DISCLAIMER: Los personajes de la saga Harry Potter pertenecen a JK Rowling. La trama es propiedad de Lena Phoria :)
N.T.: Buenas, buenas! Llevo dos días por publicar este capítulo, pero no tenía internet.. al fin logré robarme señal de algún wi-fi por ahí, y acá me tienen! Como siempre, agradezco infinitamente sus reviews, me dan ánimos de traducir y seguir compartiendo esta maravillosa historia con ustedes. Mil gracias por el apoyo! Espero que lo disfruten :)
Capítulo 7: Cambio
Draco se hallaba sentado en su cama apoyado en el espaldar, aún desnudo, observando a Hermione corriendo de un lado a otro de la habitación, tratando de encontrar su ropa y vestirse tan rápido como fuese posible.
—¿Estás segura de que tienes que irte? —preguntó él.
Hermione puso los ojos en blanco. —Te dije lo de las reservaciones para cenar con mi familia hace días.
—¿Él va también? —dijo Draco con desprecio.
—Sí. —contestó ella sin levantar la mirada. —Rose me preguntó si podíamos invitar a su padre y no iba a decirle que no.
—Aún está tratando de hacer de casamentera, ¿no?
Hermione suspiró. Ya habían pasado tres semanas desde que le había dicho a Ron que no quería forzar más su relación; palabras que estaba casi segura había tomado de boca de Draco. La cosa no había salido muy bien. Insistía en el hecho de que ella había prometido intentarlo, pero ella sabía que no podía intentarlo y a la vez estar acostándose con Draco. Lo sentía como una traición muy grande, aunque no hubiese ningún tipo de compromiso entre ellos. Sabía lo que necesitaba y trabajar en su relación con Ron no era parte de ello. No estaba lista. Quizá estaría dispuesta a darle una oportunidad a su relación en el futuro, pero no ahora. No todavía.
Ron no le había hablado desde ese entonces.
—En realidad, creo que pretende incluir a tu hijo en el tiempo en familia para forzar a Ron a que lo conozca. El restaurante me llamó hace poco para confirmar mi reservación para cinco personas, y estoy segura de que reservé para cuatro. Su prima Lily le ha estado enseñando algunos trucos Slytherin.
Hermione se volteó hacia Draco con una sonrisa burlona mientras se ponía el vestido por la cabeza. Había ubicado eso y su sostén, pero sus bragas seguían desaparecidas.
—Ayúdame con la cremallera, ¿sí?
Draco se bajó de la cama lentamente y caminó hacia ella. Movió la cremallera en sentido contrario a lo que estaba acostumbrado, y su expresión denotaba que no estaba feliz al respecto.
—Gracias—dijo Hermione.
Caminó hasta el espejo sobre la cómoda del rubio y comenzó a arreglar su cabello y maquillaje, tratando con todas sus fuerzas de ignorar la figura desnuda de Draco a un par de metros tras ella. Si bien habían estado juntos íntimamente tanto como les había sido posible durante las últimas tres semanas, seguía sin ser suficiente.
Hugo seguía viviendo con ella durante las vacaciones de verano, así que no podía escaparse durante las noches. El único tiempo del que verdaderamente disponían era después del trabajo cuando Hugo tenía planes y no estaría en casa, o en los fines de semana en que Hermione mentía y decía que tenía que trabajar, cosa que era lo que en realidad debía estar haciendo. Pero no podía controlarse a sí misma. Incluso después de tres semanas, su pasión no se había apagado en lo absoluto. El sexo era tan bueno en ese momento como lo había sido la primera noche. Quizá hasta mejor.
—¿Por qué no te ocupas y encuentras mis bragas? —dijo ella, finalmente mirándolo a través del espejo mientras reaplicaba su labial.
Hermione enfocó su atención en su propio reflejo, vagamente consciente de la figura moviéndose en el fondo. Poco menos de un minuto después, Draco estaba de pie junto a ella, con sus bragas colgando de su dedo. Hermione trató de tomarlas, pero Draco las alejó y se puso de rodillas, levantando uno de sus pies, luego el otro, y subiendo la ropa interior lentamente por sus piernas, siguiendo el trayecto con sus labios.
—Malfoy, ¿qué estás haciendo? —preguntó ella, aun concentrándose en el espejo mientras él pasaba sus manos por el interior de sus muslos.
—Sólo estaba dando una pequeña probada—dijo, quitando de su camino las bragas recién puestas y lamiendo de arriba abajo los pliegues de su intimidad.
Hermione se estremeció. —Deja eso.
Trató de mover su pierna pero él la sostuvo con fuerza, moviendo su boca a su clítoris y moviendo su mano derecha hacia arriba, insertando dos dedos en su entrada. Hermione estrelló la mano con la que sostenía el labial sobre la cómoda con un golpe sonoro. Por suerte, ya lo había terminado de aplicar, pero su rímel se había corrido durante sus actividades previas y, si bien lo había arreglado un poco, necesitaba aplicar una capa fresca. Tomó el rímel de su bolso y trató lo mejor que pudo de mantener la compostura.
—Ya te dije que tengo que irme. No puedes hacer esto ahora.
—¿Por qué no? —preguntó él, deteniendo los movimientos de su lengua pero manteniendo su boca cerca. —No soy idiota, Granjera. Estoy consciente del hecho de que planeas llegar con quince minutos de antelación, como lo haces siempre. No tienes que llegar temprano a una maldita reservación. Como yo lo veo, tenemos por lo menos quince minutos más para disfrutar juntos.
Draco insertó un tercer dedo y Hermione soltó el tubo de rímel. Se sujetó con fuerza del borde de la cómoda, respirando profundo y mordiéndose el labio en un intento patético por cubrir sus gemidos para que el arrogante rubio no supiese lo mucho que disfrutaba lo que estaba haciéndole. Pero como él mismo había dicho, no era ningún idiota.
Retirando sus dedos, Draco se movió para quedar justo tras ella, levantando su vestido para revelar su trasero. Le dio a cada nalga un mordisco mientras se ponía de pie.
—¿Te he dicho alguna vez lo mucho que amo tu culo?
Draco acercó las caderas de Hermione hacia él y se introdujo en ella en una sola embestida, rodeando su cintura con una mano y descendiendo hasta poder masajear su clítoris, asegurándose de que ella alcanzase el orgasmo mucho antes de que sus quince minutos fueran a terminar.
Hermione mantuvo la cabeza baja mientras él la tomaba desde atrás, no queriendo levantar la mirada y ver en el espejo lo que estaban haciendo. Pero, viendo el movimiento en su campo visual, no pudo controlar el impulso. Miró hacia arriba, sólo mirándose a sí misma por un instante antes de enfocar su mirada en Draco, quien tenía los párpados entrecerrados y los labios entreabiertos mientras veía su miembro entrar y salir de su cuerpo. El rubio levantó la mirada y encontró la de ella en el espejo, sonriendo mientras se inclinaba hacia adelante y retiraba el cabello de su cuello, besándola allí mientras la miraba.
Hermione no podía dejar de mirarlo. Incluso mientras se corría, sus ojos se mantuvieron fijos en los de él. Draco salió de ella y la dio vuelta, sentándola en la cómoda antes de penetrarla nuevamente. Las manos del rubio subieron hasta el desordenado cabello de Hermione, retirándolo de su cara mientras continuaba mirándola. Cuando pareció que Draco iba a besarla, Hermione retiró la cara. Sus embestidas bajaron la velocidad por un segundo, lo escuchó gruñir y luego él bajó hasta su cuello, mordiéndolo bruscamente mientras sus estocadas se volvían incluso más rápidas que antes. Hermione lo envolvió con sus brazos, moviendo sus caderas para encontrar a medio camino las de Draco, gritando ruidosamente al tiempo que sus movimientos se tornaban salvajes.
No tardó mucho en olvidarse por completo de la hora y la reservación para cenar.
oOo
Cuarenta y cinco minutos después, Hermione entró al restaurante casi veinte minutos tarde para su reservación. Por suerte, sus hijos poseían muchas de sus costumbres y se encontraban ya en la mesa. No se sorprendió al ver que Scorpius estaba con ellos.
—Mamá, estuve llamándote, ¿dónde estabas? —preguntó Rose, luciendo preocupada. —Nunca has llegado tarde en tu vida.
—Lo sé, lo sé. —dijo Hermione, dándoles a ella y a Hugo un beso en la mejilla antes de tomar asiento. —Estaba en los archivos del Ministerio sin mi teléfono y perdí por completo la noción del tiempo. Vine hasta acá lo más rápido que pude una vez que me di cuenta. —dio una mirada a los ocupantes de la mesa. —Y aun así le gané a tu padre.
—Sí, bueno, si no le hubieras ganado, ahí sí me hubiese preocupado de veras. —dijo Rose.
—Hola, Scorpius—dijo Hermione, mirándolo y sonriendo. —Qué sorpresa.
—No luces sorprendida—dijo Hugo.
—Eso se debe a que siempre sé cuándo tu hermana está planeando algo—dijo, acariciando el cabello de Rose.
Rose la alejó, arreglándose el cabello. —Papá de por sí no quería venir… Una vez que había aceptado no estaba dispuesta a darle motivos para que se arrepintiera.
Hermione notó la manera en que el rostro de Scorpius se arrugó al escuchar a Rose decir eso. Hermione alcanzó la mano de Scorpius y la apretó para darle ánimo. —No te preocupes. No es por ti. Es tu padre quien no le cae bien a Ron.
Scorpius rio. —Eso lo sé. Estoy tratando de que mi padre lo invite a sentarse en su palco para la Copa Mundial de Quidditch, pero está bastante renuente.
—Los Aurores están siempre en el evento y tienen su propio palco, así que probablemente no acepte de todos modos. —dijo la castaña, retirando su mano y recostándose en la silla.
—Sí, eso es lo que Rose me dijo—hizo una pausa. —Pero el palco de mi papá es mejor.
—Oh, eso no lo dudo. —dijo Hermione. —Pero Ronald puede ser algo terco.
Rose arrugó la frente.
—Yo no soy terco—dijo Hugo. —¿Qué hay de mí, hombre? ¿Dónde está mi invitación?
Scorpius sonrió con burla. —Parker estará allí. ¿Seguro que quieres asistir?
Hugo enrojeció. —Así que tengo que decidir entre ir a ver el partido, o conservar mi cara. Me la pones difícil.
—Invita a Lily—sugirió Hermione. —Lo mantendrá distraído, así no lastimará tu linda cara. —dijo, tomando a Hugo por el mentón y dándole un beso en la mejilla.
—Mamá—dijo, apartándola y poniéndose aún más rojo que antes.
—¿Por qué llamaste a papá de esa forma? —preguntó Rose de pronto.
—¿Llamarlo cómo? —preguntó Hermione.
—Ronald—dijo con desdén. —Nunca lo llamas así. Siempre dices "tu padre" o "mi esposo". Nunca lo llamas por su nombre. A menos que estés hablándole a él mismo.
Hermione arrugó los labios. —No creo que eso sea cierto.
—¿Es esa tu sutil forma de decirnos que te estás rindiendo con él? —espetó Rose—Porque si es así, no te molestes en hacerlo. Papá nos dijo que ni siquiera te esforzarás en intentar más.
El rostro de Hermione se tensó al mirar a su hija.
—Eso no es exactamente lo que él dijo—murmuró Hugo, mirando hacia la mesa, incómodo.
—Siento llegar tarde—Ron se acercó a la mesa, poniendo una mano sobre el hombro de Hugo y dándole un apretón.
Hugo levantó la mirada hacia él, soltando un suspiro de alivio. —Papá, gracias a Merlín.
—¿Está todo en orden? —preguntó Ron, notando la forma en la que se miraban Rose y Hermione.
Hermione suspiró y lo miró, adoptando una sonrisa falsa. —Pues sí, todo está bien. Perdona que sea grosera, pero es que acabo de enterarme que me han hecho quedar como la mala. —La sonrisa desapareció—De nuevo.
Las orejas de Ron enrojecieron.
—¿Estás diciendo que papá es un mentiroso? —preguntó Rose, cruzándose de brazos en actitud rebelde.
—No, no lo es. —dijo Hermione con honestidad. —Necesito tiempo para mí en este momento y tu padre respeta eso.
Ron se sentó con lentitud, luciendo muy incómodo.
—Pero ya has tenido seis meses para ti—se quejó Rose. —No me gusta esta… esta sensación. Este maldito ambiente tenso que nos rodea cada vez que ustedes dos están juntos. —dijo, gesticulando para abarcarlos a todos.
—La única tensión que siento proviene de esta conversación. —dijo Hermione. Miró de reojo a Ron, quien enfrentó su mirada por un segundo antes de bajar la cabeza y mirar a la mesa como Hugo. Suspiró. —Rose, éste no es el lugar ni el momento para tener esta conversación. Dejémosla de lado por ahora y la continuaremos luego.
—¿Cuándo? —preguntó Rose.
—Luego. —contestó Hermione con tono severo. Tomó la carta de vinos del centro de la mesa y comenzó a revisarla. —Creo que es la noche perfecta para una botella o dos para todos. ¿Qué tal un buen cabernet? —miró a Ron.
—Suena bien—dijo, dándose cuenta en ese momento de que Scorpius les acompañaba.
Scorpius sonrió—Hola, Sr. Weasley. Espero que no le importe que me haya coleado en su cena. ´
—Quizá si alguien me hubiese preguntado antes…
—¡Papá! —lo regañó Rose mientras miraba a su padre con los ojos entrecerrados en signo de amenaza. —ésta es una cena familiar, y pronto Scorpius será parte de la familia. En realidad de eso queríamos hablarles.
Hermione alzó las cejas. —¿Ya tienen fecha para la boda?
—Sí. —Rose sonrió y tomó a Scorpius de la mano. —Estábamos pensando que podríamos casarnos en Abril, durante el fin de semana de Pascua. Si bien nos gustaría casarnos antes, la mitad de nuestra comitiva está aún en Hogwarts, y de verdad nos gustaría una de esas celebraciones de toda una semana.
Hermione hizo cuentas en su cabeza. Faltaban nueve meses para Abril. Más que suficiente tiempo para sacar ese… ese… lo que quiera que fuese que tenía con Draco Malfoy de su sistema. —Suena grandioso. —dijo ella.
—Suena caro. —añadió Ron.
La sonrisa de Rose se desvaneció al instante.
—Sabemos que es tradición que la familia de la novia pague la boda—dijo Scorpius—pero mi papá se ha ofrecido a ayudar en lo que sea necesar…
Ron lo interrumpió con una risa carente de todo humor. —No.
—¿Por qué no?—preguntó Rose, haciendo pucheros.
—No quiero que ese bastardo pague nada.
Las manos de Hermione se tensaron bajo la mesa mientras sus dos hijos miraban a su padre con los ojos muy abiertos. Scorpius tensó el rostro. Se notaba que quería decir algo pero se mordía la lengua para evitarlo.
—Saben, creo que me haría bien algo de aire fresco. —dijo ella, poniéndose de pie. —Ron, quizá deberías salir conmigo un momento.
—No necesito…
Hermione tomó el brazo del pelirrojo, se inclinó hacia él y susurró con enfado, —Dije que afuera.
Ron se puso de pie y caminó rígido hasta la puerta.
—Ordena el vino para todos, Rose. —ordenó a su hija, quien sólo asintió mientras veía a sus padres salir uno tras otro por la puerta.
Hermione se adelantó a Ron y lo llevó a un sitio un poco más privado. Una vez estuvieron solos, se cruzó de brazos y dijo, —¿Qué, en el nombre de Merlín, estabas pensando?
Ron puso las manos en sus bolsillos y desvió la mirada hacia un lado. —No quiero que ese imbécil…
—Sí, eso lo entiendo. Tú y Draco Malfoy nunca serán amigos. No se requiere ser un genio para saber eso, pero Scorpius no es su padre. —se detuvo y respiró hondo. —Pero lo ama y lo respeta, y no hablarás mal de él en su presencia sin importar lo mucho que lo detestes. Tu relación con Rose depende de ello, ¿entiendes?
Ron se mordió el interior de las mejillas y tomó aire profundamente varias veces. Volteó su rostro con lentitud hacia el de ella. Una vez que sus miradas se encontraron, él asintió.
—Bien.
Hermione comenzó a dirigirse hacia adentro pero Rose la tomó de la mano y la mantuvo en su sitio.
—¿Dónde estabas? —preguntó él.
—¿A qué te refieres?
—Hugo me dijo que fuiste a la oficina de nuevo hoy, así que fui a buscarte allá pensando que quizá podríamos caminar juntos hasta acá. No estabas en el trabajo.
—Estaba en los archivos. —mintió la castaña. —Perdí la noción del tiempo y me vine directo hasta acá.
Ron la soltó y miró hacia el piso. —Si estuvieses saliendo con alguien me lo dirías, ¿no? —dijo, levantando la mirada. Sus ojos azules luciendo casi húmedos.
Hermione suspiró—No lo sé—dijo con sinceridad. —Probablemente no de una vez. No hasta que fuese algo que valiera la pena mencionar.
—Eso significa que puede que estés saliendo con alguien.
Por supuesto que no estaba saliendo con nadie. Lo que fuese que ella y Draco estaban haciendo no era eso en lo absoluto, pero aun así sentía que era una mentira decirle que no. Había una parte de ella que se preguntaba si lo que en realidad estaba haciendo era peor. Probablemente lo fuese, al menos a los ojos de Ron.
—Si piensas que la razón por la que te dije que no forzáramos las cosas entre nosotros fue porque estaba viendo a alguien más, entonces te equivocas. Necesito saber con certeza qué es lo que quiero y debo estar sin ti influenciándome al respecto. —Ésa era la verdad.
Todo lo que estaba haciendo era por sí misma. Por una vez en la vida sólo quería ser egoísta.
Si bien no había contestado la pregunta con exactitud, Ron lucía satisfecho con su respuesta. Asintió y dijo, —Sólo hazme saber cuando lo hagas, ¿sí?
Hermione suspiró de nuevo. —Por supuesto.
Sin más comentarios, ambos regresaron adentro. El vino los esperaba en la mesa y Ron se disculpó débilmente antes de que todos comenzaran a revisar el menú.
La cena transcurrió sin mayores inconvenientes. Mientras esperaban su comida, Rose y Scorpius hablaban de sus planes de boda. Bueno, los planes de boda de su hija, sería lo más correcto. Scorpius en realidad aportaba muy poco a la conversación, pero parecía contento con ello.
—¿Ya tienen algunas locaciones en mente? —preguntó Hermione al llegar al tema en la conversación.
—No, aún no. —contestó Rose—pero pensábamos en tener una boda al aire libre. —dijo, mordiéndose el labio y viendo a su madre en busca de aprobación.
Hermione sonrió. —Creo que una boda al aire libre suena absolutamente perfecto.
—En realidad, sí tengo una locación en mente—dijo Scorpius.
Rose lo miró y alzó las cejas—¿Ah, sí?
Sí—dijo él.
—¿Dónde? —preguntó ella.
Scorpius le contestó con una sonrisa socarrona. —No te lo diré.
Rose entrecerró los ojos—¿Por qué no?
—Porque si lo hago, comenzarás a investigarlo como loca hasta que te hartes por completo del lugar. —Dijo él—Sólo quiero que lo veas. Sin tener toda la información histórica y datos del lugar.
Todos en la mesa rieron, excepto Rose. Incluso Ron lo hizo.
—Heredó ese hábito horrible de su madre—dijo—Cada una de las vacaciones que hemos tomado en la vida ha sido corrompida por una aburrida lección de historia.
Hermione abrió la boca en indignación. —¿Aburrida? ¿Según quién?
—Yo—dijo Ron.
—Y yo—añadió Hugo.
—Personalmente, me encantó escuchar sobre la migración de salmones cuando visitamos el Río Tweed, aun cuando no pudimos verla—dijo Rose, y no bromeaba.
—Y por eso es que eres mi hija favorita—dijo Hermione, echándole una mirada a Hugo y guiñándole un ojo.
—Ouch, mamá. Sólo ouch. —dijo él, riendo.
Cuando sus platos llegaron, Scorpius se vio completamente confundido cuando todos comenzaron a comer de los platos de los demás, incluyendo el suyo.
—Mamá, tienes que probar su bagre—dijo Rose, tomando un trozo del plato del rubio con su tenedor y dándoselo a Hermione.
—Mmm, muy bueno. —dijo Hermione, devolviéndole el tenedor con un bocado de pollo. Hugo ya estaba tomando un pedazo del plato de su madre sin necesidad de preguntar. Luego, atacó el bagre de Scorpius.
—Cariño, tienes que probar mi pasta—dijo Rose.
Scorpius alzó una ceja—Uhhh…
Antes de tener oportunidad de responder, Rose había tomado un bocado de pasta en su tenedor y se lo había embutido en la boca. No tuvo elección más que masticar.
—¿Acaso compartir era un tabú en la residencia Malfoy? —preguntó Hermione mientras le robaba a Ron un poco de su ensalada.
Scorpius tragó su bocado y dijo, —No exactamente. Cuando mis padres comían fuera, rara vez iba con ellos, y en casa nuestra mesa de comedor era realmente grande, así que compartir no era una opción. —Hizo una pausa—Aunque en realidad creo que no lo hubiésemos hecho de todas formas.
—Si crees que esto es malo, espera a que vayamos a cenar con todas nuestras tías, tíos, primos y abuelos—dijo Hugo, robándose otro bocado del bagre de Scorpius. —Una vez terminamos pasándonos nuestros platos cada cierta cantidad de minutos.
—¿Usted también viene de una familia grande? —preguntó Scorpius, dirigiéndose a Hermione.
Ella rio, negando con la cabeza. —No. Fui la única hija de dos hijos únicos. Pero ninguno de mis padres sigue vivo. —añadió con un suave suspiro.
—Abuelo falleció en un accidente automovilístico hace siete años, y perdimos a la abuela por un cáncer de ovario hace casi dos años. —explicó Rose.
Ron acarició la rodilla de Hermione bajo la mesa. Ella lo miró a los ojos y le dedicó una débil sonrisa.
—¡Ron!
La sonrisa desapareció de inmediato.
Todos en la mesa levantaron la Mirada para encontrarse a Colette parada junto a la silla de Ron. Hermione quitó la mano del pelirrojo de su rodilla.
—Colette, ¿qué haces aquí? —preguntó él, tornándose mortalmente pálido.
—No has respondido a ninguna de mis lechuzas. —dijo la mujer, con lágrimas en los ojos.
—¿Por qué habría de hacerlo? ¡Te dijo que se había terminado, joder! —soltó Rose, quien lucía prácticamente lista para abalanzarse por sobre la mesa a abofetear a Colette.
—Pero, ¿por qué? —Gritó Colette— ¿Qué hice mal?
Hermione cruzó sus brazos frente a su pecho y miró, incómoda, alrededor de su mesa. Casi todos los comensales estaban mirándolos. Sólo podía rogar que nadie tuviese una cámara. Y luego, vio el flash.
—¡Te lo dije un millón de veces! ¡Quiero estar con mi familia! —Espetó Ron—¿Cómo supiste que íbamos a estar aquí?
—¡Pero ella no te ama como yo lo hago! —dijo, señalando a Hermione con un dedo acusador e ignorando por completo la pregunta de Ron. —¡Ella me lo dijo! Dijo que no creía amarte más, y que no sabía por cuánto tiempo más podría fingir que…
—Ya basta—dijo Hermione, poniéndose de pie y tomando su bolso. —Lo siento, niños, pero no puedo sentarme aquí y escuchar esto ni un segundo más. —dijo, dirigiéndose a la puerta.
—¡Hermione! —Ron saltó de su asiento y fue corriendo tras ella.
—¡Ron!
Colette trató de seguirlo pero Rose la tomó del brazo y la haló hasta donde estaba. —¡Oh no, no lo harás!
—¿No has hecho ya suficiente daño, maldita rompe hogares? —gritó Hugo.
—Hermione, por favor, ¡espera! —gritaba Ron, corriendo para alcanzarla mientras ella giraba en una esquina. Logró tomarla de la mano y la giró bruscamente. —Lo juro, no sé cómo se enteró de que estábamos aquí. No he hablado con ella desde que terminamos. Yo…
—Ron, ya detente, ¿quieres? ¡Sólo detente! —gritó ella, quitando su mano. —Ella no mentía. Sí le dije eso. Antes de separarnos, le dije...
—Lo sé—dijo él, acercándose—Me lo dijo hace mucho tiempo. —Ron tomó la mano de la castaña nuevamente, esta vez entrelazando sus dedos con gentileza. —Pero eso era antes, cuando me comportaba como un imbécil y te daba por sentada. No quiero ser esa persona nunca más, Hermione. Quiero ser mejor. Aún te amo. Siempre te amaré. Por favor—rogó, con lágrimas en los ojos. —Por favor, no estoy listo para que lo nuestro se acabe.
Hermione bajó la mirada hacia sus manos y gimoteó con suavidad antes de comenzar a negar lentamente con la cabeza. —Pero ya se acabó.
Hermione retiró su mano y se dio vuelta rápido, caminando hasta el final de la calle, sintiendo el aire helado enfriar sus mejillas húmedas.
—¡Prometo ser mejor! —Le gritó Ron—¡Ya verás! ¡Te probaré que he cambiado, Hermione, y seremos de nuevo una familia!
Hermione se limpió los ojos mientras caminaba, alcanzando una esquina y girando tan rápido como pudo para no tener que escucharlo más. Debió haberse aparecido en su casa en ese preciso instante, pero en lugar de eso, se halló a sí misma caminando varias cuadras hasta el pub mágico más cercano, donde supo que una chimenea conectada a la Red Flu se encontraría. Por suerte, tenía algo de polvo en su bolso, el cual usó, introduciéndose en las llamas verdes.
—Mansión Malfoy.
Hermione cerró los ojos, sintiendo el tirón mientras era transportada lejos de Londres y hacia la gran mansión en Wiltshire. El salón estaba completamente oscuro, aparte del fuego que ella había creado con su llegada, así que de inmediato se apareció en la habitación de Draco.
Cuando llegó allí, le tomó un momento encontrarlo. Estaba sentado en el balcón, dándole la espalda, leyendo un libro e iluminado solo por la tenue luz que provenía de su recámara. Se dio vuelta cuando escuchó el "pop" de la aparición, alzando las cejas al encontrarla allí.
—¿Estás de vuelta tan pronto? —dijo él.
Hermione lanzó su bolso a un lado y comenzó a bajar la cremallera de su vestido. —Quítate la ropa. —ordenó la castaña.
Draco cerró su libro y lo puso en la mesa junto a su vaso de whiskey de fuego. Se puso de pie lentamente y caminó hasta estar parado en el umbral de la puerta. —¿Te sucede algo? —preguntó él.
—No. —dijo ella, quitándose el vestido por sobre su cabeza y arrojándolo junto a su bolso. Luego se quitó el sujetador, y comenzó a bajarse las bragas. —¿Acaso tendré que hacer esto sola? —dijo, poniendo sus manos sobre sus caderas desnudas y zapateando uno de sus pies con impaciencia.
Sin darle siquiera un vistazo a su cuerpo, Draco la miró a los ojos y preguntó, —¿Estás segura de que estás bien?
—¡Sí, estoy bien! —espetó Hermione—Ahora, ¿vas a quitarte la maldita ropa, o debería irme?
Las cejas de Draco se alzaron una vez más. Su boca se apretó formando una tensa línea recta, pero de todas formas comenzó a desabrochar los botones de su camisa.
Obviamente insatisfecha con su velocidad, Hermione se abalanzó hacia él y comenzó a deshacer la cremallera de sus pantalones y bajándolos junto con sus boxers hasta sus tobillos, poniéndose de rodillas y comenzando a lamer su miembro, que en ese momento se hallaba fláccido.
Draco no estaba muy seguro de qué estaba sucediendo, pero la dejó darle placer hasta que se sintió endurecer. En el instante en que logró que Draco alcanzara una erección, Hermione se puso de pie nuevamente y lo empujó hacia la cama hasta que la parte de atrás de sus rodillas golpearon el colchón y lo hicieron caer de espaldas. La castaña inmediatamente se sentó a horcajadas sobre su pelvis, sin darle tiempo para pensar, antes de tomarlo dentro de sí y comenzar a montarlo.
—Por Merlín, Granger, ¿qué es lo que te pasa? —preguntó, apretando los puños contra las sábanas mientras ella rebotaba sobre su cuerpo.
Hermione trató de mantener sus ojos fijos en el techo, pero de pronto sintió la mano derecha de Draco dejar las sábanas y subir por su brazo sin detenerse hasta llegar a su mejilla. Finalmente ella bajó la mirada, sintiendo las lágrimas llenar sus ojos al verlo y encontrarse con sus ojos desconocidos mirándola. Ojos plateados, no azules, que no eran en lo absoluto suaves como aquéllos a los que estaba acostumbrada.
Los movimientos de la castaña pronto bajaron la velocidad hasta detenerse por completo, y se encontró a sí misma inclinándose hacia adelante y llorando sobre Draco.
—Granger… ¿Qué sucede? —preguntó Draco, claramente incómodo.
Ella negó con la cabeza y usó sus manos para cubrirse los ojos.
—¿Qué pasó?
—¡N…Nada! —hipó ella.
—Bueno, eso obviamente es mentira—dijo él, envolviéndola con sus brazos y pegando sus cuerpos. —Cuéntame.
Ella no dijo nada. Sólo siguió llorando.
—¿Necesitas que contrate un sicario para tu esposo? Porque tengo contactos.
Hermione rio entre lágrimas. —Por Merlín, espero que estés bromeando.
Él quitó una de sus manos de la espalda de ella y la movió de lado a lado, indicando que era más o menos una broma.
Ella rio de nuevo, pero pronto se detuvo. —En tu oficina, ese día… Mencionaste ese momento revelador donde te ves a una persona y te das cuenta de que no sientes nada por ella… Te dije que nunca me había sucedido y me llamaste mentirosa.
—Sí, lo recuerdo—dijo él.
—Bueno, tenías razón. Estaba mintiendo—admitió con un suspiro. —Fue durante nuestro aniversario el año pasado. Salí temprano del trabajo por, posiblemente, primera vez en mi vida y me fui a casa para prepararnos una cena especial. Todas las comidas tapa arterias, infestadas de carbohidratos que a Ron le encantan. Me llamó para decirme que llegaría tarde. Tomó una misión a última hora porque el segundo al mando de Harry planea retirarse este año y está trabajando duro para obtener su puesto, lo cual está bien. —añadió rápidamente—Pero… sólo pedía una noche.
Hermione cerró los ojos, sintiendo lágrimas bajar por sus mejillas.
—No llegó a casa hasta casi medianoche, me trajo flores baratas de supermercado y una tarjeta que ni siquiera se molestó en firmar. Apenas tocó la cena que le preparé, y luego se fue a la cama sin siquiera decirme "feliz aniversario" o "te amo" o un simple "gracias". No me dijo nada, y lo supe. Supe en ese momento que no podíamos volver a lo que éramos; que habíamos ido por mucho tiempo en la dirección equivocada y que el amor que una vez sentimos ya no estaba allí.
Hermione sintió los brazos de Draco apretarse a su alrededor, pero no dijo nada, sólo puso una de sus manos en la parte de atrás de su cabeza, acariciando sus rizos, y empujándola para apoyarla en su pecho.
—Aún lo amo, de verdad—dijo ella—Pero no de la misma forma. No de esa manera romántica. —Sus lágrimas cayeron en su pecho e hizo lo mejor que pudo para limpiarlas. —No tenía a nadie con quien hablar sobre estos sentimientos. Mis amigos más cercanos son su mejor amigo y su hermana. No podía contarles lo vacía que me sentía de repente porque lo único que me dirían sería que tratara con más empeño de arreglar las cosas, pero sabía que ya eso no funcionaría. Así que le confesé todas estas cosas a la única otra persona que estaba cerca de mí. Mi asistente.
—Esa mujer de la fiesta. —dijo Draco. No lo estaba preguntando. Hermione levantó la cabeza y lo miró frunciendo el ceño. Él se encogió de hombros. —El Mundo Mágico es mucho más pequeño de lo que nos gusta admitir. Esa información es fácil de conseguir.
—¿La investigaste?
—No, te investigué a ti.
Hermione probablemente se sorprendió más de lo que debería. —Ummm…—Hizo lo mejor que pudo para olvidarse de esa confesión. —Sí, ella. Le conté los problemas que estábamos teniendo y…—se detuvo y respiró profundamente. Aún estaba mirando a Draco, y eso hacía más difícil esa situación. Sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo. —Una noche, salí del Ministerio temprano para asistir a una reunión con cena. No sé exactamente qué pasó, pero Ron dijo que fue a mi oficina a buscarme. Ella lo acorraló allí, y… y…
Sus ojos se cerraron con fuerza mientras comenzaba a llorar de nuevo, sus manos apretando las sábanas a ambos lados del rubio.
—Te engañó—terminó Draco.
Con los ojos aún cerrados, Hermione asintió lentamente. —Me dolió más de lo que creí posible. Me dijo que fue sólo un beso. Que no significó nada. Sólo que no se la quitó de encima tan rápido como debió haberlo hecho. No sé qué sea verdad, y creo que no me importa. Le dije en ese preciso instante que quería el divorcio. Él de alguna forma logro convencerme de separarnos a modo de prueba. —Hermione pausó un momento, luego dijo en voz baja. —Sólo quisiera que esto se acabara de una vez.
Sus ojos se abrieron y miraron a Draco de nuevo. Él la miraba con preocupación genuina en sus orbes grises.
—Nunca le he contado eso a nadie—Hermione se sonrojó y se quitó de encima de él—Oh, Merlínn—se cubrió la cara con las manos en señal de vergüenza. —¿Por qué te dije esas cosas? Hasta sobre los papeles de divorcio…
—Porque necesitas a alguien en quien puedas confiar. —dijo Draco, poniéndose de lado y quitándole varios mechones de cabello que se habían adherido a sus mejillas mojadas. —Y la posibilidad de que use esta información para tratar de robarte a tu esposo es extremadamente remota.
Hermione soltó una carcajada. Una muy ruidosa.
Draco esperó a que ella dejara de reírse para rodear su cintura con sus brazos y apretarla contra sí. —Sabes, hay otras maneras de hacer que firme los papeles de divorcio si se niega a cooperar.
—Lo sé—Hermione—Pero no es tan sencillo. Hemos sido parte de la vida del otro desde los once años. Tenemos dos hijos juntos, compartimos los mismos amigos, y cuando digo "los mismos", me refiero a todos. —pausó y suspiró. —Y su familia es mi familia. Si lo pierdo a él, los pierdo a todos ellos.
—Si bien no sé mucho sobre los Weasleys, por lo que he podido ver en todos los años que los he conocido dudo mucho que vayan a dejarte de lado tan fácilmente. Especialmente si les dices que él te engañó y…
—¡No! —lo cortó Hermione—Ron cometió un error. Uno grande. Pero su familia no debe enterarse nunca de ello. No haré que lo odien por mí. Y tú no dirás nada, o…
—¿Por qué habría de decir algo? —interrumpió Draco—No es asunto mío.
—Así que todo lo que te he dicho… Queda entre nosotros, ¿cierto?
Draco le dedicó una sonrisa sarcástica, se acercó a ella y rozó la mejilla de Hermione con sus labios. —Sí, Granger, queda entre nosotros. —movió sus labios hasta cerca de su oreja. —Pero no me has dicho, ¿qué pasó esta noche para que me confesaras todo esto?
Hermione gruñó. —Esa perra se apareció en el restaurante.
Draco rio. —Debo admitir, amo esas malas palabras tuyas. ¿Y qué quería?
—A Ron de vuelta.
Él se acercó un poco más y ella giró su cuerpo hacia él, pasando su brazo por debajo del de él y rodeándolo por su espalda.
—Me alegraría por él si encontrara a alguien más. Quien fuera—suspiró. —Pero ella no.
—Es comprensible.
Hermione levantó su mano y lo miró a los ojos. Se había equivocado antes. Eran ojos gentiles, suaves. Especialmente cuando movía su mano para retirarle el cabello de los ojos, antes de acariciar su mejilla con su pulgar.
—Gracias por escucharme, Malfoy—dijo ella. —Lamento haber venido de esa forma. Debí haberme ido a casa.
—Está bien—dijo él—Siempre y cuando cada vez que vengas te quites inmediatamente la ropa, no tengo problema con esto.
Hermione rio nuevamente, esta vez más suave.
Súbitamente, el pulgar de Draco detuvo sus caricias. Su mirada pasó de sus ojos a sus labios y ella no lo detuvo cuando se inclinó hacia adelante, rozando sus labios con suavidad, negándose a avanzar más. Sintiendo una necesidad desesperada de conectarse con él en ese momento, Hermione se movió más hacia él hasta que sus bocas se fusionaron por completo. Primero fueron solo sus labios, luego sus lenguas pasaron el límite y comenzaron a acariciarse, moviéndose con suavidad una contra otra.
No pasó mucho tiempo antes de que Draco estuviese duro de nuevo, poniéndose sobre ella y penetrándola con suavidad. Sus labios permanecieron unidos durante el proceso y, por primera vez, no se sintió como una simple "cogida", como Draco crudamente lo llamaba a veces. No era "hacer el amor" ni por asomo, pero era diferente. Casi reconfortante.
Draco sabía tan dulce como Hermione suponía. Como una versión de yerbabuena de ese costoso Whiskey de Fuego que tanto les gustaba a ambos. De hecho, estaba segura de que eso era lo que había estado bebiendo antes de que ella llegara.
Cuando terminaron, Draco se quitó de encima de ella. Por primera vez desde que habían empezado con eso, la apretó contra su pecho y la mantuvo allí, levantándole el mentón para continuar besándola. Se sentía bien… esa sensación de ser deseada.
Era casi medianoche cuando ella finalmente decidió que era hora de irse. Draco no se movió de la cama mientras la veía vestirse. Sólo la observaba.
—¿Puedes venir mañana? —preguntó él.
—No—respondió ella, aun cuando probablemente pudiese. —Necesito ir a la oficina y trabajar de veras. —Mentira. Había estado trabajando más horas durante la semana para poder verlo durante los fines de semana. Todo su trabajo estaba adelantado.
Cuando recogió su bolso, se sorprendió al sentir un par de brazos envolverla desde atrás. Draco la volteó hacia él y le dio un último beso antes de que ella se apareciera al salón donde se hallaba la chimenea.
Hermione se mantuvo de pie junto a la chimenea por un momento, sintiendo algo horrible revolver su estómago. No podía identificar qué era, pero definitivamente sentía como si hubiesen cruzado una línea importante esa noche. Su relación sexual nunca debía volverse algo íntimo, eso era lo que se había prometido a sí misma. Y aun así, de alguna forma, precisamente en eso se había convertido.
Cuando llegó a casa, no se sorprendió al encontrar a Hugo esperándola en el sofá. Él suspiró aliviado, llamando inmediatamente a Rose, quien acababa de irse a casa para revisar cómo se encontraba Perdita.
—Sólo salí a caminar. —le dijo cuando Rose la llamó por teléfono.
—¿Estás bien? —escuchó gritar a Rose.
Hermione le quitó el teléfono a Hugo. —Sí, estoy bien. Sólo estoy algo cansada después de esa caminata.
—¿Y del drama? —preguntó Hugo, sonriendo levemente mientras ponía los ojos en blanco.
Hermione rio. —Sí, eso también. Esa mujer…—Le devolvió el teléfono a su hijo, besando su mejilla. —Buenas noches a los dos. No se queden despiertos hasta muy tarde.
Entró a su dormitorio y se cambió de ropa rápidamente, sin hacer nada de su rutina de la noche antes de meterse en la cama. Mirando el otro lado vacío de la cama donde Ron solía acostarse, se encontró a sí misma pensando por una vez en la vida no en él, sino en Draco. En lo bien que se habría sentido dormir en sus brazos esa noche. Había sido tan cálido, tan gentil, tan… todo lo que no necesitaba en ese momento.
Sacando todo pensamiento relacionado con Draco de su cabeza, Hermione se movió hasta estar acostada en el centro de la cama, arruinando las cobijas perfectamente tendidas del otro lado y estirándose. Si bien no era lo mismo que estar en los brazos de alguien, aun así se sentía jodidamente bien.
oOo
La mañana siguiente, Hermione despertó y decidió que era momento de un cambio. Nada muy extravagante, quizá comenzaría con algo pequeño y luego vería cómo se sentía con ello. Fue por ello que llegó el lunes a la oficina con un Nuevo corte de cabello. Toda su vida lo había llevado largo, pero ahora lo lucía justo sobre sus hombros con su onda natural y una ligera línea en A. Rose y Hugo le habían dado su sello de aprobación. Incluso Scorpius le había dicho que lucía muy bonita. En serio que era un chico muy dulce, y muchas veces se le hacía difícil creer que estaba emparentado con Draco.
Algunas personas le hicieron comentarios cuando caminaba por el Ministerio, lo cual era agradable. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien la había halagado así y, tenía que admitirlo, le gustaba.
Cuando pasó frente al escritorio de Teddy, él levantó la mirada y sonrió. Hermione le entregó el café que había pasado buscando para él.
—Gracias—dijo él—¿Te cortaste el cabello?
—Sí—respondió ella, sonriéndole antes de entrar a su oficina.
Hermione apenas había puesto sus cosas sobre la mesa cuando Cormac se introdujo en la oficina con la nariz enterrada en una edición de Corazón de Bruja.
—Parece que tuviste un fin de semana interesante—dijo él, sentándose en el escritorio con la revista frente a ella.
Hermione la examinó de cerca, arrugando las cejas al ver la foto de Colette confrontando a Ron. Se veía bastante enojada y, ¿quién podía culparla?
Problemas en el Paraíso: la ex amante de Ron Weasley, determinada a destruir su matrimonio, rezaba el encabezado.
—Encantador—dijo Hermione, ojeando el artículo. Pura basura. Y luego, sus ojos cayeron en la página opuesta, que mostraba la foto de un hombre con un familiar cabello rubio platinado. Draco se inclinaba hacia una hermosa mujer de cabello color azabache, y súbitamente sus cabezas se giraban al percibir el flash de la cámara. Y luego la foto se repetía, él acercándose a la mujer, una y otra y otra vez…
—Todo indica que nuestro mago se ha encontrado otra amante—bromeó Cormac.
—Ajá…—Hermione tomó la revista y fingió leer el artículo sobre ella, pero en realidad miraba el de él. Decía que lo habían visto con la mujer desconocida el viernes en la noche. Se suponía que ella fuese a su casa el viernes en la noche, ya que Hugo tenía planes de cenar con sus amigos, pero Draco había cancelado en el último minuto. Ahora sabía el porqué.
—¿Te hiciste algo en el cabello?
—No. —dijo ella, incapaz de quitarle los ojos de encima a la foto.
Alguien tocó la puerta y ella y Cormac alzaron la mirada para ver quién era. Ron se hallaba de pie justo fuera de su oficina.
—Supongo que eso es mi señal para irme. —dijo Cormac, tomando la revista de sus manos y dirigiéndose a la puerta. —Bonita foto, Weasley.
Cormac salió y Ron entró, cerrando la puerta tras de sí. —Veo que te mostró el artículo.
—Todos vimos los flashes—dijo Hermione—Sabíamos que habría un artículo al respecto. La comunidad mágica simplemente ama leer sobre el inminente divorcio de los mejores amigos de Harry Potter.
—¿Inminente? —repitió él de manera solemne. —Hermione, por favor dame otra oportunidad.
Hermione suspiró. —No. —dijo ella. —Ahora no. Necesito pasar este tiempo sola, Ron. Me lancé de lleno al trabajo sin tener oportunidad de siquiera ver cómo es la vida sin ti. Necesito hacer eso.
Ron asintió. Aún no había comentado nada sobre su cabello. No sabía por qué eso la molestaba tanto.
—Entonces esperaré hasta que tú…
—No, Ron. Nada de esperar. —Dijo ella—Si conoces a alguien que te guste, entonces quiero que la invites a salir.
Él parpadeó.
—Esto no es una especie de prueba, lo prometo. —dijo ella. —A pesar de lo que diga Ginny, quiero que probemos esto de la separación seriamente.
—¿Hasta cuándo? —preguntó él.
Hermione se encogió de hombros. —No lo sé… ¿hasta la boda?
La tez de Ron se tornó blanca. —¿Hasta dentro de nueve meses?
—¿Tienes alguna sugerencia mejor?
—Que no hagamos esto.
Ella frunció el ceño. —Ron…
—De acuerdo, hasta Navidad. —dijo él. —No más de allí.
—Está bien—dijo ella asintiendo—Cuando se acerque la Navidad, tomaremos una decisión.
—Yo ya he tomado la mía.
—Quizá cambies de opinión de acá a dentro de cinco meses.
Él negó con la cabeza. —No lo haré. Cometí un error una vez y no lo haré de nuevo. Te amo.
Hermione suspiró y desvió la mirada. Él miró al suelo, abrió la puerta y salió de la oficina, luciendo solemne. Y sin haber dicho nada de su cabello. Sabía que no era algo por lo cual molestarse, pero por algún motivo, estaba enfadada.
El día transcurrió normalmente, pero Hermione se encontró a sí misma con serias dificultades para concentrarse. Envió una lechuza a Draco para confirmar la reunión que tenían con el Ministro la semana siguiente, para por fin idear algún tipo de arreglo de negocios formal. Él le respondió que allí estaría, y le preguntó luego que si podría ir a verlo esa noche. La mente de Hermione fue transportada instantáneamente a esa foto de él acercándose a esa mujer hermosa. Mucho más hermosa que ella, y sin toda la carga emocional de ser la futura suegra de su hijo. Sin mencionar el maldito llanto en medio del sexo. Nunca había conocido a nadie que hiciera eso, aunque dudaba mucho que fuese la primera en hacerlo. Al menos eso esperaba.
Alrededor de la hora del almuerzo, abrió una de sus gavetas para sacar sus menús. Definitivamente era un día para ordenar a domicilio. De pronto vio algo en el fondo de su gaveta. Una tarjeta de presentación. La tomó y miró el nombre de Draco Malfoy escrito en hermosas letras cursivas.
Recostándose en su silla, Hermione miró fijamente la tarjeta, mordiéndose la uña del pulgar con aprehensión antes de pasarse una mano por el cabello, sintiendo que sus dedos lo recorrían demasiado rápido, y recordándole su patético intento de hacer cambios en su vida. Un cambio que Ron ni siquiera había notado a pesar de que Ron juraba que quería volver con ella. En vez de decir las palabras "te amo" como un maldito robot, ¿por qué no se lo mostraba? Decirle que lucía bonita, o que el corte de cabello lucía bien. Lo que fuese. Demonios, hasta Cormac se había percatado del cambio.
Sintiéndose algo molesta y definitivamente determinada, Hermione se puso de pie, tomó su bolso y fue hacia la puerta con la tarjeta en mano.
—Saldré a almorzar. —dijo vagamente mientras pasaba frente al escritorio de Teddy.
—De acuerdo—dijo él, sin levantar la vista del monitor de su computadora. —Tómate tu tiempo, ¿sí? En serio necesitas un descanso.
Hermione sonrió con cinismo. Él tenía toda la razón. Salió del Ministerio con prisa y llegó hasta el atrio. Buscó una chimenea disponible y lanzando un puñado de polvos Flu con la tarjeta firmemente apretada en su otra mano, entró. —Oficina de Draco Malfoy. Empresas Malfoy.
Fue transportada rápidamente y aterrizó momentos después en la esplendorosa oficina de Draco. Salió de la chimenea y dio un vistazo alrededor, un poco decepcionada al encontrar la oficina vacía. Acercándose a su escritorio, ubicó su agenda y se sentó en su silla, buscando la fecha en la que se hallaban.
—Oh, por….—dijo, al sentir que todo su cuerpo se hundía en la silla con precisión anatómica impecable. Era jodidamente increíble. Su cuello tenía soporte, su espalda estaba arqueada de la forma perfecta, y no podía siquiera comenzar a describir lo bien que se sentía su culo.
Mientras daba vueltas en la cómoda silla, la puerta se abrió y Draco entró. Su cabeza estaba gacha, mirando algunos papeles en sus manos, pero levantó con rapidez la mirada al percibir movimiento en sus cercanías, y sus ojos se abrieron con sorpresa al verla a ella allí.
Viéndolo a los ojos, ella sonrió con picardía. Él le devolvió la misma expresión.
—Señorita Lupin, ¿cuánto me queda antes de que mi próxima cita llegue? —llamó Draco a través de la puerta.
—¡Quince minutos, Sr. Malfoy! —respondió la voz de Victoire desde el otro lado.
—Hazme un favor y que nadie me moleste hasta entonces—cerró la puerta y sacó su varita, conjurando encantamientos de seguridad y silenciadores en la puerta.
—Parece que tendremos que hacer esto rápido.
—Esta silla es demasiado cómoda—dijo Hermione sin moverse de ella, aun cuando Draco se acercaba lentamente.
Cuando Draco estuvo a una distancia que les permitía tocarse, ella se puso de pie, lo tomó del brazo y lo hizo sentarse de golpe en la silla.
—Follaremos en ella—dijo Hermione, levantándose la falda un poco y colocándose sobre su regazo.
Draco trató de besarla pero ella rápidamente lo evadió y atacó su cuello, usando sus manos para desabrochar sus pantalones, antes de introducir una de sus manos en ellos. Estuvo a punto de ponerse de rodillas frente al rubio cuando Draco la envolvió con sus brazos y la mantuvo en su sitio.
—No hay tiempo para juegos previos, Granger. En serio no puedo retrasarme para esta reunión.
Draco puso su mano en la de ella e hizo que lo acariciara con más fuerza, más rápido. Tan pronto como estuvo duro, subió la falda de la castaña aún más. Hermione tomó su miembro con una mano y apartó del camino su ropa interior con la otra, guiándolo hacia su interior antes de apoyar sus manos en los hombros de Draco, usándolos para ayudarse a rebotar sobre él.
Draco tomó las caderas de Hermione con agresividad, moviéndola de arriba abajo más rápido. La reunión debía de ser muy importante, pues él no acostumbraba apurar tanto las cosas. El rubio de pronto abrió la blusa de Hermione, arrancando todos los botones y sacando sus pechos de su sostén, poniendo de inmediato uno en su boca mientras una de sus manos bajaba hasta su clítoris.
Hermione movió sus manos al cabello de Draco, halándolo, peleando con su instinto de arrancarlo al sentir su orgasmo aproximándose. Con Draco, nunca tenía que hacer demasiado esfuerzo para conseguir ese primer clímax. Era cuando él le exigía tener múltiples que tenía que esforzarse de verdad.
Justo cuando estaba a punto de acabar, sintiendo su temperatura corporal elevarse mientras su mano la acariciaba más rápido, Draco soltó su pecho, levantó su cabeza y se dirigió hacia sus labios. Hermione volteó, logrando que la boca del rubio la rozara en la barbilla. En un instante, dejó de sentir la mano de Draco en su clítoris; estaba de vuelta en su cadera y apretándola tan fuerte que se vio forzada a quedarse completamente quieta.
—Granger—espetó él—¿Qué coño te pasa?
Hermione lo miró con los ojos grandes, como de cervatillo, y se encogió de hombros. —¿A qué te refieres?
—Me tomó casi un puto mes lograr que me besaras y ahora, dos días después, volvemos a esta mierda.
La castaña alzó las cejas. —No sabía que te importara tanto.
—No me importa—dijo Draco con el rostro tenso y desviando la mirada. —¿Pero por qué no lo haces?
—No lo sé—respondió ella, de nuevo encogiéndose de hombros. —Simplemente me parece algo íntimo.
—¿íntimo? —repitió él, arrugando la frente mientras bajaba la mirada al sitio donde ambos estaban conectados. — ¿Estás consciente de que mi polla está dentro de ti, no?
Hermione rio. —Sí, y estoy bastante impresionado de que estar sentados aquí sólo hablando no esté suavizándote ni un poco.
—Es cuestión de concentración. Planeo terminar esto. —Le guiñó un ojo—Pero no hasta que me beses.
Hermione gruñó. Miró por sobre su hombro hacia la ventana. Nada excepto por el cielo despejado. No pasó mucho tiempo antes de que un par de labios comenzaran a subir por su cuello.
—¿Qué pasa, Granger? ¿Temes que si nos ponemos muy íntimos te enamorarás de mí?
Hermione suspiró—Sí—dijo con honestidad.
Los labios de Draco se detuvieron. Se alejó y la miró con curiosidad.
—Escucha, Malfoy… No estoy acostumbrada a este tipo de cosas, ¿de acuerdo? Además de mi esposo, eres el único hombre con el que he estado, y cuando me sentí mal la otra noche, hui de él y vine directo a ti. Cruzamos una línea y no quiero hacerlo de nuevo. No cuando esto es temporal. No soy como tú, no puedo desprenderme de todo tan fácilmente.
—¿Soy desprendido? —preguntó Draco, alzando las cejas. —Por lo que he visto, he pasado cada momento que tengo estas últimas tres semanas contigo.
Hermione desvió la mirada y se sonrojó. —Para tener sexo.
—Es verdad—dijo él—Pero es poco probable que siguiera viéndote si no disfrutase de tu compañía. Sólo porque esto es temporal no quiere decir que no pueda significar nada, Granger. Con una chica como tú, imaginé que significaría algo.
El sonrojo de la castaña se tornó aún más brillante.
—Ahora bésame.
Ella lo miró de nuevo.
—Tenemos aproximadamente cinco minutos para terminar esto, así que te sugiero que cedas o de lo contrario, te vayas insatisfecha.
Ella continuó mirándolo a los ojos, hasta que parpadeó y suspiró. Se acercó con lentitud y presionó sus labios contra los de él. Mientras besaba suavemente a Draco, él aflojó su agarre en sus caderas y comenzó a moverse de nuevo. No pasó mucho tiempo antes de que ambos estuviesen moviéndose fuerte y rápido, con sus labios y lenguas enzarzados en una batalla brutal que ambos parecían estar ganando.
Draco se puso de pie, llevándose a Hermione consigo. Girándose, la colocó en su silla y usó el respaldo para apoyarse mientras comenzaba sus enérgicas estocadas. Sus labios no se separaron ni un segundo.
Las bocas de ambos se abrieron al sentir sus orgasmos aproximarse, y pronto respiraban pesadamente con sus labios apenas tocándose. Draco tomó el labio inferior de Hermione entre sus dientes, mordiéndola con rudeza en el momento en el que la sintió correrse, sintiendo la vibración de sus gritos erráticos contra sus labios. La dejó terminar antes de dejarse ir a sí mismo.
Draco sólo se tomó un momento para recuperar el aliento antes de quitarse de encima de ella. Usó su varita para limpiarlos a ambos, se abrochó el pantalón y fue hasta su espejo de pared a arreglarse el cabello.
Hermione se quedó donde estaba por un momento, arrugando la frente al percibir la hipersensibilidad de sus labios. Fue en ese momento cuando vio algo en el escritorio de Draco. Arregló su falda y su ropa interior y se inclinó hacia adelante en la silla, tomando su copia de Corazón de Bruja con una foto de ella y Ron durante tiempos más felices en la portada.
—Pensé que no leías esta basura. —dijo ella.
Draco se dio vuelta para ver a qué se refería. —No la leo—dijo—pero hay un artículo sobre mí allí y Victoire consideró que debía verlo. Está justo al lado del tuyo, si no me equivoco. —esbozó una sonrisa sarcástica.
Hermione se puso de pie al tiempo que hojeaba la revista, hasta alcanzar ambos artículos en cuestión. —Si vamos a seguir con esto, entonces tengo una regla más que establecer.
—Por supuesto, como siempre—dijo Draco, arreglándose la corbata en el espejo. Una vez estuvo listo, se dio vuelta y caminó con arrogancia hasta ella. —Oigámosla.
—No sé de qué se trata esto—dijo ella, abriendo la revista y mostrándole la foto de él con la mujer de cabello negro. —Pero en el instante en que esto se convierta en algo más que una cena, en algo físico, dímelo y terminamos con lo que sea que tenemos. Me niego a ser una de muchas. Si vamos a acostarnos el uno con el otro, entonces somos sólo nosotros dos. Nada de intimidad con otros. ¿Está claro?
Draco continuó su paso arrogante, con una sonrisa de suficiencia formándose en su rostro mientras alzaba las cejas. Se detuvo frente a ella, con sus ojos fijos en los marrones de la castaña mientras tomaba lentamente la revista. —Esta mujer es una cliente mía. —dijo él—El fotógrafo esperó hasta que su marido fuese al baño para tomar la foto. Si miras bien, puedes ver la tercera silla y la copa extra de vino. —levantó la revista y señaló, y ciertamente allí estaban—Victoire creyó prudente que viera el artículo y les advirtiera de los rumores que comenzarían a circular. —cerró la revista y la puso de nuevo en su escritorio. —Te dije esa primera noche que no había salido ni tenido relaciones con nadie en seis meses. ¿Por qué cambiaría eso ahora que me he encontrado con el arreglo perfecto?
Draco levantó las manos, tomando el rostro de Hermione entre ella, acercándose y besándola suavemente. Cuando se alejó, la miró a los ojos y le acarició el cabello. —Me gusta esto—dijo, acariciando las puntas. —El cabello corto te queda bien.
Hermione parpadeó. —Te diste cuenta.
—Por supuesto que me di cuenta. Estaba casi a mitad de tu espalda antes—se detuvo. —No me digas que esta jodida visita se debe a que la Comadreja no se dio cuenta de tu corte de cabello.
Hermione se mordió el labio y se dio la vuelta.
Draco retiró sus manos. —Debo ser honesto. Me siento algo devaluado cada vez que vienes a verme sólo porque estas enojada con tu esposo.
Ella lo miró de nuevo, incapaz de contener su sonrisa. Él se la devolvió.
—Sr. Malfoy, el Sr. Berry acaba de llegar—dijo Victoire, su voz proyectándose desde la esfera con la luz verde.
Draco se acercó y presionó la esfera. —Gracias, Sra. Lupin. Acompáñelo a la sala de conferencias. Estaré allí en breve.
—Sí, Sr. Malfoy.
Volvió su vista a Hermione. —Me temo que debo irme.
Ella frunció el ceño un poco y miró su silla, pasando su mano por el espaldar. —De verdad amo esta silla, ¿quizá podamos repetir la experiencia en otro momento?
—Será un placer. —dijo Draco, tomándola de las caderas y acercándola a su cuerpo. —Nunca respondiste mi lechuza acerca de esta noche.
—Esta noche no puedo. —dijo ella
—¿Vas a trabajar de nuevo, como ayer? —preguntó él, alzando una ceja.
Hermione palideció.
—Es una historia cómica. Mi hijo se apareció por mi oficina esta mañana para tomar café conmigo antes de ir a ese patético trabajo suyo, e imagina mi sorpresa cuando me cuenta que pasó prácticamente todo el día de ayer con Rose en tu casa. Le encanta cómo cocinas.
Hermione suspiró y desvió los ojos.
Draco puso un dedo en el mentón de Hermione, levantando su rostro hacia el de él, forzándola a mirarlo a los ojos. —Si no quieres venir, Granger, está bien, pero no me mientas.
—Se supone que cenaría con Hannah y Neville en el Caldero Chorreante esta noche. —dijo con sinceridad. —Ayer simplemente fue un mal día para mí.
—Entonces has debido decirme justo eso—aun sosteniendo su mentón, se acercó y le dio un último beso. —Estoy seguro de que te veré pronto.
Draco se dirigió a la puerta y la cerró tras de sí. Hermione se quedó de pie por un momento. No estaba preparada para ir a la oficina y posiblemente encontrarse con Ron. Caminó hasta el espejo y se dio un buen vistazo, retocándose el maquillaje antes de arreglarse el cabello. De pronto, se detuvo y sonrió, más feliz de lo que pensó que estaría porque Draco notara el cambio. Podía ser uno pequeño, pero era un comienzo.
oOo
La mañana siguiente, Hermione llegó a su oficina para encontrarse una sorpresa. Su vieja silla no estaba y en su lugar se hallaba una enorme, de aspecto familiar. Caminó hasta ella y encontró una pequeña tarjeta en el asiento. La recogió y leyó:
La próxima vez, en tu oficina.
Hermione rio y metió la nota en su escritorio. Estuvo a punto de pedirle a Teddy que devolviera el regalo cuando cometió el error de sentarse en la silla. Olía a cuero nuevo y se ajustaba a su cuerpo perfectamente.
Ciertamente no haría daño conservar sólo un regalo… en ese momento notó el vaso para llevar de su cafetería favorita sobre su escritorio. Lo levantó y tomó un sorbo.
Grano tostado francés. Negro. Aún hirviendo.
Perfecto.
N.T.: Espero que les haya gustado! No olviden dejarme sus opiniones, sugerencias y críticas constructivas en un review :) Lo agradeceré con toda el alma. Nos vemos pronto!
A.-
