Yamamoto siempre recordaba un cuello pálido cubierto de sudor, una cama demasiado pequeña para la intensidad del desastre natural que provocaban, paredes demasiado estrechas para el aroma que los sofocaba y dientes con mente propia que deseaban morder, morder, morder y desgarrar esa piel demasiado suave, blanca, tentadora.

Para un omega que apenas olía a tal. Gokudera era peligrosamente embriagador.

Biología antes que raciocinio. "Corazón antes que inteligencia" Le repetía su padre incansablemente tras los años. El ultimo con más frecuencia. Luego de haber ido al futuro, luchado, vuelto, casi morir y volver; entendía.

Era el alfa de Gokudera desde el día en que su boca no había sabido nada más que decir que palabras hirientes. Era su alfa y esas eran las palabras claves.

-¿Por qué no tomas medicamentos?-Preguntó a una espalda tan pálida como la luz de la luna que los iluminaba. La estupidez guiaba al corazón podría decirse, por supuesto que después de más de un año juntos, sabía la respuesta. Gokudera sabía que la sabía y un chasqueó de lengua era la leve advertencia al limite de la paciencia. Yamamoto simplemente gustaba jugar en la calma antes de la tormenta, abanicar antes de correr…

-Me causan nauseas…- la respuesta esperada en un susurro áspero. El beisbolista solo podía imaginar desde aquel ángulo, el ceño fruncido que el otro poseía en ese momento, observando el cielo el cielo a través de la ventana. Una pregunta habitual de cada noche en que deseaba despertar sentimientos. Una pregunta habitual que le advertía de sus propios fallos.

-Mmm…- Murmuró con una media sonrisa, recordando viejos tiempos con aquella respuesta ocultada en media mentira. Gokudera había sido siempre una tormenta inesperada, incluso biológicamente. Sin control, impredecible…Peligrosa…

Habían recorrido un camino como nadie más. Guardianes Vongola. Amigos. Amantes. Pareja. Todo sobre manchas de dolor.

—¿Puedes ser mío, Gokudera?

Dèjá vú.

Directo al centro del vendaval. Esperando…Ser arrastrado hacia el centro o expulsado con fuerza… ¿Esta vez obtendría una respuesta?

Por unos segundos el tiempo parecía eterno.

—¿Por cuánto tiempo?

Si los brazos de Yamamoto se movieron por instinto o no, sosteniendo con más fuerza de la necesaria al peliplata recostado a su lado, girándolo para así verse de frente, en ese momento no lo podía saber. La luz que atravesaba el vidrio, volvía cabellos en plata destellante, transformaba ojos en joyas. Adornaba preguntas con un velo de esperanza.

La respuesta había sido diferente. Las reglas ahora eran otras. "Quien sabe" Ya no existía. Era un paso más. Un paso más a un camino que no conocía.

—Por siempre— Fue la sentencia sin aliento, grave, eterna, la única.

Dèjá vú.

Y La tormenta lo observaba a través de esmeralda: graves, duras, preciosas… sin palabras.

Dèjá vú.

"Por siempre" La única respuesta que sus labios conocían. La única respuesta que había encontrado en el futuro.

Dèjá vú.

"Por siempre" Y por siempre también esperaría. Porque "por siempre" jamás habría otro Gokudera. Porque "por siempre" aprendía de sus errores. Porque "por siempre" sus sentimientos no hallarían límite…

—Está bien…

Y las palabras nublaron su mente. "Está bien…por siempre" era lo único presente, camuflado en ese aroma que embriagaba su alma.

Esa noche, por primera vez en medio de una tormenta de invierno, su boca sabía a sangre, sus dientes cercenaban piel, su lengua saboreaba la gloria y su espalda coleccionaba más marcas de uñas ajenas que dejaban el dolor más llevadero del mundo.

—Está bien…Por siempre, idiota…