Capítulo 2. Amistad
Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano.
Demetrio de Falero (350 AC-280 AC)
Todos aplaudieron mientras los novios salían del registro civil. Yuuri llevaba un smoking blanco así como Víctor. Ambos en concordancia, tomados de la mano. Phichit se encargó de tomar cada una de las fotos de la pareja, esta vez con una cámara profesional, llevaba un traje oscuro y junto con Otabek, Mila y Yuri habían sido quienes firmaran de testigos todos a juego, entre los que resaltaba Mila con su vestido azul cielo, Yuri había declarado que no usara el negro y a petición de la dama él tuvo que llevar una camisa del mismo tono. Denotando la pareja que hacían.
Todo era demasiado maravilloso. O al menos así parecía a simple vista.
No todos los días se casaban dos estrellas del patinaje, por lo que los medios de comunicación les habían seguido al registro civil, en la recepción por ser algo más privado solo se encontraban aquellos allegados a la feliz pareja.
Durante la recepción los que más se evidenciaban entre los invitados eran JJ e Isabella, junto con su pequeño Jean Pierre de tan solo cuatro meses. Sala estaba junto con Georgie y Aleksandra rodeando a Mila y por ende haciéndole muchas preguntas, por lo que Yuri pudo estar unos minutos en paz en compañía de su mejor amigo Otabek.
— Yuri ¡tanto tiempo sin verte! — Una voz conocida le hizo girar. A decir verdad hacia algún tiempo que tenía muy poco contacto con Yuko, la única chica que se había acercado a él de una forma discreta y hasta podría quizás en algún momento considerarla una amiga.
— Oha
— Por
— Dios
Si no tuviera trillizas tan escandalosas.
— ¡ES OTABEK ALTIN! — gritaron las pequeñas, que ya eran un poco más altas desde la última vez que las observo en persona.
Yuri chasqueo la lengua mientras observaba como Yuko ponía en paz a sus hijas y llamaba a su marido para hacerse cargo. Le era curioso, la realidad era y siempre había sido que él solo conocía a dos mujeres que eran madres: Yuko y la madre de Yuuri. El pensar en el japonés le hizo sentir un dolor en el corazón por lo que se enfocó en la mujer frente a ellos.
— Disculpen eso, es que mis hijas son fanáticas del patinaje.
Observo de reojo como Otabek solo asentía con la cabeza.
— Olvídalo… solo son demasiado escandalosas.
— Así son los niños Yuri… lo sabrás cuando tengas los tuyos. — declaro la mujer. Esta afirmación le hizo sentirse un poco nervioso, ahora mismo recordaba que tenía una charla pendiente con su amigo. Pero Yuko no ayudaba estando en el lugar. — Me entere de tu cambio… Yuuri mencionó que a final de temporada tomaras un descanso y después quizás te dediques al patinaje en parejas.
Sin quererlo evitar Yuri pego con su puño en la mesa. Menos mal que solo los que estaban ahí dieron un saltito ante esto, ya que Jean Pierre había elegido ese instante para despertar y pedir atención, digno hijo de Leroy.
Sintió la mirada de Yuko y Otabek sobre él, francamente aun le era insoportable tener "ese" tipo de atención sobre su persona, no quería ni tenia porque dar explicaciones.
— Creo que harás un excelente papel en la división de parejas. ¿Con quién competirás?
Como siempre el kazajo entendía a Yuri, le observo con agradecimiento antes de hablar.
— Con Mila…
— ¿Mila Babichova? No tenía ni idea que ella también se cambiaría de división. Luxt la ama, tiene varios posters en su habitación; estará encantada con esta noticia. ¡Oh! Y harán tan linda pareja. — declaro de inmediato Yuko emocionada. Sin darse cuenta que Otabek se había quedado algo desconcertado, Yuri observo a su amigo sin entenderle de todo.
Justo en ese instante la madre de Yuuri llego para llevarse a Yuko, ya que necesitaba de su ayuda.
Yuri soltó un bufido bajo tratando de llamar la atención de Otabek, este le observo en silencio.
— ¿Cuál es el problema? — preguntó directamente, era extraño, desde hacía dos años que eran amigos, la cercanía de ellos había crecido al punto en que podían considerarse hermanos. Podían entenderse a la perfección y si Yuri no hubiera estado enamorado todo ese tiempo quizás hubieran intimado en algo no amistoso, pero justo en ese instante era como si Otabek se hubiera alejado de él. Como si un muro se instalara entre ambos.
—… — el kazajo no hablo de inmediato, de hecho se tomó su tiempo observando todo alrededor, al parecer estaba buscando las palabras correctas para esta conversación. Una vez que las encontró observo a Yuri a los ojos — ¿Están saliendo?
—Yuri… bailemos…— la voz de Mila interrumpió aquella conversación. Yuri pudo apenas observar un pequeño sonrojo en las mejillas del Kazajo al observar a la pelirroja y lo supo, porque él era su amigo, porque ella era o seria la madre de su hijo y porque jamás se esperó que todo esto terminaría así.
Nuevamente la vida le estaba restregando que no podía tener todo. Pero era de una forma avasalladora y prepotente. Su mejor amigo estaba enamorado de su… ¿Novia?
Yuri se incorporó observando desde ahí a Otabek con una mirada que el kazajo no pudo identificar. ¿Culpa? ¿Dolor? ¿Soledad? Fueron apenas unos segundos antes de que el joven tomara la mano de la pelirroja al instante en que pronunciaba un simple "si".
Ya fuera en respuesta a la pregunta de su amigo o a la pregunta de Mila.
El rubio tomo la mano de la dama frente a él mientras que su otra mano se posaba en su talle. Los pasos eran sencillos, un vals. Los ojos claros de Milla le observaron, mientras que esta le sonreía.
— ¿Qué es lo que te molesta Yuri?
Le observo, aquellos días ambos habían llegado a la conclusión de que lo mejor era comenzar a ser sinceros el uno con el otro, y sin embrago aquel tema sentía que no podía tocarlo.
— Deberíamos irnos a casa si tan mal te sientes. — sí, era evidente que ella estaba preocupada. — En primer lugar, no debimos aceptar ser los testigos. — una sonrisa se posó en sus labios ante el soliloquio de la pelirroja. — Pero ¡claro que no podíamos negarnos! Hasta Yakov pensó que sería lo más adecuado. — de verdad parecía una chiflada hablando con él y sin dejarle contestar. Le dio una vuelta y siguió danzando. — Sé que es complicado para ti…— por fin nuevamente observó aquellos cielos, notando como se habían llenado de lágrimas. — Lo siento… lo siento…— soltó la mano de Mila para atraerla hacia él en un abrazo, aun moviéndose como si bailaran, el rostro de la pelirroja siendo cubierto por el hombro ajeno. Ocultando las lágrimas ajenas.
— Tsk… tus hormonas están locas, ya hablamos de esto… y-yo… — soltó un suspiro abrazándola un poco más fuerte. ¿Eran amigos cierto? — voy a cuidarte Mila… aunque seas una bruja hormonal. — termino la frase cursi con un poco de sarcasmo, con lo cual gano un golpe de la mujer, pero también una sonrisa de esta que noto cuando se alejó un poco de él. — Has arruinado tu maquillaje.
— ¡Cállate bobo! — dijo sin más tratando de limpiarse inútilmente por lo que simplemente beso la mejilla ajena antes de ir al tocador. Yuri la observó marcharse, para después dirigirse a donde se había quedado Otabek. Debía aclarar las cosas con él. Ni siquiera noto la mirada de uno de los novios sobre él.
— Lo siento. — Otabek tenía los ojos cerrados, aun sentado en aquella silla. Sin embargo en cuanto Yuri pronunció estas palabras se incorporó y le observo de reojo.
— ¿Por qué?
— Le quieres ¿cierto?
—… — el kazajo no hablo y para Yuri no hacía falta, lo sabía. Sin embargo jamás quiso lastimar así a su amigo, el único que tenia de verdad. Sin embargo dejar a Mila no era admisible.
— Voy a casarme con Mila… Vamos a tener un hijo.
Y ahí estaba su sentencia a muerte social. Seguramente el kazajo se marcharía y no volverían a hablar, o incluso lo golpearía. Notó como se tensaba y la fuerza que estaba en sus manos hechas puño. Pero no había remedio alguno.
Sin embargo lo único que paso fue que asintió con la cabeza y salió del lugar. Yuri trato de seguirlo, de decirle toda la verdad y sin embargo, no pudo. Sus piernas no se movieron pese a que el único amigo que había tenido en la vida se había marchado, posiblemente para siempre.
La música sonaba mientras se deslizaba con maestría en el hielo. Ani Lorak era la intérprete del tema que ahora mismo estaba patinando. El tema de este año para él serían los cambios. Lo había elegido aquella noche cuando vio todo perdido, no era muy común en él elegir este tipo de música, sin embargo había ciertas partes de la letra con la que se sentía bastante identificado.
Se preparo para un salto lográndolo con maestría. Había puesto mayor empeño en esta rutina puesto que con ella se despediría del cerdo para siempre, sin embargo en ese mismo instante no sabía si patinaba para Katsuki, para Altin o simplemente para sí mismo.
Pasaron dos meses desde la boda de "ellos dos" pero lo importante era que no había sabido nada de Otabek más que lo publicado en redes sociales y los medios de comunicación. El contacto entre ellos había desaparecido y se sentía más solo que de costumbre. Mila pronto cumpliría los cuatro meses de embarazo y definitivamente ya no podía patinar. Por lo que le tocaba a él, su marido lidiar con los ataques hormonales de la rusa.
Era un caos.
Yuri jamás había sido paciente, les había costado horrores acostumbrarse a vivir juntos, más aun cuando se casaron; pero contra todo pronóstico lo lograron, sin embargo y pese a todo su relación aun no llegaba un punto en el que pudieran considerarse un matrimonio normal.
Quería a la rusa sí, pero así mismo lo desesperaba terriblemente. Tenía que recordarse una y otra vez que sería madre y por eso era tan insoportable, aunque Mila a veces bromeaba con que él que parecía embrazado era él. ¡Mierda de vida!
Todo esto no hubiera tenido mucha importancia si al menos pudiera hablar con Otabek, pero nada. Y hacer amigos no era su fuerte. Más aun en estas fechas que se anunciaba el regreso a Rusia del "matrimonio perfecto" título ganado en los medios por aquellos dos. Lo único que le aliviaba era que solo los tendría que ver dos días: en su enfrentamiento en Tokio, y después hasta el Gran Prix Final, el cual evidentemente tenía que ganar.
Por ello mismo estaba haciendo lo que nunca pensó.
Entrenaba con…
— Nada mal pequeño Yuri…
El estúpido primate de Leroy. Su paciencia estaba llegando a un límite y en cualquier momento se quitaría el patín e iría contra el canadiense para degollarlo.
— Tsk…
Siquiera lo observó. Prefirió ignorarlo, pese a que sabía que era su idea, culpaba a Yakov de estar ahí entrenando con ese imbécil.
— Vamos, vamos, escuche que Nikiforov tiene preparado para la segunda mitad de su rutina libre cinco cuádruples, el rey podría hacerlo fácilmente, pero tú sí que necesitas fortalecer tus músculos.
Yuri estaba seguro que el mundo le agradecería si mataba a ese idiota, quizás hasta le darían un reconocimiento.
— Además de todo, será una gran sorpresa para tu Mila y el pequeño.
Yuri se detuvo un instante, recordándose porqué hacia todo aquello. Un poco de paciencia rogaba al cielo, y esta llego en forma de un saludo nada esperado.
— Yurochka…
— ¿Abuelo?— era una inesperada sorpresa, su abuelo en contadas veces iba a verlo, por lo que de inmediato patinó hacia donde se encontraba. Estaba contento de tenerlo ahí, más no se imaginó que éste venía con noticias estresantes.
— La niña acaba de llamarme… vamos, no pierdas el tiempo.
— ¿Está bien?
— Está en el hospital.
Yuri sintió como el mundo se caía a pedazos, ¿le había pasado algo malo a alguno de los dos? Sin pensarlo mucho salió de inmediato y se quitó los patines, apenas se puso su traje deportivo salió corriendo hacia el auto de su abuelo.
El cual no arrancó. Nikolai le pego con fuerza al volante con frustración. Eso lo notó, estaba tan preocupado como él. De pronto un sonido conocido se hizo presente. Yuri buscó con la mirada y sin equivocarse ahí estaba.
Como tantos años atrás, Otabek y su motocicleta se habían detenido junto a ellos.
— Otabek…
— Vamos… — le lanzó el casco y esperó pacientemente, sin pensarlo mucho Yuri se subió a la motocicleta.
— Te avisaré cualquier cosa abuelo… —
gritó antes de agarrarse de Altin para no caerse. Fueron apenas unos minutos rumbo al hospital y no pudo siquiera intercambiar una sola palabra con su ¿amigo? Estaba demasiado preocupado por Mila como para pensar en algo más que no fuera ella.
En cuanto llegaron bajó corriendo, aun con el casco en la cabeza y entró de inmediato rumbo a la recepción para pedir informes.
— Mila Plisetskaya por favor.
— ¿Usted es?
— Soy su marido — menciono ya con cierto tono irritado, el cual aumentó cuando notó la duda de la mujer. Sin embargo no agregó nada más que el número de la habitación. Subió rápidamente las escaleras, no estaba para esperar turno en el ascensor, en cuanto llego al sexto piso y entro en la habitación 608. — ¡MILA!
— Yuri…
— ¿Qué diablos te paso? ¿Estás bien? ¿Cómo está Sasha? — se acercó a ella, la observaba y no veía nada más que unas mejillas sonrojadas y en perfectas condiciones, siquiera tenía algún aparato medico monitoreándola.
Mila asintió con la cabeza y estiro su mano llamándole, él se acercó tomándola de la mano y esperando a que respondiera— Estamos bien, pero creo que debemos cambiarle el nombre…
— ¿Eh?
— Señor Plisetsky, me alegra que nos acompañe, soy la Dra. Zola Ivannova. Su esposa la señora Plisetskaya sufrió un desmayo en un área pública, afortunadamente su amigo el señor Altin estaba ahí para socorrerla, le hemos revisado y está en perfectas condiciones, solo necesita descansar, se le ha advertido contantemente que no puede seguir patinando y…
— ¡Mila! ¿Patinando? — la observo con molestia.
— Lo siento…— murmuro con una risita algo traviesa e infantil. Yuri la observó aun con más irritación.
La doctora tuvo que aclararse la garganta antes de proseguir. — menos mal que fue un desmayo y no una caída, aun así aprovechamos para hacer el ultrasonido del segundo trimestre que tenían pendiente. ¿Le gustaría verlo?
Esto logró llamar la atención de Yuri, el cual solo asintió con la cabeza, aunque seguía algo molesto con la pelirroja. Sin embargo después de los minutos de preparación pudo ver a Sasha nuevamente, ahí estaba un poco más grande que hace unas semanas y el latido de su corazón volvió a escucharse por el lugar.
Fue hasta ese instante que recordó las palabras de su mujer. Cambiar el nombre del niño… eso quería decir que… — ¿Es una niña?
Continuara…
Hola a todos, Cada día me emociono más con sus reviews, follows y fav. De verdad ¡es una delicia para el escritor! Pasando a otros asuntos espero que este capítulo les agradara más, siento que avance mucho tiempo, pero es necesario ya que de verdad yo pensé que este fic a lo mucho daba para 5 capítulos y ahora lo quiero hacer más grande jajaja, pero veremos en que acaba.
Por favor espero ansiosamente sus opiniones al respecto. Y bueno jamás he hecho esto en un fic, pero ¿Quieren proponer un nombre para la bebé?
Dato curioso: En Rusia los apellidos cambian ya siendo referente a varón o a fémina. Así mismo cuando uno se casa puede adoptar o no el apellido de su conyugue, sin importar que se adopte el apellido de la mujer o el hombre, lo mismo pasa con los hijos, ellos heredan el apellido que deciden sus padres pero la finalización del mismo depende de si es varón o mujer. Por eso el apellido de Mila ha cambiado. De igual forma se puede manejar el de Yuuri Katsuki, que ahora llevaría si gusta el apellido de Víctor.
Respuesta reviews:
Canario: ¡Muchas gracias por darle la oportunidad a este fic! Jajaja sí, he visto que aquí hay puro Yaoi, y la verdad no me incomoda, pero quería que este fic fuera diferente. Hay que darle un poco de amor a todo. Espero de corazón que te guste este capítulo.
PS: Se actualizará el lunes –guiño-
Omake:
— Y… ¿Qué hacían juntos patinando? —La sonrisa de Mila y el sonrojo de Otabek no le dieron buena espina a Yuri, ¿Acaso lo estaba engañando? — ¿Y bien? — cruzo sus brazos y exigió una explicación impacientemente. Le molestaba, le molestaría demasiado que Otabek le traicionara de esa forma.
Por muy enamorado que estuviera de su esposa, por algo era su esposa ¿No?
— Sabía que estabas deprimido por no verlo en mucho tiempo así que…
— ¿Así que…?
— Le llame y ya.
Eso no era una explicación, el ruso observo ahora al kazajo buscando que él aclarara todo, este desvió la mirada al parecer más que nada nervioso.
— ¿Podrían aclararlo antes de que comience a planear su asesinato?
Ninguno de los tres hablo por un largo minuto hasta que Mila simplemente tomo el brazo de Yuri y lo acerco al Kazajo.
— Hora de comenzar a hablar como buenos… amigos…— la sonrisa que les estaba brindando la pelirroja no le gusto para nada a Yuri y al parecer tampoco a Otabek.— nos vemos chicos…
El ambiente estuvo en silencio cerca de cinco minutos Yuri observaba a Otabek, el kazajo no parecía tener intención de hablar con el ruso hasta que como siempre Yuri exaspero.
— Beka…
— No era ella.
— ¿Eh?
— Quien me… gustaba… no era tu esposa.
— Entonces ¿Quie…?
La pregunta quedo atorada en los labios del rubio enrojeciendo de inmediato.
