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~ Fotografías ~
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Koushiro
El pensador
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Casi me río. Esto es como uno esos documentales de animales… estoy captando al espécimen en su hábitat natural. Veo cómo se relaciona con su entorno, se aísla de otros que no son exactamente de su especie.
Todas las personas del mundo son únicas. Justamente por eso, se podría decir que nadie lo es. Pero, te rijas por el sistema que te rijas, está claro que Koushiro siempre rompe alguno de esos esquemas que tanto le gustan hacer.
Empezando por tener el pelo del rojo más llamativo que he visto nunca. Destaca aún más en contraste con la pantalla negra de su ordenador, en la que solo hay algunos caracteres en blanco.
—¿Importa si salen algunas de las cosas de tu pantalla? —Con mi pregunta, parece regresar de golpe a la Tierra.
—Eh… no, tranquila. Solo es un programa muy sencillo, una tarea para una asignatura.
—Perfecto, gracias.
No creo que haya escuchado mi respuesta.
Ojalá en las fotografías se pudiera reflejar el ritmo al que teclea. Se pudiera entender la velocidad a la que va, la naturalidad con la que sus manos se deslizan por el teclado y dejan en la pantalla dígitos o letras en conjuntos que yo no entiendo pero él lee con la misma facilidad que cualquier otra cosa.
Quizá sí que puedo.
Saco mi teléfono y pongo en marcha un cronómetro, lo dejo apoyado en la mesa junto a Kou. Enfoco los caracteres blancos que van apareciendo en la pantalla en una foto, en otra el contador que pasa a toda velocidad, en otra los dedos de Koushiro aplastando suavemente cada tecla. Y vuelta a empezar.
Lo siguiente que fotografío son sus cejas. Las más expresivas que probablemente veré nunca, concentradas y cómodas al mismo tiempo.
Después me arrodillo en el suelo, de este despacho que siempre tiene impoluto, y capturo esos tobillos delgados y entrelazados.
Cuando me incorporo, me doy cuenta de que el traqueteo del teclado ha parado y Kou me mira con curiosidad.
—Perdona —dice, rascándose un punto bajo la oreja, lo que no se escapa a mi rápida cámara—, es que tenía que terminar esto. ¿Quieres que me siente en el sofá y mire al objetivo o algo así?
—Para nada, está siendo perfecto.
—El arte me parece de lo más curioso, ¿sabes? —Me encanta. Cuando reflexiona en voz alta, todo su cuerpo cambia a una postura que no podría describir con palabras, lo bueno es que esto es una sesión fotográfica—. No tiene lógica. Algunos se la buscan, ponen reglas o encuentran cosas en común de acuerdo a los periodos o culturas… Pero no sirve. Un cuadro para mí puede no ser nada, a otra persona hacerla llorar y a otra más hacerla sonreír. Por eso creo que yo no serviría para nada de eso. Me muevo mucho más cómodo buscando cosas que sean solo certezas. Sentir se me da mal.
A mí no me engaña. Sí, quiere entender toda la lógica de este mundo… Pero también anhela que haya otros. Con lógicas nuevas. Que la búsqueda no se agote nunca.
—No es tan distinto a lo que hacen los artistas, ¿sabes? —Inclina la cabeza ligeramente hacia la izquierda, en gesto curioso. Perfecto para mi colección de él.
—¿A qué te refieres?
—Que haces lo mismo que los artistas. Buscar.
—Interesante… ¿Crees que todas las personas buscan? ¿Que el mundo, al final, se reduce a eso?
—Creo que el mundo no se puede reducir a nada. Nunca. Y que algunos no se dedican a buscar, sino a encontrar.
—¿De cuáles eres tú?
—De ninguno —respondo, sonriendo.
Lo veo por un momento. En esas pupilas que se confunden con sus oscuros irises, pero que mi buena cámara consigue mostrar. La satisfacción de una nueva reflexión, de una pensamiento que nunca había pasado por la cabeza. Y todos los tropiezos por los que ha pasado para ser la persona madura que es hoy día.
—Deberíamos hablar más a menudo —me dice, antes de que me marche.
—Cuando quieras.
Está bien enseñarle a ese chico genio que suele encerrarse que compartir pensamientos a veces es más satisfactorio que crearlos solo. Nunca pensé que yo podía enseñarle algo a Koushiro.
