.


~ Fotografías ~


.

Mimi

Sencillez

.

Le he dejado a ella elegir el lugar. Sentía que era algo importante, que también diría cosas sobre qué puedo encontrarme en esta sesión. Ha escogido un centro comercial, el más grande, lleno de tiendas, colores y luces.

Y eso me dice algo muy significativo. Ha elegido lo de fuera, no lo de dentro.

—¡Venga, Hikari! Ahí hay una fuente preciosa, seguro que me sacas guapa.

La sigo obedientemente, aunque le hago las primeras fotos a traición. El pelo se le ha movido hacia un lado, dejándome una visión muy buena de uno de sus hombros desnudos. Con una piel pálida impoluta. Cuando se da la vuelta, aprovecho para hacer una foto de su ombligo. Si lo lleva al aire está claro que no le importa mostrarlo.

Ya tengo lo que quiere enseñar ella, la fotografío preciosa con la fuente al fondo. Ahora quiero buscar más allá. Me siento una detective por un momento.

Las puntas de su pelo está muy cuidadas. Pero ese color no es el suyo, las cejas la delatan. Primer punto para mí, encontrando lo que hay debajo. ¿Será parte de lo que se está esforzando en no mostrar? ¿Es consciente de que lo hace?

—¿Te puedo hacer una pregunta?

—¡Claro! —También le gusta hablar de sí misma. Vamos a ver hasta qué punto.

—¿A qué le tienes más miedo en el mundo?

El primer rastro de vulnerabilidad aparece. Y es algo muy especial.

De perfil, su labio superior es ligeramente más sobresaliente que el inferior. No sé si alguno lo consideraría un defecto, para mí es una gran marca de identidad. Después la desenfoco para que su silueta solo sea un revoltijo de colores. Ahora toca ordenarlos.

—¿Tiene que ser algo tipo… las arañas o algo así?

—Debería ser lo primero que te ha venido a la cabeza —respondo. Le doy una sonrisa por encima de mi cámara, intentando que se relaje. Funciona.

—Me da… doy. —Se muerde el labio inferior, un gesto muy expresivo—. Me doy miedo. A veces. Solo un poco.

—¿Por qué?

—No lo sé.

Yo sí. Teme ser como no quiere ser. Teme descubrir que es justamente lo que no le gustaría ser. Me pongo a su lado, mirando a la multitud de personas que entran y salen de las tiendas. No me resisto a capturar a la Mimi seria, pocas veces pasa.

—Preocuparte, preguntarte cómo eres… hace que seas maravillosa. ¿Lo sabías? No cualquiera tiene la capacidad de hacer eso.

Y ella, como siempre, es fácil de contentar. Probablemente es lo más especial que tiene. Esa inocencia con la que acepta lo bueno y echa a patadas lo malo del mundo. Si más personas fueran así, habría menos estrés, menos exigencia, más disfrute.

Esta fotografía es la mejor de esta sesión. Quizá es por el ángulo, no lo sé, pero veo a la Mimi de diez años que fue capaz de demostrar que las lágrimas no son signo de debilidad. Que hace lo complejo sencillo. Es una de esas fotos irrepetibles, con la sonrisa más inocente de mundo.

Me planta un sonoro beso en la mejilla y la invito a un batido de frutas. Se lo ha ganado.