El "lo siento" de Gokudera aún persistía en su esencia, en las heridas aún resentidas, en su corazón abierto, en la mejilla donde el otro había posado la suya en un simple e íntimo gesto de intimidad y que aún ardía…
Aún no era el alfa que Gokudera merecía, que el pequeño al que aquello confesó fuera su entrenador tenía ahora un vergonzoso sentido…
"Haz mejorado de nuevo, Yamamoto Takeshi"
Las derrotas siempre hacían crecer; el precio era orgullo, decepción, miedo…
Un pequeño alfa subiendo el ego de otro…
El inicio de un camino…
Ahí en medio de una sala de entrenamiento, con espada en mano, Yamamoto seguía vivo.
Ahí en medio de un futuro roto, aún existía a que amar…
Amaba el béisbol…
Amaba a sus amigos…
Por eso la mafia no parecía estar mal…
En un futuro roto, amar a Gokudera había nacido…
"No olvides esa sonrisa"
Yamamoto no la olvidaría…
Sonreiría…
Incluso si el aroma de Gokudera estuviera afectado de nuevo…
Sonreiría…
Porque su enojo ya lo había roto una vez…
Sonreiría…
A pesar del miedo…
Sonreiría…
A pesar del orgullo "¿Qué alfa deja a su omega solo…?"
Sonreiría…
A pesar de la verdad…
Si Gokudera olía a indiferencia, sus ojos cerrados disimulaban el dolor.
Si Gokudera olía a decepción, Bianchi lo hacia saber.
Agua y aceite…
Gokudera no era como cualquier omega…
A veces era difícil recordar…
Gokudera no era como nadie más…
Sueños rotos, familia estropeada, emociones reprimidas, sonrisas forzadas…
Y como su dueño, el pequeño y dulce omega huía…
"Es un hombre"
Y Yamamoto entendía…
Así que sonreiría…
Porque cuando te sientes deprimido y sin salida…
Simplemente sonreiría…
Y su mejilla volvía a arder, junto a un deseo que no dejaba de florecer… Junto a un Gokudera que tomaba de su esencia más de lo normal…
Sonreiría…
Incluso si el tiempo límite estaba en la otra esquina, su mejilla ardía…
Sonreiría…
Incluso si las balas lo bañaban de luz en la oscuridad, su mejilla ardía…
Sonreiría…
Porque Gokudera no era como nadie más. Sus llamas ardían…
Porque Gokudera no era como nadie más, volverse más fuerte lo valía…
Y Porque a un día de la meta final, entre sábanas, oscuridad y maullidos de lullaby, su mejilla ardía…
Lluvia bañando a la tormenta, tormenta haciendo arder la lluvia…
Entre sueños, sonreía…
Y a pesar de la verdad… sonreiría.
