Ha pasado tanto tiempo que lo mejor sería releer unos capítulos previos. El anterior basta.
CAPÍTULO 11
FLORES DE MANZANO: PARTE 2
"Un atardecer en los linderos del bosque, Hikari la mapache esperaba en la puerta de la escuela cuando ya todos se habían ido. Parecía agotada de estar de pie, pero resistía. Suspiró. Se aparece entonces otro mapache, mayor que ella, y sus miradas se cruzan.
Hikari molesta: Llegas tarde, sensei.
Sensei Aoki avergonzado: Lo lamento, tenía que hacer algunas cosas aún.
Hikari más molesta aún: ¡Tonto! ¡No debes hacer esperar a una chica! Te llevo esperando hace mil horas.
Sensei Aoki se ajusta las gafas que se le iban cayendo por su hocico felpudo: No exageres, Hikari-chan. Podías haberte ido a tu casa y te hubiera alcanzado luego.
"¡Es que todos los machos son idiotas!" protesta mentalmente.
Hikari: Cárgame, me cansé de estar parada.
Dice alzando los brazos y haciendo pucheros.
Sensei Aoki suspira con un rubor en las mejillas peludas, vuelve a acomodarse los lentes y se agacha. La pequeña salta y se apoya. Comienza la caminata en medio del silencio y rojizo atardecer por los linderos del bosque, Hikari se queda dormida sobre su sensei, con el corazón latiéndole deprisa y el rostro sobre su cálido lomo."
Applebloom cerró con emoción el tomo de "Tanuki no Kokoro", una historia sobre el romance de una alumna y su maestro. Nunca había terminado tan rápido su lectura, y mucho menos, sonreía al hacerlo. Usualmente leía y releía viendo cada detalle después de clases, pero por esos días, no, pues había algo que la entusiasmaba más. Sonó el timbre. Applebloom guardó todo en su bolso de lana rosa tejido artesanalmente y de un brinco se incorporó a la procesión de alumnos que se dirigían a la salida. Tras ella, casi con el mismo entusiasmo, Sweetie Belle, y la no tan entusiasta Scootaloo, ignorando todo a su paso con los audífonos en las orejitas puntiagudas.
-Dime, dime –le preguntó Sweetie a Applebloom con curiosidad- ¿Qué te dijo el sensei cuando le devolviste el morral?-.
Aplebloom miró a cielo de reojo intentando recordar. Había estado tan nerviosa que no se acordaba. Aunque la verdad no fue como hubiera querido que sucediera. "Hikari tiene razón, los machos son tan idiotas que no se dan cuenta de los sentimientos de las chicas" pensó. Aunque la verdad apenas y conocía a Leo-sensei, y si algo le había estado sermoneando Applejack (desde que empezó a fijarse en los chicos) es que la apariencia puede esconder el verdadero equino que hay dentro de uno. No obstante todo el misterio que se ocultaba tras el sensei picaba en su curiosidad como cuando sientes cosquillas en lugares a donde no puedes llegar… y eso, naturalmente, lo hacía más atractivo para ella. Pero además de Scoot y Sweetie Belle, nadie más sabía sobre su fijación hacia el periodista.
-Solo me dijo "gracias", nada más –suspiró apenada- O eso creo. Se veía tenso, parecía preocupado. Dijo que le dolía la cabeza. Quizá cierta poni sepa algo al respecto-.
Pero Scootaloo ignoró bastante bien la indirecta, meciendo su cabeza al ágil ritmo de una canción de Arryl Lavigne. A Applebloom le fastidiaba, pero a la vez empezaba a preocuparle, más aún porque el sensei Leo le había sugerido que le diga que se esfuerce si no quería ser… castigada. "¡Tonta Applebloom!" se dijo a sí misma "¿No se te pudo ocurrir otra pregunta que esa? Era tu oportunidad y lo echaste a perder". Pero viéndolo por otro lado, también le preocupaba la relación de su intempestiva amiga pegaso y el guapísimo Leo-sensei. Aunque él no lo haya dicho, Applebloom sabía que de no mejorar eso, el sensei no tendría más remedio que expulsarla del proyecto, y la florecita de manzano no iba a dejar que eso pasara mientras pueda solucionarlo "Porque aún somos las cutiemark crusaders" se motivó a sí misma.
-Pobre sensei –comentó Sweetie Belle- Son solo unas cuantas clases y ya parece bastante estresado controlando a todos-.
-Si –añadió Bloom- Creo que deberíamos ayudarlo-.
-¡Ja! –interrumpió de pronto la pegaso, echando hacia atrás los audífonos- Se supone que es profesional, debería tener experiencia-.
-Dijo que era periodista, no un profesor de escuela –replicó Applebloom- Ser maestro es más difícil… creo. Y tú no ayudas mucho que digamos, al igual que esos demonios de tercer grado-.
-¡Pero yo no hice nada! –protestó Scootaloo- Ellos fueron los que destornillaron el sillón de Mario Hart-.
-Este… se llama LionHeart –dijo Belle.
-¡Como sea! Lo odio, es un pedante… osó garabatear mi hermosa historia–
Al decir esto Bloom casi pudo sentir lo frustrante que fue para la pegasito que el sensei hiciera eso, pero lo entendió viniendo de él, era profesional y lo único que hizo fue corregirla "Eso creo". Applejack le había dicho días atrás que detrás de esa careta de serio e intimidante se escondía un poni agradable y hasta santurrón, pero que sin embargo, sabía desenvolverse muy bien en su tema y no debían abusar de él "Es más, creo que está algo chiflado" recordó el comentario. Era algo bastante alentador, sin embargo la realidad parecía distinta.
-Creo que el profesor lo hizo para que mejores, Scootaloo –dijo Sweetie Belle algo tímida- A nosotras también nos garabateó las hojas y nos pidió que mejorásemos en muchas cosas-.
-Truffle Shuffle temblaba como gelatina cuando le tocó su revisión–añadió Applebloom- Pero no creo que haya querido hacerte sentir mal. Applejack lo conoce y dice que en el fondo es un buen poni-.
-Yo también pienso lo mismo –añadió la joven unicornio.
-Además son solo tres días desde que empezamos estas… clases. Piénsalo de este modo, si llevamos esto nos estaríamos saltando gratis la clase de la profesora Collins y además…-.
-¡Ya basta! ¡Dejen de insistir! Puedo pensar por mi misma lo que quiera pensar, y decidir también, no soy una inútil –protestó con ojos empañados, y sus dos amigas se callaron. Caminaron en silencio casi la mitad de la avenida sin atreverse a mirar a la pegaso. Las otras dos esperaron con impaciencia cualquier cosa que rompiese el hielo que habían creado.
Scootaloo se sentía realmente mal, y Applebloom aceptó toda la culpa. Por haberla obligado a ir, por haber fallado en su intento por reanimar su espíritu, por querer devolverle su sonrisa natural y espontánea; como de aquellas épocas cuando de niñas iban a cada club, cada curso, cada evento y cada todo con la única finalidad de hallar sus cutiemark. Muchos intentos fueron inútiles, pero el haberlo hecho juntas era más que suficiente. Ahora era más difícil, pero la pegaso no ayudaba a que fuese más sencillo. Todo le causaba rechazo, todo le causaba pereza, y se sumía en esos audífonos rosas que Babs le trajo de la ciudad. Y había comenzado a empeorar.
Applebloom recordó que hasta hace algunos días seguían siendo Scootaloo la "tsundere", la que nunca quería hacer nada; Sweetie Belle la "moe", que cada tanto se sentía atraída por un chico y no sabía como llamar su atención; y ella, la protagonista de su propio drama escolar; y para variar rechazaba a todos los chicos que se le declaraban porque no consideraba a alguien lo bastante interesante como para ir de noviazgo. Las tres vivían su secundaria tan y como ella había leído en sus mangas tanuki. Y la llegada del sensei fue la cereza de su pastel de fantasías. Sin embargo nada fue como lo esperaba.
Se suponía que sus dos amigas iban a ayudarlas a conquistar al maestro (o al menos una de ellas). Pero tras las últimas jornadas sintió que se estrellaba contra un muro, pues acercarse a él era más complicado de lo que esperaba, y la inesperada y tensa relación de él y Scootaloo lo dificultaba más. El tercer día, cuando vio al maestro salir hecho una furia con Twilight tras él, supo inmediatamente que si no arreglaba las cosas entre él y su amiga iba a encontrarse entre o apoyar a su maestro… o apoyarla a ella; y no quería saber la respuesta. Necesitaba a Scootaloo para pasar sobre las adversidades. Necesitaba sus alas, pero la pegaso ni siquiera quería intentarlo.
-Scoot… lamento…-.
Antes que Applebloom pudiese terminar, Featherweight y el resto del grupo del club se unieron a la marcha. Aquello mejoró en cierto modo su ánimo y el de Sweetie, pero Scootaloo se aisló con la pandilla de los problemáticos, quienes para variar, habían traído consigo unos amigos cuyas intenciones no parecían buenas.
-¿En serio te exoneran del curso de la profesora Collins si entras al club? –preguntó murmurando uno de los nuevos.
-Es mejor que aguantar a la menopáusica. Este profe no hace nada –contestó el chico Brown, de pelaje canela y cutiemark de forma estrellada.
"Oh… no… Esto no se ve nada bien" pensó.
En pocos días Applebloom se había acostumbrado a ver al profesor leyendo el periódico en el sótano mientras los esperaba, y no verlo hoy le pareció una mala señal. Las señoras chismosas ya estaban sentadas y platicaban como cotorras. Featherweight animó a su numeroso grupo de fotógrafos y empezó a jugar con las cámaras mientras esperaban. Esta vez los que usarían la máquina no vinieron, pues como ya sabían todos, estas estaban averiadas. Scootaloo y los problemáticos se fueron a sentar atrás y empezaron a alborotar el salón. TruffleShuffle parecía inspirado, pues empezó a redactar a pesar que nadie pidió nada. Sweetie se echó sobre la carpeta con cara de aburrida, así que Applebloom le prestó uno de sus mangas para que no tuviera cara larga. La pequeña unicornio no mostraba gran interés por ellos, pero aceptó gustosa.
Al cabo de un buen rato entró Leo-sensei y el aula enmudeció. Sin embargo era inusual el silencio que lo envolvía, era tan fuerte que casi se podía sentir.
-Buenas tardes, señoras y señores –dijo secamente, sin expresar emoción alguna- Lamento la tardanza, pero tuve una reunión con la señorita Twilight Sparkle quien no podrá venir hoy a supervisar. Así que espero que todos puedan cooperar para la sesión de hoy sin hacer líos-.
A juzgar por la entonación de sus palabras Leo-sensei no parecía estar de buen humor, y quizá Applebloom no era la única que se dio cuenta, de lo contrario el salón entero no se hubiera sumido en un silencio sepulcral. ¿Habrá sido la ausencia de Twilight lo que lo provocó? ¿O es que todos pudieron notar el aura pesada que envolvía al sensei LionHeart? Ni siquiera los terribles demonios de tercer grado habían hecho su broma de bienvenida. "¿Estará furioso por lo de ayer?" se preguntó la poni "Esto es malo… muy malo". Con este ya eran dos silencios que la incomodaban en el día… hasta que…
-P… Profe –levantó la mano el chico Brown, de la piel canela y crin blanca- ¡Trajimos nuevos reclutas!-.
-¡Genial! –contestó con una pizca de sarcasmo- Bienvenidos, justo necesitábamos redactores. ¿Me podrían dar sus nombres?-.
El sensei abrió su portafolio y tomó hábilmente la pluma con la boca. Aplebloom empezó a morderse los cascos casi por instinto.
-Solomeo… -contestó el nuevo.
-¿Apellidos? –preguntó el sensei.
-F…Flores-.
-Buen intento –contestó inexpresivo- Espero que el siguiente chistecito sea más creativo-.
El resto del grupo se burló del inútil intento del nuevo. "¡Te lo tienes bien merecido!" pensó, aunque por un lado agradeció que aquella broma fallida devolviera el ambiente a la clase "No quisiera ver al sensei molesto jamás".
-Muy bien Solomeo, puedes retirarse de aquí –irrumpió de pronto el profesor, silenciando otra vez el bullicio.
-Profe… digo, disculpe… fue una broma-.
-Que te retires, joven –repitió sin inmutarse, alzando un poco la voz- Aquí no se me viene a faltar el respeto. Retírese-.
La respiración del aula pareció entrecortarse, Applebloom misma se sintió intimidada. Si bien estaba acostumbrada a ver que a los muchachos malcriados los sacasen del aula, esto fue mas bien como si lo despidieran de un trabajo. Casi sintió pena del poni que se hizo llamar Solomeo, saliendo del aula en silencio, con el morral entre los dientes, cabizbajo, y con las patas temblando.
-Profesor –se alzó de pronto la voz de Scootaloo.
"¡No, Scoot! ¡No lo hagas!" Todas las cabezas voltearon hacia donde estaba sentada la pegaso.
-Dígame señorita Scootaloo-.
-Está siendo injusto, porque hasta ayer los alumnos Butter y Syd le hacían bromas y no les dijo nada. ¿Cómo puede pedir respeto de los nuevos? ¿No es eso favoritismo? ¿O es que pretendía fingir amabilidad y tolerancia delante de la señorita Twilight?-.
"¡Maldita seas pegaso! ¡¿Dé donde sacas conclusiones tan idiotas?!"
-¿No les parece raro que hasta ayer haya sido más tolerante que hoy? ¿Y que justo Twilight no esté y cambie su personalidad? –dijo dirigiéndose a los demás.
Applebloom se tapó el rostro con los cascos, y un murmullo empezó a recorrer el aula. Sin embargo la declaración de Scoot tenía bastante sentido, siempre y cuando el señor Heart confiese sentir alguna atracción por Twilight. Esa idea hubiese puesto a Applebloom celosa, pero no en ese momento. A esas alturas la ilusión de vivir su romance de ficción se iba desvaneciendo como humo con cada minuto que pasaba. El profesor LionHeart se quedó en su escritorio, con los ojos fijos en su amiga de crinvioleta.
-Hablaremos luego, Scootaloo –se levantó con lentitud y dio zancadas largas y firmes – Pero a decir verdad debo hablar con todos ustedes. Tómenlo como careta o lo que quieran, pero estos tres días evalué vuestro comportamiento poniendo en riesgo mi profesionalidad y reputación. La verdad me encuentro sumamente decepcionado de muchos integrantes-.
El aula atendía, y Applebloom no podía dejar de morderse los cascos. De tanto en tanto buscaba refugiarse en la mirada de Sweetie belle, a pesar que ella parecía igual de nerviosa.
-Pero no todo es negativo –dijo Leo-sensei endulzando un poco su voz- Quiero destacar la labor de otros integrantes con quienes empezaremos a hacer andar el proyecto. Y sobre lo que vamos a hacer aquí les diré cuando la señorita Sparkle regrese. Mientras tanto tomen este día como una….-El profesor dibujó círculos en el aire buscando una palabra-…evaluación final-.
-¿Qué vamos a hacer, señor LionHeart? –preguntó una de las señoras de maquetación.
-Quiero que esta vez, señoras, hagan en grupos de tres como máximo la maquetación de un periódico entero. Pueden tomar de los viejos para guiarse. Evaluaré su trabajo al final, el tiempo y el criterio para hacer –se dirigió a Featherweight- De igual manera, los de fotografía terminen de armar sus libros de imágenes como les expliqué… y los de redacción…-.
Applebloom tragó saliva al ver que Leo-sensei se les acercaba.
-Junto con los nuevos quiero que escriban otro cuento. Ya no quiero saber los nombres de los nuevos pues temo encontrarme con alguna Zoila, o un señorito Angulo. Y si de algo sirve, pueden verter todo su sentido del humor en sus historias-.
Applebloom comenzó con su redacción ni bien el señor Heart dio la señal. Y durante las siguientes horas el sótano se convirtió en una réplica del salón de clases en invierno, fin de semestre y temporada de exámenes finales. Reinaba el suave murmullo de los lápices al escribir sobre la madera, el rasgueo del papel, el ruido de las tijeras al cortarlo, de vez en cuando el click de las cámaras fotográficas. Raras veces un cuchicheo furtivo. El sensei permaneció sentado en el sillón, hojeando una pila de documentos que día a día se acumulaba cada vez más. Eso y periódicos, muchos periódicos. Cada vez que él terminaba una sección levantaba la vista y en algunas ocasiones Applebloom cruzó su mirada. El primer día que lo vio en la escuela también ocurrió, pero entonces parecía más amable y "cool", y eso fue la que la derritió. Ahora no. Ahora la miraba con la misma severidad que al resto, metiéndola en un mismo saco. Eso la empezó a incomodar "Es un poco injusto" pensó "No ha sido mi culpa, han sido los de tercero, no entiendo por qué tiene que molestarse con todos nosotros". Sin darse cuenta se había quedado mirándole.
-Applebloom –dijo el sensei frunciendo el ceño, despertando así a la pequeña poni- Concéntrate-.
-¡Ay, disculpe sensei-Le…! ¡Qui…Quiedro decir… Profesor! –La lengua traicionó a Applebloom y esta enrojeció. Sintió como el frío le recorría el cuerpo.
En todo el día el señor Heart no había sonreído. Hizo una mueca chiquita, casi fugaz, pero fue suficiente para saber que en el fondo no estaba tan disgustado del todo… o eso quería creer. Sin embargo el clima no mejoró, y el tiempo marchaba con desesperante lentitud. Incluso Applebloom deseaba que pasase rápido.
Para cuando dejó de darle vueltas a sus pensamientos se dio cuenta que había pasado mucho tiempo, y su cuento ni siquiera había pasado de dos líneas. Sweetie parecía muy concentrada, al igual que TruffleSuffle, con el cuento bastante avanzado. Por desgracia su visión no le permitió alcanzar a ver en qué andaba Scootaloo, y una vez más la idea de escoger entre ella o el profesor la estresaba. Era bastante evidente que apoyaría a Scootaloo, pero ello no significaba dejar que falte el respeto al profesor. Applebloom solo quería ayudarlos a ambos.
-Concéntrate Applebloom –repitió Leo sensei- Avanza con ese cuento-.
-¿Profesor, puedo ir al baño? –preguntó uno de los de tercer grado.
-No-.
Por ahí se escapó una risita furtiva. Pero…
-Profesor, eso es abuso de autoridad –intervino Scootaloo con algo de sarcasmo- ¿Y si por eso le da una infección? La ley estudiantil defiende al alumno de los maestros abusivos-.
"¡Basta ya Scootaloo! ¡lo empeorarás!" pensó Applebloom sintiendo sus pelos erizarse. La tensión en el aula dio un brusco incremento.
-Pues te tengo una gran noticia, jovencita –contestó Leo con una pizca de sarcasmo- Yo no soy un profesor, soy periodista.
-Pues lo acusaré con Twilight y veremos qué tan valiente es-.
-¡Basta Scootaloo! –chilló de pronto Applebloom en un arranque de ansiedad- ¡Vas a empeorar las cosas!-.
Para cuando la pequeña poni se dio cuenta le temblaban las patas y tenía los ojos empañados. Medio salón tenía sus ojos puestos en ella, y la otra mitad en Scootaloo. Lionheart estaba igual de sorprendido.
-¿Cuál es tu problema, Applebloom? –refutó la pegaso.
-¿Cuál es el tuyo, más bien? –inquirió Applebloom- ¡Has estado comportándote mal sin sentido ni razón de ser! ¡Le has faltado el respeto al sen… digo, profesor! Y nunca…-.
-¡Silencio las dos! –interrumpió Leo sensei alzando su voz por encima de ambas. Applebloom cruzó sus ojos con él, y no se veía nada complacido –Concéntrense, esto no es un salón de clases. Es un Pe-ri-o-di-co. Esto, niñas, y para todos los demás, va a ir a parar a manos de muchos otros ponis. Van a tener el poder de informar, de comunicar, de dirigirse a otros… de convencerlos, y de hacerles pensar. Esto es serio ¿Creen que es un juego? ¿Un cursito de sustitución? ¿Una reunión de manualidades y chismes? ¿Un lugar para flirtear?... ¡¿Un… concursito de temporada?!-.
Las preguntas no obtuvieron respuesta, y el profesor LionHeart echó un suspiro lleno de cansancio, se sentó en el sillón y golpeó la mesa para luego sostener su rostro con los cascos.
-Terminen por favor sus proyectos y se van acercando –dijo.
Al cabo de un rato entraron primero Truffle Shuffle y Sweetie Belle, seguidos de Featherweight y algunos del grupo de fotografía. A todo ese primer grupo les dio el permiso y pudieron retirarse, y a todos les dijo "Bienvenidos al barco".
Sin embargo no todos los que entregaban salían, hizo quedar a varios de fotografía. Applebloom creyó que era para darles otras indicaciones, pero cuando vio que los terribles de tercer grado también se quedaban, supo que no era nada bueno. Curiosamente no dejó salir a ninguna señora del grupo de maquetación y diseño, pero evitó hacer alguna pregunta. Applebloom terminó el cuento lo mejor que pudo, no estaba tan mal, y se dio cuenta que las correcciones e indicaciones del sensei habían surtido su efecto. Sin embargo no quería entregar hasta que Scootaloo haya terminado… pero parecía que el momento no llegaría nunca. Y el salón se fue vaciando… vaciando… vaciando.
-Applebloom, ¿terminaste? –preguntó Leo sensei acercándose de pronto a ella. La pequeña poni de crin roja quiso esconder su cuento, pero era inútil. El poni periodista tomó su hoja ahí mismo y lo revisó. Asintió la cabeza algunas veces, y dirigiéndole una sonrisa cansada le tendió una pata –Bienvenida a bordo-.
La poni no estaba feliz, pero hizo su mejor esfuerzo en dibujar una sonrisa.
-Por favor, Applebloom retírate, que debo hablar con el grupo que ha quedado –dijo el sensei.
No podía negarse. Le temblaba todo. Tomó lentamente su bolso y salió a pasos lentos. Justo antes de subir por las escaleras vio a Scootaloo, y ambas cruzaron miradas frías. La poni la despidió, pero su amiga volteó su cabeza bruscamente. Sin darse cuenta una lágrima rodó por las mejillas de Applebloom, y salió del sótano lentamente.
-Applebloom…-oyó una tímida llamada. Era Sweetie que esperaba sentada afuera.
-Esto no va nada bien, Sweetie –suspiró la poni, estuvo por dejarse vencer por el llanto pero logró contenerse- Miento… ya no podemos hacer nada-.
-¡Yo también estoy preocupada por Scootaloo! –apuntó Sweetie- No habrá tenido las cosas fáciles pero somos sus amigas y tenemos que apoyarla por que vuelva a ser nuestra Scootaloo de siempre-.
Applebloom decayó aún más en su estado de ánimo. Su pecho le dolía cada vez que pensaba en lo que había acabado de ocurrir. Empezó a sentir miedo por lo que su inoportuna intervención podría haber provocado en su amistad con Scoot. Sweetie Belle la animó a escuchar a hurtadillas lo que el sensei le esté diciendo, pero ella prefirió dejarlo así. Y por los siguientes diez minutos siguió lamentándose hasta que salió el primer grupo de rezagados. Eran las señoras de maquetación.
-¿Qué pasó? ¿Qué les dijeron? –intercedió Sweetie Belle en lugar de Applebloom.
El grupo era bastante conocido. Señoras ponis de adultez avanzada, solo dos de ellas no tenían hijos ni marido. Y era propio de ellas reunirse a elaborar manualidades, charlar, tomar té y hacerse presente en todas las actividades sociales de Ponyville para las que se necesite ayuda. El periódico no fue la excepción. Entraron alegres a él… pero salieron tristes, como Applebloom. Sweetie no tuvo una respuesta inmediata a su pregunta.
-Parece que el señor Heart no nos necesita –dijo una.
-Es una lástima –suspiró otra- Estábamos muy entusiasmadas-.
-Supongo que así son las cosas, chicas –añadió la mayor de todas- Ya lo oyeron, el periódico no es un juego-.
-Si pero no hacía falta que nos probara e hiciera trabajar tanto para al final… botarnos… de esa manera –replicó con cierta indignación en su voz.
-Twilight no lo hubiera permitido-.
-Ese poni es un patán doblecara-.
¿Lo era? Applebloom no estaba muy segura. Estaba muy alicaída como para pensarlo. Pero a favor del sensei, en todos esos días de inesperada prueba las señoras habían hecho del sótano su nuevo cuartel de parloteo, lo cual estresaba al pobre periodista y tenía razones suficientes para deshacerse de ellas.
-Creo que hace lo que cree mejor para el proyecto –dijo Applebloom de repente, rompiendo su propio silencio.
Las señoras intercambiaron miradas entre ellas, hasta que una de ellas salió al frente.
-Pues si considera que esto es lo mejor, puede quedarse con su periódico-.
-¿Y quién se encargará de la maquetación entonces? –preguntó Sweetie Belle.
-Escogió al grupo Blue Rose, solo tres –contestó otra- Luego tomó algunos chicos de fotografía que según él no eran aptos para el cargo al que aspiraban y los colocó junto con ellas-.
-¿Y qué pasó con otros? –prosiguió Applebloom- ¿Con el grupo de redacción?-.
-Pregúntaselo a ellos mismos-
Apple y Sweetie giraron al oír el murmullo de los ponis de tercero que, como la poni del listón temía, no duraron como redactores. Esperó a que Scoot llegara junto a ellos, pero no apareció. Ambas ponis intentaron hablar con los chicos, pero no consiguieron mayor información que un relajado y desinteresado "Me despidieron", y la mayoría parecía resignado a llevar el curso de letras con la profesora Collins. A diferencia de las señoras el ánimo del grupito de los terribles de tercero no se vio aminorado. "O es que quizá se hacen los fuertes" pensó Applebloom. Y mientras pensaba, apareció Scootaloo.
-Scoot, ¿Qué tal? ¿Cómo te fue? –preguntó Sweetie Belle.
-¿Qué clase de pregunta es esa, Sweetie? –respondió Scoot- ¿No viste lo que pasó con los que se quedaron abajo?-.
-Te… echaron ¿verdad? –Applebloom se acercó tímidamente a ella.
-Tu pregunta es estúpida –contestó cortante Scoot.
"Lo es, amiga" supo enseguida la poni del moño rosa al ver los ojos brillosos de su amiga, intentándose hacer la fuerte como era costumbre de ella.
-Scoot, por favor, perdona. No quise…-.
-¡¿Y me lo pides ahora?! –explotó Scootaloo finalmente- ¡Después de hacerme ir de club en club, lugar tras lugar, y demostrar en cada uno lo inútil que soy!-.
-¡Scoot! –chilló Sweetie
-¡Scootaloo, yo jamás haría eso! –replicó Applebloom sorprendida por la repentina reacción.
Finalmente Scootaloo no pudo resistir más y de sus bellos ojos morados brotaron lágrimas-¡Pues lo has estado haciendo desde…!-.
-¡Eso es mentira! –interrumpió bruscamente Applebloom, sintiendo punzadas en el pecho y los ojos irritados- ¡Lo hemos hecho siempre! ¡Desde que éramos niñas y buscábamos nuestra cutiemarks! ¡Siempre, siempre, siempre! ¡Y fallábamos juntas! ¡No me salgas con que esto es algo nuevo!-.
-¡Deja de compadecerme! ¡Me enfermas! –protestó Scootaloo- ¡Odio que hagas eso!
-¡No me compadezco! ¡Solo intento ayudarte! –el griterío se fue intensificando, y Applebloom vio como Sweetie Belle las observaba casi estupefacta- ¡Pero claro! ¡Siempre estás haciéndote la víctima! ¡Cuánto más desea ayudarte la gente, más irritante te pones! ¡Lo mismo hiciste con los maestros, con Rainbow Dash, y ahora con el sensei!-.
-¡Ahí vas de nuevo… el sensei esto, el sensei aquello! ¡¿Ahora te pones de su lado?! ¡Quédate entonces con él si quieres, y que te coja! ¡Golfa sobona!-.
-¡Eso no te lo perdonaré!-.
-¡No necesito tu compasión! ¡No soy una inútil y puedo cuidarme sola! –rugió Scootaloo y le asestó una feroz patada en las mejillas a su amiga.
El dolor físico no era nada comparado con el dolor en el corazón de Applebloom. Incapaz de pedir disculpas, presa del orgullo que era propio de ella, Scootaloo huyó. Fue Sweetie quien hizo reaccionar rápido a la pequeña poni terrestre para que emprendiera una carrera tras ella, llamándola a toda voz, corriendo por el prado dorado de Ponyville en el ocaso. Al darse cuenta de la persecución, Scootaloo abrió sus pequeñas alas y dio un brinco limpio y elegante digno de un verdadero atleta… pero sus fuerzas la traicionaron y cayó rodando violentamente sobre el suelo, levantando una nube de polvo. Gracias a ello Applebloom pudo alcanzarla. La vio tirada en el suelo, con las alas extendidas, la piel anaranjada sucia, llorando desconsoladamente como nunca la había visto antes.
-Soy… una inútil –gimoteó.
Applebloom dio un pisotón en el suelo.
-Deja de decir estupideces… No eres inútil –dijo con la voz que le quedaba, y le tendió una pata- ¿Cuántas veces debo repetirlo?-.
Scootaloo levantó su hocico sucio y mojado de mocos.
-¡Si lo soy! –insistió llorosa.
-¡Que no! –Applebloom había dejado de sollozar, y se postraba firme- No eres una inútil. Nadie en todo Ponyville lo cree así-.
-Díselo a tu amado profesor –contestó Scoot intentando limpiarse.
-¿Sensei…? –su corazón empezó a latir de prisa.
-Me llamó inútil… y me botó por eso-.
…
La jordana del día siguiente empezó, y LionHeart se desconcertó al notar que el reducido grupo que ahora conformaba el Foal Free Press se había reducido aún más. Quizás porque ahora eran tan pocos que la falta de dos o tres ponis se hacía notar. Applebloom y Sweetie Belle no habían ido. Otros dos ponis de quienes no acordaba su nombre también habían faltado. El grupo de señoras que había escogido no parloteaba como usualmente lo hacían. Y el resto de los presentes estaban tan desconcertados como él, y a nadie parecía ocurrírsele una forma de romper el silencio.
"La he cagado atómicamente" Pensó el periodista mientras sentía que su piel se escarapelaba.
No era el recuerdo la escena de ayer y sus consecuencias con el equipo lo que atormentaba a Lionheart, sino lo que vendría cuando Twilight regresase de la comisión a Canterlot a la que había pedido que vaya. Le pesaba el saber cómo reaccionarían todos por aquello. Pero le pesó aún más el hecho de tener que defender algo tan lógico como despedir a los que no eran aptos para sus cargos "Un periódico no es un recreo, ni un club" pensó "¿Por qué me pone nervioso es defenderlo?" En su casi primera semana en Ponyville había notado que el poder de camaradería que unía a esas ponis, en especial a las seis lideradas por Twilight, era como una poderosa barrera. Casi sentía que había alguna magia misteriosa entre ellas. Y sobre magia no era buen entendedor el periodista. Solo sabía que si hacía algo que las molestase, las seis le vendrían encima con todo su poder… y quizá con el resto del pueblo.
-¿Qué hacemos ahora, señor Heart?- Preguntó tímidamente Featherweight rompiendo el hilo de pensamientos de LionHeart.
-Haremos periodismo –contestó él, retomando el control sobre sí.
A medida que pasaba el tiempo, y cómo los miembros respondían "bien" a sus objetivos, sentía que recobraba la confianza sobre su decisión. Pero cuando veía los asientos vacíos del antiguo equipo de redacción recordaba la vocecita de Scootaloo que le decía "…lo acusaré con Twilight y veremos qué tan valiente es"
-¿Desde cuando fui tan cobarde? –murmuró para sí. Felizmente nadie lo escuchó ¿O tal vez sí?
Cerró el "quiosco" temprano, como solían decir sus jefes a la hora de salida. Pudo haberse quedado a revisar las noticias pero antes decidió ir a tomar un café. Cerró el sótano y caminó intranquilo, pensando en toda clase de argumento y contrargumento en una posible discusión, pero de algún modo u otro, siempre salía perdiendo.
-¿Qué le sirvo? –preguntó el mozo al periodista sentarse en una mesita al aire libre.
-Café cargado, sin azúcar –dijo LionHeart mientras hojeaba unos papeles. El mozo tomó la orden y se marchó.
Leo miraba las hojas y anotaciones, pero no les prestaba atención. Le daba tantas vueltas al asunto del periódico que empezó a cuestionarse si lo que había hecho era correcto. Pero reincidía una y otra vez en que lo hacía por el bien del proyecto y era necesario deshacerse de los que no mostraban interés o simplemente eran un lastre.
-¡Oh señor Heart! Menuda sorpresa –exclamó una voz amigable, femenina y coqueta.
El periodista no ocultó su felicidad.
-Señorita Rarity, que gusto verla –contestó.
En su corta estadía en Ponyville, Applejack y la modista Rarity habían sido con quienes había entablado más conversación, aunque la realidad era que con la unicornio trataba más de temas superficiales y relacionadas con el proyecto. No obstante su aparición en aquel momento de tormento le cayó como anillo al dedo… pero…
-¿No es muy temprano para acabar con las actividades del periódico? –preguntó ella.
"¿Me estará recriminando?" pensó rápidamente Leo que desde el día de ayer había estado a la defensiva. Pero a juzgar por sus ojos brillantes y la sonrisa que dibujaba ella, no.
-Cerré temprano el quiosco… perdón… el periódico- "Estúpido" se dijo a sí mismo. Y tras un breve silencio- ¿Deseas tomar asiento? Quedamos en tomar un café hace unos días-.
-Si lo recuerdo –sonreía Rarity mientras ocupaba el lugar de en frente.
"Lo recuerda, al menos no pasa de mí" pensó Leo con esperanza. Esperó que la unicornio se pusiera cómoda.
-¿Qué ocurrió, por qué cerraste temprano? –preguntó de repente.
-¿Hoy? Pues se ausentaron algunos miembros y cumplimos objetivos rápido, por lo que decidí darles un descanso –dijo Leo mientras acomodaba las hojas a un lado, un gesto intencionalmente planeado para demostrar que su interés estaba en Rarity- Ayer reorganicé un poco al personal y escogí a los ponis más aptos. Con ellos empezaremos a levantar el diario, ni bien reparen las máquinas de prensa y Twilight me traiga de Canterlot los contactos que necesito-.
-Eso escuché –dijo Rarity descansando un poco su cabeza sobre sus cascos.
"¡¿Qué escuchaste?!" pensó alarmado LionHeart, aguantando mostrar alguna reacción.
-¿Qué escuchaste? –preguntó, pero más calmadamente.
-Que despediste a muchos ponis, o bueno, si se le puede llamar un despido –dijo Rarity. Sin embargo, no parecía estar reprochándoselo- En serio, por lo que sabía todo estaba yendo de maravilla… o eso me dijo Twilight ¿Pasó algo?-.
"Quisiera contarte, preciosa. No sabes lo loco que estoy por buscar a alguien con quien desahogarme" a pesar de las numerosas conversaciones que sostuvo con Rarity antes, Leo no sentía la suficiente confianza. Quizás porque, a diferencia de Applejack, la unicornio aún no había descubierto esa parte "personal" que Leo se esforzaba en ocultar. Todo era ligeramente superficial. Quizás hubiera sido una buena idea abrirse a Rarity como lo hizo con Applejack, pero lo que menos quería era dar una impresión equívoca. No ahora con una situación incómoda.
-Tuve que retirar a los jóvenes que se portaron mal y no mostraban interés en hacer las cosas. Y las señoras pues… -Leo intentó pensar rápido- Digamos que a la larga no iban a ser de mucha ayuda y más iban a llenar la oficina. Eso ya lo había conversado con Twilight-.
-Ya veo –dijo Rarity con poca emoción.
El mozo traía el café, tiempo suficiente para que Lionheart piense como salir de esa. Si seguía hablando de contactos probablemente Rarity sentiría que la tratan más como algo útil que como una amiga.
-La señorita también, por favor –dijo el periodista muy cortésmente.
-¿Se va a servir algo, Madam Rarity? –preguntó el mozo.
-Si –respondió Rarity entre risitas- Un té de manzana, por favor-.
El mozo se volvió a retirar.
-¿Madam? –preguntó Leo intentando desviar la conversación, con un tono divertido.
-¡Oh! –exclamó Rarity como si de repente hubiera olvidado lo que habían conversado hace algunos segundos- Así me hicieron llamar algunas veces cuando me expandí como modista y escribía bajo el seudónimo de Madam Rarity-.
-¿Para el Express, verdad?-.
-Si, y también para una revista de modas –contestó la unicornio. Por un instante parecía muy entusiasta en contar más, pero algo la retuvo y le quitó los ánimos. Lionheart se dio cuenta- Estuve como columnista un tiempo-.
-Es genial eso. Muchos novatos en redacción sueñan con agarrar columnas y tardan un tiempo en que los periódicos y revistas les deleguen una –dijo Leo en un afán de levantar el repentino desgano de Rarity.
-¡Ah! Pero no lo hacía sola, ¿Recuerdas? –continuó- De hecho solo proporcionaba información. Tenía… alguien… que me ayudaba. Gramática, revisión de ideas, y esas cosas que a veces a uno se le escapan ¿No?-.
-Si por supuesto, pero lo importante es que elaborabas el contenido de las columnas. La experiencia sobre el tema es lo que vale ¿no?-.
-Cierto –rio Rarity- Me iba bien, pero lo dejé hace tiempo- E hizo un gesto con las patas que reforzaban lo dicho.
Leo no sabía si insistir o cortar el tema. Temía que la conversación con Rarity se corte. Tampoco quería hablar de superficialidades, y menos sobre el incidente de ayer. "Cortar o Insistir, cara o sello… *Plink*… Insistir" pensó velozmente como si se tratase de un juego de azar con monedas.
-¿Volverías a hacerlo?-.
Rarity de pronto lo miró con una cara de extrañeza que el periodista no sabía cómo interpretar.
-Digo. ¿Volverías a ser columnista? Yo te ayudaría naturalmente. Nos sería de mucha ayuda tener más contenido para el diario –se apresuró a continuar LionHeart- Es un periódico semanal. Por supuesto, si eso no te quita tiempo-.
-Para nada pero… -Rarity dudó- ¿De qué podría hablar? La revista para la que escribía columnas era especializada en modas, y ropa de… primera clase. ¿Lo entiendes, verdad?-
-Ciertamente no es el público al que apuntamos pero ¿Qué tal si escribes bajo otro seudónimo con recomendaciones de buen vestir para el público en general? Tips para el verano, Como vestir en tu primera cita, Etiqueta y curiosidades así-.
Rarity sonrió avergonzada mostrando sus hermosos dientes blancos como perlas. "Eso quería ver ¡Bien hecho leoncito!" pensó LionHeart con optimismo.
-Suena bien –dijo Rarity con un rubor en el rostro- Pero dame un par de días para pensarlo ¿eh?-.
Lionheart hizo un gesto de aprobación con la cabeza y extendió las patas a los lados.
-El periódico te dará la bienvenida.
Rarity sonrió, aunque no por mucho tiempo.
-En serio espero que te vaya bien –dijo de pronto ella con cierta melancolía- Las cosas aquí puede que sean distintas a lo que piensas. Supe de tu pequeños altercados con los chicos. Twilight me lo contó antes de ir a Canterlot-.
Lionheart sintió que quería golpear la mesa "¡Genial! Pensará que soy un hipócrita ahora" pensó con rabia "A mala hora se me ocurrió no contarle sobre eso" se limitó a morderse la lengua. El mozo llegó como un pitido de tercer tiempo, dándole el té a Rarity, y algunos pequeños segundos a Lionheart para pensar cómo salir de esa. Pero mientras más veía a la unicornio ponerle azúcar a su bebida y mover la cucharita con magia, más ansioso se ponía-.
-Quizás sea raro para alguien de la ciudad –balbuceó de pronto Rarity arrojándose la crin hacia un lado. Sorbió un poco de té- Lo sé. Yo misma me sentí desubicada en varias ocasiones. Twilight también pasó por ello. Pero todos encajamos de algún modo u otro. Recuerdo que ella no encajaba en la limpieza de invierno, pero al final logró organizar el trabajo y todo fue más eficiente-.
"Claro, y que me tomen el pelo cada sesión y que carezcan de nociones sobre diagramación, fotografía y redacción encaja perfectamente en un periódico. Quizás sean excelentes pisapapeles" pensó LionHeart con un poco de rabia, pero que escapó por su boca como un largo y penoso suspiro.
-No todas las flores de manzano florecen –dijo Lionheart- Algunas ni siquiera abren sus pétalos-.
-¿Eh? –preguntó Rarity extrañada.
-¡Ah, nada! –se apresuró en decir Lionheart- Se me vino a la cabeza algo que me dijo Applejack cuando andábamos por la escuela secundaria buscando voluntarios… ¿Cómo dijo? "La juventud es como las flores de manzano. Tan linda y tan corta que pronto se convierten en frutos que deben ir madurando"-.
Rarity soltó una agradable risa.
-Esa Applejack y sus frases-.
-Vaya que sí, es una chica muy… peculiar-.
-Muy optimista, luchadora, servicial –prosiguió la unicornio. Hizo una pausa y sorbió té- Pero creo que en tu grupo si habían algunas flores que no florecieron-.
"¿A qué viene eso?" se preguntó Lionheart, y de pronto recordó a las tres ponis sin cutiemark.
-Pero a veces es cuestión de tiempo, no todas las flores que no florecen se perderán. Algunas tardan más, les es difícil –dijo Rarity con inspiración- pero si les das el cuidado y la atención, verás que hermosa es-.
LionHeart se quedó mudo un breve instante, lo suficiente para dejar notar que había sido "vencido" en un diálogo.
-Me dejas sin palabras, Rarity –se apresuró a decir con voz suave y firme- Pero ya se tomó una decisión, las cosas son así. Realmente fue complicado, no creas que no-.
-Lo comprendo. Sé que lo que hiciste fue por el bien del proyecto –contestó la unicornio, terminando su té-
Había algo de decepción en la voz de Rarity, pero a la vez de comprensión. Sin embargo LionHeart sabía perfectamente que si ella hubiese sabido que pesaba más una cuestión de orgullo y dignidad personal en aquella decisión, la conversación hubiera tomado un rumbo distinto menos agradable.
-Gracias, Rarity.
-Espero que tengas suerte- dijo la unicornio, y en ese instante hizo un esfuerzo en brindar una cálida sonrisa al abatido LionHeart- Pensaré sobre la oferta que me hiciste-.
Lionheart sonrió "Parece tan maternal ¿Será siempre así?" se preguntó Leo "Cuando la vi bajar del carruaje parecía más un tanto chiflada y parlanchina". Sin mucho más que decir salvo un intercambio de números de contactos, Leo y Rarity se despidieron. El periodista dejó que su acompañante pague por su bebida aunque bien hubiera podido él pagar por los dos "Ya fui lo suficientemente cretino hoy como para empeorarlo" pensó. Flirtear no estaba en su cabeza en aquel momento, aunque Rarity era muy bonita. La vio alejarse meciendo su bella y rizada cola violeta hasta que se perdió la vista. Encendió un cigarrillo y se fijó en la hora.
-¡Maldición! –exclamó. Había olvidado que alguien lo esperaba.
Llegó a la escuela cuando recién había fumado la mitad del porrito. Afuera había un poni regordete de piel gris y crin negra que brillaba por el aceite. De hecho olía como tal. Vestía overol amarillo y sobre el lomo un equipaje lleno de herramientas
-¡Lionheart! ¡Cuánto tiempo! –exclamó el poni.
-Disculpa la demora, Beto. Estaba tomando un café con una amiga-.
-¡Uyuyuy! ¿Consiguiendo amigas tan pronto? –Beto soltó una gran risotada.
-No, no… no de ese tipo –contestó Lionheart sin el ánimo que hubiera deseado. Aunque el buen Beto si parecía haberlo asimilado de buen humor.
-Bueno, ¿Dónde está esa Rotarpress? Mira que hacerme venir desde Manehattan por eso.
-De hecho son dos, la 90 y la B73 si puedes hacerte cargo de ambos sería estupendo, viejo-.
-¡La B73! ¿No podías conseguir un fósil mejor?
-Beto por favor.
Ambos rieron como los dos colegas que eran, pues Beto se encargaba del mantenimiento de las máquinas de prensa de un periódico en Manehattan donde Leo trabajó antes de dar el salto a la televisión.
-Guíame –dijo él.
Ambos ponis se dirigieron a la parte de atrás de la escuela. Lionheart charlaba con Beto con el ánimo recobrado que no se había dado cuenta que la puerta estaba abierta. De eso se daría cuenta luego cuando descubrió que la oficina estaba hecho un completo desastre.
-¡Por la crin de mi abuela! ¿Qué pasó aquí? –exclamó Beto.
La magnitud del desastre se medía en la sorpresa del poni reparador, cuyos talleres se veían menos desastrosos que el lugar. Lionheart se paseó observando estupefacto el suelo totalmente cubierto con las hojas rasgadas de todos los periódicos y apuntes que en esos días había juntado. Las carpetas estaban tiradas y la pizarra manchada con tinta negra. No era para pensar que fue un tornado o una manada de gatos salvajes, puesto que alguien había mojado bolas de papel con pegamento y las había las había tirado contra la pared.
-No… no lo entiendo –dijo el periodista pensando en que el problema no podía ser peor. Inmediatamente pensó en que era obra de los terribles de tercero y la poni Scootaloo en busca de venganza. Pensar eso lo irritó mucho- ¡Han ido demasiado lejos esos ponis!- protestó.
-Tranquilo viejo, al menos las rotarpress no parecen haber sufrido más daños –intentó calmar Beto, quien no se quitaba la sorpresa.
Ciertamente, las máquinas estaban en su sitio, aunque también cubiertas de trozos de papel. Leo ordenó a su amigo a que empiece con las reparaciones mientras él, con pocas esperanzas, buscaba en los cajones algo que pudiese rescatar de contactos o apuntes. Estaba verdaderamente furioso… pero también asustado. Y lo estuvo aún más cuando dentro encontró varias notas que decían en tinta roja:
"¡Muerete!" "¡Lárgate y no vuelvas!" "¡Asqueroso patán!"
Lionheart intentó reconocer la letra, pero su mente estaba en blanco. Cuando de pronto escuchó unas pisadas.
-¡TU! –gritó a viva voz una furiosa Rainbow Dash quien se veía muy agitada.
Lionheart apenas tuvo tiempo de reconocerla pues la pegaso se aventó furiosamente sobre él y lo estampó sobre el suelo con una fuerza que el periodista no había sentido desde su última pelea con los pandilleros de su barrio.
-¡Rainbow Dash! ¡Detente! –chilló la voz de Twilight, pero enseguida se oyó el grito de horror al ver el lugar hecho un desastre.
-¡No! ¡No me detendré Twilight! ¡No delante de este sujeto! –vociferaba la pegaso- ¡Pensé que no era tan estúpido para meterse con algo así!-.
-¡Dash! ¡Estoy decepcionada también! ¡Pero no puedes violentar contra él! -.
"Me defiende por primera vez, pero sigue disgustada" pensó Lionheart resignándose a lo que más temió toda la tarde. La furiosa pegaso tenía su hocico muy pegado a él y se sentía sus respiros. Estampó las patas contra el suelo y se retiró. El periodista se reincorporó lentamente pues el dolor era más de lo que pensaba y le dolía la pata. En seguida vio que tras de Dash y Twilight se acercaban las demás ponis: Pinkie Pie, Applejack, Rarity y Fluttershy. Beto se había asustado tanto que se escondió detrás de las Rotarpress.
-No era necesaria la embestida, Rainbow Dash –dijo Leo.
-¡¿Quién te crees tú que eres para juzgar a los demás así?! –volvió a vociferar la pegaso.
-¡Dash! –chilló Twilight.
El ambiente enmudeció salvo por el respiro agitado de Dash. Lionheart se adelantó en culparse a sí mismo de inoportuno, pero si no empezaba él y dominaba el ambiente, todas se le vendrían encima. Puso un gesto burlón y levantó los hombros.
-¿Quién me creo? El juramentado Director del Foal Free Press, creo-.
Dash estuvo a punto de embestirlo nuevamente pero Twilight se adelantó y la detuvo.
-Señor Heart, eso no le da el derecho a usted de juzgar a los demás-.
-Twilight, si te refieres a la expulsión de varios miembros del equipo, creo que ya te había comentado que lo haría si fuese necesario-.
-Entiendo su preocupación por los progresos y el comportamiento de los ponis que estuvieron durante los tres días de evaluación… aparentemente programados por usted sin que yo lo supiera. Entiendo que ha tenido malos momentos y sin embargo le exigí un poco de paciencia-.
"¿Poco?" Ahora era Lionheart quien sentía su sangre hervir.
-¿Pero? –preguntó.
-Pero de ninguna manera permito que tome decisiones como expulsar miembros reclutados en mí ausencia. Y más molestia me provoca que se haya dirigido a ellos como inútiles-.
-Un momento, un momento –se adelantó a decir Lionheart- yo en ningún momento...
-No se excuse. Junto a las demás ponis he recogido evidencia que usted se comportó de esa manera. Estoy sumamente decepcionada-.
Lionheart, literalmente, se sentía frío. Curiosamente ardía en calor por la rabia. ¡Nada de lo que decía tenía sentido! Y le irritaba el tono pedante de la voz de la unicornio. Pero eran seis contra uno, Beto no contaba pues seguía escondido. Leo paseó rápidamente su vista sobre el resto de ponis. Applejack y Rarity estaban sumamente sumergidas en la sorpresa, y posiblemente, también la decepción. Pinkie Pie se veía preocupada como nunca. Dash parecía que iba a embestir en cualquier momento si él se atrevía a decir algo. Y Twilight imponía su molesta autoridad.
-Le diré una cosa, señor Heart. Yo también pensaba en esto como una prueba. ¿Cree que he sido desconsiderada al ver cómo era tratado? -.
"¡¿Guau?! ¿Era tan difícil decírmelo antes, muñeca?" pensó Leo irritado.
-Esto es Ponyville, y las cosas aquí empiezan por la amistad –prosiguió Twilight- No dudo de su profesionalismo, pero ello no es suficiente. Quería ver hasta qué grado de integridad con los demás podía llegar usted porque no me sentía segura si llegaría a entender con quienes trabajaba-.
"Sorpréndame" pensó decir, pero se limitó a asentir con la cabeza.
-Quizá no lo sepa pero muchos que aquí vinieron aquí han tenido una vida dura –contó la unicornio- Charlotte perdió a su esposo hace poco y se mete en cada actividad para distraer su mente. Igual que la vieja Fawn, sus hijos la abandonaron cuando cumplieron mayoría de edad. Rosaline acaba de salir de un tratamiento muy serio y solo buscaba ser de utilidad para la comunidad. Había mucha buena fe de parte de varios ponis que aquí se encontraban-.
"Cielos, pensé que abriríamos un periódico, no un asilo" pensó Lionheart al escuchar las declaraciones de Twilight.
-Y Scootaloo, Twi… Scootaloo-.
-¿La pegaso rebelde?
-¡La "inútil" quizás te parezca más familiar! –protestó Dash.
"¡Ahí vamos de nuevo!" Lionheart dio un resoplido de cansancio-¡¿Y qué si lo es?! –exclamó Lionheart severamente irritado
Hubo un silencio sorpresivo, y esta vez Twilight no intervino y dejó que Dash se estampara contra Lionheart por segunda vez. Sin embargo los ojos de la pegaso de crin arcoíris estaban llenos de lágrimas.
-¡Scootaloo es mi protegida! ¡Y es lisiada, imbécil! ¡Lisiada! ¡No puede volar, si es que no entiendes esa palabra! –Dash abofeteó a Lionheart con ojos empañados- Su gran sueño de ser corredora aérea se truncó-.
Lionheart se quedó mudo. La culpa lo consumió rápido, pues no se había dado cuenta de eso. Él y su poder observador. ¡Claro! Nunca había visto a aquella joven pegaso volar. Fijó su vista en Rarity y ella lo miró con cierto desapruebo, pero con algo de compasión. Había entendido por qué ella le dijo aquellas palabras durante el café.
-Está frustrada –intervino Applejack con cierta pena- Lionheart, si hubiese sabido que…-.
-Gracias Applejack, déjame tomar esto a mí –dijo Twilight.
"Aquí se acabó todo" pensó Lionheart, y aunque no quería admitirlo, tenía ganas de llorar. Por un lado lo abrumaba la compasión por la pequeña Scootaloo, ni si quiera por las señoras ponis, para él sus vidas ya no podían empeorar. Pero por otro lado, lo devoraban unas ganas de llorar por impotencia.
En su lugar, dejó escapar una risa.
-¿Eso es todo? ¿Nada más? ¿Tanto lío por una PALABRA? ¿Por no darme cuenta de los dramas de los demás? O sea, ¿Yo no he sufrido tal vez? –sus palabras fluyeron con tal sinceridad que recobró la compostura y se postró delante de ellas- Cinco años en la universidad, ocho en el negocio. ¡Trece años! ¡Número de mala suerte! ¡¿Quién lo diría?! Toda una vida profesional manchada en una semana en un pequeño pueblo donde el criterio sobre cómo llevar un proyecto superpone la amistad sobre las habilidades personales! ¡Tengo el cuerpo hecho mierda, la cara ardiendo y la reputación destruída… y todo porque no me "digné" en ser el amigo de un grupo de ponis autocompasivos! ¡¿Qué me han creído que soy?! ¡¿Un cuidador de ancianos o rehabilitador de lisiados?!-.
-¡Cállate! –vociferó Dash. Pero quien dio la bofetada fue Twilight.
Hubo un largo tiempo de silencio incómodo. Lionheart sintió como le ardía todo el rostro, aunque no más que su rabia.
-No puedo creerlo –dijo Twilight- Primero se comporta como un cretino con todos esos ponis, y ahora con nosotras. No es más que un…-.
-Me disculpo si acabo de ofenderla, Twilight –Interrumpió Lionheart con aparente serenidad- también me disculpo con las demás aquí presentes, y con el señor Beto que vino a reparar las Rotarpress-.
Hubiera sido gracioso ver que las ponis recién se percataban de la presencia del reparador, pero no en aquel momento. La tensión reinaba en el pequeño y desastroso local del Foal Free Press.
-Perdí los papeles… de acuerdo… júzguenme al menos de algo que sí han escuchado salir de mi boca directamente. Pero hablando en serio, señoritas –dijo el periodista y respiró hondo- ¿Creen… realmente… ustedes…? ¡¿Qué soy tan imbécil como para decir esas cosas sin sentido?! ¡¿De dónde sacaron esas patrañas?! ¡¿A quién fueron a preguntar?! ¡¿Creen que hubiera llamado "Inutil" a alguien tan abiertamente?!-.
Aquello tomó por sorpresa a las ponis.
-¡Por el amor de los dioses! –protestó Lionheart aguantando el fuerte impulso por patear el escritorio.
El silencio invadió nuevamente la sala.
-Lisiada… abandonada… viuda -murmuraba el periodista con el suficiente volumen como para que, al menos Twilight lo escuchara- ¿Habrán creído que uno no sufre también?-.
-Señor Heart –dijo de repente la unicornio con fastidio y cansancio- Ya tuve suficiente. Váyase-.
Luego de aquel impulso de valor para desahogarse, Lionheart sintió como el corazón se le estrujaba. Presenciándolo estaban Applejack y Rarity, a quienes recientemente había deseado conocer más. Sentía pena por Beto quien se había ganado con aquel bochornoso incidente. Lo que piense Dash o Pinkie Pie le daba igual. Lamentó fallarle a ponis que mostraban mucho potencial, como Featherweight, Truffle Suffle, incluso Applebloom y Sweetie Belle. No entendía cómo sucedió todo, pero estaba hecho. En el rostro de Twilight se leía claramente el "Váyase". Lionheart se fue en silencio, sin recoger absolutamente nada.
"Qué más da" pensó "A fin de cuentas, nunca tuve nada aquí"
Continuará...?
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Saludos estimados lectores. Los que hayan seguido esta novela posiblemente ya hayan olvidado todo sobre ella, y yo también.
La decisión del protagonista, LionHeart, definirá si esta novela continua, o termina aquí. Eso lo dejo en suspenso y juicio de vosotros. Los deseos que tenía de culminarla se han visto postergados por diversos motivos, varios de ellos tienen que ver con otros proyectos más importantes. Quizá el error más grande fue extender demasiado las situaciones que si "rusheara" (acelerara) lo que falta, sería fallarles a todos los que si han disfrutado de esta novela en su extensión real.
Este capítulo en especial se perdió cuando ya tenía el 90%, así que prácticamente lo empecé de cero nuevamente debido a mis vacaciones que no he tenido hace años. Espero que lo hayan disfrutado y también espero su feedback.
Quizá sea el fin, y de ser así les confesaré algo. La necesidad de escribirlo antes era alta pues planear la historia me sirvió como una catarsis ante unas situaciones complicadas de mi vida sentimental (más que profesional). Tiempo después, ya habiendo abandonado el fandom brony y superado aquellas idioteces de universitario, el planeamiento fue más calculado y convertido en lo que han leído hasta ahora.
Me despido lectores, espero poder culminar la historia con el final real. Que créanme, todo el arco argumental es inesperado.
Sayonara!
Gargo!
