HeloU~ Segundo cap!.
Recuerden: Naruto y sus personajes no me pertenece. Yo sólo tomé prestados algunos para escribir esta historia. Apoyen al creador. Saludines! :*
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Detuvo el coche al ver que la luz roja del semáforo aparecía y dejó que sus ojos contemplaran la capa blanca que la nieve formaba sobre las casas de aquella zona. Sin embargo, algo más llamó su atención. Era la misma mujer de cabellera exótica y desordenada de la que su amigo se había quejado toda la tarde. La vió caminar hasta un cercado de madera, que luego levantó para perderse detrás.
Más guiado por la curiosidad que otra cosa estacionó el auto y la siguió.
No tardó mucho en encontrarla.
Sus ojos se abrieron con sorpresa al verla arrodillada en el suelo frente a una camada de gatitos, con una caja como único abrigo.
La vió sacar de una bolsa dos vasos de cartón llenos de lo que parecía leche, con la que alimentó a los mininos.
-Piensa quedarse espiándome así todo el rato?
La voz suave y madura de la mujer le provocaron escalosfrios y tartamudear un poco, cosa que casi nunca le pasaba- L-lo siento. No pretendía seguirl...-la mujer lo interrumpió.
-Ya sé tus verdaderas intenciones.- frunció el ceño.
-Ah, si?
-Es obvio que vino aquí porque también descubrió a los pequeños.- parpadeó un poco y asintió.
-Si ,tiene razón. Aunque no sabría que hacer por ellos.- la peli-rosada rió un poco, removiendo algo en su interior.
-Acérquese.- Hizo lo que le pidió y caminó hacia a ella, a paso un tanto inseguro. Cuando llegó hasta ella se conmovió al ver a los pequeños amontonados alrededor de un plato de plástico. Sin embargo no tuvo tiempo de pensar en nada más ya que un par de manos frías tomaron las suyas, obligándole a sostener un vaso descartable de café. El calor que atravesó sus guantes y el aroma, le hicieron mirar. La leche tibia emitía una humareda de baho hacia arriba.- La gente suele despreciar a los animales sin hogar, culpandolos de cosas que quizás nunca han hecho.- Observó a los pequeños acercarse a él y maullar pidiendo por alimento- pero ellos no guardan rencores ni juzgan por lo que vistes o haces.- Sus ojos se enfocaron en la mano de la mujer que se acercaba hasta el cuenco y humedecía uno de sus dedos- No importa quien seas. Si les das algo, ellos lo aceptaran sin quejas.- musitó, para después dejar que uno de los pequeños lo lamiera. Una pequeña carcajada escapó de sus labios y fue por primera vez en ese momento, que Sasuke levantó la mirada y observó a la mujer frente a él. Sus ojos se agrandaron al ver su expresión. Allí, bajo una nevada y el frío calante, tenía a su lado a una joven de mejillas sonrosadas, nariz colorada y una de las sonrisas más cálidas que nunca había visto.
Un par de exóticos mechones rosados se escapaban de su coleta y los anteojos le daban una apariencia llena de inocencia.
-Ya para!
Sus risas le atravezaban en pequeñas descargas eléctricas, haciendole sentir de forma especial. Como si ella tuviera algo muy bueno para darle, aunque no estaba seguro de el que.
-Oye...- enfocó la vista , volviendo a la realidad, y algo más lo embelesó.- Te encuentras bien?- sus ojos verdes lo hipnotizaron pero al darse cuenta de que hacía el tonto, asintió desviando la mirada a la camada de gatitos que ya se acercaban a él en busca de más leche.
-Oigan...no. - mientras él intentaba no verse arrasado por los mininos, la peli-rosada lo estudiaba.
De un momento a otro, se le había secado la boca y su corazón había empezado a latir desbocado.
¿Qué le pasaba?
Un sonrojo cubrió sus mejillas que , a pesar del frío, se sentían calientes.
Él la miraba de reojo cada tanto.
Sus manos que se veían frágiles a su parecer, empezaron a acomodar una manta dentro de una caja de cartón, con periódicos dentro.
-Sabías que el papel es mejor para retener el calor?- Sus orbes oscuras la escrutaron, pero ella no levantaba la vista.
-Tienen suerte.
-Eh?
-Me refiero a que tienen suerte de que tú los hayas encontrado- dejó de acomodar las cosas y enfrentó su mirada. La oji-jade titubeó pero no se silenció.
-Gracias.- observó a los pequeños mininos acomodados en la caja como si supieran que les pertenecía. Sonrió.
Él se incorporó y sin dejar de perder el tiempo tomo una de sus manos, y tirando de ella, la arrastró hasta su coche.- Q- qué haces?- No respondió y poco después tomó sus manos entre las suyas, sintiendo una pequeña corriente de energía. Pasó de ella y friccionó sus manos, tratando de darle calor.
Sakura se sonrojó visiblemente al sentir sus manos entre las de él. Incluso se quedó hipnotizada por lo grande y áspero de ellas. Aunque no pudo hacer más porque fue empujada al interior del auto tras abrirse la puerta. Poco después, él la acompañaba, encendiendo la calefacción.- Pero ¿qué rayos te pasa?- Sasuke la miró con sorpresa por su reacción. Sin embargo, no se quedó atrás.
-En realidad, esperaba más un "gracias"- musitó frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.
-Lo haría si supiera porque tiraste de mi con tanto ímpetu?¡
-Lo hice porque te congelabas, cabezota!- Sakura sólo calló y desvió la mirada, con las mejillas empezando a arderle. Sasuke suspiró y apoyó una mano sobre el volante, mirando por la ventana antes de oír un carraspeo.- Yo..lo siento. Con las cosas que pasan estos días.. qui hicieras eso me asustó.- la miró con calma, pero sus ojos expresaron sorpresa al ver su expresión advergonzada y sus mejillas sonrojadas. De alguna manera, empezó a sentirse extraño.- ...gracias.- Sakura sonrió con sinceridad y Sasuke se sintió atravezado por un rayo. Automáticamente, desvió la mirada y se cubrió la boca con las manos. La joven peli-rosada frunció el ceño y apoyó una mano sobre su hombro.- Estás bien? Tienes ganas de vomitar?- Él negó con la cabeza y apartó su mano con lentitud.
Por unos momentos, el silencio invadió el interior del coche antes de que ella lo rompiera.
-Mis manos ya entraron en calor -sonrió- Ya es momento de irme. Gracias.- Abrió la puerta y pensando un poco, lo miró- Oye...-
-Qué pasa?
-Crees que pueda ..saber tu nombre? - Ella parecía tan inocente que fue incapaz de negarse.
-Sasuke.
-Gracias por todo ,Sasuke.
Después de eso la vió correr hacia la dirección contraria hasta perderla de vista. Suspiró con pesadez y empezando a arrancar el coche, las palabras de su amigo volvieron a su mente, haciéndole fruncir el ceño.
-Después de todo no tuve tiempo de fijarme en su apariencia física...- musitó manera vaga, para después desaparecer del lugar.
