Con la respiración entrecortada, la ropa pegada a la piel, el calor sofocándolo y el dolor partiéndolo en dos, logró dar con la enfermería.

"No te atrevas a usar supresores, Hayato"

Aquella orden perdida en su cerebro no tenía peso en ese momento, no cuando su orgullo estaba en pedazos. No cuando el otro no era un omega al que le habían gritado a la cara que era una carga envuelta en hormonas y deseos. No cuando no era él el que había entrado en celo justo después…

Jadeó sosteniendo la cajetilla en su mano, supresores habían a disposición en cantidad, supresores habían al alcance para quien necesitara…Sus ojos ardían y su visión se nublaba, maldijo entre dientes aborreciendo su propio olor, colocando aquella cápsula en su boca. No podían ser tan diferentes a las pastillas de ese doctor pervertido, aguantaría el dolor como siempre lo hacía… Su celo, con Shamal, duraba un día menos de lo normal, sedado, embriagado en hormonas… Su celo, acostándose con el idiota, duraba un día…Su celo, tomando un supresor, duraría minutos…

Tragó en seco.

Para alguien que le había hecho sentir como nadie más, Yamamoto era un bastardo idiota.

—Te odio…

"No es verdad"

En solo minutos ya no lo necesitaría más. En solo minutos su olor ya no le causaría náuseas. En solo minutos ser un omega ya no sería una maldita debilidad…

Frunció el ceño al sentir su celo desvanecerse. Frunció el ceño porque su olor se desvanecía con él. Frunció el ceño porque el calor aumentaba, quemándolo, como si el fuego le consumiera y el humo penetrara sus sentidos, ahogándolo en llamas.

Había rechazado su aroma, así que ahora se volvía cenizas. Había aborrecido sus deseos, así que ahora los quemaba. Había aceptado dolor a cambio de libertad, así que obtenía lo que quería…mientras su cabeza parecía a punto de estallar.

"Te odio…" Y una estúpida sonrisa derretía sus pensamientos "Te odio…" Y el aroma a tierra húmeda no le dejaba respirar "Te odio…" Y una risa odiosa le bloqueaba los demás sonidos "Te odio…" Y sus recuerdos le apretaban el pecho…

Sabía no debía usar supresores, pero nadie más era un omega. Sabía no debía usar supresores, pero ahí estaba, envuelto en llamas negras.