Disclaimer: Naruto no me pertenece, de ser así, posiblemente hubiera hecho un mejor final y no hubiera seguido explotando la franquicia.

Aclaraciones: Creo que se me pasó mencionarlo en el capítulo pasado, así que lo aclaró: en este fanfic Deidara es mujer, así que nop, no hay ItaDei yaoi, sorry(?). Además, puse que faltaba una semana para la boda de Itachi cuando en realidad eran dos. Ya lo corregí, disculpen esa falla mía.

Ahora sí, pasen a leer.


De como un mujeriego cayó ante el amor...

o el paso a paso de cómo Uchiha Sasuke terminó enamorado.

.

.

.

.

.


IV. La ley de Murphy.

Sasuke estaba cabreado. Y Sasuke muy rara vez se cabreaba.

Podía contar con los dedos de ambas manos las veces que se había cabreado de verdad a lo largo de sus diecinueve años de vida. No iba con su personalidad enfadarse seguido. A él le gustaba ser relajado, enfrentando los problemas con una sonrisa tranquilla y pícara, sin preocuparse en demasía por los diversos retos u obstáculos que ocasionalmente la vida se empeñaba en ponerle. Sin embargo, como todo ser humano, tenía sus momentos de enfado, como la vez que su hermano lo engañó haciendo que se disfrazará de una princesa a su tierna edad de ocho años –que conste aclarar, se vengó años después, tirando "accidentalmente" uno de sus horrorosos libros Icha Icha-.

Mas ahora, mientras entraba al restaurante de fideos empapado de pies a cabeza, jamás se había sentido más enojado, enfadado, cabreado, encolerizado y demás sinónimos que terminaran en ado. Oh, pero no era su culpa, él realmente se había levantado con el mejor humor del mundo. ¿¡Quién no podría, al saber que esa misma noche iba a salir con el chico más candente que hubiera conocido en toda su vida?!

Su día inicio bien. Se despertó con una sonrisa de oreja a oreja, estirándose cual gato para luego quitarse las frazadas de encima y levantarse con todo el ánimo del mundo. Sin embargó, debió sospechar que algo iba mal cuando no analizo que su despertador no fue el que lo despertó.

Fue a su baño e inicio su extenso ritual matutino de "embellecimiento"(*) y estuvo poco más de medio hora allí, duchándose, luego acicalando su cabello, cepillando sus dientes y perfumándose. No fue sino hasta que salió del baño y empezó a vestirse que se le ocurrió ver la hora en su celular. Casi se va de espaldas. ¡Eran las diez con cincuenta de la mañana! ¡Su primera clase comenzaba en diez minutos!

Apenas alcanzando a colocarse su usual chaleco morado y terminando de abrocharse el pantalón, tomo su mochila –que estaba encima de su escritorio- y salió disparado a la puerta.

No fue sino a medio camino que recordó que tenía un auto, y quiso abofetearse por eso. Tan acostumbrado a caminar –ya que la Universidad no estaba realmente lejos, solía llegar en veinte minutos caminando- que lo olvido. Sin embargó, ya llevaba un buen tramo corriendo y regresar por su auto hubiera sido un desperdicio invaluable de tiempo. Así que siguió su carrera, rogando porque el profesor Iruka llegará por una vez en su vida tarde a la clase.

Sin embargó, la suerte no estaba de su lado.

Llegó a las rejas de la enorme institución educativa a las once con cincuenta y ocho minutos, dejándolo con dos minutos para llegar a su edificio y salón. Agradeció su excelente condición física y corrió a todo lo que daban sus piernas. Sin embargó, estando a unos metros de su edificio, su séquito de fans apareció y empezaron a llamarlo, buscando sus mimos. Intento ser lo más amable posible, alegando que llegaría tarde a sus clases y que les daría de su tiempo en otro momento, pero se lo tomaron a mal, ¡hasta el punto que empezaron a jalonear su ropa amenazando con romperla! Cansado y acelerado como estaba, huyo a duras penas de sus chicas, escuchando a los lejos como algunas reclamaban su manera tan grosera de marcharse. ¡Jamás se había dado cuenta que tan locas podían llegar a ser las mujeres!

Lamentablemente, cuando llegó a su salón, todo sudado, con el cabello hecho un caos y su ropa desacomodada, Iruka ya se encontraba allí, mirándolo con esos ojos de cazador a punto de devorar a su presa. Decir que no pudo entrar a su clase era obvio.

Se pasó el resto de la hora en el baño, tratando de arreglar el desastre que era su apariencia lo mejor posible, lamentándose en su fuero interno, ya que sabía de sobra que Iruka-sensei le pondría no un retador, sino una falta. ¡Su impecable expediente de asistencia se vería manchado!

Sin embargó, se convenció a si mismo que ya lo peor había pasado y que quizás podría hablar con Kakashi-sensei para que convenciera a su aterrador profesor de no manchar su expediente con ese pequeño retraso. El hiperactivo hombre de máscara siempre lograba convencer a su moreno profesor, aunque no sabía cómo. Iruka-sensei era alguien que se caracterizaba por ser frío, calculador y muy intimidante (**). Pero debía pensar positivamente, después de todo, necesitaba estar de buenas para su cita. Sonriendo alegre, pensó que su día iba a mejorar.

…que ingenuo.

A la hora del almuerzo, fue a la cafetería a comprar su ensalada de tomate cuando se dio cuenta que no traía su billetera. La busco en su mochila, pantalón y chaleco, pero nada. Y cuando creyó que quizás la había dejado caer en su carrera contra el tiempo, recordó que por las prisas la dejó olvidada sobre su mesa de noche, donde solía colocarla siempre.

Resignado, se hizo a la idea de que comería hasta la hora de su cita. El pensamiento le hizo animarse un poco, estaba teniendo un día algo complicado, pero nada que no pudiera manejar. ¿No es como si las cosas pudieran empeorar, verdad?

Deseo haberse equivocado.

Apenas pensó eso, levantó la mirada a una de las múltiples ventanas de la cafetería y notó que poco a poco las nubes empezaban a oscurecerse. Se obligó a tranquilizarse, ya que estaban a mediados de verano y era poco probable que lloviera. Sin embargó, media hora después una lluvia torrencial se desató sobre toda Konoha, haciendo que un tic nervioso se apoderara de su ceja derecha.

—Tranquilízate, Sasuke —se dijo, convencido que la lluvia bajaría a la hora de salida.

Dos horas después, exactamente a las seis de la tarde, se podía ver a un Sasuke echando humo por las orejas mientras corría a toda prisa a su departamento. La lluvia no había bajado ¡incluso juraría que había empeorado! Pero no tenía un paraguas a la mano ni dinero para pagar el autobús. Espero cerca de quince minutos a que la lluvia bajara, pero ya que no fue así, se resignó a correr bajo el diluvio hasta su hogar.

Derrapando, llego a su edificio, empapado pero ileso. Finalmente Sasuke pudo respirar tranquilo, pensando en darse una rápida ducha, ponerse su mejor ropa y usar esta vez su auto para llegar a tiempo y seco a su cita.

—Nada me puede arruinar esto—masculló, determinado, mientras subía las escaleras. Sacó la llave y abrió la puerta de su departamento.

Y entonces se arrepintió de haber dicho eso. Porque, apenas abrir la puerta, lo que vio hizo que deseará quedarse ciego. Un sin número de tics se posaron en su ojo derecho.

—¡Lárguense a un hotel o esperen a la luna de miel, depravados!

—¡Esa no es manera de hablarle a una señorita, hum!

Deidara le gritó, tapando a duras penas su desnudez con uno de los cojines del sillón, mientras Itachi solo atinó a subirse el pantalón.

—Sasuke —habló el Uchiha mayor, intentando aparentar que no estaba tan avergonzado como en realidad se encontraba..

—No. Digas. Nada —siseó el menor, tapándose los ojos con una mano mientras caminaba a tientas a su habitación— ¡Solo hazme el favor de avisar si te vas a poner a follar con tu novia en mi casa! —reclamó, chocando al instante con una pared. Gruñó por el impacto, pero siguió avanzando a tropiezas a su cuarto—. ¡Tengo una cita, así que espero no sigan haciendo eso en mi sala cuando me vaya!

—¿Entonces en tu habitación? —replicó la rubia, sonriendo de lado al escuchar el portazo que dio el menor al cerrar su puerta.

—¡Púdrete, rubia teñida!

—¡Es natural!

Y luego de eso, se cambió lo más rápido que pudo, tomó su billetera y, sin molestarse en ver su apariencia, salió de su cuarto a paso rápido, ignorando las disculpas de su ya vestido hermano y los reclamos ante su interrupción de Deidara.

De tan rápido que se fue, olvido la lluvia torrencial que había afuera, al igual que su auto, sin embargó aquello le importo una reverenda mierda y se fue caminando hasta llegar a una parada de autobús. Espero cerca de veinte minutos hasta que el dichoso vehículo apareció y se subió con una cara que hasta asusto al chofer. Luego de quince minutos de recorrido, se bajó en la plaza central y camino hasta el dichoso restaurante.

Y así, cabreado, empapado de pies a cabeza, con diez minutos de retraso y un humor peor que los mil demonios, fue como lo vio Naruto, apenas poner un pie dentro establecimiento.

—¡Oh por Dios! ¿¡Qué te paso 'tteba?! —cuestionó el rubio, preocupado, levantándose de su mesa al verlo llegar y caminando hasta colocarse frente a él.

Gruñó, apretando los dientes y frunciendo el ceño. Sus puños se apretaron y el rubio, notando lo tensó que estaba, lo tomó de un brazo y lo encamino a su mesa, ignorando la mala mirada de los meseros ante el charco de agua que dejaba el azabache a cada paso que daba.

Una vez ambos sentados, Naruto lo miró, frunciendo las cejas con preocupación al ver cómo el contrario pareció gruñir cosas inentendibles entre dientes.

—Sasuke… ¿estás bien?

Y, con esa simple pregunta, Sasuke por primera vez en mucho tiempo, explotó.

—¿Qué si estoy bien? —rió sarcástico, preocupando más al rubio—. ¡Claro que estoy bien! ¡Fue un día glorioso! —gritó, extendiendo sus brazos a todo lo largo—. ¡Primero me levante tarde ya que mi estúpido despertador al parecer se averió, haciendo que no pudiera desayunar! ¡Llegue tarde y mi querido profesor no me dejó pasar! ¡Falte a una clase por primera vez en mi vida! ¡Eso dejará una mancha en mi expediente perfecto! ¡Luego descubro que olvide mi billetera y me quede sin almorzar! ¡Para finalmente tener que correr de vuelta a mi casa con una lluvia como sacada de Jumanji(***) y encontrarme la grata sorpresa de ver a mi hermano teniendo sexo con su novia en mí sala! ¡POR SUPUESTO QUE ESTOY BIEN!

Respiró agitadamente, mirando la cara sorprendida de él rubio frente a él, sabiendo al instante que sus gritos se oyeron en todo el restaurante. Llevo ambas manos a su cabeza, bajando la mirada hasta el piso, analizando lo que acababa de hacer. ¿Qué mierda le pasó? ¡Le había gritado a Naruto!, ¡en su primera cita! Cerró los ojos, demasiado apenado como para mirarlo. Si el chico no lo había mandado a la mierda con su precipitada invitación y coqueteo cuando lo conoció, estaba seguro que ahora si la había cagado.

Espero paciente que Naruto le gritara de vuelta, que lo insultará o que se marchará del restaurante, indignado. Sin embargó, a los pocos segundos sintió algo cálido pasar alrededor de sus húmedos cabellos. Levantó la mirada y giró la cabeza la cabeza a un lado, notando que Naruto había empujado su silla para sentarse a su lado y su mano era lo cálido en su cabeza.

Confundido, parpadeó un par de veces, alternando la vista entre la mano en su cabeza y la sonrisa comprensiva del contrario.

—¿Ya te sientes mejor? —preguntó calmado, sin dejar de mirarlo con esa calma que parecía arrullar a su alma, bajando su mano hasta posarla en su hombro húmedo.

—La verdad, sí… —murmuró, bajando la mirada—. Lo siento mucho—agregó, tragándose su orgullo—. No debí haberte gritado esas cosas, no fue tu culpa nada de lo que me paso…

—Sí, pero hey, todos a veces podemos tener un día de mierda ¿no? —se encogió de hombros, despreocupado, dedicándole una brillante sonrisa—. Además, mi mejor amiga es sumamente explosiva y posesiva, así que estoy acostumbrado a lidiar con este tipo de cosas.

Sasuke sonrío un poco, tomando la mano que descansaba en su hombro, apretándolo, en un silencio gesto de agradecimiento que el otro entendió.

—Entonces, ¿eso significa que podemos seguir con nuestra cita? —comento pícaro, curvando las cejas en un movimiento sugestivo que hizo enrojecer ligeramente al rubio, provocando que su sonrisa se ensanchara.

—Cállate, gruñon —le contestó, quitando su mano del hombro ajeno, haciendo un puchero con sus labios. Sasuke resistió el impulso de apretar sus mejillas ante tan adorable gesto.

—Claro, cielo —le guiñó un ojo, provocando que el aludido rodará los ojos.

—No me llames así.

—Lo siento, cielo, pero por ahora, ese apodo bien contigo. Te seguiré llamando así hasta que encuentre uno mejor.

Naruto bufó, cruzándose de brazos, sin embargó la molestia desapareció de su semblante al instante en que divisó al camarero pararse a un lado de su mesa, listo para tomar su orden.

Sasuke sonrió y se dijo que, al final, su día no había sido un completo desastre.


V. What's this feeling in my chest?

—Entonces, ¿eres repartidor de pizza?

—Sep, de tiempo completo. Voy a entrar a la Universidad dentro de poco y necesito tener dinero ahorrado para mis futuros gastos—bebió un sorbo de su malteada, disfrutando la sensación del líquido frío y dulce recorrer su garganta.

—Vaya, y yo que creí que eras un mocoso —le picó, haciendo que su rubio acompañante le mirara mal.

—Para tu información, cumpliré diecinueve este año 'ttebayo.

—¿En serio? ¿Cuándo?

—El diez de octubre.

Las cosas, contra todo pronóstico, habían marchado más que bien. Luego de aquella primera cita, donde se la pasaron platicando detalladamente del pésimo día del Uchiha y cómo iba a planear su venganza contra su hermano y cuñada, Sasuke al final le pidió al rubio su número telefónico, cosa que el otro acepto, no sin algo de timidez de su parte.

Era extraño, a pesar del comienzo tan raro y una primera cita que solo presagiaba desastre, ahora, luego de haber hablado a través de mensajes por casi una semana, compartiendo anécdotas irrelevantes y discutiendo de cualquier otro tema en el que discordaran, hablando de todo y nada en esa pequeña cafetería donde el rubio había insistido en ir –ya que era su día de descanso- se sentía bien, natural, como si fueran amigos de toda la vida. Claro, quitando que a los amigos no se les coqueteaba ni se les dice lo hermosos que son sus ojos azules.

Para Sasuke, todo era nuevo. Jamás se había sentido tan cómodo con alguien, ni con sus amigos más cercanos como Shikamaru, Neji, o Sakura, ni con su séquito de fans. Era como si Naruto lo transportará a otro mundo y le transmitiera un cálido sentimiento con solo oír su voz, ver sus brillantes ojos azules o sentir la suavidad de sus dedos cuando rozaba su mano "accidentalmente".

Era un sentimiento demasiado nuevo, extraño pero confortable, tibio y bizarro, que a pesar de no saber darle nombre, quería seguir empapándose de el.

—Entonces, ¿tu hermano se casa la próxima semana?

La repentina pregunta le hizo salir de su burbuja mental, notando que Naruto lo miraba fijamente, el vaso de cristal donde antes tomaba su malteada estaba vacío y una expresión de curiosidad adornaba el moreno rostro.

Se dio una patada mental para espabilarse—. Sep, se comprometió con su novia, Deidara, el año pasado luego de casi cuatro años de relación. Sinceramente, no me esperaba que se casaran tan rápido. Pero es Deidara, la paciencia nunca ha sido su mayor virtud —respondió, rodando los ojos ante la mención de su cuñada.

—¿No te llevas bien con ella? —indagó cauteloso su acompañante, haciéndolo sonreír.

—Nah, así es nuestra manera de tratamos. Es como la hermana mayor que nunca tuve y jamás desee tener.

—Eso tampoco suena muy bien 'tteba.

—Con Deidara incluida en la oración, nada suena bien.

Su sonrisa se ensanchó al oír la carcajada del otro por su chiste. Eso también era algo nuevo que disfrutaba: provocar el mayor número de expresiones a Naruto. Si al inicio se sintió atraído por sus ojos y apariencia en general, ahora se sumaba a la lista sus expresiones: cuando hacía pucheros cuando algo le aburría o no conseguía lo que quería, como arrugaba la cara adorablemente cuando se enfadaba, sus sonrojos cuando le hacía algún piropo o el melodioso sonido de su escandalosa risa… todo eso lo cautivaba.

Sin notarlo, su expresión se dulcifico, hasta el punto que una suave sonrisa se formó en sus labios sin saberlo. Cuando estaba con Naruto, ni el mismo notaba los grandes cambios por los que pasaba.

—Hey… —le llamó el Uzumaki, sorprendiéndose al sentir el dedo índice de este en una de sus mejillas—. ¿Sabes? Creo que… deberías sonreír así más a menudo —repentinamente cohibido, alejo el dedo del blanco rostro y bajo su extremidad hasta posarla en su rodilla, desviando la mirada para evitar el contacto visual—. Siento que esa es tu verdadera sonrisa, no la de galán o travesura que cargas todo el tiempo —se rascó la nuca con su mano derecho, avergonzada. Prueba de ello era el ligero sonrojo en sus morenas mejillas.

Contra todo pronóstico, Sasuke sintió el calor acumularse en su rostro. Diablos, la última vez que recordaba haberse sonrojado tanto fue a sus quince años, cuando prácticamente lo obligaron a ver el álbum de fotos de su niñez con los padres de su cuñada y los suyos propios. Su corazón palpitó con fuerza.

¿Qué significa esta sensación?

—Wow… ¿no debería ser yo el que insista en ver tu bonita sonrisa de kitsune travieso? —dijo sin pensar, intentando sobreponerse de lo anterior dicho, cosa que logró. Recibió un golpe no demasiado fuerte en su hombro como respuesta.

—Idiota… —masculló el contrario, cruzándose de brazos, en un intento de que la vergüenza no lo dominara.

Sasuke lo observó detenidamente: las tres perfectas marcas en sus mejillas, el alborotado y rebelde cabello rubio, los resplandecientes ojos azules, la sudadera negra y naranja que se amoldaba perfecta a su figura, los tentadores labios… ahora que lo pensaba, Naruto sí que parecía un…

—Kitsune —chasqueó los dedos, sonriendo satisfecho ante su conclusión mental.

—¿Eh? —sin embargó, el aludido solo le miró con extrañeza.

—El apodo perfecto para ti —guiñó un ojo, aun sonriendo—. Kitsune, te describe a la perfección.

Alzó una ceja, frunciendo los labios en un puchero—. ¿Debería sentirme ofendido por eso dattebayo?

—Claro que no —sin vergüenza, lanzó un beso al aire en su dirección, haciendo que el rubio casi se atragantará con su saliva —. De hecho, siéntete especial, realmente siento que te queda bien. Eres tan travieso y enérgico como ellos —se encogió de hombros, como si lo dicho no tuviera importancia.

Por respuesta, Naruto no hizo otra cosa que patearle la pierna bajo la mesa, a lo que Sasuke soltó un gritito de dolor.

—¡Auch!

—Eres un idiota. Recuérdame, ¿por qué acepte salir contigo en primer lugar?

—¿Por qué soy irresistible y no pudiste hacer otra cosa más que ceder a mis encantos? —el bufido que obtuvo por respuesta no le desanimo en lo más mínimo, en cambio lo hizo reír entre dientes mientras sobaba con una mano su extremidad golpeada.

Sí debía que sufrir un poco de agresión a su persona con tal de ver ese bonito rostro deformarse en una graciosa y adorable mueca de enfado, lo asumiría con gusto.


VI. Una boda. O el comienzo del cambio en un mujeriego.

El día había llegado.

Parado a un costado de su hermano, vistiendo un elegante traje de etiqueta y una corbata azul cobalto, Sasuke lo observaba todo, desde las decoraciones alrededor de todo el establecimiento hasta las personas sentadas en aquellas elegantes sillas, en espera de la novia; a la madre de Deidara al borde de las lágrimas, los músicos, y finalmente el rostro de su hermano, tan estoico por fuera, pero sus ojos brillaban fuertemente, en espera de su amada.

Sasuke no pudo sino sentirse fuera de lugar. El ambiente, las personas, el lugar, aquel sentimiento que desprendía su hermano… lo sintió como algo tan ajeno. Él, un mujeriego de nacimiento, quien adoraba conquistar a diario todas las chicas que pudiera, no creía jamás tener algo como lo que su hermano encontró en Deidara: una pareja estable. Se le hacía tan utópico, ¿Cómo podrías pasar toda tu vida con una sola persona sin aburrirte? Era lo que no comprendía.

Sin embargó, al momento en que todos los invitados se pusieron de pie y la marcha nacional empezó, por un segundo, mientras observaba caminar a Deidara con su largo vestido blanco y del brazo de su padre, imaginó que los rubios cabellos de la chica se hacían más cortos, hasta apenas rozar su nuca y sin aquel flequillo en su rostro. El vestido paso a ser un esmoquin blanco y el rostro se tornó de un color más moreno con un par de adorable marcas en ambas mejillas.

Y tan rápido como vino, se fue.

Sasuke parpadeó al darse cuenta que Deidara ya se encontraba frente a su hermano, una permanente sonrisa plasmada en sus labios. Miró a Itachi, descubriendo la suave sonrisa que adornaba su faz. Su hermano lucía tan contento…

"Itachi, realmente te ves feliz…"

La ceremonia pasó demasiado rápido a sus ojos, divagando, cuestionándose, ¿en realidad era tan malo el matrimonio? Por muchos años, así lo creyó, prefiriendo sumergirse en el placer del libertinaje. Siempre tuvo claro que los compromisos ni el matrimonio estaban hechos para él. Jamás tuvo una "novia" ni nada formal, solo ligues y a su séquito de fans que lo idolatraban como si un Dios fuera. Creyó estar feliz así. Entonces… ¿por qué ahora se sentía tan… diferente? ¿Cómo si algo le faltará?

Sin darse cuenta, la ceremonia ya había finalizado, la pareja se estaba besando mientras los invitados aplaudían por la unión. Sin saber porque, se quedó observando a los recién casados.

Una vez los aludidos separaron sus labios, las miradas de ambos parecieron resplandecer a pesar del bullicio. Los ojos azules de Deidara y los negros de Itachi se miraron mutuamente, como si con ese simple gesto pudieran ver a través del otro. Segundos después, se separaron para ser felicitados por los invitados y sus padres. Fueron apenas escasos de contacto visual, pero ese mutuo intercambio de miradas provocó un revuelo en el interior de Sasuke. ¿Por qué? Se preguntó, mientras caminaba hacía la pareja.

—Bueno Aniki, ya quedaste amarrado de por vida. No me digas que no te lo advertí —burló al mayor, viendo con satisfacción como Deidara le miraba ceñuda.

—Estoy seguro que "estar amarrado" será una de las mejores experiencias de mi vida, hermanito —replicó sin embargó el mayor, logrando que su esposa le dedicará una sonrisa de autosuficiencia.

—Lo siento, Charasuke, tendrás que soportarme por el resto de tu vida, hum.

—Tendré que hacerme a la idea, rubia teñida.

—¡Qué es natural!

Sasuke rió ante el mohín de enfado de su cuñada. Sin embargó, rápido se recompuso y observo con una sonrisa a la pareja.

—Me alegra que estén juntos. Felicidades.

Si más, se retiró, queriendo llegar a la recepción lo antes posible para evitar quedarse a solas con sus padres. De tan rápido que se fue, no pudo llegar a observar las muecas de asombro de los recién casados.

"De verdad que estoy feliz por ustedes"


* Un ritual matutino de belleza. Yo lo hago todos los días (hago que mis hermanos se desesperen porque saben que me llevo como media hora allí XD) y siempre ha sido mi headcanon que Charasuke también tenga uno(?).

** Sep, Iruka aquí da miedo, como Ibiki. Se me hizo algo bastante gracioso ya que aquí las personalidades están al revés. ¿Se imaginan a Iruka siendo atemorizante y frío? XD

*** Si no conocen esta película clásica de los 90, hay tabla(?).

Bueno, lamento la demora. Realmente estuve más ocupada de lo que creí esta semana. Y eso que ya tenía la parte 4 escrita (así como la escena final de esta historia) pero las tareas me impidieron poder avanzar tan rápido como quería. ¡Y tranquilos! Eso significa que hoy mismo publicaré el final de esta historia. Me pondré a escribir como loca toda la tarde con tal de lograrlo(?).

Contestando reviews anónimos:

Ambos guest: ¡Muchas gracias! Aquí tienen la esperada continuación :D

Gracias por leer. Nos leemos al rato(?).

Cordialmente: Lina Okazaki