— NUESTRO MUNDO DE PUERTAS PARA ADENTRO —

El Primer Beso


El perro de la vecina había comenzado a ladrar cuando Hiccup pasó por la calle de Toothless. Hasta con la música puesta, el chico le escuchó perfectamente. El pelirrojo no pudo evitar mirar hacía la casa de la anciana, y recordar lo ocurrido hacía años.

— Hola, pequeño Tooth —había saludado la buena mujer un día en que ambos estaban jugando en el jardín del peliverde.

Eran unos niños pequeños en ese entonces, de unos ocho años.

— ¡Hola, anciana Gothi! —había saludado el peliverde, cogiendo entre las manos la pelota de fútbol que Hiccup le había pasado hace un segundo, con menor intensidad que las que él mandaba.

El pelirrojo se había quedado mirando a la anciana, sin decir una palabra, analizándola. Le parecía curioso que una señora mayor pudiera tener la misma altura que ellos.

Fue entonces cuando ella reparó en su presencia. Unos ojos que brillaban de la inteligencia adquirida de los años, y tal vez algo más, observaron los suyos verdes pasto, cohibidos. A Hiccup nunca se le habían dado bien los desconocidos, pero por acto reflejo levantó la mano, saludándola.

— Oh, vaya, ¿quién es este niño tan lindo, pequeño Tooth?

Como parecía que Hiccup se lo pensaba para abrir la boca y presentarse ante la mujer, Toothless habló por él.

— Se llama Hiccup —dijo el chico, sin dar más detalles.

La mujer se fijó un poco más en él. Toothless en ese entonces no había notado el escrutinió en los ojos de la mujer, pero los sentidos agudos de Hiccup sí y se sintió con el corazón en la garganta todo el tiempo, hasta que ella volvió a hablar.

— ¿Es tu novio? —la mujer había preguntado con el mayor tono de inocencia del mundo.

Ambos niños se habían sorprendido y sonrojado por eso. Pero Hiccup más que su amigo cuando este, sorpresivamente había dicho, muy confiado:

— ¡Sí, le quiero mucho, mucho! ¡Y cuando seamos mayores nos vamos a casar!

Decir que Hiccup se había quedado de piedra ante esas palabras sería poco, pero el casto beso en la mejilla que Toothless le había dado después de eso le había servido para volver a la realidad, y apartarlo de su lado de un empujón, enojado.

La anciana Gothi había reído encantada y les había deseado la mayor de las felicidades antes de irse.

— ¡Tú estás tonto! —le había gruñido a su amigo peliverde, muy enojado— ¡Como le dices eso!

Toothless casi se había caído al suelo de tanto reír al ver las mejillas rojas de su amigo.

— ¡Oye, tranquilo, que solo fue una broma! —seguía riendo.

— Más te vale... —bufó.

Pero entonces, Toothless se había puesto repentinamente serio. Tan serio, que a Hiccup se le fue enfado y le miró con un poco de temor.

— Tooth, ¿qué te pasa? —el niño se estaba acercando mucho a él, lo había rodeado con sus bracitos— O-oye, estás muy cerca. ¿T-tooth?

— ¿No te gustaría? —preguntó el niño peliverde, de repente.

— ¿El qué? —preguntó el pelirrojo, un poco más calmado.

— Que yo fuera tu novio, ¿no te gustaría?

Era una broma, tenía que serlo. Hiccup se sentía nervioso. Empezó a caminar hacía atrás y a cada paso que daba, Toothless lo avanzaba, sin despegarse de él. Al final, Hiccup terminó sentado en el columpio de Toothless, mientras que el niño se cernía sobre él, esperando su respuesta, con aire de inocencia.

— ¿Q-q-qué dices? —terminó diciendo por fin— Somos muy pequeños para pensar en eso, a-a-ademas somos dos niños.

— ¿Y qué tiene una niña piojosa que no tengas tú? —siguió preguntando Toothless inocentemente. La respuesta era: aparentemente, nada.

Hiccup se sonrojó furiosamente, su cara era tan roja como su pelo en esos momentos. Entonces, una sonrisa burlona se dibujó en el rostro de Toothless.

— Vamos, me aburrí de la pelota, ¡juguemos a las casitas! ¡Yo soy el valiente príncipe y tú mi querida princesa! —exclamó mientras que había cogido un palo del suelo y lo esgrimia como si fuese una espada y con ella estuviera protegiendo a su amigo de un monstruo invisible.

Hiccup parpadeó, confundido, hasta que comprendió. ¡Solo quería jugar a las casitas! ¡Le había tomado el pelo, bien tomado! Enojado de nuevo, se había levantado del columpio de un salto, dispuesto a irse.

— ¡No soy una princesa y tú eres tonto! —exclamó.

Viendo que Hiccup se iba hacia el interior de la casa, dejándole solo en el jardín (y él no quería eso), aprovechó el hecho de ser más fuerte que él para apresarle con sus bracitos. Inmediatamente Hiccup se revolvió, queriendo salir.

— ¡Sueltame!

— Oh, vamos, juega conmigo —le pidió con una voz melosa muy aguda, obviamente puesta para burlarse—. Puedes ser tú el príncipe, si quieres.

— ¡No, no quiero nada contigo! ¡Te odio! —exclamó en el enfado del momento, esta vez pateándole, pero sin tener resultados tampoco.

Toothless sonrió divertido, de repente tuvo ganas de probar cuanto podía resistir Hiccup hasta enfadarse de verdad. Para tentar a su suerte, quiso darle de nuevo un beso en la mejilla. Pero justo en ese momento Hiccup giraba el rostro para mirarle a la vez que le reprochaba. Y ocurrió. El primer contacto de sus labios. Así de simple. Así de tierno.

Aun a día de hoy Hiccup sigue sorprendido de si mismo por no sorprenderse ni un poco por ese beso, aceptándolo como lo más natural, había dejado de revolverse y pasó sus bracitos por el cuello de Tooth, justo cuando él separaba sus labios de los de Hiccup. Ambos se habían quedado mirando el uno al otro muy sonrojados.

— Wow... —soltarón al unísono, más sorprendidos por haberse besado que por como lo habían sentido. Tan natural.

La presión de los labios del otro en los suyos se había sentido tan bien... Sus corazones habían comenzado a latir a un ritmo acompasado, dulce.

— Te quiero... —le había dicho Toothless, rompiendo el silencio.

— Yo también —susurró Hiccup, de forma tan natural como respirar. Ni siquiera lo había pensado, solo la respuesta le había salido del alma. Y se sonrojó mucho al escucharse.

— Eres mi novio —el peliverde no quería que fuese una pregunta, sin embargo, había sonado un tanto vacilante.

— ...Sí.

Con eso, él volvió a besarle, solo con el sol y el viento de testigos. Un inocente gesto que Hiccup recibió de buen grado, sin saber cuan grande se haría en el futuro la bola de nieve que estaban empezando a formar, en ese mismo momento.

Volviendo a presente, Hiccup miró cohibido hacía el suelo, una mini sonrisa cruzando sus labios. Incluso desde pequeños, Toothless siempre había sido el más seguro de si mismo en lo que se refería a su relación... fuera cual fuera. Porque últimamente habían pasado unas cosillas que dejaban un poco borrado el límite de "amigos con derechos".

Apagó la música y suspiró hastiado, cuando llegó a sus oídos la regañina de la madre de Toothless para este. Rodó los ojos, de verdad que no sabían hacer otra cosa más que gritarle.

Llamó al timbre, y en seguida un sonido de tacones se acercó por el pasillo a la puerta. Hiccup sabía que eso solo significaba una cosa.

"Han decidido salir —pensó—. Eso significa que de nuevo van a usarme de 'niñera' para Tooth"

La madre del peliverde le abrió la puerta y en seguida le sonrió con dulzura. Hiccup le recíproco el gesto, con mucha falsedad que ella no notó.

— Hola, guapo —le saludó como siempre solía hacerlo y se hizo a un lado en la entrada—. Pasa, pasa, Toothless está terminando de cambiarse.

Hiccup aceptó la invitación. Era hora de reiniciar la farsa.