III.
James estaba harto. Pero no harto a secas, como le decía a Sirius. Estaba harto, pero harto harto. Sirius rodaba los ojos, se movía el pelo y seguía caminando por el pasillo sin hacerle caso. James sabía que aquello estaba afectado a su amigo, que estaba haciéndole daño, por mucho que Sirius no quisiera aceptarlo. No entendía que había pasado para que aquellos acabaran así.
James sabía que Sirius siempre había tenido una gran debilidad por Remus, un afecto especial hacía el hombre lobo que él nunca había acabado de entender.
Sirius era su mujer amigo, su hermano y James sabía que aquello le estaba afectando.
Desde la salida a Hogsmeade la noche del sábado —hace ahora tres días—, nada había mejorado. Todo se había vuelto más complicado. Las noches, en llegar a la habitación, el silencio inunda sus corazones. James solía encender el gramófono y ponía alguna canción de los Beatles con tal de que se reconciliara el ambiente. Pero no funcionaba.
—Esto se tiene que acabar, Sirius. No me importa a que se deba… Pero no podemos estar todos mal porqué a vosotros dos os da la gana estar peleados.
—Díselo a él.
—Te lo digo a ti y se lo digo a él. Me importan a una mierda vuestras redecillas. Esto se tiene que acabar y punto.
—Es más complicado que eso, James y lo sabes.
—La verdad, Canuto, es que no sé nada —dijo James—. Lo sabría si me lo contarás.
—No hay nada que contar.
—Pues entonces no hay nada por lo que estar enfadado con Remus.
—No me taladres, James.
También intentó hablar con Remus esa misma tarde en la biblioteca, pero no fue más fácil que razonar con Sirius. La verdad es que Lunático siempre ha sido de los cabezones, igual que Sirius. Pero jamás había creído que podrían llegar a este punto.
—No voy a pedir perdón por algo que no he hecho —dijo Remus.
—No estoy diciendo que le pidas perdón… Solo que hagáis las paces.
—No quiero hacer las paces con él.
—¡Joder, Remus! ¿No habéis pensando en casaros? ¡Sois como un maldito matrimonio!
La verdad es que Remus si que lo había pensando. No en casarse quizás, pero si en pasar una vida juntos. Que ridículo sonaba cuando lo pensaba demasiado tiempo. Pero después de la reacción de Sirius, todo sonaba ridículo.
Remus jamás pensó que aquel beso en quinto, antes de irse de vacaciones de verano, pudieran cambiar tanto las cosas entre él y Sirius. ¿Pero que podía hacer Remus si Sirius había decidido dejar de hablarle? Nunca se imaginó que Sirius pudiera reaccionar así, retirándole la palabra. Sabía que aquel beso fue algo, algo importante. No sabía si para bien o para mal, pero importaba.
Algo cambió, algo se había activado. Que Sirius lo aceptara o no era su problema.
Mil gracias por leer y hasta el próximo...
Besos, Lúthien.
