Naruto y sus personajes perteneces a Masashi Kishimoto.


El denso frío de la noche cubrió Konoha y la humedad viajaba junto a un viento leve, pero helado. Sakura acomodó la capa hasta cubrirse lo más posible; echó sobre su cabeza la capucha y ajustó las correas de la mochila. Un estremecimiento le recorrió el cuerpo, podría decir que producto del frío húmedo, pero era, más bien, debido a la tensión de sus músculos.

Frente a ella se alzaba la entrada de Konoha: las enormes puertas verdes cerradas, aislando a la villa. No era necesario tenerlas abiertas de noche, pues el turismo no existía en el invierno, al menos no un turismo nocturno; si había una emergencia siempre se podían abrir hasta dejar un espacio lo suficientemente grande entre cada una. Sakura no necesitaba atravesarlas directamente, bastaba con escalar los muros, pero era algo riesgoso.

Kakashi le informó que no tendría problemas en la salida, pues había dado una serie de vigilancias a los shinobi centinela que no incluía el gran portón en el momento que ella saliera, pero aun así no podía bajar la guardia. En cualquier momento un ninja, incluso sin estar de servicio, podría avistarla e impedirle la salida; luego tendría que dar explicaciones y Kakashi no podría inventarse un plan sobre la marcha. Todo se arruinaría en un momento y solo con suerte la única perjudicada sería ella.

Haruno sondeó el área tres veces en busca de energías vitales para asegurarse de estar sola; hecho esto corrió veloz hacia el muro y pronto se encontró avanzando frenéticamente en posición vertical; el viento que chocaba contra ella amenazó con mover la capucha de su cabeza, pero estaba tan baja que apenas podían verse sus eléctricos ojos verdes. En apenas segundos llegó a la cima de la pared y sin vacilar se lanzó en caída libre, cayendo desde la altura; preparó los músculos de sus piernas para soportar el impacto cuanto tocara el suelo y así fue: sus pies apenas produjeron sonido o levantaron polvo, luego apoyó una rodilla y las manos para recuperar el equilibrio. Rápidamente se levantó, saltó hacia las ramas de un árbol frondoso y se quedó allí escondida, recuperándose de la explosión de adrenalina y chakra que la llevaron a hacer todo ello en un refucilo. Su control de chakra era excepcional para esos casos.

Giró levemente. Una presión en el pecho la embargó cuando las hojas de los árboles cantaron para ella, como despidiéndola. Sus personas queridas habían organizado todo su escape con tanta celeridad y eficiencia que apenas pudo pensar en su partida. Ciertamente su parte era la más simple: irse pronto y alejarse lo más rápido posible del País del Fuego. Todos los que se quedaban dentro de los muros de Konoha correrían un riesgo constante, mientras ella estaría protegida en otras jurisdicciones donde el Feudal —o cualquier otro dentro de su patria— no tendría alcance, al menos por el momento.

Pero aun así dolía. ¿Podría regresar a su aldea alguna vez? ¿Lo haría entrando por las puertas de día, con la frente en alto y sin esconderse? Si algo malo le ocurriera a Kakashi, Naruto, o cualquiera de sus amigos, ¿estaría ella para protegerlos? No soportaría que algo los dañara, menos si era por ayudarla.

Extrañaría saludar a los carpinteros en la mañana; que algunos panaderos le ofrecieran pan caliente y que Ino se negara en rotundo, alegando que su figura no podía recibir ese tipo de calorías. No podría encontrar un ramen tan delicioso como el que Naruto la obligaba a comer con él durante los atardeceres, mientras Teuchi, Ayame y Hinata reían por las ocurrencias de su mejor amigo. Si encontraba cachorros perdidos en el camino, esperaba poder conocer a alguien tan gentil como Kiba, dispuesto a cuidarlos y buscarles un hogar; ¿y las mariposas coloridas que Shino le enseñaba? ¿Cuándo volvería a ayudar en la tienda de armas de TenTen, hablando sobre las nuevas creaciones y sus utilidades? ¿Con quién reiría, o hasta se sonrojaría por piropos, si no fuera con Lee? ¿Habría alguien fuera, en su viaje incierto, que escuchara con paciencia e ingeniosos aportes sus pensamientos como lo hacía Shikamaru? ¿Quién podría comer tantas papitas como Chouji, o ser si quiera tan dulce como los caramelos que siempre le compartía cuando iba a jugar con los niños del hospital?

Sus niños… ¿Preguntarían demasiado por ella? Esperaba que Ino y Hinata pudieran distraerlos y lograr que no añoraran su presencia.

¿Quién la guiaría y regañaría como Tsunade? ¿Quién la protegería como Kakashi? ¿Sus padres la extrañarían tanto, hasta el punto de llorar algunas noches por su ausencia? Después de todo, su mamá era una sentimental en el fondo; y su padre la superaba con creces, porque además no se molestaba en ocultarlo.

Demonios… yo también soy una sentimental. Pensó mientras limpiaba una lágrima rebelde. Echaría de menos todo en la Villa Oculta entre las Hojas, inclusive el tinte amarillo que la cubría por el intenso sol, o aquél olor tan característico que bailaba entre las calles; las leves corrientes de aire y las risas de la gente.

¿Pero quién le decía que fuera no le esperaban hermosos paisajes, corazones cálidos y sonrisas? La expectativa de viajar y ayudar le hizo olvidar por completo la razón ominosa por la que se iba, y aquello fue suficiente para plantar una sonrisa ligera en su rostro sombreado por la capucha. Le dio la espalda a la villa donde nació, observó el horizonte oscurecido e hinchó el pecho al respirar profundo. Alzó la mano, despidiéndose aunque sabía que nadie la observaría partir, por dentro sentía que Konoha la despedía y le deseaba suerte.

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Sakura decidió tomar un descanso solo cuando estuvo segura de haber dejado unos diez kilómetros entre ella y los muros de la villa; ciertamente seguía dentro de las fronteras más lejanas de Konoha, pero debido a las recientes épocas de paz la vigilancia había mermado, no considerablemente, pero no tenía punto de comparación con la paranoia que azotó a los shinobi durante la guerra.

Por primera vez en las últimas cuarenta y ocho horas pudo destensar sus nervios y bajar un poco la guardia. Sentada en una rama y recostada en el grueso tronco del árbol, comenzó a hundirse en el sopor calmo de una noche silenciosa. El cansancio, ignorado por cortesía de las estresantes y frenéticas horas anteriores, reclamó protagonismo en sus músculos; no era tan malo, al menos por el momento, reconocer la debilidad del cuerpo al ser superado por las tensiones mentales y físicas, pensó la de cabello rosa.

Ahora que no me siento tan asechada ¿Dónde iré?

Se dio una bofetada mental al no pensar en ningún momento aquel hecho clave. Tenía bien en claro que quedarse mucho tiempo en el País del Fuego no era una opción; lo mejor sería moverse por lugares algo aislados para evitar que la reconocieran, aunque ella no era una ninja que pasara desapercibida, justamente; por primera vez se lamentó de ser reconocida como una de las mejores medic-nin, era poco probable que ninjas no la reconocieran. Los civiles eran otra cosa, existían cientos de aldeas repartidas en los países y, a no ser que seguido se toparan con ninjas, no solían darles mucha importancia; al menos eso era así antes de la Cuarta Guerra, pues las luchas llegaron a zonas donde nunca debió pasar el filo de las armas contra personas inocentes. Aquello era algo que Sakura lamentaba, pero tampoco podría haber hecho demasiado por ellos mientras luchaba por su vida.

Por lo pronto lo mejor era descansar. Aún no estaba segura de si lo mejor era continuar el camino, pero sin un destino claro sería parecido a vagar en círculos. Además, era la primera vez que estaba por su cuenta, y aunque su sentido de la orientación era bueno, la oscuridad y soledad no eran los mejores aliados para un viajero peregrino y sin rumbo. Se arrebujó en las telas cálidas de su capa sintiéndose insegura y perdida; aquel jamás hubiera sido su plan de viaje. Siendo tan metódica como en su profesión, hubiera escogido los destinos, trazado una ruta de viaje, estudiado los lugares más azotados por las batallas para colocarlos en una lista de prioridades… Ahora se encontraba sola en mitad del espeso bosque de Konoha, con el constante miedo de ser encontrada y un futuro incierto.

Alzó la vista al cielo, mirando la enorme negrura y las pocas estrellas de esa noche. Un vaho blancuzco salió de su boca cuando exhaló y pronto terminó por evaporarse. Pensó en Sasuke aunque no tenía idea del por qué, preguntándose como llevaría él el ir y venir en un mundo hostil, pues seguía siendo Uchiha Sasuke: un ex Akatsuki, un ex enemigo de la paz, un shinobi poderoso y peligroso. Quizá a él le gustaba la soledad, lo que explicaría sus pocas ganas de regresar a la aldea, o viajar se habría vuelto una costumbre de él… después de todo, parecía no ser alguien arraigado a ningún lado, ni a nadie.

Hacía poco Sakura pensaba así de él, seguramente sus pensamientos guiados por el vacío que dejó tras su tercera partida, poco después de Toneri.

—Nos veremos —mencionó dándole la espalda, en un tono bajo y evitándola, encaminándose a las puertas de la aldea.

—No lo sé, Uchiha. Nuestros caminos cada vez tardan más en encontrarse… algún día dejarán de hacerlo.

Él paró para observarla de reojo, le dedicó una mueca parecida a una sonrisa, aunque el sentimiento que la motivaba Haruno no pudo distinguirlo. Alzó su único brazo y golpeó su frente, ante una Sakura que pasó del resentimiento y la ira oculta en falsa cortesía, a una progresiva sorpresa.

—Nos veremos, Sakura —repitió con firmeza, como si quisiera decírselo a él más que a ella. Por un segundo Sakura quiso creerle con toda la vehemencia de su dañado corazón.

Aquello fue tan doloroso, tan difícil de ver. Fue la primera vez que algo de odio contra él se instaló en su pecho; aquello no era lo peor que ese joven adulto le había hecho, ni de cerca, pero antes su amor era ingenuo, capaz de perdonarle lo que fuera. Ella ya no era la misma, la madurez le estaba haciendo entender que ciertas cosas no pueden forzarse: por más que ella ame a Sasuke con cada pieza de su alma, sus sentimientos simplemente no pueden llegarle de la forma que ella espera. Y era egoísta, Sakura lo sabía, porque si fuera más adulta le habría deseado suerte en su viaje y una promesa de encuentro, en lugar de darle esa horrible frase lapidaria queriéndose desquitar con él, como si Sasuke fuera el culpable de no amarla… ¿Por qué era tan estúpida? ¿Por qué no podía ser feliz solo con su amistad? Lo reconocía: en ese momento, por un segundo, quiso cortar todo lazo con él.

Se arrepentía tanto, mientras se iba no fue capaz de pedirle una disculpa por su bajeza. Ella era uno de los pocos lazos honestos y duraderos que él tenía, y le había dado la espalda por su propia incapacidad de controlar sus sentimientos. Lo vio en sus ojos: una chispa de decepción y tristeza. Seguramente de la última persona que esperaba algo así era de ella.

¿Alguna vez lo volvería a ver? No lo culparía si no volvía a contactarse, ella sentía que se lo merecía. Sakura esperaba que con los años, y el crecimiento, fuera capaz de enfriar la pasión con que amaba cada faceta de él, hasta las oscuras —que, de hecho, las había visto demasiado—; algún día sería capaz de verlo con ojos de amiga. Pero, cuando pensaba en eso, solo quería reír sarcásticamente, porque ni siquiera comportándose como un maniático logró borrar su amor por él. Tantos años y el tiempo no borraba aquello que la anulaba con solo una oscura mirada de su parte.

Pero seguía sintiendo que algo se le escapaba de aquella tarde. Sasuke la evitó durante días, solo acercándose a ella para avisarle que partía, supuso que por cortesía. Lo notó incómodo, como si estar allí con ella por unos momentos se le antojara un castigo; pensaba ahora Sakura, que esa interpretación suya fue la que la motivó a actuar tan ruin y responderle, básicamente, que no volverían a verse. Fue allí cuando la actitud de Uchiha cambió, envalentonándose, ¿pero por qué? ¿Por la actitud osca que tomó ella, o por la respuesta en sí?

¿Y qué si mejor dejaba de pensar en ello? Porque aunque Sasuke regresara a Konoha, ella ya no estaría allí, y quien sabe por cuánto tiempo más eso se mantendría así.

Sakura comenzó a tararear una melodía, tan bajito que parecía el de una niña. Una nueva etapa de su vida daba comienzo, en un contexto riesgoso e indefinido, pero repleto de posibilidades, conocimiento y experiencia. Sasuke viajaba para redimirse de todas sus faltas y pecados; ella lo haría para ayudar, para crecer y entender sus sentimientos: el entendimiento es poder, quizá con ello podría hacer que su corazón reparara las heridas del desamor, y más importante: ser la amiga que siempre debió ser para él. No se dejaba engañar, el asunto de su matrimonio arreglado seguía latente, y ella no podía asegurar cuándo se manifestaría; mucho menos conocía lo que les esperaba a ella misma y sus amigos, aunque algún instinto primario y oculto en su ser le avisara tímidamente que debían ir con pies de plomo.

Un bostezo detuvo el torrente de pensamientos, tan variados que iban de Sasuke —aunque no lo quisiera—, a su viaje y el Señor Feudal. Aunque quiso dormir no pudo, solo consiguió cerrar los ojos y descansar los párpados; sus oídos no perdieron detalle de su entorno y lo sondeó regularmente. Esto fue así hasta que los tímidos rayos grises del amanecer le dieron una luminosidad opaca a la madrugada, y una espesa bruma se alzó desde las hojas perennes. Haruno decidió que era un momento ideal para abandonar finalmente los territorios de la aldea: acompañaba de la bruma nebulosa se perdió entre las ramas de los árboles como una sombra.

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Kakashi no había ido a dormir a su casa aun cuando Shizune le pidió encarecidamente que lo hiciera, algo tan raro en la mujer de cabello corto que merecía ser mencionado. Durante horas no se despegó del gran ventanal que le ofrecía una vista panorámica de Konoha, siempre atento a las puertas de la aldea. Por supuesto que no vio a Sakura subir los muros, pero cortaba clavos esperando que el improvisado plan fuera suficiente para que pudiera escapar. No recibió ninguna alerta, los ninjas que vigilaban la villa le pasaron informes sin irregularidades y el Hokage respiró tranquilo, su alumna mantuvo un perfil bajo en su huida. Su cansancio le pesó de pronto. Al igual que Sakura, casi no había dormido los últimos dos días, y su cerebro amenazaba con desconectarse por su cuenta si no le daba un respiro de tantas vueltas y vueltas que le había dado al asunto del Feudal; por más que lo pensaba, no encontraba sentido en la decisión de ese hombre.

No era que no entendiera el que quisiera a Sakura como esposa de su hijo; suponía que cualquier padre la vería como buena nuera: fuerte; reconocida medic‐nin; compasiva; diligente; bella también, Kakashi veía en ella a una mujer muy agraciada; contaba con el apoyo y afecto de ninjas poderosos… Pero era una buena opción para un hombre shinobi, no para un futuro feudal. Sakura no había recibido ningún tipo de educación relacionada a ello, como danza, canto, etiqueta… ella se formó en la milicia, nada más paralelo. Era una guerrera, pegaría más estando en su guardia personal que sujeta de su brazo.

Le sorprendió también la orden directa de su parte. En las últimas décadas el Feudal había perdido poder, desde su punto de vista, y eso se notaba en el respeto y cuidado con que se manejaba en relaciones diplomáticas con los ninjas. En este caso no tuvo ninguna delicadeza: exigió a su alumna como si hubiera estado comprometida con su hijo desde el nacimiento; si no se encontrara tan fastidiado, hasta hubiera reído por el excesivo orgullo del aristócrata.

El ninja enmascarado se dejó caer sin cuidado en la silla delante de su escritorio. Una mala sensación lo perseguía desde que Sakura se fue de la aldea y no podía ignorarlo. ¿La estaba protegiendo o la envió directo al peligro? Fuera de su vista no estaba seguro de qué podría pasarle: era una ninja joven por más experiencia que tuviera, ingenua a veces, y estaba sola. Siendo honesto consigo mismo, ya no podía hacer más por ella. La idea de que se fuera sola justamente era para no levantar sospechas, y si lo hacía, ya estaría demasiado lejos como para que resultara simple localizarla; además, su control de chakra era inauditamente superior, confiaba en que podría moverse con discreción a pesar de que ella no fuera precisamente "sutil".

Debía confiar en ella, Sakura ya no tenía doce años, no necesitaba de su protección o la de Naruto; sin embargo, solo podría descansar realmente cuando leyera una carta de su parte.

Escuchó un par de tacones acercándose a la puerta del despacho, por lo que no sorprendió ver a Tsunade entrar como un vendaval y con una angustiada Shizune tras ella.

—Kakashi, los cuervos empiezan a graznar. El consejo quiere una reunión.

Hatake contuvo un resoplido de fastidio y su interlocutora entornó los ojos con amargura. Era cuestión de tiempo que esto pasara, ¿pero tan rápido? Solo eran las nueve de la mañana y él aún no estaba repuesto de la falta de sueño.

—Ve al baño y arregla un poco esa cara de zombie, te necesitamos con todas las luces —ordenó Tsunade. Tal vez ya no fuera la Hokage, pero ese pervertido seguía estando bajo la suela de su zapato y haría lo que ella dijera.

Kakashi rió sarcásticamente, podía imaginar su desastrosa apariencia; él era un poco flojo, lo admitía, pero tampoco iría a una reunión del consejo con cara de trasnochado (que la tenía en ese momento). Aunque, si lo pensaba a detalle, sería interesante ver la cara de esos tipejos estirados si lo vieran en esas fachas.

Tras unos minutos, Kakashi y Tsunade encabezaban la comitiva; Shizune, prudentemente, les seguía detrás. El Hokage no tenía ninguna intención de dialogar con ese nido de víboras que solo entorpecían su trabajo. Si a Tsunade le importaba dejar las marcas de sus tacones en las baldosas del suelo, nadie se lo creía.

Al ingresar en el Salón del Consejo, varias cabezas se giraron hacia la puerta. Kakashi pasó estoicamente sin ver a nadie en particular; rodeado por un aura de flojera se sentó en el centro de una mesa con forma de herradura, donde todos podían verse las caras sin la necesidad de estar frente a frente. Tsunade tomó asiento al lado de Hatake con el típico aire altivo que la caracterizaba cuando se celebraban reuniones; ella no tenía paciencia con las discusiones, pues su carácter dominante no toleraba bien que la cuestionaran; en eso Kakashi era más adecuado para el puesto, al ser diplomático y estricto al mismo tiempo.

La Godaime observó la silla vacía al lado de Kakashi y cuestionó al Kage con la mirada. El hombre la observó con su ojo descubierto, inclinando un poco el rostro hacia ella le susurró: "Shikamaru hizo demasiado". Tsunade asintió disconforme, el ingenio de Nara siempre era requerido, pero en definitiva el plan para sacar a Sakura de Konoha era de su inventiva, merecía excusarse de la reunión; solo esperaba no necesitarlo en el transcurso.

—¿A qué se debe esta… reunión de emergencia? Me temo que no estaba en mi agenda —bromeó Kakashi con ligera sorna bien disimulada. Shizune, tras él y pegada en la pared, enrojecía cada vez más cuando algunos consejeros le enviaban miradas envenenadas a Kakashi.

El Consejo, más amplio que en otros gobiernos, y constituido tanto por ninjas como por civiles en favor de la participación de todos los ciudadanos de la villa, resultaba un dolor de cabeza en opinión de Kakashi. La idea en sí parecía prometedora, pero resultaba muy difícil que los civiles y shinobi pudieran entenderse: los primeros parecían respirar solo para enriquecerse, y los segundos se encontraban excesivamente relajados por los tiempos de paz; dando como resultado una situación en que los consejeros civiles hicieran y deshicieran entre los aldeanos sin que los líderes de clanes vigilaran. Al Hokage le costaba cada vez más mantenerse neutral con algunas víboras que ocupaban lugares en esas sillas.

—Nos enteramos, y no gracias a usted, Hokage‐sama —chilló una mujer con resentimiento —, sobre la propuesta de matrimonio del Feudal para la joven Haruno Sakura.

Kakashi cerró su ojo descubierto para que no se reflejara algo de ira en éste. No le sorprendía realmente que se enteraran de un matrimonio arreglado con el Feudal, no sería raro que enviara misivas a cada representante, pero el detalle de que la chica a quien pedía la mano fuera Sakura, la velocidad con que se supo todo… ¿Quién estaba espiando, quién recibía dicha información?

—Pero más importante —añadió un hombre en particular que tanto Kakashi como Tsunade, y posiblemente todos los líderes de clanes importantes, no tenían en buena estima —, no teníamos idea de que Haruno‐san se encuentre fuera de la aldea, Hokage‐sama.

—No veo por qué lo sabría usted, o la mayoría de los aquí presentes, Kimura —contestó Tsunade severa. Kimura Reiji, un comerciante acaudalado de cuarenta años, con una eterna sonrisa falsa y despectiva en su rostro cetrino, no merecía amabilidad según la rubia —. La asignación de misiones es trabajo del Hokage, jamás se ha discutido el tema en reunión alguna.

Kakashi se inquietó ante la respuesta agresiva de Tsunade y observó a Kimura, al hombre parecía encantarle los conflictos, pues en lugar de enfadarse con la mujer de ojos miel, sonrió con perversa tranquilidad.

—Desde luego, Tsunade‐hime, no planeo cuestionar ese legítimo derecho de nuestro Hokage. Me temo, sin embargo, que a muchos de nosotros nos pesa una duda… ¿Será que Haruno‐san tomó una misión para esquivar su futuro matrimonio con el hijo del Feudal? Yo no lo creo, pero algunos sí que lo han pensado, y es que varios ojos han visto a la muchacha hace muy poco tiempo, diría que ayer atendía tranquilamente en el hospital como es su costumbre.

El rostro de Tsunade enrojeció y sus puños se crisparon sin darse cuenta. Si las miradas matasen… para fortuna de Kimura, Tsunade no tenía el Sharingan, ya que el hombre estaría ardiendo en medio de la sala. Separó sus labios para escupirle el primer improperio que cruzara su mente, pero la sorpresa de ver a Kakashi levantarse de la silla y erguirse la calló.

—¿Qué intenta insinuar usted y todos quienes acompañen su teoría?

Kimura observó a su Hokage desde abajo; no se molestó en repetir lo de "Yo no lo creo", Hatake ignoraría de nueva cuenta esa aclaración —No planeo insinuar nada, solo nos vemos en la necesidad de recordarle que Konoha esta primero a cualquier cosa y cualquier persona.

—Déjese de prolegómenos, vaya al grano —dictaminó Kakashi con aire tenso. Reiji contuvo una sonrisa despectiva, quedando en su lugar una mueca extraña pero vil.

—No sería la primera vez que usted, Hokage‐sama, antepone sus afectos e ideales al bien de la villa. Todo lo referido al muchacho Uchiha Sasuke es el ejemplo más recurrente, pero no el único. Nuestra Godaime también parece manejarse de la misma forma —Tsunade frunció el entrecejo —Pretendemos el bien de nuestra amada aldea, e impedir que el egoísmo llene los corazones de quienes deben servir —sonrió abiertamente, en una mueca cuanto menos escalofriante—. Buenos días.

Tanto Kimura como tres personas más, quienes componían el ala civil del Consejo, hicieron una profusa reverencia antes de retirarse. Los líderes de clanes, entre los que estaba Hiashi, observaron al Hokage con rostros serios, pero no dijeron nada a pesar de la curiosidad que reverberaba en sus ojos.

Tsunade salió rápidamente del salón. Necesitaba golpear algo.

Shizune suspiró sonoramente, corrió tras su maestra temiendo que "accidentalmente" hundiera en un cráter a Kimura y su séquito.

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—Usted no creerá, señorita, lo que cuesta hoy en día cultivar arroz ¡Arroz en tierras tan húmedas como en las que vivo!

Sakura contuvo una risa ante la exclamación del anciano. Ambos viajaban en la carreta del señor, quien iba cubierto por un sombrero puntiagudo de agricultor, pero amable a más no poder. La chica se lo cruzó por accidente, pero se alegraba por ello.

El anciano luchaba con la rueda de su carreta, ésta se había zafado y rodado algunos metros lejos, el hombre tuvo suerte de no caerse y herirse con las piedras del camino. La rueda de madera le resultó muy pesada para levantar; a su edad, sus músculos no eran ni la mitad de fuertes de lo que fueron en su juventud. "Años sin fallarme, y ahora me deja varado", se lamentó profundamente, casi dispuesto a soltar lágrimas de bronca. De pronto escuchó un ruido y al girarse se encontró con una menuda jovencita de cabello rosa, envuelta en una oscura pero abrigada capa, que cargaba sobre su cabeza la rueda como si pesara lo que un costal de arroz. El abuelo sintió una gota de sudor recorrerle la nuca, completamente incrédulo de lo que veía.

—Pero además, con los problemas de los últimos años, la salud de mi esposa y vecinos de mi aldea es tan endeble. Viajé hace días a Konoha para conseguir medicamentos.

—¿Por qué no pidió ayuda médica? —cuestionó Sakura, quien no había notado el acento diferente del hombre, ya que las bolas de arroz que le ofreció se le antojaron deliciosas.

—Dudo que Konoha ayude al País de los Campos de Arroz tan fácilmente—Sakura ensanchó sus ojos verdes —. En mi aldea somos muy pobres para pagar medic‐nin, y vivimos cerca de Otogakure, pero nosotros somos pacíficos, señorita, nunca tuvimos relaciones con ese tal Orochimaru que tan mal visto es.

—Lléveme a su aldea, ojii‐san —pidió Sakura con vehemencia —Sucede que yo soy medic‐nin de la Aldea de la Hoja, y descuide, mi misión actual es brindar auxilio médico ad honorem.

El anciano sonrió aliviado, al final sí que había servido de algo la rueda traidora.

—¿Quiere otra bola de arroz, señorita ninja?

—Sakura —aclaró ella —, y desde luego.

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En una habitación, las cortinas gruesas y oscuras bloqueaban la luz del día. Dos personas dialogaban frente a frente, sentados en cómodos sillones de apariencia antigua. Se podía notar cierto aire de secretismo, al menos eso diría alguien que hubiera espiado a través de las rendijas que dejaban las cortinas, pero nadie lo hacía.

—Así que la alumna de la quinta desapareció… Estos ninjas se vuelven más predecibles con el tiempo, ¿no crees, Reiji? —el aludido asintió —. Mejor. Llama a los Anbus, si la muchacha es lista como dicen, deberá entender nuestro aviso. Que la asusten un poco por esta vez.

No fue necesario llamar a los Anbus, éstos esperaban en el techo y ante la orden desaparecieron, dejando tras de sí un rastro de chakra que pronto se esfumó.


¡Hola! Al fin actualicé. Se me complicó por los estudios, no solo de la escuela sino de un cursillo de preparación para la universidad, pero ya pude traer el capítulo. Contestaré en breve los comentarios en privado, ustedes solo espérenlos, y los que no estan registrados, aquí les va:

jane000: ¡Muchisimas gracias por lo que dijiste! En verdad me haces muy feliz, espero que sigas con tanto ánimo el resto de capítulos :)

Tomoe: ¡Hola! A Sakura le esperan varias cosas, pero a todos los personajes en general, claro que ella es nuestra protagonista estrella. Sasuke, Sasuke, ya saldrá, pero a él le gusta hacerse de rogar, jaja.

Abril: Espero poder verte de nuevo y que te guste este capítulo :)

Yaite: ¡Hola! Aquí esta la actualización, tarde pero seguro jaja. Me alegra que te emocione la historia, y no, mi intención es terminarla. ¡Un saludo para ti! Espero verte de nuevo.

Espero que les guste este capítulo. Sé que Sasuke aún no aparece, pero bueno, hay que preparar la tierra para la siembra, jejeje *imaginen carita con lentes*. Espero sus comentarios con mucho cariño, ¡besos a todos, son geniales!