Tsuna raramente se sentía un alfa. Ahí sentado al lado de la cama, con un Gokudera retorciéndose entre quejidos y sudor, sin sentir la mínima necesidad que un omega en celo le debería dar, le hacia pensar en las muchas veces que otros alfas y betas le llamaban "inútil".

Y Tsuna observaba a Gokudera, el omega en celo, quien evitaba a toda costa su mirada, aspiraba bocanadas de aire como si no hubiera suficiente oxígeno en la habitación y apretaba las sábanas entre sus puños sin ninguna consideración. Era entonces que no le importaba lo que los otros alfas de la escuela pensaran.

—No puedes mantenerlo así, calmándolo a cada minuto con tus llamas y esperar que su celo se vaya, Inútil Tsuna.

Y Reborn recalcaba algo que él, con frustración ya sabía. Pero esta vez, Gokudera había perdido la capacidad de razonar tan rápido como su olor había inundado el cuarto. Tratarlo cuando su estómago sufría a causa de Bianchi era mucho más fácil.

Y suspirando pensaba en lo poco que sabía de cómo cuidar a su amigo omega.

Reborn había sido un gran maestro en cuanto había conocido al bombardero, pero la práctica era otra historia. Tampoco podía recurrir a la ayuda, su madre era un beta que solo seguía y amaba al alfa de su padre a ojos completamente cerrados.

Y no es como que omegas inundaran la Tierra, los pocos de la escuela aparentaban ser arpías tras una presa, embriagando de hormonas y escogiendo con pinzas con quien copular. El resto se convertía en muñecas, los más grandes tesoros que un coleccionista podría desear

Gokudera no era solo un omega, era parte de su familia. Su deber como alfa no significaba nada si antes estaba el deber de un amigo.

El corazón de Gokudera pertenecía a Yamamoto. Yamamoto era solo de Gokudera.

Gokudera jamás seria un simple omega. Así como Tsuna jamás cedería a los impulsos pertenecientes a cualquier otro alfa… No cuando acababan de volver de aquel futuro…

Y ver al dueño del corazón de la Tormenta, aún en sus ropas de béisbol, la respiración agitada y el rostro sudoroso, cruzar la puerta de la habitación, le devolvía el aliento.

—Lo siento, Yamamoto…Esta vez no tuvo tiempo de irse a casa…

—Deberías conocer las condiciones de tus guardianes. El ciclo de Gokudera es muy sensible… La vuelta al presente debió desencadenar una respuesta hormonal muy fuerte. Y no es como si Yamamoto pudiera llevárselo si con solo respirar pareciera que también fuera a entrar en celo.

Reborn reprendía con media sonrisa en los labios, mientras Yamamoto se cubría el rostro con el antebrazo.

Y antes esas últimas palabras, Tsuna observaba como su amigo con ojos duros, apartaba su brazo, daba una larga bocanada y caminaba hacia la cama, a un lado de un Gokudera que se retorcía ante su mirada.

Y en un instante Gokudera se arqueaba dejando al descubierto su cuello, tan pálido y libre de marcas. Y Yamamoto tomaba lo que se le ofrecía un segundo antes de que Tsuna pudiera decir algo para advertirle que no lo hiciera.

Pero la mordida no existía. Con manos, dientes y mente que apenas si se contenía, Yamamoto disponía de un simple placebo, apenas dejando rastro, impregnando a la Tormenta de un olor que hace un minuto no poseía.

Y Yamamoto se separaba con una sonrisa jadeante. Y Gokudera murmuraba su nombre en un gemido ahogado, enfocando la mirada, depositando lentamente su peso sobre la otra espalda.

Tsuna veía de reojo la sonrisa complacida de Reborn, mientras ayudaba a sus amigos. El Hitman no era el único complacido, el rostro resplandeciente y sonrojado del beisbolista se lo decía, la respiración satisfecha del omega se lo decía, su propia sonrisa lo decía.

—Vamos a casa, Gokudera.