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~ Fotografías ~


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Taichi

Eternamente niño, eternamente adulto

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Le hago un gesto para que se acerque. Arrastra los pies hasta mí.

—Taichi, relájate.

—¿Estás segura de que no prefieres pedírselo a Mimi? A ella le gusta que le hagan fotos.

—Se lo pediré, pero quiero empezar contigo. Si no lo consigo contigo no funcionará con nadie.

—¿Y tenía que ser aquí?

—Jugábamos en este parque de pequeños.

—Ya. —Frunce el ceño.

—¿Hay algún problema?

—No.

Sé que sí. Esto le trae recuerdos. Más buenos que malos, pero el peor es tan fuerte como para eclipsar los demás. Aquí fue donde me trajo cuando estaba enferma, creyendo que me encontraba mejor y provocando que acabara en el hospital. Mi hermano nunca ha superado aquello, quizá si me ayuda en este lugar pueda empezar a perdonarse. Sería agradable venir de vez en cuando a columpiarnos tomando un helado.

Está pensando en ello, lo sé. Sus ojos miran hacia el suelo, sus cejas se acercan. Saco una foto.

Me lanza una mirada indignada por haberle pillado por sorpresa.

—¿Te acuerdas del día en el que encontramos una rana en esa fuente? —pregunto.

—Sí. —Se echa a reír. La cámara hace un pequeño "clic" cuando pulso el botón—. Te asustaste cuando saltó y te caíste de culo. Me pasé como una hora persiguiéndola para acercártela y que le perdieras el miedo.

—Y lo conseguiste.

Me gusta el contraste de su piel tostada contra la camiseta azul. Acerco el zoom y fotografío el punto donde acaba la manga derecha. Él no se da cuenta. Está absorto en viejos recuerdos. Capturo la arruga de su entrecejo.

Sé que hay mucho más en él de lo que suele aparentar. La gente cree que todo le da igual, que vive para divertirse y que los problemas los supera sin dudar. Yo sé que no. Solo se puede ser valiente si hay miedos que vencer. Y él es la personas más valiente que jamás conoceré. Ahora mismo hay algo que le preocupa más de lo que intenta aparentar. Quiere ayudarme con esto, está asustado porque si me aceptan en el curso pasaré todo el verano en otra ciudad. Aunque me acerque a los dieciocho, para él siempre seré esa pequeña niña enfermiza que necesita su protección.

—Has crecido demasiado rápido.

—Nunca dejaré de crecer, pero eso no cambia nada.

—Algún día te quedarás así de enana, porque te encorvarás, y te saldrán arrugas. —Fotografío su sonrisa traviesa. Finjo indignarme.

—Seguiré creciendo. Mi pelo y mis uñas lo harán, puede que algún michelín llegada cierta edad. Y también se crece mentalmente.

Mira hacia el cielo con nostalgia. Esta va a ser mi foto preferida, con su pelo revuelto por la brisa en ese fondo azul. Y su gesto, que me recuerda lo mucho que ha madurado, aunque por ahí en el fondo sigue estando el mismo Taichi que solo pensaba en correr tras un balón.

Eternamente niño. Eternamente adulto. Siempre llevó demasiado peso sobre sus hombros, por sí mismo eligió liderar a los demás, no poder tener momentos de debilidad. Él fue quien tuvo que crecer antes de tiempo, pero supo guardar un poco de la esencia de la infancia. Esa que hace que todavía juegue por la calle a no pisar las rayas del suelo.

Miro las fotografías y sonrío. Lo he conseguido, tengo lo que buscaba.

Me acerco a él y dejo que me estreche muy fuerte entre sus brazos.

—Hermano, cuando sea mayor quiero ser como tú.