Bueno aquí el, final de esta locura. Muchas gracias a quien lo leyó y en especial a Senko-Kun por dejar sus comentarios y ayudarme a seguir. FELIZ PUENTE LUPE REYES… DELIZ NAVIDAD Y TODO LO DEMÀS… JEJEJE
Hasta luego…
¿Ya se acabó?… ¿Sí?… Di que sí…
Tsuzuki deja de abrazarse a la persona que le ayudó, se siente bien entre sus brazos, baja un momento la vista, aprecia las nubes y las crines del corcel elevarse en el viento. Eleva la vista para encontrar unos hermosos ojos verdes, un hombre de unos 27 años, cabello castaño, piel blanca, muy hermoso, por unos momentos lo desconoce para preguntar después con recelo:
— ¿Hisoka?…
— Sí… — Tsuzuki interroga con incredulidad:
— ¿Cómo?… ¿Qué pasó?… — Se preocupa. — ¿Te encuentras bien?… — En el rostro de Hisoka aparece una amplia sonrisa. — ¿Eres Hisoka?…
— Sí, soy yo Tsuzuki… No deberías preguntarlo, mejor mírate en el espejo… —
Tsuzuki baja la mirada al recordar su condición. El caballo comienza a descender sobre un bosque, una inmensa laguna comienza a vislumbrarse. Tsuzuki se maravilla por la belleza del lugar.
Tatsumi siente que alguien lo mueve, abre los ojos alarmado y exclama con preocupación:
— ¡Tsuzuki!… ¡El dragón!… — Watari le regala una gran sonrisa al asegurar:
— Todo pasó… calma… —
Kanoe mira la destrucción a su alrededor, con desazón se dice en silencio:
— Sin duda Tsuzuki estuvo aquí… siempre causa gran alboroto… —
Tatsumi se levanta, sacude su traje, acomoda sus cabellos así como lentes y traje. Tose para aseverar:
— Alguien nos debe una explicación…
— Cierto… Jefe…
— En ese caso regresemos… —
Hisoka baja del caballo para ayudar a Tsuzuki, viste un esmoquin negro, camisa blanca y zapatos oscuros lustrosos; sin embargo Tsuzuki baja sin problema pero al tocar suelo el Hisoka le abraza con fuerza. Tsuzuki no se resiste, le parece extraño pero cree que su compañero lo hace por algo.
— ¿Qué sucede Hisoka?… — Hisoka huele el cabello de Tsuzuki, su aroma dulce y lleno de calidez, comenta con calma:
— Ahora… — Tsuzuki escucha la voz de Hisoka, ahora es adulta. — soy más grande que tú…
— Es verdad…
— No soy un niño… Deja que ahora yo me preocupe… — Tsuzuki se queda en silencio, comprende que eso es lo mejor.
Hisoka se mueve un poco. Tsuzuki mira hacia arriba para ver el rostro de su compañero, para su sorpresa éste le da un suave beso, no se resiste al pensar que ese podría ser el primer beso de su amigo.
Hisoka intenta expresarle a Tsuzuki con eso todo lo que siente y jamás le dirá, siente la calidez y amor de su compañero/a, no está seguro si es una treta más o son sus sentimientos, pero le agrada tener a esa persona ahí y así. Se deja caer a la laguna aún abrazado de Tsuzuki, sin ánimo de dejarle ir. El sol cae sobre el horizonte al momento que ambos se desploman al agua.
Tatsumi recorre todas las oficinas al buscar al causante de todo el desastre, Watari y Kanoe hacen lo mismo, sin embargo ninguno ha tenido éxito en la empresa.
El niño observa la laguna al estar sentado en la rama de un árbol. Tsuzuki emerge al tomar un respiro, ha vuelto a ser hombre, por alguna razón lleva puesta su ropa habitual. Hisoka no ha salido. Toma un respiro para sumergirse. Nada hacia el fondo, a unos metros de la superficie vislumbra a su compañero hundirse, se apresura, le toma la mano para abrazarlo y llevarlo a la superficie.
Los dos emergen. Hisoka viste también su ropa habitual y ha vuelto a la normalidad. Tsuzuki lo carga entre sus brazos, sonríe al ver que ha recuperado su fuerza. Lleva a su amigo a la orilla, lo recuesta en el pasto. Hisoka no reacciona así que decide darle respiración de boca a boca, pero al estar por tocar los labios de su compañero con los suyos este despierta y lo empuja.
— ¿Qué te pasa?… — Tsuzuki intenta explicarle.
— No es lo que crees…
— No creo nada… — Cruza los brazos.
— Hisoka, no reaccionabas.
— Tonto… — Es lo que dice de mala gana.
Tsuzuki suspira con alivio. Mira su mano, la manga la cubre, piensa lo peor, hace una pregunta a Hisoka:
— ¿Soy mujer?…
— No…
— ¿Por qué me queda grande la ropa?… — Escucha su voz y se sorprende. — ¿Mi voz?… — De mala gana Hisoka le propone:
— ¿Por qué no te miras en el agua?… —
Tsuzuki le hace caso, se levanta para ir a verse. Hisoka se divierte al ver a Tsuzuki confundido, pero lo oculta. Tsuzuki traga saliva, se hinca en la orilla de la laguna, cierra los párpados.
— Abre los ojos… Mentecato… —
El viento sopla, mueve la hierba como el agua, todo está lleno del aroma fresco del pasto mezclado con la brisa, las estrellas comienzan a reflejarse en la laguna, el silencio inunda el lugar así como la paz. Tsuzuki suspira y hace caso. El reflejo es de él, puede reconocerse, sus ojos violetas al igual que sus facciones, es hombre, lo que está mal por así decirlo es que se ve de la edad de Hisoka o un poco menor. Por una parte está aliviado, sin embargo pensar que podía quedarse así no le agrada.
Hisoka le aclara de mala gana:
— No… — Piensa: "Creo que no…" — El niño que te hizo esto me dijo que tardaría un poco para que regreses por completo a la normalidad.
— ¡Ah!… Menos mal… —
Tsuzuki se levanta, acomoda tras su oído un mecho de su cabello. Hisoka le mira y por alguna razón se sonroja un poco. Tsuzuki sonríe al comentar:
— Me es gracioso ver las cosas más grandes. Incluso a ti Hisoka…
— Idiota… — Tsuzuki se aproxima a su compañero, se sienta junto a él:
— Es una noche hermosa… —
Hisoka observa su entorno, está de acuerdo pero no lo admitirá. Inesperadamente pequeñas esferas de luz aparecen como su fueran nieve, pero son cálidas y luminosas.
— MIRA QUE BONITAS HISOKA…
— Sí… — Murmura el chico. Recuerda lo que dijo. — Tsuzuki. — Los ojos violetas miran a los suyos. — ¿Recuerdas lo del lugar aquel?…
— ¿Cuál?… — Hisoka baja la mirada.
— Donde te dije aquellas cosas.…
— ¿Cuáles?…
— Que te amaba… — Tsuzuki sonríe en respuesta afirmativa. — Estaba… no fue en serio…
— Comprendo… y sé que te cae mal el alcohol… olvídalo… Mejor vamos a casa… ¿Sí?
— Bien… —
Los dos se levantan, comienza a caminar hacia el bosque. Hisoka siente raro ver a su compañero de su misma estatura y edad, no como el adulto que lo hace sentir pequeño. Tsuzuki toma la mano de Hisoka, el chico se sonroja un poco así que reclama:
— ¿Qué haces?…
— Ahí está oscuro… yo veo en la oscuridad… Así llegaremos juntos hasta el final… —
Hisoka extiende su mano para tomar la de Tsuzuki. Así los dos comienzan a caminar en el bosque, juntos, tomados de la mano, en iguales condiciones y edades, ya que las luces le iluminan el camino.
El niño los observa desde lejos, se pregunta al recargarse en el tronco del árbol:
— ¿Qué sienten esos dos uno por el otro?… No lo comprendo… tal vez dentro de algunos años… —
Kanoe, Tatsumi y Watari se han cansado de buscar, se sientan en los sillones de la oficina del jefe. Dejan escapar un suspiro de cansancio. Inesperadamente se abre la puerta para dar paso a Tsuzuki y Hisoka. Todos voltean a verlos. Tatsumi se levanta, se aproxima a Tsuzuki al preguntar aún estupefacto:
— ¿Cómo pasó esto?… — Hisoka se interpone al afirmar:
— Todos necesitamos una explicación…
— Así es… —
Responde el niño al hacerse visible sobre el escritorio del jefe, esta sentado en la orilla, las manos sobre el mueble y los pies meciéndose al tenerlos a varios centímetros del suelo.
Kanoe cruza los brazos al pedir:
— Explica todo el desorden que hiciste… Todos los demás tomen asiento y calmados…
— Bien… — El niño mira como los hombres hacen caso, siente que todos quieren hacerle daño, traga saliva. — Todo comenzó porque mi mamá le pidió al señor Kanoe que me cuidara… porque no podía encontrar a alguien que lo hiciera. Él aceptó con gusto. Mi mamá le dijo que vendría por mí en unos días… — Los Shinigamis voltean a ver al jefe. — Mientras ellos hablaban salí de la oficina y en el pasillo me topé con él… — Señala a Tsuzuki. — Me invitó a comer dulces, así que fui con él. —
Hisoka le manda una mirada asesina, porque fue cuando Tsuzuki se escapó para no hacer su reporte.
— Mientras comíamos ositos de goma él me dijo que deseaba pagarle a todos aquellos a los que les debía… Así que le cumplí su deseo… — Sonríe.
Los hombres se quedan con la boca abierta. El conde había dicho que perdonaría las deudas de Tsuzuki por una foto, Tatsumi dinero al igual que Kanoe y Hisoka.
— Ahora tiene suficiente dinero para pagarles a todos lo que les debe. — Tatsumi se levanta al inquirir:
— ¿Por qué se hizo tanto alboroto?…
— No tengo la culpa… — Se defiende el infante. — ¿Se supone que yo debo controlar todo lo que pase?… — Tatsumi acomoda sus lentes.
— No debiste hacer esto… — El niño encoge los hombros:
— Yo no tengo la culpa… además soy un ser que cumple deseos… — Tsuzuki se interesa:
— ¿Qué eres?…
— Soy un genio… — Hisoka pregunta en tono de sarcasmo:
— ¿Dónde está tu lámpara?
— Yo no necesito eso… Soy libre… — Watari interviene:
— La pregunta es: ¿Cómo te llamas?…
— Hisu…
— Mucho gusto Hisu…
— Dejen las presentaciones… — Tatsumi propone. — Necesita un correctivo este infante…
— Ni se te ocurra… — El niño salta pero Tsuzuki le toma la muñeca.
— ¿A dónde vas?…
— Lejos…
— Espera… Por favor…
— Bien… —
El niño regresa a su lugar, sigue su explicación:
— Luego él se fue porque tenía que ir con él… — Señala a Watari. Tatsumi interviene:
— Después pasó todo lo que pasó…
— Sí… — Kanoe pregunta:
— ¿Cómo regresó a la normalidad Tsuzuki?… Bueno casi… — Tsuzuki sonríe.
— Bueno… Lo único que tiene que hacer es bañarse… Mis poderes aún no son permanentes… Lo que se tiene que hacer para liberarse es bañarse… —
Tatsumi se levanta, toma la muñeca de Tsuzuki y lo saca de la oficina casi a rastras. Todos los miran y el niño indaga:
— ¿Por qué se fueron así?…
— Así es Tatsumi con Tsuzuki… — Un respiro de los Shinigamis.
— Sí… por eso él ya se liberó de su deseo… — Señala a Hisoka. Todos voltean a verlo. — Me pidió poder salvar a su compañero… — Watari abre la boca y exclama:
— ¡HISOKA!… —
Hisoka le lanza una mirada asesina al niño que siente un escalofrío, salta al salir gritando:
— ME MIRA FEEEEEEEEEEEEEEEOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO… —
Hisoka recuerda como arrinconó al niño, con eso queda convencido que sus miradas no sólo sirven con Tsuzuki sino también con el pequeño. Indaga:
— ¿Cuánto tiempo se quedará?…
— No lo sé… Su madre dijo que vendría por él mañana si las cosas salen bien… Me advirtió de esto… Sólo espero que no haga nada malo… —
El niño corre por los pasillos, inesperadamente se detiene al escuchar la voz de un hombre decir:
— Necesito encontrar a Tsuzuki… pero si me ven… Desearía poder estar junto a Tsuzuki… —
Hisu sonríe al ver la siguiente broma. Junta sus manos y crea una esfera azul, sopla al convertirla en polvo brillante que se dirige en dirección de quién ha deseado aquello. Cuando está por dar un paso para ir a ver su hechizo escucha el golpetear de unos tacones, son de aguja, dejan escapar un sonido cadencioso que es adornado por el de oro tintinear. Mira al frente y ve venir a su mamá, una mujer hermosa, de largo cabello, morena, vestida de azul con múltiples joyas, corre hacia ella.
La mujer recibe entre sus brazos a su pequeño. Le da un beso en la frente al estrecharlo con fuerza. Ella camina hacia la oficina de Kanoe para decirle que se lleva a su niño. Pasan frente a Tatsumi que resguarda una puerta que al abrirse deja salir a Tsuzuki ya normal.
Watari y Hisoka al salir de la oficina ven a la mujer. Ella pasa junto a ellos y no pueden evitar seguirla con la mirada.
Watari suspira al pedir:
— Hisoka dime que ya se acabó…
— Creo que sí… — Hisoka piensa. — Di que se termino… Di que sí… ¿Ya se acabo?… —
Tsuzuki llega y por inercia grita:
— SÍ… — Tatsumi lo mira al decir:
— Págame lo que me debes…
— Sí… —
Los Shinigamis se marchan del lugar, mientras Tsuzuki tiene que pagar lo que debe. El hombre de ojos violetas se detiene en un cruce de pasillo, voltea a la derecha y en la profundidad le pare ver pasar a un niño de cabello plateado que arrastra una larga gabardina blanca, quiere ir hacia allá pero el llamado de Watari lo hace ir con sus amigos.
El científico se estira, deja escapar un bostezo y afirma:
— Ahora las cosas volverán a la normalidad…
— Sí… — Responde Tsuzuki mientras mira hacia atrás y susurra. — Eso espero… —
El sol sale para iluminar con su calor cada rincón del edificio, repliega las sombras para dejar ver a las personas lo que hay y brindarles consuelo. Cuándo terminará, nadie lo sabe, pero por hoy ya se acabó.
