DISCLAIMER: La saga Harry Potter y sus personajes pertenecen a JK Rowling, la trama pertenece a Lena Phoria, y está siendo traducida con su permiso :)
N.T.: Hola, hola! aquí vengo con la siguiente entrega de la maravillosa historia de Lena, espero les guste :) se me hizo larguísimo traducir este capítulo, aunque eso no es raro en mí jajaja... agradezco muchísimo sus reviews, me animan mucho a seguir traduciendo, amo leer sus comentarios acerca de la trama, pues me recuerda a cada vez que yo leía estos capítulos cuando Lena los publicaba... y aún, cuando publica, siguen alegrándome la semana! jajaja... que lo disfruten!
Capítulo 6: Fuerza
—¿No podemos simplemente levitar esta cosa hasta allá arriba? —preguntó Ron mientras luchaba con uno de los extremos del sofá viejo de él y Hermione, tratando de subirlo por las escaleras.
—¡Ron, estamos en un edificio Muggle! —susurró Hermione bruscamente, tratando de mirarlo desde el fondo de las escaleras pero fallando. —Tendremos que arreglárnoslas.
Ron gruñó pero asintió. Sólo habían logrado subir un tramo de escaleras, y faltaban otros tres, y la forma en que la escalinata se curvaba a la mitad entre piso y piso no les ayudaba en lo absoluto.
—¿Necesita ayuda con eso, Sr. Weasley? —Hermione escuchó una voz que reconoció como la de Scorpius al acercarse al tercer piso.
—¡No, estoy bien! —espetó Ron, aunque había estado quejándose de dolor de espalda hacía tan solo un par de minutos.
—Por Merlín, Ron, ¡déjalo ayudarte! —gritó Hermione desde abajo.
Ron gruñó. —Oh, está bien, joder—dijo, entregándole su lado del sofá al muchacho rubio.
Una vez que Ron estuvo fuera del juego, la tarea se tornó súbitamente más fácil. Scorpius era bastante fuerte y pudo levantar el sofá por sobre las barandas en cada curva, poniéndolo en ángulo para lograr el mínimo contacto posible con la pared. Hermione supo que debió haber tomado el liderazgo desde un principio, pero Ron había insistido en hacerlo él.
Cuando Scorpius y ella llegaron finalmente al pequeño apartamento, Rose estaba tratando de aplicar un encantamiento en la espalda de Ron para mejorar su dolor.
—Te dije que no debíamos enviar a la pareja de viejos a subir las cosas pesadas—dijo Hugo, riendo.
La mandíbula de Ron se desencajó —¿Viejos?
—Bueno, ninguno de ustedes fue especialmente entusiasta a la hora de ofrecerse para ayudar. —dijo Hermione, sentándose en uno de los extremos del sofá, seguida de Scorpius.
—Acabo de hacerme las uñas. —dijo Lily, desenvolviendo un jarrón con delicadeza para no arruinar su manicura.
Hermione se acercó y le quitó el jarrón, dirigiéndose a la cocina y llenándolo de agua para poner las flores que había comprado en el mercado esa mañana. Todo hogar lucía mejor con flores, incluso los pequeños apartamentos hacinados, dada la alta cantidad de personas que insistían en ayudar a los nuevos residentes a mudarse.
Ron se acercó a ella por un lado y puso un brazo alrededor de su cintura. Ella le sonrió levemente pero no tardó mucho en alejarse de él.
Habían salido a almorzar dos veces esa semana y ambas veces las cosas se habían sentido forzadas. Las conversaciones, el contacto visual, inclusive el incómodo beso antes de regresar cada uno a su respectiva oficina. Sabía que no había forma de que Ron no lo percibiera también, pero aun así, continuaba tratando y comportándose como si todo estuviese en orden.
—Así que, ¿no has pensado en quién será tu padrino de bodas, Scor? —preguntó Lily, aún vaciando una de las cajas mientras que Albus y Scorpius movían algunos muebles siguiendo instrucciones de Rose.
—No lo sé—dijo Scorpius—Rose y yo pensábamos que quizá debería ser Hugo.
Lily se paralizó, su boca abriéndose de forma dramática mientras su nariz se arrugaba con asco. —¡No puedo caminar hacia el altar con mi primo!
—Ouch, Lil—dijo Hugo, quien estaba tratando de armar el nuevo librero de Rose. Aún con magia, lo estaba haciendo muy mal.
—¡Oh, sabes a lo que me refiero! —dijo ella—¿Por qué no escoges a Parker?
—Parker y yo no estamos en muy buenos términos que se diga—dijo Scorpius, moviendo el sofá unos centímetros a la izquierda.
—¡Perfecto! Déjalo allí—dijo Rose, corriendo hacia él y dándole un beso.
—¿Por qué se han peleado? —preguntó Lily.
Scorpius y Rose se miraron y luego miraron a Hugo. El pelirrojo levantó la mirada y se sonrojó. —Yo no sé nada de eso, ¿de acuerdo?
—Lo sabemos—dijo Rose, de repente volteando hacia Lily y entornando los ojos.
Lily se enfocó en no mirar a Rose, y una sonrisa pequeña pero malévola se plantó en su rostro.
Hermione los observaba de cerca. —Lily Luna Potter, ¿qué es lo que hiciste?
—Nada—dijo ella inocentemente—Bueno… puede que le haya dicho a la novia de Parker, Issy, que Hugo no paraba de hablar de ella.
—¡Ja! —gruñó Hugo—Ni siquiera sabía quién era ella hasta que se me acercó. Luego me entero de que es la maldita novia de Parker.
—Ya no lo es—dijo Lily, orgullosa.
—¡No es gracioso, Lil! —espetó Hugo. —Parker le ha dicho a todo el mundo que cuando volvamos a la escuela, se encargará de hacer de mi vida un infierno por robarle a su chica. ¡Soy amoroso, no un peleador! ¡Si me golpea, no sabría ni siquiera cómo devolverle el golpe!
El rostro de Hermione se tensó, entrando de inmediato en modo "Mami".
—¿Por qué no me dijiste esto antes? Apenas llegue a casa le enviaré una lechuza a Neville y…
—¡No! —gritaron Hugo y Lily al unísono.
—¡No puedes meter a Parker en problemas, lo sacarán del equipo de Quidditch! —gritó Lily.
—¿Ésa es tu única preocupación, primita? —Hugo lanzó al suelo la pieza del librero que estaba en proceso de armar. —Oh, ¡me rindo!
Rose se acercó a ayudarlo mientras Scorpius y Albus movían cajas hacia un lado para hacer espacio para otras cosas que necesitaban subir. Lily seguía desempacando la misma caja.
—¡Ewww, asco! —dijo la pelirroja de pronto—¿Por qué tienes esta cosa horrible?
Todos miraron hacia ella para encontrarse con que estaba sosteniendo una figurilla de Creatasia con forma de Colacuerno Húngaro. La compañía se especializaba en hacer lucir a las criaturas fantásticas especialmente feroces. Los dragones eran su producto mejor vendido.
—Cuidado con eso. —dijo Scorpius, corriendo hacia ella y quitándoselo de la mano. —Es mi favorito.
Lily frunció el ceño. —No me digas que coleccionas esas cosas en serio. Ugh, ya veo por qué Hugo quiere ser tu padrino de bodas.
Scorpius comenzó a buscar un lugar para su Colacuerno de inmediato, evitando dejarlo con el resto de las cosas que Lily estaba desempacando.
—Oh, Scorpius, espera un momento—dijo Hermione, mirando de arriba abajo el apartamento hasta localizar su bolso. Metió su mano en él y comenzó a palpar en busca de algo, tropezándose con la petaca de Draco, que hizo que su corazón se acelerara por unos instantes. Aparte de un par de lechuzas con mensajes acerca de negocios, no había hablado con él desde aquel día en su oficina. Sin embargo, había pensado mucho en él. Cada vez que Ron la tocaba se sentía tan mal, que no podía evitar recordar el ardor que sentía correr en sus venas cuando Draco siquiera estaba presente.
Y luego, encontró lo que buscaba.
—Aquí está—dijo, sacando una repisa de madera que había hecho. —Supuse que podríamos ubicar tus dragones en la pared.
Scorpius la observó, anonadado, mientras ella buscaba un sitio adecuado en las paredes para su repisa. Eventualmente se decidió por un rincón justo sobre una pequeña mesa ratona.
—Ayúdame—le dijo Hermione al rubio, que seguía paralizado.
Scorpius puso su dragón en el sofá, acercándose.
—¿Trajo esto para mí? —preguntó él.
—Sí, lo hice—dijo Hermione, dándole instrucciones de mantenerlo derecho mientras ella usaba su varita para adherirlo a la pared.
—Mi mamá es muy buena fabricando cosas—dijo Rose con orgullo. Desafortunadamente no podía decir lo mismo de su hermano y su papá, quienes estaban en ese momento tratando sin éxito de descifrar las instrucciones para armar un librero. Rose puso los ojos en blanco y comenzó a armarlo ella misma.
Una vez que la repisa estuvo puesta en la pared, Hermione tomó el Colacuerno Húngaro y lo puso en su sitio. —Lily, trae los demás, por favor.
Lily se puso de pie y acercó los otros cuatro dragones que había desempacado. Rose y Scorpius habían finalmente llegado a un acuerdo de tener cinco figurines en casa. Hermione los arregló en la repisa de la forma que creyó se vería mejor y dio un paso atrás, inspeccionando su obra con cuidado, con una mano en el mentón.
—Creo que se ve bien, ¿y ustedes? —dijo ella, mirando a Scorpius.
—Uh… sí—dijo él, aún algo confundido por todo el asunto.
—¿No te gusta? —preguntó Hermione arrugando un poco la frente.
—¡No! —dijo rápidamente—¡Claro que me gusta! Es sólo que… uhh…. Gracias. Por la repisa.
Hermione sonrió y rió suavemente. —No hay porqué. —La castaña apoyó su mano en el hombro de Scorpius y lo apretó un poco con cariño antes de dirigirse a la cocina para buscar algunos vasos, ponerles hielo y servir cervezas de mantequilla para todos.
Lily se acercó hasta la cocina para ayudarla—Creo que su mamá no tiene ese tipo de detalles con él, tía Hermione. —susurró ella. —Probablemente aún no entiende lo que implica unirse a nuestra familia.
—Hmm—dijo Hermione—Bueno, espero que no estemos abrumándolo.
—Estoy segura de que está bien. Puede que se sienta mejor una vez que llegue su papá. ¡Oh! Lo siento, quise decir tu amante—Lily guiñó un ojo.
Hermione se sonrojó—Muy graciosa.
Por supuesto, la foto de ella y Draco había sido publicada en Corazón de Bruja al día siguiente de haber sido tomada. Su conjetura acerca del título del artículo había sido bastante acertada. Ron se había puesto furioso, pero no pudo decir mucho al respecto considerando que su propia foto en la misma revista unos meses antes había sido completamente verdadera.
—Oh, vamos, tía Hermione. Ríete de ello. Hay gente peor con la que podrían haberte fotografiado.
—Sólo ayúdame a servir las bebidas, Lily—dijo Hermione, ansiosa por cambiar de tema.
Lily soltó una risita y se alejó con un par de bebidas en mano, entregándoselas a Hugo y Ron antes de regresar por más.
—¿Se dan cuenta de que aún hay un camión abajo con la mitad de sus cosas? —preguntó Teddy mientras entraba al apartamento cargando con una mesa de café. Victoire se encontraba tras él cargando una caja pequeña.
—¡Muchachos, pudieron venir! —dijo Rose emocionada, corriendo a abrazarlos a ambos.
—Sí, pero no parece que haya mucho espacio para nosotros. —dijo Victoire, poniendo la caja en el sofá para poder abrazar a Rose más cómodamente.
—Teddy, eres bueno construyendo cosas. —dijo Rose, esperando a que pusiera la mesa en el suelo para poder abrazarlo. —¿Podrías ayudar a Hugo y a papá con el librero?
—Ah, nuestra especialidad. —dijo Teddy, mirando a Victoire. —¡Una vez armamos un escritorio que tenía alrededor de ciento veintidós….
—Ciento setenta y dos—corrigió Victoire.
—…Ciento setenta y dos piezas!
Teddy tomó la mano de Victoire y se acercaron al librero, cuyas piezas parecían multiplicarse al pasar el tiempo.
—Hugo, Al, Scorpius, ¿creen que puedan ayudarme a bajar las cosas restantes del camión? —preguntó Hermione. —Deberíamos quitarlo de la calle pronto.
Los muchachos se acercaron a la puerta.
—Yo también puedo ayudar. —dijo Ron, tratando de ponerse de pie.
—No, Ron. —dijo Hermione, extendiendo una mano indicándole que se detuviese. —Quédate aquí y descansa tu espalda.
La castaña siguió a los muchachos hasta afuera del edificio, organizando todo lo mejor posible para poder subirlo en la menor cantidad de viajes que pudiesen. Lograron hacerlo en tres viajes. En el último, Hugo y Al tomaron la estructura de la cama y se adelantaron para ensamblarla mientras Hermione y Scorpius lidiaban con el colchón. Era más pesado de lo que parecía y les tomó más trabajo que el sofá. Sólo Merlín sabía por qué. Hermione estaba casi segura de que era porque estaba agotada y que probablemente había debido dejarle ese trabajo a uno de los muchachos más jóvenes.
—¿Quiere cambiar de lado? —preguntó Scorpius desde la parte de arriba del tramo de escaleras que estaban tratando de subir en ese momento mientras Hermione trataba de subir el colchón por sobre su cabeza para que no golpease los escalones.
—A esta altura, no sé ni siquiera cómo podríamos cambiarnos. —dijo ella al ver que el colchón ocupaba todo el ancho de las escaleras.
—Podría deslizarme por la baranda de la escalera—dijo, insistiendo, como si de verdad quisiera hacerlo.
—¿Y cómo sugieres que suba yo? —preguntó Hermione—¿Escalando?
Scorpius frunció el ceño. —Oh, cierto.
Hermione rió. —Sólo intentémoslo de nuevo.
Ambos alzaron el colchón, con el lado de Hermione algo más alto mientras ella levantaba nuevamente por sobre su cabeza. Perdió el equilibrio en el proceso y cayó. Hermione gritó y esquivó el colchón, cubriendo su cara con las manos para detener el golpe sobre su cabeza que sorpresivamente nunca llegó. Hermione abrió los ojos, que había cerrado en espera del impacto, y encontró que un brazo fuerte vestido de negro estaba sosteniéndolo. Levantó la mirada y no se sorprendió demasiado al ver que el brazo pertenecía a Draco.
—¿De qué carajo está llena esta cosa? —preguntó el rubio—¿Plomo?
—¡Hola, papá! —llamó Scorpius, soltando uno de los lados del colchón para saludar, haciendo que éste colapsara de nuevo. Draco dejó en el piso algunas cosas que tenía en las manos y tomó con fuerza el extremo contrario para evitar que Hermione fuese aplastada.
—Cuidado, Scorpius. Me parece que matar a la madre de tu futura esposa con un colchón aguaría un poco la celebración de su boda.
—Sí, creo que Rose se sentiría algo mal por ello. —dijo Scorpius con una risita. —Lo siento, Sra. Weasley.
—Está bien—dijo Hermione, quitándose de debajo del colchón y poniéndose de pie. —Y puedes llamarme Hermione.
—¿En serio? —dijo Scorpius, por alguna razón mirando a su padre buscando su aprobación.
—Deberías hacer lo que la dama te pide—dijo Draco—Además, sería bueno que tomases el hábito de llamarla por un nombre que no tendrá que cambiar pronto.
El cuerpo de Hermione se tensó por completo, y miró hacia Scorpius y lo notó pálido como un fantasma. Sus ojos marrones se llenaron de furia, y se giró lentamente hacia Draco, a punto de hacerle saber lo que pensaba al respecto de su comentario, cuando alguien se acercó a él por detrás y le dio un manotazo en la parte de atrás de la cabeza.
—Eso fue increíblemente grosero, Draco—dijo Narcissa, luciendo absolutamente avergonzada de su hijo. —Discúlpate con la Sra. Weasley.
—Sólo estaba bromeando…
—Dije que TE DISCULPES. —la voz de Narcissa sonó profunda y atemorizante, haciendo que Hermione considerase disculparse, como instinto.
Draco respiró profundo por la nariz y miró a Hermione. —Lo siento, Sra. Weasley.
Hermione parpadeó. —Está bien. —dijo, aunque en realidad no lo estuviese. —Sólo ayúdame a subir este colchón, ¿De acuerdo?
—Pensé que eso es lo que estaba haciendo. —dijo Draco, dándole al colchón unos cuantos empujones con sus manos. —Salazar, esta cosa sí que es pesada…
—Abuelita, ¡no sabía que venías! —dijo Scorpius, alegre, desde más arriba en las escaleras.
—No planeaba hacerlo, pero tu padre me dijo que debía ver este lugar con mis propios ojos. —dijo Narcissa, mirando a su hijo de reojo.
—¿Lo trajiste? —dijo Scorpius en un casi susurro.
Narcissa recogió una de las cosas que Draco había puesto en el piso y la alzó para que Scorpius pudiese verla. Parecía un kennel para animales. Y luego, Hermione escuchó un maullido.
—¿Les compraste un gato? —preguntó Hermione, arrugando las cejas.
—Un gatito—corrigió Narcissa, dejando la jaula en el piso para que Hermione viese al pequeño gato atigrado de ojos dorados.
—Para remplazar a Scuffles—dijo Draco con una sonrisa burlona.
Hermione estaba enfadada con él, así que trató con todas sus fuerzas de no reírse. Desafortunadamente, no pudo contenerse. —Un compañero mucho más adecuado. —dijo, introduciendo sus dedos en la jaula y dejando al pequeño gatito frotarse contra ellos.
—Draco ha estado mandando lechuzas esta semana a todas las tiendas de mascotas tratando de buscar una gatita naranja. No pensé que fuesen tan raros. —dijo Narcissa—Finalmente el dueño de la tienda del Callejón Diagon encontró una para nosotros en un refugio Muggle. Tomamos un taxi hasta allá. —Sus ojos brillaron, estaba obviamente orgullosa de su aventura Muggle. —Si tu padre se enterase…
Draco sonrió con picardía—Probablemente es mejor no mencionarlo.
—¿Por qué una hembra? —preguntó Hermione. —¿Porque se parece a Rose?
—Eso fue lo que pensé. —dijo Draco. Luego miró a su hijo. —Su próximo gato puede ser un macho blanco.
—Claro, como si no fuese a verse ridículo tener dos mascotas que se parezcan tanto a nosotros—dijo Scorpius.
Draco acomodó el colchón, que parecía estarse tornando un poco pesado para él. —No cargaré esta cosa por cuatro pisos más. —dijo, buscando su varita en su bolsillo.
—¿Qué crees que haces? Estamos en un edificio Muggle—susurró Hermione, molesta.
—Sí, pero nadie tiene que saber que hicimos que el maldito colchón fuese más liviano. —le susurró él de vuelta, dándole a su varita una pequeña sacudida dentro del bolsillo con discreción. Un segundo después, Draco puso el colchón sobre su hombro con facilidad.
—¡Oh, así es mucho mejor! —dijo Scorpius.
Draco siguió mirando a Hermione con una sonrisilla de suficiencia bastante molesta en su rostro, mientras su hijo y él comenzaban a subir por las escaleras.
—Bueno, no es necesario ser presumido al respecto. —farfulló Hermione por lo bajo mientras ella, Narcissa y la gatita subían tras ellos.
Cuando llegaron al piso de Rose y Scorpius, Narcissa pasó la jaula del gatito a Hermione y se apresuró hasta el frente para tomar el colchón. —Draco, ¿me dejarías sentirme fuerte por un momento?
Draco rió. —Por supuesto, Madre.
Ella, Scorpius y el colchón entraron en el apartamento. Hermione comenzó a dirigirse a la puerta pero Draco tomó su muñeca y la detuvo. Hermione lo miró.
—¿Qué quieres? —preguntó ella.
—De verdad lo siento. —dijo, mirándola directo a los ojos. —Por lo que dije antes. Fue innecesario y grosero de mi parte.
—¿Ah, sí? ¿Lo sientes de verdad?
La mandíbula de Draco se tensó y él desvió la mirada, pero aún así asintió.
Hermione quitó su mano de su agarre. —No sabes nada de mi relación con mi marido, Malfoy, así que te sugiero que te guardes tus opiniones al respecto.
—Sé lo suficiente. —dijo. —¿Cómo les ha ido con eso de "tratar"?
—No te interesa.
Draco tomó aire. —Así de mal, ¿eh? ¿Qué es lo que no les ha funcionado? ¿Has tenido demasiados sueños eróticos conmigo?
El rubio pasó una de sus manos tras ella y tocó su trasero. Hermione lo golpeó, alejándolo de ella.
—¡Ya basta! —espetó Hermione—¡ya no es gracioso! Digo… nunca lo fue, pero… —suspiró—Por favor, sólo detente.
Draco frunció los labios, malhumorado de pronto. —De acuerdo. —dijo—Si eso es lo que de verdad quieres, me rindo.
—Gracias—dijo Hermione, desviando su mirada de sus ojos grises, y hacia un punto fijo en la pared.
—Por ahora.
—Papá.
Ambos se giraron. Scorpius estaba en el umbral de la puerta, sonriendo.
—Rose tiene los ojos cerrados. Tráela.
Señaló con el dedo hacia la jaula que Hermione aún sostenía. Alzó el contenedor y Draco abrió la puerta. La gatita prácticamente saltó a sus manos y él la cargó con cuidado hasta dentro del departamento. Se veía bastante tierno en realidad, a pesar de lo mucho que lo odiaba en ese momento.
—Scorpius, si haces algo asqueroso, ¡juro que cancelaré la boda! —dijo Rose desde el suelo, donde se hallaba sentada.
—No haré nada asqueroso, cariño, prometo que esto te gustará.
La gatita maulló.
El rostro de Rose se iluminó, aunque mantuvo los ojos cerrados. —No me digas, ¿trajiste a Scuffles II?
—Definitivamente no es una rata gigante—dijo Scorpius, mirando a Hermione y guiñando un ojo.
Rose abrió los brazos a la expectativa al escuchar a Draco acercarse. Puso el gatito en sus manos y ella lo abrazó, soltando sonidos de adoración al abrir los ojos y mirarlo. —¡Oh, por todos los dioses, es hermosa! —miró a Draco—¿es niña, no?
—Sí, lo es—dijo—pero por favor, no la llames Scuffles. —miró a Hermione de reojo con una sonrisa burlona.
—No lo haré—dijo Rose, abrazando a la gatita, que ronroneaba sin parar. —Oh, ya la amo. ¡Muchas gracias!
Se puso de pie de un brinco y le dio a Draco un medio-abrazo, dado que uno de sus brazos estaba ocupado en ese momento. Él solo le dio algunas palmaditas incómodas a modo de respuesta.
—¿Cómo la llamaremos? —preguntó ella, pasando por sobre varias cajas para llegar hasta Scorpius.
—Mantén la tradición familiar. —dijo Lily. —Tenemos Rose, Lily, y usted es una flor también, ¿no, Sra. Malfoy? —miró a Narcissa, quien había tomado asiento en el borde del colchón que ya habían ubicado en su base.
—Sí, supongo que lo soy—dijo ella.
—Pero el nombre de mamá no es una flor—dijo Rose, arrugando la nariz. Miró a Hermione.
—¿Qué tal Dahlia? —sugirió Lily, insistiendo con la idea de las flores. —O Marigold. ¡Tiene pinta de una Marigold!
—Me gusta más el tema Shakesperiano. —dijo Rose, aún viendo a su madre—¿Qué tal Perdita? Sé que siempre quisiste llamarme Perdita.
Ron levantó la mirada de la pila de piezas que se suponía debería convertir en un librero. Su rostro se endureció al encontrar la mirada de Hermione.
—Bueno, me parecía apropiado, ya que eres la hija de Hermione. —dijo Hermione, tratando de sonreírle a Ron. —Pero es tu gatita, cariño. Puedes llamarla Perdita si quieres pero no pienses que eres demasiado madura como para llamarla Calabaza.
Rose sonrió tímidamente.
—¿Cómo sabes que estaba considerando Calabaza?
—Ese conejo naranja que tu tío George te regaló sin nuestro permiso. —dijo—Ya que era un naranja más oscuro, lo llamabas Pastel de Calabaza.
—Y luego me cocinaste un pastel de calabaza para ablandarme antes de decirme que lo habías regalado—dijo, frunciendo el ceño—No funcionó. —Rose sostuvo a la gatita frente a sí, inspeccionándola detalladamente. —Me gusta Perdita. Es lindo, como ella. ¿Te gusta? —preguntó, mirando a Scorpius y esperando su aprobación.
—Sí, es bastante particular—bromeó, dándole a Rose un beso. Ambos rieron.
Hermione caminó por el laberinto de cajas para acercarse a Ron, Teddy y Victoire, que aún seguían trabajando en el librero, aunque ahora parecía que algo había progresado.
—¿Qué pretende comprándole un gato a mi hija? —preguntó Ron en voz baja cuando la castaña se sentó junto a él. —¿No debería aprender a cuidarse a sí misma antes de tener una maldita mascota?
—Relájate, Ron, sólo es un gato. Son bastante independientes, y Malfoy sólo trataba de ser amable. —dijo Hermione, tomando el instructivo y dándole una ojeada.
—Sí, supuse que defenderías a tu amante—se burló él.
—Es lo justo.
Las manos de Ron se apretaron alrededor del trozo de madera que estaba sosteniendo y sus orejas se tornaron de un rojo muy brillante.
—Ron, sólo estoy bromeando. —dijo ella. —Sólo fue un estúpido artículo escrito para tratar de vender revistas, y probablemente habrá muchos más como ése si este cerramos el trato con la compañía de Malfoy y comenzamos a trabajar juntos, así que deberías acostumbrarte.
Ron levantó la mirada, fingiendo mirarla a ella pero evidentemente mirando más hacia atrás, a quien pudo suponer sería Draco—Siempre mira tu jodido culo cuando te volteas. —murmuró, malhumorado.
Hermione se sonrojó.
—Eso es cierto—dijo Victoire—Lo hizo un par de veces el otro día. —Rió, pero se detuvo al darse cuenta de que era la única en el grupo que parecía encontrar algo hilarante en el asunto. —Lo siento. No sabía que esto era algo serio. Es lo que todos los hombres normales hacen, tío Ron, y la tía Hermione tiene un muy buen…
—¿No tienes algo que deberías estar haciendo, Vickie? —la detuvo Hermione.
—Ummm… seguro…—dijo Victoire poniéndose de pie. —Vamos, Teddy. Veamos si tienen algo de comer aquí. Muero de hambre.
Teddy tomó su mano y ambos caminaron a través del laberinto de cajas hasta la cocina.
—Sabes, tienes agallas si vas a ponerte celoso por nada cuando tenías novia hace apenas una semana.
Ron respiró hondo. —Tienes un buen punto. —dijo, aún fingiendo manipular las piezas del librero cuando evidentemente no estaba concentrado en ello en lo más mínimo. —Pero él no debería ser tan jodidamente obvio al respecto.
—Malfoy es Malfoy—dijo ella.
Hermione miró por sobre su hombro para encontrarlo sosteniendo a Perdita mientras Rose y Lily le creaban un collar usando sus varitas. Draco se movió hasta su madre y le entregó a la gatita antes de sentarse junto a ella. Narcissa le susurró algo al oído y él rió.
—¿Alguna vez has hablado con él desde que Scorpius y Rose se comprometieron?
—No—respondió Ron. —Tú has hablado con él lo suficiente por ambos.
Hermione giró su rostro lentamente hacia él. Suspiró.
—He hablado con su engendro. ¿No es eso suficiente?
—Ese engendro es tu futuro yerno, y quizá te habrías dado cuenta de que es bastante dulce si tan solo le dieras la oportunidad. —espetó ella. —Ama a Rose. No puedes negar eso.
—Por supuesto que la ama. Es la chica más hermosa que jamás conocerá y es demasiado buena para él.
Hermione sonrió suavemente. —Siempre piensas que es demasiado buena para todo el mundo.
—Sólo porque es la verdad. —pausó, frunciendo el ceño y al fin dejando de lado el trozo de madera. —Va a romperle el corazón, Hermione.
—Eso no lo sabes.
—Sí lo sé. La intuición de un padre es…
—…Nada comparada a la intuición de una madre, y creo que estás errado.
Hermione se puso de pie y sacó algo de su bolsillo. Un juego de llaves, que luego le pasó a Ron.
—Haznos un favor y regresa el camión, ¿quieres?
—Sí, seguro—dijo Ron, poniéndose de pie.
Ron se acercó y le dio a Hermione un beso bastante incómodo. Aún cuando ella cerró los ojos, sabía que los de él estaban abiertos, probablemente observando a Draco ya que ella estaba dándole la espalda y tendría de esa forma una vista perfecta de su trasero.
—Ordenaré comida china mientras vas a llevar el camión—dijo ella.
Ron asintió y dio una corta despedida a Rose antes de salir del apartamento.
—¿De dónde sacaste la repisa para ponerlas?
Hermione miró hacia donde Draco se encontraba sosteniendo una de las figurillas de Creatasia, con Scorpius tras él.
—La Sra. Weas… digo, Hermione la hizo para mí—Scorpius la miró y sonrió.
—¿Tú la hiciste? —preguntó Draco, mirándola de reojo.
—Sí—contestó ella.
—En su cuarto de manualidades, mejor conocido como el sótano. —dijo Rose desde el otro lado del departamento. —Hace de todo. Carpintería, libros de recortes, trabajos de cerámica, tejidos… incluso incursionó en la orfebrería.
—Probablemente debí evadir esa área—dijo Hermione. Ella y Rose rieron al recordar el horrible collar que le había regalado a su hija en su doceavo cumpleaños.
Hermione se acercó a la cocina y comenzó a revisar las gavetas.
—Rose, ¿dónde pusiste el menú de ese sitio de comida china que está cerca de aquí y que se supone es muy bueno?
—¡Oh! —Rose revisó hasta encontrar un archivero, donde buscó una pestaña que leía "Menús", sacando el indicado.
—Creo que es hora de ordenar el almuerzo. —dijo Hermione—¿Qué quiere cada uno?
—¡Rollitos primavera! —gritaron Rose, Hugo y la propia Hermione, cosa que hizo que sus hijos la miraran con ojos entrecerrados ante la evidente burla de su madre.
—Y déjenme adivinar… también pollo Satay, cerdo agridulce, carne Szechuan, langostinos fritos y mucho, mucho arroz frito para Lily.
Lily fue la única a la que le pareció divertido.
—¿Por qué siempre debemos pedir arroz frito? —preguntó Albus. —Nunca pedimos Chow Mein. Incluso en casa, es sólo lo que Lily quiere.
—Tal y como debe ser—dijo Lily, empujando a su hermano.
Albus la empujó de vuelta. Lo hizo suavemente, pero lo suficientemente fuerte para hacerla explotar. La pelirroja se lanzó a su espalda y lo tacleó al piso, haciéndole cosquillas hasta que ambos estaban en el suelo.
—¡Diablos, Lily, para! —gritó mientras reía.
—Cálmense los dos—espetó Hermione. —Podemos traer ambas cosas.
Lily dejó a Albus en paz, pero él tomó la pierna de su hermana para hacerla caer de nuevo. Hermione refunfuñó pero los dejó continuar luchando. No sabía cómo Ginny lograba tener tanta paciencia.
—¿Tú qué quieres, Scorpius? —preguntó, mirando al rubio en cuestión.
—Oh, ummm…
Scorpius se mordió el labio inferior, mirando a su padre, quien se encogió de hombros.
—En realidad nunca he probado la comida rápida china.
Hermione alzó las cejas, y las mandíbulas de Hugo y Rose se desencajaron. Victoire y Teddy sacaron sus cabezas de una de las habitaciones donde habían estado organizando con curiosidad, mirando a los Malfoys como si de una rara especie se tratase. Lily y Albus cesaron todo movimiento en el piso y se pusieron de pie rápidamente, mirándolos completamente anonadados.
—¿Que tú qué…?—preguntó Lily—Pero… ¿Cómo has vivido así?
—Digo, he comido comida china antes—dijo Scorpius, luciendo algo avergonzado—Pero sólo en China, y creo que es algo diferente.
Hermione rió. —Sólo un poco. Supongo que lo mismo va con ustedes—dijo, viendo a Draco y Narcissa.
—Eso es correcto. —contestó Draco.
—Entonces pediré un poco de todo.
Hermione tomó su teléfono celular y puso la orden, pero la entrega a domicilio tomaría hasta veinte minutos más que el retirarlo en el establecimiento, así que optó por la segunda opción, considerando que Victoire lucía a punto de comerse su propia mano. El librero había quedado olvidado y todos se enfocaron simplemente en tratar de desempacar tantas cajas como fuese posible para lograr que el lugar se viese habitable. Sólo que Rose tenía problemas concentrándose, pues Perdita insistía en subirse a sus piernas, y Lily no estaba mucho mejor. Por supuesto, todos esperaban que la menor de los Potter estaría más como apoyo moral que otra cosa.
—¿Cómo le va con su secretaria? —le preguntó Victoire a Draco mientras desempacaba una de las cajas, luciendo una sonrisa sarcástica.
—Ya no tengo una—respondió él. —La despedí tan pronto como regresé de mi reunión del lunes, y Recursos Humanos aún no me ha encontrado un remplazo.
—Es lo mejor—dijo Victoire.
Draco rió. —¿No querrás por casualidad el puesto? —bromeó.
Victoire abrió la boca, sorprendida, y levantó los ojos abiertos de par en par hacia el rubio.
Draco alzó una ceja. —¿De verdad lo quieres?
Victoire cerró la boca.
—Simplemente asumí que estabas desempleada o de reposo en casa por el pequeño en camino. —dijo, apuntando a su pequeña pancita.
Victoire negó con la cabeza. —No, la compañía para la que trabajaba fue adquirida por otra y hubo un gran recorte de personal en el instante en el que el nuevo presidente tomó su puesto. Dos semanas después de eso nos enteramos de mi embarazo y Teddy me dijo que no me molestara en buscar otro trabajo cuando el suyo con Tía Hermione paga mucho mejor que su viejo empleo. —hizo una pausa. —¡Pero no nos vendría mal el dinero extra!
—Bueno, si quieres el puesto, es tuyo. —dijo Draco—Me gustaría por una vez tener a alguien que sepa tratar a los clientes importantes, aunque sea temporalmente.
—Sí, temporalmente. —dijo Victoire, poniendo una mano en su abdomen. —¿De verdad lo dice en serio? ¿Quiere que trabaje para usted?
—Por supuesto que sí. Inclusive estaría dispuesto a rogar si eso es lo que quieres. —sonrió y le guiñó un ojo a Victoire.
Victoire le devolvió la sonrisa, una pequeña al principio, pero que luego se agrandó. Saltó y soltó un chillido de alegría. —¡Teddy, Teddy, adivina! ¡Tengo empleo!
Corrió hasta la cocina donde se encontraba su esposo y lo abrazó. Teddy no lucía tan contento como ella con las noticias, pero aún así saltó con ella para celebrar.
—Bueno, es hora de que vaya a buscar la comida—dijo Hermione, excavando en el desorden para encontrar su bolso. —Habrá bastante. Hugo, ¿puedes venir conmigo y ayudarme a cargarlo todo?
Hugo gruñó a modo de protesta y comenzó a ponerse de pie, pero Draco se le adelantó y dijo, —Yo iré contigo.
Hermione frunció el ceño. —¿Ah, sí?
—Quizá yo debería ir. —dijo Scorpius, quien había estado poniendo algunas cosas en las gavetas del escritorio.
—No, yo me encargo, Scorpius—dijo Draco, dirigiéndose hacia la puerta y poniendo su mano en el hombro de su hijo al pasar junto a él. —Prometo ser amable.
El rostro de Scorpius se tensó. —Aségurate de serlo.
Hermione ya estaba parada en la salida con los brazos cruzados, saliendo primero, determinada a terminar con ese asunto rápido.
Bajaron por las escaleras hasta la salida del edificio, con Draco teniendo de que dar pasos largos para alcanzar a la castaña.
—¿Hay alguna razón en particular por la que estés tan apurada por llegar al restaurante?
—No quiero que los adolescentes hambrientos y la chica embarazada se coman unos a otros. —respondió ella rápidamente.
—Le apuesto todo mi dinero a la chica embarazada.
Hermione contuvo una sonrisa.
—Granger, baja la velocidad. Las víctimas no surgirán hasta que la comida llegue. Allí sí podremos ver quién vive y quién perece.
La sonrisa surgió en el rostro de la castaña.
—Le prometí a mi hijo que sería amable, así que no agarrare tu trasero en este paseo.
Hermione puso los ojos en blanco y bajo un poco la velocidad.
—Le caes bien—dijo Draco—Dice que eres la única en la familia de su pequeña flor además de tu hijo y la niña de Potter que parece estar dispuesta a darle una oportunidad. —Arrugó los labios—Supongo que eso es mi culpa.
—Y de tu padre—dijo Hermione con sinceridad. —El nombre de mi hijo es Hugo y la "niña de Potter" es Lily. Si vas a ser parte de la familia, te sugiero que te aprendas los nombres.
—De acuerdo. —dijo, haciendo una breve pausa. —Se suponía que la madre de Scorpius viniera esta mañana a ayudar antes de que yo llegase. ¿Vino?
—No—dijo Hermione. —Envió a Wimsy. Scorpius lo mandó de vuelta a casa inmediatamente.
—Parece algo que ella haría. —dijo Draco. Suspiró y comenzó a mirar alrededor. —Este vecindario no está tan mal.
—Mucho mejor que donde vivía Scuffles.
Draco la miró de reojo y le sonrió con burla. —Las madres siempre tienen la razón.
El restaurante estaba algo más lejos de lo que Hermione había pensado inicialmente, pero llegaron rápido, y cuando entraron, su comida estaba allí esperándolos. El costo estaba cerca de las doscientas libras, y Hermione se encogió de dolor al buscar su billetera dentro del bolso.
—Yo pago—dijo Draco.
Hermione estuvo a punto de decirle que no aceptarían su dinero allí, esperando que supiera que se refería a la moneda mágica, pero luego lo vio sacar su billetera de uno de los bolsillos de su chaqueta. Arrugó la frente, sabiendo que los galeones no cabían en una billetera. La abrió, contó las doscientas libras y pagó, dejando su cambio en la jarra de las propinas.
Cuando el empleado se alejó para buscar su orden, Hermione lo miró con duda. —Malfoy, ¿cómo…?
—Supuse que si mi hijo iba a vivir en un vecindario Muggle, entonces debería empezar a cargar encima algo de la moneda local. He estudiado la moneda bien, sé cómo funciona.
Hermione no pudo evitar sonreír. —Sé que no te gusta cuando asumo cosas acerca de ti, pero tú… simplemente sigues sorprendiéndome, supongo.
Draco parecía a punto de decir algo, pero antes de hacerlo, el empleado regresó con una chica y un chico, todos cargando múltiples bolsas de comida.
—Aquí tienen—dijo el muchacho. —E incluímos una orden extra de rollitos primavera, ya que parecen ser fanáticos.
Hermione sonrió. —Mis hijos y yo lo somos, pero de hecho, él nunca los ha probado—dijo, señalando a Draco.
La mujer abrió la boca, impactada. —¿Nunca ha comido un rollito primavera?
—No... pero esa parece ser la reacción de todos al saberlo—dijo Draco.
—Bueno, entonces debe comer uno. ¡Ahora mismo!
—¡Oh, buena idea! —dijo Hermione, ayudando a la chica a revisar las bolsas hasta encontrar uno. —Cuando Rose y Hugo se apoderen de estas bolsas, los rollitos primavera serán cosa del pasado.
Finalmente encontraron una pequeña bolsa con una ración, y abriendo un contenedor de salsa de maní, Hermione sumergió el rollito y lo sostuvo frente a Draco.
El rubio miró el bocadillo escépticamente. Luego miró alrededor. Prácticamente todo el restaurante lo estaba mirando. Si bien estaba poblado por unos pocos clientse, la situación se le hacía algo vergonzosa.
Draco miró a Hermione, fijando sus ojos en los de ella, que sonrió. Él se inclinó, tomando un mordisco y masticando lentamente.
Los ojos de Draco se iluminaron—Está jodidamente bueno. —dijo.
—Otro cliente satisfecho—dijo la mujer, sonriendo y llevándose a los otros empleados y clientes espectadores, quienes aplaudían.
Draco tomó el resto del rollito y lo sumergió en la salsa de nuevo, terminándoselo en un par de grandes mordidas. —Ya veo porqué tus hijos… Rose y Hugo—corrigió—aman estas cosas—Tomó la bolsa de rollitos y la escondió en su bolsillo con una sonrisa pícara—Ya que tenemos una orden extra…
Hermione rió y tomó las bolsas del mostrador. Draco tomó el resto y después de agradecer a todos, salieron por la puerta.
Ambos charlaron casi casualmente mientras caminaban hacia el apartamento de Rose y Scorpius. Hermione detestaba admitirlo, pero comenzaba a disfrutar de la compañía de Draco. Definitivamente no era lo que esperaba desde el día que su hija le había dicho que se casaría con el heredero de los Malfoy. De verdad había madurado desde sus años de estudiante, pero no sólo era eso. Estaba cambiado. Aún arrogante, por supuesto, pero mucho menos intolerante, cosa que había sido la raíz de su odio hacia él en Hogwarts. Quizá le había caído mal desde antes de que la llamase Sangresucia por primera vez, pero una vez que entendió el verdadero odio detrás de esa palabra, todo cambió. Pero ahora, allí estaban ambos, con todo cambiando una vez más para ellos.
—Granger, espera un momento. —dijo Draco, deteniéndose antes de que pudiesen llegar a la calle de Rose y Scorpius.
—¿Qué sucede? —preguntó ella.
Draco la tomó de la muñeca como pudo a pesar de las bolsas y la llevó hasta un callejón. Tras mirar a su alrededor, tomó su varita y, limpiando el asqueroso pavimento, puso las bolsas en el suelo.
—Malfoy, ¿qué estas…?
Draco la tomó en sus brazos, enterrando su rostro en el cuello de Hermione, moviendo sus manos, de modo que ambas estrujaban su trasero. —Sé que dije que no haría esto, pero tengo que hacerlo.
Hermione puso sus manos entre ambos y trató débilmente de apartarlo. Él sólo la sostuvo con más fuerza.
—Te deseo, Granger. Te deseo hasta tal punto que te haría mía justo aquí sobre uno de estos sucios basureros si me dejases.
—Yo… yo no te dejaría. —dijo Hermione, tratando de empujarlo un poco más fuerte pero fallando. Sus ojos se cerraron al sentirlo subir sus labios por su cuello, succionando y mordiendo, haciéndola temblar de pies a cabeza.
—Te vi allá arriba, con Weasley. No estás feliz. No quieres estar con él, ¿así que para qué lo fuerzas?
—Mi… Mi familia… —dijo, mordiéndose un labio para detener un pequeño gemido que estaba a punto de escaparse de su boca al sentir sus manos moverse al frente de su cuerpo, jugando con el botón de sus jeans.
Draco alejó sus labios de ella, manteniéndose lo suficientemente cerca para que ella solo sintiese su aliento caliente contra su piel. —Si insistes en estar con él, entonces por lo menos espera a estar lista. Ya él se divirtió, ahora es tiempo de que tú lo hagas.
—Pero… él nunca llegó a acostarse con Colette.
Draco se alejó un poco más hasta estar cara a cara con ella y la miró, alzando una ceja. —¿Eso te dijo?
Ella asintió.
—Entonces es un mentiroso. Por supuesto que se acostó con ella. Ella estaba lista y dispuesta.
Una expresión de tristeza se apoderó del rostro de Hermione, mientras trataba de zafarse de su agarre, pero Draco la mantuvo en su sitio.
—Pasa la noche conmigo.
—No puedo—dijo ella.
—¿Por qué no?
—Porque mi esposo vendrá a cenar esta noche.
Hermione trató de moverse de nuevo, pero Draco no se lo permitió.
—¿Y eso terminará a qué hora? ¿A las ocho?
Con los ojos llameantes de furia, Hermione estuvo a punto de empujarlo con toda su fuerza cuando su telefóno comenzó a sonar. Draco la soltó lo suficiente para que pudiese contestar. Vio que era una llamada de Ron, así que tomó aire antes de presionar el botón.
—¿Hubo algún problema con el camión?
—No, lo entregué sano y salvo. —dijo él—Pero Ernie acaba de llamar y me preguntó si podía ir a ayudarlo con la misión que le asignaron. Supongo que están teniendo problemas.
—¿Entonces irás ahora? —preguntó Hermione.
—Sí, debería tomar una hora o dos. ¿Podrías por favor decirle a Rosie…?
—No, Ron, si vas a abandonar a tu hija luego de que te pidió que vinieras, entonces llámala tú y díselo. Ni siquiera estoy allí con ella. Estoy buscando comida.
Una pausa. —Estás enfadada.
—No.
—Puedo llamar a Ernie y decirle que no pue…
—¡Sólo ve, Ron!
Otra pausa—Lo llamaré y le diré que…
—Ron, no. —dijo, levantando su mano libre y masajeando una de sus sienes. —Deberías ir, ya que quieres ese ascenso. Sólo estoy estresada con lo de la mudanza. Está bien.
—¿Estás segura?
—Sí.
—Todavía iré hoy a cenar, ¿no?
—Ese es el plan.
—De acuerdo. Llamaré a Rosie ahora y te veré luego.
—Ajá.
—Te amo, Hermione.
Hermione respiró profundo y miró a Draco, quien la observaba cuidadosamente. —Sí… yo igual.
Colgó el teléfono y lo guardó en el bolso.
—No dijiste las palabras. —dijo Draco tan pronto como ella estuvo mirándolo.
Hermione parpadeó, confundida.
—Hace un momento. Le dijiste "Yo igual", en lugar de "Yo también te amo". Siempre solía hacerle eso a Astoria… se sentía diferente… como si estuviese mintiendo menos.
Draco dio un paso hacia atrás, manteniendo sus manos en las caderas de Hermione.
—Iré a mi casa esta noche. Sólo yo. Toda la noche—dijo Draco, levantando una mano y retirando un mechón de cabello de los ojos de Hermione—Y cuando tu esposo encuentre la manera de decepcionarte, cosa que estoy seguro que hará, yo estaré esperándote.
Hermione tragó grueso. —Y si te equivocas y mi noche sale bien, entonces… me parece justo que me dejes en paz.
Sintió a Draco tensarse contra su cuerpo, su mano ahora estrujando su cadera. —De acuerdo—dijo, con los labios formando una línea recta. —Si llego a equivocarme y ustedes pasan una noche mágica que resuelva todos sus problemas, entonces sí, te dejaré en paz.
Hermione pensó que finalmente se relajaría al escuchar eso, pero su cuerpo sólo se tensó más.
—Pero no creeré ni por un segundo que eso es lo que en realidad quieres.
—¿Y eso por qué?
—Porque—dijo, acercándose de nuevo y pasando sus labios por su cuello—sigo tocándote y ni siquiera has hecho el intento de alejarte de mí.
Draco le dio a su cuello un suave beso antes de subir un poco más, haciendo lo mismo con su mejilla. Luego apretó con fuerza su trasero una última vez antes de dar un paso atrás, tomando la mayoría de las bolsas del suelo y dejándole unas pocas a ella.
Caminaron la última cuadra hasta el edificio en silencio, pero prácticamente fueron bombardeados por los caóticos y hambrientos adolescentes en el instante que entraron al apartamento.
Todos comieron y, para la mitad de la tarde, casi todo estaba desempacado. Hermione se tomó la tarea de armar el librero y Draco terminó acercándose a ayudarla. Estaba casi segura de que Scorpius se lo había sugerido, ya que obviamente deseaba que se llevasen bien. Si tan sólo supiera...
Para sorpresa de Hermione, los dos hacían un buen equipo. Las instrucciones no fueron necesarias, sólo necesitaron el instinto de construcción. Sólo se trataba de un simple librero.
Ron no regresó al apartamento antes de que Hermione se marchase a casa. Se suponía que Hugo regresara con ella, pero Rose le pidió que pasara la noche en su apartamento para ayudarlos con lo que faltaba por desempacar. No había mucho más que hacer, y Hermione estaba completamente segura de que sus hijos simplemente querían brindarles a sus padres privacidad, con la esperanza de que surgiera el romance. Hermione no protestó y se fue sola.
Ya en su casa, que estaba demasiado silenciosa, Hermione comenzó a trabajar en la cena, aun cuando se sentía todavía muy llena por la comida china. Sacó algo de pollo y comenzó a preparar el plato favorito de Ron. Estaba casi listo cuando el teléfono sonó. Vio la pantalla, con el nombre de Ron parpadeando.
—Hola, ¿dónde estás? —preguntó ella.
Hubo una corta pausa. —No me mates.
La mano de Hermione apretó el teléfono con fuerza. —¿Por qué lo dices?
—Estamos… uhhh… aún estamos trabajando en esto. Parece que tardaremos un buen rato.
Hermione no dijo nada, sólo concentrándose en tomar aire lenta y profundamente.
—¡Hermione, lo siento mucho! Si hubiese sabido que esto tardaría tanto, no hubiese…
—Está bien—interrumpió ella—Será en otra oportunidad.
Ron suspiró. —Si no se hace muy tarde, puedo pasar luego por allá.
—Quizá—una pausa—Sólo llámame.
—De acuerdo, yo…
Hermione colgó el teléfono. Se recostó contra la encimera y observó su cena ya terminada. Tras quitarse algunas lágrimas de los ojos, guardó la cena en el refrigerador. No tenía ganas de comer en ese momento.
Una vez hizo eso, tomó una ducha rápida y se puso sus pijamas estampadas de pingüinos, dirigiéndose a la sala y tratando de despejar su mente con algún libro. Sin embargo, ningún tipo de literatura, por muy buena que fuese, pudo lograrlo, así que varias veces se encontró simplemente mirando la chimenea.
Hermione detestaba estar sola en esta casa. Estuvo a punto de regresar al apartamento de Rose, pero sabía muy bien que ése no era el tipo de atención que buscaba en ese momento. Quería algo más. Lo necesitaba. Así que, sin pensarlo dos veces, dejó su libro en el sofá, caminando hasta la chimenea y tomando un puñado de polvos Flu de la vasija sobre ella, tomó aire de forma reflexiva y entró en la chimenea tras lanzar los polvos, que tornaron el fuego verde intenso.
—Mansión Malfoy.
Cerró los ojos mientras era transportada lejos de su casa, sintiéndose bastante segura de que luego se arrepentiría de lo que estaba haciendo.
Cuando llegó a la Mansión Malfoy, Draco se encontraba sentado en un sillón justo frente a la chimenea, con la mirada perdida e inclinado con los codos sobre sus rodillas y un vaso de whiskey lleno en su mano. Sus ojos se movieron hacia arriba lentamente, luciendo bastante sorprendido de verla allí.
Mientras Hermione salía de la chimenea, Draco puso su vaso en una mesa y se puso de pie. Puso sus manos en sus bolsillos y la miró de arriba a abajo. Cuando la vio a los ojos, sonrió.
—Bonitas pijamas.
Hermione se cruzó de brazos. —Perdóname por no sentir la necesidad de vestirme para impresionarte.
Draco caminó hasta ella con calma. —Está bien—dijo, tomando sus brazos y dejándolos a ambos lados de su cuerpo. —No creo que vayas a usarlas mucho tiempo—Subió sus manos y desabrochó el primer botón.
Hermione quitó su mano de su pecho. —Quiero establecer algunas reglas primero.
—Me lo imaginé—dijo él, volviendo a poner sus manos más arriba y desabrochando otro botón. —Escuchémoslas.
—Esto es sólo temporal. Dijiste antes que esto no puede durar más allá de la boda, y tienes razón. Si por algún motivo milagroso seguimos con esto a esas alturas, debe terminarse.
—Estoy de acuerdo. —Desabrochó el siguiente. —¿Qué más?
—No le decimos de esto a nadie. No me importa qué tan confiables sean tus amigos, no puedes decirles sobre esto. No puedo arriesgarme a que Rose se entere.
—Es lo justo. —dijo, acercándose un poco más.
—Malfoy—Hermione puso su mano en el pecho de él, empujándolo un poco. —Lo digo en serio. Rose no puede saber de esto. Nunca me perdonaría.
Draco miró directo a sus ojos color ámbar y asintió. —Lo sé—dijo él. —Scorpius nunca me lo perdonaría tampoco. Él es la única cosa que de verdad he hecho bien en mi vida y no pretendo perderlo ahora.
Hermione asintió suavemente en respuesta. Draco se acercó para besarla pero ella volteó el rostro. Él suspiró y besó su cuello en lugar de sus labios, mientras sus manos terminaban de abrir el camisón.
Cuando estuvo completamente desabrochado, Draco lo deslizó por sus hombros, dando un paso atrás para admirarla antes de tomar con su mano su pecho izquierdo y acariciar su pezón con sus dedos. Se inclinó y tomó el otro en su boca. Hermione gimió, rodeando el cuello del rubio con uno de sus brazos y tomando con fuerza el cabello de su nuca. Con su otra mano, la castaña comenzó a desabrochar los pantalones de Draco mientras las manos de él tocaban agresivamente la piel justo debajo de sus pantalones del pijama.
Una vez la cremallera de él estuvo abierta, Hermione introdujo su mano en la ropa interior de Draco, acariciando su miembro. En poco tiempo Draco se encontró duro como una piedra, por lo que bajó con rapidez los pantalones de Hermione antes de tomarla en brazos y llevarla hasta el sofá.
En cuestión de segundos, Draco estaba dentro de ella, dando primero estocadas lentas, mientras las caderas de Hermione chocaban con las de él de forma sensual, pero el ritmo fue subiendo en intensidad progresivamente hasta que podía escucharse el ruido del sofá rozando el piso de piedra con fuerza.
—¡Joder, más fuerte, Malfoy! —instó Hermione, al sentir el conocido calor invadir su interior.
Draco tomó su pierna y la levantó más alto, levantando un poco más su propio cuerpo para alcanzar un mejor ángulo, llegando más profundo y logrando entrar en contacto con su clítoris y punto G con cada rápida pero fluída embestida.
Hermione cerró los ojos y trató de enfocarse en esa sensación, pero de pronto comenzó a escuchar todos y cada uno de los sonidos que retumbaban en la habitación. El crepitar de las llamas, el crujido del sofá, piel golpeando piel, sus propios gemidos femeninos que hacían eco en los techos altos… y luego, los sonidos de Draco. Suaves gruñidos que poco a poco se hacían más altos, respiración agitada y uno que otro suspiro entremezclado.
—Maldición, Granger—lo escuchó murmurar—Tan jodidamente bueno.. —su tono de voz era muy bajo, casi como si no se supusiera que ella lo escuchase.
Incluso sin abrir los ojos, Hermione sabía que él estaba disfrutándolo, y eso la hacía excitarse aún más. Tener a una persona que verdaderamente encontrase placer en poseer su cuerpo, y no a alguien que solo cumpliera con el proceso como una obligación por tanto tiempo como lograse durar, sólo para llegar al orgasmo por su propia mano en la ducha después.
La mano de Draco tomó con agresividad uno de sus pechos y, un segundo después, sintió su lengua rodeando su pezón. Gruñó contra su piel cuando sintió las caderas de Hermione moverse de manera que golpeaban fuerte contra las suyas, ansiosa de conseguir llegar al clímax que ansiaba desde la última vez que habían hecho esto. Tomando su pezón entre sus dientes, Draco succionó mientras daba estocadas más fuertes, con una mano aún sosteniendo su pierna mientras la otra bajaba y tomaba su trasero, prácticamente dejando moretones en él, preparándose para que ambos alcanzaran el éxtasis.
Hermione sabía que él estaba cerca de acabar, pero que se contenía lo mejor que podía mordiendo su pezón. Draco abrió la boca y comenzó a jadear fuertemente. Hermione movió sus manos hasta su cabello y haló fuerte, prácticamente arrancándolo de raíz al sentirlo penetrarla aún más fuerte. Estaba tan enfocada en los sonidos del rubio, que no se escuchó a sí misma gritar cuando lo sintió: el calor que invadió su cuerpo en oleadas al venirse. Draco continuó con la misma intensidad, negándose su propio placer hasta que ella no terminase de contraerse alrededor de su miembro. Y luego, se dejó caer, gritando su apellido, aquél por el que siempre la había llamado, mientras se corría dentro de ella.
Draco soltó su pierna y colapsó por completo, pegando delicadamente su cuerpo empapado de sudor al de ella mientras besaba cada pedazo de piel que encontrase en su camino. Cuello, hombros, pechos, su respiración aún era entrecortada pero Hermione lo pudo sentir endurecerse nuevamente dentro de ella.
Echando su cabeza hacia atrás, Hermione miró hacia el techo, con los ojos desenfocados al principio, pero al poder distinguir bien sus alrededores, su cuerpo se tensó, pues el techo seguía siendo el mismo…. Tal cual como había estado en aquél horrible día de su vida que trataba con todas sus fuerzas de olvidar.
Draco estaba moviéndose, a punto de reposicionarla para tener sexo nuevamente, cuando Hermione tomó uno de sus brazos con fuerza para atraer su atención.
—Malfoy, yo…—Hermione tragó en seco—No quiero quedarme en esta habitación.
—Oh—dijo, mirando a su alrededor. —Claro.
Estiró una de sus manos y convocó sus ropas. La mayoría de la de él la tenía puesta, cosa que planeaba remediar muy pronto.
—Entonces vámonos al dormitorio.
Rodeándola con fuerza con sus brazos, Draco los apareció en su habitación, ansioso de seguir con esa noche tanto tiempo como fuese posible.
oOo
Muchas horas después, Hermione sacó su brazo por el lado de la cama, buscando su teléfono en la mesilla de noche y el suelo, pues no paraba de sonar. Finalmente lo encontró en el suelo, en el bolsillo de sus pantalones de pijama. Era Ron, por supuesto. Contestó.
—¿Qué pasa?
—Ya estoy libre—dijo—Me preguntaba si quizá podía ir ahora.
—No, Ron, ya estoy en la cama.
—Oh—se detuvo—Pero quizá podrías despertar por un rato y…
—No—dijo ella con severidad. —Estoy durmiendo.
—Oh—dijo él de nuevo.
Hermione suspiró. —Mira, en verdad creo que es importante que hablemos, pero no ahora, ¿de acuerdo? Llámame en la mañana.
—De acuerdo—dijo él, sonando un poco triste. —Lo haré.
—Buenas noches.
—Buenas noches, Hermione. Te am…
Hermione colgó el teléfono y lo arrojó al piso de nuevo. Un par de fuertes brazos la tomaron por la cintura y la acercaron a un cuerpo cálido.
—Se te olvidó decirle en la cama de quién estás. —dijo Draco. Podía prácticamente escuchar su sonrisa arrogante.
—¿Ah, sí? —dijo ella, sintiéndose por alguna razón muy poco culpable al respecto, mientras sentía la mano de Draco bajar por su abdomen hasta encontrarse entre sus piernas. —Pero en realidad sí tengo que regresar a mi cama en algún momento. Hugo regresará a casa en la mañana y podría verse raro que no esté allí.
—Todavía tenemos tiempo—dijo Draco, pasando su lengua por la oreja de Hermione, bajando hasta su cuello. —Por lo menos otras cinco horas.
Hermione se pegó contra Draco con suficiente fuerza para hacer que él quedase boca arriba. La castaña se dio vuelta, poniendo una pierna a cada lado de su cuerpo quedando sentada a horcajadas sobre él. —Tengo entendido que te gusta tener el control, pero ¿no crees que es hora de que me dejes estar a cargo?
Draco rió. —Pues no voy a impedírtelo—dijo, poniendo sus manos detrás de su cabeza. —Adelante.
—Eso pretendo—dijo, inclinándose y plantando besos por su pecho, asegurándose de darle a cada una de sus tetillas un mordisco al pasar sobre ellos. Y luego continuó bajando, mirándolo a los ojos durante su recorrido, siguiendo la hilera de vello en su abdomen hasta el final, sorprendida de lo entusiasmada que se sentía por complacerlo cuando nunca había disfrutado realizando esa actividad en particular. Pero esos sonidos que él emitía cuando ella lo satisfacía… esos sonidos felices, de disfrute, que se escapaban de sus labios mientras la miraba a los ojos, hacían que todo valiese la pena.
N.T.: Jejejejee... no saben cuánto me cuesta buscar sinónimos que no se oigan horribles para la terminología del sexo xD jajajaja... especialmente porque no son palabras que use en la vida diaria. Soy una niña buena jajajaja... en fin, espero no quedase muy forzado. Cualquier recomendación, es bienvenida en los reviews, espero me dejen su opinión! y ahora sí, me marcho, son casi las 4 am, pero quería dejarles la actualización apenas la tuviese lista. Saludos a tod s :)
