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~ Fotografías ~


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Miyako

Real

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Pensaba, equivocadamente, que esta iba a ser una de las sesiones más sencillas. Y resulta que no.

Estoy ante la primera persona que no quiere colaborar. Y no sé por qué.

Decido centrarme primero en sus rasgos, antes de profundizar en lo que dicen por dentro. Un largo mechón de pelo liso se le ha escapado del pañuelo que sostiene su pelo hacia atrás. Es tan largo y recto como su propio cuerpo, Miyako es una persona cuya fisonomía está representada en su cabello. Queda inmortalizado cuando se levanta de la banqueta para buscar algo que un cliente le ha pedido.

Tan alta, con unas piernas tan largas, con unos grandes ojos tras unas grandes gafas. Extravagante, en forma de vestir y en forma de ser.

Qué persona tan llamativa y especial.

—¿Bueno, qué, te queda mucho? —Es una queja, porque estoy mirando las fotos que ya he hecho desde hace un par de minutos. Quiere mi atención.

—Un poquito —digo, sonriéndole—. Pero tú sigue atendiendo la tienda, yo te seguiré.

Se encoge de hombros, como si le diera igual. A mí no me engaña.

Desde que hemos empezado, no ha parado de moverse. Incluso en los ratos en que está sentada, no para quieta. Sé que es una persona muy enérgica, sin embargo, también sé que no se comporta así normalmente.

Hora de adentrarse un poquito.

—Miya… sabes que sé que te pasa algo, ¿verdad?

—Pues si lo sabes podrías haber preguntado —replica, aunque al instante pone gesto de arrepentimiento por el tono en el que me ha hablado. Yo saco una muy buena imagen del momento—. Es que… Kari, perdón.

—¿Qué pasa?

—No quiero que te den la beca.

Querría decir que estoy sorprendida, pero no es así. Esconde la cara en las manos y después me mira por entre sus dedos. Buen momento para guardar.

—¿Por algo en particular? —pregunto, casi con diversión.

—Lo siento, lo siento… Es que no quiero que te vayas todo el verano. Es decir… A ver están todos los demás, ya lo sé, pero suelen estar más ocupados que tú, que sigues en el instituto. Y pensaba que me ibas a acompañar a comprar la ropa para mi primer día de universidad, y me ayudarías a decidir si hacerme algo en el pelo…

—Para eso ayudaría más Mimi —digo, mientras mi cámara no pierde detalle de la forma en que Miyako mueve el cuerpo entero al hablar atropelladamente.

—Ya, ya, pero ella ya ha pasado por esto, y Sora… Tú eres como yo, novata en eso, y pensaba que me ayudarías. Además eres quien siempre está más pendiente de mí. Y encima, si te vas, me voy a aburrir cuando el resto estén ocupados.

—Takeru, Daisuke y…

—Sí, están los chicos, pero no quiero ser la única chica.

De alguna manera, consigo que en dos imágenes quede plasmado su suspiro.

—Miya…

—¡Ya! Sé que es una buena oportunidad, no estoy diciendo que no lo hagas. Es solo que en el fondo me gustaría que no lo consiguieras. Y me siento súper egoísta y súper mal…

Se le escapa una lágrima, que mi cámara captura, antes de que la deje sobre el mostrador y me estire para abrazar a Miyako.

—Nada en ese curso en otra ciudad va a hacer que deje de estar pendiente de ti, ¿sabes? Y vendré un par de fines de semana, así que podemos pasarlos en todas las tiendas que necesites para elegir tu ropa. ¡Y si no me mandas fotos! —Ella se ríe, aún llorosa.

—¿Sabes que alguna vez he pensado que me gustaría ser la única chica? Cuando estamos los más pequeños, quiero decir. Que estén más pendientes de mí y que no te salga siempre a ti todo mejor que a mí… Y ahora resulta que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque a veces se cumple y al final quieres todo lo contrario.

—Vas a pasar un verano genial, con todos, porque tú haces que todo el mundo se divierta. Y cuando vuelva me contarás un montón de anécdotas y yo tendré envidia.

—¿Tú, envidia? No me hagas reír.

Pero se ríe y se pasa el dorso de la mano por las mejillas, para secarlas. La foto estrella de esta sesión.

Miyako solo quiere un poco de atención, por eso se queja y es escandalosa. Solo quiere quererse a sí misma un poco más, por eso a veces tiene celos de los demás. Miyako es una persona muy real.

—Gracias por ser mi amiga, Miya, mi vida sería muy aburrida sin ti.

Se echa a llorar escandalosamente, esta vez de emoción, y me hace reír.