CAPÍTULO 6:
PASADO AL PRESENTE
-El periodismo es el noble arte de comunicar la realidad a los demás… o básicamente es el concepto que todo imbecil maneja al salir de la universidad –le decía al novato- No, no. Descuida, no se aleja de lo cierto, estás por ahí, teniendo en cuenta que me acabas de llegar como practicante. Al menos estás tan informado como esos egresados que vienen a trabajar aquí, creen saberlo todo y pretenden cobrar como si fueran los Reader Eye del periodismo… ¡Bah! ¡El buen periodismo se aprende desde abajo! ¿Oíste? ¡Se debe buscar! ¡El periodismo se aprende afuera… porque está ahí afuera! Está en las calles, en los reinos, en los chismes del palacio, en las huelgas, en las peleas de vándalos, en las muertes, en la injusticia, en el espectáculo, entre un montón de ponis culonas con lentejuelas y vestidas de rosa. Si pensabas que te ibas a quedar aquí sentadote a redactarme un par de notas, cobrar y largarte… Estás cagado. Incluso tienes que poner de tu bolsa para conseguir tus grandes notas. Yo lo he hecho, y me he quedado sin un bit para comer… pero lo hago porque me apasiona el periodismo… Y si estoy donde estoy es porque me lo gané con sangre y sudor, pero sobre todo, con amor, pasión. Por eso te pregunto, potrillo ¿Esto es lo que quieres? -.
Cada palabra resonaba como un eco espectral de ultratumba. Todo parecía cubierto con una ligera capa de neblina que difuminaba los recuerdos. Cada pared y cada recorte de periódico bien enmarcado y colgado se distorsionaban en miles de colores y cambiaba de forma. Nunca vio el rostro de quien le gritaba, pero sentía una ligera sospecha de saber de quién provenía al ver aquella oficina que le causaba una profunda nostalgia… pero luego todo empezó a girar y terminó en una librería. No había tanta diferencia entre ambos sitios, todos oscuros y silenciosos; pero la voz de quién le hablaba era otra… Era de otra poni.
-¿Eso te dijo? –preguntó femenina y grácil, con algo de malicia, y luego soltó una risa vanidosa- ¿Es decir que encima de tratarte mal, no te va a pagar? Perdona que te lo diga, Darling, pero eres un completo idiota, y ya estoy harta de decírtelo una y otra vez… ¿Por qué no aspiras a ser algo más que un reportero de prensa amarilla… como Reader Eye el periodista de PCN, por ejemplo? ¿De qué valieron todos tus años de educación? ¿Acaso no mereces un buen puesto de trabajo y mejor pagado?... No vengas a justificarme que lo haces por amor a la profesión… eso no es amor, sino una estupidez. De amor no se vive. De amor no vivirá nuestra relación, Darling-.
Aquella última frase retumbó en su cabeza un sinfín de veces, alargadas por un eco que en vez de menguar se fue intensificando, repitiéndose y atacándolo por todos lados como una lluvia de flechas. Y antes que todo girase violentamente una vez más, logró distinguir una silueta ensombrecida que se alejaba hasta perderse en el vórtice. Cuando todo volvió a la normalidad, se vio a sí mismo sentado en un bar, donde empezó a sentir un fuerte dolor en el pecho y un constante mareo. Delante de él, un poni.
-Ella tiene razón, potrillo… Pero estuvo bien que la hayas mandado al demonio. Las hembras joden a esa edad porque buscan algo bueno, con plata… No, no, no… No te estoy desprestigiando, tienes potencial, pero eres un mequetrefe aún –era el mismo poni que le habló primero. Bebió un largo trago de cerveza mientras el ambiente se hacía más penoso al son de un bolero viejísimo- La plata viene sola, lo que tienes que aprender antes de eso es a tener ¡Carácter! tienes que dejar de ser un huevón, un cobarde, un maricón. Tienes que ganarte el respeto. Tienes que ser el mejor ¡Yo también soy medio atarantado como tú! Pero cuando debo tener huevos, ¡Tengo huevos! ¡Por eso soy un jefe! Y conmigo vas a aprender a que te hagas respetar... Aquí y ahora dejarás de ser potrillo, y serás novatillo ¿Estamos? ¡Anda… bebe la cerveza antes que se caliente! -.
Él, con miedo, visualizó una jarra llena de espumosa cerveza… y con una fuerte convicción, bebió.
-¡Eso es! ¡Salud! Pero eso sí, no me estés vagando ni perdiendo la cabeza por alguna poni chupasangre ¿eh? quiero ponis de mente despierta ¿Oíste? ¡Despierta!-.
"Despierta" fue la palabra que marcó el final, repitiéndose una y otra vez en su cabeza, mientras todas esas escenas grabadas en su memoria se iban esfumando como humo. Y lentamente abrió los ojos con pesadez.
-¡Despierta! ¡Oye, Despierta! ¡LionHeart!-.
Tras un breve instante logró tener los párpados completamente abiertos, pero Leo seguía perdido en sus recuerdos. Movió la cabeza hacia arriba y a un lado… solo vio madera. Cuando volteó hacia el otro, se vio cara a cara con un dragón de lustrosas escamas moradas. Dio un terrible salto a causa del susto, tan fuerte que su cabeza se estrelló contra el techo de su diminuto rincón tallado en el tronco el cual habían ambientado como cama.
-¡Por la diosa del Sol y de la Luna! ¡Rayos! –exclamó Leo, asustado de tan repentina aparición- ¡Estaba durmiendo bien!-.
-¿Estabas llorando? –preguntó Spike.
El poni puso un gesto de extrañeza y se tocó el rostro con los cascos. Efectivamente, había unas cuantas lágrimas secas y otras frescas aún. La poni del sueño, su jefe, la cantina, todo le había parecido demasiado cercano y aún seguía recordándolo. Cuando se dio cuenta que el pequeño asistente dragón lo miraba con extrañeza, movió la cabeza violentamente.
-Bostezo demasiado… -contestó rápidamente.
-Me preocupabas… Nadie duerme tan profundamente. Por un instante creí que habías muerto –comentó Spike aliviado mientras se alejaba para contemplarse en el espejo.
-Pues yo si… Cuando me lo propongo puedo dormir tan profundamente que ni un terremoto me puede despertar –Lo dijo con un tono tan seco que pasó de ser un chiste a un comentario desperdiciado.
Leo miró a su alrededor e intentó sacar algo que rompiera el repentino silencio, y de pronto vio al dragoncito morado muy feliz mientras se miraba al espejo, sacándole brillo a las escamas de su cola y acomodándose la corbata de moño que lo hacía parecer más un adorable bebé.
-Con esa pinta harías feliz a varias de mis anteriores compañeras de trabajo–rió LionHeart tras un largo bostezo, aunque en el fondo quiso decirle algo como "Con esa pinta podrías chuparles las tetas hasta hartarte".
-Gracias, gracias… esa es la intención –al dragoncito parecía agradarle aquel comentario- Aunque la verdad no me gusta vestirme así, pero lo hago por alguien a la que sí le gustará-.
-¿Vas a una cita? –preguntó LionHeart, sin ganas de salir de la cama.
-No, voy a la fiesta… y por eso venía a despertarte. Twilight se quedó allá preparando todo con las chicas -.
"¡Fiesta!" pensó LionHeart, y recordó que esa empalagosa poni Pinkie Pie iba a organizar una fiesta de bienvenida para él… Aunque la verdad no tenía ganas de ir.
-¿Siempre le hacen fiestas de bienvenida a quien llegue a Ponyville? –preguntó Leo.
Spike asintió con la cabeza mientras se perfumaba y examinaba minuciosamente su atuendo.
-Qué raro, apuesto a que cualquier extranjero desearía una calurosa bienvenida así… Me extraña que no haya turismo aquí-.
-Es un pueblo chiquito sin mucho que ver… –comentó Spike, y de pronto, sus ojos despidieron el particular brillo de quien está enamorado- Pero las chicas de aquí son preciosas-.
-¿Te refieres a Fluttershy? –preguntó Leo.
-Bueno –meditó el dragón- Ella es linda, agradable, tímida…pero a mí me parece muy extraña… Prefiere estar con los animales que con otros ponis, claro, excepto Twilight y sus amigas-.
-Cierto… -Leo había pensado preguntarle si ella era primeriza, pero lo pensó mejor-… Al parecer hay alguien que te gusta, para que vistas así…-.
-Sí –contestó Spike casi suspirando, con las mejillas sonrojadas-… Y acaba de regresar a Ponyville ¿La viste?-.
-¿Te refieres a la de blanco con la melena morada? –preguntó.
-¡Si, ella! –exclamó Spike con emoción- ¿Dónde la viste?-.
-Casi me atropella su carruaje –LionHeart miró el techo de reojo- Creo que ni se molestó en verme… o no se habrá dado cuenta -.
-Pues deberías conocerla, es la poni más hermosa de toda Equestria –los gestos románticos que hacía el dragón parecían sacadas de un drama de Shake Spare.
-Quizá no has conocido una dragona lo suficientemente buena para ti –Leo lo dijo sin ánimos de ofender- Viajé a otros reinos y fui a la pasarela anual Dragon Princess. Créeme que soy un equino, pero esas dragoncitas están tan buenas que les daría con el…-.
-¡Hey! ¡Cuidado con lo que dices! –reclamó Spike algo enfadado, aunque para ojos de LionHeart, más parecía avergonzado por el tono elevado de su conversación- No veo a los demás veo solo por su apariencia, sino por su corazón… -su tono de voz cambió a uno más meloso-…Ella es linda, alegre, graciosa, amable y sobre todo generosa-.
-Lo siento, Spike –dijo LionHeart algo pensativo- Pero dime algo… ¿Acaso no te atrajo primero su aspecto físico antes que su manera de ser? Tengo que admitir que deslumbra a cualquiera-.
-Sí, pero ahí no queda todo –contestó el dragón a la defensiva- Amar a alguien por su apariencia y no por su corazón es de tontos-.
-Desgraciadamente, Spike, allá afuera la apariencia juega un papel muy importante –explicó Leo- No solo para encontrar chicas, sino también para buscar trabajo. En periodismo por ejemplo, aunque seas un pobre sin un bit en el bolsillo, debes vestir bien y parecer que tienes el bolsillo lleno. O esos entrevistados valiosos te cerrarán la puerta sin asco-.
-Pero estás en Ponyville, LionHeart –dijo Spike, y por más severo que hubiera querido ser, su intención no era provocar una disputa con él- Aquí en Ponyville las cosas son distintas. Aquí te ganas a los demás por tu corazón y no por tu apariencia –y mirándolo fijamente, sin expresión, le dijo- Si quieres llevarte bien con los demás, deberás aprender a pedir por favor, gracias y disculpas-.
Por un brevísimo instante, LionHeart sintió que era su madre la que hablaba, la que toda la vida le había dicho exactamente lo mismo. Fue como si volviese a despertar luego de un largo sueño, pues hasta exactamente aquel momento sentía toda la carga de cólera y frustración que el incidente con Rainbow Dash le había provocado. Tuvo la sensación de querer llorar de nuevo, no solo por la profunda lección, sino por los recuerdos que había visto en sueños, y que se contradecían a la manera en como los habitantes de ponyville pensaban de la vida. Quiso conversar más con Spike, hubiera querido tenerlo un rato más para volcar muchas cosas que lo seguían atormentando aún luego de tantos años de experiencia… incluso a sus veintiséis años. ¡Pero no! Era el nuevo director del Foal Free Press y tenía que actuar como tal. Así que emitió una prolongada risa, una que emitió desde lo más profundo de su ser y se escuchó apacible, madura y masculina.
-Lo que digas, Spike –contestó finalmente.
El pequeño dragón morado sonrió y le dio unas palmaditas en el lomo.
-¿Irás a la fiesta? –preguntó finalmente Spike.
-… Tengo que ir ¿No es así? –contestó Leo algo dubitativo- Se supone que es mi bienvenida-.
-¿Tu qué…? ¡No! –Spike rió-Lo cambiaron por la fiesta de bienvenida de Rarity-.
La expresión que puso LionHeart pasó rápidamente de la duda al asombro, del asombro a la meditación, y finalmente estalló en una risa divertida. Una que se llevó consigo los rencores, nervios y prejuicios de LionHeart.
-¡Qué oportuno! –dijo sin poder contener la repentina carcajada- Odio las fiestas-.
-Y eso que Twilight pensó que cambiarle de nombre al cartel de bienvenida sería una penitencia perfecta para ti –rió Spike- Veo que no-.
-¿Debería arrepentirme si no voy? –preguntó Leo.
-No lo creo, si es que estás dispuesto a ir a alguna próxima fiesta de Pinkie Pie –contestó el dragón con mejor ánimo- Sus fiestas son todas igualmente buenas… Música, pasteles, confeti y juegos-.
-¿Qué clase de música? –preguntó LionHeart.
-Lo que está de moda-.
-¿Solo pasteles?-.
-Básicamente, y cupcakes con ponche-.
-¿Alguna vez hizo una fiesta sin confeti?-.
-No –Spkie rió al dar la respuesta- Si no hubiera juegos, confeti y globos de colores no sería una fiesta de Pinkie Pie-.
-Entonces no me arrepentiré de no ir a ninguna –rió LionHeart.
-No harás amigos tan fácilmente, Leo –riñó Spike señalándolo.
-Lo siento, pero así soy… ¿Me deben querer por lo que soy y no lo que aparento, verdad?-.
El comentario dejó boquiabierto a Spike y con una garra al aire. Esa expresión de confusión hizo más gracia a LionHeart, quien siguió riendo.
-Bueno… no creo que rechazar una fiesta sea exactamente lo que tenía en mente… pero por ahí va la cosa –dijo el dragón- Pero esta fiesta será en particular la mejor de todas-.
-¿Lo dices por Rarity?
-Sí –suspiró Spike, y de repente, sacó una foto de las chicas, en donde aquella poni de ojos azules y melena púrpura la hacían sobresalir entre las demás. Y claro, Pinkie Pie se veía menos gorda ahí.
La devoción del pequeño reptil contagió a LionHeart un repentino interés por las demás chicas, claro, salvo la odiosa del pelo de algodón de azúcar.
-¿De qué año es esta foto? –preguntó el periodista.
-Cuatro años –contestó el dragón sin despegar el ojo de su amor platónico-¿A qué sigue siendo hermosa? –insistió Spike.
-¿Rarity? Si de verdad quieres estar con ella, vas a tener una ardua competencia –dijo LionHeart.
-¡Si tengo que chamuscar unas cuentas melenas, lo haré!-.
-Créeme Spike, hay maneras sencillas de hacerlo, pero aún así podría costarte demasiado–comentó Leo cuando por su memoria pasaron las únicas imágenes que tenía de ella cuando la vio bajar del carruaje- Es una de esas ponis con la que todos quieren estar… te apuesto a que tiene más pretendientes de los que crees, y quizá estén más adelantados que nosotros-.
-¿Estás diciendo que no lo vale?-.
-No. Yo creo que lo vale… pero de momento, y muy personalmente te digo, hay cosas más importantes que invertir tu tiempo en conquistar una de esas. El camino más rápido es trabajar, tener tanto dinero que las ponis caigan por su cuenta-.
-¡Vamos, tío! Deja de decir tonterías –criticó Spike mientras se sentaba al lado de Leo- Si sigues pensando así el día que tengas a una pony fea al frente y otra hermosa, preferirás irte con la fea solo porque no te cuesta esfuerzo conseguirla. El dinero no compra el corazón, y a Rarity se gana con el corazón. Tengo más esperanzas de lo que tú crees-.
"Si te refieres a procrear con ella aunque no sean de la misma especie, me temo que sí. El mundo está más loco cada día" pensó el poni.
-Lo que tú digas, Spike –suspiró LionHeart, sin ánimos de contradecirle y originar un debate sin solución, como los que ya estaba harto de oír en sus aventuras periodísticas- No soy el mejor consejero en cosas. Mi plan a corto plazo es tener estabilidad-.
-¡Pero no puedes perderte de estas aventuras de amor! –exclamó Spike- ¡Con tantas ponys guapas por aquí seguro que alguna te flechará! Deja que la magia del amor entre en tu cuerpo y vive…-.
Aquella última frase sonó como un comercial de cervezas, y en algo se parecían. LionHeart rió sin saber qué decir, pues como todo ser vivo tiene un talón de Aquiles, y ese era el suyo: Las Hembras y el amor.
-Mira –dijo Spike señalando a las ponis de las fotos- Twilight jamás se ha echado un novio ni nada porque es una nerd que prefiere enredarse con los libros… -dudó un poco- o eso creo… apuesto a que si te disculpas con ella y la tratas bien podrías conseguirlo. No sabes lo emocionada que estaba cuando supo que al fin vendría un periodista a encargarse del proyecto, y que encima era recomendado por Celestia-.
-No creo que lo haya estado por cuestión sentimental… Spike –Leo habló sin entonación.
-Si no es Twi, está Rainbow Dash…-.
Leo soltó un bufido que interrumpió a Spike. Este se extrañó por aquella reacción.
-¿Tuviste algún problema con ella? –preguntó el dragón sin mostrar sorpresa, y la razón era evidente.
-Creo que sí-.
-Ella es experta en eso… es ruda–continuó Spike, mientras señalaba a la pegaso de melena arcoíris- Pero yo creo que lo que necesita es un tipo que le enseñe lo que es el amor-.
-¿Eso crees? –preguntó LionHeart incrédulo.
-Yo creo que sí… Aunque más difícil sería a la testaruda de Applejack. Es lenta para estas cosas, y nadie sabe si alguna vez tuvo un novio o algo. Una temporada estuvo frecuentando Applelooza y la gente empezó a sospechar-.
-Sigue…-.
-Y finalmente la tímida Fluttershy, que si no fuera tan rara, creo que se hubiera conseguido pareja ya hace bastante tiempo-.
-Creo que concuerdo en esa parte, Spike-.
-¿Y bien? ¿No te parece una oportunidad única?-.
-¿Qué hay de Rarity? –preguntó Leo con la plena intención de saber qué iba a contestar Spike.
Evidentemente él no contestó nada… solo escupió una llamarada de fuego verde de su boca que carbonizó algunos mechones de pelo de la melena de Leo, y lo dejó bastante asustado.
-Rarity es mía, ni se te ocurra tocarla-.
Luego de un largo rato de desconcierto, LionHeart rió, pues casi había olvidado que el adorable y pequeño Spike era un dragón, y si algo sabía de ellos, era que su raza es especialmente celosa con aquello que considera un tesoro. Además no le cayó tan mal, y era su única salvación ya que por desgracia para Leo, al parecer era uno de los pocos machos que habitaban en ese pueblo. Con más razón si quería sobrellevar su compromiso y quedarse en Ponyville una temporada debía ganar todos los aliados machos posibles.
-De acuerdo, amigo –dijo él con la voz más sincera que tenía.
-Jú-ra-lo –Spike pronunció cada sílaba con una fuerte entonación y una mirada agresiva, pero no dejaba de ser adorable.
-De acuerdo, lo juro –contestó Leo, aguantando las ganas de decir algo más que pueda parecerle gracioso a él y tener la crin rostizada.
-¿Por tu garrita? –preguntó Spike alzando un brazo y mostrando la garra del dedo… ¿meñique?
-Por mi garrita –contestó LionHeart.
Ambos chocaron garra con casco y sellaron un juramento que terminó en una sonrisa. Sin embargo el juramento más pareció el cierre de una nueva amistad. Leo hizo un nuevo amigo… aunque algo inocente bajo su punto de vista.
Más tranquilo y seguro de mantener su territorio a salvo, Spike se acomodó de nuevo la corbata de moño y… ¿Eructó? Un pequeño paquete bellamente adornado. Sin haber podido convencer a LionHeart de ir a la fiesta, se despidió de él, y se marchó mientras silbaba. Le había dejado una dirección en un pedazo de pergamino por si quería ir a la bienvenida de Rarity, pero en un pueblo tan pequeño como Ponyville un buen equipo de sonido sería capaz de hacer suficiente bulla como para saber de dónde proviene. Sin ánimos más que de hacer nada, LionHeart paseó un instante por su nueva habitación, la cual no había tenido ganas de ver en la tarde, ya que cuando llegó se dejó caer sobre la cama, amargado por el incidente con Dash, Twilight y las otras. Como hacía algo de calor, abrió la ventana. La brisa sopló suavemente sobre su rostro y trajo consigo el barullo de una fiesta lejana. El precioso crepúsculo daba paso a una larga noche de diversión en Ponyville. Recordemos otra vez que LionHeart es sensible, y las vibras de alegría de aquel lugar lo hicieron feliz también.
Un poco más fresco y con la cabeza más despejada… inspirado quizá, sintió ganas de reconocer el ambiente. Y a diferencia de la jaula de concreto que tenía como departamento en Manehattan, su cuarto era de madera, tallado dentro de aquel inmenso árbol. Más parecía una madriguera, o un tazón redondo invertido. Era interesante, y lo bastante alto como para tener un ropero viejo con colores femeninos (posiblemente habría sido de Twilight), un pequeño librero, un escritorio y un espejo en el cual Spike estuvo viéndose hace instantes. Sin embargo, lo más extraño era su cama, que estaba escarbada en el grueso tronco del árbol, al igual que un pequeño sitio en donde estaban sus cosas materiales, incluyendo su guitarra. De repente quiso algo, buscó en su mochila y en cada rincón, pero no lo halló. Tal vez se cayeron durante la llegada, o quizá los dejó accidentalmente en el tren. Pero los encontró cuando miró por casualidad el tacho de basura. Cogió la cajita roja y la abrió, sacó un cigarrillo y lo prendió con el encendedor que también estaba ahí tirado. Al lado de ambos objetos encontró además, un papel que ponía "Fumar hace daño". Pero el tabaco era uno de esos pequeños placeres que relajaban al buen LionHeart. Ese y tocar en la guitarra un par de piezas que había compuesto solo como instrumentales, pues nunca sintió la inspiración de componer letras… Entonces oyó de nuevo la voz de Spike, diciéndole con sus ojos brillantes y llenos de entusiasmo: "Deja que la magia del amor entre en tu cuerpo".
-Ese Spike –pensó Leo mientras miraba con nostalgia las oscuras y solitarias calles de Ponyville a través de su ventana. Luego la malicia se apoderó de su semblante, uno que le recordó al de Rainbow Dash cuando acepta un reto- ¿Acaso no vio… que no tengo garrita?-.
Río para sí mismo, exhaló un poco de humo de tabaco, y empezó a tocar una nueva melodía.
Continuará...
