.
~ Fotografías ~
.
Jou
Trabajo y ejemplo
.
Por suerte, mi cámara apenas hace ruido. Un suave "clic" de vez en cuando, al hacer una foto, pero nada más. Jou está tan ocupado como siempre y ha accedido a que hagamos la sesión, pero aprovechando mientras el tiempo para seguir estudiando.
La biblioteca de la Facultad de Medicina es inmensa, aunque supongo que todas lo serán. Es mi primer contacto con una biblioteca universitaria.
Reina un silencio agradable, que solo se rompe con el sonido de hojas pasando, pasos retumbando y gente que se remueve en sus asientos. Es una sintonía perfecta para Jou.
Me encargo de que quede plasmada: muestro el tic de su pierna (cruzada sobre la otra) en tres fotografías; saco una al techo que tiene decoraciones de metal y reflejan aquí y allá a los atareados estudiantes; las manos de Jou sosteniendo, con aire experto, un libro más grueso que mi cabeza.
Después de conseguir lo que quiero del ambiente, me centro en él.
Sus gafas lanzan destellos. Sigue con sus apuntes, pero tiene la barbilla hacia arriba, para dejarme buen ángulo, y solo baja los ojos a los papeles. Sus cristales no consiguen esconder las profundas ojeras que ya parecen parte de su cara.
Es el rostro del cansancio.
—¿Puedo interrumpirte un momento? —pregunto, en un susurro.
—Claro, dime. —Sé que de veras quiere ayudarme. Sino no levantaría siquiera los ojos de sus apuntes.
—¿Cómo has conseguido ser tan responsable?
Parpadea un momento, con el amago de una sonrisa. Se quita las gafas y las limpia. Me aseguro de fotografíar ese gesto, y también su recta nariz ahora que está despejada.
—Nunca me habían preguntado algo así. Se suele dar por sentado de que es algo que viene con nosotros o no.
—Lo que somos suele ser algo que elegimos, de alguna manera.
—Eso es cierto… —Se remoja los labios antes de seguir hablando. ¿Está pensando demasiado lo que responder? Quizá quiere asegurarse de ser un buen ejemplo—. Verás, desde pequeño he encontrado miles de cosas que no se me dan bien. Pero hay una que se me da genial: comprometerme, trabajar.
—¿Por qué es tan importante ser bueno en algo?
—Esa es la pregunta de alguien que no sabe lo que se siente siendo malo en todo. —No lo dice con amargura, sino al contrario. Sus ojos se arrugan ligeramente cuando sonríe, qué gran detalle para guardar—. Todos queremos que los demás se sientan orgullosos de nosotros. Honrar a nuestra familia, ser dignos de los que nos rodean… Y, por suerte, descubrí que de veras me gustaba ese futuro que parecía que mi padre me había impuesto. Quiero ser médico porque se me da bien trabajar hasta el cansancio, querer ser útil para los demás.
Con sus palabras, queda claro por qué siempre está tan agotado.
Me vuelve a sonreír antes de sacar otro gran manual de medicina. Mientras lo hojea, se le escapa un bostezo. El puente de la nariz tiene una pequeña arruga que me apresuro a capturar.
—Jou, puede que no te importe, o que no necesites que te lo diga… Pero me siento muy orgullosa de ti. Todos tus amigos se sienten así.
—Lo sé, y voy a ser digno de que os sintáis orgullosos.
Hay agradecimiento en sus ojos, antes de que baje la cabeza. Es ahí cuando sé que lo he captado de verdad, a su oscura coronilla con la primera cana asomándose tímidamente. Ahí está la clave de Jou. Da igual cuántos logros consiga, nunca terminará su trabajo, porque siempre querrá merecer haber llegado hasta allí.
Qué gran ejemplo.
