DISCLAIMER: Los personajes de la saga Harry Potter no me pertenecen, son propiedad de JK Rowling. La trama de esta historia es propiedad de Lena Phoria y está siendo traducida del inglés con su permiso.

N.T.: Hola a todos! aquí les traigo el capítulo 2 de esta historia, espero les guste. Trataré con todo mi ser de actualizar semanalmente, posiblemente entre lunes y martes. No les aseguro 100%... pues estoy ahorita en una pasantía muy exigente en mi carrera y quizá muera xD jajaja...

Les agradezco muchísimo sus reviews del capítulo anterior... he respondido a algunas, lo que he podido. Si dejan reviews anónimos y quisieran respuesta a alguna pregunta, pueden dejarme un mail para responderles.

AGRADECIMIENTOS a todos mis reviewers, y especialmente a mis dos colegas traductoras de las historias de Lena, Sunset82 y Pekis Fletcher. Les recomiendo altamente que se pasen por sus perfiles (pueden encontrarlas entre mis autoras favoritas en mi perfil) y lean sus historias. Tienen traducciones de varias autoras excelentes! Algunas de mis historias favoritas en inglés han sido (o serán) traducidas por ellas :)

Muchas gracias por el feedback!

Espero que lo disfruten.

Capítulo 2: Apoyo

Hermione caminaba por una de las calles de peor reputación del Callejón Diagon, tratando con todas sus fuerzas de no arrugar su nariz en un gesto de asco al pasar junto a algunos de sus residentes. Todo olía terriblemente. Como una combinación de orina y vómito, sin mencionar la basura descompuesta que se hallaba regada por el pavimento.

Pero mantendría la mente abierta. Eso era lo que se había prometido a sí misma, y aún más importante, a Rose. Se detuvo de pronto frente al edificio que indicaba la dirección que su hija le había dado. Su rostro dio a conocer su descontento y su mente abierta desapareció.

—¡Mamá, llegaste! —gritó Rose, saliendo del edificio que evidentemente carecía de las mínimas medidas de seguridad. Por la manera en la que la puerta se bamboleó al abrirse, Hermione dudaba seriamente que siquiera cerrara correctamente.

Rose abrazó a su madre antes de tomar su mano. —¡Ven a ver, ven a ver! —La haló hacia el interior del edificio, arrastrándola por varios niveles de escaleras con rapidez. Hermione tuvo que parar a la mitad del camino para recuperar el aliento. Rose esperó, zapateando con impaciencia antes de decidir que su madre había tenido suficiente tiempo para recuperarse y la llevó por los últimos cuatro pisos de escalinatas.

Cuando llegaron a lo más alto, Rose se adelantó, llevando a Hermione por un pasillo oscuro y húmedo con luces que parpadeaban erráticamente. Una de las luces explotó justo cuando Hermione pasaba debajo de ella, lo cual la hizo sobresaltarse y apurar el paso para alcanzar a su hija.

—¡Ta-da! — canto Rose, abriendo la puerta de par en par y presentando el apartamento a su madre como si de un premio se tratase.

Scorpius estaba de pie en el centro de la habitación, sonriendo ampliamente. Era evidente que habían limpiado un poco, pero aún así lucía bastante mal. Los pisos estaban sucios, las paredes manchadas, y algo definitivamente goteaba del techo. Era solo un apartamento tipo estudio. Hermione revisó algunas puertas para asegurarse, pero solo encontró un par de armarios y un baño. Ni siquiera tenía una cocina completa, solo un pequeño espacio para los aparatos correspondientes. Cada vez le era más difícil ocultar su desagrado.

—Sé que no es perfecto, —dijo Rose, notando la expresión en el rostro de su madre. —pero…

De pronto, una rata del tamaño de un gato pequeño pasó corriendo frente a los pies de Hermione, quien gritó y saltó casi un metro en el aire antes de irse corriendo hasta la puerta. Chocó directamente contra alguien, y levantó la mirada para encontrarse con Draco, quien portaba una expresión bastante similar a la suya.

—¿Qué coño se supone que es esto? —murmuró entre dientes.

—¡Papá, llegaste! —exclamó Scorpius.

—Sí, eso parece. Y yo que pensaba que me habías dado una dirección incorrecta—dijo Draco.

La rata pasó corriendo nuevamente. Hermione gritó y tomó a Draco, usándolo como escudo humano. Esta vez el rubio tomó su varita y le lanzó un haz de luz que la dejó patas arriba. Muy probablemente muerta.

—¡Oh, no, Scuffles!"—gritó Rose, luciendo de repente bastante triste.

—¡No te preocupes! —dijo Scorpius. —Esto se arregla rápido. —Usó su varita para levitar a la rata, Scuffles, hacia la ventana abierta. Luego con un movimiento de muñeca la soltó hacia abajo. —Hay un basurero directamente debajo de esto. —explicó—de todas formas probablemente un gato sería una mascota mejor que la rata que vino con el apartamento. —dijo, pasando un brazo por sobre los hombros de Rose, quien frunció el ceño.

—Supongo. —dijo ella.

Draco comenzó a caminar alrededor del pequeño apartamento, revisando puerta por puerta como lo había hecho Hermione. Cuando la puerta del baño seguía sin cerrar aun tras varios intentos, tomó su varita y con una floritura reparó las bisagras, lo cual solo mejoró un poco el problema.

—¿Cómo encontraron este lugar? —preguntó el rubio más viejo, mirando con desprecio la diminuta área de cocina.

—En El Profeta—respondió Rose. —Queríamos un lugar en el Callejón Diagon ya que comienzo a trabajar en Flourish and Blotts la próxima semana, y Scorpius estará trabajando con mi tío Bill en Gringotts...

Súbitamente la cabeza de Draco giró hacia su hijo, quien estaba empeñado en ver fijamente al suelo.

—…y este es el único apartamento que remotamente entraba en nuestro presupuesto… ya he tabulado los cálculos con un estimado de nuestros salarios, así como los montos que he proyectado para nuestros gastos en siete categorías: alquiler y servicios, comida, objetos misceláneos del hogar, un fondo de emergencias…

—Disculpa la interrupción, muñeca, —dijo Draco levantando una mano—pero si pudiésemos retroceder un momento… ¿Dónde vas a trabajar, Scorpius?

Rose se sonrojó. —Oh. —volteó a ver a Scorpius, quien seguía viendo al suelo. —Pensé que le habías contado.

—Aún no—dijo Scorpius, finalmente mirando a su padre. —Iba a contarles a ti y a mamá hoy durante la cena.

—Ya veo. —dijo Draco, cruzándose de brazos. —¿Y qué rol desempeñarás en este trabajo que mencionas?

—Trabajaré como subordinado del tío de Rose. —dijo Scorpius, nervioso. —Él está a cargo de la personalización de los sistemas de seguridad de cada una de las bóvedas del banco… dice que suele empezarse más que todo haciendo el papeleo… pero, eventualmente, podré hacer trabajo de campo con él.

—Hmm…—Draco miró a su hijo arrugando la frente. Era evidente que no aprobaba la elección laboral de su hijo, pero por ahora, prefirió apegarse a una discusión que podría ganar. —No van a vivir aquí.

Scorpius lo miró boquiabierto. —Pero…

—Si eres como tu madre cuando estábamos en la escuela, estoy seguro de que has organizado tus tablas y presupuestos muy bien—dijo Draco, mirando a Rose. —Pero Scorpius tiene un fideicomiso. No hay motivo alguno para que tenga que vivir en este maldito antro de mierda.

Los ojos de Rose se desorbitaron un poco al escuchar el lenguaje soez. Su padre ciertamente nunca hablaría de esa manera.

—Pero papá, ¡no es así como queremos hacerlo! —espetó Scorpius. —Queremos construir nuestro hogar desde cero. Pagarnos nuestras propias cosas. Es lo que nos hemos propuesto.

—Pero es tu fideicomiso.

—¡Sí, hecho con tu dinero!—replicó Scorpius.

—En realidad, fue tu abuelo quien lo inició. Pensó que sería una decisión más sabia que darte la llave de la bóveda de la familia como lo hizo conmigo.

Hermione rió. Eso sonaba bastante acertado.

—Señor Malfoy, si bien aprecio su generosidad, —dijo Rose—Scorpius y yo hemos discutido esto largamente y hemos decidido que no tocaremos ese dinero en lo absoluto a menos que haya hijos en el panorama. Hasta entonces, estamos bien viviendo en un "antro de mierda", como usted lo llamó antes.

Draco alzó ambas cejas. —Veo que tienes la chispa Granger en ti. Lo cual es mucho mejor que cualquier rasgo Weasley que imagino obtuviste de tu padr…

—Uh, Rosie, cariño—interrumpió Hermione antes de que Draco dijera algo que molestaría a prácticamente todos en la habitación. —Pienso que quizá deberías reconsiderar…

—No—dijo Rose, terca. —No tocaremos el fideicomiso.

—Quizá podrían utilizar solo un poco…

Rose frunció el ceño. —¿De verdad, mamá? ¿, la abogada de la independencia, diciendo esto?

—Sí, y eso debería darte una pista acerca de lo poco que me agrada el que vivas aquí. —dijo Hermione. —Especialmente porque sin duda Scuffles ha dejado a su familia habitando estas paredes.

Rose trató con todas sus fuerzas de no sonreír. Falló. Diablos.

Hermione soltó un pequeño suspiro. —¿No han dado el adelanto del alquiler por este lugar, verdad?

Rose negó con la cabeza. —No, mamá.

—Bien. —dijo Hermione, soltando un suspiro de alivio. —¿Tienes tus anotaciones y tablas de presupuesto aquí?

Rose asintió.

Hermione extendió la mano. —Déjame verlas.

—¿Por qué?

—Revisaré los números, y veré si puedo encontrar un lugar más adecuado para ambos con ese presupuesto.

—Pero ya hemos buscado en todos lados, y…

—Rose. Las anotaciones. Dámelas. —dijo Hermione en tono estricto.

Rose no se movió.

—Escúchame bien, jovencita. Soy tu madre, y soy mayor y más sabia que tú. Si fallo en la misión de encontrar un mejor lugar que éste, pues te daré permiso para regodearte al respecto por el tiempo que quieras, ¡pero ahora me darás ese presupuesto y me dejarás al menos intentar encontrar algo que no sea un "antro de mierda"!

Rose no pudo soportarlo más. Soltó una carcajada. —Está bien, mamá. Te daré dos días de plazo, de lo contrario daremos el adelanto y nos quedaremos aquí.

—Sólo necesito un día.

Rose fue hasta su bolso y sacó varios pergaminos, bastante más grandes que el espacio que los contenía. Un viejo truco de su madre. Los entregó. Segundos después, una alarma sonó, proveniente del reloj de pulsera de Hermione. Lo observó.

—Debo regresar a mi oficina. Discutiremos esto después.

Draco sacó su reloj de bolsillo y revisó la hora. —Yo debo irme también. Nos veremos hoy en la cena. —dijo, yéndose sin siquiera dedicarle una mirada a Scorpius.

Hermione abrazó a Rose antes de salir tras de Draco. Él iba más rápido que ella, pero al alcanzar la planta baja del edificio, se detuvo a reparar la puerta de entrada, que aparentemente tenía el mismo problema que la del baño de sus hijos más arriba. Hermione lo ayudó, logrando al menos que encajara en el marco de la puerta, pero que lograse cerrar con llave era otra historia. Parecía que las medidas de seguridad no estarían en el menú.

—Esto es completamente inaceptable—dijo Draco, dándole una pequeña patada a la puerta para cerrarla por completo.

—Si bien no crecí con los lujos que tú tuviste, no estoy precisamente encantada con esto tampoco.

—Si encuentras un lugar, quiero verlo antes de que se los muestres. —dijo Draco—Ante sus ojos ingenuos, estoy seguro de que cualquier mierda tendrá potencial.

—De acuerdo—respondió Hermione. —Te enviaré una lechuza.

Ella se dio la vuelta para irse, pero Draco tomó una de sus muñecas, volteándola para encararla. La observó por un momento antes de levantar algo y ponerlo frente a la cara de la castaña. Su tarjeta de presentación.

—Puede que necesites esto.

Hermione la tomó. —Trabajo en el Ministerio, Malfoy. Soy perfectamente capaz de conseguir tu dirección.

Sostener esa tarjeta te deja acceder a la Red Flu de mi oficina personal. —dijo, sonriendo con suficiencia. —Por si acaso.

Guardando la tarjeta, Hermione dijo, —Una lechuza será suficiente. Adiós, Malfoy.

Draco soltó la muñeca de Hermione y ella retomó su camino hacia el otro lado, acelerándose para llegar a su oficina. Si no lo conociera mejor, diría que Draco Malfoy estaba tratando de seducirla. Claro que eso era absurdo. Se comportó de forma algo inadecuada en la graduación, pero eso había sido sólo porque estaba ebrio. Hoy estaba sobrio, así que sólo había una explicación: ella estaba loca.

OoO

Hermione salió del ascensor del Ministerio y se dirigió a su oficina. Teddy estaba sentado erguido en su escritorio justo junto a su puerta, tipeando en la computadora Muggle que se utilizaba en el departamento desde que Hermione les había convencido de su practicidad años antes. Teddy levantó la mirada al verla acercarse y sonrió.

—¿Cómo les fue? —preguntó.

—Necesitaré que me consigas los listados con todos los apartamentos disponibles en el área. De inmediato. —respondió ella.

Teddy arrugó la nariz—¿Así de mal estuvo?

Hermione soltó un suspiro exasperado. —No tienes idea.

—¡Hermione al rescate!

—El trabajo de una madre nunca termina—dijo ella con una sonrisa.

Hermione entró a su oficina y se sentó, tomándose un minuto para simplemente reagrupar sus pensamientos. En realidad no tenía el tiempo como para haberse tomado una hora entera de almuerzo solo para ver un departamento, pero Rose había insistido, y Hermione estaba tratando de apoyarla. Especialmente cuando su padre había decidido optar por la peor conducta respecto a toda esa situación. Apenas si había hablado con su hija desde su gran anuncio. Hermione no estaba segura de si Ron estaba molesto porque Rose se casara a los dieciocho años o por el novio que había escogido. Fuese lo que fuese, estaba actuando como un niño.

Observando la foto que tenía enmarcada sobre su escritorio, Hermione no pudo evitar que su ceño se frunciera. Había sido tomada cuando habían ido de vacaciones a Australia un verano. Rose tenía nueve años y Hugo siete. Ella y Ron habían estado gozando de la felicidad de la cúspide de su matrimonio. Era difícil creer que eso había sido hacía solo nueve cortos años.

—¿Recordando el pasado?

Hermione levantó la mirada para ver a Cormac McLaggen apoyado contra el marco de la puerta de su oficina.

—Cormac, ¿qué haces aquí?

—Oh, nada. —dijo Cormac, caminando con cierto vaivén hasta ella con lo que parecía ser una revista en su mano. Cuando llegó hasta su escritorio, volteó la fotografía que ella había estado observando, dejándola boca abajo, y se sentó sobre él, enfrentándola. Hermione trató de rodar su silla para alejarse un poco, pero Cormac tomó uno de los apoyabrazos y se inclinó, acercándose bastante. —En realidad, esperaba que aceptaras que te llevase a cenar esta noche.

Hermione pasó su brazo sobre él y acomodó su foto a su posición correcta. —Por última vez, Cormac. No.

Cormac arrugó la frente y se alejó un poco. —No entiendo por qué ni siquiera puedes aceptar una cita conmigo.

—Ya he tenido una cita contigo. —dijo ella. —Fue horrible.

—Pero fue hace casi treinta años, —replicó. —te juro que estoy mucho más en sintonía con las necesidades de las mujeres ahora.

Hermione quitó la mano de él del apoyabrazos de su silla y se alejó. —La única razón por la que quieres salir conmigo es para que esté de tu lado cuando te postules para Ministro de Magia una vez que Kingsley se retire.

—¿Y? —dijo Cormac, encogiéndose de hombros. —Mientras los dos sepamos de qué se trata, entonces ¿cuál es el problema? Y si sacamos por casualidad algo de buen sexo del asunto después de haber obtenido algunas fotos juntos para la prensa, pues aún mejor.

Hermione se cruzó de brazos y negó con la cabeza. —No pasará. Nunca.

—¿Por qué no? —se quejó—Tampoco es que te esté satisfaciendo nadie.

Si bien Cormac evidentemente no estaba tan en sintonía con las mujeres como creía, supo inmediatamente que había dicho algo indebido.

Las fosas nasales de Hermione se abrieron de rabia contenida, mientras se ponía de pie lentamente. —Fuera de aquí, Cormac. —ordenó, apuntando fervientemente hacia la puerta.

—Aw, vamos, Hermione… Sabes que no quise decir…

—No me importa lo que quisiste o no quisiste decir—dijo—Pero tenemos trabajo que hacer, así que por favor…

—Espera—dijo Cormac, parándose del escritorio. —Lo creas o no, vine con un objetivo.

—¿Qué es lo que quieres entonces? —preguntó ella.

De pronto, Cormac desenrolló la revista que aún sostenía y la dejó sobre su escritorio. Hermione la observó, era una copia de Vida Mágica y allí, mirándola desde la portada, estaba una foto de Draco Malfoy vestido con un traje negro y una corbata plateada. Se veía muy guapo, de hecho. Por supuesto, eso era solo porque la arrogancia podía disimularse fácilmente en las fotografías. Sin mencionar el hecho de que el color de la corbata realmente destacaba sus ojos.

—Dicen por ahí que tu hija va a casarse con su hijo.

—Sí, esa es su intención. —dijo Hermione, inclinando la revista para poder leer el titular.

"Draco Malfoy: Cómo escapó de la sombra de su padre y construyó un imperio."

—¿Por qué te interesa?

—Draco Malfoy es uno de los líderes en innovación para desarrollo de hechizos. Es por su trabajo que ahora incluso nuestros aurores más débiles pueden usar alguna variedad de Legeremancia cuando es necesario.

—Sí, ya sé a lo que se dedica—dijo Hermione, hojeando la revista hasta que encontró el artículo sobre Draco. —¿Y qué es lo que quieres con él, exactamente? ¿Invertir en algo, o tienes alguna idea para un hechizo para los aurores?

—Ninguna de las anteriores. —dijo Cormac. —Aunque la última opción es la más cercana a la verdad. Quiero que trabaje con nosotros.

Hermione alzó las cejas con sorpresa.

—Vamos, Hermione, sé que eres leal a Potter hasta el final, pero aún tú debes admitir que hay muchas fallas en su departamento. Debemos repotenciarlo, y Empresas Malfoy es la manera de lograrlo.

—No lo sé…

—Además, no olvides que es un Sangre Pura.

—¿Y? —dijo Hermione.

Y… ¿Acaso no has estado trabajando por meses en una ley para prohibir los libros de supremacía de la sangre pura en todas las librerías del Mundo Mágico? Imagina lo bien que se vería frente al Wizengamot cuando presentes tu propuesta con un miembro de una de las familias sangre pura más antiguas de tu lado.

Hermione arrugó los labios y lo pensó por un momento. Era verdad. A lo largo de los años había tratado de que esa ley se aprobase, pero siempre le era negada su petición. Desafortunadamente, muchos supremacistas de la sangre eran todavía miembros muy activos en el Ministerio.

—He tratado de conseguir una reunión con él por años, —continuó Cormac—pero es imposible contactarlo.

—¿Y qué esperas que haga yo? —preguntó Hermione.

—Programa una reunión—dijo Cormac—Convéncelo de participar.

—Sólo porque nuestros hijos van a casarse no significa que Malfoy y yo estemos en buenos términos. Apenas si he hablado con él desde el colegio.

—Entonces yo hablaré con él. —dijo Cormac. —Sólo consigue que coincidamos en algún lugar. ¿Cuándo es la fiesta de compromiso de tu hija?

Hermione no pudo evitar soltar una carcajada. —¿Qué importa? No estás invitado.

Cormac lució visiblemente decepcionado. —¿Por qué no? Hemos trabajado juntos por quince años. Tu hija me conoce.

—¿Cómo se llama mi hija?

Su cara se arrugó, pensativa. —Ummm… es algún tipo de flor, ¿no? ¿Daisy? No, no es eso… ¿Poppy?

—Rose, Cormac. Se llama Rose.

—¡Claro! Ésa era mi próxima opción. La dulce y pequeña Rosie.

Hermione puso los ojos en blanco. —Escucha, si la oportunidad se presenta, lo mencionaré. Pero no me esforzaré para esto. Además, dudo mucho que Draco Malfoy esté siquiera interesado en esto. Él mismo es un supremacista, ¿recuerdas?

—¿Y? Su hijo va a casarse con la hija de una Nacida de Muggles. Tiene dos opciones: o deshereda a su hijo, o deja todo ese asunto de la sangre pasar.

—Sí, me doy cuenta de eso. —dijo Hermione. —Ahora, vete. Tengo trabajo que hacer.

—Está bien, está bien. —dijo Cormac, caminando hacia la puerta. —Puedes quedarte con la revista. Investiga un poco más sobre él.

—Si acaso tengo tiempo—dijo ella.

Hermione escoltó a Cormac hasta la puerta, y se preparó para cerrarla justo tras sus espaldas. Pero en ese instante se percató del par de ojos azules mirándola a través del vidrio que separaba su oficina y la de Cormac del otro lado del departamento. Ron. Desde que se habían separado, pasaba poco tiempo en el Ministerio, pidiendo estar siempre en misiones. Pero allí estaba.

Ron vio a Cormac salir de su oficina con el ceño fruncido. Cormac se percató de ello, y le guiñó el ojo. Hermione solo soltó un suspiro de frustración antes de cerrar la puerta. De verdad que nunca podía tener un minuto de tranquilidad.

Regresando a su escritorio, Hermione tomó asiento. Observó la foto de Draco en la portada por largo tiempo, eventualmente sacando la tarjeta de presentación que le había dado y observándola detalladamente. El hechizo que había mencionado, que sólo dejaba a personas que sostuviesen la tarjeta transportarse vía Flu hasta su oficina, era de su propia creación. Definitivamente no sería malo tener a alguien como él trabajando para el Ministerio, pero Hermione no estaba segura de querer vender su alma aún.

Con un último suspiro, guardó la tarjeta y la revista en una gaveta de su escritorio, esperando que eso fuese suficiente para olvidar todo al respecto de ambos objetos. Era hora de trabajar.

OoO

Hermione se encontraba sentada en la barra del Caldero Chorreante, charlando con la encargada, Hannah Longbottom, bebiendo un vaso de vino mientras esperaba que Draco llegara.

—Aún no puedo creer el pequeño anuncio de Rose—dijo Hannah— Le pregunté a Neville si él tenía idea de que estuviesen juntos, y simplemente me dijo que lo había sospechado en su momento, pero descartó la idea como algo descabellado.

—Bueno, ciertamente es algo descabellado. —dijo Hermione.

Ambas mujeres rieron.

—¿Cuándo es la fiesta de compromiso? —preguntó Hannah.

—No tengo idea. Rose dice que los Malfoy se han ofrecido a organizarla, así que no estoy informada en lo absoluto.

Hannah se inclinó sobre la barra y dijo, —Están siendo bastante colaboradores… ¿Crees que tengan intenciones ocultas?

Hermione se encogió de hombros. —Conociéndoles, no lo descartaría.

—¿Y qué intenciones ocultas crees que podríamos tener?

Hermione y Hannah se sobresaltaron. Voltearon para ver a Draco inclinado sobre la barra con su característica sonrisa arrogante.

Hermione se sonrojó ligeramente, pero de todas formas contestó, —No lo sé, dímelo tú.

La sonrisa de Draco no desapareció, mientras se inclinaba hacia adelante y robaba la copa de vino de Hermione. —No, no tengo ningún tipo de intenciones ocultas, Granger. —dijo, antes de tomar un sorbo.

—Ese ya no es mi apell…

—¿Nos conocemos de antes? —preguntó, súbitamente mirando a Hannah.

—Estábamos en el mismo año en Hogwarts—respondió ella, extendiendo su mano a modo de saludo. —Hannah Longbottom, antes Abbott.

Draco estrechó la mano de la mujer. —Longbottom. —repitió—es decir, la mujer tras el director más joven de Hogwarts en casi dos siglos. —No fue capaz de esconder el desagrado en su voz, incluso intentándolo.

—Así es, —dijo Hannah, tratando con todo su ser de ignorar el tono del rubio. —Según recuerdo, le diste muchos problemas el año pasado con tus amenazas en caso de que no nombrara a tu hijo Premio Anal.

Draco alzó las cejas. —Amenazas. ¿Es eso lo que dijo? —su sonrisa desapareció. —Por mucho que odie corregir las historias de tu amado esposo, cariño, no hice tal cosa. Mi hijo estuvo al tope de su clase, fue un jugador estrella de Quidditch, y un prefecto modelo. Se ganó ese puesto, y no iba a dejarlo perderse ese honor sólo por tener la mala suerte de haber nacido el mismo año que un Potter.

Hermione comenzó a golpear la mesa con los dedos. De verdad no quería entrar en ese tema. Harry había tenido una reacción similar el año anterior respecto a Albus. De los mejores de su clase, jugador estrella de Quidditch, prefecto modelo. Había usado los mismos argumentos. Pero había perdido. Neville estaba tratando de ser justo y, la verdad, Scorpius era un mejor estudiante. Era el segundo de su clase después de Rose, e incluso había habido momentos, por breves que fuesen, donde había logrado el primer puesto.

Si bien Hermione apoyaba el hecho de que Hannah defendiera a su esposo, tuvo dificultades creyendo que Draco fuese mucho más intimidante de lo que Harry era. La única diferencia es que Harry era un amigo, mientras Draco era un viejo enemigo. El tener a alguien que antes le había aterrorizado alzándole la voz quizá había despertado viejos recuerdos en Neville, pero eso era todo.

—Mi esposo es un hombre justo. —Defendió Hannah—él nunca…

—Uh, deberíamos irnos. —dijo Hermione, levantándose de su banquillo y dejando unos cuantos Sickles en la barra. —Gracias por la bebida, Hannah. O lo que pude tomarme. —añadió al tiempo que Draco se terminaba el vino restante en la copa.

—La fiesta de compromiso es este Sábado. —dijo Draco, poniendo la copa frente a Hannah. —Ya que estabas preguntando. —miró a Hermione. —Mi madre enviará las invitaciones apenas tu pequeña flor le entregue una lista de invitados.

Hermione asintió. —La ayudaré esta noche con eso.

Sin más palabras para Hannah, Draco comenzó a dirigirse hacia el patio trasero del establecimiento, donde se hallaba la entrada hacia el Callejón Diagon, pero Hermione lo detuvo, halándolo por el brazo en dirección contraria.

—Por aquí, Malfoy—dijo, señalando la puerta hacia el Londres Muggle.

Draco la siguió sin preguntar. Hermione hizo un ademán de despedida a Hannah mientras salían.

—¿Este apartamento es en un vecindario Muggle? —preguntó él mientras la seguía por las calles londinenses.

—Sí. —respondió. —Rose fue un poco generosa con sus cifras y éste fue el único lugar que se hallase lo suficientemente cerca de sus trabajos como para venir a pie, y que además se viese decente. Envié a mi asistente a verlo en persona más temprano, y a él le pareció aceptable.

—Mmmm…—Draco sacó su reloj de bolsillo y lo miró por un segundo.

—¿Es eso un problema? —preguntó ella.

—¿Qué cosa es un problema?

—Que su posible hogar esté en un vecindario Muggle… ¿te molesta?

Draco bajó la velocidad de sus pasos. Su rostro se endureció con lo que parecía rabia, y parecía determinado a no mirarla a la cara. —¿Por qué habría de ser un problema? —preguntó él.

Hermione se encogió de hombros. —No lo sé, yo sólo…

—¿Sólo pensaste que podrías especular nuevamente sobre mí? Que estoy en contra de este matrimonio, o que no quiero que mi hijo viva en un vecindario Muggle, sin mencionar cómo amenacé a tu adorado Director Longbottom.

—No, yo…

Nunca lo amenacé—dijo Draco, en una voz profunda y severa.

Hermione frunció el ceño. —Lo sé… al menos no más de lo que Harry lo hizo. Estuvo bastante insoportable el año pasado antes de que Neville tomara su decisión. Dijo que yo nunca lo entendería porque Rose tenía garantizado su puesto como Premio Anual. Supongo que tenía razón… nunca tuvo mucha competencia. —dijo ella, sonriendo con orgullo.

Draco la miró de reojo, esbozando una media sonrisa burlona. —No me importa dónde viva mi hijo mientras no sea un antro de mierda como el anterior.

Hermione le retornó la sonrisa. Draco volvió a ojear su reloj de bolsillo.

—¿Tienes otro lugar en el que estar?

—Sí—dijo Draco. —Me encontraré con Scorpius y mi exesposa para cenar.

—Oh… cierto. —dijo ella. —Mencionaste eso hoy más temprano.

—Le di a la tarada incompetente a la que tengo la mala suerte de llamar secretaria un mensaje para que lo enviase, para hacerle saber a Scorpius que llegaría tarde apenas leí tu lechuza… pero luego encontré el maldito papel encima de mi escritorio cuando iba de salida para encontrarme contigo. Lo envié, pero dudo que le haya llegado antes de que saliera para el restaurante. Por alguna maldita razón, Recursos Humanos insiste en mandarme un montón de idiotas inservibles. Ya he despedido a cinco secretarias en un año.

Hermione sabía lo que se sentía. Su última asistente había renunciado apenas se había enterado de que Ron y Hermione se habían separado. Y ahora estaba saliendo con él. Al menos sabía que la historia no se repetiría en el caso de Teddy. Cuando se le había acercado diciéndole que quería aplicar para el puesto de asistente, Hermione había estado muy contenta. Él hablaba a menudo sobre querer convertirse en Ministro de Magia algún día, y ahora estaba en el camino adecuado en su carrera para convertir ese sueño en realidad.

—¿Quieres que lo llame? —preguntó ella.

Draco levantó una ceja. —¿Qué cosa?

—Llamarlo. —repitió Hermione, sacando su teléfono del bolsillo y mostrándoselo. —Con esto.

—Es uno de esos aparatos Muggles. —dijo Draco, quitándoselo de la mano y examinándolo. —Scorpius no tiene uno de estos.

—Sí tiene uno. —dijo ella. —Rose lo llevó a que comprara uno ayer. Me llamó desde su número cuando estaba enseñándolo a usarlo. Lo guardé en mis contactos para cualquier emergencia.

Hermione tomó el teléfono de la mano de Draco y llamó a Scorpius, sosteniendo el teléfono contra su oreja. Tras dos repiques, una voz bastante alta le dijo "Hola".

—Scorpius, hola, es la mamá de Rose.

—Sí, lo imaginé cuando una foto suya salió en la pantalla con "Madre Querida" escrito encima. —rió. —Alguien tendrá que enseñarme cómo cambiar eso.

Hermione sonrió. —Yo en tu lugar no confiaría en Rose con esa tarea. Pídele a Hugo, será mucho más colaborador y te dará más control sobre tus cosas.

Scorpius rió de nuevo.

—Escucha, Scorpius, tu padre está aquí conmigo. Estamos en camino a ver un apartamento para ustedes y llegará un poco tarde a su reunión contigo.

—¿Ya encontraron uno? —dijo, sonando ligeramente impresionado. —¿Le importaría poner a mi padre al teléfono?

Hermione retiró el teléfono de su oreja y lo ofreció a Draco. —Quiere hablar contigo.

Draco observó el aparato con curiosidad. Lo tomó con lentitud y lo observó por un momento.

—Sólo ponlo en tu oreja, Malfoy. Prometo que no morderá.

Draco levantó el teléfono. —¿Scorpius?

—¡PAPÁ! ¡Míranos usando tecnología Muggle! —gritó Scorpius, tan alto que su voz resonó del teléfono, perfectamente audible para Hermione.

—Sí, ciertamente es interesante. —dijo Draco. —¿Ya estás en el restaurante?

Hermione escuchó murmullos.

—¿Tu madre ya llegó? —más murmullos. —Típico. Bueno, no creo que tarde mucho más… envié una lechuza… sí, lo encontré en su escritorio… No puedo… Porque ya serían seis en menos de un año… Bueno, aparentemente mi reputación de despedir a mis secretarias hace que las pocas personas competentes rechacen el puesto… Claro…—Draco rió. —No todo el mundo puede ser tan despiadado como tú… Ajá… Sí, te veré en más o menos media hora… Ajá… ¿En serio, llegó? Pues bastante que se tardó ese animal—Rió de nuevo. —De acuerdo, adiós.

Draco le dio a Hermione su teléfono nuevamente. —¿Acaba de llegarle la lechuza a Scorpius? —preguntó ella.

—Efectivamente. —dijo Draco. —solía ser la lechuza del correo familiar… así que se ocupó de buscar a Scorpius al no encontrarlo en casa.

Hermione sonrió. No sabía por qué, pero le sorprendía que Draco tuviese una relación tan buena con su hijo. Si bien ella estaba viéndolo como una espectadora, le parecía que la relación de Draco con su padre no llegaba a ese nivel de confianza. Supuso siempre que Draco probablemente crecería para convertirse en una copia de Lucius, pero ya veía que estaba equivocada.

—Siento que debería mencionar que Scorpius preguntó si estaría bien hacer la fiesta de compromiso en Malfoy Manor, ya que Rose ha estado queriendo conocerla desde hace algún tiempo. —dijo Draco. —Asumo que por su petición, tu hija no sabe del tiempo que… pasaste allí.

Los ojos de Hermione se nublaron y se sintió arrastrada a los tiempos de la guerra. A aquel día en particular cuando ella, Harry y Ron habían sido capturados y llevados a Malfoy Manor. Era un lugar horrible, uno donde había sido torturada incontables veces y se había esforzado para formular una mentira para proteger su misión. Ella, por supuesto, no había regresado desde ese entonces, y pensó que nunca tendría que hacerlo… y ahora estaba a punto de hacer precisamente eso.

—Tu suposición es correcta. —dijo ella. —Rose sabe muchas cosas sobre la guerra, pero ese día no está incluido en ellas.

Draco asintió suavemente. —No estaba seguro de cómo negarme a ello.

—Está bien… —esperaba que lo estuviese, al menos. —Supongo que es hora de que enfrente mis demonios.

Draco asintió de nuevo.

—Aquí estamos—dijo Hermione unos momentos después, deteniéndose frente a un edificio alto y estrecho.

Definitivamente lucía mucho mejor que el anterior por fuera. Sólo esperaba que Teddy no se hubiese equivocado acerca de lo bien que estaba también en el interior.

Fue hacia el intercomunicador y marcó el código para el casero. Ya había hablado con él poco antes, y habían acordado que el hombre le mostraría el apartamento a pesar de la hora.

Les abrió la puerta desde adentro y les dijo que subieran al cuarto piso. Hermione estaba a punto de subir las escaleras, cuando de pronto tuvo un fugaz recuerdo de un momento en Las Tres Escobas no hace mucho. Miró a Draco, quien le indicó que subiera primero. Estaba sonriendo, burlón, por supuesto. Hermione lo imitó, y esperó.

—Así que quieres ver mi culo, ¿eh? Pues muy bien, no soy tímido. —Dijo, él, subiendo las escaleras. —Si quieres una vista más detallada, no tengo problemas en darte una pequeña exhibición luego.

—¿Acaso planeas mostrarme el trasero? ¿Cómo un exhibicionista? —dijo ella con voz chillona.

—Sólo si me devuelves el favor. —dijo él, mirándola por sobre su hombro y guiñándole un ojo.

El casero estaba esperándolos en el cuarto piso con la llave lista para abrir. Abrió la puerta y entró primero para poder encender las luces.

El apartamento era evidentemente pequeño, nuevamente un tipo estudio, pero la distribución era mucho mejor que la del apartamento anterior que Scorpius y Rose habían elegido, y tenía una cocina hecha y derecha.

—Esto no esta tan mal—dijo Hermione, abriendo la cortina del baño y dándole una ojeada a la bañera. Era pequeña. Del tamaño exacto para una sola persona. Perfecto.

De pronto, Hermione sintió una presencia tras ella. Draco puso una mano en su brazo, mirando por sobre el hombro de la castaña el interior de la bañera. —Para nada mal, —dijo, bajando sus dedos, recorriendo su brazo hasta alcanzar su cadera. Y luego, los sintió desplazarse hacia atrás, solo deteniéndose un momento para tomar impulso y agarrar su trasero.

Hermione tomó su muñeca y se dio la vuelta. —¿Qué demonios crees que estás haciendo? —susurró con severidad, para que el casero no los escuchara.

—Nada. —dijo Draco. —Mi mano se resbaló. Mis disculpas.

Draco le dio un guiño antes de retroceder unos pasos y salir del baño.

Hermione se tomó unos momentos a solas para retomar la compostura. Si bien antes no tenía la certeza de que Draco Malfoy estuviese coqueteándole, ahora estaba bastante segura de tener su respuesta.

Tras mirarse en el espejo para asegurarse de haber quitado la apariencia avergonzada de su rostro, Hermione se reunió con Draco y el casero en la otra habitación. Se encontraban negociando un depósito de alquiler. El casero insistía en recibir el equivalente a dos meses de la renta, pero Draco logró regatear hasta conseguir que fuese mes y medio. Mientras el hombre salió para traer el papeleo correspondiente, Hermione tomó algunas fotos del lugar con su teléfono para Rose, aunque Teddy ya había tomado varias antes. En realidad, solo quería tener una razón para lucir distraída, especialmente cuando Draco se deslizó hasta invadir su espacio personal, cosa que la puso terriblemente incómoda.

Vio su mano moverse en su campo visual y se sobresaltó, pero lo único que hizo fue quitarle el teléfono para ver mejor lo que estaba haciendo. Presionó un símbolo en la pantalla y de pronto la cámara estaba encarándolo. Sonrió con suficiencia, alejó levemente el teléfono y se tomó una foto. Hermione soltó una risita mientras recuperaba su teléfono.

—Ha pasado mucho tiempo desde que estoy con alguien que no esté familiarizado con la tecnología Muggle. —dijo ella.

—Sí, incluso el Ministerio ya está usándola, ¿verdad? —preguntó el rubio.

—Hasta cierto punto. —respondió ella. —Pero la adaptamos para que sirva a nuestras necesidades.

—Bueno, aparentemente tiene sus fallas. Al menos eso es lo que dice un idiota que insiste en enviarme lechuzas… McMagot o algo así.

—McLaggen—corrigió Hermione. —¿En verdad has leído sus lechuzas?

—Sólo algunas, por accidente, ya que envía tantas… y también por el hecho de que aparentemente no puedo encontrar una secretaria que organice correctamente mi maldito correo.

—Bueno... Cormac me pidió que te mencionara esos mensajes que te ha estado enviando.

—¿Ah, sí? —dijo Draco, mirándola con las cejas alzadas—¿Y pretendías hacerlo?

—La verdad, no planeaba hacerlo, no. —dijo ella encogiéndose de hombros.

—¿Por qué no?

—Porque ya estás invadiendo mi vida personal, Malfoy. No necesito que también invadas mi vida profesional.

Draco hizo un puchero. —¿No te agrado, Granger?

—No soy Granger. —dijo ella, seria. —Es Weasley. Y no te conozco lo suficiente como para tomar una decisión al respecto.

Hermione supo inmediatamente que su manera de formular esa oración había sido un error, pero fue especialmente evidente cuando Draco bajó su rostro hasta que se encontraba a sólo centímetros del de ella. Hermione dio un paso atrás, y él uno hacia adelante, ella otro hacia atrás, y de pronto, sintió una pared contra su espalda, recordándole instantáneamente lo pequeño que era el lugar.

—Pues, quizás deberíamos cambiar eso—dijo él, acercándose y soltando su aliento caliente en el cuello de Hermione.

—Malfoy… esto… esto no es apropi…

—Ya tengo el papeleo.

Hermione y Draco miraron hacia la puerta del apartamento, donde el casero se encontraba parado. Draco movió su mano, que Hermione ahora notaba, había estado acariciando su cadera.

—Claro—dijo Draco, tomando los papeles.

Hermione lo siguió con lentitud.

—Dejaré que le lleves esto a tu pequeña flor, y mandaré a Scorpius en la mañana para que llene su parte.

Hermione asintió, muda, por alguna razón, mientras tomaba los papeles de sus manos.

—Debo irme—dijo él, tomando con sutileza el mentón de Hermione con las yemas de sus dedos, obligándola a mirarlo a los ojos. —Nos vemos pronto, Granger.

Draco estrechó la mano del casero, saliendo por la puerta y hacia las escaleras. Hermione le agradeció al hombre antes de seguir a Draco lentamente. Muy lentamente. No quería encontrárselo por accidente al bajar.

De verdad no entendía lo que estaba pasando. Si bien era obvio que Draco no era el mismo niño con el que había estudiado en Hogwarts, aún así podía notar que no había dejado completamente de lado sus prejuicios. Apartando todo eso, sus intenciones estaban bastante claras.

La verdad, solo había una cosa que podía hacer: No quedarse a solas con Draco Malfoy nunca más.

Claro que con su situación actual, era mucho más fácil decirlo que hacerlo.


N.T.: Les gustó? espero que sí :) espero me dejen un review con su opinión, y espero pronto poder traerles el próximo cap :)) Hasta la próxima!

A.-