El Conde…

En el laboratorio de Watari se escucha una gran explosión y sale una estela de humo dorado. Tsuzuki descansa en un sofá cubierto por una manta. Hisoka está en la cama mientras Tatsumi está en la oficina del jefe:

—…Jefe Tsuzuki no está bien… Creo que es mejor que no hable con él… — Por primera vez vio a Kanoe darle una orden llena enérgica:

— ¡TRAEDLE ANTE MI PRESENCIA!… —

Tatsumi acomoda sus lentes, hace una educada reverencia y sale de la oficina. Un avioncito de papel se estrella en la cabeza del jefe, éste lo toma y abre, lee:

— ¿Lo vez?… va por él… Te hace caso… — El hombre sonríe, estira sus brazos y responde. — Así es… —

El teléfono que está sobre el escritorio suena, el hombre lo toma, reconoce la voz del conde del otro lado:

— Es urgente… Necesito que Tsuzuki venga. — Aquello alarma a Kanoe.

— ¿Qué sucede?…

— No puedo explicártelo… sólo haz que venga pronto. —

Kanoe escucha como la comunicación se corta. Hisoka abre sus parpados, el techo blanco se ve borroso, intenta sentarse pero le duele la cabeza, siente se que le va a caer, despacio levanta sus brazos, lleva sus manos a su frente, traga saliva. No tiene ganas de moverse, respirar, escuchar o sentir.

A la mente del chico llega la imagen de Tsuzuki siendo sostenida (sostenido) por Muraki, se alarma, en un esfuerzo sobre humano se sienta. Su cabeza se va hacia adelante, le obliga a cerrar sus parpados, escucha un grito, es su voz:

"TSUZUKI TE AMO…"

El rostro del muchacho se enciende, el sonrojo y la vergüenza lo hacen caer de espaldas al colchón, las mantas se elevan un poco. El golpe le hace sentirse peor, pero más aún el haber dicho aquello. Piensa por un momento:

"No. Debe ser un sueño… No puede decirlo…" La cabeza le duele tanto que no puede pensar, está mareado. Hace un gesto de dolor.

Tsuzuki siente unas manos que salen del sofá, una tapa su boca y la otra le jala por la cintura. Intenta gritar o llamar a un shikigami pero le es imposible, es aspirado a un vacío bajo el sofá.

Tatsumi entra, ve que en la habitación sólo está Hisoka y no hay señales de Tsuzuki sobre el sofá en que durmió. Decide salir en silencio para ir a buscar a su amigo.

Hisoka por su parte intenta sufragar la terrible cruda que sufre. No quiere pensar, moverse, respirar, en momentos así desearía estar más muerto de lo que ya está.

La fotógrafa aún busca a Tsuzuki, está sentada en una banca del centro comercial, un hombre se le aproxima con una deslumbrante sonrisa. Lo escucha saludar:

— Buenos días… — Corresponde al ver ese ser vestido de blanco.

— Buenos días… — Se miran un momento.

— Alguien me dijo que usted tenía las fotografías de una modelo muy particular… Tiene ojos violetas… — Ella recuerda a Tsuzuki.

— Sí, las tomé para una campaña… ¿Usted la conoce?… — Muraki no desea competencia así que asegura:

— La vi ayer y sus ojos me cautivaron. — La fotógrafa suspira:

— Amor a primera vista…

— Sí… eso creo… ¿Podría darme sus fotografías?… Pagaré lo que me pida. — Ella sonríe, asegura:

— Puedo darle unas copias, le costará mil dólares… — Muraki saca su cartera y toma la cantidad que le han pedido.

— Aquí está… — Ella está por sacar unas fotografías de prueba, pero el hombre le indica. — No… quiero los negativos. —

La mujer saca de una bolsa interior de su saco unos negativos, piensa:

— No importa… de todos modos tengo las imágenes de la cámara digital… — Los entrega y él le da el dinero. Se dan las gracias, ella sigue ahí mientras él se marcha.

Unos minutos después ella grita:

— ¡QUE DEMONIOS ACABÓ DE HACER!… —

Muraki sonríe al ver los negativos, controló la mente de la mujer para obtenerlos, ahora podrá tener las copias que quiera en los tamaños que desee.

Tsuzuki cae sobre un suave colchón, está en una habitación rodeada por cirios, reconoce el lugar, con desesperación mira a todos lados al buscar una escapatoria. Intenta desaparecer pero no puede, la voz del conde le informa:

— Mi querido Tsuzuki no podrás escapar. He bloqueado tu poder para volar y trasportarte… —

El conde se aproxima, mientras Tsuzuki se impulsa con sus pies hacia atrás. Escucha la voz llena de deseo, cosa que le eriza la piel:

— Jamás imaginé que tuviera una posibilidad así… En la novela serías mi esposa… ahora puedo tenerte… —

El conde se abalanza sobre su presa. Por inercia Tsuzuki pone las manos al frente, cierra los ojos y grita:

— ¡No!… — Su atacante es lanzado contra la pared. Aprovecha aquello para escapar.

El conde se incorpora, corre con las manos hacia delante, sonríe de forma pervertida, grita al abrir la puerta y asomarse hacia fuera:

— ¡ASÍ ME GUSTAN!… ¡BIEN BRONCOTAS!…

Tsuzuki corre por los pasillos, lanza al conde lo que encuentra, salen volando desde instrumentos para el sadomasoquismo, muñecos de peluche, sillas, una pistola, Walter, tazas, mantas, una alacena y hasta un par de botas. Con habilidad el conde las esquiva al carcajear y correr tras la persona de su aprecio, no está dispuesto a perderle.

Muraki camina por los elegantes pasillos de una tienda de ropa de un prestigiado diseñador, observa los vestidos y piensa en cuál se le verá mejor a Tsuzuki. A su mente llega la sorpresiva declaración de Hisoka:

— Mi marioneta no va a quitarme a Tsuzuki… Me pertenece. Yo le declararé mis intenciones de mejor manera… —

Tatsumi pasa frente al laboratorio, ve salir bajo la puerta el humo dorado, acomoda sus lentes, estira su mano, está por abrir la puerta cuando ésta se abre de golpe. Las cosas pasan con velocidad, Watari sale, choca con Tatsumi, ambos caen al piso y hay una nueva explosión.

Hisoka, por otro lado, ya no tolera tanto ruido, estremecimiento y sobre todo pensar en lo que cree que pudo decirle a Tsuzuki. Mareado se levanta, camina tambaleante al sostenerse donde puede. Siente en la habitación una presencia poderosa, sentimientos ardientes como una flama, intenta ubicar a esa persona o ser, pero le es imposible. Interroga:

— ¿Quién eres?… ¿Fuiste tú?… — La única respuesta que hay es una almohada que golpea su nuca y empuja su cabeza contra la pared.

El Conde salta sobre Tsuzuki. Desperado (desesperada) logra esquivarlo, pero las manos del atacante logran rasgar sus prendas y dejarle en ropa interior. Los ojos del Conde se abren con desmesura al salir de su nariz sangre invisible.

Una de las paredes se viene abajo. Muraki aparece al montar un dragón amarillo de tres cabezas, extiende su mano, su cabellera como abrigo se mecen por el viento, grita:

— ¡Tsuzuki ven!… —

Tsuzuki mira hacia atrás y ve al conde, adelante tiene a Muraki. Se pregunta su de Guatemala pasará a Guatepeor. Traga saliva y corre hacia el hombre de blanco, salta y siente como Muraki le abraza con fuerza y calidez. El dragón remonta el vuelo.

Muraki se quita la gabardina para ponérsela a Tsuzuki, en silencio le vuelve a abrazar. Tsuzuki piensa:

— Es tan extraño… Su gabardina me queda enorme… Ahora es mucho más alto que yo… Además es raro como se porta… No me ha manoseado… —

El Doctor recuerda como encontraba consuelo en sus muñecas de niño, ahora siente algo así al tener a Tsuzuki entre sus brazos, no desea manchar o romper a aquella persona, su cuerpo frágil y que le brinda consuelo y calidez.

Hisoka voltea, eleva la voz al exigir:

— ¡DEJA DE JUGAR!… ¿POR QUÉ LO HICISTE?… ¿SABES DONDE ESTÁ TSUZUKI?… — La voz de un niño responde:

— Tu novia está con el doctor… que la salvó del conde loco… —

Los sentimientos de aquel ser desaparecen. Hisoka comprende que se ha marchado. Tatsumi entra seguido por un Watari recubierto de dorado, al mismo tiempo informan:

— ¡Tsuzuki no está!… —

Hisoka toma su cabeza, responde al inclinarse un poco por el dolor de la cruda:

— ¿Está con Muraki?…

— ¿QUÉ?…

— No griten… Mejor hay que ir a buscarlo… —

Kanoe se queda parado bajo el marco de la puerta, jala a alguien que se esconde tras la pared. Con disgusto pregunta:

— ¿Qué me han estado ocultando?… — Watari afirma:

— Nada Jefe… — Tatsumi secunda:

— No se preocupe no es nada de importancia… —

Kanoe les mira con desconfianza, posa su vista sobre Hisoka. El chico piensa con sensatez que la situación ha salido de control, así que cuenta lo ocurrido al jefe. Al terminar la explicación el jefe asegura sin sorpresa:

— Es como me lo advirtieron… — Los tres Shinigamis lo observan con sorpresa. — Yo sé quien fue el culpable… Al verlos actuar de manera más extraña de lo normal lo supuse… —

El jefe jala a quien sostiene de la muñeca, hay resistencia, finalmente logra sacar quien se rehúsa a develarse. En otro lugar el conde llora por haber estado tan cerca de obtener a Tsuzuki y quedarse en el casi, pero jamás olvidará ese cuerpo perfecto, femenino, hermoso, sexy… Muraki ayuda a bajar a Tsuzuki que se rehúsa pero resbala y cae a los brazos del hombre.

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Hola….

Senko-Kun… gracias por leer…No había podido actualizar… jejeje… pero aquí está el otro… Pronto el final… jejejeje