Yamamoto sabía que el otro pretendía. Gokudera recordaba perfectamente el motivo por el cual había recurrido a supresores a pesar de que no debía.
Yamamoto sabía que el otro pretendía desde el primer momento que sus ojos se abrieron ya sin el brillo derivado por la fiebre, fijándose en sus manos aferradas al cuerpo de otro, sintiendo su cuerpo sudado impregnado en aroma a alfa y sonriendo como si no pasara nada.
La esencia por la que había gritado a Gokudera volvía a invadir su nariz, pero la tormenta sonreía.
En un futuro destruido, las preocupaciones pasaban a segundo plano.
En un futuro destruido, no podías ser un hijo que había perdido a su padre ni un omega asustado…
Yamamoto era paciente, pero Yamamoto también era humano.
Gokudera podía a veces odiar ser un omega. Yamamoto también a veces odiaba ser un alfa.
Yamamoto era paciente, pero como alfa, su enojo se había sobrepasado.
Yamamoto era paciente, pero como alfa, odiaba ser ignorado.
"…Me odias más de lo que pensaba."
"… ¡Ni siquiera soporto respirar el mismo aire que tú!"
Y Yamamoto entendía, pero como alfa, no comprendía… En tal momento, aquello solo lo enfurecía…
"Haz lo que quieras"
Pero oler la sangre de Gokudera dolía… Su aroma siempre había sobrepasado sus sentidos y en ese momento, sus palabras herían.
Gokudera no era como cualquier omega, así que no lo trataría como tal. Romper las paredes de alguien que no era de cristal no destruía el interior.
Y la verdad salía a la luz de formas inesperadas. Las cosas no siempre salen como son planeadas…
Quizás porque jamás planearon algo…
Quizás porque lo suyo jamás empezó como algo simple e inocente…
Quizás porque no eran manzana y canela…
Quizás porque nadie envidiaba una relación que no existía…
Quizás porque no eran ese "Todo lo bueno tiene un final" …
"…Es hora de que trabajemos juntos…"
Quizás por eso lo suyo podría durar.
Las tormentas no pueden planearse, los animales salvajes no pueden domesticarse, las relaciones no siempre están escritas en etiquetas…
En un futuro destruido, el aroma a miedo abrumaba.
Pero Yamamoto era paciente.
La crisis solo lo hacía más fuerte.
La derrota solo aclaraba sus metas.
En un futuro destruido, Gokudera era solo suyo.
En un futuro destruido, sus sentimientos eran la realidad.
