— NUESTRO MUNDO DE PUERTAS PARA ADENTRO —
Lo Que Siento Por Ti
La madre de Toothless se llamaba Ygda y era muy guapa, aun más cuando llevaba ropa de salir, como ahora. A pesar de que era alta gustaba mucho de ponerse tacones cuando asistía a algún evento o cuando simplemente salía a pasear. Sí, así es, ella paseaba con tacones. (Y sin cansarse, pues ella era una mujer muy deportista y obligaba a Toothless a hacer ejercicio con ella todas las mañanas). Su pleno amor por los zapatos altos y el hecho de que los llevaba casi siempre habían vuelto sus pies insensibles al dolor de llevarlos. También tenía un gusto para la moda muy bueno, hubiera trabajado en el mundo de la imagen personal, si no fuese porque se quedó embarazada de Toothless antes de terminar la carrera y de repente decidió que la vida de ama de casa se le hacía más atractiva. Aun así, resquicios siempre quedan y a veces pasaba el rato alagando la belleza natural de Hiccup y le suplicaba que hiciese de modelo para ella. Hiccup no era capaz de negarse cuando esa mujer ponía ojos falsos de carnero degollado, se le daba muy bien (también trató varías veces de arreglar el cabello enredado de Hiccup, pero era una misión imposible incluso para ella). Siempre caminaba erguida y relajada, muy segura de si misma, tal vez con un poco de altivez, un rasgo que compartía con su hijo y su largo y lacio cabello verde lucía suelto, solo adornado con unas pequeñas perlas rosadas, obviamente falsas, a juego con el conjunto que llevaba de una blusa casi transparente que no dejaba lugar a la imaginación (pero a Hiccup no le interesaba en nada el vientre de deportista o el sostén rosado de su "suegra") y una falda recta y rosada de corte en las rodillas, marcando sus gruesas caderas. Sus piernas lucían desnudas, recién depiladas y brillantes, sus gemelos estilizados de forma muy sexy gracias a los tacones rosados.
"Demasiado elegante para sólo dar un paseo" —pensó Hiccup. Pero no le sorprendía en lo más mínimo. Seguramente para cuando él llamó a Toothless la mujer lucía una coleta mal hecha y un chándal, su conjunto de andar por casa, y en cuanto supo que Tooth iba a estar "vigilado" por Hiccup, ella y su esposo decidieron hacer una escapada romántica, lejos de su hijo problemático.
Era mucho el orgullo y la fascinación que el matrimonio tenía posado en Hiccup, el joven tranquilo de las buenas notas, justo la que deberían tener por Toothless, pero no les salía. Si ellos supieran...
Hiccup observó su rostro, lucía completamente maquillado, a excepción de sus labios. En esa el chico supo que ella iba a fumar un cigarrillo en el coche, antes de pintarse los labios. La había visto hacerlo otras veces, cuando él iba con Toothless y sus padres a cualquier parte. Desde acompañarlos en las compras de la semana a sólo pasar una tarde en "familia". Sí, en esa casa Hiccup era ya considerado como miembro de la familia. Repito, si ellos supieran...
— Hola Ygda, ¿vais a salir? —le preguntó Hiccup mientras la mujer cerraba la puerta que daba a la calle, tan familiarmente como si de su propia madre se tratase y fingiendo no estar seguro de ello, cuando era más que obvio para él que de nuevo estaba tomando una oportunidad para vivir una tarde de finjir que nunca había parido al "problemático" de Toothless.
Ygda seguía viendo a Hiccup, sonriente. Ella siempre tenía una sonrisa para Hiccup, no así para los progenitores de este.
De niño a Hiccup le encantaban las sonrisas de Ygda, moría por ellas. Pues ella de niña no lo tuvo nada fácil. Era gorda y debido a eso los niños de su escuela eran muy crueles con ella y con su hermano menor, quien también estuvo gordo en sus tiempos de niño. Aparte de eso también lo pasaba muy mal en su casa, pues ella era una hija bastarda y su propia madre gustaba de hacerle la vida imposible, algo que la traumatizo enormemente (si sólo pudiera ver que ella estaba siendo igual con Toothless, tal vez...). Pero comenzó a preocuparse de su imagen. Fue cuando comenzó a hacer ejercicio, para liberar las malas vibras de su vida y, sin pretenderlo, gracias a ello fue adelgazando progresivamente hasta lograr ser esa mujer de 90-60-90. Además, toda ella irradiaba inteligencia y seguridad, señal de que vivía la vida que siempre deseó vivir. Ygda no lo sabe, pero cuando era un niño, Hiccup la tenía como una heroína, un gran ejemplo de que es posible superarse a uno mismo si se tiene confianza y por ello la admiraba muchísimo. Pero, por supuesto, al ir creciendo, él se terminó por dar cuenta del gran fallo de Ygda, que derribó de un solo golpe el pedestal mental en el que Hiccup la tenía: Era una mala madre. Una gritona y maltratadora mala madre.
Comenzó a entender porque su propio padre se refería a ella como "Una burra que va de lista por la vida como si fuera la mejor. Una perra, eso es la madre de Toothless, Hiccup, nunca le sigas la corriente".
Este momento no era la primera vez que, en su adolescencia, Hiccup deseaba partirle la sonrisa de una bofetada, por como trataba a Toothless. Pero sabía ocultarlo bien.
— Así es, Forcep fue citado por su jefe a una cena de empresa y necesita ropa nueva —Forcep era el padre de Toothless y trabajaba de camionero para una empresa de pescado.
A Hiccup le sorprendía el hecho de cuan elegantes podían ponerse los pescaderos cuando querían.
— Voy a ver si Toothless ya está listo —dijo ella, comenzando a subir las escaleras al piso superior, Hiccup la siguió y sin necesidad de que pidiera explicaciones, Ydga le informó—. El guarro de tu amigo se manchó mientras comía. ¡Es todo un caso, tener hijos para esto!
Un detalle de los padres de Toothless, es que no tenían reparos en echarle la bronca exagerada a su hijo delante de invitados. Hiccup estaba seguro de que no fue para tanto, pero seguro su madre le obligó a cambiarse de ropa por completo y le gritó como una posesa por ese pequeño error como si el pobre chico hubiese matado a alguien.
Llegarón a una puerta que tenía pegada un póster con fondo negro. Ese color resaltaba el color amarillo del dibujo impreso en él. Una calavera con la forma de la cabeza de Bart Simpson, con la consiguiente firma roja de Matt Groening en una esquina. Hiccup no había visto ese póster antes, debía de ser nuevo. En realidad, el simple detalle de que ese póster estuviera entero indicaba que era nuevo.
Toothless era muy fan de The Simpsons. De hecho, Hiccup había dibujado varios fan arts de esa serie, solo para él, y a veces le decía, a modo de broma, que él era el Bart de la vida real. Pues, al igual que el niño de la serie animada, el peliverde tenía un arte increíble para meterse en líos de los grandes con su pandilla de la calle y ser castigado regularmente, tanto por sus padres como por sus profesores. Cada vez que le decía eso él solo reía, se acercaba peligrosamente a Hiccup, le rodeaba la cintura con un brazo y con cara picara le susurraba en el oído "sólo espero tener mejor suerte en el amor que él". A lo que Hiccup se transformaba en el hermano gemelo de un tomate y lo apartaba llamándole idiota de forma avergonzada. También, en el año que sacaron la película, Hiccup comenzó a llamar al peliverde Spidercerdo cada vez que se enfadaba con él, pues el niño que Toothless era en ese tiempo no dejaba de joder con eso de "Spidercerdo, Spidercerdo, como mola Spidercerdo~~~" tras ver la peliculita. Sí, todo eso era ya una costumbre.
Ygda tocó la puerta.
— Espero que estés listo, Hiccup ya está aquí, así que mueve el culo —se notaba un tinte de amenaza en la voz de la mujer.
— Ya casi —se escuchó la voz, un tanto apurada, de Toothless desde dentro de la habitación.
En realidad, él ya estaba vestido con ropa "decente", sólo la llamada de su amado le había pillado con la habitación hecha un asco. Y aunque Hiccup la había visto en desastres peores, esta vez Toothless tenía ganas de causarle buena impresión. Sólo era un palpito.
— Mira que eres lento, niño —suspiró Ygda— ¿No te pondrías los calcetines que estaban sobre la mesa, verdad? Esos son nuevos y aun no los lavé.
Ygda tenía por costumbre meter en la lavadora TODA la ropa que compraba antes de ponerla por primera vez.
El "mierda" susurrado por Toothless que se escuchó dentro de la habitación fue suficiente respuesta.
Ygda volvió a suspirar y negó con la cabeza.
— No puedo, no puedo, ¡NO PUEDO CON ESTE NIÑO! —explotó.
Hiccup comenzaba a sentirse nervioso y eso que la historia no iba con él.
Afuera se escuchó el pitido de un coche 4x4. El chico supuso que se trataba de Forcep, el cual había sacado el coche del garaje y esperaba a su esposa fuera de la casa. Al parecer se le agotó la paciencia.
Ygda chisco su lengua en señal de incomodidad, tomo un mechon de cabello verde y lo colocó detrás de su oreja. Después miró a Hiccup con una sonrisa forzada.
— Bueno, guapo, te lo dejo a tu cargo, Toothless ya sabe donde están las llaves de la casa para cuando salgáis.
Al matrimonio no le gustaba que su hijo fuera un vago, así que prácticamente lo obligaban a salir de casa todos los días. ¡Si lo castigaban por llegar temprano a casa, por Dios! Ellos estaban convencidos de que siempre que dejaban a Toothless con Hiccup ambos salían a dar una vuelta por la ciudad. Y eso era cierto, sólo la mitad de las veces.
Hiccup le devolvió la sonrisa, pero la suya era verdadera. ¿Por qué? Porque si Ygda nombraba las llaves, significaba que la abuela de Toothless no se encontraba en casa. Perfecto, estaría a solas con Tooth. Era justamente lo que necesitaba para hablar con él sobre algo importante.
Ahora comprendía porque ninguna anciana se le había acercado por detrás de forma siniestra para decirle "Hola, búho". Y es que, al parecer, para la abuela del peliverde los gestos que hacía Hiccup en su presencia le recordaban a un búho.
— Sin problemas, Ygda.
La mujer asintió y bajó las escaleras para salir, sin ni siquiera decirle adiós a su hijo.
Escuchó el sonido de la puerta cerrarse con seguro y los pasos de Ygda perderse hasta que ya no pudo escuchar nada más.
"¿Qué has hecho ahora para que se ponga así, Toothy?" —pensó el pelirrojo, antes de tomar la manija y abrir la puerta sin tocar.
No necesitaba pedir permiso para entrar en la habitación del peliverde, así como él nunca tocaba su puerta cuando le visitaba. En el más vergonzoso de los casos, ya le había visto desnudo con anterioridad, así que...
Toothless se encontraba sentado a la orilla de su cama, descalzo pues se había quitado los calcetines "prohibidos" y estaba por ponerse otros cuando Hiccup entró. Sin embargo, no fue eso lo que sorprendió al pelirrojo, no, fue el ver a su amigo totalmente hundido, desesperado tal vez, con lágrimas corriendo por sus ojos verdes a juego con el cabello. Nunca antes le había visto llorar por una regañina de sus padres.
Nunca.
Antes de que Hiccup pudiera preguntar nada, Toothless eliminó toda distancia entre ellos en solo dos zancadas, lo abrazó, amarrándose a él como si de un salvavidas se tratase.
— Se pasan, se pasan, se pasan —decía el chico, mientras mojaba la camiseta del pelirrojo con sus llantos.
Un tanto asustado, le abrazó de vuelta.
— Hey, ya estoy aquí, ya estoy aquí —ni siquiera estaba seguro de si eso podría insuflarle confianza al chico. Nunca antes lo había visto derrumbado, no sabía como actuar— ¿Qué ha pasado?
— Mi abuela, al parecer, tenía dinero escondido dentro de un libro, pero hoy fue a mirar y ya no lo tenía —le explicó—. Ella y mis padres piensan que he sido yo, no veas con que asco me han tratado todo el día y me obligan a devolverle el dinero. ¡Pero yo no lo tengo, Hiccup, no lo tengo! ¡Ni tan siquiera sabía que guardaba dinero ahí, por Thor!
Toothless se sentó de nuevo en la orilla de su cama, frustrado y preocupado, ¿qué podría hacer para salir de esa?
Hiccup, tragando la información, se sentó a su lado y comenzó a frotarle la espalda. Toothless se sintió un poco más calmado por eso, en verdad Hiccup tenía unas manos mágicas para eso.
— ¿Sabes qué pudo haber pasado con ese dinero?
Hiccup le creía y sabía perfectamente que no le mentía porque, aunque era verdad que el peli verde era bien capaz de algo así, no le habría mentido. Le habría dicho abiertamente que le había robado a su abuela, porque sabía perfectamente bien que Hiccup no era una persona que lo juzgase, simplemente el pelirrojo le daba su opinión y los mejores consejos para salir de sus andadas.
— Seguramente ella lo tomó y ya no se acuerda. ¡Es una maldita despistada! Pero claro, ¿quién me creería?
"Yo te creo" —le quiso decir Hiccup, pero la frase murió en su garganta, al escuchar las siguientes palabras del de pelo verde.
— Odio esto, lo detesto. Vivir aquí, con ellos es una infinita tortura. Creí que podría sobrellevarlo, pero cada vez se hace peor. Es tan horrible, Hiccup, tan horrible. Podría suicidarme y ellos montarían una fiesta...
No lo soportó más.
Obligó a Toothless a mirarle, le quitó los rastros de lágrimas y le dirigió una mirada penetrante que, aunque el peliverde nunca lo admitiría, le hizo sentir un pequeño escalofrío. Hiccup era la única persona que le hacía sentirse así de débil, aun sabiendo que él era mucho más fuerte.
Entonces lo besó siendo inmediatamente correspondido, pero no sin sorpresa por parte del amante de lo extremo, pues era la primera vez que su pelirrojo tomaba la iniciativa, aunque no podía decir que no lo disfrutaba. Hace unos segundos estaba enterrado en el infierno por culpa de sus padres y ahora lo único que le importaba era Hiccup y el infinito amor que le guardaba. Thor, ¿cómo había sido tan estúpido de casi lanzarlo a los brazos de otro?
Al notar el latido frenético del corazón de su pareja, Hiccup supo que había conseguido borrarle el mal trago del cuerpo. Sin embargo, aunque su objetivo principal estaba hecho, se encontró con que no quería separarse de su calor. Cuatro años besando esos labios y aun se le hacían jodidamente adictivos. Sus manos abandonaron el rostro de su peliverde para rodear su cuello con sus brazos, adoptando el papel de "la chica" ya por inconsciencia, pues sabía que a Toothless le gustaba. En respuesta a eso, Toothless lo amarró por la cintura y lo acercó a él sin dejar espacio entre ambos cuerpos, el peliverde se posicionó de forma que sus entrepiernas se rozarán, como sabía que volvía loco a Hiccup y este le premió con un jadeo que le sonó a gloria, pues pocas veces el amante de la música exteriorizaba su placer y Toothless sabía que, cuando lo hacía, era su forma más sincera de admitir que le amaba.
Las lenguas se encontrarón por decisión de Hiccup, en un baile en el que pronto Toothless tuvo el control, abrazando al pelirrojo con más fuerza a la vez que soltaba un gemido en medio del beso, justo cuando su pantalón comenzó a sentirse un poco apretado. Hiccup notó eso y sonrió de medio lado en medio del beso. Sintiéndose juguetón una mano viajó hasta la dureza de su compañero, haciendo que este se sintiera obligado a romper el beso y soltar los jadeos de placer que no se podía guardar dentro. Guió la mano del pelirrojo adentro de su pantalón, siendo obedecido sin rechistar. Muy dentro de si, Hiccup se sorprendía a si mismo por su desenvoltura en esto. Vale, llevaba desde los 14 acostándose con Toothless, pero aun así la vergüenza y la inocencia lo invadían a la hora de abordar el tema del sexo, si tenía algo que ver con él. ¡Por todos los Dioses, si se volvió un tomate cuando Dagur insinuó estar interesado en su cuerpecito y no cabía en si de los nervios! Sin embargo con Toothless se sintió seguro desde el primer momento, sin nada de lo que avergonzarse. Muy dentro de si estaba seguro que Toothless era el único chico con el que podría tener este nivel de intimidad sin desmayarse en el proceso. Sí, mucho había cambiado su relación desde que fueran aquellos inocentes niños, disfrutando de su accidental primer beso en el patio trasero del peliverde.
Los jadeos de Toothless se volvían cada vez más pesados, así que con una última y lenta caricia Hiccup abandonó la dulce tortura, ladeando un poco su cabeza, para que el peliverde tuviera espacio suficiente para apoyar la propia en su hombro y tratara de normalizar su respiración.
Estar envueltos en una situación así ya era fruto de la costumbre para los dos, e Hiccup mentiría si dijera que no adoraba estos momentos, en los que él, el "grandioso torpe" de las dos manos izquierdas, era capaz de hacer gemir a su compañero de esa manera. Pero, eso sí, si alguna vez los padres de Toothless, o los suyos propios, los pillaran, Hiccup estaba seguro de que moriría en la vergüenza.
Y comenzó a reírse, porque tan solo tenía planeado darle un pequeño beso para animarle, estaba claro que Toothless le hacía perder el norte. El peliverde rió con él, solo porque le gustaba el sonido de la risa del pelirrojo y era contagiosa. Sin embargo, pronto Hiccup se puso serio, recordando como había empezado.
— Toothless —el otro par de ojos verdes le miraron, interrogantes. Él le acarició la mejilla con ternura—. Jamás vuelvas a insinuar nada así, por favor. Si eso ocurriese no... no sabría como seguir.
La mirada del peliverde comenzó a brillar como nunca antes lo había hecho.
— Entonces, ¿dices qué...?
— Sí, Toothy —al peliverde le recorrió un gustoso escalofrío al escuchar ese apodo. Era la primera vez que Hiccup le llamaba así y ya lo amaba—. Ya me harte de engañarme a mi mismo y decirme que solo eres un amigo "con el que practico" —nombró haciendo comillas en el aire con gesto teatral, burlándose de su propia excusa—. Admito que te amo y que siempre lo he hecho. Admito que no me imagino sin ti y admito que te quiero a mi lado aun cuando "el amor se haya acabado".
— ¡Oh, Hic-Hic! —exclamó el peliverde antes de hacerse con la boca del otro de una forma salvaje y amorosa, como nunca antes lo había hecho, tumbando al otro chico en la cama, quien gimió en excitación por el comportamiento animal de su peliverde. Finalmente, el joven separó de él sus labios hinchados y húmedos. Uno encima del otro se miraron fijamente, los dos tonos distintos de verde brillaban como nunca antes al encontrarse— No tienes ni idea de los AÑOS que llevó esperando para oírte decir eso. ¡Te amo, te amo, te amo!
Entonces, se le ocurrió una idea. Una sonrisa ladina apareció en su rostro y miró a su pelirrojo con peligro. Inevitablemente la mente de Hiccup viajó de nuevo ocho años atrás. Sonrió internamente, esta vez estaba preparado.
— Hiccup, ¿te casas conmigo?
El nombrado rió quedamente y le dió un codazo indoloro al otro joven.
— Eso es ir muy rápido, listillo.
Toothless sonrió de oreja a oreja ante eso.
— No he escuchado ningún no —canturreó divertido.
Hiccup suspiró a la vez que sonreía, dándose cuenta de que no tenía el corazón suficiente para negar esa propuesta si venía de la boca de Toothless, aunque fuera una broma.
— Bueno, nadie dice que en unos años... ¿a quién engaño? ¡Por supuesto que sí!
El peliverde gimió de felicidad y abrazó a su amor. Ambos sabían que esa era una promesa irrompible.
— Voy a trabajar duro para merecerte, te lo prometo.
Las lágrimas acudieron a los ojos de Hiccup a la vez que este regresaba el abrazo, pero con un par de párpadeos les negó la salida. Sabía que eso último lo había dicho muy enserio. Y eran palabras que iban dirigidas solo para él, quien se consideraba solo un poco más que nada, dichas por quien para él era el ser más importante. No tenía ni idea de si los sentimientos que ambos compartían no eran más que un refugio para la soledad familiar que ambos sufrían, o, si por el contrario, era amor del bueno. A pesar de todo, ¡Dioses, cuanto le amaba!
— Ahora —Hiccup rompió el silencio, y un poco el abrazo, para mirarle cara a cara. Pues no quería perderse ninguna de sus expresiones—, ¿me explicas el ataque de celos que te dio en casa de Dagur?
Oh, sí, esto iba a ser divertido...
O bueno, lo habría sido, si no fuera porque el teléfono de Hiccup sonó justo en ese momento.
— ¿Quién te llama? —preguntó el peli verde, tan intrigado como su pareja.
— No lo sé, pero seguro sea mi madre o mi abue... mi padre —dijo el pelirrojo al mirar la pantalla, con un ligero shock y un leve tiemble.
Su preocupación pasó a ser la de Toothless también, pues ambos sabían que ese era el horario de trabajo de Stoick, y al ser el jefe de la policía, su agenda estaba demasiado apretada como para contactar con su hijo en el trabajo, a no ser que fueran... malas noticias. De esas que te hacían tirarte al suelo llorando a lágrima viva.
Toothless rápidamente tomó la mano del chico, tratando de insuflarle algo de valor. El chico aceptó la llamada mientras respiraba hondo. Deseando internamente no escuchar la voz del inspector Gobber en vez de la de su progenitor.
— ¿Sí, papá?
— Hijo mío, ¿por qué has tardado tanto en tomar la llamada?
— Yo... estaba en el baño y... —mintió, tratando de calmar a su padre, pero entonces, escuchó de fondo una voz desconocida que decía algo así como "Hombre de 32 años, caucásico, con una herida de bala en el omóplato izquierdo... "— Papá... ¿estas en un hospital?
Toothless respiró hondo al escuchar eso.
— Hijo, contacta a Toothless y venid los dos al Hospital Paramédico, de urgencia —le respondió.
"Contacta a Toothless". Eso solo quería decir... Brock.
— Vale, papá, vamos para allá —le dijo y colgó, pues sabía que su padre no iba a contestar a ninguna de sus preguntas.
Brock era el hermano menor de Ygda. Al igual que su hermana, tuvo sobrepeso en su infancia y también sufrió un gran bullying por ello. Pero al ir creciendo y al tomar el ejemplo de ejercicio de la peli verde, el se convirtió en un hombre delgado y fornido. Capacidades físicas que le permitieron cumplir su sueño de infancia: ser policía y defender a la gente.
Brock trabajaba para Stoick en la misma brigada, era gracias a eso que ambos chicos se habían conocido, pero ahora...
— Toothless... —dudó, el pelirrojo tenía una gran sospecha, pero no quería alarmar a su pareja antes de tiempo— ¿Cuantos años cumplió tu tío hace tres meses?
El peli verde le miró dudoso, pero aun así contestó.
— 32, al menos eso era lo que decían las velas de su tarta, ¿por qu...?
Pero Hiccup ya le había tomado de la mano y le arrastraba escaleras abajo.
— ¡Tenemos que irnos! ¡Las llaves de tu casa! ¡¿Dónde están?!
— ¡Eh, eh, eh! —Toothless tomó a Hiccup por los hombros, tratando de tranquilizarle, pues el más bajo había entrado en pánico y se había olvidado por completo de que su compañero estaba descalzo— Tranquilo amor, que sucede.
Hiccup se soltó de su agarré de forma un tanto brusca que hirió algo a Toothless, para auto abrazarse y permanecer defensivo ante cualquier reacción explosiva del chico más inconsciente.
— Han disparado a tu tío —y por si eso no fuera suficientemente malo—, en un omóplato.
Toothless no era tan inteligente como lo era Hiccup, pero aun así sabía perfectamente que los omóplatos eran una zona terriblemente peligrosa al ser dañada. Por culpa de eso muchas personas... morían sin remedio.
