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Promesa de alianzas de oro
Las lágrimas del ganador
Un año atrás se juraba a sí mismo que había ganado por satisfacción propia. Sin embargo todo había cambiado cuando de los labios de su entrenador habían salido aquellas palabras. No, aquello no había sido un buen triunfo.
—¿Sabes por qué Yuri Katsuki no se presentó? —Ésa fue la pregunta que le lanzó Yakov después de terminar su programa corto. Negó con la cabeza—. No fue un problema familiar, se lo han ocultado a todos aquí para mantener la situación bajo control.
Un nudo se formó en su garganta. Pensó que el muy maldito se había acobardado y botando a la basura todo el entrenamiento dado por Viktor y solamente se había acobardado.
—¿Qué sucedió con el tazón de cerdo? —Una sonrisa socarrona se dibujó en sus labios, pero la mano pesada de Yakov dio pequeños golpes a su hombro y luego lo vio negar con la cabeza.
—Lo que sucedió —Yakov tragó duro y luego una lágrima rodó por su mejilla. ¡Mierda! La situación era peor de lo que pensaba— es que Viktor y Yuri tuvieron un accidente, justo cuando estaban por llegar aquí un camión se atravesó en su camino.
Lo peor pasó por su mente, imágenes y todo eso. Y de la nada se encontraba perdido en el pasado, en la tarde que sus padres murieron y el resentimiento que albergaba por ello.
—¿Murieron? —Eso fue lo único que logró preguntar.
Yakov negó con la cabeza. —No —respondió después—. Están en coma, pero el peor caso es el de Yuri. Al parecer quiso proteger, no, protegió a Viktor. Lo único que sé es que los padres de Viktor vienen para Barcelona y que debo ir allí. Lo lamento, debo ir lo más rápido que pueda con él. Quedarás con Lilia.
Pero no se quería quedar allí. No quería volver a vivir las cosas dos veces.
…
Mas aquello pasó hace un año. Y ahora es solamente un recuerdo amargo.
No lo puede creer, que en un año a otro las cosas son distintas. Sus manos siguen siendo frías y sigue aferrado a su medalla de oro. No hay nada, por alguna razón aquel accidente le afectó tanto que ahora ya no puede clavar más sus saltos. Incluso tiene una lesión en su rodilla. Ya no es el mismo Yuri Plisetsky de antes, ha cambiado tanto que no recuerda la última vez que dejó de sentirse tan estresado.
—Piensas demasiado —una voz firme y seria a su lado le hace abandonar sus viejos recuerdos y su frustración—. Despertará cuando deba despertar.
—Y tú deberías estar ganando el oro, Otabek. —Porque desde que aquello sucedió no lo ha dejado solo, va tras de él a cada lugar que vaya. No lo entiende, pero tampoco se lo pudo impedir, Altin de un día para dejó su vida y comenzó a estar para él diciéndole que la vida es así, fallos y complicaciones—. ¿Por qué me sigues?
—¿Importa?
Pero Yurio le ignora como lo hace algunas veces. Sabe que no podrá ignorar su presencia tanto tiempo, es débil y con el tiempo se ha acostumbrado. Toma la mano de Yuri Katsuki, es fría como la de él. Ha estado cuidándole durante diez horas y sabe que a pesar de que envió a Viktor a descansar, éste seguramente está llorando y lamentándose.
—Mis padres murieron en un accidente —comienza hablar— y yo era un pequeño niño. Recuerdo mucho esa noche.
—No hables de ellos si duele —Otabek está sentado en el sillón blanco que Viktor estaba hace unas horas. Sabe mejor que nadie lo mucho que duele la vida de Yurio, se ha acostumbrado a escucharle cada noche llorar después de tener pesadillas. Pesadillas que se ha negado a contar y explicar.
—Tienes razón —masculla Yurio y suelta la mano de Yuri para caminar y sentarse al lado de Otabek. Lo hace y éste se hace un lado—. Pero creo que debo hablar de ello, quizás conozco lo mal que se siente Viktor. Yo también siento esa culpa.
—Hoy estás siendo muy dócil, me sorprende.
Yurio frunce el ceño y hace una mueca con sus labios. —No me jodas.
—No lo hago, yo sólo digo lo que pienso.
—Pues no lo hagas mientras estoy en este humor de mierda, no suelo ponerme así seguido. —Ambos ríen—. Pero volviendo al tema, es mi culpa la muerte de mis padres.
—La muerte no es culpa de nadie, la muerte sólo llega.
Y Yurio no sabe cómo es posible. No sabe por qué de la nada se siente un enorme alivio. Solamente Otabek suele sacar su lado tranquilo y amable, quizás porque él comprende de cierta manera.
—Eso no quita mi culpa —dice evadiendo el alivio, siente que no tiene derecho a sentirse bien—. Mis padre iban a ver a mi abuela y yo estaba muy enfermo, había salido a jugar con la nieve sin abrigo. —La mano de Otabek toma la suya. Puede sentir tranquilidad y también puede sentir un leve calor que le comienza a quemar poco a poco—. Yo quería ir con ellos y antes de que se fueran les dije que los odiaba tanto que esperaba no volver a verlos.
Otabek puede sentir la tristeza de Yurio, quiere borrarla de él. Aunque solamente sea una suave caricia, lleva su otra mano al rostro del menor y lo acaricia. Siente cómo éste busca un poco más de aquella caricias y no solamente esto, hace que el agarre de sus manos sea más fuerte. Quiere un poco de calor para olvidar el pasado.
—El pasado es algo que no podemos olvidar —dice acercándose poco a poco a él, por primera vez en mucho tiempo desea cruzar esa leve separación entre la amistad y el amor profundo y de un amante—, pero el futuro es algo en lo que no podemos pensar. —Choca su frente con la de él y lo escucha suspirar, no se aparta—. Quiero curar cada herida que hay en ti, tus brillantes ojos me hacen quedarme a tu lado.
Y Yurio no lo quiere apartar, no lo hace. Solamente quiere escapar un momento de toda esa tonta realidad. Quiere cambiar por cinco minutos y olvidar cuán fracasado se ha vuelto últimamente. Es por eso que acerca sus labios a los de Otabek y le besa.
Quiero cambiar por cinco minutos y olvidar cuán miserable me he vuelto. Quiero olvidar el pasado y decir que todo está bien. Que esto no me afecta. Pero cada vez que miro al tazón de cerdo pienso que quizás después de todo la vida da segundas oportunidades.
Los labios de Otabek son cálidos y para nada posesivos.
Solamente déjame curarte, Yuri, por cinco minutos. Déjame estar contigo.
Y Yurio lo sabe, mientras besa los labios de Otabek, que él nunca le abandonará y seguirá allí.
—Vik… —las maquinas comienzan a sonar y entonces Yurio y Otabek se alejan y se sorprenden—. Viktor…
¡El tazón de cerdo ha despertado!
¡Mierda!
¡Hola!
Espero pudieran disfrutar de este capítulo.
Les voy preparando mentalmente para un trio amoroso entre Yurio y dos personas más. Espero que les guste el fic como va.
¡Felices fiestas!
Les quiere, Ray.
