DISCLAIMER: los personajes de la saga Harry Potter es propiedad de JK Rowling, y la trama de esta historia es propiedad de Lena Phoria, yo solo soy una simple traductora amateur :)
N.A.: Hola a todos! Mis disculpas por la tardanza... este cap se me hizo mega pesado de traducir... sin embargo, es algo más movido, espero les guste! Muchísimas gracias a todas las personas que dejaron su review en el capítulo anterior y que han añadido la historia a alertas y favoritos. Como siempre, cualquier crítica, duda, etc. es bien recibida :) Enjoy!
Chapter 3: Celebración
Hermione asomó la cabeza en la habitación de Rose, observando a su hija de pie frente al espejo de cuerpo entero, girando de izquierda a derecha y poniéndose de espaldas para mirarse por sobre su hombro.
—¿Se ve bien? —preguntó Rose, viendo a su madre, buscando apoyo. Había escogido un vestido plateado para su fiesta de compromiso, pues sentía que el blanco sería demasiado repetitivo. Además, contrastaría bastante bien con el vestido dorado de Hermione, sin mencionar con los ojos de Scorpius.
—Sabes que sí—dijo Hermione, entrando a la habitación. —Te ves hermosa.
El teléfono de Rose sonó. Fue hacia él e inmediatamente rió. Luego lo extendió hacia su madre para que viera la pantalla. —Scorpius ha estado experimentando bastante desde que se enteró de cómo funciona la cámara de su teléfono.
Hermione rió con su hija al ver la foto que el muchacho se había tomado vestido en su traje negro con corbata plateada, que combinaba con el vestido de Rose.
—¿No se ve atractivo? —dijo Rose, con ojos brillantes.
Hermione ladeó la cabeza mientras miraba la imagen, su mente viajando instantáneamente al recuerdo de la portada de la revista donde Draco había posado vestido de manera bastante similar. —Se parece a su padre—respondió.
—Bueno, hay peores personas a las que parecerse físicamente. —dijo Rose—Si Scorpius envejece y luce la mitad de bien que su padre, estaré más que satisfecha.
—Mhmm…—Hermione arrugó los labios y miró distraídamente por la ventana.
—Sé que no te agrada su papá—continuó Rose. —Pero aprecio que al menos estés tratando. Merlin sabe que papá no lo está haciendo.
—Sí, tu padre puede ser un poco terco.
—¿Un poco? —repitió Rose, alzando las cejas.
—De acuerdo, es muy terco—dijo Hermione con una sonrisa. —Pero entrará en razón. Sólo dale tiempo.
Rose asintió y miró sus zapatos. Simples zapatillas planas, tipo bailarina, ya que no había aprendido a funcionar aún con tacones altos. —¿Estás molesta porque me case con él? —preguntó.
—Por supuesto que no.
—Pero no estás contenta. —dijo, mirando a su madre y frunciendo el ceño.
Con un suspiro, Hermione se acercó, sentándose en la cama. —Bueno, no estoy en desacuerdo con tu padre en el hecho de ambos son terriblemente jóvenes. Si las cosas fueran a mi manera, los dos esperarían unos cuantos años. Pero no es mi decisión y los apoyo sin importar lo que decidan.
Rose se mordió el labio. —Siendo completamente honesta, me sorprendió mucho cuando me propuso matrimonio. No lo esperaba en lo absoluto, pero de pronto se hincó en una rodilla y antes de siquiera poder comprender lo que estaba pasando, simplemente solté un "Sí". De hecho, ni siquiera estoy segura de que haya terminado de formular la pregunta… así de emocionada estaba. —sonrió con timidez y miró el anillo de diamantes en su dedo. —Personalmente, creo que me queda bien. —Luego miró el dedo anular de la mano izquierda de su madre. Sin diamante.
Hermione siguió su mirada y escondió su mano izquierda bajo la derecha. —Rose, ¿por qué no me cuentas sobre Scorpius? —preguntó-Entiendo que no lo hayas mencionado durante las Navidades, ¿pero y en Pascua?
—Bueno, iba a contarles en Pascua, ya que quería decirlo en persona… pero apareció esa estúpida foto de Papá y Colette y no quise molestarte con algo tan tonto.
Hermione gruñó levemente ante la mera mención de su antigua asistente.
—¿Sabías que me envió una lechuza pidiéndome una invitación para la fiesta?
—¿Y qué le dijiste? —preguntó Hermione.
—¡No respondí! —gritó Rose. —Pero es bastante descarada. —Se detuvo. —No crees que papá la traiga, ¿verdad?
—No lo sé, Rosie. —dijo Hermione—Están saliendo. Si quiere traerla…
—¡Pero eso sería muy grosero! ¡Si la trae, nunca lo perdonaré!
Rose se cruzó de brazos y levantó la nariz, recordándole a su madre de cuando era más niña, cuando entraba en la misma actitud desafiante cada vez que sus padres trataban de hacer que tomase un baño. Hermione no pudo evitar reírse.
—Claro que lo perdonarás. —dijo—Es tu padre y lo amas.
—No, yo…
—¡Ni siquiera digas esas cosas en broma, Rose! —espetó Hermione.
—¿Aún no están listas? —preguntó Hugo, asomándose a la habitación. Lucía muy guapo en pantalones negros, una camisa formal azul y un blazer, sin corbata. El único defecto que Hermione podía encontrar era la presencia de zapatos deportivos en sus pies, pero le había sido imposible quitarle esa horrible maña. —Tu prometido ha estado mandándome fotos de sí mismo—Mostró su teléfono. —Creo que está aburrido, no tiene Weasleys que le hagan compañía.
—Debería aprovechar la tranquilidad mientras pueda—dijo Hermione, parándose de la cama. —Pronto su vida estará llena de Weasleys.
Siendo hija única, Hermione sentía una cierta solidaridad por Scorpius, y se preguntó si quizá debería advertirle sobre el cómo su vida cambiaría drásticamente. La privacidad definitivamente sería cosa del pasado. Así como los límites.
—De acuerdo, vamos—dijo Hermione, arriando a sus hijos fuera del dormitorio de Rose.
Fueron a la sala, y Hermione y Hugo dejaron que Rose usara la Red Flu para ir a Malfoy Manor en primer lugar. Hugo insistió en que su madre fuese la siguiente, como todo un caballero. Sonrió con orgullo antes de tomar el polvo y transportarse a un lugar al que no había ido en años y que había pensado nunca volver a visitar.
Cuando Hermione llegó, Rose ya había enlazado sus labios con los de Scorpius en el medio de la habitación. Retiró la mirada para no ser grosera, y comenzó a observar con detalle el salón de reuniones de la Mansión. Definitivamente lucía diferente, para nada como cuando había estado allí. La estancia era mucho más luminosa. No podía determinar si era por la pintura de las paredes o la iluminación, pero lucía bien. Los muebles eran menos tétricos ahora. Las obras de arte en las paredes habían cambiado. Ya no los rodeaban retratos móviles de los antiguos Malfoys, sino pinturas de dragones y paisajes. Hermione se preguntó por un momento si siempre había sido así, o si los retratos habían sido movidos del sitio para evitar que los ancestros gritasen su descontento hacia este matrimonio.
—Granger.
Hermione se giró para ver a Draco ahora de pie junto a ella, extendiéndole una copa de vino.
—Creí que podrías necesitar esto.
—Gracias—dijo por costumbre, antes de tomar la copa de su mano y tomar un sorbo. No pudo ignorar la manera en que los ojos de Draco se pasearon por su cuerpo. —Deja de hacer eso, Malfoy. Tus ojos deberán mantenerse acá arriba siempre. —Señaló su rostro, enfadada. —¿Estás entendiendo?
Draco miró a donde la castaña señalaba y sonrió con burla—No sé de qué estás hablando.
Se escuchó un "swish", y Hermione se dio vuelta para ver a Hugo salir de la chimenea, sacudiéndose el hollín de los hombros. La castaña le hizo un gesto para que se acercara y él vino, obediente.
—Hugo, ¿ya conociste al padre de Scorpius?
—Oh, ummm… no. No, no lo he conocido. —dijo Hugo, su nariz tornándose ligeramente roja. Obviamente había escuchado historias sobre Draco, pero Hermione no estaba segura si éstas habían provenido de Ron o de Scorpius.
—Bueno, ya que vamos a ser familia pronto, quizá deberías contarle al Señor Malfoy aquí presente todo sobre tu colección de figurines de dragones Creatasia. Estoy segura de que le encantaría escuchar acerca de ello.
Hermione esperaba que Draco considerase aquéllo una idea abominable, pero en lugar de eso, sonrió suavemente y dijo, —Scorpius colecciona esos figurines. Cualquier cosa de Creatasia… pero los dragones son sus favoritos.
Hugo abrió los ojos con sorpresa. —¿De verdad? Pero si se burló de mí cuando encontró uno en mi habitación una vez—frunció el ceño y gritó. —¡Malfoy, imbécil!
Scorpius y Rose pararon de besarse y se giraron para verlo.
—¡No puedo creer que hayas tenido las agallas de criticar mi figurín del Bola de Fuego Chino cuando tú mismo tienes una colección!
Scorpius palideció.
Rose parpadeó, mirando ausentemente a su hermano por un momento antes de soltar una carcajada—¿Tienes una colección?
—No, yo…—Scorpius gruñó, y sus ojos llameantes se posaron sobre su padre. —¡Papá! ¿Qué le dijiste?
—No sabía que era un secreto—dijo Draco, sin parecer especialmente arrepentido.
Rose seguía riendo. Scorpius la miró, frunciendo el ceño por un momento, pero luego irguiéndose, diciendo—¿Sabes? Me alegro de que esto ya haya salido a la luz. Así puedo llevarlos conmigo cuando nos mudemos a nuestro apartamento.
La risa de Rose se detuvo en seco. —Oh, no lo creo. Esas cosas ya invadieron mi vida una vez, no dejaré que suceda de nuevo.
—¡Pero son increíbles!
—Son espantosas.
—Sabes, Scorpius, si tu colección se acerca siquiera al tamaño de la de Hugo, creo que estás sobreestimando el tamaño de su apartamento, porque no hay forma de que quepa. —añadió Hermione.
—Oh, sí que lo está sobreestimando. —dijo Draco con una risita. —Su habitación es dos veces ese apartamento y los dragones están hacinados en ese espacio.
—Bueno, no me los llevaría todos—dijo Scorpius.
—Puedes llevarte una. —dijo Rose.
—¿Una centena?
Los ojos de Rose casi brincaron de sus cuencas. —No. Una, es decir, una unidad. Una única figurilla.
—¿Veinte?
—¡Una!
—¿Veintiuna?
Rose parecía estar a punto de levantar sus manos para ahorcarlo, pero antes de poder hacerlo, Hugo preguntó—¿Podrías mostrarme tu colección, Scor?
Los ojos de Scorpius se iluminaron—¡Oh, por supuesto! Me regalaron el Vipertooth Peruano la semana pasada por mi graduación y es de verdad increíble.
Los muchachos siguieron hablando mientras se alejaban, pero Draco tomó el hombro de Scorpius con firmeza, trayéndolo de vuelta. —Después, Scorpius. Tienes invitados que llegarán en cualquier momento y no toleraré que estés encerrado por horas en tu habitación hablando de dragones.
—Yo no haría…
—No termines esa oración—dijo Draco con severidad—porque ambos sabemos que sí lo harías.
Una sonrisa se apoderó del rostro de Rose al ver cómo Scorpius sucumbía a las órdenes de su padre. Hermione sabía que estaba tomando notas en su cabeza.
Se escuchó un "swish" de la chimenea y todos vieron a Lily salir de ella en un vestido que era definitivamente demasiado maduro para una muchacha de dieciséis años. Hermione agradeció de inmediato que Rose no hubiese pasado por esa etapa.
—¡Damas y caballeros, la dama de honor ha llegado!¡La fiesta puede comenzar!
Lily bailó hacia ellos, usando algo que estaba sosteniendo como compañero de baile. Cuando los alcanzó, se lo entregó a Rose. Era un portarretrato plateado con una foto de Rose y Scorpius en su graduación.
—Supuse que podríamos agrandarlo un poco y ponerlo en una mesa o algo así, para que todos sepan qué es lo que estamos celebrando.
"Swoosh"
Albus salió de la chimenea y se acercó.
"Swoosh"
James salió justo detrás de él.
—Creo que ya todos lo saben—dijo Rose, riendo. Miró a Scorpius. —¿Dónde podemos poner esto?
"Swoosh"
Ginny llegó, mirando la habitación de la Mansión con escepticismo antes de chocar miradas con Hermione. Se dirigió hacia ella.
Antes de que Scorpius pudiese responderle a Rose, un elfo doméstico apareció de la nada y lo tomó de sus manos. Los ojos de Hermione se abrieron considerablemente al ver a la criatura caminar hacia donde varias mesas estaban siendo acomodadas por al menos una docena de elfos domésticos. Estaban sacando bandejas de comida, y botellas de Whiskey de Fuego y Cerveza de Mantequilla, así como una pequeña mesa que uno de los elfos había decorado con un mantel plateado y una vasija plateada con rosas color rojo sangre. Habían puesto la foto frente a la vasija, y adornaron el espacio vacío alrededor con algunas ramas verdes.
Hermione sintió a alguien tocar su mentón y empujarlo hacia arriba. Ni siquiera se había dado cuenta de que su boca se había abierto de la impresión. Giró para ver a Draco, mirándola con una sonrisa burlona.
—Relájate, Granger. Son la ayuda contratada para esta noche… es decir, les estamos pagando.
—¿Cuánto? —preguntó.
—Tanto dinero como estén dispuestos a recibir. —dijo Draco. —Cuando los contrato, simplemente les dejo un saco de Galeones al final de la noche y dejo que se lleven lo que quieran.
—Eso es muy generoso. —dijo Lily, inclinándose hacia Draco y enrollando un mechón de su cabello rojo alrededor de su dedo de una forma que trataba de ser coqueta.
"Swoosh"
Harry salió de la chimenea, luciendo algo nervioso. Hermione no era la única que estaba menos que contenta con la elección para el lugar de la fiesta. Caminó hacia el grupo muy lentamente.
—¿De dónde sacaste esto? —preguntó Ginny, señalando la copa de vino de Hermione.
—Oh, ummm…—Hermione observó la mesa que los elfos estaban arreglando, pero aún no habían puesto las copas. Movió su mirada hacia Draco.
—En la cocina. —dijo él. —Iré y…
—Tranquilo, iremos nosotras—dijo Ginny, tomando a Hermione por un brazo y llevándola hacia la primera puerta que vio. Luego se detuvo cuando vio otras tres puertas más.
—Ésa. —dijo Draco, señalando la primera a la que Ginny se había acercado.
Lily tomó el brazo extendido del rubio, sujetándolo fuerte. —Su casa es increíble.
—¡Lily Potter, compórtate! —espetó Ginny, mientras ella y Hermione salían de la habitación. —Honestamente, Hermione, a veces no sé qué hacer con esa niña.
Mientras las dos se acercaban a la cocina, pudieron escuchar la voz autoritaria de una mujer dar órdenes. Cuando se asomaron a la estancia, vieron a Narcissa Malfoy dando instrucciones a otros elfos domésticos, dándoles bandejas con copas de diferentes tamaños y diciéndoles qué bebidas iban cerca de cuáles, y que el plato de los quesos no debía estar siquiera en las cercanías de las vieiras. Luego se giró.
—Astoria, ¿de verdad no vas a colaborar en lo absoluto esta noche?
Hermione y Ginny se adentraron un poco más y vieron a Astoria sentada en una mesa con su hermana, Daphne, y dos adolescentes, una chica y un chico, la chica era un retrato de la mujer rubia junto a ella. Astoria parecía estar bebiendo de un vaso de Whiskey.
—Me parece que tienes todo bajo control, Narcissa. Honestamente, no siquiera estoy segura de por qué estoy aquí.
—Porque es la fiesta de compromiso de tu hijo, jodida imbécil. —dijo Daphne, dándole a Astoria un golpe en la parte de atrás de la cabeza.
La muchacha más joven en la mesa rió. —¡Ese vocabulario, mamá!
Daphne sonrió, acariciando el cabello de la chica. —Mami lo siente mucho, cariño, pero sabes que tu tía saca la Neanderthal en mí.
—Eso es decirlo amablemente. —dijo el muchacho, tomando un sorbo de una botella de Cerveza de Mantequilla.
—Por favor—dijo Astoria, poniendo los ojos en blanco. —Scorpius estaba diciendo cosas horribles acerca de esta chica el año pasado. No van a durar.
—Sólo porque ella sacaba mejores notas que él en todo—dijo el muchacho. —Cambió de opinión bastante rápido una vez que habló con ella. Rose está buena. No puedes negarlo.
—Paulina dice que está totalmente prendado de ella. —dijo Daphne mirando a su hija.
Paulina sonrió. —Lo está. Algunas de las chicas de Slytherin pensaron que sería divertido tratar de que la engañase, pero nunca lo hizo. Dos muchachas inclusive llegaron al punto de acostarse desnudas en su cama para cuando llegara a su habitación, y lo único que hizo fue echarlas de allí.
Tanto Astoria como Narcissa ahogaron una exclamación y se retorcieron.
—¡Paulina, ese tipo de historias no se cuentan a todo el mundo! —espetó Astoria.
—Lo siento. —dijo Paulina, sonrojándose.
Ginny retrocedió y accidentalmente tropezó con una mesa que se hallaba justo junto a la entrada de la cocina. Todos en la habitación giraron y las vieron a ella y Hermione.
—Lo siento—dijo Ginny, tratando de acomodar los objetos de la mesa. Había demasiados adornos en este lugar.
—Hola—dijo Narcissa, viendo a Hermione y tratando de sonreir.
—¿Necesitaban algo? —Preguntó Astoria, tomando otro sorbo de su Whiskey.
Ginny no dijo nada, así que Hermione mostró su copa y dijo, —Nos gustaría una recarga.
—Tenemos bastante—dijo Daphne, poniéndose de pie y acercándose al mesón de la cocina, donde una botella abierta la esperaba. Hermione se acercó, y Daphne le sirvió vino en su copa, dándole una copa fresca a Ginny.
—Astoria, ¿no hay algo que quieras decirle a la Señora Weasley? —preguntó Narcissa, mirando con severidad a su exnuera.
Astoria gruñó y se recostó en su asiento. Miró su bebida, tomó aliento y dijo, —Siento si parecí un poco grosera en la graduación. No fue mi intención. Sólo me tomaron por sorpresa. Creo que a todos. —dijo, mirando a Hermione.
Hermione le ofreció una media sonrisa. —Está bien. No creo que ninguno de nosotros haya estado preparado para tal anuncio. Mi esposo tampoco se comportó muy bien que digamos.
El sólo decir la palabra "esposo" se sentía extraño para Hermione, pero realmente no había otra palabra para nombrarlo. No era su ex, sólo estaban atrapados en el limbo de las relaciones. No estaban juntos, pero tampoco separados.
—Parker, Paulina, parece que la gente está llegando. Quizá deberían ir y dar apoyo a su primo. —dijo Daphne.
El muchacho, Parker, miró a Hermione. —¿Hugo está allí?
—Sí—dijo Hermione, mirándolo interrogante. —Vino conmigo y con Rose.
Parker gruñó de nuevo y miró a su madre
Daphne frunció el ceño. —Parece que nuestros hijos están teniendo una pequeña riña. —Se detuvo. —Por una chica.
—Una vaca estúpida. —dijo Paulina, cruzándose de brazos. —Estás mejor sin ella, Parker.
Parker miró con tristeza su botella de Cerveza de Mantequilla. Claramente no estaba de acuerdo con su hermana.
—Me disculpo en nombre de mi hijo—dijo Hermione. —Es un poco voluble cuando se trata de chicas, y su prima Lily me dice que a veces parece olvidar que los demás tienen sentimientos.
Ginny rió.
De pronto, los ojos de Parker brillaron y levantó nuevamente la mirada.—¿Lily está aquí? Me debe cinco Galeones. Le dije que no había manera de que los Cannons derrotaran a los Arrows en el juego de ayer, pero ella juraba que tendrían un resurgimiento. Merlín, vaya que se equivocó.
—¿Estás en el equipo de Quidditch con ella? —preguntó Ginny.
—Sí. —respondió Daphne por su hijo. —De hecho se disputan el puesto de Capitán para el próximo año ahora que Scorpius se graduó.
—Oh—dijo Ginny, una luz encendiéndose en su cabeza.—Así que ése eres tú.
—Soy mayor. —dijo Parker—Yo debería ocupar el puesto. Ella puede ser Capitana cuando yo me vaya.
—Ajá—dijo Ginny, quien ahora estaba estudiando a Parker de arriba abajo. Un muchacho muy apuesto, por suerte inclinándose más hacia los genes del lado Greengrass que del lado Goyle.
—De acuerdo, ve entonces a hablar con Lily, Parker, reclama tus Galeones y muestren a Scorpius que lo apoyan—ordenó Daphne—No queremos que la gente piense que somos como sus abuelos Greengrass.
—Parker gruñó una vez más. —Oh, está bien.
Él y Paulina se pusieron de pie. Parker salió de la cocina, pero Paulina se acercó a Hermione. —Mi hermano nunca admitirá esto porque en este momento detesta a Hugo, pero él es un enorme fan de usted. —dijo ella, extrayendo una tarjeta coleccionable de las Ranas de Chocolate de su bolsillo, la cual tenía la imagen de Hermione. —¿Sería posible que la firmase para él para cuando se tranquilice?
Hermione sonrió y dijo, —Por supuesto—Tomó la tarjeta y usó su varita para estamparle su firma. Paulina chilló con alegría y le agradeció, antes de salir.
—¿Te importa que tu hija sea de Slytherin?—preguntó Astoria, quien súbitamente estaba de pie junto a Ginny, habiendo cambiado el Whiskey por vino.
—No. —respondió Ginny—Nunca quiso estar en la misma casa que sus hermanos, y Harry y yo sospechábamos que ésa era en la que esperaba quedar.
—La primera en generaciones de tu familia en no estar en Gryffindor—dijo Daphne. —Es algo importante.
—Sí, Neville dijo que todo el Gran Comedor se quedó en silencio cuando el Sombrero Seleccionador emitió su elección. —dijo Ginny con orgullo.
—Cosa que apuesto la puso muy feliz. —dijo Hermione con una sonrisa.
—Ya todos han comenzado a llegar. —dijo Draco al tiempo que ingresaba a la cocina. —¿Por qué siguen todas aquí?
Narcissa se alejó de la bandeja que se encontraba arreglando con diversos aperitivos y acomodó su vestido. Hermione no pudo evitar notar lo hermosa que se veía. Tenía que estar llegando a los setenta años, pero no lucía en lo absoluto de esa edad. Y por lo que había visto de Lucius, lucía también igual, con la excepción de su cabello del más puro blanco en lugar del rubio platinado de su juventud. Era como si el tiempo no los hubiese tocado, cosa que ella suponía era la razón por la que Draco lucía tan bien.
Nunca había pensado mucho en su apariencia en la escuela, ya que su personalidad era más que suficiente para que nunca lo considerara como otra cosa sino feo, pero los años definitivamente habían hecho maravillas con él. Era uno de esos hombres que se ponían cada vez más guapos con el tiempo. No sabía por qué eso la hacía sentir algo envidiosa.
—¿Tu padre y Gregory siguen en la terraza? —preguntó Narcissa.
—Eso creo—dijo Draco—¡Wimsy! —llamó.
Un segundo después, un elfo doméstico apareció frente a él. Hermione lo reconoció como el que había estado tomando fotos en la graduación.
—Ve y busca a mi padre y a Goyle en la terraza, ¿sí?
—Sí, Amo.
Wimsy estaba a punto de desaparecerse cuando Astoria gritó, —¿Cómo lo llamaste?
El elfo hizo una mueca antes de girarse hacia Astoria. —Lo siento, Ama. Wimsy irá a buscar a su padre en este instante, Señor Malfoy.
Astoria sonrió con engreimiento al tiempo que el elfo desaparecía.
Hermione frunció el ceño. —Creí que habías dicho que todos los elfos eran ayuda contratada. —dijo, mirando a Draco.
—Y lo son… al menos todos los que están allá afuera. —respondió. —Wimsy está aquí como invitado.
—Mi hijo adora a esa cosa sucia—dijo Astoria con desdén.
Hermione se sintió rabiar.
—Relájate, Granger. —dijo Draco. —Una vez lo perseguí por toda la casa tratando de regalarle una bufanda y no quiso aceptarla.
—Eso es cierto—confirmó Astoria. —Fue justo después de que le dije que quería al elfo en la repartición de bienes del divorcio.
Ginny tomó a Hermione del brazo y trató de sacarla de inmediato de la cocina. —No puedes ganar todas las batallas, Hermione. —susurró, mientras se dirigían a la fiesta. —Algunos elfos no quieren ser liberados.
—Sí, lo sé. —dijo Hermione. Y lo sabia, incluso aprendiendo a aceptarlo con los años. Pero aún así, su trabajo no estaría completo hasta que todos y cada uno de los elfos domésticos comprendieran que eran seres tan valiosos como los humanos.
Cuando volvieron al salón de reuniones, la fiesta ya estaba en su cúspide. Parker había encontrado a Lily y estaba reclamando sus Galeones. Lily los entregó con un puchero.
—Ese es el chico que le gusta a Lily—susurró Ginny—Nunca me dijo que fuera un Goyle.
Parecía que Ginny estaba en lo correcto. Apenas Parker tuvo en mano sus Galeones, Lily se inclinó mucho hacia él, quien le susurró algo al oído, antes de ir con ella hacia la mesa de bebidas, mirando alrededor con cautela antes de servirse algo de vino en sus copas.
Ginny suspiró—Iré a encargarme de esto.
Hermione se quedó sola. Miró alrededor de la habitación, feliz de ver que, con la gran multitud, la sala se veía menos como el sitio donde había sido torturada tantos años atrás. Rose y Scorpius seguían pegados el uno al otro, cerca de la chimenea, saludando a todo el que llegara. Hugo estaba sentado en el sofá, y parecía estar metido de lleno en una conversación con Paulina, quien estaba tocando su brazo de una forma más insinuante de lo que debería, considerando que solo la semana pasada el pelirrojo le había robado la novia a su hermano. Pero Hugo ni siquiera había mencionado a la chica de la fiesta de graduación desde ese entonces, lo cual hacía que Hermione pensara que ya eso era historia. Ojos que no ven, corazón que no siente. Todavía no le quedaba claro de dónde había sacado su hijo esa conducta tan promiscua.
Hermione finalmente localizó a Harry parado en una esquina. Tragó en seco cuando vio que Ron estaba con él. Por suerte, Colette no se había presentado. Hermione esperaba que eso significara que la había dejado de lado.
Harry la miró desde el otro lado de la sala y le hizo un gesto para que se acercase. Estaba a punto de hacerlo cuando alguien se atravesó en su camino.
—Hermione Granger. Tiempo sin verte.
Levantó la mirada para encontrarse con los conocidos ojos de Blaise Zabini observándola de cerca. —Es Hermione Weasley ahora. —dijo ella.
—¿Ah, sí? —dijo Blaise, alzando las cejas. —Y yo que había escuchado que eras una mujer libre nuevamente.
Hermione resopló. —Bueno, ya que todo el Mundo Mágico ha decidido interesarse en mi vida, supongo que no hará daño que sepas que Ron y yo estamos separados, no divorciados.
Blaise sonrió sarcásticamente. —A mí me suena como que sí eres una mujer libre. —Dio un paso, acercándose a ella. —Quizá por eso me dejes llevarte a cenar uno de estos días.
—¿No eres casado? —preguntó Hermione, cruzándose de brazos.
—Divorciado—contestó Blaise. —Tres veces divorciado, de hecho. No busco nada serio, ¿sabes a lo que me refiero? —dijo, lanzándole un guiño a Hermione.
—Sí lo entiende, Zabini. —dijo Draco, deteniéndose junto a Blaise y poniendo una mano en su hombro, usándola para alejarlo de la castaña. —Ya a estas alturas deberías saber que Granger no es ese tipo de chica.
—Por lo que veo, Granger no es ninguna chica. Pero sí que es bastante mujer.
—Desearía que dejaran de llamarme así—dijo, tratando de buscar un escape. Desafortunadamente, Blaise estaba bloqueando su visión de Harry, así que no podía pedir que la rescataran.
En un segundo, la habitación se tornó perturbadoramente callada. No silenciosa precisamente, pero las voces altas que hablaban hacía minutos se habían convertido en nada más que unos cuantos débiles murmullos y exclamaciones ahogadas.
Hermione notó que todos estaban mirando hacia la chimenea. Se dio la vuelta para ver que una mujer había acabado de salir. Sonrió inocentemente a todos, y caminó hacia Rose, tomándola en un abrazo sumamente forzado.
—¿Se supone que sepamos quien es ella? —preguntó Blaise, notando que todos los invitados estaban observando a la mujer con fija fascinación.
Hermione tomó aire profundamente y lentamente dijo, —Ésa es Colette.
Colette soltó a Rose y comenzó a observar la habitación. Sus ojos se detuvieron en Hermione por un momento antes de finalmente encontrar a Ron de pie bien al fondo de la estancia. Se acercó, ignorando completamente a Hermione al pasar junto a ella y lanzando sus brazos alrededor del cuello de Ron, besándolo frente a todos. Él extendió los brazos incómodamente a ambos lados de su cuerpo y mantuvo los ojos abiertos, luciendo casi tan sorprendido como el resto de la gente.
Harry inhaló profundamente varias veces junto a Ron, girando la cabeza para no tener que ver la escena.
Cuando Colette finalmente liberó sus labios, Ron la observó con ojos muy abiertos, y dijo—Pensé que no podías venir.
—Cambio de planes. —dijo, retirando sus brazos del cuello de Ron y enrollándolos en la cintura del pelirrojo. —¿No te alegra verme?
—Yo… uhhh..
Ron miró hacia el otro lado para encontrarse con la mirada de Hermione, quien desvió sus ojos rápidamente y comenzó a tomar un paso hacia la salida, pero Draco la tomó de una muñeca firmemente, manteniéndola en su lugar. —No le des la satisfacción de irte, Granger—dijo en voz baja, entre dientes.
Hermione lo miró, sus ojos tristes por un momento, antes de asentir muy sutilmente. Draco la dejó libre, y ella relajó su postura. Dirigiendo su atención a Blaise, preguntó. —Así que… ¿Qué has estado haciendo estos años?
—Oh, nada, realmente—dijo, llenando el silencio con palabras sin sentido hasta que la gente retornó a sus asuntos. —Una vez que todos los ojos y oídos dejaron de prestar atención a ellos, habló. —Si quieres, podríamos besarnos ahora. Ya sabes… eso de "Ojo por ojo…"
Hermione trató de sonreír. —Gracias, pero creo que pasaré de ello.
—Bueno, la oferta sigue en pie—dijo—Sólo tienes que avisarm…
—¿Mamá, qué hace ella aquí? —interrumpió Rose en voz baja, su cara roja de furia.
—Supongo que tu padre la invitó—dijo Hermione, mirando hacia donde Colette se hallaba engarzada del brazo de Ron. Harry ya había desaparecido.
—¿Por qué habría de hacer esto? —gimió Rose—¡Arruinará todo!
Rose salió de la habitación, hecha un mar de lágrimas, con Scorpius justo tras ella y seguida de cerca por Lily y Hugo.
Hermione suspiró y terminó de beberse lo que le restaba de vino. —Necesito aire fresco. ¿Cómo salgo de aquí, Malfoy?
—Por ahí—dijo Draco, señalando una de las puertas laterales.
Hermione le entregó su copa vacía y caminó en la dirección que le había indicado con tanta serenidad como pudo. Al final del pasillo habían un par de puertas de vidrio que daban hacia una terraza. Estaban abiertas, ya que algunas personas habían salido a fumar, y pasó junto a ellas sin detenerse hasta estar en uno de los laterales de la Mansión, donde nadie la viera. Una vez que estuvo allí sola, se detuvo, se recostó contra el muro y comenzó a llorar. No entendía por qué la lastimaba tanto verlos juntos, especialmente cuando sabía en el fondo de su mente que ella no quería reconciliarse con Ron. Pero sí que dolía.
Hermione no se había sentido tan perdida nunca en su vida. Siempre tenía un plan y sabía exactamente a donde se dirigía en su vida, pero ahora, por primera vez, no tenía idea de qué se suponía que debía hacer.
La castaña pasó unos buenos treinta minutos fuera antes de hacer un rápido chequeo del estado de su maquillaje y regresar a la fiesta. Mientras observaba a los presentes en la habitación, la primera persona que llamó su atención fue Draco, quien estaba rodeado en ese momento de un puñado de chicas adolescentes, Lily incluida. Todas parecían reír ante cada palabra emitida por el rubio, pero él se encontraba distraído y miraba a otro lado. Hermione siguió su mirada para ver que observaba a Astoria, que estaba hablando con un muchacho adolescente con un enorme parecido con Blaise.
Tras divisar a Harry y Ginny hablando con Ron y Colette, quien al fin había dejado el agarre letal sobre el brazo de Ron, Hermione decidió que necesitaba otro trago. Fue directo a la mesa de bebidas y hacia la sección de vinos, donde tomó la primera botella que vio y se sirvió una copa.
—¿Estás bien, tía Hermione?
Hermione observó a Victoire acercarse y pararse junto a ella con una taza de cidra caliente de manzana. Teddy estaba junto a ella con una taza también, ya que había dejado el alcohol voluntariamente durante los meses de embarazo de su esposa en solidaridad con ella. Por lo que había entendido de sus conversaciones en el trabajo, ya estaba arrepintiéndose de haber tomado esa iniciativa.
—Estoy bien—le aseguró Hermione. —Supongo que estoy algo sorprendido de que ella de verdad haya venido.
—Creo que todos lo estamos—dijo Teddy.
Victoire asintió—Sí, la abuela y el abuelo están muy molestos. Se han encerrado en la cocina y se niegan a salir hasta que ella se vaya.
—No creo que tenga intenciones de irse—dijo Hermione, mirando a Ron y Colette nuevamente.
—Es una perra sin ningún tipo de clase—dijo Victoire. Cuando Teddy y Hermione ahogaron una exclamación, ella solo se encogió de hombros y dijo, —Bueno, lo es. Él no está divorciado y ella sabe que Rose la odia, así que ¿por qué, en el nombre de Merlín, habría ella de venir?
—Para provocarme—dijo Hermione—No te preocupes, no le daré la satisfacción.
—¡Así es! Sé la mujer más madura. —dijo Victoire, alzando un puño al aire en señal de triunfo.
Hermione sonrió y miró hacia la pancita de la rubia, estirando una mano y acariciándola unos segundos. —Debemos hacer planes para llevarte con ese boticario que se especializa en antojos del embarazo.
—Suena como un lugar mágico—dijo Victoire, mordiéndose el labio inferior mientras miraba una mesa llena de postres. Había una torta de chocolate que lucía especialmente tentadora. —Figura femenina, figura femenina, figura femenina—se repitió a sí misma como mantra, cerrando los ojos—¿Podríamos ir el lunes, en tu hora de almuerzo? —preguntó.
Hermione se tensó un momento al pensar en todo el trabajo que le esperaba en la oficina. —Ummm.. bueno, no sé si…
—Por favor, tía Hermione—rogó Victoire, poniendo sus manos en posición de oración. —Estoy completamente segura de que tu asistente te cubrirá. El trabajo que tengas, simplemente lánzalo en su escritorio.
Teddy rió. —Gracias, cariñito, apreció mucho tu consejo.
Hermione dejó salir un suave suspiro y dijo—De acuerdo, bien. A mediodía el lunes.
—Que en el reloj de Hermione significa las once y cuarenta y cinco. —le recordó Teddy a su esposa..
—¡Yay! ¡Gracias, gracias, gracias! —Victoire abrazó a Hermione por el cuello con fuerza. —De acuerdo, ya que eso está resuelto, lo siento, cariño, pero ese pastel de chocolate y yo estamos a punto de tener un amorío muy público. Si me disculpan…
Victoire se alejó y pasó un par de minutos estudiando cada una de las porciones de pastel hasta encontrar la más grande.
—Debería ir a tratar de detenerla. No debería intimar demasiado con ese pastel—dijo Teddy, riendo al ver a su esposa saborear con los ojos cerrados el bocado que se había llevado a la boca con un tenedor. —Nos vemos luego—dijo, dándole a Hermione un beso en la mejilla antes de partir hacia Victoire.
Hermione se mantuvo de pie junto a la mesa de las bebidas para poder rellenar su copa tantas veces como fuese necesario. Neville y Hannah se acercaron a hablar con ella, así como Luna y su esposo Rolf. Hasta esa noche, no se había dado cuenta del hecho de que todos sus amigos estaban emparejados. Ni una sola persona soltera se acercaba a hablar con ella, excepto por Blaise que se detuvo solo un segundo para preguntar si quería besarse con él. Y luego apareció su novia veinteañera, llevándoselo lejos de allí. Otra maldita pareja.
Hermione miró nuevamente a Ron, quien parecía tener a Harry de prisionero mientras Colette se ocupaba de consentirlo. Las miradas de ella y Ginny se encontraron y su cuñada usó el contacto para separarse de Harry y dirigirse hacia ella.
Hermione miró a Luna, con quien estaba hablando en ese instante, y dijo, —Iré afuera por algo de aire fresco. Dile a Ginny que solo necesito un minuto a solas.
Luna asintió y Hermione se alejó rápidamente. De verdad no estaba de humor para escuchar a Ginny excusar a su hermano. Quizá Colette sí se había presentado por iniciativa propia, pero él ciertamente no estaba haciendo ningún esfuerzo por echarla del evento.
Hermione salió por la misma puerta de antes y por el oscuro pasillo. Al aproximarse a las puertas de vidrio que daban hacia el jardín, no pudo evitar escuchar los gritos provenientes de afuera.
—¿Tienes alguna idea de la vergüenza que representas? —gritó un hombre—¡Es la fiesta de compromiso de tu hijo!
—¡No he hecho nada, Draco! ¿Y qué hay de ti con la hija adolescente de Harry Potter colgada de ti? ¡Es asqueroso!
—¿Yo, asqueroso? ¡Nunca tocaría a una maldita adolescente!
—¡Yo tampoco!
El patio súbitamente perdió todo su atractivo. Hermione encontró la puerta más cercana y la abrió. Se sorprendió agradablemente al encontrarse en una biblioteca. Era pequeña y acogedora, con olor a cedro y tabaco para pipa. Los estantes estaban desbordados de libros, algunos sacados de su sitio y puestos en una mesa pequeña junto a un sillón de aspecto muy cómodo. Hermione se aproximó y se sentó. Sí, efectivamente muy cómodo.
Hojeó varios de los libros que se encontraban sobre la mesa, todos de la autoría de Kendall Sheehy, su autor favorito. Bueno… autor favorito que aún estuviese vivo. Lo había escuchado hablar una vez en el Ministerio hacía ya muchos años y había sido increíblemente brillante.
Hermione pasó a su capítulo favorito, sobre conocer tus limitaciones mágicas, leyendo por encima varias frases. Por primera vez en toda la noche se sentía verdaderamente cómoda.
Una vez terminó, se puso de pie nuevamente y comenzó a revisar los libros en las estanterías. Encontró algunos de los títulos que estaba tratando de prohibir mezclados aquí y allá, pero todos estaban increíblemente polvorientos y parecían no haber sido tocados en décadas.
Cuando Hermione finalizó su revisión de la biblioteca, se dio cuenta de que no estaba lista para regresar de nuevo a la fiesta. Sorbiendo aún de su copa de vino, abrió una puerta del lado contrario de la habitación, opuesto a donde había entrado, y pasó hacia un pasillo.
Hermione vagó por los corredores de Malfoy Manor, dando vuelta en las esquinas, subiendo y bajando escaleras, e investigando todos y cada uno de los curiosos objetos que decoraban la enorme casa. Su favorito era un antiguo reloj de péndulo que adornaba el final de uno de los pasillos.
Continuó parada en medio de la estancia observando el reloj y tomando de su vino, cuando de pronto escuchó suaves voces hacer eco cerca de allí.
—¡Vamos, Ron! Veamos qué hay por aquí.
Hermione casi se atragantó con su vino. Era la voz de Colette.
—De verdad no creo que debamos estar aquí arriba.
Viendo sus sombras delinearse en la pared, Hermione se escondió en el corredor más cercano.
—Vaya, mira ese vejestorio—dijo Colette.
Hermione se pegó lo más que pudo contra la pared al ver a Colette acercarse, seguida de Ron. Claramente estaban viendo el reloj de péndulo.
—¿Por qué habría alguien de tener algo tan espantoso?
Hermione lanzó una mueca de disgusto hacia ellos. Sólo alguien sin una pizca de clase consideraría ese reloj como algo que no fuese hermoso.
Cuando vio que ambos estaban distraídos, Hermione caminó de puntillas hasta el final del pasillo. Buscaba dirigirse a dar una vuelta en otro corredor, cuando se encontró con algo que no podría considerarse sino un callejón sin salida, ya que sólo había una puerta desconocida allí.
—¡Vamos por aquí! —gritó Colette, riendo mientras abría y cerraba puertas a su paso.
Atrapada en un rincón sin salida, Hermione los escuchó acercarse al pasillo del que acababa de huir. En un impulso guiado por el pánico, abrió cuidadosamente la puerta y se introdujo silenciosamente dentro de la habitación. Recostó su espalda de la puerta cerrada y suspiró profundamente antes de ver dónde se encontraba. Un dormitorio. Los muebles estaban hechos de madera oscura y toda la tapicería y lencería era de la más fina tela verde y blanca. Típico.
Y luego Hermione miró hacia el frente, donde un par de puertas estaban abiertas de par en par, dando hacia un balcón de piedra muy espacioso donde un hombre con cabello rubio platinado se encontraba viendo hacia abajo. Se dio la vuelta lentamente, sus ojos grises abriéndose con sorpresa al verla allí. Y entonces, uno de los lados de su boca se curvó en una sonrisa.
—Bienvenida, Granger.
Antes de que Hermione pudiese decir algo, escuchó risitas justo fuera de la habitación. Se alejó de la puerta y se escondió en una esquina cercana del cuarto. La puerta se abrió repentinamente, atrapándola tras la lámina de madera, mientras Colette se adentraba torpemente en la habitación. Aún reía, pero solo una mirada hacia Draco hizo que cerrara la boca de un golpe.
—Oh, lo siento.
Ron se adentró justo tras ella.
El rostro de Draco inmediatamente se transformó en una mueca de desdén. —¿Alguna razón en particular para que estés en mi habitación, Weasley?
—Ummm… no—dijo Ron, su cara enrojeciendo en segundos. —Yo…
—La fiesta es abajo. —dijo Draco, acercándose a la puerta y forzándolos a dar varios pasos hacia atrás. —Les sugiero que regresen allá de inmediato. —concluyó, cerrando la puerta en sus caras y dejándoles a él y Hermione solos en su habitación.
N.A.: Un cliffhanger que nos dejó nuestra malvada pero querida Lena en este episodio! Oh, cómo la amo :) No olviden dejar un review! Trataré de actualizar para la próxima semana sin falta :D Saludos para todos :)
A.-
