Hola, hola, Luna de acero reportándose... HE RESUCITADOOO DE ENTRE LOS MUERTOS! Bueno, primero perdón por desaparecer, tuve que ponerle toda mi atención a mi trabajo, juro que casi me desmayé trabajando, no exagero, me bajó mucho la presión el día sábado y estuve reponiéndome de eso. Ahora voy a empezar a actualizar y a terminar los trabajos pendientes, así que tengan un poco de paciencia pero ya verán.

Bien, les traigo el último capítulo de esta hermosa aventura, casi 20 páginas, espero las disfruten, no tiene mucho humor porque en verdad lo importante eran los sentimientos. Espero les guste el final, me lo dirían en un bonito review onegai?

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son del genial Isayama Hajime.

Advertencias: Lenguaje vulgar, lime fuerte casi lemon, palabras altisonantes, feels.

DEDICADO ESPECIALMENTE PARA: PATATAPANDICORNIO, QUE ME VOLIÒ LOCA CON QUE ACTUALICE, PARA NANAO HIMURA, CHARLY LAND, LA PRECIOSA Y SIEMPRE PRESENTE RIVAIFEM (GRACIAS POR TODO HERMOSA), MI AMIGUITA ODA XOCHILT, PARA NANA RALY PARA TODAS LAS HERMANITAS KATHY Y HARUMI, PARA BELLE COQUELICOT, LA GENIAL XZERO KILL Y TODAS LAS HERMOSAS PERSONAS QUE HAN SEGUIDO ESTE FIC HASTA AQUI!

GRACIAS - GRACIAS - GRACIASSSSS!

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"La felicidad es interior, no exterior, por lo tanto no depende

de lo que tenemos, sino de lo que somos".

Pablo Neruda

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Luego del rotundo fracaso de una noche apasionada en casa de Eren, y porque además al otro día había retornado su prima y sus hijos que el fin de semana se había ausentado para ir de visita a casa de los tíos del chofer, decidieron establecer base en casa de Levi.

Los siguientes dos días, excepto algunas muy pocas ocasiones en donde Eren mojó la tapa del inodoro, bebió del pico de una botella de jugo y dejó sus calcetines sucios debajo de la cama, no hubo altercados mayores, excepto la mañana del tercer día. Dos de los pacientes de Levi habían cancelado la cita y decidió ponerse a trabajar con su notebook en el living. Había diseñado nuevas prendas y quería ver el potencial comercial que podían tener. Por lo que abrió su cuenta de email y comenzó a transferir a un archivo pdf las fotos de los mismos.

Estabas concentrado en eso, cuando sintió que llamaban a la puerta, chequeó la hora, sin duda sería Eren, que había salido más temprano a hacer "trámites" al centro. Cuando confirmó por la mirilla que era él, abrió. Pero se sorprendió por una caja cubierta de papeles brillantes y un gran moño fucsia que traía en sus manos.

—Hola, bebé –dijo el hombre y lo besó en los labios, aunque le había repetido un millón de veces que no lo hiciera en la puerta de la residencia, era imposible cambiar ciertas cosas, Levi suspiró y se corrió para dejarlo pasar.

—Hola, ¿qué es eso?

—Un regalito, para ti –dijo extendiéndole la caja junto a una sonrisa tamaño mundial.

—No, ya basta –dijo recordando todos los problemas que tuvo esa noche-, nada de regalos.

—No, no es eso, es otra cosa. Vamos a dejar un tiempo los juguetitos sexuales, ¿ok? Iremos al natural con ese tema, esto es otra cosa, creo que te va a volver loco… de felicidad –Eren dejó la caja en la mesa ratona del living, Levi se sacó los anteojos y se sentó al frente. Miró con desconfianza a Eren que parecía ansioso.

—Cuanto sea una broma de esas idiotas tuyas, te caigo a putazos, ¿me has oído? –advirtió el profesional con cara de pocos amigos.

—Sí, sí, lo que digas. Ábrelo, rápido.

Con algo de cautela, Levi levantó la tapa de la caja. Y con cuidado miró hacia adentro. Abrió la boca a más no poder y apretando los dientes quiso tirarse por detrás del sofá, Eren lo retuvo abrazándolo con fuerza.

—¡Aaaah, sácalo, saca esa cosa de mi casa, sácalooooo!

—¡Jesús! ¡Tranquilízate, joder! ¡Tranquilo, es un cachorrito, por amor a Dios! –Levi trataba de zafarse y a Eren le costó mucho retenerlo, recibió algunos golpes en el proceso pero al final pudo someterlo en el sofá, temblaba como una hoja y tenía los ojos llenos de lágrimas, mientras se mordía el labio inferior.

—¡No lo quiero, no lo quiero! Eren, no me hagas esto… p-por fa-favor… -dijo lastimeramente.

—Oh, vamos, no jodas Levi, es un cachorrito de chihuahua, ni siquiera puede masticar alimento balanceado aún. Vamos, si lo pateas sin querer lo matas, así de frágil es.

—¡Llévatelo, no lo quiero, no lo quiero!

—Bueno, ya, no te comportes como un niño –lo regañó Eren poniéndose serio-. No va a pasarte nada, respira, vamos, conmigo, inspira, anda, vamos… aguanta, aguanta, exhala, eso es. Patrick me dijo que con ejercicios de respiración puedes manejar mejor las situaciones de ansiedad.

Levi lo miró frunciendo el ceño con algo de reproche.

—No estuvimos hablando de ti a tus espaldas, le pregunté qué debía hacer en caso de que una persona se descontrolara como pasó en mi casa. Y también le pregunté si estaba mal regalarle un cachorro a alguien que le tiene fobia a los perros, me dijo que intente todo lo que crea conveniente.

—¿Y tú vas a creer todo lo que un ex novio mío te diga?

—Sabes que no le dije nada que estuviera mal –se escuchó la voz de Patrick detrás de la pareja, luego fue a sentarse con ellos y miró dentro de la caja-. Oh, es tan adorable, tan pequeño que no puede mirar por encima de la caja y está temblando, debe estar asustado con tus gritos.

—Yo no grité –reprochó el otro psicólogo haciendo una mueca de disgusto. Y acercó la cabeza para mirar por encima otra vez, luego reprimió un chillido-. No me gusta, es horrible.

—Oh, Levi, no seas cruel –lo amonestó Patrick, luego metió sus manos y sacó al pequeño cachorrito que tiritaba de forma intermitente, Levi lo miraba, pálido-. Ven aquí ternurita. Vaya, es muy hermoso, Eren –dijo sonriéndole al chofer que no había soltado al más bajo.

—Y salió una fortuna, porque tiene pedigree o algo como eso, me dieron sus papeles –con una mano siguió sosteniendo a Levi y con la otra revolvió en los bolsillos de su chaqueta-. A ver, si, se llama Margarito Jaeger. Lo siento tuve que ponerle mi apellido porque te piden tu cédula de identidad.

—¿Margarito? ¿Margarito? Ese nombre es espantoso –se quejó Levi mirando al cachorro-, bueno, es feo, así que supongo que le va.

—No es feo –dijo Eren besando su frente-, sólo tranquilízate y dale una oportunidad. Hagamos esto, tratemos de convivir con Margarito, si ves que es demasiado para ti, me lo llevaré a casa, o veré si Marco puede cuidarlo, a él le gustan los animales y creo que será ideal para su departamento, pero por favor, por favor, inténtalo, ¿sí? Una semana, sólo una semana.

El cachorrito comenzó a lamer los dedos de Patrick mientras éste lo acariciaba.

—Qué asco… dejará pelos en todas partes, y baba, y hará sus… cosas… ¡Iugh!

—Solo es cuestión de educarlo –le dijo Patrick con tranquilidad-, le pones un collar y lo sacas a pasear para que aprenda que debe hacer sus asuntos afuera. Además, Levi, tienes un enorme patio aquí atrás.

—Habrá que levantar sus deposiciones, no dejaré que sus "adornos" intestinales queden regados por doquier, ¡iugh!

Eren trataba de no reírse y Levi lo fulminó con la mirada. Patrick quiso acercárselo.

—¡No te atrevas, mantén lejos esa mierda apestosa! –habló en voz alta el de cabellos negros.

—No seas malo, bebé, es muy pequeño, no tiene a nadie más que a nosotros.

Patrick lo puso en el piso y el perrito dio unos pasitos, sin dejar de temblar. Levi levantó los pies arriba del sofá. Era difícil, sentía que se le bajaba la presión cuando lo tenía cerca. No le gustaban los animales, los perros menos que menos, si al menos hubiera sido un gato… en fin, el loco chofer y sus inventos. Tendría que aguantar una semana y luego podría deshacerse de esa… "cosa".

Patrick fue a su habitación a contestar unos emails, Eren fue a comprar las cosas para el almuerzo y Levi no podía concentrarse por seguir los movimientos de la cosa con pelos. Tenía los pies arriba de la silla. En un momento lo perdió de vista y se bajó temblando para buscarlo, en un rincón encontró un pequeño charquito de líquido amarillo y oloroso.

—¡Hijo de un… demonio, cosa endiablada! ¿Dónde estás?

Apareció por detrás suyo con los ojitos tristes. Y Levi se alejó instintivamente.

—Malo Margarito, eres malo, eso no se hace, no puedes mear donde se te antoje. Carajo. En serio, no puedo llamarte así de feo, Margarito… es largo y suena como remedio para viejos. A ver… Mar… Margot… eso es, mientras estés en MI casa te llamarás Margot. Suena mucho mejor.

Lo vio temblar y buscar refugio debajo de la mesa ratona. Se acercó a una distancia prudente, buscó servilletas y secó el charco haciendo arcadas, luego se lavó las manos dos veces. Antes de ir a sentarse de nuevo, lo escuchó quejarse muy bajito.

—¿Tienes frío? –preguntó como si el animalito le fuera a contestar. Subió y buscó una frazada de plush muy suave color amarillo, Margot era color gris claro, por lo que combinaría bien-, ¿qué carajo hago combinando el color del perro con mis cosas? –se preguntó a sí mismo.

Le tiró la frazada, y luego de unos minutos el cachorro se fue a acurrucar allí.

—Bueno, al menos tiene sentido de supervivencia. Como sea.

Se volvió a su computadora, pero de reojo miraba al recién llegado, que a pesar de la frazada temblaba. Abrió una búsqueda de google y comenzó a buscar moldes para ropa de mascotas.

Cuando Eren volvió, trayendo un enorme pollo para hacer al espiedo con algunas papas para dorar al horno, se encontró con Levi en guantes de látex, un barbijo y un pañuelo blanco en la cabeza, midiendo con mucho cuidado y a cierta distancia al cachorro con una cinta métrica.

—¿Qué haces? –preguntó Eren divertido.

—¿Qué qué hago? Haciéndome cargo de este… este monstruito, porque cierta persona no le compró nada con qué taparse y se está congelando –respondió con apatía, mientras anotaba en su libreta-. Bien creo que con eso es suficiente. Por cierto, ¿qué se supone que va a comer? ¿Le pongo agua o algo?

Eren sonrió complacido, estaba saliendo mejor de lo que hubiera creído.

—Ya le pondré yo, debe comer alimento balanceado remojado en agua tibia, no debes darle leche ni nada que contenga lácteos porque puede hacerle daño, y sólo agua para beber.

—Bien, encárgate de eso, iré arriba a confeccionarle ropa para que no se enferme, lo único que me falta es tener gérmenes enfermos de un sucio can en mi casa.

—Sí, amor.

—Y luego te lavas bien las manos antes de preparar la comida, ¿entendiste?

—Siiii.

Luego de ponerle su comida y agua, se lavó las manos y empezó con el almuerzo. Patrick le fue a hacer compañía.

—Creo que se lo tomó bastante bien.

—¿Dónde está?

—Dijo que se iba a hacerle ropa a Margarito para que no se congelara o algo así.

—Es buena señal. Se preocupa, ya se dará cuenta que no es una amenaza y formará un estrecho vínculo con él, prepárate porque será capaz de sacarte de la cama si siente que incomodas a su mascota.

—¿Tanto así?

—Oh, sí, Levi nunca tuvo una mascota, su madre nunca lo dejó, le hizo un profundo lavado cerebral sobre que los animales eran sucios y tóxicos. Espero su manía cambie un poco con la llegada de Margarito. Por cierto, fue una elección acertada, pequeño y bonito.

—Me llevó varias horas encontrar el adecuado, pero estoy muy contento, creo que será bueno para él… y dudo que me saque de su cama –dijo con aires de superioridad, Patrick rió, y se puso a pelar las papas para colaborar.

—0—

—Wow… -exclamó asombrado Eren-, ¿todo esto le hiciste a Margarito? ¿En tan poco tiempo?

—Bueno, tiene un cuerpo pequeño, no fue muy difícil, usé la mangas de unos tejidos que tenía arrumbados, pero tú deberás probarle el vestuario. Y por favor, no lo vuelvas a llamar así, es Margot –Levi se acuclilló y le habló bajando apenas el barbijo-, ¿verdad que sí, Margot? Ese te gusta, ¿eh?

El perrito se sentó mirando a Levi y le movió su diminuta cola. Patrick y Eren se miraron y sonrieron cómplices. Luego Eren le probó los cuatro mini sweaters, dos en diferentes marrones, uno en verde inglés y otro en blanco. Le dejaron el blanco, y luego Eren le puso collar para sacarlo a pasear a ver si quería mover sus intestinos afuera.

Levi los miraba desde la cocina. Patrick estaba al tanto de sus reacciones.

—Está temblando, deberé hacerle ropita más abrigada –dijo Levi-, y necesitará una chapa con el celular mío, porque Eren no siempre puede atender.

—Acéptalo, te cae bien.

—Oh, hizo sus cosas afuera… es inteligente… sí, me agrada, algo. Bueno, tengo hambre, pongamos la mesa.

Al otro día Margot ya tenía una casita de tela que le había confeccionado Levi con algunos tutoriales de Youtube. Dormía en una esquina de su cuarto, cerca del calefactor. Tenía tres pares de collares en diferentes colores y diferentes apliques en los mismos, desde púas de metal hasta piedras brillosas de fantasía. Aunque aún no podía tocarlo sin descomponerse de los nervios, pero al menos se estaba acostumbrando a su presencia. Como si supiera lo quisquilloso que era su dueño, el perrito pronto aprendió a hacer todas sus necesidades en el patio. Levi estaba orgulloso de ese avance.

—0—

E – Bebé…

L - ¿Qué quieres?

E – Quiero comer albóndigas…

L – No jodas, sabes que odio cocinar.

E – Hazlo por mí, además irán a comer Justa y Celina

L - ¿Qué? ¿Quiénes carajo son?

E – Amigas inseparables, porque donde va Justa, va-celina ;)

L – Muérete…

E – Amor, nos seas así… además prometo que llego para que juguemos a la basurita.

L – ?

E – Tú eres la basurita, te tiras al piso y yo te recojo, ¿sí? :)

L – Muérete x100

E – Amor, algún día debes apreciar mi sentido del humor, es muy bueno

E - ¿Amor? ¿Bebé?

E - :´(

—0—

Al mediodía Eren llegó y Margot estaba durmiendo sobre las pantuflas de Levi (que al final le terminó dando una copia de la llave de su casa), mientras el psicólogo bebía un café y contestaba pedidos. Le sacó una selfie, Levi lo miró con tranquilidad.

—Nos estamos conociendo, esto no significa que voy a quedarme con él –agregó Levi.

—Ok, ok, solo quiero un recuerdo en casa de que lo eches…

—No me trates como si yo fuera el malo de la película. Fue tu idea traerlo. Por cierto, ya cociné, hice tus jodidas albóndigas con arroz, con un tutorial de youtube. Creo que salieron bastante bien, nunca me gustó demasiado la cocina, pero sabía que ibas a llegar cansado. Permiso Margot –dijo poniéndose de pie, el perrito gruñó un poco y se fue a su mantita que estaba cerca del otro calefactor de planta baja.

Eren se acercó, lo abrazó y lo besó con ganas.

—Te extrañé.

—Idiota, nos vimos anoche, antes que te fueras a trabajar.

—Lo sé, igual te extraño, pienso mucho en ti, todo el tiempo –Levi se ruborizó, Eren besó sus mejillas coloreadas-. Gracias por preocuparte por mí.

—No seas tan dramático, es un simple almuerzo, además tú cocinaste muchas veces para mí, era lo menos que podía hacer.

—Oh, ¿hiciste nuevos diseños? –preguntó Eren mirando la pantalla de la computadora.

—Sí… iba a preguntarte tu opinión, pero primero almorcemos, Patrick también estuvo esperando. Mañana se va.

—Al fin.

—¡Eren!

—Ya, ya, ja, ja, lo siento, sé que no pasa nada, pero no me gusta que te ande rondando.

—Ya basta. Eres el colmo de los celos, y por cierto, veo que desapareció Eren Junior –dijo mirándolo con reproche, Levi se refería al consolador que Eren le hubiera regalado hacia una semana. El joven desvió la mirada.

—No lo necesitas, me tienes a mí.

—Ok, usted señor "no-necesitas-a-nadie-más", debes prometerme que iniciarás terapia así como lo haré yo. Tienes que aprender que no puedes controlar todo, y que debes confiar un poco más.

—Pero bebé, yo confío en ti, es solo que no confío en el resto del mundo, eso es todo.

—Yo estoy haciendo un esfuerzo con el esperpento peludo –dijo señalando a Margarito-, tú promete que harás tu parte –se acercó y besó su mejilla poniéndose en puntas de pie y tomándolo de la solapa del uniforme. Eren se apoyó contra la mesa, sus ojos se pusieron algo tristes.

—Lo sé, es solo que… ¿puedo hacer terapia contigo?

—No, no se puede, no podría ser objetivo, porque tengo sentimientos por ti. Pero voy a recomendarte a una muy buena amiga.

—No sé si me sentiré a gusto hablando con una persona desconocida.

—Tranquilo, primero debes conocer al profesional, puede llevarte un tiempo, pero te acompañaré a las sesiones si quieres, hasta que encuentres la persona adecuada.

Eren lo miró enamorado y lo besó con suavidad.

—Gracias.

Luego de un rico baño, Eren bajó a almorzar. Patrick los entretuvo con una apasionada charla sobre las culturas de Sudamérica y sus comidas regionales, costumbres sociales y rituales místicos. Eren estuvo muy interesado, Levi estaba apoyado contra su hombro mientras fumaba, de vez en cuando opinaba al respecto y Margot otra vez dormía a sus pies. Luego subieron a su habitación.

—Cocinaste muy rico –dijo Eren entre sus brazos mientras intentaba conciliar el sueño un poco.

—Me alegra que te haya gustado, me seguiré esforzando.

—Mi madre me echó –dijo al fin con un rictus de dolor en su bello rostro. Levi acarició su cabello rebelde y castaño.

—¿Perdón?

—Cuando tenía catorce, mi madre me echó de casa. Estaba tan enojada conmigo. Yo le había contado que me gustaba un profesor de mi colegio, uugh, me acuerdo y me duele el estómago. Pobre profesor Zacklay. Mi madre fue a buscarlo al otro día y le hizo una gran escena. Terminó sin trabajo por mi culpa…

—Ey, no fue tu culpa, fue culpa de tu madre. No cargues con culpas que no te corresponden, Eren.

—Como sea… yo la amaba mucho, muchísimo, sufrí su ausencia. Lloré mucho, en ese tiempo era una persona muy frágil, no tenía confianza en mí mismo. Mi tío Hannes me dio asilo por un tiempo, era un buen tipo, solo que le gustaba beber mucho. Al final a duras penas salí del secundario y ya trabajaba media jornada en un taller mecánico. Siempre me gustó todo eso. Mi padre, y muy de vez en cuando mi hermana, se ponían en contacto conmigo, papá me ayudó mucho. Mi madre enfermó, hace ya cinco años. Cáncer de páncreas, fue fulminante. Fui hasta el hospital para despedirme, estaba tan… destrozado por dentro… Pero ella… no quiso hablar conmigo… -al chofer se le llenaron los ojos de lágrimas y se mordió el labio inferior un momento-. Pero no me arrepiento, no lo hago, comprendí que ella nunca podría entenderme y lamento como terminaron las cosas, pero… no me culpo de eso, hice mi camino, tomé mi decisión y no me arrepiento por eso. Luego me gané la lotería de la provincia, ja, un golpe de suerte, no era mucho dinero pero me alcanzó para cubrir casi el 90% de mi actual casa. El resto lo pagué con un préstamo hipotecario que este año se termina, me quedan cuatro cuotas –dijo sonriendo confiado-. Extraño a mi abuela… me gustaría haber hablado con ella, nos llevábamos bien.

—Bueno, ella está esperando que te pongas en contacto.

—¿Mmm?

—No debería haber dicho eso, pero bueno, no puedo mentirte al respecto, es mi paciente.

—¿Qué? ¿Mi abuela es tu paciente?

—Ajá, y déjame decirte que sus pensamientos son mucho más liberales que los de tu madre. Deberías visitarla, no me preguntes más nada, simplemente es un consejo.

Eren sonrió entre las lágrimas, acomodó su cabeza en el regazo de Levi y suspiró con sentimiento.

—Eres lo mejor que me pasó en la vida.

—Tus halagos no harán que tengamos sexo, señor Jaeger. Sigue castigado por haber traído a la bola de pelos sin consultar.

Eren se sentó rápidamente y tiró a Levi contra la cama.

—Nunca me desafíes de esa manera, bonito, castígame con lo que quieras, pero no me prives de tu cuerpo, no soporto estar sin tocarte.

—Es-espera, ngh… -dijo Levi ruborizado-, Margot, está mirando, ¡está mirando!

—Es solo un perro.

—No digas eso, es parte de la familia, idiota.

—¡Joder! –Se quejó el chofer mientras metía su cabeza dentro de la remera del otro-. Así no podrá ver –acotó con perversidad mientras le mordisqueaba los pezones. Levi se tapó la boca para contener un poco sus gemidos y se abandonó a la pasión.

—0—

—Te ves adorable cuando te levantas –le susurró en el oído y Levi masculló algunas palabras ininteligibles-, especialmente luego de habértelo hecho toooda la noche.

Lo abrazó por detrás y repartió cuantiosos besos por el cuello del psicólogo que aún estaba algo sensible.

—Ya cálmate, joder, estoy muerto de cansancio por tu culpa, lo hicimos tres veces, ¿no te alcanza acaso? Además Patrick aún está en casa.

—Vino por la madrugada a eso de las seis, yo le abrí la puerta, estaba tan borracho que no le atinaba a la cerradura, ja, ja, ja –los dedos del chofer se colaron por debajo de la remera de Levi y acariciaron su torso sugestivamente, el psicólogo largó un suspiro profundo y sintió que se estremecía, su cuerpo estaba demasiado sensible luego de la batalla de hacía unas horas. La lengua de Eren se deslizó por su nuca sugestivamente- Y Erwin acaba de marcharse –agregó.

Eren lo levantó por la cintura y le hizo recostar el pecho contra la mesa de la cocina mientras una de sus manos se colaba dentro del pantalón para tocar la rosada y algo sensible entrada.

—Aún estás húmedo y suave aquí –dijo metiendo dos dedos con facilidad.

—Jo-joder… ¡Ah! Eres tan… asquerosamente lascivo… aaah…

—Pero es que me excitas tanto… te lo haré rápido, anda, tú también quieres, mira, estás duro –dijo magreando la erección de Levi toscamente.

—¡Más suave, animal!

—Pídemelo, bebé, anda vamos… quiero escucharte, sé que no soy el único ansioso –metió un dedo dentro de la boca caliente y jadeante del profesional, que giró su cabeza para mirarlo con algo de molestia, Eren le sonrió con suficiencia.

—Ya, no me hagas esperar, mételo de una vez…

—¿Qué quieres que te meta? –preguntó el chofer refregando la cabeza de su hombría contra la entrada hambrienta.

—¡Joder, bastardo! ¡Ya mete tu verga en mi culo!

—¡A la orden mi capitán!

Levi se tapó con ambas manos la boca a punto de proferir un aullido por la intromisión algo violenta del otro. Eren gruñó de satisfacción y comenzó a bombear con ganas, su boca pegada a la oreja de Levi.

—Tan rico, aaaah, tan apretado, mmm, tan deliciosoooo… mi amor, te amo tanto, tanto… quiero hacértelo todos los días, todo el tiempo…

—D-de… aaah… ninguna manera, i-idiotaaaaaahhhh… - las piernas del psicólogo temblaban con cada embestida, se aferraba a la mesada de la cocina, cerrando los ojos para sentirlo mejor. El placer le mordía las entrañas, era algo demasiado complicado de expresar con palabras. Básicamente su piel ardía cuando estaba en contacto con Eren. El chofer guió su mano hasta su quijada para girar su cabeza y besarlo con verdadero hambre.

—Te a-amo, Le-Levi… ¡aaaah!

El psicólogo sonrió como un estúpido, no lo iba a negar le encantaba que Eren le dijera eso una y otra vez.

—E-esperé tanto ti-tiempo… mmm, aaah, por t-ti… aaaahhh.

Levi jadeó enardecido, sintiendo que su vientre bajo se tensaba porque Eren hacía rato estaba estimulando ese sensible punto dentro de él. Pero cuando miró al frente sintió que se le derrumbaba el mundo. Se quedó quieto, sin poder pronunciar palabra. Eren también se detuvo y resoplando, salió de su interior para subirse los pantalones rápidamente al igual que Levi.

—Te espero en el living, Levi –dijo Kuchel con una mirada de hielo. Cuando se retiró, el de negros cabellos cayó sentado en la silla con el corazón latiéndole a miles de revoluciones. Trató de peinarse un poco, mientras sentía ganas de llorar.

—Ey, tranquilo –dijo Eren tomándole de las manos-, es su culpa por no avisar antes de entrar, además, ¿qué madre visita a su hijo un domingo a las 8 de la mañana?, joder. Como sea, enfrentaremos esto juntos, estaré a tu lado, todo el tiempo. Ya era hora de que ella supiera.

—No, no, es-espera –dijo el psicólogo sin soltar a Eren-. Deja que yo… yo hablaré con ella, es lo mejor. Será peor si tratas de intervenir, además, no te escuchará. Sólo quédate en la cocina, por favor espérame hasta que vuelva.

Levi se puso de pie y se dirigió al living, Kuchel estaba sentada con el semblante muy serio. Se sentó a un costado, sentía que una serie de escalofríos le recorrían la espalda. Maldito chofer tan calenturiento, ¿cómo fue que no escuchó siquiera cuando ella entró?

—Mamá…

—Estoy muy decepcionada de ti, Levi… Creí que había quedado claro antes… ¿por qué insistes en seguir un rumbo tan diabólico? –Levi bajó la mirada y apretó el borde de su remera blanca-. Es como revivir cosas del pasado, se supone que eras normal, ¿y otra vez vuelves a insistir con esto? ¿Acaso no te das cuenta? Estás mal de la cabeza, Levi, estás enfermo –el hombre se contrajo un poco con el semblante triste-. Te consumirás en el fuego del infierno, sólo porque quieres que un hombre te sodomice, es tan… tan repulsivo. No te reconozco –dijo Kuchel con las lágrimas saliendo de sus ojos-. ¡¿Es tan difícil pedir que seas normal?! Incluso si no te casaras ni formaras una familia, ¿pero cómo puedes arriesgarte a avergonzarnos así? Después de toda nuestra lucha… ¿Quieres terminar como tu padre? ¿Odiado, humillado, despreciado por la familia? –las manos de Levi comenzaron a temblar-. No lo permitiré ni una sola vez más… es tan… vergonzoso… Siento que se me revuelven las tripas –dijo tapando su boca con una mano.

—Kuchel –se acercó Eren con una taza de té negro que puso frente a ella-. ¿Por qué no toma un tecito y se calma un poco? Entonces podremos hablar todos como adultos que somos.

La mujer lo miró con ira y sin poder contenerse le aventó la taza con el agua caliente al rostro del joven. El agua caliente escurrió por la quijada de Eren que suspiró y miró a la mujer con decepción.

—¿Sabe una cosa Kuchel? Esto no se trata de usted, se trata de Levi, ¿por qué no deja de ser una perra egoísta y lo deja vivir libremente?

—¡Cállate insensato! –Dijo la mujer con el ceño fruncido y la cara roja por la ira-. No hables de mi hijo como si lo conocieras tan bien.

—Usted, siendo su madre tampoco lo conoce –le dijo Eren con voz grave pero sin sobresaltarse, con mucha tranquilidad y firmeza-, y no tiene idea la hermosa persona que se está perdiendo de conocer. Ya deje de tener la cabeza enterrada en el piso –Eren quería decirle un par de cosas más, pero viendo la expresión aterrada de Levi decidió optar por otro camino, agachó la mirada con algo de tristeza-. Yo me iré, no quiero incomodarlos más. Permiso.

Fue al cuarto rápidamente, se puso sus zapatos, tomó su campera y bajó, no sin antes guardar a Margot, por cualquier cosa, dentro de la pieza. Para entonces Kuchel seguía de brazos cruzados en el living con un rictus de malhumor, sus ojos azules lo seguían, fulminándolo. Realmente se había ganado el odio de esa mujer. Levi estaba por detrás como un cachorro asustado, la mirada perdida, le dolió mucho verlo así.

—Nos vemos, Levi –lo saludó y el psicólogo levantó la vista, pero sus labios estaban sellados. Por lo que se dirigió a la puerta.

—¡Y no te atrevas a volver! –le gritó la mujer. Eren miró una vez más a Levi y finalmente salió.

El más bajo se quedó mirando hacia la puerta, sintiendo como un deja vu, igual que cuando se había ido Patrick ese horrible día. Sintieron unas manos aplaudiendo detrás de ellos y se giraron. Era Patrick que miraba la escena con desaprobación.

—¿Tú? ¿Otra vez? ¡¿Pero qué significa esto Levi?! ¿Te has propuesto matarme de un disgusto?

—Y nuevamente vuelves a hacer lo mismo, ¿cierto? –Patrick le hablaba a Kuschel, pero Levi sintió que esas palabras eran también para él-. La verdad está frente a tus ojos pero te niegas tanto que incluso esa enorme venda que tienes se la transfieres a tu hijo… ¿cómo puedes dormir tranquila en las noches sabiendo lo mucho que lo haces sufrir? ¿O ahora me vas a decir que no es así?

—No me hables, no quiero escucharte mugroso homosexual, fue tu culpa, tú tuviste la culpa, tú le hiciste creer que él era igual a ti.

—Negación, el arma de los pobres ignorantes.

—¡No me vengas a insultar en mi casa!

—No Kuchel, te equivocas, primero, no te estoy insultando, te estoy diciendo la verdad, y segundo, esta no es tu casa, es la casa de Levi, de modo que sólo él puede hacerme callar si así lo quiere. Y ahora…

Patrick caminó hasta el hombre que aún estaba perplejo y en shock, lo tomó de la muñeca y lo arrastró hasta la puerta principal con algo de brusquedad. Le puso una mano sobre el picaporte y mirándolo a sus ojos le habló.

—No repitas la misma historia, tú tienes el poder de cambiarla. Mereces ser feliz, y Eren también.

—¡Cállate, tú embaucador! –decía Kuchel apretando los puños-. ¡Levi regresa aquí, aléjate de él!

—No la escuches, esta es tú decisión, la de nadie más, ¿vas a perderlo como me perdiste a mí?

Levi miró el picaporte, sus manos temblaban.

—Puedes hacerlo… no te detengas más, deja ya de pensar y simplemente haz lo que sientes…

El pelirrojo lo miró con melancolía, entonces Levi giró el pomo y salió corriendo. Patrick sonrió ampliamente, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Eso es… al fin… lo hiciste…

Corrió descalzo por la vereda, empapándose con los charcos y la lluvia que estaba cayendo copiosamente, el vapor de su aliento incrementándose. ¿Dónde estaba ese estúpido chofer de piernas largas? Los vecinos y la gente que pasaba lo miraban asombrados, con la remera blanca algo húmeda pegándosele al cuerpo y los pantalones grises de algodón salpicados de agua sucia y fría, aún un poco despeinado y descalzo. Pero no le importó menos, por una vez en su vida no le importó un rábano lo que el vecindario pensara. Dobló en la esquina y siguió corriendo, cuando lo vio a dos cuadras más adelante cruzando la calle.

—¡Eren! –gritó a todo pulmón dirigiéndose a él, pero el otro iba distraído mirando su celular y con los auriculares puestos, Levi se resbaló en la acera de una casa que tenía porcelanatos en el piso, que al estar mojados y descalzo le hicieron imposible mantener la estabilidad. Se torció un poco el tobillo, y entre gemidos de dolor se levantó de nuevo, medio arrastrándose. Parecía como si todo le fuera en contra-. ¡Joder, Eren! –volvió a gritar con fuerza y saliendo del atolladero de piso resbaladizo, se hizo de nuevo con la calle y el cemento y hecho a correr medio cojeando un poco, mientras las piedritas, hojas y ramitas se le clavaban en las plantas de los pies.

—Joder, maldito sordo, ¡EREN, EREEEEENNN!

Una niñita que estaba cerca del joven miró al otro desesperado y tiró de la campera del de ojos verdes hasta captar su atención. El muchacho se sacó uno de los auriculares y la observó con curiosidad.

—Señor, creo que ese otro señor lo está llamando –dijo señalando hacia Levi que ya estaba a una cuadra de distancia.

—Mili, no te metas en asuntos que no son tuyos –la regañó su madre tirando de la pequeña mano.

Eren se bajó a la calle guardando los auriculares y abriendo grande sus ojos.

—¿Levi? ¿Pero qué…? –lo vio descalzo y con cara desesperada y corrió a su encuentro.

Todos los transeúntes se detuvieron a ver la escena, incluso una señora que estaba paseando a su perro. Levi corrió el último trecho y pegando un brinco se prendió a la figura de Eren con piernas, brazos, alma y vida. El joven trastabilló un poco por el ímpetu del otro, pero alcanzó a afirmarlo con sus fornidos brazos. Levi escondió su rostro en el bronceado cuello y habló con fuerza.

—¡No te vayas, no me dejes! ¡Por favor, te necesito!

—¿Levi? O-oye.

—No te vayas, te lo suplico. Eres importante para mí, lo eres, lo siento, lo siento, sé que debí defenderte frente a mi madre, lo siento, lo siento… lo siento… perdóname, Eren.

—Ya, ya, tranquilo… -el chofer lo apretó un poco contra su cuerpo y giró su cabeza para buscar su rostro. Levi tenía una mirada compungida y respiraba agitado-. Emm… todos nos están mirando.

Levi parpadeó un poco y revoleó los ojos por los costados. Luego suspiró muy quedo.

—Pues entonces que aprovechen el espectáculo –y agarrando la cabeza del chofer hundió sus finos labios en los calientes y carnosos. Eren sonrió entre el beso y le devolvió el gesto con ganas.

Unas chicas lanzaron una risitas ahogadas, un hombre meneó la cabeza y dijo "maricas" mientras se giraba para irse, y la señora con el perro simplemente se quedó mirando sin pudor.

Eren apoyó su frente en la del psicólogo.

—Te amo, Eren, te amo…

—Y yo te amo a ti, bonito.

El hombre se bajó porque la posición era algo incómoda. Se quejó al asentar el tobillo lastimado.

—¿Pensaste que iba a irme? –dijo Eren rascándose la nuca-. Y estás descalzo.

—Te fuiste –le dijo Levi ya un poco más calmado.

—Bueno, era obvio que las cosas iban a ponerse peor si me quedaba, por eso decidí salir a dar unas vueltas. Si hubieras revisado tu celular hubieras leído mis mensajes, solo fui a la panadería –dijo mostrando una bolsa algo aplastada dentro de su campera-, y luego iba a esperar a que me avisaras para volver.

Levi se sintió un poco idiota. Pero igual estaba conforme con los resultados.

—Ni tu madre iba a detenerme hoy, me dejaste muy caliente, bonito.

El psicólogo rodó los ojos.

—Como sea, ayúdame que me duele el pie, me resbalé y me lo torcí un poco.

—Sube –dijo Eren agachándose y ofreciéndole su espalda. Levi aceptó-. Estás todo mojadito, bebé, papi Eren te va a bañar y te va a arropar muy bien, así puedes tomar tu lechita caliente en el biberón especial que tengo para ti, ja, ja, ja.

—Cállate idiota –dijo el más bajo golpeándolo en el hombro, luego asentó su mentón en la nuca de su novio.

—Te va a gustar, lo sé, lo sé.

Cuando llegaron a la casa, Levi se bajó de la espalda del chofer, lo tomó de la mano entrelazando sus dedos e inspirando fuerte enfiló hacia la entrada. El agua escurría de sus flequillos.

—Ey, ¿estás seguro? –le dijo el de ojos verdes, no quería presionarlo.

—Más que nunca, si estás a mi lado, lo podré hacer.

—A tu lado, entre tus piernas, debajo, de costadito…

—Ya, compórtate.

Ingresaron en la residencia. Kuchel y Patrick estaban sentados frente a frente, con cara seria, se notaba que habían estado hablando y la mujer parecía más tranquila hasta que lo vio llegar de la mano de Eren. Entonces se puso de pie y volvió a cruzar los brazos.

Levi se detuvo y bajó la mirada al suelo, los pómulos algo rosas.

—Mamá, él es Eren Jaeger, y es mi novio –la mujer contuvo un grito de consternación llevándose una mano a la boca-. Yo… soy… soy gay, mamá –dijo casi en un suspiro, muy bajito pero perfectamente audible.

—No, no, todo menos eso… -a su madre se le aguaron los ojos y Levi al fin levantó la mirada para enfrentarla, pero no con molestia, al contrario, sus ojos estaban algo vidriosos y su semblante era tranquilo.

—Este soy yo, no voy a ocultarlo más. Lamento no ser el hijo que esperabas, lo intenté, de verdad lo hice, pero me duele, me duele y me hace infeliz. Mírame mamá –la mujer lloraba desconsolada, a Levi le tembló la barbilla, pero esta vez no iba a retroceder, sintió que Eren apretaba más su agarre-. Yo no soy mi padre, yo no elegí seguir sus pasos, yo nací así, y simplemente quiero… dejar de ocultar lo que soy y lo que siento… este hombre me hace me… me acepta como soy y me hace feliz, me hizo entender muchas cosas y superar muchos problemas… lo amo -las primeras dos lágrimas rodaron por las blancas mejillas, Kuchel intentó calmarse un poco para escucharlo-. Y También te amo, mamá, eres la persona más importante de mi vida, pero ya no puedo seguir sosteniendo una mentira solo para fingir que todos somos felices. Ya no. Y esta es MI casa, no vuelvas a tratar mal a Eren, por favor, porque es mi pareja, ni a Patrick porque es un amigo muy querido y ambos merecen mi respeto y el de mi familia.

—¿Vas a elegir a ese… vulgar, malhablado, cabeza de chorlito… ¡y chofer!?

—Sí… porque él también me eligió a mí, sin importarle mis traumas y defectos… No te pediré que aceptes mi decisión, tampoco que la comprendas, pero no seguiré mintiendo… Quiero que sepas que mi felicidad también está a tu lado, pero si decides que… no quieres ver… -hizo una pausa algo conmovido-, que no quieres v-verme m-más… yo lo entenderé y no te f-forzaré a ello…

—¿Es tú última palabra? ¿Estás seguro que no cambiarás de parecer? –Kuchel lo miró dolida.

—No, mamá… Ya fue suficiente.

—Muy bien… -Kuchel levantó su cartera y su saco, con las lágrimas cayendo, luego miró a su hijo y le habló-. Yo… no puedo aceptar esto… me has herido de la peor manera, Levi… no sé si algún día me recupere de tu traición… No me llames, ni me busques, es lo único que te pido, mantente lejos, muy lejos de mi vista. Adiós –cuando pasó cerca de Eren le lanzó una mirada cargada de odio-. Hombre… ordinario y puerco –finalmente se fue azotando la puerta.

Levi suspiró y agachó la cabeza, Eren se acercó y lo abrazó unos momentos.

—Ven, vamos, debes darte un baño y cambiarte la ropa, estás empapado, no quiero que te enfermes. Patrick, ¿podrías preparar un café? Traje pan caliente.

—Sí, claro.

Luego del cambio de ropa, estuvo con una manta encima de la espalda en el sofá, con Margot entre sus piernas y una taza de té negro tibia entre las manos, Eren refregaba su espalda de tanto en tanto.

—¿Cómo te sientes? –Patrick fue el primero en romper el silencio.

—Bueno, asombrosamente no me siento tan mal. Aún, no estoy seguro de lo que sucedió, pero, wow, siento como si me hubiera sacado una tonelada de peso de encima. Sus palabras me dolieron pero… está bien –su semblante era relajado pero algo melancólico-, viví a su gusto todos estos años, es hora de que viva a mi propio gusto por una vez.

Patrick y Eren se miraron con alegría y el pelirrojo no pudo evitar emocionarse.

—Increíble –dijo sacándose los anteojos y enjugándose las lágrimas-, esto es asombroso, en verdad eres el mejor para Levi, Eren. Ha avanzado tanto, es… muy conmovedor, en verdad estoy muy feliz.

—Y él es el mejor para mí, ¿cierto, bebé?

Levi se rió y Patrick lo acompañó. Margot ladró suave desde su regazo.

—No le gustan los ruidos fuertes –aclaró Levi acariciando la pequeña cabeza con su dedo índice-. Gracias… -dijo el de cabellos negros con sentimiento-, a ambos, gracias…

—0—

Pasaron tres meses hasta que la madre de Levi se dignó a volver a su casa. Primero llamó y tocó la puerta. Levi estaba muy emocionado y aunque quiso abrazarla le dio su espacio.

Se sentaron en los silloncitos mientras el agua se calentaba para el té, Margot olisqueaba a la recién llegada.

—Oh, qué bonita –dijo Kuchel acariciando su cabeza con grandes y puntiagudas orejotas.

—Bonito, es macho. Tiene ropa de macho también.

Kuchel apreció la camperita de cuero y la remera blanca debajo.

—Vaya, esta es ropa muy fina para un can.

—La hice yo, saqué recientemente una colección para mascotas y ha sido todo un éxito, Lemare.

—Increíble. Te felicito… –luego lo miró y suspiró-. Bueno, quería verte, no soporto estar lejos de ti tanto tiempo. Eso no quiere decir que acepto tu elección de vida, Levi. Pero entiendo que nada puedo hacer al respecto y que no cambiarás de opinión, ¿o sí? –lo miró con esperanza.

—No, mamá…

—Ok… entonces… -revolvió en su bolso y sacó un sobre que le extendió al psicólogo.

Levi abrió el sobre y sacó cuatro fotos, todas de hombres de mediana edad, sonrientes, apuestos y muy bien vestidos.

—¿Qué es esto? –miró detrás de cada una, tenía un extenso detalle sobre la persona de la imagen, nombre, edad, profesión, gustos, etc…

—Son todos millonarios, gays y solteros. Al menos dame el gusto de buscar alguien que esté a tu altura –Levi la miró con la mandíbula desencajada.

—Mamá… lo siento, estoy en pareja ahora y estoy muy contento.

—¡Es un chofer!

—No parecía importarte antes –dijo mirándola con picardía.

—Antes fue antes, ahora es ahora, dales una oportunidad, tuve que contratar a las mejores agencias para conseguirte estos prospectos, a todos ellos les gustan los bajitos menudos, vamos hijo, dame al menos esa satisfacción.

Justo entró Eren en la casa, venía abrigado y quejándose del frío.

—Hola, bebé –saludó con su estridente voz y corrió a besar a su novio-, hola Margot, deja de ladrar, y hola suegrita, ¿qué me dice, que cuenta de lindo, eh?

Kuchel se cruzó de brazos y lo miró con el ceño fruncido, sin devolverle el saludo.

—Estoy agotado –dijo tirándose en el sillón-, es invierno, nadie abre una puta ventana para que se ventile la unidad y hoy un panzón se despachó con unos gases, uuuff, vomitivo, un asco. Es un alivio venir aquí.

—Qué bonita anécdota –agregó la mujer mientras Levi se levantaba a traer el té.

—¿Y esto? –dijo tomando el sobre que Levi había dejado sobre la mesa.

—Son prospectos, gente bien que está a la altura de mi hijo, no permitiré que termine sus días con un don nadie como tú.

—Ajá, pues va a tener que adjuntar también una foto de sus poll-

—¡Eren! –llegó a tiempo Levi-. ¿Puedes traer el azúcar de la cocina que la olvidé?

El joven afiló los ojos y luego sonrió satisfecho.

—Sí, bebé, lo que tú quieras.

—Vulgar, vulgar y ordinario… -acotó Kuchel con mala cara.

—Eren no es tan malo, mamá, mira trajo a Margot y le caes bien, él no es de acercarse a las visitas… También me ha ayudado mucho con cosas que no podía superar. Y te cayó bien antes, hasta que… bueno supiste que era mi pareja… por favor, dale una oportunidad.

—Dame tiempo, Levi, esto es… tan difícil para mí –dijo con los ojos llenos de lágrimas. Eren trajo la azucarera y una tapa de una olla.

—¿Qué haces con eso? –preguntó el psicólogo.

—Precaución, por si mi adorable suegrita quiere bañarme en té de nuevo.

—No voy a comportarme así otra vez, aunque ganas no me faltan –dijo la mujer agregándole azúcar a su taza-. Realmente que te sacaste la lotería con mi hijo.

—Segunda vez en la vida –dijo Eren sonriendo-, escucha Kuchel, puedo darte clases de mecánica, ¿no querías aprender? ¿Eh?

—Mmm… podría ser interesante…

—Tengo un compañero que está soltero y es bien parecido-

—No te atrevas –dijo la mujer mirándolo con el ceño fruncido-. Suficiente de choferes en esta familia. Pero aceptaré tus clases de mecánica. Hay una convención de Land Rover en dos meses y quiero ir sabiendo un poco más que sólo carrocería.

—Con todo gusto, lo haré después que pruebe el Narantín.

—Eren… nada de rituales con mi madre –amenazó el psicólogo.

—¿Qué ritual? –consultó Kuchel.

—No preguntes, te lo aseguro, no quieres saber.

—¿Hola, Chon? Tenemos un ritual que hacer –dijo Eren hablando por teléfono, Levi lo miró con la cara desfigurada-. Solo bromeo, bromeo, no llamé a nadie, ja, ja, ja –dijo el otro mostrando la pantalla en negro.

—Como sea, esta noche vamos a cenar, Levi, ya sabes, donde siempre.

—Sí, mamá.

La acompañó a la puerta, Kuchel lo abrazó con fuerza antes de irse.

—Estoy yendo a terapia, sólo lo hago por ti. Espero aprecies mi esfuerzo.

—Lo haré, mamá.

—Me gusta el candidato número dos, fíjate bien –le susurró en el oído, Levi rodó los ojos-. Ya hablaremos, escucha hijo… te amo… aunque salgas con un chofer.

—Y yo también te amo, mamá, aunque seas insoportable.

—Adiós, Eren, cuida de mi hijo, que no vea yo que sufre o iré y te arrancaré los testículos –dicho lo cual afiló la mirada muy seria.

—Descuide, me desvivo por hacerlo feliz –y luego sonrió ampliamente. Al fin se fue y Levi cerró la puerta-. Ah, me ama, lo sé.

—Basta, colabora un poco, ¿quieres?

—Lo hago, lo hago, le voy dar clases de mecánica gratis.

Levi fue y se acurrucó contra Eren que lo envolvió en sus brazos.

—¿Estás contento?

—Sí… más que eso… estoy feliz… -Miró el libro que le había regalado Patrick hacía trece años, reposando en su biblioteca personal-. Al fin, encontré la felicidad…

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By Luna de acero… sonriendo…