DISCLAIMER; Los personajes de Harry Potter son propiedad de JK Rowling, y la trama es propiedad de Lena Phoria... yo sólo soy una humilde traductora :)

N.T.: Bueno, no tengo excusa. Simplemente me he retrasado muchísimo con esto... de verdad me disculpo por la tardanza con esta actualización, y espero que por lo menos les guste tanto como a mí me gustó cuando la leí por primera vez... Lena es lo máximo.

Agradezco muchísimo todos sus comentarios y que hayan puesto esta historia en alertas y favoritos. Me animan a seguir traduciéndola! Mil gracias por su apoyo :)

Espero les guste...

Capítulo 5: Tratar

Hermione se apresuró para alistarse para la mañana del lunes, pues iba retrasada posiblemente por primera vez en su vida. Rose trató de hacerle café pues sabía que su madre no tendría tiempo para pasar por su cafetería favorita antes del trabajo, pero éste no había terminado de colarse cuando Hermione necesitaba marcharse, así que se fue sin él.

No estaba segura de por qué estaba tan desconcentrada. Había descansado bastante el día anterior. Bueno, no bastante, pero sí suficiente. Había estado tan agotada después de su pequeño… incidente, que había dormido sin interrupciones hasta que Rose llegó y saltó en su cama a eso del mediodía, insistiendo que debía dejar de preocuparse por su papá y que disfrutase su día. Por supuesto, no se molestó en corregirla. Decirle a su hija que el motivo por el que estaba durmiendo hasta tan tarde era porque se había quedado despierta teniendo sexo con su futuro suegro de verdad no parecía una conversación que necesariamente tenían que tener.

Aun así, Hermione había estado algo fuera de sí todo el día. En un momento dado, incluso había necesitado salir a caminar para organizar sus pensamientos. Rose y Hugo se habían mirado, extrañados, al verla salir. Trató de convencerse a sí misma de que ellos tenían la razón y que estaba rara porque se encontraba molesta por Ron y Colette, y por eso había actuado de forma tan impulsiva con Draco. Pero sabía que eso no era verdad. Se había acostado con él porque quería. Así de sencillo. La única cosa que la había molestado del asunto de Ron y Colette había sido lo humillante de la situación. Todos mirándola con lástima. Deseaba estar molesta de veras, pero realmente… no lo estaba. Al menos no de la manera correcta.

Hermione usó la Red Flu para llegar al recibidor del Ministerio. En los últimos años, había sido modificado para que la gente pudiese aparecerse hacia afuera del edificio, pero no hacia adentro. Caminó a paso acelerado hacia el elevador, uniéndose a algunas otras personas que llegaban temprano los lunes por la mañana.

Llegó a su piso y pasó por todos los departamentos hasta llegar a su oficina ubicada al fondo del pasillo. Poca gente había llegado a esa hora, pero los que sí estaban, lucían sorprendidos al verla llegar diez minutos después de lo usual, lo cual seguía siendo una buena hora antes de lo que el resto de los empleados llegaba. Pero había mucho trabajo que hacer, y simplemente no había suficiente tiempo para hacerlo todo.

Hermione pasó por las puertas de vidrio de su oficina. Teddy no estaba en su escritorio, pero sabía que se encontraba en los alrededores por la pequeña nota en papel rosado, doblada en forma de corazón, que estaba puesta junto a su teclado. Victoire siempre las ponía en su lonchera, y era lo primero que sacaba al llegar, ansioso de ver qué mensaje cursi le había escrito su esposa ese día.

Sonriendo al ver la nota, Hermione entró en su oficina y…

—Buenos días, Granger. …cerró de golpe su puerta tras ella. —¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó a Draco, quien estaba sentado en la silla de su escritorio con los pies sobre la superficie de madera de la mesa.

—Esperando—respondió él. —Llegaste más tarde de lo que esperaba. Siempre te tomé como el tipo de personas que se levantan al amanecer. —Bajó los pies y se irguió, levantándose de la silla y caminando hacia ella con un aire de fría arrogancia característica de él, sin mencionar un envase para llevar de café con el logotipo de su cafetería favorita en la mano. Le entregó el vaso a Hermione con ligereza. —Te traje esto.

—¿Por qué? —preguntó ella, mirándolo con escepticismo, pero aun así tomando el café. Después de una mañana como la que estaba teniendo, se lo merecía.

—Pareces alguien a quien le gusta el café. —dijo con simpleza. Luego esperó, mirándola expectante.

Hermione mantuvo sus ojos sobre él mientras tomaba un sorbo lentamente. Café de grano tostado recién molido, al estilo francés. Negro. Justo como le gustaba. —Gracias—dijo ella. —Ahora responde a mi pregunta.

—Te fuiste antes de que amaneciera.

Hermione respiró profundo y caminó hacia su escritorio. —Sí, lo sé. Y según recuerdo, tú eres el que dijo que no se conocen las verdaderas intenciones de una persona hasta la mañana siguiente. Pensé que mi ausencia sería una respuesta suficientemente clara para ti.

—Dudo mucho que hiciera falta despertarme junto a sábanas frías para saber que no tienes ningún interés en convertirte en la próxima señora Malfoy.

—No, creo que ése es el rol que mi hija ocupará pronto. —dijo, mientras abría una de sus gavetas y metía su bolso en ella. Luego levantó la mirada hacia él, suspirando—Todo eso fue un error.

—¿Lo fue? —preguntó él con una pequeña sonrisa formándose en su rostro mientras caminaba hacia ella.

—Sí. —dijo Hermione, tratando de alejarse pero tropezándose con una de las patas de su silla. Afortunadamente –o desafortunadamente, no estaba segura— Draco estaba allí para atraparla. La enderezó para que su cuerpo estuviese frente al de él, pero no la puso del todo de pie, para que estuviese a su merced.

—Eres mucho más agradecida cuando estás desnuda. —dijo él, acercándose un poco e inhalando el olor de su cabello.

—Uh... Malfoy…

—Shh…—susurró él, hundiendo más su cabeza y pasando ligeramente sus labios contra el cuello de la castaña.

Hermione cerró los ojos, dejando los escalofríos recorrer su cuerpo, e inhalando la esencia de Draco. Especiada, con un toque de tabaco para pipa. De hecho, era muy similar al olor de su biblioteca.

Alguien tocó la puerta, y Hermione fue rápidamente sacada de su ensimismamiento. Draco la puso de pie y se alejó un paso hacia atrás, poniendo sus manos en sus bolsillos, luciendo bastante casual al abrirse la puerta.

Hermione observó a Cormac entrar en su oficina con la cabeza baja mientras miraba varios pergaminos en sus manos. Levantó la vista por un momento y luego volvió a mirar sus papeles, pero sus ojos se dispararon hacia arriba y vieron directamente a Draco, abriéndose desmesuradamente al enfocarlo y ver de quién se trataba.

—¿Acaso no es una regla de buena educación el esperar a que alguien diga "pase" antes de entrar como si se tratase de tu casa? —preguntó Draco, entrecerrando los ojos con molestia.

—Lo siento. Yo… Señor Malfoy, mi nombre es Cormac McLaggen. —Cormac se lanzó hacia adelante extendiendo una de sus manos. —y he querido hablar con usted acerca de un proyecto para el cual estoy tratando de obtener permisos, para reestructurar el Departamento de Ley Mágica, en particular la Oficina de Aurores.

Draco estrechó la mano extendida con algo de renuencia—Ah, sí. Eres el que me envía todas esas lechuzas.

—¿Ha leído mis cartas? —dijo Cormac, sonando tanto sorprendido como halagado a la vez. —Supongo que Hermione no ha mencionado…

—Brevemente. —dijo Draco, pareciendo bastante aburrido con la conversación. —Pero en realidad, ahora mismo tenemos algunos asuntos de los que encargarnos antes de que deba regresar a mi oficina…

—En realidad, creo que ya estamos listos, Señor Malfoy. —dijo Hermione.

Draco la miró y levantó las cejas. —¿Ah, sí?

—Sí, lo estamos. —dijo, mirándolo con tanta confianza como pudo. —Puede irse a su oficina cuando quiera.

—¿Puedo? —dijo Draco, reconociendo obviamente que estaba siendo despachado.

Hermione dejó de mirarlo y comenzó a remover algunos papeles en su escritorio.

Draco volvió su vista hacia Cormac y sonrió. —Bueno, parece que mi agenda se desocupó de repente, Sr. McLaggen. Tengo unos buenos diez minutos en caso de que quiera darme un recorrido del departamento y discutir sus ideas.

Los ojos de Cormac se iluminaron—Por supuesto. Hermione, estás libre ahora, ¿cierto?

—En realidad, vine temprano para…

—A ambos nos encantaría tenerte con nosotros. Si bien yo tengo muchas ideas para la oficina de Aurores, ella es la que ha tratado durante años de proveer a los Oficiales con mejores objetos de defensa mágica para el equipo de patrullaje. —Se acercó y susurró, —Su departamento es mucho menos quisquilloso con quiénes dejan entrar, si entiende lo que digo. Para muestra, tenemos que dejaron entrar al idiota de su esposo.

Draco soltó una carcajada.

Hermione sintió su rostro enrojecer. —Calla, Cormac. No puedo ir con ustedes ahora. Tengo trabajo que hacer.

Cormac sonrió. —De acuerdo. Pero el Ministro estará decepcionado al saber que no pude cerrar el trato con las Empresas Malfoy porque la bruja con la información demográfica más importante de nuestro departamento se negó a…

—¡De acuerdo! —espetó ella, tomando una libreta y una Pluma a Vuelapluma de su escritorio. —Terminemos de una vez con esto. Tengo mucho que hacer hoy.

Cormac sonrió con presunción y salió por la puerta. Hermione esperaba a que Draco saliera, pero cuando él gesticuló para que ella pasase primero, simplemente se rindió y pasó con un resoplido, sabiendo muy bien que la falda ceñida que vestía había sido un error, ya que evidentemente él estaba viendo su trasero.

Cormac los guió hacia la Oficina de Aurores primero. Sólo Harry estaba allí, preparando los itinerarios del día. Levantó la mirada cuando los escuchó entrar, posando sus ojos en Draco por un momento.

—Buenos días—dijo, mirando principalmente a Hermione.

—Ésta es nuestra Oficina de Aurores—dijo Cormac, ignorando a Harry por completo. Señaló el pizarrón al fondo, que contenía los nombres del personal y las tareas actualmente asignadas a cada miembro. —Como puede ver, la jefatura de este departamento está enfrascada en métodos muy primitivos.

Harry frunció el ceño y volvió su vista a lo que estaba haciendo. —Es bueno verte a ti también, McLaggen.

—Pensé que era la Magia Defensiva lo que querían que inspeccionase—dijo Draco—No la maldita oficina.

—Es todo. —explicó Cormac. —Realmente, todo el Ministerio requiere una reestructuración, pero el Ministro sólo ha aprobado este Departamento. Serviría como un período de prueba. Si todo funciona aquí, entonces podemos lograr que se expandan los cambios a otros departamentos.

—Parece un gran proyecto—dijo Draco—Costoso. Estoy seguro de que saben que mis servicios no son baratos.

—Hermione es la encargada de los números—dijo Cormac. —Ella puede organizar todo y mostrárselo luego.

Hermione lo miró y alzó las cejas. —¿Ah, sí, Cormac?

—Por supuesto que puedes. Eres Hermione Granger Weasley, esperemos que pronto sin el Weasley. Puedes hacerlo todo—dijo Cormac con una sonrisa cursi en el rostro.

Hermione puso los ojos en blanco y Harry contuvo el aliento mientras continuaba tratando de seguir trabajando.

—De acuerdo, haré el maldito presupuesto, Cormac, sólo apresúrate con esto, tanto el Sr. Malfoy como yo tenemos otras cosas que hacer.

—Claro, por supuesto. —dijo Cormac, volviendo al recorrido. Dio una breve charla sobre los Hechizos Defensivos que los Aurores utilizaban en ese momento, y los puntos en los que había errores. Luego llevó a Draco a las otras oficinas y dejó que Hermione tomase el mando en la Oficina de Patrullaje. Draco no parecía estar impresionado con nada, y ella pudo capturarlo bostezando en algunas ocasiones, pero se mantuvo profesional, preguntando y escuchando con atención las respuestas.

—Así que, Sr. McLaggen, ¿Por qué quiere que mi compañía dirija este Proyecto? —preguntó Draco al final del recorrido. —Seguramente hay otras compañías que pueden usar… y que estén dentro de su presupuesto.

—¡Pero Empresas Malfoy es la mejor! —exclamó Cormac. —Ustedes han reformado solos todo el…

—Es porque eres un Sangrepura—interrumpió Hermione.

Cormac se paralizó, girándose lentamente hacia ella con los ojos muy abiertos. Su boca abierta se tensó, junto con el resto de su cara.

Hermione solo sonrió—No es necesario darle tantas vueltas al asunto, Cormac. El Sr. Malfoy ya está al tanto de mi trabajo en pro de la igualdad entre todos los seres mágicos, empezando por el borramiento de la línea que separa a los Sangrepura de los Hijos de Muggles. Él no es ningún tonto y estoy segura de que sabe que cualquier asociación que tengamos con él se verá bien ante el Wizengamot, considerando que carecemos de Sangrepuras en nuestro departamento.

Cormac parecía listo para explotar.

La sonrisa de Hermione se agrandó. —Claro que, por lo que he dicho, podemos concluir que la igualdad va en ambos sentidos, ¿no es así?

—Supongo que sí—dijo Draco, mirándola con cuidado mientras hablaba.

—Y si bien nos faltan Sangrepuras, Sr. Malfoy, —continuó—Creo que su compañía carece de lazos creíbles con organizaciones de ideología mixta, como el Ministerio. Su clientela parece consistir primordialmente de compañías propiedad de Sangrepuras ricos, que desean seguridad para proteger sus bienes. Sí, Empresas Malfoy está fuera de nuestro presupuesto, pero usted sabe bien que trabajar con nosotros le abrirá muchas puertas a usted y su compañía. No solo en el Ministerio Británico, sino también con los de otros países. Sin mencionar Gringotts, que tiene sucursales en todo el mundo.

Draco sonrió con sarcasmo. —Así que estás sugiriendo que la asociación sería mutuamente beneficiosa.

—Exacto. Usted nos usa, nosotros lo usamos. Así es el modo Slytherin, ¿no? —dijo ella.

—Nunca dejas de sorprenderme, Granger…

—Weasley…

—De acuerdo. Consígueme ese presupuesto y veremos si podemos llegar a algún tipo de acuerdo.

Hermione sonrió triunfal.

—Y por supuesto, obtendremos un descuento familiar, ¿verdad? —preguntó Cormac, tomando a Hermione por los hombros. —Después de todo, pronto serán consuegros. Justo después de la boda del joven Scorpius y su hermosa florecilla, Violet.

—¿De verdad, Cormac? ¿Te sabes el ridículo nombre de su hijo pero no puedes recordar Rose?

—¿Lo dije mal de nuevo? —preguntó él.

Hermione resopló. —Quita tus manos de encima antes de que las rompa.

Cormac obedeció rápidamente.

—Ahora bien, si ya terminamos aquí, entonces tengo que ir a hacer el trabajo de verdad que me ha sido encargado. Me encargaré de hacerle llegar el presupuesto a la brevedad, Sr. Malfoy. —dijo, saliendo del lugar.

—Sabe, toda esta charla sobre flores me recordó de algo para la boda—dijo Draco—Si me disculpa, Sr. McLaggen, nos veremos luego. —estrechó su mano y siguió a Hermione, atrapando su puerta antes de que esta pudiese cerrarse y dejarlo fuera.

Hermione lo ignoró y se dirigió a su escritorio.

—Ciertamente me has investigado. —dijo él.

Hermione dejó su libreta sobre el escritorio y abrió una gaveta, sacando una copia de una revista y arrojándosela de modo que la portada lo encarase. Era una copia de Vida Mágica con él en la portada. —Cormac me pidió que leyera sobre ti. Tiene buenas ideas, pero no siempre es muy bueno para ejecutarlas. —explicó—Debo decir que aparentas ser mucho menos arrogante en papel.

—Me tomó años de práctica—dijo con una sonrisa de suficiencia. —En fin, pensé que habías dicho que no querías trabajar conmigo.

Hermione tomó asiento. —No quiero. Pero ninguno puede negar que es una buena idea. Si nuestros hijos insisten en casarse, pues es mejor ser un fuerte unido trabajando juntos y promoviendo la diversidad. Después de todo, para eso es que lo hacemos, ¿no es así? Así su generación no tendrá que pasar por las mismas dificultades que la nuestra. Las cosas han mejorado, pero están lejos de ser perfectas.

—Sí, supongo que tienes razón. —dijo Draco, acercándose y colocándose de modo que estuvo entre ella y el escritorio. —Así que… ¿en qué habíamos quedado?

—Estabas a punto de irte. —dijo Hermione, tratando de regresar a su escritorio.

—No lo creo—dijo Draco, tomando su mano y poniéndola de pie. —Ni siquiera he podido llegar a decir lo que vine a decir.

—Por lo que recuerdo, —dijo Hermione quitando su mano del agarre del rubio—no estabas tratando de decirme nada.

—Me distrajo temporalmente tu culo en esa falda—dijo él, dando la vuelta y pellizcándolo.

Hermione golpeó su mano. —Dijiste que "sólo esa vez" —espetó ella. —¿Recuerdas?

—Sé lo que dije. Pero eso fue antes de saber lo buen polvo que eres y…

Sra. Weasley—llamó una voz desde una caja en su escritorio. —El Sr. Weasley está aquí para verla.

Hermione respiró profundo y presionó un botón en la caja. —Dile que me dé un momento, Teddy. —volvió a mirar a Draco. —Por favor, vete.

—No. —dijo él, sin rastro de su habitual sonrisa arrogante en el rostro al mirarla. Lucía simplemente enojado en ese momento. —Ni siquiera he podido hablar contigo aún.

—Hablaremos luego.

—No, no lo haremos—dijo, caminando hacia una de las sillas frente a su escritorio y sentándose. —Esperaré aquí hasta que tu maldito esposo haya terminado con lo que sea que quiera, y…

—¡Malfoy, no! —gritó Hermione. Cuando él alzó las cejas, ella respiró profundamente varias veces. —Escucha, yo… Aún no lo he visto. Desde esa noche—dijo ella, sonrojada. —Si estás aquí, no podré mantener la calma. Ya estoy en pánico, ¿entiendes? No puedo lidiar con esta… esta…

Hermione comenzó a respirar aceleradamente y se empezó a abanicar para tratar de calmarse. Draco se puso de pie y se acercó a ella con prisa. Tomó su varita e hizo una floritura. De pronto, Hermione sintió una brisa fresca, y el sutil aroma de lavanda y yerbabuena invadió sus sentidos. Cerró los ojos e inhaló, abriéndolos solo cuando sintió algo contra sus labios, viendo que se trataba de un trozo de chocolate oscuro.

—Astoria solía hacerme comer esto cada vez que sentía que llegaba del trabajo demasiado estresado… básicamente todos los días. —dijo, riendo—Leyó en alguna parte que tranquiliza, o algo así.

Hermione tomó el chocolate entre sus dientes y lo masticó. Nada había sabido nunca tan dulce.

Desafortunadamente, no se pueden resolver todos los problemas maritales con chocolate. —Draco observaba con cuidado sus labios moverse. Cuando la vio terminar, le dijo—me iré, Granger, pero esta conversación está lejos de haber terminado. Vendrás a mi oficina para tu descanso de la hora de almuerzo.

—No tengo tiempo para…

—Vendrás, Granger. De lo contrario, estaré aquí mañana a primera hora nuevamente.

Hermione respiró profundo de nuevo. Por suerte, la lavanda y yerbabuena seguían presentes. —De acuerdo. Tomo mi almuerzo a mediodía, así que nos vemos alrededor de esa hora.

Draco sonrió triunfal. —Eres una mujer inteligente. Hasta entonces—dijo, pellizcando con suavidad su trasero nuevamente antes de desaparecerse. Hermione saltó, tomando su trasero y haciendo el intento de abofetearlo demasiado tarde, pues ya se había desvanecido.

—Idiota—farfulló para sí misma mientras caminaba hacia su puerta. Tomó aire un par de veces y se sacudió los nervios antes de abrirla.

Ron estaba sentado en el escritorio de Teddy y ambos reían de algo en la computadora.

—Ronald.

Ron se dio vuelta y se puso de pie de un salto. —¡Oh! Lo siento, Hermione, estábamos…

—¿Necesitabas algo? —preguntó ella, entrando de nuevo a su oficina.

Ron y Teddy intercambiaron miradas antes de que el primero siguiera a la castaña a su oficina, asegurándose de cerrar la puerta tras de sí. —Quería hablar contigo de la fiesta—dijo él apenas estuvieron solos.

Hermione se acercó a su escritorio y se apoyó contra él. —¿Qué pasa con la fiesta? —preguntó ella.

—Sólo quería explicar lo de Colette.

Hermione se tensó.

Juro que no la invité. No te haría eso. —dijo Ron—Había estado insinuando que quería ir, pero simplemente me pareció que hablaba tonterías. Luego dijo que de todas formas no podría asistir porque su madre la visitaría en la ciudad, así que fingí estar triste por ello. Pensé que estaba siendo educado, ¡pero luego llega y se aparece en la fiesta!

—Entonces, ¿por qué demonios no la echaste? —preguntó Hermione, tratando con todas sus fuerzas de mantener la calma.

Ron se sonrojó y miró avergonzado hacia el suelo. —No soy bueno con ese tipo de cosas, Hermione. Lo más que pude hacer fue llevarla a un recorrido de la casa lejos de la fiesta, pero terminamos tropezándonos con Malfoy en su habitación y fue malditamente incómodo.

No tan incómodo como el tropezón de ella en la habitación de Malfoy, sin mencionar algunos otros lugares dentro de la misma. Más que todo en la cama, aunque el piso no salió librado. Tampoco la pared. Inclusive puede haber habido un breve revolcón contra la cómoda. Definitivamente hubo uno en el balcón cuando se había puesto demasiado caluroso adentro. Merlín, se había olvidado de todo eso. El pánico estaba regresando rápidamente y le tomó un minuto darse cuenta de que Ron seguía hablando.

—… pero ahora sé que ella mintió.

Hermione lo miró y parpadeó—¿Cómo dices?

—Colette—dijo él. —Su mamá nunca vendría. Lo dijo sólo para que yo no pudiese decirle que no. Sabía que no lo haría si me decía que estaría ocupada. Me manipuló.

—Me suena a que estás tratando de evadir que cualquier culpabilidad recaiga sobre ti, Ron—dijo ella con una risa sin rastro de humor. —De nuevo.

—¡No! —gritó él, acercándose un par de pasos. —¡No, eso no es lo que estoy haciendo! ¡He debido echarla inmediatamente, lo admito! ¡No quería que ella estuviese allí! ¡Quería estar allí contigo y se lo dije! Le dije, Hermione, y se acabó, ¿de acuerdo? Se acabó y yo… yo quiero regresar a casa—dijo, caminando un poco más hacia adelante hasta encontrarse justo frente a ella, tomando el rostro de la castaña entre sus manos—Por favor, Hermione… por favor, déjame regresar a casa.

Hermione puso su mano en el pecho del pelirrojo y lo alejó. —Sólo porque terminaste con tu novia no significa que el resto de las cosas que están mal entre nosotros hayan desaparecido, Ron. No podemos simplemente ignorar…

—Lo sé. —dijo, acercándose de nuevo. —Pero quiero tratar. Por favor, ¿podemos al menos tratar?

—No lo sé…—dijo ella, mirando al suelo.

—¿Mejoraría las cosas si te dijera que nunca me acosté con ella?

El cuerpo de Hermione se tensó por completo, sus ojos subiendo lentamente hasta encontrarse con los azules de Ron. —¿Qué?

—Nunca me acosté con ella. —dijo Ron de nuevo. —Sé que tenemos otros problemas, pero claramente empeoré las cosas saliendo con ella. Simplemente pensé que eso es lo que querías. Luego Ginny me dijo que todo era una maldita prueba o algo así. Dijo que debía ser honesto contigo, así que eso es lo que estoy haciendo en este momento. —Suspiró—Siempre estás en mi subconsciente, Hermione. Nunca podría estar con nadie más.

Vaya, no había forma de que Hermione se sintiese más desgraciada que en ese momento. Ron definitivamente no había estado en su subconsciente la otra noche. No cuando simplemente estaba ocupándose de la próxima posición en la que Draco la poseería. ´

Y súbitamente, su cerebro se inundó de imágenes de Draco sobre ella. Jadeando, gimiendo, sudando, hablándole sucio al oído y palmeando su trasero. Hermione se mordió el labio. Esos definitivamente no eran el tipo de pensamientos que debía estar teniendo al estar frente a su esposo, estuviesen peleados o no.

—Hermione, por favor—dijo Ron, tomando el rostro de ella para forzarla a mirarlo a los ojos. —Siempre dijimos que lo intentaríamos.

Hermione miró hacia sus ojos azules y suspiró. —De acuerdo. —escuchó decir a su boca, pero su corazón no opinaba lo mismo. Lo haría por sus hijos. Eso era lo que se repetía a sí misma.

Los ojos de Ron se iluminaron y le sonrió. Aún tomando el rostro de Hermione, se acercó y la besó suavemente. Al menos sus labios se habían mantenido fieles a él, contrario a su cuello y otras áreas similares.

—No te arrepentirás de esto. Prometo que seré mejor esta vez. —dijo, besándola una vez más antes de dar un paso atrás. —¿Podemos ir a almorzar hoy?

Y luego, Draco entró nuevamente en sus pensamientos. Esta vez vestido. En traje. Luciendo muy elegante. Tan elegante que quería arrancarle ese traje y sólo….

—Hermione.

La castaña levantó la mirada.

—¿Almuerzo? —repitió Ron.

—Hoy no puedo. —dijo ella. —Cormac y yo estamos organizando un proyecto con Malfoy y le prometí llevarle la primera tanda de información esta tarde. —Nada mejor y menos sospechoso que una verdad a medias.

—¿Trabajarás con Malfoy? —preguntó Ron frunciendo el ceño.

—Eso parece—dijo Hermione, tratando de parecer asqueada.

—Ron la miró por unos momentos. Luego su rostro volvió a la normalidad y le dijo—Qué mal. Así que, ¿qué tal mañana?

Hermione intentó sonreir. —Sí, mañana está bien.

—Nos vemos entonces a un cuarto para las doce mañana. "Llegar temprano es estar puntual, y estar puntual es llegar tarde" —la citó, guiñando un ojo. —El lema de Hermione Granger.

Ron abrió la puerta y la observó con una sonrisa tonta antes de salir. Tan pronto como el pelirrojo se había ido, Hermione tomó un momento para simplemente estar allí de pie, procesando lo que acababa de suceder. Le había prometido a Ron que lo intentaría. Le había prometido a los niños hacía meses que lo intentaría. Pero sabía, muy en el fondo, que no quería intentarlo. Pensó que quizá, cuando él se lo pidiera, ella querría, pero ese beso de hacía unos momentos… no había sentido nada. No había sentido nada y eso la estaba destruyendo por dentro.

oOoOoOo

Hermione acababa de terminar de revisar los fondos de su departamento y había logrado redactar una propuesta decente para Draco justo antes de la hora de almorzar. La había enviado a Kingsley por correo electrónico y había recibido su aprobación. Ya que estaba obligada a hacerle la visita en su oficina, se negaba a aparecerse sin ningún tipo de papeleo formal. Cualquier cosa que lograra librarla de la culpa que la estaba carcomiendo. Esta visita era por trabajo, eso era todo.

Justo cuando estaba poniendo su hermosa propuesta en una carpeta verde y preparándose para irse, la puerta de su oficina se abrió y Victoire entró por ella.

—¡Bonjour, tía 'Ermione! —dijo, imitando el acento de su madre. —¿Lista para ir a la Farmacia que me recomendaste?

Hermione la miró sin saber de qué hablaba por unos segundos. Luego lo recordó. —Oh… ¡Oh, cierto! Victoire, yo…

—Lo olvidaste—dijo Victoire haciendo un puchero. Vio la carpeta en las manos de su tía. —¿A dónde vas?

—A Empresas Malfoy—dijo Hermione.

De pronto, los ojos de Victoire se iluminaron. —¿En serio? —dijo—Tía Hermione, por favor dime que puedo ir, ¡por favor! ¡Ese edificio es extraordinario, siempre he querido entrar!

Hermione lo pensó por unos segundos. —En realidad, eso sería perfecto. La Farmacia queda a solo unas cuadras de allí. —Sin mencionar que la presencia de otra persona evitaría que Draco tratase de llevar a cabo algún tipo de maniobra similar a las que había intentado esa mañana.

Victoire chilló de emoción, corriendo hacia su tía y engarzando sus brazos, sacándola con rapidez de la oficina.

Cuando llegaron a Empresas Malfoy, Hermione se dirigió al escritorio de la recepcionista principal mientras Victoire caminaba a su alrededor, admirando los techos altos y las brillantes paredes negras. Sin mencionar la extraña escultura de metal en forma de "M" que emitía una luz verde y flotaba justo en el medio de la enorme sala.

—¿Puedo ayudarla? —preguntó la recepcionista.

—Sí, vengo a ver a Draco Malfoy. Mi nombre es…

—Hermione Weasley—dijo la mujer con una sonrisa. —La reconozco de los periódicos.

Hermione enrojeció. —Oh, yo…

—El Sr. Malfoy solo esperaba a una persona—dijo, mirando reprobatoriamente a Victoire, quien reía mientras una escultura parlante de un hombre coqueteaba con ella.

—Lo siento, pero tenía un compromiso previo con ella—explicó Hermione. —Si no puede recibirnos, estoy segura de que bastará que le deje estos documentos y…

—No, está bien. —dijo la mujer—Sólo deme un momento para obtener su aprobación.

La recepcionista abrió una gaveta de su escritorio y sacó una esfera metálica. La puso frente a sí, y luego con su varita sacó un hilo plateado de su cabeza con un golpecito en su sien, el cual introdujo en la esfera. Dos alas doradas salieron de ella, haciéndola parecer una Snitch dorada ligeramente más grande de lo normal, y luego la vieron volar fuera del salón.

—¿Fue eso una memoria para un Pensadero, o algo así? —preguntó Hermione.

—No, es una creación del Sr. Malfoy. Es una forma de transmitir mensajes verbales. Él es simplemente brillante. —dijo la mujer, dando la impresión de tener estrellas en sus ojos en ese momento.

—Y muy guapo—añadió Victoire, acercándose a ellas. —Rose tiene mucha suerte de saber cómo lucirá Scorpius cuando sea mayor. ¡Y vaya que es un buen prospecto!

La mujer sonrió, obviamente de acuerdo con la afirmación de Victoire.

Menos de un minuto después, la esfera regresó. Las alas volvieron a ocultarse y aterrizó en la mano de la recepcionista, quien presionó lo que parecía un botón.

Sí, está bien, Señorita Piper. Mándelas a subir.

La recepcionista frunció el ceño y Hermione no estuvo muy segura del porqué hasta que notó la placa con el nombre de la mujer en su mesón: Kelly Pearson. Bueno, al menos había acertado la "P".

—Diríjanse directo al ascensor acá al fondo—explicó Kelly. —La oficina del Sr. Malfoy está en el piso 22. Es la única allí. Pueden intentar que su secretaria los anuncie, pero es un poco idiota. —dijo, poniendo los ojos en blanco. —Lo mejor es que pasen directamente.

—Ese parece ser el consenso sobre la secretaria. —dijo Hermione—Tú pareces competente, ¿Por qué no aplicas para el puesto?

—La pregunta del millón de galeones—dijo Kelly con desdén. —Buena suerte, y felicitaciones para su hija.

Hermione y Victoire sonrieron antes de continuar caminando. Cuando se habían alejado lo suficiente, Victoire tomó a Hermione del brazo y susurró. —No puede tomar el puesto de secretaria porque estoy casi segura de que se acostó con él. La reconozco como la "mujer desconocida" con la que fue fotografiado por Corazón de Bruja poco después de su divorcio.

La mandíbula de Hermione se desencajó. —¿Ella? Pero si luce…

—Apenas mayor que yo. Sí, me di cuenta.

Las dos mujeres llegaron al elevador, felices de ver que ya estaba allí esperándolas. Este edificio era mucho más silencioso que el Ministerio. Hermione no podía decidir si le parecía pacífico o tétrico. Probablemente un poco de ambos.

Le tomó poco tiempo al elevador llegar al vigésimo segundo piso. La habitación era amplia, con dos sofás en las esquinas, paredes desnudas y una entrada que parecía dar hacia una pequeña cocina. Había un único escritorio puesto justo frente a un par de grandes puertas de madera con manillas que, al juntarse, formaban la característica "M".

Hermione se acercó al escritorio mientras que Victoire curioseaba los alrededores. La bruja sentada allí ni siquiera levantó la mirada, limando pródigamente sus uñas.

—Disculpa.

Nada.

—¡Disculpa!

—¿Qué? —espetó la chica, finalmente levantando el rostro. —Él ya sabe que llegaron, así que entren de una jodida vez.

Hermione abrió la boca, sin palabras, y Victoire ahogó un grito.

Una de las puertas se abrió y Draco salió por ella. —¿Qué es lo que ha dicho, Señorita Vance?

—Nada, Sr. Malfoy. —dijo la mujer con tono inocente. —Simplemente estaba a punto de anunciarle que sus visitas habían llegado.

Victoire la miró, molesta. —Por supuesto que no ibas a hacerlo, idiota grosera.

Draco rió. Se hizo a un lado y mantuvo la puerta abierta para Hermione. —Por aquí, Sra. Weasley.

Algo sorprendida al escucharlo decir su nombre correctamente, Hermione dio un paso al frente. Cuando llegó a la puerta, echó una mirada por sobre su hombro a Victoire.

—Adelante, tía Hermione. —dijo ella alegremente. —Estaré bien. Sólo necesitaré diez minutos con ésta para enseñarle lo que es el respeto. —dijo, señalando a la secretaria. Cuando la otra bruja no dio señales de haber escuchado, Victoire le arrancó la lima de uñas de las manos y la arrojó al cubo de basura junto al escritorio.

—¡Oye!

—Compórtense, señoritas. —dijo Draco, cerrando la puerta tras de ellos.

—No estabas bromeando cuando dijiste que es una pésima secretaria. —dijo Hermione apenas estuvieron solos.

—No bromeo cuando se trata de incompetencia. —dijo Draco, sin siquiera tratar de ser discreto al mover su varita. Hermione mordió su labio inferior al verlo: estaba poniendo encantamientos silenciadores y de seguridad en la puerta, de modo que nadie los molestara.

Hermione se mantuvo de pie nerviosamente en el medio de la habitación, mientras él se acercaba, tratando de mirar a cualquier punto excepto a él. Vio la chimenea personal que le había mencionado, justo detrás de su escritorio. Lucía acogedora y cálida. También observó que a ambos lados había dos grandes ventanales con una hermosa vista de la ciudad. Algo digno de disfrutar en otra situación no tan incómoda.

Cuando Draco se encontró a menos de un metro, Hermione puso forzosamente la carpeta verde que había traído en las manos del rubio. —Aquí tienes—dijo ella. —Esto es lo que puedo ofrecerte por tus servicios.

—Hmmm…—Draco levantó la carpeta y la abrió, caminando hacia su escritorio mientras leía sus contenidos.

—Sé que no es a lo que estás acostumbrado, pero mientras las metas se cumplan con una tasa de éxito que siga mi predicción, que he graficado en esa tabla que ves allí, entonces en sólo un par de meses….

Draco cerró bruscamente la carpeta y la dejó sobre su escritorio. —No te invité a mi oficina para hablar de números, Granger. Obviamente estoy dispuesto a acordar algo… después de todo, pronto seremos familia. —dijo con una sonrisa sarcástica en el rostro.

—Oh—dijo Hermione, mientras él se acercaba lentamente hacia ella de nuevo. —Bueno, eso está muy bien. Honestamente, pensé que te reirías en mi cara cuando vieras eso y no sabía con certeza como te convenceríamos…

—Te diré exactamente cómo puedes convencerme. —dijo Draco, usando una mano para tomar el trasero de Hermione y pegarla bruscamente contra su cuerpo, mientras su otra mano echaba su cabello hacia atrás, dándole acceso a su cuello.

Hermione puso las manos en los hombros de Draco y le dio un empujón. —¡No soy una maldita prostituta! —espetó.

Draco sonrió, burlón. —Tienes razón. Me expresé mal. —dio un paso al frente para tomarla de nuevo, esta vez mucho más gentilmente. —Lo que voy a hacerte no tiene absolutamente nada que ver con nuestros asuntos de negocios. —Se acercó y susurró, —Esto es personal. —su aliento se sentía caliente y cosquilleaba en su cuello, y luego la castaña sintió su lengua recorrer su oreja.

—Tú… tú dijiste que sólo sería una vez—le recordó, poniendo sus manos en el pecho del rubio para alejarlo, pero percibiendo en lugar de ello a sus manos aferrándose a su ropa involuntariamente.

—Pensé que eso sería suficiente. —dijo, pasando sus manos suavemente por sus caderas y su trasero mientras mordisqueaba el cuello largo de Hermione. —Pero todo lo que hizo fue hacerme probarte… Necesito más, Granger. Necesito follarte una y otra vez hasta depurarte de mi sistema.

—Pe…pero… nuestro hijos—dijo ella, débilmente, sin siquiera oponerse a sus manos que empezaban a subirle la falda.

Draco levantó su cabeza volviendo a su oído y rió suavemente—No diré nada si tú no lo haces.

En menos de un segundo estaban arrasando el uno con el otro, Hermione tomando su cabello y acercándolo más a su cuello, mientras él succionaba más agresivamente. La tomó por el trasero y la dejó caer sentada en su escritorio, y las piernas de ella se enrollaron instintivamente alrededor de su cintura, acercándolo más a su cuerpo hasta sentirlo rozarla íntimamente. Draco rasgó su blusa y sacó el pecho derecho de Hermione de su sostén, tomándolo en su boca y succionando con fuerza su pezón, mientras ella forcejeaba levemente para desabrochar el botón de sus pantalones.

Draco estaba moviendo sus manos hacia abajo para ayudarla cuando algo en su escritorio sonó, dando a escuchar una especie de timbre. Una pequeña esfera se iluminó con una luz verde y una voz dijo, —Sr. Malfoy. Su puerta está cerrada con llave.

Draco gruñó y presionó un botón en la esfera. —Sí, Srita. Vance. Estoy en una reunión. ¿Qué pasa?

Hermione comenzó a pasar sus dientes por el cuello de Draco de forma agresiva, y él tuvo que luchar para mantener su voz calmada.

Su cita del almuerzo está aquí.

Draco frunció el ceño. —¿Cómo? —se inclinó a un lado, tomando una agenda de detrás de Hermione, pasando páginas y llegando a la fecha actual. Presionó la esfera de nuevo. —No tengo cita con nadie para el almuerzo de hoy, Srita. Vance.

Bueno, aquí hay alguien.

—¿Quién?

No lo sé. Ese tipo escocés que siempre dice que es muy importante.

Draco cerró los ojos y tomó aire lenta y profundamente tratando de calmarse. —¿Wallace McGregor?

Sí, ese mismo.

—Dile que saldré en unos minutos. —Draco soltó el botón. —¡Maldición! —gritó—¡Lo puso en mi agenda para el próximo lunes, la muy jodida imbécil!

Hermione dejó de lamer su cuello y se recostó.

—Sé que me voy a arrepentir de esto, —dijo—pero me temo que tendremos que dejarlo para después. —Besó su cuello y se alejó de la castaña, cerrando los ojos y tratando de pensar en algo, lo que fuese, para lograr deshacerse de la erección que portaba. Su exesposa siempre era una buena opción.

Mientras hacía eso, Hermione dio un salto, bajando del escritorio y acomodando la falda que estaba enrollada en su cintura. A su blusa le faltaban varios botones, así que usó su varita para ubicarlos y recoserlos. Acababa de reposicionar sus pechos en el sostén y estaba abotonando su recién reparada blusa cuando un par de fuertes manos la envolvieron desde atrás, seguidas del suave tacto de labios contra su cuello.

—Quizá podamos continuar con esto mañana a la misma hora.

Hermione se enfocó en lo que hacía y dijo, —No puedo. Tengo planes para el almuerzo de mañana.

—¿Y? —dijo Draco, prodigando más besos al cuello de Hermione. —Obviamente tenías planes para el almuerzo de hoy, pero aun así viniste. Simplemente deja a quien sea que vaya a almorzar contigo mañana en la recepción mientras estás en una reunión, y…

—Almorzaré con Ron, Malfoy.

Los labios de Draco se paralizaron.

—Dudo mucho que sea apropiado que él me espere fuera de tu oficina mientras tenemos sexo en tu escritorio.

Draco no salió con alguna de sus respuestas sarcásticas como ella esperaba. En lugar de eso, sus manos se tensaron y preguntó, —¿Por qué almorzarás con él?

Hermione suspiró. Se alejó de sus brazos y comenzó a arreglar su blusa por dentro de la falda. —Bueno, si en verdad quieres saber, terminó con Colette y me ha preguntado si estoy dispuesta a que lo intentemos de nuevo.

—¿Y dijiste que sí?

Hermione se dio vuelta para encontrarse con Malfoy mirándola con una ceja alzada. —Sí, eso hice. —dijo ella. —Es mi esposo, Malfoy. Tenemos dos hijos juntos. Les debo a todos ellos al menos el intentarlo.

Draco arrugó el rostro. —No les debes una mierda. No cuando te sientes así de miserable.

Hermione palideció. —Yo no me…

—Sí te sientes miserable. —la interrumpió él. —Me di cuenta en el preciso instante en el que te vi en la graduación. No querías estar allí con él, y no querías que su familia estuviese a tu alrededor tratándote como una hija más en ese momento. Querías un escape.

—No… yo lo amo. De verdad lo amo.

Con una risa, Draco dijo, —Granger, si siguieras enamorada de él, entonces no me habrías follado de la forma que lo hiciste. Eso no fue una mujer buscando venganza, era una mujer buscando liberación. Algo diferente a lo que está acostumbrada. Algo que de verdad disfrutases.

—¡No! —objetó Hermione—¡No, eso no fue lo que sucedió! ¡Quien fuera que esa mujer de esa noche fuese, no era yo!

—Claro que sí—dijo Draco.

—Estaba ebria, yo…

—Oh, ¿y estás ebria ahora mismo? —preguntó—Porque, quizá no te has dado cuenta, pero estábamos a segundos de follar hace unos minutos. Acéptalo, Granger. Quieres cogerme tanto como yo quiero cogerte, y eso es lo que te tiene tan angustiada. Porque no quieres estar con él. Quieres ser libre de cogerme cuando quieras.

—¡Deja de decirlo de esa manera! —gritó ella, apretando las manos en puños. —Nos… acostamos. Fue algo decente y ya se acabó.

—¿Qué, te haría sentir mejor si fingiéramos que hicimos el amor? —se burló. —Es lo que es, Granger. Follar. Acéptalo, y acepta también que lo haremos de nuevo—Draco dio un paso al frente y tomó su cuerpo, pegándolo al suyo. —Pronto.

—No. —dijo ella de nuevo, tratando de alejarlo, pero él la sujetó con más fuerza. —Yo… Yo amo a Ron. Tenemos una familia juntos y vamos a lograr que las cosas funcionen.

—Deja de engañarte a ti misma. —dijo Draco—No puedes regresar con él porque nunca serás feliz. Te rendiste, Granger. No sé cuál fue tu momento definitorio, pero siempre hay uno. Ese momento donde ves a la persona junto a la que has dormido durante años y te das cuenta de que no sientes nada por ella. Se acabó, y nada que ninguno de los dos diga o haga va a hacer que las cosas vuelvan a ser como antes.

—Tú no sabes cómo me siento—dijo Hermione débilmente.

—¿Me estás diciendo que no hubo un momento definitorio para ti? —preguntó él—¿Uno donde sentiste esa revelación?

La castaña bajó la mirada y palideció al pensarlo. —No—mintió, queriendo más que nada en el mundo olvidar ese momento el pasado Diciembre cuando había mirado a su esposo y literalmente lo había visto cambiar ante sus ojos. ¿Cómo podría admitirle a alguien que tenía determinado el momento justo en el que se había desenamorado?

—Mentirosa. —dijo Draco, estableciendo las cosas como eran. Cruzó los brazos y tomó aire profundamente. —Así que, ¿dónde nos deja esto?

—En ninguna parte—contestó Hermione—Como debería ser—lo miró a los ojos—fue un error.

La mandíbula de Draco se tensó. —Si verdaderamente te sientes de esa manera, entonces ¿por qué viniste aquí, Granger? ¿Por qué estás ahora mismo en mi oficina?

—Porque dijiste…

—¡Olvida lo que dije, joder! —gritó—No tenías porqué venir aquí. Has podido dejarme plantado. Sí, yo hubiese vuelto a tu oficina mañana por la mañana, pero si de verdad no me quisieras cerca y yo lo hubiese percibido, me hubiese alejado. Te hubiese dejado en paz. —Hizo una pausa. —Eventualmente.

Hermione frunció el ceño pero no refutó nada. Porque por una vez en la vida, no podía hacerlo. ¿Qué por qué estaba ella allí? Se había pasado toda la mañana sacando malditas cuentas para el presupuesto solo para justificar su visita a Empresas Malfoy, y había comenzado dicho trabajo justo después de hacerle esa promesa a Ron. Sabía lo que Draco quería. No había sido en lo absoluto discreto con ella al respecto.

—Acéptalo Granger. Tú y yo somos exactamente lo que el otro necesita.

Hermione levantó la mirada para percatarse de que él se había acercado. Extendió sus manos y las puso en las caderas de la castaña, quien no puso ninguna resistencia.

—Necesitas a alguien que satisfaga tus deseos hasta que sepas con exactitud qué es lo que quieres en realidad, y yo necesito a alguien que no vaya a apegarse a mí y a crearse expectativas con respecto a mi persona. Enfrentémoslo, esto sin duda no será permanente. Definitivamente no puede pasar de la boda. Pero, por una vez en tu maldita vida, ¿podrías no pensar tanto en lo que estás haciendo? —Draco se acercó y susurró—Sigue tus instintos animales.

Draco rozó sus labios por la longitud de su cuello, haciendo que Hermione se estremeciera de arriba a abajo. No pudo evitar tomar aire bruscamente.

Deteniéndose justo bajo su oreja, Draco sonrió con sarcasmo y dijo, —debería ir a atender a mis visitas. —pasó sus dientes por el lóbulo de su oreja y se alejó lentamente.

Mirándose en un espejo que colgaba de la pared, Draco se arregló la corbata y el cabello. —No estaré en tu oficina mañana por la mañana, Granger, pero no creas que eso significa que voy a dejar pasar este asunto. Mi persecución no terminará hasta que te tenga desnuda en mi cama de nuevo, y ya deberías saber que me encanta salirme con la mía.

Se dio vuelta y caminó hacia ella, peinando algunos mechones de cabello castaño que se hallaban fuera de lugar y arreglándole la blusa hasta la perfección, antes de caminar hacia la puerta.

—A pesar de tus protestas, esto no ha terminado. —dijo él—Puedes estar muy segura de ello.

Lanzándole un guiño y una sonrisa, Draco abrió la puerta y salió. Hermione corrió un poco para salir justo detrás de él.

Cuando estuvieron en la sala principal, se sorprendieron al encontrar a las tres visitas de Draco sentadas en un sofá, riendo mientras Victoire les servía el té. La secretaria de Draco seguía en su escritorio, ahora pintándose las uñas.

—¿Aún no sabes si es niño o niña? —preguntó uno de los hombres señalando el vientre de Victoire.

—No, aún no. —respondió. —Mi esposo quiere saber, pero yo quisiera que fuese una sorpresa.

—Mi esposa y yo queríamos sorprendernos. Ella estaba casi segura de que era una niña, motivo por el cual el dormitorio de mi hijo es rosa brillante—dijo el hombre pelirrojo y de barba tupida que estaba sentado en el centro, riendo fuertemente al igual que sus colegas.

Hermione estaba casi segura de que ése era Wallace McGregor, el presidente de una fábrica de bebidas muy reconocida, quien aparecía siempre en la sección de finanzas del diario El Profeta. Su producto más popular eran las cervezas de mantequilla de sabores surtidos, de las cuales su favorita era la de sabor a canela.

—Creo que nos apegaremos a pintar de blanco el cuarto del bebé. —dijo Victoire, riendo—Quizá si me siento particularmente osada, usaremos color crema.

Los hombres rieron de nuevo, muy ruidosamente en comparación a la delicada risa de Victoire.

—Mis disculpas por hacerlos esperar, caballeros. —dijo Draco, acercándose a ellos.

Wallace se puso de pie de primero, seguido de cerca por sus camaradas. —Está bien, Sr. Malfoy—dijo—Esta encantadora dama nos guardó compañía. —Dijo, sonriendo con simpatía a Victoire, sonrisa que ella devolvió con entusiasmo. El mago luego observó a Hermione aproximarse a la muchacha más joven. —Así que los rumores son ciertos. El mago más astuto del Mundo Mágico está trabajando con la mejor bruja del Ministerio.

—Espero que no les importe que les haya contado—dijo Victoire con una sonrisa—Solo quería que el Sr. McGregor supiera que no le estaba haciendo esperar por culpa de un cliente cualquiera, Sr. Malfoy.

Draco la miró y le devolvió la sonrisa. —No me molesta en lo absoluto. Claro que aún no hemos llegado a un acuerdo. La Sra. Weasley y yo aún tenemos que trabajar en los detalles.

Miró a Hermione y le guiñó un ojo. Ella obviamente supo leer entre líneas en esa frase, pero logró mantenerse neutral frente a la compañía presente.

—¿Nos vamos? —preguntó Hermione a Victoire. —Tenemos poco tiempo antes de que tenga que regresar a la oficina, y sé que querrás pasar por la heladería cuando vayamos de regreso.

Victoire soltó una risita. —Me conoces muy buen. Podemos irnos tan pronto como recoja las tazas de té.

Levantó la bandeja con las tazas que sostenía y esperó a que los hombres bebieran lo que restaba de su té, poniendo las tazas sobre la bandeja. Victoire trató de irse hacia la pequeña cocina a un lado del salón pero Draco la detuvo.

—Ese no es tu trabajo—Draco hizo una floritura con la varita y las tazas desaparecieron. —Srita. Vance, las tazas están en la cocina. Haga el favor de lavarlas mientras vamos a almorzar.

La secretaria arrugó el rostro con disgusto. —¿Acaso le parezco una sirvienta?

—Yo pensaba que parecías más bien una perra. —dijo Victoire.

La cabeza de la Srita. Vance se alzó de inmediato y miró de mala manera a la otra bruja. Hermione ahogó una exclamación pero los hombres sólo rieron, incluyendo a Draco.

—Victoire, ¿qué clase de lenguaje es ese? —espetó Hermione.

—Lo siento, Tía Hermione, pero digo las cosas como son. —Victoire tomó su varita e hizo un movimiento apuntando a la cocina. —La platería estará lista para cuando regrese, Sr. Malfoy. —dijo con una sonrisa brillante, mientras se acercaba al elevador y presionaba el botón de llamada.

—Esa chica es dinamita—dijo Wallace—Su esposo es un hombre con suerte.

El elevador se abrió. Hermione no sabía por qué se sorprendió al ver que Draco y sus visitas se subían con ellos, comenzando a hablar de negocios mientras Draco discretamente tomaba su trasero en el reducido espacio. No pudo ni siquiera empujarlo para que se alejara, pues no había forma de hacerlo sin hacer un espectáculo. De verdad tenía agallas. Finalmente se le ocurrió clavar su tacón en el pie del rubio, y cuando él dio un respingo, ella sonrió y dijo, —lo siento.

Cuando llegaron a la planta baja, Hermione y Victoire dejaron a los hombres ir adelante. No fue hasta que salieron a la calle que los hombres se dieron vuelta. Wallace y sus dos camaradas querían despedirse de Victoire, pero Draco miró directamente a Hermione y dijo, —Venga un momento, Sra. Weasley.

Se hizo a un lado y esperó a que ella lo siguiera. Lo hizo con lentitud, y una vez que estuvieron solos, preguntó—¿Qué sucede?

—En verdad estoy interesado en hacer este trabajo para el Ministerio, no por el dinero, sino por mi reputación. Como has leído, obviamente necesita algo de trabajo. —hizo una pausa—Pero ese presupuesto que me mostraste es irrisorio, y me niego a trabajar por una miseria. Dile al Ministro que tendrá que subir su apuesta si quiere que este trato se dé.

Hermione se mordió la parte interna de la mejilla y asintió. —De acuerdo, le pasaré el mensaje.

Draco extendió la mano y Hermione la estrechó. Draco la haló, acercándola levemente y dijo en voz baja, —Ansío trabajar contigo y cogerte en el futuro.

Hermione retiró la mano abruptamente. —De verdad eres muy encantador—dijo ella con sarcasmo, frunciendo el ceño. Estuvo a punto de retirarse pero se detuvo, se dio vuelta e hizo otra pausa, mirándolo. —Necesitas despedir a tu secretaria, Malfoy. No se merece ser recompensada por su falta de proactividad y, en tu área de trabajo, necesitas a alguien en quien puedas confiar a tu lado. Si lo peor que los tabloides pueden decir de ti es que eres muy quisquilloso con tu personal, entonces eso me parece una victoria.

—¡Hermione! —llamó alguien.

Hermione se dio vuelta para ver el flash de una cámara centellear frente a sus ojos. Un hombre con un sombrero tipo fedora les sonrió antes de desaparecerse.

Hermione se volteó abruptamente al escuchar a Draco reírse.

—Parece que ya tienen un nuevo titular: "Draco Malfoy, empresario, visto con Hermione Weasley, la madre casada de la prometida de su hijo y la bruja dorada del Ministerio. ¿Habrá entre ellos más que planes de boda?

Hermione palideció. —No lo harían.

—Por supuesto que lo harían—dijo Draco. —Corazón de Bruja ama darle cobertura a historias sobre mi reputación de Casanova, y tu inminente divorcio es el chisme del momento. Es exactamente el tipo de titular que imprimirían. —guiñó un ojo—Nos vemos, Granger.

Draco se marchó con su andar suntuoso y se reunió con Wallace. Caminaron en una dirección mientras Hermione y Victoire caminaban en la contraria. Ella trató de concentrarse en su parlanchina sobrina, pero era difícil cuando sabía que Draco tenía razón. Esa foto aparecería en la prensa y, aun cuando fuese totalmente inocente, la culpa ligada a ella la carcomería.

Sabía que era cuestión de tiempo antes de que las repercusiones de lo que había hecho volvieran para morderle el trasero. Sin mencionar al muy persistente mago que le había dejado muy en claro su misión. Y, además, había una parte de ella que secretamente deseaba que él triunfara. Pero la combatiría. Pelearía hasta después del velo y más allá. O trataría, por lo menos. Aparentemente había mucho de "intentar" en su vida, y eso la tenía jodidamente agotada.


N.T.: Qué les pareció? jajaja... se viene lo bueno! Espero no me odien tanto como para abstenerse de dejarme un review. Les agradezco cada comentario, crítica y palabra de aliento para continuar este arduo trabajo... traducir se hace súper pesado, pero de verdad vale la pena... además, no hay mayor esfuerzo que el que se hace para sacar una trama original de la cabeza, lo sé por experiencia y eso es lo que me presiona jajaja... Un abrazo, espero nos veamos pronto. Dejen reviews! :)