DISCLAIMER: La saga Harry Potter es propiedad de JK Rowling, y la historia original de Lena Phoria.

N/T: Mis más sinceras disculpas por la tardanza. Quiero simplemente agradecer a todos por seguir enviando su apoyo en forma de reviews y mensajes, de verdad me han ayudado a seguir traduciendo :) Ahora, les dejo el nuevo capítulo. Si se encuentran con algún error de tipeo, avísenme, pues no me dio tiempo de releerlo, y quería postearlo antes de que pasaran otros 3 meses jajaja... que lo disfruten!

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Capítulo 12: Caída

Draco despertó en medio de la noche sintiéndose con frío ya que Hermione siempre insistía en mantener las puertas del balcón abiertas. Prefería que la habitación estuviese congelándose mientras ella estaba cómoda acurrucada contra él. Arropándose hasta los hombros, Draco extendió la mano para apretar el cuerpo de la castaña contra el suyo, ella no estaba allí. Sus ojos se abrieron de súbito y, poniéndose de pie y usando la luz de las estrellas para buscarla, se puso de pie. Sus cosas aún estaban regadas por todos lados, como siempre, así que aún estaba allí.

Draco primero miró en el balcón para ver si estaba tomando algo de aire. No estaba allí. Luego miró en el baño, pero estaba oscuro y la puerta estaba abierta.

Draco dejó su dormitorio y caminó por los pasillos hacia su pequeña biblioteca, sabiendo que era uno de los pocos lugares en la casa a los que ella sabía el camino de corazón. Ni siquiera había ido alguna vez a su biblioteca principal, no que él lo supiera, al menos.

Cuando llegó a la biblioteca, estaba completamente vacía, pero la puerta que se dirigía al salón del otro lado estaba entreabierta, algo que él nunca hacía. Pasó por la habitación y entró a la sala de dibujo. Vacía. En un instinto, caminó hacia el otro lugar donde la había encontrado alguna vez en su casa.

Cuando Draco entró a la cocina, estaba más que un poco sorprendido de verla sentada en su mesón, vestida solo con una de sus camisas de botones mientras comía directo de un jarrón con sus dedos.

—Hermione

Volteó la mirada hacia él de súbito, con los ojos muy abiertos y en medio de un bocado de lo que ahora podía ver era un pepinillo.

—¿Qué haces? —preguntó él.

Hermione ingirió el bocado y dijo —¿Sabes que no tienes absolutamente nada que comer en esta cocina? Lo único medianamente comestible que pude encontrar fueron estos pepinillos y, si te soy sincera, no son los mejores—le dio otro mordisco—¿Qué más puede hacer una chica cuando se le antoja un bocadillo de media noche?

Draco sonrió con burla y caminó hacia ella. —Simplemente despiértame y estaré más que contento de darte algo para saciar tu apetito.

Hermione puso los ojos en blanco. —Hablo en serio, Draco ¿Acaso comes aquí alguna vez?

—Rara vez—contestó. —Toda mi vida he tenido elfos domésticos para que hagan todas mis compras y me cocinen, y ya que perdí a Wimsy realmente no me he puesto a pensar en aprender eso de cocinar. Tiendo a comer fuera y ya.

Hermione casi soltó su pepinillo. —¿Cómo es que no pesas 150 kilos?

Draco se encogió de hombros. —Buenos genes, supongo. No ha habido ningún Malfpy barrigón en nuestro árbol familiar.

—Eso es ridículo. El domingo te llevaré al mercado de verduras y carnes. Uno muggle. Y escogeremos todo lo que necesitas. Sin mencionar algunos libros de cocina para principiantes.

Draco se paró entre las piernas de Hermione y la abrazó por la cintura. Ella le ofreció el pepinillo y él lo mordió. Hermione tenía razón. No eran los mejores.

Al terminar de masticar, preguntó—¿Se te antojan bocadillos de media noche muy a menudo?

—Sólo cuando estoy nerviosa—admitió ella.

—¿Y por qué estás nerviosa?

Hermione se sonrojó y desvió la mirada tímidamente. —Por el brunch de mañana. U hoy, si somos más precisos. No he visto a tu ex desde que comenzamos esto y siento que tengo lo que hacemos escrito en la cara.

—¿Y? —dijo él—Ella se está acostando con un chiquillo de dieciocho años. No tiene derecho de juzgar nada de lo que hacemos.

—¿Eso todavía sigue? —preguntó Hermione.

—No lo sé y no me importa. Ya estoy harto de preocuparme por lo que ella haga.

Hermione tomó el último bocado de su pepinillo y cerró la jarra. Draco la tomó y la colocó de vuelta en el refrigerador. Mientras hacía eso, Hermione saltó del mesón y lo abrazó por detrás. Draco se dio la vuelta y abrazó la cabeza de la castaña contra su pecho.

—¿Lista para volver a la cama? —preguntó él.

—¿Estás diciéndome que ambos estamos despiertos en medio de la noche y ni siquiera vas a intentar cogerme? —preguntó ella, sonriendo contra su piel.

—Es tarde y ambos necesitamos descansar. Pero no te preocupes, tengo toda la intención de cogerte en la mañana.

—Lo espero con ansias—dijo ella antes de que Draco los apareciera en su dormitorio. Hacía mucho frío, así que se apresuró a cargarla y meterla en la cama, envolviéndolos luego a ambos en el edredón mientras la abrazaba contra sí. Ambos estaban durmiendo mucho más plácidamente esos días.

XXX

Hermione gritó mientras golpeaba la pared de piedra mojada, el agua de la ducha estaba hirviendo y quemando su espalda mientras Draco la tomaba desde atrás. No bromeaba con lo de cogérsela en la mañana. Ya lo habían hecho dos veces en la cama y él le había hecho sexo oral tan pronto como habían abierto la ducha. Considerando lo estresada que estaba, era un desahogo maravilloso. Ya podia sentir el próximo orgasm aproximarse.

Los dedos de Draco estaban enterrándose profundamente en sus caderas mientras veía su miembro entrar y salir de ella. Su trasero estaba temblando de manera provocatuva y no quería hacer otra cosa sino morderlo, pero eso requeriría remover su pene del santuario tibio que estaba penetrando en ese momento, y eso estaba fuera de discusión, así que haría lo siguiente en la lista de mejores cosas que hacer: lo palmeó. Duro.

Hermione se sobresaltó y lo miró por sobre el hombre. —¿Me diste una nalgada? —preguntó ella con los ojos muy abiertos, sorprendidos.

—Sí—respondió él. —Ya lo he hecho antes.

—Sólo aquella primera noche cuando estaba tan borracha que apenas lo note.

Draco se rió de lado, sacó su miembro casi completamente antes de embestirla nuevamente con fuerza. Ella gimió y miró nuevamente hacia la pared.

—¿No te gusta? —preguntó él, dándole otra nalgada y luego tomando su trasero con fuerza entre sus dedos.

Los gemidos de Hermione se hicieron más fuertes. —Hazlo de nuevo—ordenó.

Lo hizo, y esta vez, él gimió más alto, con la maravillosa sensación de su caliente interior retorciéndose alrededor de su virilidad haciéndolos sentir fantásticamente. Dio una nalgada del otro lado.

—¡Más fuerte! —gritó ella.

Draco no estaba seguro de si hablaba de las nalgadas o de sus embestidas así que modificó ambos factores, tomándola de las caderas mientras la sentía derretirse contra él.

—¡Oh, por todos los dioses, Draco, más!

Hermione se puso rígida y bajó una de sus manos para frotar su clitoris, acabando pronto después alrededor de Draco.

Draco detuvo las nalgadas pero no bajó la velcidad dd sus estocadas. Vio cómo su mano se volvió a posar sobre la piedra oscura, súbitamente queriendo estar aún más cerca de ella. Irguió el cuerpo de Hermione para que su espalda estuvuese practicamente pegada a su torso, y luego apartó su cabello mojado del camino, chupando y lamiendo su cuello. Su mano subió y se posó sobre la de ella en la piedra. Sin titubear, ella abrió sus dedos y los entrelazó con los de él.

Draco miró sus manos entrelazadas, sin siquiera escuhar el agua mientras continuaba moviéndose. Todo lo que escuchaba era ella, gimiendo su nombre mientras se unían de una manera a la que él no estaba acostumbrado. En todos sus años de experiencia, no recordaba haber sentido nunca el impulso de tomar de la mano de una mujer mientras la follaba. Jamás.

Su agarre sobre él se increment mientras ella se acercaba a su próximo orgasm. Por impulso, Draco se retiró, la tomó del trasero y se insertó de nuevo en ella, hacienda que su espalda rozara la áspera piedra. Tomó su mano de nuevo y la sostuvo junto a su cabeza, besándola mientras ambos llegaban al climax.

Mientras Hermione se acercaba a su culmen, su agarre sobre él se apretó hasta casi cortarle la circulación, pero él se contuvo, sin siquiera percatarse del dolor mientras sus gritos eran exhalados en su boca, con los suyos propios poco después.

Una vez que los dos tuvieron un momento para recuperar el aliento, con los ojos muy abiertos y mirándose el uno al otro, con sus labios aún en contacto, él salió de su cuerpo y la apoyó en sus pies, pero no la dejó ir.

Sus besos continuaron hasta que estuvieron arrugados como pasas, sin querer detenerse hasta que se percataron de que debían estar en el brunch en treinta minutos.

—Llegaremos tarde—dijo Hermione, aún incapaz de alejarse de él.

—Lo vale—dijo Draco, acariciando sus caderas con sus manos, queriendo más que nada volver a poseerla.

Hermione rió cuando él comenzó a mordisquearle los labios—Draco, sabes que tenemos que estar allí.

—No tengo interés en planificar esta boda—dijo—Cada detalle que planifiquen es un paso más cerca del fin de esto—la abrazó con fuerza—y realmente prefiero no pensar en eso.

Hermione se distanció un poco y frunció el ceño—Bueno, pero no podemos evitarlo, ¿o sí? Ya decidimos la fecha.

Entró al agua y se enjuagó con rapidez, dejando a Draco allí de pie mientras se secaba.

Cuando Draco finalmente emergió, ella estaba envuelta en la toalla y su maquillaje estaba prácticamente listo. Tomó su propia toalla y la envolvió en su cintura y estaba a punto de entrar a la habitación cuando ella se percató de algo en el espejo.

—¡Demonios, Draco! —dijo, entrando al baño—¡Dejaste una enorme marca en mi trasero!

Draco levantó la mirada después de ponerse los pantalones y rió cuando ella se la mostró. —Pobre bebé—dijo él, tomándola entre sus brazos—¿Quieres que le dé un beso para que te sientas mejor?

Hermione entrecerró los ojos—Apuesto a que estarías encantado.

—Pues sí, bastante—Draco se puso de rodillas y le dio la vuelta para poder besar la marca que rápidamente se estaba tornando púrpura. —Nada que un hechizo rápido no arregle—Draco se acercó y tomó su varita de la cómoda, produciendo un encantamiento curativo. Cuando la marca hubo desaparecido, ella lo besó como agradecimiento y fue a tomar su bolso de ropa. Excavó en él y comenzó a vestirse.

—¡Diablos! —gritó ella de nuevo tras varios minutos.

—¿Ahora qué? —preguntó él.

—Traje el sostén equivocado de nuevo—Dijo ella, suspirando con mal humor al ver su blusa blanca junto al sostén negro que había sacado de la maleta—No puedo creerlo. Ya son dos veces en una semana. De verdad debo concentrarme—se puso la blusa sin sujetador. —Debo ir a casa y arreglar esto. Nos vemos en el restaurante.

Hermione se acercó a Draco y lo besó a modo de despedida antes de tomar su bolso y su monedero e irse.

Draco la vio partir, y sus ojos se llenaron de tristeza al pensar en la realidad de lo que harían ese día. Iban a planificar el fin de su tiempo juntos. Era completamente mórbido.

XXX

Cuando Hermione llegó al restaurant, ya todos estaban allí. Draco debe haber sido el último en llegar porque el único asiento disponible era entre él y Astoria. Sabía que no se llevaba bien con su exesposa, pero de hecho escogió sentarse junto a Ron en lugar de junto a Astoria, y Hermione sabía por qué. Sus celos debían controlarse.

—Lamento la tardanza— dijo ella, dándole a Rose un beso en la mejilla antes de sentarse. Draco inmediatamente puso una mano sobre su rodilla y ella la acarició antes de entrelazar sus manos sobre la mesa.

—¿Te quedaste trabajando en los archivos otra vez? —preguntó Rose con suspicacia.

—No, simplemente tuve una de esas mañanas—le contestó Hermione

La mesera se acercó y dejó las bebidas de todos antes de tomar la orden de Hermione. Astoria era la única ingiriendo alcohol. Escogió un Bloody Mary mientras los demás prefirieron café o jugo.

—Así que, ¿han decidido algo sobre el lugar que quieren para la boda? —preguntó Hermione mientras todos revisaban sus menús. Podía jurar que Astoria la miraba demasiado, pero trató de convencerse de que sólo estaba siendo paranoica. Aún así, lo mejor era acabar con este brunch lo más pronto posible.

—No—dijo Rose—Scorpius me llevará al lugar que él quiere el próximo fin de semana. Lo tomaremos como un pequeño viaje—le sonrió afectuosamente al rubio más joven.

—¿Y cuáles son tus opciones de respaldo? —cuestionó Hermione.

—No creo que necesitemos opciones—dijo Rose, mirando a su madre—Estoy segura de que me encantará el lugar.

Hermione alzó las cejas—Hmm.

—¡Mamá, no me mires así! —espetó ella. —Esto no es como escoger clases o un trabajo. No necesito opciones. Si a él le gusta, a mí también.

—Sí, por supuesto—dijo Hermione. Luego hizo una pausa. —Pero nunca duele el estar preparado y…

—¡Está bien! Si no me gusta, entonces mi respaldo es…—alzó la mirada y se mordió el labio como buena hija de Hermione—El jardín de abuela y abuelo. Como tú y papá, y tía Ginny y tío Harry. Mantendremos viva la tradición familiar.

Tanto Draco como Astoria mostraron un gesto algo agrio.

—El patio de los Weasley. No me parece—dijo Astoria, negando con el dedo índice de la mano que sostenía su Bloody Mary—Si la locación sorpresa de Scorpius no te apetece, entonces la única opción aceptable es el Chateau de Fleurs Magiques en Provence.

Draco rió. —¿Estás loca? No sólo tienes que reservar ese lugar con dos años de antelación, sino que el costo es espeluznante. Ni siquiera yo les daría el dinero que piden. Hay muchos castillos hermosos en el mundo por un precio mejor.

—Pero ninguno con ese espectacular jardín de rosas—Astoria tomó un sorbo de su bebida y lo miró de reojo. —Daphne y Gregory se casaron allí.

—Sí, lo recuerdo—dijo Draco—De hecho, nunca me dejaste olvidar ese punto. Pero te diré lo mismo que te dije cuando planificamos nuestro matrimonio. No pagaré casi un millón de galeones por unas malditas rosas.

—Son literalmente rojo sangre—dijo Astoria, ignorando a Draco e inclinándose hacia Hermione—No tienen ni un defecto en ellas. Supuestamente están en su pico de belleza en la temporada de nieve. —Pausó y la miró de arriba abajo. —Hay algo diferente en tu aspecto desde la última vez que nos vimos. ¿Qué es?

Hermione se sonrojó. —No lo sé. Me corté el cabello.

—No, no es eso—Astoria se apoyó en uno de sus codos sobre la mesa y continuó observándola. —Estás más brillante o algo. ¿Estás usando una base diferente?

—Probablemente sea la iluminación. —Hermione notó que la mano de Draco subió aún más por su pierna. De reojo, se percató de que él estaba sonriendo pícaramente.

—Si insistes en una boda de jardín, florecilla, entonces puedo sugerir la Mansión—dijo Draco—Incluso tiene rosas—dijo, mirando a Astoria, quien seguía observando a Hermione con cuidado, y sonrió de forma sarcástica.

Ahora era el turno de Ron de fruncir el ceño—¿Por qué? ¿Para que la boda esté embrujada por toda la gente que fue asesinada por mortífagos allí?

Toda la mesa se quedó en silencio. Las manos de Hermione se tensaron sobre la mesa y le lanzó una mirada aguda a su esposo. Scorpius lucía especialmente enfadado y los ojos de Astoria estaban entrecerrados de forma Draco no lucía en lo absoluto afectado.

—En realidad, el lugar fue completamente remodelado desde ese entonces. Gracias por no darte cuenta, por cierto, Comadreja. Cuando nuestra familia se mudó allí, quitamos todas las plantas del jardín y Astoria trabajó con un diseñador de interiores para reinventar todo, Scorpius, aun siendo un niño pequeño, escogió todas las pinturas del recibidor y la sala de dibujo, todos los implementos de iluminación fueron cambiados por algo más brillante, todos los muebles fueron remplazados, y los retratos de la familia Malfoy fueron reubicados al sótano, que fue sellado con cemento. No es el mismo lugar.

—Trabajamos duro para librarnos de esas memorias—espetó Astoria, luciendo lista para echar su bebida sobre la cabeza de Ron—Incluso dejé que Draco me convenciera de colocar alfombras acolchadas en las bibliotecas, y se negó rotundamente a remplazar el candelabro destruido de la sala de dibujo. Cuando necesitamos más luz, usamos velas flotantes—se detuvo. —Cuando necesitábamos—corrigió, antes de tomar otro sorbo de su bebida.

—En realidad esta discusión es en vano—dijo Scorpius, ansioso de salir de ese tema que obviamente se convertiría en una pelea—Rose amará el sitio que escogí así que no habrá boda de jardín.

—¿Te niegas aún a decirnos dónde será, cariño? —preguntó Astoria, terminando su bebida y mirando en busca de la mesera. Sacudió el vaso vacío para hacerle notar que necesitaba rellenarlo.

—Sí—contestó Scorpius. —Les diremos apenas regresemos.

—No es lo suficientemente bueno—dijo Astoria—Envíame una lechuza cuando lleguen allá.

Scorpius sonrió. —Sí, madre.

—¿Y cuándo se van? —preguntó ella—¿El viernes?

—El jueves—respondió el joven rubio.

Rose se atragantó con su jugo de calabaza—¿Cómo? ¡Pensé que nos íbamos el viernes! —dijo, en pánico.

—No, Rosie, el jueves—dijo Scorpius—Te dije que quería pasar un fin de semana largo allí. Si estás preocupada por tu jefe, ya hablé con ella y está de acerdo con que…

—No, no es eso—dijo ella, mirando a Hermione al otro lado de la mesa y frunciendo el ceño—El jueves es el cumpleaños de mi mamá. ¡Ya va a mitad de camino hacia los cincuenta! ¡No puedo perdérmelo!

Hermione se sonrojó.

Ron rió y dijo, —¿Por qué en el nombre de Merlín lo formularías de esa forma, Rosie?

—Hizo lo mismo cuando cumplí treinta y cinco—dijo Hermione—Pero los cuarenta fueron mucho más fáciles de aceptar que los cincuenta, y era definitivamente más tierno viniendo de la boca de una niña de ocho años.

Rose sonrió.

Scorpius, por el contrario, no sonrió. —Puedo tratar de cambiar las reservaciones por…

Hermione alzó su dedo—No, Scorpius, no lo hagas. No planeo hacer nada en mi cumpleaños excepto quedarme en casa a leer. Puede que decida añadir un pastel completo para mí sola al plan.

Mientras pensaba en que sus verdaderos planes del jueves probablemente consistirían mayoritariamente en estar con Draco, súbitamente se dio cuenta de que su mano ya noe staba sobre su rodilla. Lo miró de reojo para notar que se encontraba recostado de su silla haciendo algo similar a un puchero.

—Pero, mamá…

—Sin peros—ordenó Hermione—Tu prometido planificó este viaje para ti e irás. Los cumpleaños importantes después de tus veinte son los que incrementan en diez años, no en cinco.

—De acuerdo—dijo Rose con un pequeño suspiro.

—¿Eres una persona muy autoritaria, no?

Hermione se volteó a ver a Astoria, quien nuevamente la miraba de cerca.

—Al menos tu hija sabe cuándo cumples años. Pregúntale a Scorpius cuándo es mi cumpleaños. Te prometo que no se recordará.

Scorpius enrojeció. —Por supuesto que recuerdo tu cumpleaños, es en abril.

—¿El qué de abril? —preguntó ella.

—El diecinueve—respondió él.

Ahora Rose se sonrojó. —Oh.

—Parece que la florecilla ha caído en cuenta—dijo Astoria. La mesera se acercó y le dio un nuevo Bloody Mary.

—Scorpius, ese es el sábado antes de Pascua el año que viene—dijo Rose—Ya sabes. El día de nuestra boda.

Súbitamente Scorpius se puso rígido.

—Creo que ya todos estamos listos para ordenar—dijo Astoria a la mesera—Solo una copa de frutas para mí. Nada más con bayas. Y si me parece que hay siquiera un toque de jugo de melón en mi fruta, puedes estar segura de que llamaré a tu supervisor.

La mesera tragó en seco y se dirigió al próximo. Las órdenes de los demás no eran tan amenazantes, pero la de Draco sí fue bastante específica. Omelet de claras de huevo con espinaca en tostada de pan de centeno, quemadas pero no carbonizadas. Hermione había aprendido que a Draco su pan le gustaba de esa forma, principalmente porque le agradaba el olor.

Tan pronto como la mesera se fue, Scorpius miró a Astoria y dijo, —Madre, lo siento. No me había dado cuenta de que la fecha…

—No importa—dijo Astoria, aunque ella había sido la que había traído el asunto a colación. —No es ni siquiera un incremento en cinco de mi edad, así que casi no cuenta como cumpleaños. De hecho, no sé siquiera si los cuarenta y tres tengan algo de especial.

—Sí lo tienen—dijeron Hermione y Rose al unísono.

—Es un número primo—dijo Hermione.

Astoria la miró fijamente por un momento, sin entender realmente el chiste, y luego parpadeó. —Claro—dijo de forma socarrona antes de tomar un poco de su bebida.

—Así que, con la esperanza de que esta locación sea, de verdad, la adecuada—dijo Rose, devolviéndolas al tema—Ya he hecho citas con tres floristas y dos pastelerías para la primera semana de octubre. Dicen que es muy importante organizar cada detalle en casi de que algo salga mal. Así puedes corregirlo con tiempo.

Astoria rió—Cariño, no importa lo bien que planifiques todo. Algo siempre sale mal el día de tu boda. Sea una escultura de hielo de un dragón en lugar del cisne que pediste, o que tu novio llegue cuarenta y cinco minutos tarde porque estaba ocupado con las dos mujeres que se llevó a casa la noche anterior a modo de su despedida de soltería personal que se extendió hasta la mañana.

Draco no mostró reacción alguna mientras sorbía de su café—Sólo llegué veinte minutos tarde, cariño.

Hermione casi pudo ver el vapor salir de las orejas de Astoria.

—Tengo una petición—dijo él, ignorando a Astoria y enfocándose en Rose. —Cuando vayas de compras por tu vestido de novia, mi madre quisiera ir contigo. Ella usó el vestido de su madre, igual que Astoria, así que nunca ha tenido esa experiencia.

Rose sonrió. —Por supuesto. Me encantaría que me acompañara.

Astoria resopló. —Eso dices ahora.

La mayoría del brunch consistió en Rose explicando sus planes con Hermione y coordinar sus horarios. Ya que la dama de honor estaba en la escuela, muchas de sus responsabilidades estaban recayendo en la madre de la novia. Rose no era de muchas amigas ya que siempre había sido una muchacha callada y la mayoría de los invitados eran familia. Dominique estaba dispuesta a ayudar, pero hasta que el bebé de Victoire naciera, estaba utilizando la mayoría de su tiempo en ayudar a su hermana, y Roxanne no era la más femenina de las mujeres de la familia. Tampoco la hija de Percy, Lucy. Su otra hija, Molly, sí lo era pero ella tenía que planificar su propia boda, que se llevaría a cabo el verano siguiente. En el jardín de los Weasley, por cierto.

Cuando el tedioso brunch finalmente terminó, Hermione se fue a casa a empacar su bolso de viaje. Una vez se aseguró de tener el sostén correcto, tomó la red Flu hasta la Mansión Malfoy. Cuando llegó al dormitorio de Draco, él estaba de pie en el balcón, observando el jardín. Ella se aproximó y lo abrazó por detrás, y parándose de puntillas, puso su mentón sobre el hombro del rubio.

—Yo sí noté la diferencia en este lugar—dijo ella, siguiendo su mirada hacia los jardines. Si bien aún había muchos arbustos, estos estaban ahora llenos de rosas. Todas de colores brillantes. —Especialmente la ausencia del candelabro.

Draco no dijo nada.

—¿Pasa algo malo? —preguntó ella, pasando por debajo de uno de sus brazos para forzarlo a darle la cara.

—No—dijo él, moviendo sus ojos lentamente para fijarlos en ella. —¿Siquiera ibas a decirme que tu cumpleaños es el jueves?

—Oh—dijo Hermione, algo confundida—No… no lo sé. Quizá. Los cumpleaños no son realmente importantes para mí. Sólo es un día. Y…—suspiró—Para ser perfectamente honesta, desde que mis padres murieron no me siento del todo bien para celebrar. Los últimos años Ron y yo sólo hemos ordenado comida a domicilio para que no tenga que cocinar, y ya.

—¿Y por qué no cocinaba él?

Hermione soltó una carcajada—Ron no podría preparar un plato comestible aunque su vida dependiera de ello. Todos esos años con su madre en la cocina y no aprendió nada—Hermione extendió los brazos y los entrelazó en su cuello. —¿De verdad estás tan molesto porque no te dije?

—No—dijo él rápidamente—sólo me parece que debiste haberlo mencionado.

—Bueno, lo siento—dijo ella, dándole un beso. Pero luego tuvo que preguntar. —¿Es cierto lo que dijo Astoria del día de su boda?

—Sí, la escultura de hielo salió terriblemente mal.

Hermione frunció el ceño. —Sabes que no me refiero a eso.

Con un suspiro, Draco dijo, —Fue una verdad a medias. Llegué tarde porque me estaba pensando dos veces lo de la boda, no por las mujeres. Aunque sí hubo mujeres. Astoria y yo estábamos comprometidos pero no juntos per se, así que no lo vi como serle infiel. Ella se apareció en mi puerta en el medio de la noche totalmente ebria y queriendo entregarme su flor, como ella le decía, antes de la noche de bodas para que no tuviese que tratarla con cuidado en nuestra primera vez como esposos. Y luego entró en mi habitación y se encontró con mis otras dos visitas. Salió de allí furiosa, y yo esperaba que ella cancelara la boda, pero no lo hizo. Hasta el día de hoy, jamás había mencionado el asunto.

—Yo sí creo que le fuiste infiel—dijo Hermione.

—No lo fui—insistió Draco—Nunca la había siquiera besado hasta el día de nuestra boda. Apenas si la había abrazado. Ninguno de los dos se involucró en los planes de la boda, todo lo hicieron nuestros padres. La única cosa que ella pidió fue la locación, a lo cual me negué porque mi padre me dijo que lo hiciera. No quería gastar dinero en una boda por la que nadie estaba emocionado.

Hermione no lo dijo, pero estaba bastante segura de que Astoria sí estaba emocionada. Era sólo una chica ingenua sin ninguna idea acerca de en qué se estaba metiendo.

Draco se acercó y la besó en los labios. Luego en el mentón, luego en una de sus orejas. Luego comenzó a bajar por su cuello, succionando suavemente. —Sabes, durante toda esa charla sobre remodelaciones, de repente me dieron muchísimas ganas de follarte en la alfombra acolchada de la biblioteca ¿Estás interesada?

—¿Puede ser en la biblioteca grande? —preguntó ella—No la he visto todavía.

Draco sonrió contra su cuello y asintió. —Quizá después al fin pueda darte un buen tour del lugar.

—Sí, después de casi tres meses de venir aquí, me parece lo más apropiado.

Los dos rieron mientras Draco la tomó en sus brazos y los apareció a los dos en la biblioteca grande, listo para darle un uso apropiado a la suave y casi nueva alfombra acolchada.

XXX

Cuando llegó el miércoles, Draco se encontró con muchos problemas para concentrarse ne su oficina. Dio vueltas en su silla un poco antes de toparse con la orquídea en su ventana. Instintivamente, presionó la esfera en su escritorio y dijo, —Sra. Lupin, ¿puede venir un momento, por favor?

—Sí, Sr. Malfoy.

Pasaron sólo diez segundos antes de que Victoire entrara por su puerta con una libreta y una pluma. Caminó hasta su escritorio y esperó.

Draco se detuvo por un momento, inseguro de lo que realmente quería.

—Sra. Lupin, usted es una mujer, ¿verdad?

Victoire se sonrojó. —Ummm… sí, supongo que lo soy.

—¿Y qupe tipo de regalos prefieren, las mujeres como usted, recibir en sus cumpleaños?

Sus ojos se iluminaron. —Sr. Malfoy, ¿quién le dijo que era mi cumpleaños?

Draco palideció. —Yo…

Victoire rió. —Relájese. Sólo bromeaba. Soy Aries.

Hizo una nota mental de revisar en qué época del año nacían los Aries luego.

—Sé exactamente quién cumple años mañana, pero estoy algo sorprendida de que usted lo sepa. Normalmente, la Tía Hermione es muy discreta al respecto. No le gusta armar alboroto por ello.

—Oh—dijo Draco—Entonces no debería…

—¡Claro que debe! —exclamó ella—Sólo porque a ella no le guste armar alboroto, no implica que usted no deba hacerlo! Digo, usted es como su… novio, o algo, ¿no?

Draco parpadeó—No lo sé.

—Lo es—insistió Victoire.

—Entonces, ¿qué me recomienda? —preguntó él—¿Joyas?

—No. Heredó todas sus joyas de su madre cuando falleció. Eso es lo que usa ahora. ¿Qué tal flores?

—Eso está bien—dijo Draco. —Investiga lugares que entreguen temprano en la mañana para que las tenga en su oficina antes de que llegue. Y que sean de colores otoñales. Parece que le gusta el otoño.

Victoire escribió todo eso.

Draco se detuvo—¿Qué más?

—No lo sé—dijo Victoire—Obviamente tiene el dinero para comprarle lo que sea que ella quiera, pero la Tía Hermione nunca ha sido una persona materialista. En mi familia, los regalos suelen ser hechos a mano. Mi abuela dice que vienen directo del corazón—dijo, tocando el suyo.

—No sé hacer nada—dijo, por algún motivo sintipendose sumamente preocupado.

—Bueno, no tienes que fabricarlo per se, Sólo haz algo inesperado. Estoy segura de que pensarás en algo. —dijo ella con una sonrisa.

—Claro—dijo Draco, recostándose de su silla. —Avíseme cuando encuentre un florista para aprobar la selección del bouquet.

—¿Y la tarjeta? —preguntó ella.

—Le escribiré algo y lo mandaré por lechuza.

—Me pondré con eso ahora mismo—dijo Victoire, sonriendo ampliamente y saliendo de la oficina.

Tan pronto como ella hubo salido de su oficina, Draco se inclinó sobre su escritotio y presionó sus dedos contra su frente. Lo inesperado… lo inesperado… ¿Qué se supone que sea inesperado?

Y luego sus ojos se enfocaron en la manzana sobre su escritorio. La había comprado en el mercado de legumbres al que Hermione lo había llevado el fin de semana anterior y estaba absurdamente feliz de tener comida en la Mansión de nuevo. Y allí, fue que se le ocurríó.

XXX

Hermione tomó el elevador del Ministerio en la mañana de su cumpleaños. Estaba llegando un poco temprano para no encontrarse con nadie y Draco no estaba ese día en el Ministerio. Y aunque lo estuviera, no se había quedado en su casa la noche anterior así que no habrían llegado juntos. Si bien le gustaba pasar las noches en sus brazos, se sentía obligada a dormir en su propia cama al menos dos veces a la semana. Draco no se lo había dicho directamente, pero le había insinuado que estaría de acuerdo si ella llegase a invitarlo a su casa alguna vez, pero no había logrado la determinación de hacerlo. El colchón podía haber cambiado con los años, pero esa cama seguía siendo la que había compartido con Ron la mayor parte de su matrimonio, y no se sentía lista para compartirla con otro hombre aún.

Las puertas al elevador se abrieron y Hermione se dirigió a su oficina. Cuando llegó allí, un hombre que no reconoció estaba parado en la puerta.

—¿Puedo ayudarlo? —le preguntó al acercarse.

—¿Es usted…—miró el papel en sus manos—…Hermoninny Weasley?

—Algo así—dijo ella.

—El hombre le extendió el papel—Firme aquí, por favor.

Hermione leyó rápidamente y vio que estaban entregándole algo. Firmó, el hombre tomó su papel y se retiró.

—Espere, ¿dónde está mi paquete? —le preguntó ella antes de que se fuera.

—En su oficina. —respondió él.

Hermione entró a su oficina y se encontró de inmediato con una hermosa fragancia. Sus ojos se abrieron de par en par al ver el arreglo floral absurdamente grande que se encontraba en su escritorio. Había flores doradas, naranjas y rojas; todos sus colores favoritos de otoño y abundantes, sin florecillas de relleno. Tomó la tarjeta que estaba justo en el centro del ramo.

Toc. Toc. Toc.

—Hermione Weasley

Esta persona sí lo había pronunciado bien. Alzó la mirada. Un hombre estaba en su puerta con una docena de rosas rojas, lleno de florecillas de relleno.

—Tengo algo para usted—dijo el hombre, mirando con curiosidad las flores que ya tenía sobre el escritorio.

—Póngalas donde sea—dijo ella, sacando la tarjeta del sobre. Luego la leyó:

—Feliz cumpleaños, aunque no hayas considerado necesario decirme cuándo era.

Hermione rió y puso los ojos en blanco.

Ya que no tienes planes para la ocasión, cenemos en mi casa. Ocho en punto. Usaré algo sexy.

.-DM

Hermione rió de nuevo. Alzó la vista, encontrándose con el hombre de las entregas extendiéndole el recibo. Lo firmó sin decir nada.

—Si esta es una competencia, creo que nuestras flores perdieron.

—No lo es—dijo Hermione con una sonrisa. Claro que estaba segura de que Draco pensaba lo contrario. Sabía de quién eran esas rosas sin siquiera leer la tarjeta. Sólo una persona le compraba rosas y estaba feliz de que Draco no hubiese tomado la ruta tradicional.

Tan pronto como el repartidor salió de la oficina, Hermione tomó su teléfono de su bolso y llamó a la persona que se había ganado un puesto en su lista de favoritos.

—Vaya, vaya, pero si es la cumpleañera—dijo la voz sexy y sedosa de Draco tras sólo un repique—¿Qué tal te va, muñeca?

—Todo bien. Sólo que me encontré con una exhibición de flores un poco vergonzosa sobre mi escritorio.

—¿Ah, sí?

—Sí, de un tipo raro que insiste en que lo acompañe hoy a cenar.

—¿Y qué le dijiste a ese acosador?

Hermione sonrió. —Le dije que sí, obviamente. Con flores como éstas, sería grosero decirle que no.

—Eso era lo que quería—dijo Draco con una carcajada—Tengo una reunión hoy a la hora de almorzar, pero nos veremos a las ocho.

—Y no olvides esa ropa sexy—ordenó ella.

—Por supuesto que no. Feliz cumpleaños, muñeca. Nos veremos esta noche.

Hermione colgó el teléfono, sonriendo como demente mientras veía nuevamente sus flores. Habían pasado años desde la última vez que se había sentido tan emocionada por su cumpleaños. Luego sus ojos se desviaron hacia el arreglo más pequeño de rosas rojas que habían puesto junto a él. Su sonrisa se desvaneció.

Toc. Toc. Toc.

Hermione miró hacia la puerta y se encontró con Ron en el umbral. No pudo ignorar el hecho de que sus ojos también se vieron dirigidos por el enorme arreglo sobre su escritorio.

—Buenos días—dijo ella, escondiendo la pequeña tarjeta de Draco detrás de su teléfono.

—Feliz cumpleaños, dijo él, tratando con todas sus fuerzas mirarla a ella y no a las flores. —Veo que recibiste mis rosas.

Hermione intentó sonreír. —Sí, acaban de llegar. Gracias. No he tenido tiempo de revisar la tarjeta, pero cuando vi que eran rosas rojas, supe que eran de tu parte.

—Siempre me pareció apropiado desde que nació nuestra pequeña Rose.

Ahora su sonrisa sí fue genuina. —¿Ésa es la razón?

—Te regalé unas el día en que ella nació. ¿No lo recuerdas?

—Sí lo recuerdo—dijo Hermione—Me las diste y me dijiste, "¿no es ése un lindo nombre? Rose. Suena mucho mejor que Perdita.

Ron rió. —De verdad odiaba ese nombre—su mirada se tornó desenfocada—¿Estás enojada porque no la llamamos Perdita?

—No, claro que no—dijo ella—¿Por qué crees eso?

—No había pensado en ello desde hace años, sino hasta que Rose le puso ese nombre a su gatito. —dijo él, frunciendo el ceño. —Ni siquiera sabía que ella supiese eso.

—Sólo porque me lo preguntó una vez cuando estábamos leyendo la obra juntas hace unos años. Sólo dije que lo habíamos considerado. No fue la gran cosa. Ahora, me es difícil imaginar que se llamara de otra forma que no fuera Rose.

Ron asintió. Miró sus flores, tan pequeñas en comparación—Esperaba que ya hubieses leído la tarjeta, pero ya que dijiste que no tenías planes para hoy, me preguntaba si querías salir a cenar esta noche.

—Oh—Hermione enrojeció. —Yo, ummm… Bueno, en realidad ya tengo planes. Iré a casa de alguien a cenar. Nada extravagante. Lo mantendremos sencillo.

—Ajá—Los ojos de Ron se enfocaron de nuevo en el ramo de Draco—¿Quién te…?

—Gracias a Merlín que estás aquí—dijo Theo, entrando de golpe en la oficina y de inmediato acercándose a su escritorio. —He estado en reuniones con ese imbécil Bentley "el demoledor" Tasher desde las seis de la mañana—se acercó a su gaveta y sacó su reserva secreta de galletas que había descubierto en reuniones anteriores. —Luego las repondré—dijo mientras se atragantaba con varias.

—¿Aún están negociando su contrato? —preguntó Hermione.

—Sabes que sí. El imbécil cree que vale la luna y las estrellas o algo así. —The hizo una pausa y miró hacia el escritorio. —¿Por qué tantas flores?

—Es mi cumpleaños—dijo ella, sin darle demasiada importancia.

—Theo alzó las cejas—¿Ah, sí? Ueno, menos mal que soy un mago—puso las galletas en la mesa, extendió su brazo y sacó un globo rojo brillante de su manga—Es un pequeño truco que aprendí cuando estaba más joven—guiñó un ojo y se lo dio—Feliz cumpleaños, Granger.

—Gracias—dijo ella, atándolo a su pisapapeles.

—Me imagino que estas rosas se las regalaste tú, comadreja—dijo Theo sin siquiera mirar a Ron—¿Pero quién envió esas tan estrambóticas?

Hermione se aguantó los nervios y dijo con mucha calma, —Son de un cliente—no era mentira—Sólo está siendo amable.

—¿Un hombre?

—Sí.

—Entonces no está sólo siendo amable—Theo se devolvió y tomó unas cuantas galletas más, antes de guardárselas—Mejor regreso ya. ¿Aún almorzaremos juntos aunque no mencionaste que fuese un día especial?

Hermione sonrió—Es un día como cualquier otro, Theo. Nos vemos a mediodía.

—De acuerdo—Theo se metió una galleta en la boca y le hizo un asentimiento a Ron antes de salir.

—Supongo que eso responde mi pregunta sobre el almuerzo—dijo Ron, tratando de no lucir enfadado.

—Lo siento—dijo Hermione—Los jueves son nuestro día.

—¿Y mañana? Podemos almorzar y luego ir a la pastelería que te gusta y comer la red velvet.

A ella le gustaba más el pastel de vainilla. La del gusto por el red velvet era Rose.

—Seguro—dijo Hermione, algo incómoda, sintiéndose atrapada.

—De acuerdo—estaba casi segura de que él se había dado cuenta—Feliz cumpleaños de nuevo. Nos veremos luego—Le dio un último vistazo al enorme arreglo de un cliente hombre, y se fue.

Tan pronto se hubo ido, Hermione tomó su tarjeta. La miró por largo rato antes de abrirla.

Feliz cumpleaños, Hermione. Esperaba poder llevarte a cenar hoy para celebrar. Pasaré a verte. Ten un gran día.

Con amor, Ron.

Hermione se mordió la mejilla. Se preguntaba si realmente no notaba lo incómodo que era todo esto. Incluso sus palabras ya no parecían adecuadas. Guardó la tarjeta en su escritorio y tomó la de Draco nuevamente, sonriendo al leer y releer sus palabras. Todo parecía tan natural con él. Como solía ser con Ron. Pero ese sentimiento se había ido ahora y uno nuevo estaba rápidamente llenando el vacío.

XXX

Hermione revise su apariencia en el espejo varias veces antes de decider que sencillamente debía irse. Se había quitado su ropa del trabajo pero aún así quería verse ben sin lucir como que estaba esforzándose demasiado. Originalmente, iba a ponerse el vestido negro que había usado para la graduación de Rose, que había sido la razón principal por la que había obtenido la atención de Draco para empezar. Pero luego se dio cuenta de que en efecto se estaba esforzando demasiado, así que se puso unos jeans y un sweater. Pero ese atuendo lucía bastante informal para la ocasión de pasar su cumpleaños con un hombre nuevo. El único cumpleaños que podría pasar con él.

Hermione frunció el ceño y se colocó nuevamente el vestido negro. Se colocó una chaqueta ligera encima para hacerlo ver un poco más casual, se dio una última mirada y tomó su bolso de dormir para dirigirse a la chimenea.

Cuando Hermione llegó a la mansión, primero puso su bolso en el dormitorio, notando la pequeña caja envuelta en su cómoda. Peleó con el impulso de sacudirla y tratar de adivinar su contenido, antes de dirigirse a la puerta y caminar hasta el comedor. Draco finalmente le había dado un tour del lugar, así que sabía llegar allí en la menor cantidad de tiempo posible.

El comedor consistía de una larga, excesivamente grande mesa de madera. Velas encantadas flotaban por toda la habitación y dos platos estaban puestos en un extremo de la mesa con un florero lleno de rosas blancas. Una botella de vino estaba ya esperándolos. Sonrió al notar lo romántico que lucía todo.

Algo se cayó en la habitación contigua.

—¡Ah, JODER!

Hermione caminó hacia la voz, pasando por una puerta batiente para entrar en la cocina. La habitación estaba completamente llena de humo, y la silueta de Draco era apenas visible junto a la estufa. Tomó su varita y con un movimiento, aclaró la humareda. Draco se volteó.

—¡Llegaste temprano!

—En realidad, llegué diez minutos tarde—dijo ella, incapaz de esconder su sonrisa—¿Qué haces?

Sus mejillas enrojecieron y le dio la espalda rápidamente—¿Qué carajo te parece que estoy haciendo?

Hermione rió y se acercó a él. —Parece que estás teniendo problemas cocinando pechugas de pollo—le dio una ojeada a los restos calcinados en la sartén. Había tratado de raspar la piel quemada. Rió de nuevo.

—Victoire me dijo que no sería tan difícil hacer esta jodida receta—Draco azotó sus manos contra la encimera antes de tomar la sartén y botar el pollo a la basura—Es todo—dijo, azotando ahora el sartén contra el fregadero—¡Lo diré, extraño tener elfos domésticos!

Ahora Hermione soltó una carcajada—Obviamente. Pensé que al menos contratabas uno para limpiar.

—Wimsy hace la limpieza a escondidas—Las manos de Draco se apretaron en el borde de la encimera—Lo siento. Pensé que podría hacer esto.

—Draco, esto no es nada. Tienes más pollo—dijo, señalando los restos crudos en la mesa. —Podemos intentarlo de nuevo. Te ayudaré. —Notando otra olla en la estufa, levantó la tapa y notó que se trataba de algún tipo de arroz. —Esto luce bien, pero ya está listo, así que deberíamos quitarlo de aquí—Ella hizo justo eso. Luego miró a Draco de nuevo, quien estaba muy evidentemente evadiendo su mirada. Tomó su mentón, como muchas veces hacía él con el de ella, y lo forzó a mirarla a los ojos. —Draco, está bien. Estás aprendiendo. Nada de lo que cocines por primera vez saldrá perfecto. A menos que seas algún tipo de prodigio.

Draco le dirigió una pequeña sonrisa—Era lo que esperaba—Sus ojos bajaron por el cuerpo de Hermione—¿Estás usando el vestido negro?

—¿Qué vestido negro? —preguntó ella, lanzándole una sonrisa pícara.

Alzó sus manos y comenzó a acariciarle las caderas—Joder, Hermione, no deberías haber hecho eso. He fantaseado con follarte en este vestido desde el primer momento en que te vi con él—La levantó en brazos y la colocó sobre la encimera central de la cocina, quitándole la chaqueta para que quedara solo con el vestido. —La cena tendrá que retrasarse un poco, muñeca.

Hermione rió mientras Draco la besaba, sus manos se movieron bajo el vestido y le quitaron la ropa interior. Aparentemente no había hecho una mala elección con su ropa.

Pasaron solo segundos antes de que los pantalones de Draco estuviesen en el piso y él comenzara a penetrarla, pero la encimera era algo alta para hacerlo con comodidad, así que él terminó por acostarla por completo en el centro y subirse con ella en el tope de mármol.

Se mantuvo con el vestido puesto, aun cuando Draco se había arrancado su propia camisa. No podía saciar la sed de sus labios hoy, le encantaban las vibraciones que sus ronroneos de placer tan femeninos emitían sobre sus labios. Sus acometidas eran rápidas, pero no brutales, y cuando se apartó por un momento para verla bien en ese vestido, jadeando debajo de él, la observó con cuidado.

Hermione estaba allí, mirándolo con sus ojos color ámbar entrecerrados y algo húmedos en las esquinas. Sus labios estaban entreabiertos para dejar salir suaves gemidos y no podía recordar un momento en el que hubiese lucido más hermosa. Fue en ese instante en el que se dio cuenta de que algo había cambiado. Ésta no era la fantasía que se había imaginado esa primera noche. Esto era algo más. Algo real.

Draco no se había dado cuenta de que se había detenido hasta que Hermione le acarició la mejilla.

—Draco… ¿sucede algo?

Negó con la cabeza lentamente. —No. Yo…

No sabía qué se suponía que debía decir. No había palabras para expresar lo que estaba sintiendo. No podía expresar nada que no fuese a asustarla. Pero ella estaba aquí en su cumpleaños. Lo había escogido por sobre todas las demás personas en su vida. Eso tenía que significar algo.

Draco tomó la mano que estaba sobre su mejilla y la pasó hacia sus labios, dándole a cada dedo un suave beso antes de dirigirse a sus labios de nuevo. Reinició sus embestidas, reposicionando una de las piernas de Hermione haciéndola gemir aún más fuerte.

—¡Draco!

El sonido de su nombre viniendo de sus labios jamás había sonado tan perfecto. Y supo en ese preciso momento que se había metido en graves problemas.

XXX

Después de su pequeño desvío sobre la encimera y otro en una de las sillas, Draco y Hermione finalmente se dispusieron a cocinar. Esta vez, ella estaba usando sólo la camisa de Draco, que él estaba convencido de que le lucía mejor a ella, y él sólo vestía sus boxers y un delantal que habían encontrado en una de las despensas.

Hermione estaba detrás de él, ayudándolo a cortar algunas zanahorias. Cada tantos segundos, los ojos de Draco se deslizaban hacia donde el poollo se estaba cocinando para asegurarse de que no estuviese quemándose. Al final, todo salió perfecto. O por lo menos comestible, pero los estándares de Draco estaban bastante bajos después de su intento anterior.

Mientras estaban sentados en la mesa, Hermione se movió tan cerca como pudo hacia la esquina para poder poner su mano en la rodilla de Draco mientras comían. Astoria jamás había hecho eso durante su matrimonio. Siempre se había sentado al medio metro reglamentario de él. Quizá más, porque eso era lo "adecuado".

—¿Sabes? Cuando me invitaste a cenar, pensé que pediríamos a domicilio—confesó Hermione mientras tomaba un bocado de su arroz, que había salido bastante bien.

—Me imaginé que podría intentar darle uso a los libros de cocina que me hiciste comprar—dijo él—¿Estás decepcionada?

Ella sonrió y dijo, —En lo absoluto. Éste es uno delos mejores cumpleaños que he tenido en mucho tiempo.

Incapaz de controlarse, se acercó y la besó, sin lograr saciarse nunca. Cuando se alejó, ella seguía sonriendo.

—Deberíamos hacer de cocinar un hábito, así podrás aprender a hacerte algo sin quemar tu elegante cocina.

Draco rió—me parece bien.

Hermione bajó su tenedor y colocó sus piernas sobre las de él, acurrucándose en su costado. Draco se acercó y le besó el cabello. —¿Estás listo para llevarme a la cama? —preguntó ella.

—Aún no—dijo él con una sonrisa ladeada.

Tomando su varita de la mesa, le dio una floritura y las velas encantadas instantáneamente subieron, bajando la iluminación a un brillo naranja tenue. Una luz parpadeó en la mesa y, cuando Hermione volvió a mirar, un pastel de forma irregular con cobertura grumosa de chocolate y una única vela se había posado frente a ella.

—Sabe mejor de lo que luce, lo prometo.

Hermione se llevó una de sus manos a la boca, tratando de contener el sollozo de alegría que estaba en peligro de escapársele. —¿Me hiciste un pastel? —preguntó ella.

Draco sonrió y le pasó un brazo por la cintura. —Pues sí.

—¿Cuándo?

—Me fui temprano del trabajo ya que tenía muchas cosas que hacer—se detuvo y la miró de forma expectante—¿No vas a pedir tu deseo?

Hermione asintió. Tomó su cabello hacia atrás y se inclinó hacia el pastel, mirándolo de reojo y guiñándole un ojo antes de soplar la vela.

—¿Eso significa que el deseo tenía que ver conmigo? —preguntó él.

Ella lo miró de forma burlona—Draco, no puedo decirte eso. Son las reglas de los deseos.

Draco blandió de nuevo su varita y las velas se tornaron más brillantes. Un cuchillo grande apareció tras el pastel y él se encargó de cortar dos porciones. No mentía. Sabía mucho mejor de lo que se veía.

Cuando Hermione terminó, lo besó, saboreando el chocolate en su lengua. —¿Ahora sí me llevarás a la cama? —preguntó ella.

Sin responder, Draco hizo una floritura con la varita, enviando todos los platos sucios a la cocina antes de reafirmar su agarre en ella para aparecerse en la habitación. De por sí no tenían demasiada ropa puesta, pero lo que les quedaba se lo quitaron rápido. Draco la lanzó en el centro de la cama e inmediatamente comenzaron a hacer algo ambos ahora reconocían como más que sólo follar, más que sólo sexo, sin llegar a hacer el amor, cosa que él siempre había asumido era el siguiente paso. Sólo que jamás lo había experimentado antes. Sus momentos íntimos con Astoria no eran muy románticos. Con Hermione era diferente, era algo mejor, casi grandioso.

Pero nunca podrían llegar a esos extremos.

Cuando terminaron, Draco se acostó boca arriba mientras Hermione besaba su pecho. Él tomó su mentón y lo llevó hasta sus labios.

—¿Buen cumpleaños? —preguntó él.

Hermione sonrió. —Estuvo bien, aunque el sexo estuvo algo aburrido.

La mandibular de Draco se desencajó.

Hermione soltó una carcajada y le cerró la boca. —No te preocupes, te daré al menos otra oportunidad de redimirte antes de dormir.

Draco entrecerró los ojos y dijo, —No sé dónde estuviste la última hora, pero el sexo que yo tuve fue todo menos aburrido.

—Aww, ¿lastimé tus sentimientos? —ella besó su mejilla antes de acomodarse contra su pecho, y sus ojos se movieron hacia el pequeño obsequio sobre la cómoda.

—No te emociones demasiado—dijo él, obviamente siguiendo su mirada—Era algo que ya había decidido regalarte antes, sólo que lo envolví.

—¿Puedo abrirlo? —preguntó ella.

—Por supuesto. Pero, en serio, no te emociones demasiado.

Hermione ya estaba fuera de la cama envuelta en la sábana y yendo hacia el obsequio. Draco se levantó lentamente y la acompañó, abrazándola desde la espalda mientras ella desataba el moño del regalo. Debió haber imaginado que Hermione no era de las que rompía el papel para abrir los presentes. La caja estaba hecha para deslizarse hacia afuera y alargarse por arte de magia. Ella lo abrió y sacó un cepillo dental morado.

—No te imaginé como alguien que use cepillos color rosa—dijo Draco, dándole un beso en el cuello.

Hermione movió su rostro para poder mirarlo a los ojos y sonrió—¿Es tu manera de decirme que te gusta cuando me quedo a dormir aquí?

Draco le retornó la sonrisa y la besó—Llené la ducha con todos tus productos también, para que no tengas que traerlos contigo cada vez que vengas.

Hermione parpadeó—¿Prestas atención a cuáles productos uso?

—Por supuesto que sí—dijo—Y hay más en la caja.

Sacudió la caja sobre su mano y, ciertamente, algo cayó de su interior. Una llave dorada.

—Draco… ¿es para tu corazón? —se burló ella.

—Obviamente no, pero creo que esto te gustará mucho más.

Sus ojos bajaron y fue en ese momento que ella notó la pequeña cerradura una de las esquinas superiores de su primera gaveta.

—¿Me regalarás una gaveta? —preguntó, sonando absolutamente encantada.

—Sí. Así no tendremos más problemas con tus sostenes.

Hermione soltó un gritito de alegría y abrió su nueva gaveta, ahogando un grito cuando vió lo que había adentro. Metiendo la mano, pudo tomar un relicario de oro de aspecto antiguo, ovalado con un búho grabado en el centro. Lo abrió, y sus ojos se llenaron de lágrimas al ver una foto de sus padres en un lado y una de sus hijos en el otro.

—Victoire me dijo que tenías suficiente joyería, pero cuando vi esto, me recordó mucho a ti.

Hermione asintió, incapaz de hablar por el nudo que tenía en la garganta.

—Ella buscó las fotos por mí. Espero que no te importe.

Hermione negó con la cabeza. —¿Puedes ponérmelo? —dijo ella en un suspiro ahogado.

Draco tomó el relicario y Hermione sostuvo su cabello. Él lo puso alrededor de su cuello y lo aseguró en su sitio. Ella soltó su cabello, miró hacia su relicario y sonrió. Luego suspiró.

—Draco, tenemos un problema.

—¿Qué sucede? —preguntó él, luciendo preocupado.

Hermione se puso frente a frente de él, envolviendo su cuello con sus brazos. Miró fijamente sus ojos plateados y habló, —Creo que estoy enamorándome de ti—con una suave sonrisa, añadió, —Te dije que ese primer beso era una mala idea.

Draco sólo se mantuvo allí, mudo por un momento mientras la veía fijamente. Luego su abrazo se hizo más fuerte. Él se acercó y la besó suavemente, dejando salir un pequeño suspiro mientras apoyaba su frente en la de ella. —¿Crees que estaría haciendo todo esto si no estuviese enamorándome de ti? —dijo él—Demonios, a veces fantaseo con hacer que nuestros hijos terminen para que no tengamos que terminar esto—ambos rieron—¿Es eso terrible?

—Sí—respondió ella, mordiéndose el labio mientras desviaba la mirada—Pero mentiría si te dijera que no he pensado lo mismo.

Ambos rieron de nuevo.

—Somos malas personas—dijo Draco.

—No—respondió ella—Sólo tenemos un pésimo sentido de la oportunidad.

No había mejor forma de plantearlo.

Hermione miró de nuevo su relicario y lo acarició. Éste de verdad ha sido el mejor cumpleaños. En realidad sí me puse algo triste porque Rose no podría pasarlo conmigo ya que ha estado en la escuela los últimos siete cumpleaños, pero esto… realmente fue perfecto. —lo besó—gracias, Draco.

Estuvieron viéndose por un momento, perdidos en los ojos del otro, mientras comenzaba a volverse terriblemente real. Esto iba a tener que terminar. Pero hasta entonces, lo que podían hacer era disfrutar cada momento.

Hermione lo abrazó con fuerza por el cuello y presionó su cuerpo contra el de él. —Sabes que estaba mintiendo antes. El sexo estuvo fantástico.

Draco sonrió con burla—Por supuesto que lo estuvo.

—Pero aún así creo que podría estar mejor. ¿Quieres intentarlo?

—Por supuesto.

Draco y Hermione se besaron, tropezando en el camino hacia la cama cuando sus pies se enredaron con la sábana que ella aún tenía envolviendo su cuerpo. Cayeron al piso pero sus labios permanecieron unidos, inmediatamente olvidándose de la cama cuando ella se subió sobre él, moviéndose rítmicamente mientras él acariciaba cada centímetro de su cuerpo, bajando su cabeza para reclamar sus labios de forma agresiva junto con el resto de su cuerpo.

—Hermione…—susurró él mientras ella continuaba moviéndose en su regazo.

—Quiero que siempre sigamos así.

Algo húmedo cayó sobre su mejilla. Sin siquiera mirar, sabía que era una lágrima. Lo que tenían era real, y era una lástima que algo que se sintiera tan perfecto tuviese que terminar.

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