Los personajes mencionados no me pertenecen, son de kubo-sensei.
Esta historia toma en cuenta las personalidades originales de los personajes y los transporta a situaciones distintas, por lo que sí es notorio el OoC; recuerda que parta ser Canon solo el autor original tiene la última palabra.
Realizo esta historia sin fines de lucro. Los únicos personajes que me pertenecen son aquellos que no salen originalmente en Yuri On Ice.
Así mismo se hace mención de personas reales, con el fin de tener un poco más de realidad en la historia. Esta historia es solo eso, y esperando no ofender a nadie es que se escribe. Recordemos que el contexto nos marcan los giros de los personajes y el mismo OoC.
Gracias a todos por leer.
Favor de quedarse hasta las notas finales.
Cap. 5 Yúlia
Introducción
Pas de Deux del cascanueces era lo que se podía escuchar en el lugar, una joven de cabellera rubia platinada se dejó observar con aquél traje de tonos violetas; su mirada de cielo, facciones delicadas y unas pequeñas pecas sobre su nariz, podían provocar que la gente recordara a su madre, pese a que su parecido físico coincidiera con otra persona.
Con trece años ya se postulaba para ser la mejor del equipo ruso de gimnasia rítmica, por lo que se esperaba que en cuanto cumpliera los dieciséis años, participara en los juegos olímpicos. La gimnasia rítmica siempre había sido su fuerte; sin importar que tanto el ballet como el patinaje se le daban bien, ella no quería seguir los pasos de sus padres.
Especialmente no después de esos rumores que escucho desde los seis años.
Todos sabían que no era fácil de tratar. Entrenada por la gimnasta retirada Yevguenia Kanáyeva, pupila de la famosa entrenadora rusa Irina Víner, quien era una de las figuras más prestigiosas en ese rubro. Todos reconocían que las chicas entrenadas por Víner fueron ganadoras, muchas de éstas desde temprana edad.
Pero ser hija de dos patinadores de élite en sus tiempos, tenía sus desventajas; la envidia de muchos otros ante sus aptitudes le había orillado a desarrollar una impaciencia que rivalizaba con la de su padre, y una ambición por demostrar su valía que arrasaba con cualquier insulto.
Siempre trató de ignorar los rumores, e incluso jamás lo mencionó a sus padres. Empalagosos a decir verdad, pese a que la mayoría de los amigos de éstos no lo creyeran. ¡Ella vivía con ellos! ¡Obviamente les conocía! Pero con el tiempo se dio cuenta de que cada palabra sí que la lastimaba, los rumores con tintes de verdad siempre dolían.
Pero debía decidirse ahora mismo, sus padres no criaron a una niñita llorona.
El vínculo que une a tu auténtica familia no es de sangre, sino de respeto y alegría mutua.
Richard Bach (1936-?)
La cosa era si ella sería capaz de hablar del tema con sus progenitores. No lo pensó demasiado, con la energía e impulsividad que le caracterizaban simplemente lo soltó aquel día antes de ir a practicar.
— Quiero saber quién es mi verdadero padre...
El silencio se formó de inmediato cuando salieron aquellas palabras de los labios de Yúlia. Observó como aquél hombre rubio que siempre era arisco con el mundo pero que, por ella, incluso hasta se pondría un tutú, la observaba a los ojos.
Era obvio que no compartían sangre, también que lo amaba demasiado, después de todo la había criado, pero tenía la necesidad de saber, de entender como aquella pareja tan peculiar se había atrevido a formar una familia.
Su madre soltó un suspiro y le hizo un ademán con la mano para que se acercara y se sentara a su lado. Así lo hizo la jovencita.
Tras unos segundos de reflexión, su madre, con una gran sonrisa, declaró:
— Tu verdadero padre es el que ya conoces: Yuri.
Fue interesante que pasando tres segundos, Yúlia se incorporara y alegara con exigencia— ¡No estoy bromeando madre!
— Ah, pero si reaccionas igual que Yuri, ¡es obvio que eres su hija!
— ¡Mamá!
La risa del hombre presente se dejó escuchar, para después seguir la de su madre. Yúlia de verdad comenzaba a pensar que ya estaban tan viejos, que se les olvidaba todo.
Se sentó en el sofá con actitud molesta y enfurruñada. Odiaba que no se tomaran en serio sus palabras. ¡Ella tenía ya 13 años!
De pronto sintió como era arrebatada del sofá por su padre, quien la cargó y la sentó en sus piernas. Sintió como el rubio le revolvía los cabellos tratando de tranquilizarla.
— Es que no hiciste la pregunta correcta — mencionó su padre, quien no dejaba de intentar ver su rostro.
— ¡Ah! Por ahí hubiéramos empezado... — su madre sonaba divertida. Siempre era así, pero ahora no quería dejarse llevar por ese buen humor.
— ¡Ya dejen de jugar y díganme! Por favor...
Sintió como su padre, aquél que le había enseñado a patinar, se tensaba para después solo besar su coronilla.
— Es cierto. No compartimos sangre Yúlia. Pero yo estuve desde el principio ahí.
Esas palabras fueron un baldazo de agua fría para la niña. Ni siquiera se había dado cuenta que con su exigencia y palabras había lastimado a su padre.
— Tu padre es Víctor Nikiforov
Soltó de pronto su madre, dejándola aún más pérdida que antes. Su tío Víctor, el famoso Víctor. No solo uno de los mejores patinadores de la historia también el esposo de su tío Yuuri.
Su mamá y su tío Víctor...
Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos azules de la pequeña Yúlia. Sintió como su padre le estrechaba más aun en el abrazo y su madre acariciaba su espalda con ternura. Maldita sea la hora en que trato de averiguar quién era su padre de sangre. Era tan estúpida. Es decir, haciendo cuentas ella seguramente era un error. Y sin embargo necesitaba saber ¿Cómo? ¿Cuándo? Y sobre todo, ¿por qué?
Pero tenía miedo.
— Yúlia... mírame
La niña tardó unos instantes en observar a su padre. Aquellos ojos verdes que podrían congelar a cualquiera, pero que para ella eran la personificación de la ternura y del amor.
— No quiero que pienses que fuiste un accidente o un error. Eres y siempre serás el lazo que me unió a tu madre, que si bien esta medio chiflada...— observó como su mamá hacia un mohín inconforme y su padre le guiñaba a ella el ojo, coquetamente— no me arrepiento de amarla. Tú eres mi vida Yúliya. Nuestra hija y de nadie más, ¿entiendes?
La niña asintió con la cabeza. Sí, tenía trece años. Sí, era una excelente gimnasta y sí, podría parecer muy madura, pero no dejaba de ser una niña a la que le acababan de confirmar los nada inocentes rumores que había temido la mayor parte de su vida. Lloró en silencio, sintiendo la calidez de los brazos paternos, así como las manos de su madre acariciando sus cabellos. Siempre había sido así, siempre tan orgullosa de ambos, tan engrandecida por su amor, tan querida que no importaba que no tuviera el cabello rubio o los ojos verdes; no le importaba siquiera que sus abuelos maternos no le llamaran, con el abuelito Nikolai bastaba, aunque ya no escuchara bien.
Esa noche mientras la joven rusa dormía. Yuri la observaba desde el marco de la puerta, a su lado abrazándole se encontraba Mila quien sin decir palabra alguna le trataba de tranquilizar.
Nunca se imaginó que llegaría el momento de hablar de ese tema. Al menos no tan pronto.
Hacia tanto tiempo que no pensaba en esa historia, que casi podía pensar que jamás existió. Pero ahí estaba. Cerró los ojos un instante pensando en ello.
Flash Back:
Estaba molesto. Todas las mañanas Víctor, Yuuri y él se juntaban para correr antes de ir a entrenar. Era masoquista de su parte, sin embrago eran los pocos momentos en los que podía pasar cerca del japonés aunque ahí estuviera su compatriota idiota.
Y aquella mañana no aparecieron ninguno de los dos.
Con irritación le había llamado al Katsudon enterándose que Nikiforov no llego a casa y Yuuri estaba muerto de preocupación. Ese bastardo ya se las pagaría.
Faltaba poco para llegar al centro de entrenamiento, decidió correr un poco; esperando que de esta forma pudiera relajarse un poco, cuando de pronto escucho como se caía algo tras de él.
— ¿Qué mierda? — se giró, con sorpresa observo como en el suelo había una maceta tirada, la de la entrada de aquel edificio. Y apenas vislumbro una gabardina ondear en la vuelta del edificio. No te había tomado mucha importancia si no hubiera escuchado un quejido, regreso sobre sus pasos para solo ver como una cabellera platinada se perdía entre las personas que ya estaban de camino a sus actividades diarias.
¿Qué hacia Víctor ahí? Noto como a lo lejos se meneaba, seguramente estaba ebrio… pero ¿Por qué ahí?
Observo el lugar que se le hacía bastante conocido. Se notaba también por donde había estado el peli plateado, porque había más cosas tiradas. Subió hasta el tercer piso siguiendo el rastro y al observar el nombre en la placa de la puerta sintió la furia volver a su persona.
¡No podía ser posible! ¡No serían capacees!
Observo la puerta apenas atrancada, por lo que la abrió, todo alrededor tirado, ¿Qué diablos? Cuando observo otro tipo de ropas revueltas y una botella tirada en el suelo, ya no quiso averiguar más solo entro en la habitación principal para enfrentar a esa persona.
La puerta se abrió sonoramente y Yuri entro echando fuego por la mirada.
Fin Flash Back.
Así comenzó todo. A veces se preguntaba el porqué de sus decisiones. En ese entonces, pero ahora mismo no podía pensar en nada más que había hecho lo correcto.
Beso la frente de la pelirroja y tomando su mano la llevo a su dormitorio.
Pese al miedo que comenzaba a tener por las incógnitas de su hija, pese a no saber que les deparaba en este momento la vida. Pensó que todo había valido la pena, por tener a ambas a su lado.
No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.
Friedrich Schiller (1759-1805)
Tuvieron que pasar cuatro meses más para que la rutina volviera a su hogar después de la revelación. Pese a que las dudas aun flotaban en su cabeza, las dulces palabras de su padre le alentaban a ignorar su origen. También lo enamorados que lucían; porque pese a todo estaban juntos.
En su cabeza ya se figuraba un largo romance que culminó en la aceptación de una vida feliz pese a ella misma.
Suspiró antes de dirigirse al estante de las medallas. Ahí, con cada una, estaba la fotográfica conmemorativa de cada evento. Sabía las historias de cada una de memoria y sin embargo existía ese espacio vacío, el que siempre le molesto. Ahí estaba su foto de recién nacida, siendo sostenida por su madre, quien era abrazada por su padre. Se veían bien. Pero sólo le recordaba una y otra vez como era que su padre ni siquiera terminó su rutina, cuando salió del escenario ignorando a todo el mundo en el GPF aquel año.
Una parte chiquita de ella, se llenaba de calidez al pensarse más importante que la medalla del Gran Prix Final, pero le frustraba de igual manera que "él" hubiera ganado ese evento.
— ¿Planeando el robar la foto de nuevo Yúlia?
Giró de inmediato al escuchar esa voz.
— ¡Padrino! —exclamó contenta siendo abrazada por aquel hombre de rasgos serios.
— No respondiste mi pregunta
Yúlia hizo un mohín un poco frustrada. Sin embargo, fue ese instante en que la idea cruzó su cabeza. Su padrino conocía a sus padres desde hacía muchos años, después de todo era el mejor amigo de su papá. Así que preguntarle… ¿sería adecuado?
— ¿Ahora que estás planeando?
— Padrino, tú conoces muy bien mí… origen ¿verdad?— la niña respiró profundo observando aquellos ojos oscuros — ¿Por qué mis padres no han tenido hijos? ¿Es mi culpa?
— No veo porque sería tu culpa. Pero creo que ellos decidieron no tener más porque deseaban darte todo su amor.
—… ¿Estás seguro?
— Completamente.
— Los señores Nikiforov saben la verdad ¿Cierto?
Observo que de pronto su padrino se ponía bastante pálido, por lo que creyó que eso era un sí.
— Beka… Yúlia… solo faltan ustedes en la mesa… ¿Pasa algo?
La voz del rubio hizo que ambos le observaran en silencio. Por un lado Yúlia se sentía frustrada por no recibir una respuesta real y por el otro temerosa que su padre hubiera escuchado sus incógnitas.
— Nada. Solo hablábamos de robar tu tesoro más valioso.
— Muy gracioso Otabek… nunca podrás llevarte a mi Yúlia.
La aludida solo observó como su padre miraba mal a su padrino.
— No soy yo quien terminará llevándosela.
La sonrisa cómplice que el kazajo le brindaba a la niña la hizo enrojecer.
—… espera
La mirada de su padre sobre ella sólo la hizo sudar a mares.
— Yúlia, cariño, ha venido Jean Pierre a verte. —sonó la voz de su madre interrumpiéndoles.
Con las mejillas rojas, la niña trató de huir de su padre. Sí, su padre estaba molesto y su padrino divertidísimo. ¡Dios! Leroy sólo era su amigo o algo así. Además tenía trece años y los niños no le gustaban ¿Verdad?
Justo saliendo de la vista de su papá y por estar huyendo de su ira fue que chocó con alguien.
— Ou… ¿Todo bien pequeña?
Sintió un baldazo de agua fría al encontrarse de frente con su tío Yuuri. Se quedó en total silencio sin atreverse a mencionar nada.
— ¿Yúlia-chan? — pregunto una voz joven, de no más de cuatro años de edad. Tenía el cabello negro pero piel muy pálida. Era el hijo de sus tíos: el pequeño Kazuki Viktorovich Nikiforov. Lo habían adoptado en América no hacía mucho, por lo que solía estar pegado a su padre Yuuri la mayor parte del tiempo, o eso tenía entendido.
— E-estoy bien…
— ¿Estas segura? — pregunto su tío.
Siempre había pensado que su tío era demasiado amable y considerado. También sabía, por una broma casual, que cuando era muy joven su padre había tenido un enamoramiento con él. Y jamás le vio enfadado o mostrarse huraño con ella, por eso mismo no lo entendía o quizá él nunca lo supo. Bajó la cabeza y asintió con timidez. Cuando apenas lo notó, Kazuki ya la tenía tomada de la mano.
— Sss Dneeem Rozhdenya(1) — menciono el niño. Se notaba lo nervioso de estar ahí.
— ¡Excelente! Sabía que podías hacerlo hijo.
Se estremeció. La persona con quien menos quería encontrarse ahí estaba. Apenas si le observó tratando de encerrar sus emociones. No quería incomodar a la familia pero no se sentía bien. Al menos de momento tenía muy presente la verdad.
Ese hombre ahí era su padre.
Al menos había proporcionado el 50% de su ADN.
— ¡Aquí estás! ¿Por qué me tienes esperando? ¡Hey hola! —la voz de Jean Pierre hizo eco en el pasillo sacándola de sus pensamientos, solo sintió como la mano del niño se cerraba en su muñeca y la jalaba hacia la otra habitación. — ¡Vamos! Es hora del pastel.
Era su cumpleaños número catorce. ¡Dios santo en menos de media hora lo había olvidado!
Y ahí estaba ahora, rodeada de las personas que básicamente conoció toda su vida. Amigos de sus padres a los que consideraba tíos, su prima Nikola desde una video llamada por Skype, eran aquellos que conformaban su familia, varios ni se soportaban; y si no fuera por la amistad entre su mamá y la mamá de Jean Pierre, seguro que éste no hubiera podido asistir.
Pero lo desconcertante estaba ahí frente a ella, con cabellos platinados y una sonrisa sincera y bonachona. Intentó no llorar durante la canción; también intentó mostrarse como la orgullosa hija de Yuri Plisetsky. Necesitaba que esto acabara pronto. Porque no entendía.
No entendía cómo podían, tanto su padre como su tío Yuuri, soportar el saber que ella era hija de sus personas amadas. ¡No lo entendía!
Los hechos pasaron demasiado rápido para que se diera cuenta o actuara al respecto. Sorprendentemente, Nikola había llegado para celebrar su cumpleaños. Era la hija menor de su tío Iván después de cuatro varones. La cuestión era que Nikola había empujado a Jean Pierre, en venganza el canadiense la empujó de vuelta, haciendo que cayera cerca de las bebidas, donde estaba sentado Kazuki junto a sus padres. Para variar, la mesa no sólo se volcó si no que terminó regando la comida sobre todos los invitados llenándolos de esta.
Su padre explotó regañando a su padrino; quién por tratar de sostenerse termino empujándola a ella a los brazos de Jean Pierre, quién lanzo su pastel al aire para sostenerla y sin querer termino batiendo a Inzhu, la hija de su padrino, quien termino llorando pese a que se resistió bastante.
Cuando el padre de Jean Pierre quiso decir algo gracioso, todos le lanzaron aún más comida. ¡Había sido un tremendo desastre!
Menos mal que no tenía amigos normales, porque con todas estas personas aquí, seguro hubiera quedado EN RIDICULO.
Fue su abuelito quién puso orden y mandó a todos a lavarse, por lo que ahora mismo, su madre le ayudaba a quitar el pastel de su cabello.
— Mamá…
— ¿Si?
—… — no supo cómo continuar por lo que se quedó callada con la cabeza gacha, le costaba mucho trabajo decir lo que pensaba.
— Mila ¿Puedo usar esto?
— Claro Yuuri, adelante; también puedes usar la habitación de la derecha si gustas.
— Gracias.
La interacción entre ambos era cordial y no lo entendía.
— ¿Por qué no se odian?
La pregunta fue hecha en voz alta cuando siquiera se dio cuenta, por eso al ver el rostro de su madre tan melancólico, solo se sintió culpable.
— Por que nadie es culpable de nada, mucho menos tú, pequeña...
La sorpresa que se reflejó en su madre debió ser idéntica a la propia, al parecer su tío le había escuchado. ¿Y ahora que debería decir? Sus mejillas estaban ardiendo en vergüenza pero fue hasta que el japonés habló que ambas recordaron respirar.
— Sé que Yurio se enojará, pero si quieres hablar conmigo, Kazuki acaba de dormirse.
Y salió del lugar. No podía mentirse, su corazón latía a mil por hora. Y la palidez de su madre era más que notoria. Ahora la cuestión era la siguiente ¿Tendría el valor de hablar con su tío?
Un padre no es el que da la vida, eso sería demasiado fácil, un padre es el que da el amor.
Denis Lord (1900-1957)
— No puedo decirte que no fue un shock, porque en verdad lo fue. Siendo sincero, hasta meses antes de tu nacimiento yo no tenía una relación en buen término con Víctor, por cuestiones que pasaron tiempo antes. El punto era que Víctor estaba molesto conmigo y yo con él, porque sabía que me había sido infiel pero no con quién, y ni siquiera él mismo sabía en qué circunstancias.
— ¿Cómo lo descubriste?
— Esa noche no llego a dormir y cuando llegó decía que se sentía enfermo, le creí porque apenas si podía estar en pie y corrió al baño para vomitar por un buen rato… pero cuando se cambió para ir a dormir, noté que tenía labial en una de las mangas de su saco.
El japonés trató de explicarse con serenidad, sin poner demasiado énfasis en los detalles, era obvio que no le causaba exactamente dolor aquello, dado que se veía demasiado tranquilo, aunque desde el punto de vista de la pequeña, ¿quién podía asegurar lo que pensaba en realidad?
— Nuestra relación se tambaleaba demasiado, por lo que al llegar al Gran Prix Final, había decidido darme un respiro, tú sabes volver con mis padres y pensar qué hacer. Pero ese día tu padre, Yurio, ni siquiera pudo terminar su rutina libre, solo salió a mitad de ésta; todos nos quedamos preocupados, pero teníamos que terminar, así que eso hicimos; cuando por fin acabo el evento, tratamos de localizar a tus padres; tu abuelito estaba bastante alterado porque tu mamá se había desmayado después del parto.
Yúlia no dejaba de observarle, esas cosas jamás se las habían contado, o al menos no de aquella forma.
— Fueron muchas horas, ¿sabes?, hasta que ustedes dos: tu madre y tú pudieron conocerse, y en todo ese tiempo Yurio no se despegó ni de ti, ni de Mila. Creo que fue ese el momento en que observé de verdad que se había enamorado de ella. Yurio para mí significó muchas cosas; no solo era alguien a quien admirar, también un amigo y sinceramente, en el plano sentimental, incluso llegó a confundirme mucho.
Yúlia escuchaba las palabras de Yuuri sin decir una palabra, le observaba de reojo notando como se perdía en sus pensamientos.
— Tú le gustabas ¿cierto?
— Eso dijo, por ello sus sentimientos me confundieron al punto de creer que me sentía celoso de la relación que llevaba con tu mamá. Pero cuando tu madre estaba tan mal, no pude evitar darme cuenta que era un completo idiota. Mis celos me habían cegado. El punto es que hasta ese momento noté lo importante que era una familia para Yurio y para Víctor. Él se puso muy mal cuando te vio. Pensó que iba a dejarle todo ese tiempo se sintió culpable, reclamo el que no le dijeran nada, actuaba en conclusión como un loco, ¡pero es que estaba tan asustado!
— Esa no es una excusa… entonces ¿Por qué no odias a mi mamá?
— ¿Sabías que ellos tuvieron un algo años antes de que yo conociera a Víctor? Fue ese día cuando me enteré de todo lo que Víctor pensó alguna vez de tu madre, del cariño y complicidad entre ambos. Yúlia-chan, tú fuiste concebida a partir de un cariño especial … aunque no lo creas. Y siento firmemente que naciste con el propósito de que Yurio conociera a Mila más allá de una amistad.
— Sigo sin comprenderlo del todo…
— Víctor y yo tuvimos que aprender muchas cosas… la atracción siempre estuvo ahí, el amor también, pero tuvimos que conocernos más, ya no como amigos o novios sino como pareja: gustarnos, odiarnos, aceptar nuestros defectos y virtudes: ser en toda regla una pareja. El vivir juntos previamente no nos ayudó en eso, dado que siempre he sido una persona muy discreta y no me gusta hablar de mi pasado y Víctor tampoco hablaba del suyo. — Yuuri hizo una pausa para respirar un poco antes de proseguir —También recuerdo que me encontraba algo deprimido, porque si bien amaba a Víctor y él me amaba a mí, nunca íbamos a poder tener un hijo. Ambos somos hombres y no estamos capacitados para ello, sin embargo me dio la impresión de que Víctor siempre querría hijos y al ser yo tan discreto en esos temas nunca aclaré esa duda con él.
La pequeña rusa no pudo evitar poner su mano sobre la mano de su tío tratando de sonreírle, estaba a punto de pedirle que parara, cuando la dulce sonrisa del japonés le calló.
— Necesitábamos aprender a comunicarnos mejor. En ese entonces no me agradaba Mila porque ella podía hacer algo que yo no podía. Debes entender que, al menos al principio, una pareja como nosotros no puede evitar sentir algo de envidia y frustración.
Finalmente y, después de bastante tiempo, pude perdonarme. Porque en el camino, me di cuenta de que en realidad, estaba enojado conmigo mismo por lo sucedido, por mi actitud y, quizás no debería decirlo, pero todo eso me afectó hasta ese punto: el punto en que quise vengarme. Por eso me besé con Yurio a días de mi boda, justo después de saber lo de Víctor. Así mismo Víctor estaba enojado consigo mismo por sus acciones, por no saber de ti, por lastimarme, por, según él, arruinarlo todo, aunque en realidad no hubiera sido realmente su culpa. En resumen, ambos nos amábamos el uno al otro, pero nos detestábamos a nosotros mismos. Ambos queríamos estar juntos, pero no nos conocíamos. Ambos deseábamos perdonar al otro por todo aquello que nos ocultamos y los tropiezos que por azares del destino tuvimos, pero no podíamos perdonarnos a nosotros mismos el haber dañado a nuestro ser amado y nuestros amigos en el proceso.
Fue inocente de mi parte pensar que fui el primero en la vida de Víctor, como él lo fue en la mía. Fue tonto de mi parte pensar que un amor de juventud no podía convertirse en una bella amistad, a pesar de que me pasó lo mismo con una amiga muy querida de mi infancia. Y el caer en cuenta de esto fue lo que maduró mi amor. Si conoces cada una de sus facetas lo entenderás mejor:
El amor Philia, cuando amas con inocencia de tal manera que, con el tiempo, tu ser amado se transforma en tu familia. El amor Eros, cuando amas sin condición y sin límite ni reparos, pero por eso mismo, sufres al conocer los límites y los defectos que no querías ver en tu ser amado, al saber que, como todo ser, no es perfecto. Y el amor Ágape, cuando amas sin límite y sin condición, a pesar de saber que ni tú, ni tu ser amado, son perfectos; cuando su imperfección y cómo ésta es superada, es precisamente el motivo por el que amas; cuando amas y eres amado de vuelta con la misma intensidad y madurez y, además, eres capaz de amarte a ti mismo.
Una vez que superamos esto, que aprendimos a perdonarnos, y a iniciar de nuevo... fue hasta ese momento y tras pensarlo demasiado que decidimos dar el siguiente paso: formar una familia. Tras tres años supe que no importaba que un hijo no tuviera nuestra sangre, tendría nuestro amor; por eso lo decidimos, pero fue complicado nuevamente.
Era obvio que para Yuuri hablar de ese pasado no era sencillo, pero necesitaba explicarse, Yúlia podía notar por primera vez como era saber que alguien necesitaba sacar todo de su sistema, seguramente se debía a que estaba madurando aunque sea un poco.
— En Japón somos muy tradicionalistas, pese a lo que demuestren el anime y manga, es complicado que se vean parejas homosexuales en los países asiáticos, incluso hay países que lo aborrecen al punto de crear leyes en contra de éstos. También pasa en Rusia, así que debimos buscar opciones, lo más recomendable era tener una segunda nacionalidad, así que por eso, estos años hemos vivido en América. Fue complicado y arduo: muchos años en los que buscamos la residencia y después la nacionalidad, también el tiempo en que visitamos el orfanato y demostramos ser capaces de cuidar de un niño, pero ahora tenemos a Kazu-chan con nosotros.
— Eso no responde mis dudas. No entiendo cómo se llevan tan bien.
— No puedes estar enojado toda la vida por algo que no puedes tener de la misma forma. El ser humano es complejo Yúlia, pero aquí lo más importante es una cosa.
— ¿Cuál?
— ¿Amas a tus padres?
— Completamente.
— Entonces lo demás no importa. Si tú quieres acercarte a Víctor como hija, no me molestaré y tampoco Kazuki; ni siquiera tus padres se molestarán. Pasa exactamente lo mismo que si quieres solo verlo como un tío: apoyaremos tu decisión, porque finalmente ésta es tu vida y solo a ti te tocará vivirla.
La joven observo directamente al japonés. Aquel hombre ya entrado en años, que fue el primer amor de su padre Yuri y era el esposo de su padre genético Víctor; quien le observaba con aquella sonrisa tranquila, esperando transmitir sus propias emociones con esa breve charla.
Asintió con la cabeza antes de dejar de observarlo.
Los adultos eran tan extraños. Y pese a que no comprendía como es que era aceptada, aun así, una parte de ella estaba ya más tranquila.
No hay familia perfecta. Todas discutimos y peleamos. En ocasiones incluso dejamos de hablarnos, pero al final, la familia es la familia y el amor siempre estará ahí.
ok. ru /video /90 14087965
Llevaba los audífonos en los oídos mientras tomaba el listón en su zurda y comenzaba la que sería su rutina. La mayoría de sus compañeras siempre pensaban que escuchaba una y otra vez la canción que interpretaría, sin imaginarse que en realidad era la grabación de su madre cantándole una nana.
Si llegaban a enterarse, seguro pensarían que era aún muy infantil.
El usar el listón era como dibujar en el aire con rapidez, precisión y hermosura. Era algo que duraba menos que segundos, pero que no por ello no era bello. Solo muy pocos podían apreciar la belleza de algo tan efímero. Era una lástima.
Mentiría si dijera que todo estaba bien. En realidad aún estaba con las palabras de su tío Yuuri en la cabeza y trataba de asimilarlas. Una parte de ella temía a enamorarse y que pasara por tanto dolor como los adultos que conocía, la otra temía aún más no encontrar a alguien que le amara con tal magnitud para perdonar todo eso. No que ella fuera a realizarlo jamás por supuesto.
Dio uno, dos... tres giros en su danza mientras la cinta le seguía de cerca , realizó un zigzag, para después lanzarla hacia arriba y cacharla antes de que la cinta tocara el suelo realizando la ejecución de movimientos en el aire a su izquierda. En su debut como sénior había cometido el leve error de girar mal. Esta vez su ejecución seria perfecta.
Al terminar su ejercicio, agradeció cual si fuera un concurso oficial. Cuando se giró para retirarse, notó a esa persona de pie ante sus cosas, aplaudiendo.
¿Qué hacía ahí? ¿Por qué estaba de esa forma? ¿A qué venía?
Las preguntas en su cabeza no se hicieron esperar, más aparentemente mantuvo el temple. Acomodó la cinta y caminó hacia él, quitándose los audífonos. Sentía nervios pero intentó no demostrarlo.
— Yúlia… eso estuvo bastante bien.
— Gracias tío Víctor.
Ambos guardando silencio. La joven si quiera le observaba mientras tomaba su botella de agua y bebía un poco. Fue Víctor quien finalmente hablo.
— Yurio me permitió llevarte a tomar una malteada, dijo que tu favorita era de fresas con chispas de chocolate.
Las mejillas de Yúlia se iluminaron ante esto. ¿Por qué su padre haría algo así?
— Supongo que quiere... hablar, tío.
Sí, sí y sí, no en un jodido instante iba a permitir que él supiera como le afectaba su visita.
Observo que el hombre asintió con una sonrisa en los labios. ¿Es que jamás se cansaba de sonreír? Respiró profundamente y decidió entonces cambiar sus ropas. No iría a ningún lado vestida así.
— Ahora regreso…
Informó mientras iba a los vestidores. Una vez que se dispuso a tomar una ducha rápida y cambiarse, escucho como varias personas entraban.
— Son idénticos…
— Entonces es ¿cierto?
— Es una bastarda…
— Siquiera debería llevar el nombre que tiene
— Y la muy creída diciendo que es hija de Plisetsky
— Jajajaja es una boba…
Cada palabra dolía, cada palabra la enfurecía también, cada palabra que desde los seis años repetían una y otra vez. ¿Sería justo enojarse con su tío por todo?
Se vistió lo más rápido posible y guardó sus cosas, así como acomodó su casillero, para salir con un rostro lleno de dignidad y seriedad.
— Sus chismes baratos no las hacen ser mejores, sólo son unas patéticas que no saben hacer nada bien. — menciono despectiva saliendo del lugar.
Ahí estaba él, esperándole. Fue extraño que al acercarse hasta él, ella respondiera con un simple "andando".
Los siguientes quince minutos los pasaron en silencio, pese sus esfuerzos en hacer conversación. Observo como Yúlia solo se puso sus audífonos y se disponía a escuchar música, fue como regresar en el tiempo y ver a Yurio hacer lo mismo cuando alguien hablaba de algo que no le gustaba, no pudo evitar esbozar una sonrisa.
Finalmente, al llegar al lugar, se sentó en una mesa, la joven pidió una malteada y él un capuchino. En cuando la mesera se marchó con la orden, notó que finalmente poseía toda la atención de la joven.
Era decididamente bonita y se parecía bastante a su madre, pero el inconfundible tono de cabello le delataba, además que tenerlo en una cola de cabello alta y verla danzar minutos antes le hizo recordar a aquellos años en los que él mismo patinaba con ese estilo.
— Escuche que hablaste con Yuuri. — comenzó con la charla queriendo ir lento.
— Lo hice…— la respuesta escueta de la niña frente a él no le gusto del todo.
— ¿Cómo te sientes al respecto?— él también tenía sus dudas. Por muchos años las tuvo, junto con sus miedos y culpas.
— No entiendo a los adultos y su permisión ante el adulterio. — se tensó ante esto. La pequeña pese a todo le recordaba a Yurio, y ese aspecto tan peculiar que tenía en su juventud de protegerse dañando a otros. Sí, le recordaba precisamente a ese día en que se encontraron mientras observaba su anillo. Y como en ese entonces no pudo evitar observarle con una seriedad fuera de lo común.
— Adulterio querría decir que desde hacía tiempo engañaba a Yuuri y no fue así.
Sentía la tensión en el ambiente, sabía que las mujeres de cierta forma maduraban antes que los hombres, también había alcanzado a escuchar los rumores sobre ellos y entendía esa mascara con la que ella buscaba defenderse. Pero no lo aprobaba.
Justo en ese momento llegó la mesera con su pedido, por lo que guardaron silencio unos instantes. Hasta que finalmente estuvieron solos de nueva cuenta.
— Podría decirte que fue un error, que no me importaste jamás y que aunque lo hubiera sabido no hubiera hecho nada.
Observó el shock en las pupilas azules respecto a sus palabras; se lo esperaba y es que para tratar con adolecentes era necesario sacarlos de balance. No era justo pero si necesario, más que nada para que esa niña pudiera sacar todo lo que ocultaba de sus padres, porque sabía y era obvio que les ocultó muchas cosas.
— Sin embargo no es cierto.
Los ojos azules de ella por fin se fijaron en los propios. Estuvo a punto de hacerla llorar, era un idiota aún con tantos años, a veces su lengua hablaba de más. Acercó su mano y tomó la ajena, acariciándola para tratar de tranquilizarla.
— No sé que hubiera pasado de saber de tu existencia, quizás esto que estamos viviendo no existiría, pero la verdad es que jamás lo sabremos…
— ¿Por qué dices todo eso?
— Sólo quiero que comprendas: yo quise muchísimo a Mila, aún la aprecio demasiado, no sólo como amiga, también por ser tan buena madre contigo. — cerró los ojos con pesadez. — incluso me llegué a cuestionar si aquella noche no abuse de ella. Cuando tú naciste y te vi, por supuesto que lo supe. Me hubiera gustado que tus padres me lo contaran antes, pero no se dio la oportunidad ¿sabes? Yurio pensó que eso lastimaría demasiado a Yuuri y no se equivocó, pero también lo subestimó demasiado. Ahora voy a contarte que fue lo que pasó y espero que tengas la madurez necesaria para comprenderlo.
— Ahora usted me está subestimando…
— Sí, definitivamente es algo que diría Yurio — mencionó divertido, aunque no quiso agregar que en sus tiempos rebeldes él también lo hubiera dicho. —…aquella noche tu madre había sido lastimada por un ex novio… yo la vi y no pude evitar intervenir, Yuuri salió con Phichit y, yo estaba a punto de marcharme cuando escuché unos sonidos ahogados. Me preocupe de inmediato y traté de ayudarla, pero ese tipo era bastante fuerte… me lastimé, no me fue posible salir inmune de la batalla. Cuando todo eso acabó, llevé a Mila a su departamento. Mi oído sangraba y ella estaba muy ausente y extraña; quería llamar a un médico, sin embargo no tuve tiempo de nada, más que beber del termo de agua que estaba en el refrigerador; será estúpido pero hasta que el líquido paso por mi garganta note que tenía algo de licor. ¿Sabías que el GHB en alcohol es la peor idea que puedes tener?
— ¿Hablas de drogas?
— No cualquiera, una que no deja rastro, es nociva y hace que pierdas la noción que lo que haces. Aunque no busco excusarme con esto quiero que lo sepas; pese a que yo mismo lo supe después. No me di cuenta cuando lo bebí, para ese momento Mila ya se había puesto bastante eufórica y saltaba por todos lados, traté de que no se lastimase, pero en algún momento yo me puse igual, eso francamente ya no lo recuerdo mucho…
— Soy… un producto de las drogas.
— ¿Pero qué dices Yúlia? No es así, no me estas entendiendo.
— Entonces explícame, y no me trates como una tonta.
— Veras, los efectos de esta droga en particular es la desinhibición ante interacción intima, hiperactividad, etc. Es básicamente como el éxtasis, sólo que esta puede hacerse caseramente, es líquida y como ya dije en alcohol mucho peor. Algunos efectos secundarios son la pérdida de la memoria, náuseas, confusión, delirio y alucinaciones, entre otras cosas. Por eso es tan comercial en los centros nocturnos.
— ¿Cómo sabes tanto si no lo recuerdas?
— Recuerdo el momento en que Mila bailaba sobre la cama al momento en que estaba de camino a mi casa… estaba mal Yúlia, cuando Yuuri me vio se preocupó demasiado y mientras él salía no se ha que, me empecé a sentir tan mal que tuve que llamar a Yakov para que enviara al médico. Casi no me dejan participar para el GPF.
Notó el silencio de la pequeña y se dedicó a observarla, era realmente bonita, lo sabía porque la había visto desde lejos; y sabía que en ese momento estaba valorando su historia y el creerle o no.
— ¿Por qué me dices todo esto? ¿Acaso quieres que te vea como un padre?
— Jamás me verás así, yo lo sé. Para ti no existe nadie más que Yurio para ser tu papá y es razonable, yo soy tu tío y agradezco de verdad que al menos me tomes en consideración de esa forma.
—… en verdad no te intereso.
— Nuevamente no me estas escuchando…— el hombre se incorporó para acercarse a la joven y verla de más cerca, acercó la silla y se sentó a su lado, todo esto con el fin de hablarle de tú a tú. — Eres una hermosa chica, tienes un mal carácter pero eres maravillosa gimnasta, buena hija y amiga. Estoy muy orgulloso de que parte de mí este en tí, le pese a quien le pese; sin embargo estos años he aceptado que jamás me verás como algo más, porque tu lealtad es para con Yurio.
— ¿Lealtad?
— Sí, la lealtad se gana, es algo íntimo entre personas que se aprecian o son parte de una familia. Mientras que la fidelidad es vista como un deber, la lealtad es algo que se brinda sin pedirlo.
Observó como ella bajaba el rostro, analizando esto.
— Tú no eres un error, eres la bendición que llegó a la vida de Mila, la calidez que ahuyentó la soledad auto impuesta de Yurio, la solidez que me hizo mejor persona, la realidad que le demostró a Yuuri que no todo es perfecto, pero puede serlo si uno se esfuerza. Eres muchas cosas, pero jamás pienses que no eres amada, porque hay mucha gente que te ama, incluyendo al pequeño Leroy.
Por fin, con ese comentario, observó las mejillas de la jovencita iluminarse, y fue como observar a Mila cuando tenía su misma edad y le hacia algún tipo de halago. El mundo se equivocaba, porque si bien esa niña era el reflejo de él mismo, y su actitud era tan parecida a la de Yurio que podría pasar por su hija, pero en realidad era digna hija de si madre… una identidad aparte de ellos y los que la rodeaban, pero que había adaptado para sí misma un poco de cada miembro familiar.
Era cierto que a Víctor le causaba un poco de dolor saberse fuera de la vida de esa pequeña, pero al mismo tiempo sabía que ese lugar no le pertenecía porque no se lo había ganado. Y sin embargo ese "no sé qué" estaba ahí, clamando que ella era parte de él, y que con eso bastaba.
— N-No somos nada… es un débil…
— Jajaja si tú lo dices pequeña y… creo que ya llegaron por ti — Víctor señaló con la cabeza la entrada del establecimiento, ahí se encontraba la pequeña Inzhu de la mano de la mano de Aimar, la madrina de Yúlia. Una hermosa mujer de cabellos azabaches y facciones delicadas; que pese a su apariencia podría vencer a un trio de bravucones o eso contaba orgullosamente Mila. Notó que la sonrisa de su "sobrina" resplandecía de inmediato. Y con una risita pensó que los próximos años serían muy complicados para Yurio, porque el encanto de su hija era llamativo, y no tardarían en solicitarle citas.
— Tío Víctor…
— ¿Si? — la observó con curiosidad, por primera vez la noto nerviosa y abstraída, todo lo que no demostraba a simple vista.
— Gracias… s-si… si alguna vez me lastimo y necesito tu médula ¡tendrás que dármela! — declaró incorporándose de inmediato, le dio un beso en la mejilla y salió corriendo al lado de su madrina.
Víctor no supo que decir, si le había agradado aquella declaración o si le causó gracia darse cuenta hasta qué punto Yurio la influenciaba. Pero sólo pudo pensar que esa calidez que sentía en su mejilla, era tan parecida a la que dejaba Kazuki en sus brazos cuando le abrazaba. Ese sentimiento... era el amor de padre que sentia hacia ambos, aunque solo pudiera decirlo en voz alta para uno.
El hubiera no existe. El presente es lo que tenemos y el futuro es algo incierto.
"En verdadera familia es la que tú haces. Se hace fuerte no por el número de cabezas que hay en la mesa, sino por los rituales que los miembros tu familia creen, por los recuerdos que comparten, por el compromiso de tiempo, cariño y amor que muestran entre sí, y por la esperanza para el futuro que tenemos como individuos y como una unidad".
Marge Kennedy.
Yuri siempre tuvo miedo de que al final, Víctor le quitara a su familia. Era Víctor Nikiforov después de todo. Pero ahí estaba su hija, pidiéndole que le cepillara el cabello una vez más. Se notaba más relajada, más feliz. Y eso le dio un respiro, aunque sea mediano. No sabía absolutamente nada de la conversación que llevaron juntos y eso le desconcertaba, sin embargo ver esos ojos azules y esa sonrisa bastaban para tranquilizarlo.
La pequeña no tardó mucho en quedarse dormida, Mila siempre decía que ella era como un gato al cual dormía mientras le cepillaba, y era cierto. La acomodó en su cama y besando su frente la dejo dormir.
Muchas cosas habían pasado en esos años, desde crisis de pareja, hasta no saber cómo enseñarle a una pequeña a ir al baño sola. Como pudieron, ambos aprendieron a darle a Yúlia todo lo que necesitaba. Y quizás más.
Las personas a su alrededor, su amistad y apoyo fueron claves para que no los consumiera el desasosiego, porque él había sido muy joven cuando acepto cargar con un hijo, pero el amor que comenzó a sentir por esta familia le dio la habilidad de crecer, aparentemente a pasos agigantados.
Quizá las únicas personas que supieron que tan difícil fue, habían sido Mila y su abuelo, pero ellos siendo sus pilares comprendían y le apoyaban.
— ¿En qué estás pensando?— escucho la dulce voz de su esposa.
— En que en algún momento ya no será una broma llamarte abuela — respondió abrazándola por la cintura. Observo esos ojos azules con un tinte de travesura antes de agregar. — aunque siempre puedo meterla a un convento.
— Sí, claro… como si no pudiera tomar un avión y huir a Japón en ejemplo de su padre. — bromeo ahora la pelirroja, provocando que Yuri hiciera un puchero molesto.
— Oye…
— Ya, ya… — la pelirroja se acercó hasta él y tomó sus labios, comenzando así una danza, una caricia, intima, tranquila pero al mismo tiempo tan pasional como eran sus besos desde hace algunos años atrás.
Al separarse la observó sonrojarse y luego negar con la cabeza.
— ¿Y ahora?— pregunto extrañado.
— Tu hija exige un hermanito… será mejor que hables con ella para tranquilizarla.
— Mmm
— ¿Qué?
— Bueno… quizás aún no estés tan vieja para cambiar algunos pañales.
Bromeó el ruso, para posteriormente escuchar la cantarina risa de su mujer.
Las cosas se dieron paso a paso, con baches y malos entendidos, con lágrimas y decepciones. Pero lo importante es que el amor está ahí, siempre está ahí. Solo espera a que lo observes… donde jamás imaginaste encontrarlo.
Fin.
Notas:
Yevguenia Kanáyeva: es una ex gimnasta rítmica rusa. Es la gimnasta rítmica individual más laureada de la historia, al contar en su palmarés con dos oros olímpicos (Pekín 2008 y Londres 2012) y haber sido 17 veces campeona del mundo y 13 veces campeona de Europa. En diciembre de 2012 Kanaeva anunció su retirada y fue nombrada Vice-presidenta de la Federación rusa de gimnasia rítmica.
Irina Víner: es una ex gimnasta, empresaria y entrenadora de honor rusa. Desde el 2008 es presidenta de la Federación Rusa de Gimnasia y vicepresidenta del Comité Técnico de Gimnasia Rítmica de la Federación Internacional de Gimnasia (FIG). En el 2001 fue galardonada con la Medalla de Honor de la Federación Rusa. En 2006 se convirtió en ganadora del premio público de Rusia "Grandeza Nacional" y en el 2013 recibió la Orden de la Amistad.
S Dnem Rozhdeniya: Feliz cumpleaños en Ruso.
Hola a todos:
Muchas gracias por todo el apoyo recibido en esta historia. Gracias a aquellos que les ha gustado y la aceptan pese a los errores cometidos en el trayecto.
Me siento orgullosa de esto, más que nada porque esta es la primera historia medio larga que he escrito. Quizás nadie lo noto pero cada capítulo es más largo que el anterior y eso es gracias a todas esas personas que me dejaron sus incógnitas en los reviews. Y por aquellos silenciosos lectores que aunque no sé si gustaron de esta historia, estuvieron ahí presenciando su desarrollo.
En este momento de mi vida, fue muy complicado escribir cada uno de estos renglones, cada palabra y sentimiento. De ser sincera la historia en si no tiene un significado literal en mi vida, pero si hay varias cosas que podrían concordar conmigo. Como todo escritor puse un poco de mí en estos personajes, hasta el punto de amarlos. Así mismo quería más que cualquier tipo de amor romántico, demostrar el amor paternal. No hace mucho que perdí a uno de los pilares de mi vida y esto me ha servido mucho para definir el amor incondicional de los hijos hacia los padres y viceversa.
En fin. Gracias por todo de verdad. No creo volver a escribir una historia larga, (a menos que termine mis pendientes jajaja) por el momento me entretendré con One shots. Tenía la idea de hacer un spin Off de Otabek y su familia, de cómo se las ingeniaron Mila y Yuri con la bebé. E incluso hablar un poco más de los personajes que cree para esta historia, pero no creo que sea muy interesante jaja.
Gracias a mi esposa que participo como mi beta en los últimos capítulos. Y a quién dedico este fic.
También de corazón se los dedico a cada uno de ustedes que lo ha leído.
24.01.2017
