Naruto y su universo pertenece a Masashi Kishimoto. Esta historia sí es de mi autoría.
*Respuesta a comentarios y notas al final.
Capítulo l: Proteger a Sakura
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Uzumaki Naruto, alguien alegre por naturaleza, parecía haber olvidado ese rasgo tan característico de su persona.
—¿Pero qué le pasa a este muchacho, qué mosca le picó? —murmuró Teuchi al ver salir enrabiado al rubio. Su hija Ayame movió los hombros sin saber qué responderle a su padre, pero encerraba en su mirada cierta preocupación.
Naruto había llegado al puesto de ramen tan feliz y hambriento como de costumbre. Daba igual que hubiera crecido tanto que debía agacharse para poder pasar al puesto, o que su carácter infantil haya quedado atrás —lo que no significaba que hubiera perdido su buen humor desbordante— porque, en definitiva, siempre sería el mismo Naruto de risa fácil que todos habían aprendido a apreciar como el héroe de Konoha y próximo Hokage; sí, nadie dudaba que el rubio se merecía ese puesto.
Había tomado asiento en las banquetas mientras le gritaba alegremente a Ayame por lo de siempre, y no alcanzó la mujer a colocarle un tazón humeante en la barra cuando Pakkun apareció tras una nube de humo; su expresión generalmente desganada parecía haber cambiado por una seria, cosa que sorprendió a los presentes pero no dijeron nada. El perrito ni siquiera saludó, simplemente dejó un pergamino al lado del tazón y desapareció tan raudo como apareció.
Naruto se sorprendió de semejante conducta, pues con Pakkun era muy sencillo charlar y que el perrito pareciera tan apurado le dio mala espina; de igual manera, él no solía pensar negativamente aunque sus corazonadas no le fallasen. Llevó los palillos llenos de fideos a su boca mientras leía el mensaje de Kakashi, y mientras sus ojos recorrían el contenido de la misiva más presionaba los palillos, hasta que finalmente los rompió.
Teuchi y Ayame se sobresaltaron ante esto.
—Tan rico como siempre, Ayame, viejo —murmuró con la vista perdida en el papel. Se levantó con lentitud pasmosa y salió dando zancadas.
Los dueños de Ichiraku Ramen esperaban que nada malo ocurriese con Naruto o la villa, porque siendo él, cualquier peligro a la aldea podía ponerlo tan mal; y de todas maneras, ¿para qué otra cosa le llamaría el Hokage con tanta prisa si no era por algo malo?
—Recemos para que se solucione lo que sea que ocurra —dijo Ayame y su padre asintió a su lado.
—Un momento… ¿y ahora quién se va a comer este ramen? —La mujer suspiró ante la superficial preocupación de su padre y le estampó un cucharón en la cabeza.
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Naruto no podía sentirse más frustrado, furioso, incrédulo… No podía creer nada de lo que estaba pasando y menos que Kakashi se lo dijera de esa forma; casi pensó que era una broma, pero algo en la carta del ex sensei le hizo sentir que estaba tan perplejo como él, inclusive molesto, pues los trazos eran exageradamente largos y descuidados, además de que se notaba la presión que había ejercido con la pluma.
Si nada de esto era una broma, alguien iba a pagar. Nadie se metía de una forma tan baja con el Equipo Siete mientras él estuviera respirando.
Y vaya que respiraba fuerte. Los ciudadanos de Konoha se hacían a un lado cuando veían la alta figura de Naruto, cabreado como pocas veces lo habían visto. El rubio era altamente emotivo, igual que su compañera de cabello rosa, así que no era difícil notar a Naruto fuera de sus casillas; fácilmente podía compararse con un toro: mantenía una fiera mirada al frente y casi parecía exudar bronca. Varios notaron que se dirigía a la Torre Hokage, y algunos se preguntaron qué jugada le habría hecho Hatake para que se pusiera así. Era extraño, puesto que Naruto gozaba de buen humor casi todo el día, tanto que dolía y alegraba a partes iguales. Cuando lo vieron perderse en el interior de la torre con un fuerte portazo, imploraron que no se desatara una batalla que se llevase consigo las reconstrucciones que tanto tiempo les había tomado hacer.
Uzumaki no se tomó el tiempo de tocar la puerta: nunca lo hizo con la vieja Tsunade, no lo haría con Kakashi, y menos en aquél momento. Le pareció notar a Shikamaru en un costado de la sala, apoyado en la pared con su perezosa esencia; Nara soltó un suspiro de fastidio al ingresar su atolondrado amigo.
Kakashi ni siquiera se inmutó cuando Naruto estrelló las manos en su escritorio, consiguiendo que muchos documentos presuntamente importantes volaran en todas direcciones: ninguno de los tres hombres se preocupó en ningún momento por ellos.
—¿Qué pasa, Naruto? Ya no veo el caso de pedirte que llames antes de entrar —dijo el Hokage. Parecía esperar desde el principio la reacción del rubio.
—¡A la mierda con eso! Explícame ya mismo lo que quisiste decir con esto—estiró la mano y puso el pergamino a centímetros de la nariz de Kakashi; éste lo miró fastidiado, no hacía falta que le mostrase una carta que él mismo había escrito.
—Lo que dice, Naruto. No puede ser más claro —habló Shikamaru. No lo estaba diciendo irónicamente como podría esperarse de él, había cierta cautela en su voz.
—¡No te metas! Ya sé lo que dice, pero merezco una explicación luego de leer tanta basura.
—Ah… ¿Por qué lo haces tan problemático? No es basura, es una verdad; fastidiosa pero verdad al fin.
—Una verdad que no tiene ni pies ni cabeza, Shikamaru. ¡Di algo, Kakashi! ¿Sólo me hiciste venir para que lea en voz alta tu porquería de mensaje? ¡Pues bien, aquí te va! —Tomó el aire que había perdido con sus anteriores gritos—: "Naruto, si te digo esto con antelación es porque conozco tu temperamento y si te esteraras después armarías más escándalo del que probablemente harás en breve. Llegó una petición de casamiento del Señor Feudal del País del Fuego: solicita a una kunoichi como esposa para su hijo… Y pidió a Sakura. Ella ya lo sabe, así que no vayas a molestarla con este tema, pues tiene suficiente en qué pensar. Kakashi".
—No te hice venir, pero me alegra que montaras tu escándalo aquí en lugar de hacerlo en la casa de Sakura —Kakashi presionó el puente de su nariz. Con Naruto no funcionaba la sutileza, pero acababa de darse cuenta que ser directo con él era como encerrarse en una habitación llena de gas y encender un fósforo. Un Naruto centrado y razonar temas que perjudicasen a sus seres amados nunca encajarían en la misma oración.
—¿Y qué? No piensas permitir esto. ¿Verdad? —Kakashi alzó la vista, mirándolo con un malhumor palpable y Naruto comenzó a sentir pesaba la cabeza —. ¡No me jodas! ¡Tienes que estar bromeando!
—No es mi decisión, Naruto, de todas formas —Sakura le había dejado bien en claro aquello. Aunque no lo pareciera, esa frase afectaba bastante a Kakashi.
—¿Y de quién, sino? ¿Quién más tiene la autoridad para pararle el carro a ese desfachatado? ¿¡Te faltan huevos y necesitas que lo haga yo!?
—¿Y entonces qué, Naruto? —alzó la voz Shikamaru —. Vas y le das una paliza al Señor Feudal, a su hijo y a su mascota si quieres; y a Konoha le cortan los suministros, las misiones; puede que Señores Feudales de otras naciones se tomen esto como un desafío de los Shinobis y convenzan a sus Hokage de borrar del mapa nuestra villa. Sakura es la verdadera afectada en esta situación y, sin embargo, no hizo berrinche como tú: ella tiene bien claro todo lo que acarrearía ignorar la autoridad del Daimyo.
Naruto presionó sus puños hasta lastimar sus palmas, pero ni siquiera el dolor pudo desviar un poco su atención. Era inconcebible, surrealista, ¡maldita sea! Tenía que ser una vil mentira. Se volteó a Kakashi, acusándolo con la mirada como pocas veces había hecho.
—Sakura no se merece esto. Ella merece que la defendamos, que toda la villa lo haga de ser necesario. ¿Le daremos la espalda? ¿Vamos a entregarla como si fuera un adorno bonito? ¿Así le pagaremos todo su sacrificio? No estoy dispuesto a ser escoria.
Dicho aquello Naruto se fue, apesadumbrado porque, en el fondo, sabía que no había mucho que pudiera hacer. Él sabía luchar, protegía a sus amigos y a los más débiles con puños, sudor y sangre; odiaba la idea de que, cuando fuera Hokage, tuviera que traicionar sus sentimientos por el bien común… Aquello… ¿Aquello era ser un líder? Sakura podría respondérselo, siendo ella mucho más razonable y diplomática que él, pero le aterraba conocer su respuesta, porque probablemente sería algo relacionado al sacrifico… ella entendía más de sacrificio que de fuerza y batalla.
Todo era tan injusto. Necesitaba el abrazo desinteresado de alguien, algún consejo, alguien que no lo juzgara por más egoístas que fueran sus pensamientos.
Necesitaba de Hinata.
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¿Por qué Naruto tiene que decirme esas cosas? Él sí que sabe hacerte sentir escoria.
En momentos como aquél no sabía si sentirse orgulloso de la fiereza con que Naruto defendía a sus compañeros y amigos, algo que él se había esforzado en enseñarle a sus tres alumnos desde el minuto cero, o maldecirse hasta el cansancio.
¿De verdad se creía que él estaba bien con esto? Era Sakura, por Dios.
—Naruto no es al único que esto le parece problemático —Shikamaru nunca necesitaba hablar a no ser que fuera necesario, pero le costaba manejarse con los emocionales miembros del Equipo Siete. Sakura y Naruto eran los expresivos, pero Sasuke y Kakashi, si bien mucho más parcos, se guiaban por sus emociones sin darse cuenta. Daba las gracias en no haber terminado dentro de ese dramático equipo, pues se habría vuelto loco. Kakashi en ese momento estaba quieto como una estatua, las palabras de Naruto le habían afectado —. Veremos qué hacer… De todas maneras, de seguro Sakura no aceptó esto.
—No estés tan seguro, Shikamaru —murmuró Kakashi, con una cuota de indignación en el tono ciertamente sorprendente.
Aún podía recordar esa espantosa mañana con lujo de detalles. Había mandado llamar a Sakura y allí se encontraba sentada del otro lado de su escritorio. Pasaron dos minutos de los tres que la muchacha necesitaba para leer el contenido que expresaba el Señor Feudal en su carta y procesar la información para mostrar alguna emoción en su faz, pero sacando la extrema palidez de sus mejillas, no existía otra señal que mostrara lo que pensaba al respecto.
Kakashi podía actuar debidamente conforme a cualquier situación, no por nada era líder y protector de su aldea, pero le costaba horrores hacer lo mismo cuando de sus tres alumnos se trataba. Analizando todos los sucesos del pasado, Hatake llegó a la conclusión que se debía a que no se permitía dar ni un solo paso en falso, porque los podía perder en un suspiro. Les falló tanto que se convirtieron en otro trauma, uno especialmente fuerte como para anularle.
Sasuke era el más misterioso de los tres, nunca dejando en claro sus motivaciones; en situaciones críticas podías esperar encontrarte con alguna grieta en su armadura, o de plano toparte con el fin de los tiempos. Naruto era tan fácil de leer como el agua: ira, tristeza, alegría… todo era muy claro; pero había adoptado esa costumbre de ser tan impredecible como en sus batallas: siempre con un haz bajo la manga, con algo nuevo. Sakura no era misteriosa ni impredecible, era algo peor: una criatura astuta, lista para poner la mejor máscara. Siempre fue terrible para anular sus sentimientos, algo básico para la supervivencia de cualquier ninja que se jactase de serlo, pero había aprendido a dejar la cara en blanco cuando la situación la superaba. Kakashi pensó en muchas ocasiones que se debía al shock, pero no se quedaba paralizada… No sabía cómo interpretarlo y eso lo frustraba ¿Cómo podría lidiar con una de sus crisis si no reaccionaba, pero al mismo tiempo no parecía estar perdiendo la cabeza?
—Supongo que no darás una rotunda negativa ¿O sí? No es tu decisión, de todos modos—su voz suave no lo tranquilizó en absoluto.
—Quizá no tenga la autoridad, pero moveré todos los hilos necesarios e innecesarios. No voy a permitirlo, si es lo que quieres saber.
—No soy tonta, Kakashi. Sé cómo es la política, ayudé a Tsunade en esos aspectos, nunca fue buena con el papeleo —comentó perdida, su sensei consideró que lo hacía para recordar mejores momentos y no estallar —, y no hay mucho que puedas hacer si quieres conservar la paz de Konoha. Si nos negamos a acatar las órdenes del Daimyo, ¿cuánto tiempo pasará para que deje de enviarnos suministros? Ahora más que nunca los necesitamos con tantos niños huérfanos, sobre todo por el hospital que manejo con Ino y Hinata. Si nos corta la comunicación con las otras villas y naciones, ¿de dónde obtendremos misiones y dinero? ¿Cómo pagaremos a los ninjas? Sin alimentos la furia de los aldeanos aumentará y habrán luchas civiles, saqueos, violencia… no hay nada peor que el hambre, ni la guerra misma; los shinobi no podrán mantener el orden público aunque quisieran trabajar sin pago, y tú sabes que a las nuevas generaciones les falta un poco de la voluntad de fuego que nos dio la guerra… Cuando hay paz no se necesita pasión para seguir adelante, porque todo lo ganado no va a perderse, o al menos eso se piensa. No será instantáneo, más bien poco a poco… pero el Señor Feudal es el líder aunque no maneje la fuerza militar, y siempre puede recurrir a alianzas con otras villas shinobi en caso de "insubordinación" —cuando terminó de hablar, a Sakura le temblaban las manos y apenas podía contener las lágrimas. Le dedicó una sonrisa triste a su Hokage —. Jamás estuve tan furiosa y asustada en mi vida, no sé qué hacer.
Kakashi sentía un enorme peso; podía imaginarse a un par de ojos azules y otros negros observándolo con una amenaza velada. Nunca lo habían dicho, pero existía un acuerdo tácito entre Naruto, Sasuke y él: proteger a Sakura. Era algo que habían establecido cuando apenas se formó el equipo; quizá no tenía sentido mantener aquello cuando Sakura era lo suficientemente fuerte como para protegerse y cuidar de los demás, no dudaban de su capacidad, pero el que más cerca estuviera de ella tenía la obligación de cuidarla, y los tres lo habían aceptado.
¿Por qué su alumna tenía que hacerlo? ¿No había más kunoichis? ¿Mujeres que estuviesen más preparadas para una vida de protocolo y lujo? Estar al lado del Señor Feudal como una muñeca no era lugar para una shinobi, ni siquiera para una medic‐nin.
¿Pero cómo podía buscar el modo de evitarle aquél abuso cuando ella misma parecía resignada a la idea? ¿Qué pasó con su amor por la libertad? ¿Con el amor por sí misma? Era ridículo que su Voluntad de fuego, aquella que se manejaba con el amor, la protección, la lucha contra viento y marea, se hubiera reducido a cenizas muertas.
—Kakashi… por favor —se levantó temblorosa del asiento y se inclinó ante él con la más humilde de las súplicas —, necesito tiempo; aún quiero ayudar fuera de Konoha, aún tengo sueños para esos niños que perdieron todo, sueños que quizá hayan dejado atrás pero yo no estoy dispuesta a que renuncien a ellos —se irguió cuan alta era, por más menudo que su cuerpo fuera —. ¡No estoy lista para renunciar a todo eso! Si no es por mí… que sea por aquellos que quizá me necesiten.
Era todo lo que necesitaba. Puede que Sakura no estuviera dispuesta a luchar contra el Señor Feudal por ella misma, porque sus ansias de proteger a Konoha eran tan fuertes como las de Naruto y Sasuke… pero era capaz de buscar una razón aún más fuerte para buscar otra alternativa: ayudar, sanar, acompañar.
Kakashi no había renunciado a Sasuke a pesar de que él quiso destrozar todo lazo con ellos. Mucho menos abandonaría a Sakura, ni siquiera por Konoha. Y estaba bien con eso, porque podía apostar todo a que Naruto y Sasuke pensaban igual.
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*Respuesta a comentarios
Guest: Me alegra que el prólogo te haya causado curiosidad. Muchas gracias y espero que la historia te motive a seguirla. ¡Un saludo y gracias por comentar!
Abril: A tí te conozco, jajaja. Gracias por tu apoyo, de verdad; y en verdad espero poder hacer de este fic lo más largo que pueda. Me esforzaré. ¡ Besos para ti!
Jessica Ivonne: Primero, qué lindo nombre, ¿o nick? jaja. Me alegra que te haya interesado lo suficiente como para comentar, en verdad lo aprecio con todo el corazón. ¡Mucha suerte para ti tambien! Te mando un beso grande.
A las que tienen cuenta ya les respondí por privado ;)
NA: Pues bien, visto que a varias personitas les interesó el prólogo, decidí traer muy pronto el primer capítulo. Los primeros capítulos van a ser más bien introductorios, y puede que este no me haya quedado muy largo, pero espero poder extender los siguientes capítulos.
Hablando poquito de la trama, vemos a nuestros queridos ninjas en una situación política complicada: hay muchas guerras que pueden librarse, y no necesariamente tienen que ser con armas. De hecho, es común que antes de llegar a la instancia de "guerra" propiamente dicha, las hostilidades pasen por las fronteras, alimentos, medicamentos, alianzas desfavorables... etc. Aislar a un país es casi tan dañino como un enfrentamiento bélico.
En Naruto desde luego no se deja en claro la función del Señor Feudal. Más que para escoger al Hokage (dentro del consejo es más bien otra opinión más) y de que es el líder del País del Fuego no parece tener mucho peso y poder... Pude haber puesto a Sakura como "prometida" de otro Kage o un Señor Feudal de otra Nación, pero me pareció más interesante hacerlo más bien interno; después de todo, los intereses internos som más variados que los generales que pueda tener una Nación contra otra así que... Vamos, no será un fic de política ficticia, pero tenía que poner a Sakura y aliados en una situación pesada, después de todo ella tiene muchos contactos poderosos como para escapar fácilmente de esta situación si el Señor Feudal no tuviera tanto poder (si salvaron a Sasuke con semejante prontuario que se carga... jajaja).
Kakashi desde luego se preocupa por su aldea, no piensen lo contrario, pero viendo las tremendas desiciones que tomaron para salvar a Sasuke, teniendo a todo el mundo shinobi en contra, es de esperar esto. No va a abandonar a nuestra Sakura, y Kakashi será su principal protector (al menos por un tiempo, jojojo *risa de mujer pseudo-elegante*).
Espero que les guste este fic, la verdad yo estoy muy emocionada y espero contar con su apoyo, aunque sean poquitas almas yo las amo igual 3 ¡Muchos besos!
