contarán con el material necesario… Iniciarlo incluso exige una inversión propia, y es bastante costoso. Lo lamento de verdad-.

-¡A menos enséñenos lo que debemos hacer! Solo será unos días –suplicó Twilight- Solo dicte las pautas y nosotros lo haremos a nuestro modo-.

LionHeart rió con sarcasmo e ignoró a Twilight. Siguió caminando por las calles. La unicornio se puso delante de él.

-Tres días… ¡No, no! ¡Dos días! La comida y el hospedaje corre por mi cuenta –ofrecía Twilight- Pero por favor, es un proyecto muy importante para nosotras y necesitamos ayuda. Se lo vamos a agradecer de corazón si nos apoya aunque sea esos días-.

Ese truco era viejo. Primero serían dos días, luego tres, luego una semana y si se requería más, mandarían a alguna puta para devolverle favores. Ya no estaba en edad para esos jueguitos universitarios. Aunque no podía negar que por su cabeza corrió la idea de un agradable revolcón con ella o algunas de sus simpáticas amigas pony.

-¡No! –casi gritó LionHeart- Lo que se requiere para ser un director de un medio no se aprende en dos días, y menos si nunca han estado familiarizados con el periodismo real-.

-No nos subestime, señor Heart –replicó Twilight- Con los libros uno puede aprender mucho y ser hasta mejor-.

Otra risotada salió de LionHeart.

-El periodismo no está en un libro –se acercó a Twilight y la miro fijamente- Está en las calles, en los reinos, en los chismes del palacio, en las huelgas, en las peleas de vándalos, en las muertes, en la injusticia, en el espectáculo, entre un montón de ponys culonas con lentejuelas y vestidas de rosa… ¡Ahí está el periodismo! ¡En hechos! ¡En cosas reales! ¡En cosas que se pueden palpar! –siguió su camino- …¡Libros, bah!-

-¡Es usted un grosero! –riñó Twilight bastante ofendida, y ahora sí lo parecía de verdad –Me ha decepcionado-.

Aunque le dolió en el alma, ¿Qué más daba? Apenas la había conocido y no sufriría si es que se enemistaban. Tenía suficientes contactos en su agenda como para llorar si perdiese a uno o dos. Pero de pronto, oyó una risa en el cielo que le pareció bastante familiar.

-¡Vaya, vaya! ¡¿Ya andan peleando tan pronto?! ¡Menuda parejita! –era inconfundible la aspereza y socarronería de esa voz.

LionHeart miró de reojo y vio que Rainbow Dash descendía de las nubes lentamente hacia él. Más allá vio que Pinkie Pie llegaba entusiasta con un montón de bolsas de colores que posiblemente contenían globos y confeti. Detrás venían Fluttershy, Cheerilee y Featherweight que se preocuparon por la intensidad de la discusión que al parecer medio Ponyville oyó. Esto, naturalmente, hizo erizar la piel de LionHeart. Y de pronto sintió temor… No por la discusión, sino por Rainbow Dash y la presencia de las otras ponys. Y por si eso fuera poco, Applejack también se estaba acercando.

-¿Qué sucedió, Leoncito? –preguntó Rainbow Dash con unas evidentes ganas de meter cizaña.

-Ya me iba –fue lo único que se le ocurrió contestar al ansioso LionHeart, que lo único que quería era salir de ahí- No puedo aceptar trabajar para el periódico-.

-Eso no me molesta –interrumpió Twilight- Lo que me molesta es acabas de ser muy grosero y desconsiderado, encima de que intentamos llevarnos bien contigo-.

-¿Para qué? –la ira y ansiedad de Leo empezaban a afilar su lengua- Tratarme bien no hará que me quede. Hago bien mi trabajo. Y si no es gratis es porque llegar a ser un buen profesional me ha costado una barbaridad de dinero, tiempo y esfuerzo… -Estaba nervioso porque nunca antes había dirigido un medio, pero tenía que mostrar seguridad en sus palabras- ¿O que dirías tú? ¿Trabajarías en mi carnaval sacando conejos del sombrero a cambio de las limosnas que te arrojen? Limosnas… ¿Eso vale todo tu tiempo y tu esfuerzo?-.

-No, pero… –dijo Twilight un poco insegura. Se quedó con la boca abierta y con las palabras en la garganta.

Nadie dijo nada, LionHeart se volteó creyendo haber tenido la última palabra. Pero…

-¡Machos!... Mejor ignóralo Twi –exclamó Dash con desdén, lo suficientemente fuerte como para que todos los presentes escuchen… Esa era su intención –Podemos salir adelante juntas, no necesitamos la ayuda interesada de un fanfarrón al cual no le puedo confiar ni a mi mascota-.

Si alguien ahora mismo pensara que lo que dijo Rainbow Dash es justo lo que LionHeart merecía, es porque quizá nunca ha vivido en la absoluta soledad, y él la conocía bastante bien. Y más aún porque había vivido en un barrio muy peligroso de Little Grape. En Little Grape no puedes confiar en nadie. En Little Grape cada uno vela por sí mismo y su familia. En Little Grape no hay amiguitos que salgan a tu defensa, y si los hay, es porque eres un criminal. En Little Grape se aprende a pisar tierra, porque el que sueña, muere… y él era muy soñador. Pero ahí, en esa calle de Ponyville, LionHeart se estaba jugando el honor y el orgullo, tenía que salir con la frente en alto y más aún luego de haber visto a tantas ponis juntas. Sentía el peso de las miradas. Se sentía extraño. Nunca se había visto en un caso así.

-¡Míralo! –señaló Dash burlonamente- ¡Se quedó mudo! ¡Apuesto a que quiere llorar!-.

No era del todo falso. Pero se quedó ahí, mirando fijamente a Dash, y la expresión un tanto desconcertada de Twilight.

-¡Vamos! ¡Di algo señor periodista!-.

-¿Terminaste? –preguntó Lion.

-Claro que sí, perdedor-.

Ya saben cuánto odiaba LionHeart esta palabra, y que se la dirijan a él hacía que perdiera los estribos.

-Me parece muy lindo y leal que saltes a ayudar a tus amigas. Pero infórmate un poco antes de juzgar a los demás. Humillarlos públicamente es más despreciable y cobarde que ser grosero-.

Un repentino murmullo se esparció entre los ponis presentes. Hasta LionHeart se sorprendió de lo fuerte que sonó. Todo iba bien, era la hora de quedar con la frente en alto delante de todas las ponis. Pero algo dentro de él quería acabar con la sonrisa de Dash… Así que pensó y una y mil veces antes de abrir la boca.

-No soy ningún perdedor… -pronunció en voz alta.

-Demuéstralo-.

-Entonces acepto el trabajo de director, y te demostraré cómo trabaja un profesional-.

Otro murmullo, aún más alto, corrió por Ponyille. Ni siquiera LionHeart se había dado cuenta en qué momento se habían reunido todas las ponis alrededor de ellos. Por el gesto de Dash, LionHeart supo que había declarado ya no personal, sino públicamente, la guerra y su compromiso. Aunque…

-¡Hurra! –exclamó Pinkie Pie con el rostro iluminado, una empalagosa sonrisa y vocecita chillona- ¡Buen trabajo Dashie! ¡Lograste convencerlo!-.

En seguida se alzaron una serie de vítores y hurras que dejaron helado al desconcertado LionHeart. "Ridículo" es una palabra muy débil para describir cómo se sentía él en aquel momento. Se dio cuenta que todo el pueblo había conspirado para que aceptara de mala o buena manera. Durante esos eternos segundos sintió la humillación como nunca antes la había sentido… pero más punzante y doloroso era la idea de que haya sucedido en un pueblo que por su misma descripción, parecía salida de una historia para niños. ¡Él! ¡Que había sobrevivido a la bravura de los barrios peligrosos de Little Grapes en Manehattan! ¡Fue asaltado por grifos y sobrevivió! ¡Qué valientemente hizo un seguimiento a la migración de los dragones! ¡Que hizo su vida completamente solo! ¡Humillado por unas ponis coloridas! Definitivamente "Ridículo" era una palabra muy débil. Los ponis volvían a sus actividades, dejando casi en el centro de todo a LionHeart y a las otras ponis que lo miraban, cada una con una expresión diferente que daba a entender de que no a todas le había causado la misma impresión. Lo peor de aquella situación es que Leo ya no podría huir a Manehattan, pues su gran maestro le había enseñado una vez que "Un Poni cumple su palabra hasta la muerte", y eso pensaba hacer… porque podía quedar mal ante todos, pero menos ante Rainbow Dash.

-Nos veremos entonces, LionHeart –le dijo Twilight sonriendo con la satisfacción que uno siente cuando un plan sale perfectamente al pie de la letra.

Las otras se despidieron de diversas formas. De todas ellas, Fluttershy parecía la única que no sabía que ocurría ahí y se despidió tímidamente de él. Cabizbajo y sin saber ganas de qué tenía, caminó distraído por las calles de Ponyville. Nada podía empeorar la situación… o eso creyó. No hubo dado más que cinco pasos a través de un cruce de calles cuando dos pegasos que tiraban de un carruaje se estrellaron estrepitosamente contra él. Fue un choque limpio y suficientemente ruidoso como para que las otras ponis voltearan a verlo. LionHeart hubiera deseado morir, pero en vez de eso se llevó un fuerte grito de los ponis tiradores.

-¡Aquí bajo! –dijo la pasajera casi cantando, con delicadeza y la elegancia que caracteriza a las ponis de clase.

Leo se apartó lentamente, preguntándose qué más podría empeorar la situación. Y de pronto vio salir de la carroza a una elegante y bien vestida poni unicornio, que bajaba de manera grácil. De repente, el mal sabor que le dejó la humillación pasó a un segundo plano. Al frente estaba quizá la única poni que no lo había visto en aquella situación embarazosa… eso ya era algo. Sin embargo, le desalentó la irradiante belleza de esta pony. Era de pelaje blanco bastante ordinario, pero había un misterioso brillo en el suyo; quizá fuese por el cutiemark en forma de diamantes, o sus dos ojos relucientes como zafiros, que combinaban perfectamente con la melena rizada de color intensamente púrpura, igual que el vestido. Era aquel tipo de belleza que no puedes ignorar, y tenía ese semblante de ser la poni con la cual todos quieren estar, pero solo el mejor postor puede tener.

A veces LionHeart se sorprendía a sí mismo de cómo podía observar tan rápidamente a un pony cuando prestaba atención, pues ella había dado a penas tres pasos en el suelo cuando Twilight, Rainbow Dash, Fluttershy, Applejack y Pinkie Pie se le arrojaron encima, con lágrimas en los ojos y una sonrisa que partiría el corazón a cualquiera, menos al malhumorado LionHeart.

-¡Rarity! –exclamaron todas al unísono.

-¡Twilight! ¡Dashie! ¡Todas…! –exclamó ella ahogándose en su llanto, extendiendo sus patas hasta abrazar a todas- ¡Amigas! ¡No saben cuánto me alegra haber vuelto!-.

Se abrazaron, rieron y lloraron... Nada que pudiese hacer sentir a LionHeart menos miserable y solitario. Suspiró, pidió disculpas a los pegasos tiradores, y se echó a andar.

Continuará...