Nocturnos.

A Hikari le da miedo cerrar los ojos y Ken está cansado de las pompas de jabón.

Aclaración: Digimon y sus personajes no me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.

Advertencia: Alcohol y drogas. Puede que muchos encuentren OOC en los personajes principales pero mucho de ello se intenta justificar en la historia así que denle una oportunidad, de todas maneras ahí esta la advertencia: Lígero OOC. Además habrá mención de trastornos mentales.

Línea temporal: 2008, tanto Hikari como Ken tienen 17 años.


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Hikari llevaba sin ver a Ken Ichijouji por lo menos un año. Había escuchado cosas de él, claro está, Daisuke decía que Ken estaba pasando por una mala racha y que sus padres y Wormmon estaban preocupados, incluso sabía que habían sospechado de una nueva semilla oscura, sin embargo parecía que los problemas de conducta del chico estaban ligados más a su adolescencia que al Mundo Digital.

Hikari deseó que no se sentara a su lado porque lo último que quería era fingir amabilidad. Su escapada en tren había sido una manera de conectar con su soledad y su vacío interno, no para socializar y escuchar de la vida de alguien que sinceramente había dejado de importarle hace mucho tiempo.

Pero Ken parecía no pensar como ella.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó olvidándose de cualquier norma de cortesía.

—Insomnio. ¿Y tú?

—Es el aniversario de mi hermano —Dijo sin miramientos. —Y estoy buscando una manera de celebrarlo correctamente.

Tras observarla unos minutos en los cuales Hikari se mantuvo en silencio, Ken agregó.

—¿Vienes?

Hikari se encogió de hombros. Ken siempre había sido un chico reservado y tímido sin embargo ahora parecía que una fuerza extraña lo había poseído y había algo en él que había conseguido intrigarla. En aquellos ojos azules se encontraba todavía aquel Ken de pocas palabras pero ahora había algo más en él, una seguridad que no conocía

De pronto la golpeó el hecho de que probablemente sería él la única persona que podría llegar a entender el vínculo tan fuerte que estaba formando con la oscuridad y que nadie más parecía explicarse.

—Lo haré si contestas mis preguntas.

Ken asintió sin ninguna expresión en el rostro.

—Podría ser interesante.


Habían vuelto a Odaiba y sin decir ni una sola palabra Ken la había seguido. No había cuestionado ni a dónde ni porque y la razón era que no le interesaba. Siempre había encontrado a Hikari alguien misteriosa pero esto lejos de molestarlo le hacía sentirse extrañamente unido a ella a pesar de que no habían intercambiado palabras por años. Ella subió por la escalera de emergencia de un edificio y lo llevó hasta la azotea donde podía verse toda la maravilla de Odaiba en su esplendor. Edificios, luces, el enorme puente Rainbow, la imitación de la estatua de libertad y la gente. Pequeñas cabezas moviéndose rápidamente entre las sombras de la madrugada.

—Bienvenido al tercer piso de Odaiba —Dijo Hikari con una sonrisa fría. Aquella chica poco se parecía a la niña dulce y cariñosa que había conocido en su juventud, parecía que alguien había aspirado en ella toda la ilusión y había dejado un recipiente vacío.

—¿Qué hacías en el tren en la madrugada, Hikari? —Quiso saber Ken.

—Ya te lo dije, insomnio. –Contestó la castaña. —Además creí que eras tú el que iba a responder a mis preguntas no al revés.

Ken se estiró en el suelo y la miró con curiosidad. ¿Quién era esa chica cortante y que había de especial en ella que le parecía tan embriagadora?

—Bien, pregunta lo que quieras.

—¿La oscuridad te sigue persiguiendo Ken Ichijouji?

Aquella había sido una pregunta extraña. Primero pensó que se trataba de otra persona que asumía que la semilla oscura se gestaba en su interior y que a eso se debía sus últimos cambios de humor, sin embargo pronto se dio cuenta que no era así. La pregunta de Hikari era genuina y cómo tal se merecía una respuesta honesta, sólo que Ken no supo dársela de inmediato.

Sabía lo que era la oscuridad, estaba completamente familiarizado con el sentimiento de no pertenecer ni encajar en ningún lado, de ser diferente al resto, de no poder disfrutar de las cosas como los demás porque había esta sombra invisible torturándote en silencio y arruinando poco a poco tu vida.

—Sí –Finalmente dijo. —La oscuridad a veces me sigue acosando.

Hikari pareció sentirse más tranquila con esa respuesta pues sus hombros se relajaron y soltó un suspiro.

—¿Crees que todavía viva en mí el emblema de la luz?

—Nunca comprendí realmente al emblema de la luz —Tuvo que admitir Ken y entonces Hikari sonrió.

—Tampoco yo a decir verdad. —Dijo con un dejo de tristeza. —Sé que habitaba dentro de mí pero no es algo tan fácil de entender como el conocimiento o el valor, ¿No crees?

—Sí.

—Hoy ya no lo encuentro —Admitió la chica abiertamente. —Creo que la luz se ha extinguido y ha dejado penumbras, ¿Lo entiendes?

—Lo entiendo —Aseguró

Y realmente lo entendía mejor de lo que Hikari se imaginaba. Ella sacó un cigarrillo y él tuvo que fingir para no delatar lo increíblemente asombrado que se encontraba con esta nueva Hikari que acababa de conocer. No sólo había dejado atrás todo rastro de la niñez, sino que también había olvidado esa dulzura que solía caracterizarla. La jovencita que se encontraba con él en la azotea de aquel edificio no sólo era hermosa también era una chica oscura y triste. Alguien que podía darse cuenta, se encontraba hundiéndose en un abismo.

Alguien como él.

—¿Sientes que estás siendo devorada?

—Siento que hace mucho que entré a la boca del lobo.

—¿Cómo lo llaman tus padres?

—Depresión clínica. —Dijo rodando los ojos. —Con síntomas psicóticos, por supuesto o eso no explicaría las voces que me hablan entre las sombras.

Ken la miró lleno de incógnitas pero no hizo más preguntas sino todo lo contrario, guardó silencio y se concentró en tratar de leer esos ojos pardos.

Fue ella quien rompió el silencio.

—Esto debería ser una fiesta, ¿No? Por Osamu.

Y dicho esto sacó de detrás de una maceta rota una botella de ron. Ken detestaba el alcohol, le parecía algo que sólo alentaba tus sentidos y no te permitía actuar con libertad. Mucha gente se sentía libre cuando estaban borrachos pero para Ken eso era ser más esclavo que nunca. Sin embargo tras ver los ojos emocionados de Hikari se dio cuenta que para ella un par de copas sólo serían la manera de adormilar aquella terrible oscuridad tratando de comérsela.

—Salud, por Osamu —Chocó su vaso con el de ella y luego se lo tomó hasta el fondo.


Ken había resultado ser el mismo Ken Ichijoui de siempre, sin duda alguna.

La sonrisa tímida se había vuelto a asomar por sus labios cuando brindaron, seguía disculpándose rápidamente cuando te interrumpía por error y la manera en la que se movía con ella, con esa cautela y hasta cierto respeto, eran sin miramientos características que el viejo Ken poseía también.

Sólo que este chico frente a ella poco tenía del niño que recordaba a lo lejos. Era maduro y más fuerte, también más seguro y especialmente más impulsivo.

Y estaba lleno de sorpresas, como cuando había sacado de su bolsillo un cigarro de marihuana y lo había encendido con toda libertad. Ella miró curiosa y terminó por darle tres caladas que la habían hecho sentir como todos sus músculos se empezaban a relajar y la sonrisa comenzaba a tirar de su rostro, sus ojos se sentían pesados y todo era más luminoso y bello.

—A esto llamo yo una fiesta —Dijo Hikari entre risas y alcohol. —¿Sabes? No pensé mucho en ti en el último año, creí que estarías formando nuevas amistades y teniendo otros intereses. Creí que ya no tendríamos nada en común. Debí haber pensado en ti más, en qué estabas haciendo o en dónde te encontrabas. Has resultado ser una grata sorpresa, Ken Ichijouji.

De pronto su rostro se ensombreció.

—Estoy seguro que habrás escuchado cosas de mí —Musitó mirando al suelo. —No me molesta que no estén de acuerdo con lo que hago, realmente no tomé en cuenta sus sentimientos pero no tenía por qué hacerlo… ¿O sí?

Hikari lo meditó largos segundos.

—Supongo que si quisieras que ellos tomaran en cuenta los tuyos.

—No creo que puedan meterse con mis sentimientos aunque lo intenten —Replicó Ken y una amarga sonrisa se escapó de su boca. —Yo ya no siento nada.

Hikari pensó que el humo del cigarro de Ken había hecho que se mareara pero las palabras de Ken hicieron que todo se quedara quieto de pronto. Ella a veces creía tampoco sentir nada.

—¿Cómo lo llaman tus padres? —Dijo a modo de broma, pero él respondió.

—Sociópata.

Hikari se tensó de pronto ante estas palabras.

—No me lo dicen pero sé que lo piensan —Agregó Ken. —Sé que han hablado con terapeutas pero no me interesa. Aunque tiene cierta lógica ¿No crees? ¿Qué clase de niño de once años esclaviza y maltrata seres vivos por poder? Por más control maligno que haya sido no es algo que me haya costado trabajo realmente.

Ella comprendía aunque la situación fuese diferente había algo que los unía y eso era que se sentían inmensamente solos.

—¿Quieres seguir mirando al pasado toda tu vida, Ken?

—No hay nada que quiera menos en este mundo.

Ella se puso de pie y estiró su delgada mano hacia él mientras Ken la miraba extrañado, se notaba claramente que no le gustaba que lo tomaran por sorpresa.

—Entonces bailemos.

Él se negó repetidas veces e incluso alegó que no había música a lo que Hikari replicó que no la necesitaban. Ken se había burlado de lo que las drogas hacían en ella y se volvió a negar. Y otra vez. Y otra vez. Y una vez más hasta que finalmente cedió y tomó la mano que Hikari le ofrecía.

El calor de su cuerpo le pareció reconfortante y se pegó más a él. Su corazón palpitó rápidamente y miró hacia arriba encontrándose con los ojos del muchacho.

—Realmente quiero besarte.

—Hazlo.

Y Ken la besó.

Y fue como ninguna cosa que hubiera experimentado antes.

No era su primer beso, ella y Takeru habían pasado esa etapa hace mucho tiempo, antes de que las cosas empezaran a ir tan mal y tuviera que dejarlo sólo en una amistad. Es verdad ella había besado antes pero la conexión que sintió con aquel chico melancólico había sido demasiado diferente, tanto que no lo sabía explicar.

Sus piernas temblaron y su mundo giró y giró hasta dejarla de cabeza. Por poco había olvidado lo que era sentirse viva y era justo eso. Mil emociones dentro de tu pecho, la noche fría pero su sangre ardiendo en sus venas y ser capaz de cerrar los ojos para besar a alguien más.

No quería volver a sentirse muerta nunca más.


El sol se puso en la azotea pero Ken y Hikari ya no estaban allí. Habían vuelto a casa justo antes de que amaneciera. Sólo se habían besado pero para ambos se había sentido como mucho más. Como un respiro de oxigeno cuando estás por ahogarte. Poco sabían de sus vidas actuales pero en sus emociones estaban más conectados de lo que jamás habían estado con alguien.

Mientras Hikari había vuelto a casa sonriendo y con un nuevo sentido de la esperanza que hasta ahora había fallado en encontrar, Ken se había marchado con la frente más alta que nunca y deseando enormemente una nueva oportunidad de empezar.

Poco a poco mientras la noche iba muriendo se dieron cuenta que inesperadamente algo en ellos había renacido.


Gracias por leer!

Liss