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~ Fotografías ~
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Sora
Fuerte fragilidad
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Siempre me ha parecido precioso su pelo. Un tono anaranjado sobre una piel más oscura que las que suele haber por aquí. Bronceada por las horas al sol, y también por su matiz natural. Es la primera vez que me pregunto qué raíces tendrá, porque está claro que alguna parte de su familia (probablemente su padre) tiene antepasados extranjeros.
Me esfuerzo en sacar una buena fotografía del brillo de su pelo.
Ella me dedica toda la atención que puede mientras el entrenamiento de tenis termina. Yo aprovecho para capturar la perfecta pose de su cuerpo cuando golpea la pelota, la posición de sus rodillas, y la forma en que sus dedos se cierran en torno al mango de la raqueta.
Cuando ha terminado, se acerca a mí, secándose el sudor con una toalla.
—Perdona por hacerte esperar —me dice.
—Tranquila, he empezado ya.
—No me saques muy horrible, por favor. —Ríe, pero veo el gesto nervioso tras ese sonido. Me encargo de que quede reflejado enfocando una gota de sudor que resbala por su sien y desenfocando el resto de la cara.
Dejo que se vaya a cambiar, pero le pido que sigamos en las canchas de tenis. Creo que es el mejor lugar en el que enseñar a Sora, con el campo de fútbol visible a lo lejos.
Quizá es por eso por lo que se lo he pedido a ella después de a Taichi... además de porque sé que me ayudaría en lo que fuera, porque creo que con ella no hay un misterio que desentrañar. Aunque se esfuerce en lo contrario, hace tiempo que comprendí cuáles son sus tropiezos y sus metas. Y quiero ser capaz de reflejar lo que ya conozco antes de buscar más allá.
Se sienta en el banco de hierro y apoya los codos sobre sus piernas.
—No sé cómo posar, dime qué hacer. —Quiere ayudarme, facilitarme el trabajo.
—Solo compórtate como siempre. No poses.
A pesar de mis palabras, veo la tensión en sus hombros. Tardo en darme cuenta de que no es debido a la sesión de fotos, sino que ella siempre está así.
¿Cuánto puede soportar alguien el esforzarse tanto?
—¿Sabes, Sora? Desde que te conocí, me pregunté cómo podías ser tan fuerte.
—¿Eh? —Ha empezado a atardecer, así que el flash la ciega un poco cuando pillo su gesto de absoluta sorpresa.
—Eras capaz de seguirle el ritmo a mi hermano, no te importaba jugar al fútbol con los demás niños y destrozarte las rodillas al caer… —Sus codos siguen apoyados en sus piernas. Me gusta el contraste que hacen, la piel arrugada tiene una fragilidad que se me hace muy Sora, y las musculosas piernas dejan ver todo el trabajo y esfuerzo—. Y, después, fuiste tan fuerte como para decidir hacer cambios, en lugar de seguir con lo de siempre. No cualquiera puede.
—¿De verdad lo ves así?
—Tú deberías verlo así.
Mira hacia el suelo. Sus pestañas dejan una sombra preciosa en sus mejillas.
—¿Qué más ves en mí, Hikari?
—Que eres como una figura de cristal. Delicada, dura, pero a la vez fácil de resquebrajarse.
Entreabre los labios. En la fotografía casi puede sentirse el aliento que se le ha escapado.
Después me dedica una mirada que conozco bien, que he visto desde que la conocí, no solo para mí sino para todos los demás. Maternal. Preocupada por nosotros, orgullosa por igual.
La tengo. A la Sora que nunca dejará de ser insegura pero que, justamente por ello, puede ser la persona más fuerte del mundo. Y la más preocupada por los demás.
—Qué mayor has sido siempre, Hikari.
Me da un abrazo cuando le digo que la sesión ha terminado. Casi puedo notar las fisuras que tiene y, también, esa fuerza con la que podría sostener el mundo entero para que todos estuviésemos bien.
