Naruto y su universo pertenece a Masashi Kishimoto. Esta historia sí es de mi autoría.
*Notas y agradecimientos al final.
Capítulo ll: Misión de doble objetivo
.
.
.
Resulta curioso cómo la vida, los planes, el camino que uno se fija, todo eso pueda verse afectado por otras personas sin apenas darnos cuenta. Y quizá lo peor no radica en el hecho de que nos saquen de nuestra zona de confort, que nos empujen bruscamente fuera de la línea que venimos trazando y sobre la que caminamos; lo malo comienza y termina cuando no estas de acuerdo con ello y, sin embargo, no puedes hacer más que ahogar un gruñido y aguantar.
Sakura había reflexionado sobre ello durante toda la noche, visto que no podía pegar ojo a pesar de haber tomado las pastillas para el sueño que durante mucho tiempo se había negado a usar. No tenía sentido permanecer en las cuatro paredes de su habitación, que de pronto se le antojaron tan claustrofóbicas como lo sería una cueva profunda, húmeda y sin luz. Se levantó y salió a la calle a las seis de la mañana, para no sentirse tan desubicada como si lo hubiera hecho a las cinco o cuatro de la madrugada; seguía siendo muy temprano, pero al menos los panaderos y carpinteros ya se encontraban ocupados recorriendo las calles.
La cabeza se le antojaba terriblemente pesada y, sin embargo, el sueño no terminaba nunca de empujar los párpados hacia sus mejillas; su cansancio era más bien emocional, tanto pensar y dar vueltas sobre lo mismo era agotador. Resultaba nuevo en ella, pues siempre había preferido meditar sobre sus emociones y tratar de darse palmaditas imaginarias en la espalda cuando se sentía muy sensible, auto consuelo. Al crecer comenzó a experimentar sucesos cada vez más duros, hirientes… si hubiera querido pensar en ellos como lo hacía de niña, se habría hundido. Descubrió que era más sencillo razonar con los hechos, y siendo ella una mujer de lógica, casi le resultaba placentero; el curioso cariño por analizar las cosas con frialdad, que comenzó a desarrollarse desde los entrenamientos con Tsunade, era inversamente proporcional al análisis de sus sentimientos.
Y sin embargo, ella no era fría, maldita sea si lo sabía. Si lo fuera, no se habría aislado en su consulta para evitar que alguien le preguntase por su pálido rostro o el temblor de sus labios. Fue casi un alivio que aquella paciente con su bebé le pidiera asistencia médica, pues no se habría perdonado a sí misma la humillación de haber salido corriendo por Konoha dispuesta a todo, ya sea golpear a quien le hablase o tirarse al suelo para llorar. Tenía que buscar la forma de explotar, pero no quería dejarse en evidencia con todo el mundo.
¿Cuánto tardarían todos los aldeanos y shinobi en enterarse de su destino? ¿Le tendrían lástima? ¿Algunos le envidiarían la vida de lujo que le esperaba como señora del futuro Daimyo? ¿Recordarían a la mujer del Equipo Siete, siempre a la sombra de sus poderosos compañeros, luego de su partida?
No… eso no era cierto. Ya no era la pequeña mota rosada que perseguía a Sasuke, Naruto y Kakashi; ni siquiera estaba segura de que alguien, alguna vez, hubiera pensado así de ella. Ella misma era su principal juez, exigiéndose lo que ni siquiera su maestra le habría exigido jamás. No se quejaba: gracias a su, a veces, hiriente autocrítica había crecido como ninja, medic‐nin y persona.
Ayer había hecho un despliegue memorable de raciocinio, había dicho exactamente lo que todos esperarían que dijera, incluso aunque la única persona escuchándola fuera Kakashi —quien no buscaba eso de ella, exactamente—. No había mentido respecto a lo que pensaba: eso era lo correcto, pero nunca dijo que era su deber casarse ¡Porque no quería hacerlo! Y eso lo había expresado con su deseo de salir al mundo, de ver los escombros y construir con ellos algo nuevo. Desde que terminó la guerra y fundó su hospital de niños, en lo único que podía pensar era en llevar su ayuda a lugares donde no llegase el brazo de Konoha.
¿Pero cómo lo haría? No podía simplemente desaparecer en el monte más alto.
Espabiló cuando un carpintero, por accidente, casi la golpea con un tablón de madera demasiado largo para maniobrarlo con naturalidad. Sakura lo esquivó por instinto y devolvió con dulzura la sonrisa de disculpa del hombre.
Necesitaba hablarlo aunque, paradójicamente, se había negado a abrirle la puerta a Naruto. Eran las once de la noche cuando escuchó los sonoros golpes, junto con el patrón característico que su amigo rubio usaba sin darse cuenta: toc‐toc… toc‐toc‐toc, sonaba algo así. Estuvo llamándola como media hora, sin llegar a ser irritante, más nunca pronunció su nombre… Naruto sabía respetar su espacio a su manera, y ella lo apreciaba. Luego de ese periodo de tiempo él se fue, y pudo escucharlo arrastrar los pies con desgano marcado; se sintió fatal por aquello, y aún lo hacía. Naruto no se merecía que le plantara así, cuando él siempre la defendía a capa y espada, incluso por las situaciones más bizarras y ridículas; pero, ¿cómo enfrentarse a él sin lanzarse a sus brazos a llorar y abrazarlo tan fuerte como para romper su columna? Con Naruto no era fuerte, no podía, bastaba una sola mirada de esos puros ojos celestes para desmoronarse buscando su ayuda. No quería involucrarlo, él pensaba ser Hokage, lo merecía más que nadie y no le convenía tener mala relación con alguien tan poderoso e influyente como el Señor Feudal. Sabía que a Naruto eso le importaba una soberana mierda, y es que estaba acostumbrado a que las cosas cambiaran su cauce con un par de trompadas y quizá uno o dos discursos de su efectiva filosofía de vida… pero eso solo funcionaba con shinobis, que vivían apasionados de todo porque cualquier día podía ser el último. Los civiles tenían otras armas, a veces eran más peligrosas y ambiguas que las de los ninjas.
Exhaló un suspiro trémulo, de pronto le dolía mucho la cabeza.
—Sakura ¡Eh, Sakura! —Ino agitaba su mano, llamándola para que entrara a su florería. Siempre tan alegre… Sakura había tenido la suerte de que sus dos mejores amigos siempre tuvieran una sonrisa que dar a pesar de todo lo que les ocurriese, como la muerte de Inoichi en el caso de Ino —. Eh… ¿Qué te pasa? Estas horriblemente pálida, ¿sabías de la existencia de colorete?
—Gracias, Ino —intentó sonar mordaz, más no tenía la energía ni el ánimo para ello, e Ino lo notó.
La rubia entrecerró los ojos con sospecha. Sakura no estaba bien. La guerra, la nueva partida de Sasuke tras lo de Toneri meses atrás, la forma en que se involucraba con los niños del hospital y sufría por ellos… todo eso le había quitado a su amiga gran parte de su alegría; lo peor era no saber si en algún momento la recuperaría. Ella, Tsunade, Naruto, Hinata… diablos, todos los "novatos" ya no novatos la querían ver repartiendo sonrisas con facilidad, podía apostar a que toda persona que la conociese quería lo mismo.
—Anda, hablemos. De todas maneras es muy temprano para vender flores
Sakura no estaba segura de ir con Ino porque terminaría hablándole sobre lo de ayer, y le daba un poco de miedo su reacción. Naruto podía tomárselo mal, realmente mal, pero lo pensaría dos veces antes de gritarle a ella. Naruto tenía la costumbre de no culparla por nada y no sabía si agradecerle o reprenderlo por ello, estaba segura que nadie podría hacerla entrar en razón como él. Ino no era como el rubio, se parecía a una serpiente: atacando rápido e inesperadamente, daba igual el objetivo; sabía contener su ira aún menos que ella misma.
Se enterará. Puedes apostar todo a que si lo hace por su cuenta te pateará el culo.
—Tengo algo importante que decirte —comenzó tanteando el terreno mientras Ino regaba unas flores. Ella acarició con suavidad los pétalos de unos impolutos lirios; le cruzó por la mente un distante recuerdo de ella misma dejándole esas flores a Sasuke durante la infancia, cuando él resultaba lo suficientemente herido como para ingresarlo al hospital. Rechazó ese pensamiento tan rápido como llegó —. Y, francamente, no es la mejor noticia que podría darte.
Yamanaka sostenía una maceta en su mano y volteó a verla de reojo, no pudo evitar sentirse alarmada. Sakura ya no era como antes en muchos aspectos y uno de ellos consistía en no ser tan abierta con sus preocupaciones, no solía compartirlas porque lidiaba con ellas a su manera; no es que a Ino le pareciera bien… pero había cierta cuota de dignidad y orgullo en eso, por lo tanto lo respetaba. Pero… ¿Qué podría pasar para que su amiga estuviera tan seria?
—¿Acaso estas embarazada? —exclamó Ino, sintiéndose de pronto estúpida ante la mirada amarga y sarcástica de Sakura, una que casi parecía decirle: "¿Eso es lo mejor que se te ocurre?".
—Tengo que casarme —contestó secamente, casi con crudeza, como si quisiera castigarla o quizá a sí misma.
Hasta ahora caigo realmente en lo que tengo que hacer, debía decirlo en voz alta… Lo siento por tener tan poco tacto, Ino. Más nunca lo dijo. La joven de cabello rosa no mudó la expresión de su rostro ni siquiera cuando Ino soltó la maceta y esta se estrelló en el suelo.
La rubia cubrió su boca con una de sus manos mientras negaba repetidamente con la cabeza. ¿Qué significaba aquello? No podría ser algo bueno ya que… rayos, Sakura no se notaba para nada feliz ¿Se supone que debía creerle, acaso era una broma? ¿Por qué Sakura le mentiría con algo así? Si fuera una broma, Sakura ya estaría soltando la carcajada y ella aventándole una cubeta de agua por casi producirle un infarto. Observó a su amiga intentando encontrar un tic nervioso, agitación en los hombros al contener la risa, inclusive sondeó su chakra para verificar que no fuera un clon de algún idiota que quisiera reírse a su costa. Nada, absolutamente nada parecía fuera de lugar, excepto la situación en sí misma.
—No entiendo —dijo finalmente —. ¿Vas a casarte así, de la nada? ¿Cómo es que yo no tenía idea? ¿¡Con quién!?
Y allí se iba la calma…
Era realmente incapaz de entender. La rubia no se consideraba especialmente inteligente, no como Shikamaru o la misma Sakura, pero aquello escapaba de toda lógica, y no había que ser un genio para darse cuenta de la situación ridícula que acontecía. Ino era alguien muy atenta, con más oídos imaginarios de los que realmente podría necesitar; no es que fuera chismosa —quizá un poco—, pero no acostumbraba a que las cosas se le pasaran por alto y el supuesto futuro esposo de su mejor amiga era algo que ni en un millón de años hubiera desconocido.
Daba igual que Sakura ya no fuera tan comunicativa ¡Ella era su amiga, carajo! Desde que esa malagradecida con pelo estrambótico era un diminuto polluelo rosado y acomplejado. Ella jamás le ocultaría algo tan importante ¿Y Sasuke? No es que Ino fuera partidaria del Uchiha, no cuando luego del asunto de Toneri volvió a marcharse para consternación de todo el mundo y dolor de Sakura. Shikamaru y Chouji sabían lo mucho que a Ino le afectaba la "soledad" de Sakura ¿Qué más querría ella que verla feliz con un hombre que la valorase y cuidase? Y si, de paso, Sasuke veía ese espectáculo, Ino estaría en primera fila comiendo palomitas de maíz y riéndose del ex revolucionario hasta morir. A ella podían decirle que Sasuke pasaba de su amiga, pero el tipo era un idiota territorial y apostaba todo a que no le haría gracia ver a su "eterna enamorada" dejándolo en el rincón de los olvidados. Pero siendo honesta, Sakura seguía enamorada de él. ¿De pronto algún tipo le movió el piso? Debía ser un terremoto para conseguir sacar a Sasuke del corazón de su amiga.
—El Señor Feudal del País del Fuego solicita a una kunoichi de Konoha para unirse con su hijo y próximo Guardián del país… me escogieron a mí —suspiró derrotada. Le costaba horrores decir aquellas palabras sin sentir que una piedra ardiente le pasaba por la garganta y luego se quedaba atorada en su esternón. ¿Cómo iba a casarse si ni siquiera podía reconocerlo en voz alta? Los nervios comenzaron a atacar sus extremidades, de pronto se sentía muy débil y cansada, todo el estrés acumulado pesándole en las piernas.
—No puedo creer lo que me cuentas, Frente… ¿Desde cuándo a los feudales les interesan las mujeres kunoichis? Ellos quieren muñequitas de porcelana que hablen lo necesario y hagan poco ¡Una shinobi es todo lo contrario, más aún una de Konoha! —Yamanaka explotó en gritos y comenzó a gesticular con los brazos, estaba tan enfadada que no notó la palidez alarmante que surcaba el rostro ojeroso de su amiga —. ¿Por qué tú? Tu lugar es aquí, al servicio de la Villa, defendiendo las putas fronteras del ya que ellos no son capaces ni de levantar un kunai sin ayuda, cuidando enfermos y niños ¿Cómo vas a encajar allí? Konoha te necesita, cualquier aldea shinobi, pero no un palacio. Y lo que más me indigna es que lo demanden por carta ¡Por carta! ¿Acaso eres una mascota, un trámite más? —Ino consideró que debía calmarse, por el bien de Sakura y su propia salud mental —. ¿Qué le dijiste a Kakashi?
Sakura respiró profundo, tenía las manos apoyadas en el mostrador y no se atrevía levantar la cabeza y encarar a Ino. Todo lo que ella decía era cierto, tan asquerosamente cierto e indignante, y ahora se sentía una estúpida por no haberse defendido de la forma en que Ino lo hubiera hecho, o Ten Ten, o Temari, hasta Hinata.
No es tan simple y lo sabes. A ti, precisamente, no te falta carácter para luchar por tus derechos… pero eres capaz de ver más allá de la ira de Ino, de Naruto, incluso la de Kakashi. Razonaste, barajaste posibilidades y ese fue tu error.
—Solo le dije que… que no hay mucho que podamos hacer.
—… ¿Eso es todo? —los ojos celestes de Ino taladraron los verdes de Sakura esperando que continuara, pero no lo hizo; aquello le decepcionó y frustró tanto que su puño tembló anticipándose para golpearla. En su lugar descargó su enojo con el mostrador —. ¿Tan pocas agallas tienes?
—¿Qué esperabas? No puedo ser tan ingenua en creer que esto se solucionará con un par de gritos o destrozando el suelo, créeme que si fuera el caso ya habría dejado el palacio del feudal en medio de un cráter, pero no voy a arreglar nada y lo sabes.
—Así que, simplemente, irás a ponerte el bello y costoso kimono nupcial que seguro te darán para que no llores cuando bebas el sake con tu prometido desconocido, debes lucir muy regia y valiente ¿No, heroína?
Aquellas palabras tan crueles se clavaron en el corazón de Sakura. Juraba que nunca antes Ino le había herido tanto con palabras… y era porque tenía razón.
—¿Espero aquí hasta que se te pase el capricho, Ino, y decidas entenderme?
—Ilumíname, Sakura, sobre lo que debo entender ya que tú eres tan lista. ¿Acaso te gusta la idea? No te hacía tan materialista, niña, o al menos no más que yo. Te agrada la idea de estar rodeada de lujos; supongo que ya te cansaste de lidiar con los vómitos y mierda de los pacientes a los que con tanto amor te dedicabas. ¿Ya te aburriste de tu gran sueño para brindarles ayuda a los niños huérfanos de la guerra?
—¡Ni tú crees lo que dices! —la joven de ojos verdes no soportó tantos insultos porque, para ella, esa clase de ataques eran los peores. Soportaría mil torturas de Ibiki, pero no que cuestionaran el amor por su vocación —. ¿No te das cuenta, no me conoces? ¡Lo hago por Konoha! Esta Villa pagará si yo me acobardo y no cumplo con mi deber.
—¡Ahh, la heroína trágica! ¿Sabes qué? Haz lo que quieras, deja que te usen como si no valieras más que un jarrón. ¿Qué importa tu desempeño en la guerra, las vidas que puedes salvar con tu ninjutsu médico o el simple, pero indiscutible hecho, de que eres una mujer con derechos que puede escoger con quién casarse? Como ya has probado lo que se siente ser admirada y aplaudida por todos no vas a soportar lo contrario. ¿Pero sabes qué? Por más sacrificios que hagas luego te olvidarán mientras tú sufrirás día tras día, señorita valiente y magnánima.
—¡No soy valiente! Deja de insinuar que soy tan noble porque no es cierto, ¡maldita sea!
Cuando Sakura comenzó a llorar, Ino no pudo evitar sentirse culpable. Le había dicho todas esas cosas porque la idea de ver a su amiga eternamente triste, atada a un hombre que no conocía, se le hacía imposible de tolerar. Aquello la destrozaría, el alma de Sakura era fuerte siendo libre: si la forzaban a amar a alguien, se marchitaría más rápido que la flor con su nombre; si la alejaban de su vocación; si la arrancaban de su hogar, del lado de sus amigos… Había tantas cosas que podían dañar a su amiga, algunas de las que incluso ella no estaba al tanto.
Sakura sintió los delgados brazos de Ino apretarla fuerte, hacía tanto que alguien no le daba un abrazo para protegerla… se sentía bien la calidez y el cuidado de alguien más. Ino estuvo a su lado, la tomó con fuerza cuando sus piernas no pudieron sostenerla adecuadamente y lloró junto a ella.
—No soporto sentirme tan débil —murmuró Haruno con bronca.
Ella no era una persona proclive al odio, pero en las últimas veinticuatro horas no conocía sobre otro sentimiento; sí, había pasado por la frustración, indignación, angustia y estrés, pero en todas ellas el odio se mantenía latente. Su amiga rubia le había ayudado a descargar algo de tensión, pero estaba lejos de conseguir la paz que le habían arrebatado. Ino le había dicho esas cosas motivada por la ira, en el fondo sabía que solo quería sacarla de esa catástrofe… Ino era muy capaz de llevársela al rincón más oculto del mundo debido a su complejo de hermana mayor. Sin embargo, odiaba pensar que muchos pensaran así de ella, que la tuvieran en un pedestal como una persona noble y firme que resistiría cualquier tormenta: si soportó tanto dolor debido a sus compañeros de equipo, si no perdió la esperanza con Uchiha Sasuke, podría aguantar lo que fuera.
No era cierto. Ella no era tan noble, pues pondría el bienestar de sus seres amados antes que el de cualquier otro; no era tan valiente, nunca lo fue, solo aprendió a mostrar un rostro de fiera a pesar de que en su interior temblara como cuando tenía doce y se enfrentó a Orochimaru en los exámenes chunnin. Sí se consideraba alguien firme, ¿pero podría mantenerse digna mientras la casaran con alguien de quien no sabía nada?
¿Qué había de sus sueños? ¡Tenía diecinueve años! Disponía de toda la vida para intentar construir un mundo mejor, aunque aseguraran que el odio nunca terminaría, el amor también era eterno.
—Haremos algo, Sakura —acarició los cabellos rosas de su amiga que había dejado crecer —. Aún si debemos poner a Naruto de novia en lugar de que se case con Hinata.
Por la mente de Sakura cruzó la imagen de un Naruto ataviado en un pulcro kimono blanco y con mucho colorete en las mejillas; fue demasiado para ella y soltó una risa sincera que Ino había extrañado mucho.
.
.
No soportaba la espera, él no era alguien paciente, de todas formas. ¿No podían apurarse Kakashi y Shikamaru en lo que fuera que estuvieran discutiendo? No disponían de todo el tiempo del mundo.
—Naruto‐kun, tranquilo; sabes que Kakashi‐san hará hasta lo imposible por Sakura, ella es su única alumna después de todo.
El rubio volteó a ver a su prometida con un brillo único en la mirada. En pocos meses se casarían y él no podía esperar más para saber que ella siempre estaría con él, sabía que nunca lo dejaría porque esa hermosa mujer siempre confió en él, lo vio antes que nadie, y unos papeles no harían eso más real … Pero aun así ansiaba llamarla su esposa.
Con delicadeza tomó su rostro y la besó con dulzura, acariciando sus labios tan suavemente que era difícil de creer en alguien más bien torpe. Hinata se sonrojó fuertemente, pero desmayarse ya no estaba en sus planes: no quería perderse ni un solo beso de su amado Uzumaki.
—Gracias, Hinata‐chan. Sé que Kakashi hará lo mejor posible —sonrió con amargura al recordar todo lo que le dijo la mañana anterior —. Es que me preocupa que luego repercuta en él y su mandato, pero supongo que es inevitable, nosotros contamos con tantos aliados como con gente que nos detesta.
Naruto podía parecer ingenuo, pero no lo era. Como Kakashi planeaba convertirlo en el siguiente Hokage, lo ingresó casi a la fuerza al mundo que le esperaría… y no le agradó lo que encontró. Pronto entendió por todas las dificultades que pasó Tsunade cuando no podía prestarle el apoyo suficiente para perdonar a Sasuke, y pensar que la culpó en tantas ocasiones de insensible por no comprenderla… Condenada vieja, já, consiguió que la admirara aún más por luchar con Konoha misma. Consejeros, comerciantes, civiles, líderes de algunos clanes; todos tenían sus intereses y, si no estaba de acuerdo con los del Hokage, pondrían tantos palitos en la ruda como fueran posibles. Ni siquiera podía decir que fuera injusto, porque un Hokage que solo velara por lo que le interesaba se convertía en un tirano.
Había una enorme posibilidad de que tacharan a Kakashi de eso: por proteger a su alumna pondría en riesgo a Konoha.
—Pero aunque Kakashi‐sensei no pueda hacer nada, no lo culparé —confesó Naruto, con la mirada resuelta —. Si eso pasa, buscar la solución estará en mis manos y no me importará sobre quién tenga que pasar.
—Y yo te ayudaré con eso, Naruto‐kun… Todos quienes queremos a Sakura‐san lo haremos.
El rubio le asintió a su novia. Quizá había resultado ser una desgracia para los demás la irrefutable verdad de que los "novatos" no conocieran de límites cuando uno de los suyos peligraba.
—Aun así… nada de esto habría pasado si el Teme estuviera aquí —murmuró malhumorado.
—Sasuke‐san… bueno, él tiene sus propios asuntos. Si volvió a marcharse es porque necesitaba más tiempo. Quizá, y aunque nos moleste, no ve a Sakura‐san de la misma manera que ella —Hinata nunca estuvo del todo segura con sus propias palabras, y es que Naruto siempre le devolvía una mirada enigmática cuando ella sugería algo así, como si supiera algo más.
—Veremos… —murmuró el rubio, pronto una sonrisa zorruna se extendió por su rostro —. ¡Él se pierde la diversión!
Hinata sonrió condescendiente: solo su amado encontraría algo de diversión en un conflicto tan grande como el que parecía venírseles encima; sin embargo, su confianza en que todo saldrá a pedir de boca era capaz de motivar al más cauto.
.
.
Sakura terminaba de hacer un té; llevaba haciendo varios pues olvidaba tomarlos y se terminaban enfriandoo. Eran las doce menos veinte de la noche y ella seguía sin poder dormir; tampoco había recibido mensaje alguno del Hokage, por lo que la ansiedad se abría paso hasta su garganta, a veces lentamente y otras con fuerza aplastante. Debía ser honesta: detestaba depender de Kakashi, o cualquier otro, en una situación donde podría, en otro momento, responder con un simple "No"; pero no era el caso, esta vez tenía que dejarse caer en las manos de los demás.
¿Qué haría en el caso de que no pudieran hacer nada por ella? Debería casarse como fuera y pensar en ello era doloroso. Reconocía no haber meditado con seriedad, porque en el fondo creía firmemente que Kakashi haría algo; pero al paso de las horas esa esperanza se iba diluyendo. Curiosamente, era lo que con mayor probabilidad ocurriría, y no tendría sentido sorprenderse si le dijeran algo como: Lo sentimos, Sakura, pero no podemos hacer nada.
No lo tomaría bien, no habría manera de eso pasase: una cosa era aceptar, objetivamente, lo que era mejor, pero sin tener la sentencia pendiendo sobre tu cabeza; otra era perder toda oportunidad de negarse.
¿Y entonces… nos casamos, escapamos?
¿Qué ganaría en ella? ¿Qué sería más fuerte? ¿El temor de poner en peligro a personas inocentes y queridas, o el temor por ella misma? Dos fuerzas chocando en su cabeza generando un cataclismo ¿Es que debía vivir a base del miedo desde ahora? Ella no había luchado en la guerra para eso.
La puerta trasera de su casa sonó repentinamente y Sakura se giró dispuesta a atravesar un kunai en el ojo a quien sea que haya entrado. El ninja vio sus intenciones y logró cubrirse; Sakura habría reconocido su particular chakra en otra ocasión, pero por lo visto estaba más afectada de lo que cabría esperarse.
La muchacha observó los ojos negros del shinobi y casi pierde la respiración al notar lo cerca que el kunai estuvo de cercenar su rostro.
—¡Sai! ¿Pero qué es lo que haces? No puedes entrar así a mi…
—No hay tiempo, fea. Hokage nos espera en este instante.
Haruno percibió a su corazón galopar alocado en su pecho, mismo que de pronto parecía ser demasiado pequeño para el tamaño de sus órganos. La sensación de estar atrapada por su propio esqueleto resultaba delirante y enfermiza.
El ex ninja de Raíz intuyó el predicamento en el que se hallaba su amiga. Ella era una mujer de armas tomar, decidida y hasta imprudente, actitud probablemente adquirida de Naruto; así que no le sonó de nada verla tan tiesa aun cuando le había dado una orden simple y clara, imposible de desacatar. Sonrió intentando infundirle calma, pero veloz como solo un shinobi preocupado podría ser, la jaló del brazo y la guió por las calles y techos de la villa, atento a que nadie se cruzase con ellos.
Sakura notó que Sai giraba en cada esquina y cambiaba de dirección cuando algún grupo de personas se encontraba cerca, se preocupó inevitablemente. ¿Qué estaba pasando?
A la velocidad que atravesaron la aldea, no les tomó mucho tiempo llegar a la Torre Hokage. Igual que antes, se movieron por sus pasillos con cautela, pero no se cruzaron con nadie, lo cual le resultó a la joven kunoichi tan extraño como inquietante. Sai abrió las puertas del despacho por ella.
Sakura no terminó de entrar cuando vio la sala abarrotada de personas que ella apreciaba demasiado: Kakashi estaba parado tras el escritorio con actitud solemne; Tsunade y Shikamaru se encontraban a sus flancos, su maestra le envió una mirada que bailaba entre la dulzura y la ansiedad. Repartidos cerca de las paredes, formando una media luna, se encontraban Yamato, Ino, Chouji, Kiba, Shino, Tenten y Rock Lee. Le sorprendió no encontrar a Naruto y Hinata.
Sai cerró las puertas a su espalda, el ambiente pareció tornarse denso; todas las miradas estaban en ella. De alguna manera le alegró saber que Sai estuviera a su espalda, sin querer, dándole cierta seguridad.
—Sakura —tomó la palabra Tsunade. La mujer no pudo evitar sentir cierto orgullo cuando su alumna cuadró los hombros con una mirada determinada, escuchándola —. Konoha no se encuentra en condiciones de rechazar el pedido de matrimonio del Señor Feudal.
Aquello fue un golpe duro, para qué negarlo. Su alma debió migrar a sus pies, pues no encontraba sentido en que sus piernas repentinamente pesaran lo que una tonelada. Debía mantenerse firme y evitar que el resentimiento o las lágrimas se notaran en sus ojos verdes, algo difícil de conseguir cuando estos eran tan transparentes y fáciles de leer; no flaquearía, no podía permitirse hacerlo. Presionó los puños de sus manos hasta volver sus nudillos blancos y mantuvo la frente en alto, taladrando con la mirada a Kakashi que parecía observarla de la misma forma.
—Debo aclarar… —habló Kakashi —, que Konoha no se encuentra en condiciones de rechazar o aceptar la propuesta… en este momento. —Su alumna le observó sin entender —. Con Shikamaru y Tsunade, mis consejeros de mayor confianza, más los líderes o representantes de sus clanes aquí presentes, estamos de acuerdo en que este... pedido nos parece un atropello. Haruno Sakura es una kunoichi plenamente activa de la villa, y como todo ninja, no puede desligarse de su misión hasta que haya concluido; basándonos, desde luego, en el Código Shinobi que todos debemos respetar, y del cual los Daimyos del País han estado de acuerdo desde el surgimiento de nuestra Villa.
—¿Misión? ¿Qué misión? —ella no se encontraba en ninguna misión en ese momento, y a menos que de toda la perorata de Kakashi ese no fuera el punto clave, oficialmente podía decir que se encontraba perdida.
—La misión que has comenzado a llevar a cabo un día atrás, antes de que yo pudiera leer el mensaje del Señor Feudal y optara por cancelar tu misión.
Haruno tragó, comprendiendo el plan de Kakashi y siguiéndole el juego —¿Me recuerda el objetivo de mi misión, Hokage‐sama?
—Como medic‐nin, tu misión consiste en sanar aldeas que se encuentren atacadas por pestes; ofrecer ayuda médica y psicológica a niños huérfanos por la guerra, acción que ya estas llevando adelante en la Villa de Konoha; y no renunciar al tratamiento y ayuda que puedas ofrecer, dentro y fuera del País del Fuego, hasta que tu criterio lo determine. Debido a las alianzas que existen entre las diversas Aldeas Ninja, sabemos de la necesidad de auxilio médico que los países necesitan —Hatake le guiñó un ojo a Sakura —. Ese es el punto clave de esta misión, y aquél que diremos en voz alta si se nos pregunta. Entre los que estamos aquí presentes, el otro objetivo que no debe ser mencionado fuera, es el siguiente: proteger a Haruno Sakura de todo abuso de poder externo o interno a la Villa Oculta entre las Hojas.
Sakura podía sentir el fantasma de una sonrisa luchando por ocupar su rostro; Kakashi no solo había buscado la forma de darle tiempo, sino que con ello por fin estaba dándole la oportunidad de hacer lo que tanto había querido; pero no podía asegurar que fuese suficiente —¿Sabes que esta es una solución muy endeble y que podrían acusarnos a todos de confabulación?
—Es un riesgo, pero tiempo es lo que necesitamos para posicionarnos bien y descartar la posibilidad de que haya algo más que estemos pasando por alto —dijo finalmente Shikamaru. Se notaba el cansancio en su pálido rostro, Sakura podía apostar que la idea había sido suya y que no había resultado sencillo maquinarla.
—Debes partir en este instante, entre menos aldeanos te hayan visto durante el día, mejor.
La joven pensó en la mujer con el bebé que fue a su consulta, entonces otra preocupación acudió su mente.
—¿Y mi hospital de niños? No puedo desaparecerme y dejarlo así.
—Oye, no olvides que tú no eres la única a su cargo, Frente de marquesina —Ino se situó frente a ella con una sonrisa socarrona —. Sin duda los niños extrañarán tus escándalos, pero sabiendo que ayudarás a otros que pueden estar en la misma lucha que ellos vivieron de seguro lo comprenderán… ¡Eh! —se sorprendió cuando su amiga la abrazó con fuerza, murmurando un "gracias" en su oído —. No me agradezcas hasta que estés fuera de Konoha.
—¡Es cierto! Sakura, lárgate de la aldea para que pueda dormir tranquilo —exclamó Kiba, pronto recibió un manotazo de Tenten para que mantuviera el tono de su voz bajo.
—Pero aún debo prepararme…
—¡Descuida, Sakura‐chan! —Naruto entró gritando con una pequeña mochila en su brazo izquierdo y sosteniendo la mano de Hinata con el otro. Tenten bufó exasperada, se suponía que aquélla era una reunión secreta, Kiba se burló de ella —Te preparamos lo necesario, bueno, lo hizo Hinata‐chan, ella es mejor con esas cosas.
La muchacha de pelo rosa los abrazó a ambos, agradeciendo a Hinata por tomarse el trabajo ella y no dejárselo a Naruto; éste se quejó por la falta de confianza en él y le dedicó una mirada a su amiga que parecía decirle: "Te extrañaré", ella le devolvió el gesto con una sonrisa ladeada de "Nos veremos pronto, come ramen por mí" que Naruto supo interpretar porque su sonrisa triste cambió por una de sincera felicidad.
Kakashi observó a Sakura hasta que abrazó a todos en despedida. No estaba seguro que aquélla fuera la mejor decisión; Sakura tenía razón, en realidad lo único que estaban consiguiendo era tiempo. Su alumna lo abrazó con fuerza y murmuró en su oído un: "Estaré en contacto, nadie lo notará", Kakashi asintió conforme.
Sería la primera vez que se iría de Konoha sin saber cuándo volvería, o cómo lo haría: bien podía ser por voluntad propia o escoltada por ambus, aun así confiaría en la decisión de sus amigos por más endeble que esta fuera. Sabía que algo no cuadraba en la decisión del Daimyo y estaba dispuesta a averiguar qué era, más sabiendo que todos los allí presentes estaban tan en riesgo como ella.
Era tiempo de viajar.
.
.
.
Respuesta a comentarios:
RustyNail: ¡Muchas gracias por comentar! Aquí esta la continuación :)
Jane000: Gracias por comentar. En sí la idea de que Sakura deba casarse y eso desencadene varias cosas es algo visto, pero intentaré que sea lo único parecido con otros fics. Awww, amo que te guste como escribo, mi objetivo es que la pasen bien y, por lo menos, cuidar la escritura ¡Un beso!
Maria Duarte: ¡Hola! Me alegra muchísimo que te haya llamado la atención este fic, y espero que siga pareciendote llamativo ¡Muchos besos!
Tomoe: Me recuerdas a Tomoe de Kamisama Hajimemashita... y a Tomoe de Rurouni Kenshin, loool. Asahdbdjasn *muerte espontánea por todo lo que dijiste*, y amí me ha cautivado tu mensaje. Te mando un saludo.
Abril: Hola, querida Abril. Qué bueno que te haya gustado el conficto de la historia (miento, habrán varios conflictos) pero este abre la ronda, jaja. Naruto siempre va a defender a los suyos, de por sí tiene esa personalidad y encima le toca un sensei como Kakashi. Nos leemos pronto, linda.
Mona -Hime: ¡Hola! Quería hacer un fic con algunos temas políticos pero no estaba segura si iba a gustar, qué bueno que me equivoque. Muchas gracias por comentar y te mando saludos.
Gracias erikaeri, myskymyheart (a ti te veo seguido), tatutu, Nekatniss, GAASAITALEX234, aRiElLa 95, inesUchiha (siempre tan dulce con tus comentarios), maori-san, KassfromVenus (yo soy from Mars(? jajaja), Ishy-24, a ustedes les respondí por privado :)
N/A: Bueno, bueno. Ya vimos la resolución que tomaron varios ninjas de Konoha fieles al lema: "Quien abandona a sus compañeros es peor que escoria", y no solo los del Equipo Siete, jaja.
Pude hacer este capítulo más largo (no sin sudor y lágrimas, jaja). Espero poder mantener un ritmo más o menos parecido para actualizar, pero no esperen que sea tan rápida como hasta ahora porque la semana que viene vuelvo a clases D: ¡Pero me esforzaré, dattebayo!
¡Ah! Bueno, Sasuke vino por lo de Toneri y se fue el muy perro, y decidí no casar aún a Hinata y Naruto (quizá les tome mas tiempo hacerlo porque con el tema de Sakura se vendrán problemas para todos los de la "Logia ultrasecreta") pero estos se me casan aunque deba patear al Daimyo (ok no).
Espero que sigan apoyando esta historia con comentarios, follows, favs y galletitas oreo (soy fan). ¡Besos a tod s!
