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~ Fotografías ~


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Yamato

Intensidad

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Sabía lo que iba a encontrar, pero eso no lo hace menos sorprendente. Ahí está, el rastro de la pérdida, de la soledad. En todo él, en toda la esencia que despide.

Veo a Yamato fingir que no estoy, mientras afina su bajo en la pequeña sala de ensayo. Acerco el zoom a las yemas llenas de callos de sus dedos. Es un claro ejemplo del sacrificio que pueden suponer las cosas que nos gustan. Esperaba encontrar un montón de rasgos afilados, es la impresión que da a primera vista, pero me sorprendo al hallar muchas redondeces en los ojos casi gatunos y en los finos labios.

Él está, como siempre, haciendo ver que nada le importa. Independiente, solitario… Y eso solo trata de esconder cómo se siente de verdad. Los que lo conocemos algo más allá de esa fachada, sabemos lo que sufrió y sabemos lo que sintió, pero… ¿sabemos cómo está ahora? ¿Si ya está perdonando? ¿Si está satisfecho con lo que hace?

—¿Cómo te sientes? —Yamato parece extrañado por mi pregunta.

—Algo hambriento.

—No, no hablo de eso. ¿Cómo te sientes con tu vida en general? Estamos acostumbrados a que cuentes tan poco que creo que olvidamos preguntar e insistir.

Yamato me mira fijamente un instante. Capturo esos irises de un azul intenso, de un cielo en día de borrasca, capaces de transmitir mucho de lo que él calla. Que enseñan que, a pesar de que trate de mostrar lo contrario, él siente con más fuerza que la mayoría.

—¿Sabes por qué acepté esto de las fotos? —me pregunta, en lugar de responder.

—¿Porque mi hermano te amenazó y Takeru te sobornó?

—No. Aunque sí que lo han hecho, ambos. —Arquea la ceja y me apresuro a dejarlo inmortalizado. Sarcástico y vacilón, como solo lo es con quienes tiene verdadera confianza. Especialmente si de nuestros hermanos se trata—. Mi nariz ha estado en peligro y tengo la promesa de Takeru de que me cubrirá en las próximas dos cosas a las que no quiera ir.

—¿Entonces por qué?

—Porque tú me lo pediste. —Levanto la cabeza, por un momento, de la cámara, y lo miro sorprendida—. Nunca me habías pedido nada, al menos nada tan personal, tan para ti. Nunca pides cosas para ti.

Compartimos una sonrisa. Parece que no soy la única que está aprendiendo a ver más allá.

—Sabes que eso no responde a mi pregunta, ¿verdad?

—No creo que necesites que te responda. —Pillo a Yamato con el rastro de la sonrisa. Las mejillas un poco estiradas, los ojos algo entrecerrados y los labios escondiendo el gesto alegre. Pero se nota. Ahí, en las comisuras.

Empieza a estar satisfecho. Y esa certeza me da una extraña paz. No será fácil, probablemente sea una de las personas a las que más le cueste olvidar, pero justamente por eso esta sensación es tan valiosa. Poder mostrar su pasión por la música, las pérdidas que ha sufrido y cómo empieza a entender que todo ello le forma como persona.

Apasionado, así es él. Sufre, ama, lucha y cae con la misma pasión.

—Gracias —le digo, al acabar.

—No tienes que…

—No, Yama, no te las doy por la sesión. —Es la primera vez que yo lo llamo por ese apodo—. Sino por haberme dejado verte de verdad. Sé que no se lo permites a cualquiera.

—¿Has conseguido lo que querías?

—Tengo mucho más. Un nuevo sentido para llamarte amigo.