La tensión en la base era palpable por alguna razón desde que parte de la mayoría había viajado al futuro. Tsuna podía oler la frustración, la tristeza, el enojo y confusión, no era algo fuera de lo normal… Excepto que podía oler todo eso en una sola persona y a pesar de todo, no sabía cómo actuar… Gokudera siempre le sonreía, siempre actuaba como si todo estuviera bien. Su aroma usualmente envuelto en pólvora y humo, se estaba volviendo algo difícil de respirar. Un cóctel de hormonas basadas en emociones reprimidas a punto de estallar. Un concepto muy certero… Suspiró, su intuición, mezclada con su olfato era un arma de doble filo si no sabía cómo solucionar los problemas…
Dio unos cuantos pasos más, cerrando los ojos cuando aquel aroma se intensificó de forma alarmante.
"¡No es asunto tuyo, idiota!"
El grito le hizo parar en seco antes de virar por una de las esquinas donde la voz provenía. El gruñido de su guardián de la lluvia le hizo comprender el origen del problema.
"¡Pues no soy yo el que depende físicamente de alguien para no temblar como gelatina ante cualquier otro alfa, Gokudera!"
Tsuna abrió los ojos sorprendido, virando con rapidez hacia donde sus amigos se encontraban. La mano del peliplata estaba alzada, mientras Yamamoto no había hecho nada para evitar la cachetada. Respiró profundo antes de intentar apaciguarlos, pero tuvo que contener el aliento casi al instante.
La mayoría del tiempo, Tsunayoshi olvidaba que uno de sus guardianes era un omega, que la persona con la que pasaba la mayor parte del tiempo lo era, a veces el mismo olvidaba que era un alfa.
Para él, Gokudera era simplemente Gokudera, una tormenta feroz. Su intuición a veces le hacía querer no pensar en los sentimientos del bombardero debido a su biología. Porque podía olerlo. Olía odio, decepción, aceptación, miedo…
A veces los alfas eran demasiado alfas para comprender, su intuición le decía. A veces los omegas no eran lo suficientemente omega para aceptarlo.
Pero a pesar de lo inusual, Gokudera era un omega, uno tan impredecible como una tormenta de verano. Entrar en celo justo en medio de una discusión de ese tipo, era claramente algo que él no había pedido. Con el rostro encendido, los puños apretados y el sudor en su frente, el bufido cansado que soltó, sonaba dolorosamente desesperado.
Yamamoto con un paso hacia atrás y un suspiro girando el rostro, solo había dado paso a la huida del bombardero.
—Yam…
—Lo sé, Tsuna…
Pero su amigo había comenzado a caminar justo en la dirección contraria.
-o-o-o-
Gokudera no se encontraba en su habitación, ni la librería… Su aroma de pronto se había apagado de forma abrupta y su intuición gritaba que eso no estaba bien.
A pesar de que era lo último que deseaba, encontró a Bianchi saliendo de la enfermería y el aroma que atravesó aquella puerta decía a gritos que algo había salido horriblemente mal. El aroma a tormenta en llamas mezclado con el aroma que queda cuando una hoguera es apagada de forma brusca, solo dejaba un profundo vacío…
—Hayato no debe tomar supresores…— Fue el susurro que salió de los labios de la italiana antes de apoyarse contra la pared. Tsuna solo asintió sin saber qué decir, aquello era una advertencia tardía, un consejo con poco peso. Gokudera jamás había dicho algo, Tsuna jamás había preguntado…
Gokudera sabía no debía tomar supresores, pero hace tan solo menos de una hora había entrado en celo en medio de una discusión donde aquel hecho había sido recalcado como debilidad.
Gokudera sabía no debía tomar supresores, pero hace tan solo menos de una hora el alfa al que le había pedido tomara responsabilidad por sus palabras le había gritado en la cara su debilidad. Gokudera sabía no debía tomar supresores, pero ahí estaba, tendido sobre una camilla, con sus signos vitales monitoreados por una máquina, con ojos nublados por la fiebre, abrazado a un Yamamoto que yacía a su lado como un ahogado abrazaba un salvavidas, un Yamamoto que observaba el techo con ojos graves, inundados en culpa, un Yamamoto que sujetaba la mano del bombardero como cuando alguien intenta salvar el fuego de una vela a punto de desvanecer…
Gokudera había intentado suprimir su naturaleza, en cambio liberó muchas debilidades.
Debilidades que quedarían grabadas en sus retinas para no ser liberadas jamás, porque ahora Tsuna sabía lo que era observar a sus dos amigos en tales condiciones, porque sabía ahora lo que era cargar con un error que se pudo evitar, porque ahora sabía lo que era esperar…
