Capítulo 4. "Deseo"

Armin dejó a un lado sus miedos en cuanto las puertas de la habitación se abrieron. No había marcha atrás. Lo iba a hacer con Eren. Una parte de sí mismo sabía que eso iba a ocurrir tarde o temprano, que sus sentidos omega no fallaban en absoluto y que había creado una unión con ese alfa en poco tiempo.

Si intentaba alearse sería peor para él.

- Ah… Eren – Armin gimió con demasiada suavidad.

Eren sabía que los omegas primerizos siempre ocultaban sus deseos incontrolables para sonar recatados y sumimos. Se veían obligados a fingir sus orgasmos incluso. Pero no Armin, en él todo salía natural: sus gestos, sus sonrojos. Todo en él era causado por sus manos.

Debido a su descontrol alfa Eren no supo ser amable. No al principio. Porque al llegar a su habitación lo arrojó con violencia al colchón y se apoderó de sus labios como bien pudo.

Pero Armin no merecía ese trato, y a pesar de estar controlado por su instinto, todavía era razonable. Por lo que, en cuanto le fue posible contenerse, le dio a Armin la autoridad para hacerse de sus propias ropas.

El rubio agradeció en esos instantes que Eren fuese un supremo alfa y no un idiota alfa que se dejaba llevar fácilmente. Con sumo cuidado se deshizo de todas sus prendas, Eren apenas podía sostener a su alfa interior que le gritaba con furia hacerse del omega.

«No» se dijo. Él no lastimaría a Armin.

- Eren… estás sudando mucho – el celo de los alfas a diferencia del de omegas era peor.

Sudaban copiosamente y el corazón se les aceleraba. Los menos cautos sufrían un infarto en el pleno desarrollo sexual. Pocos casos realmente, pero sucedía.

Armin acarició las mejillas morenas cubiertas de gotas cristalinas. La temperatura ascendió y todo su cuerpo quemaba por dentro.

- Déjame ayudarte – dijo en un susurro quedo. Eren asintió alejándose unos cuantos centímetros de Armin.

El rubio no era un experto en las artes amatorias. Al igual que Eren, su instinto omega se empezaba a desplazar en todo su ser, sin embargo, el sentido común lo guiaba al momento de desnudar al alfa de mirada inquieta.

Las manos de Eren lo ayudaron a desabrochar los pantalones después de haberse deshecho de la camisa, Armin dejó caer la pesada prenda de mezclilla y ahí descubrió el por qué Eren era un alfa supremo.

Un miembro saludable y dispuesto lo recibió con regocijo. Eren gimió de alivio al verse liberado de su propia prisión. Armin abrió la boca sorprendido. Eso no iba a caberle dentro.

- ¿Asustado? – más que asustado, humillado. Después de todo, Armin no dejaba de ser hombre, la raza no definía su condición masculina.

- Uhm.

- Tócalo – pidió Eren todavía con los interiores puestos. El pantalón seguía rozando sus tobillos, empero le era más interesante ver el actuar de Armin.

El omega tragó saliva demasiado avergonzado como para hacer algo.

No iba a tocar esa cosa. Eren se rindió luego de unos minutos de tortuosa espera. Tomó las manos de Armin y las colocó sobre su falo hambriento.

- Mueve tus manos. – Indicó pacientemente.

Tampoco sabía mucho más lo intuía.

Armin obedeció calladamente, no es que fuese sumiso con el alfa –pese a las condiciones de ambos- simplemente la curiosidad mermó en él.

Y no se sentía mal como lo había imaginado. La piel era suave y caliente, podía palpar el pre semen por encima de la tela del bóxer.

Eren necesitaba descargarse antes de que su dominante alfa interior lo hiciera perder la razón.

- Hey… Ar- Eren recibió una sorpresa mayúscula.

Armin se dejó caer de rodillas a la altura de su falo henchido en y sin preámbulos bajó los interiores del alfa e introdujo el miembro de Eren en su cavidad bucal. Eren soltó un gruñido animal, el calor de esa boca activó todas sus terminaciones nerviosas. Armin no sabía exactamente qué hacer, miró a Eren por debajo de las pestañas apreciando el rostro contraído del alfa, y fue suficiente para ascender sus labios por toda la envergadura.

Eren echó la cabeza hacia atrás, sus manos se posaron en los cabellos rubios del omega tirando de ellos con violencia moderada.

La lengua de Armin acaricia la piel caliente muy despacio, provocativo. Eren muerde su labio inferior rezumando el placer que eso le hace sentir. Con las manos se dedica a tocar los testículos hinchados, nunca antes pensó que el miembro de otro varón le sería muy excitante.

Armin continúa con su tarea mientras sus caricias con la lengua van en aumento, desliza el musculo húmedo por debajo del falo, su nariz roza la carne. Da un lengüetazo sorpresivo al testículo derecho.

Eren chilló en represalia.

- No te detengas… - gimió con su voz gruesa y cargada de deseo.

Armin obedeció porque le gusta ese Eren que se entrega en sus manos.

Entierra su boca en el testículo derecho: consumiéndolo. Y de paso provocando en el alfa supremo un estertor de aire caliente que había contenido con tanto esfuerzo.

Luego de satisfacer al testículo derecho con succiones y lametones Armin pasó al izquierdo dedicándole la misma atención. Eren no resistió más y se corrió en la boca de Armin.

La respiración agitada del alfa era una clara muestra de los ramalazos de un buen y primer orgasmo. Ayudó a Armin a ponerse de pie. El rubio apenas asimilaba lo que había hecho y a pesar de que en un principio no sintió vergüenza, ahora sus mejillas estaban arreboladas y sentía el corazón golpetear con fuerza sus costillas.

- Eren… - Armin intentó salvaguardarse en el cuello del alfa. Pero Eren lo tomó de las mejillas, acarició la dermis con los pulgares y esbozó una sonrisa abierta.

- Eres encantador.

La pasión se desbordo en el momento en que sus miradas se conectaron. El alfa interior finalmente rompió la muralla que le impedía deshacer al pequeño omega.

No hubo mayores palabras posteriormente. Porque Eren arrojó al omega a la cama y tan pronto se deshizo de los estorbosos pantalones e interiores que habían quedado varados en sus tobillos se colocó sobre Armin.

Eren repartió besos mezclados con mordidas que trazaban medias lunas en el cuello de Armin. No podía marcarlo aunque lo deseaba. Su instinto lo pedía a gritos pero una parte de su razón lo obligaba a acatar ciertas reglas.

Armin jadeó en respuesta y separó sus piernas recibiendo al alfa.

El jugueteo de caricias terminó en cuanto Armin pidió en un grito de auxilio que aliviara su dolor provocado por el celo. Eren no se contuvo, enfiló su miembro en la entrada virgen del omega, con sumo cuidado –propio de su Eren razonable- se introdujo en Armin.

Armin jadeó de dolor, arqueó la espalda, manoteó violentamente para que Eren lo dejara en paz, empero el alfa no lo hizo.

- Tranquilízate – pidió Eren con su tono de alfa.

El blondo asintió controlando las emociones revueltas en su estómago. El dolor opacaba cualquier sensación placentera que había llegado a sentir. No podía vislumbrar el momento en el que su tortura finalizara.

Eren comenzó a moverse lentamente. Él también sentía un dolor inmenso gracias a la conexión con ese omega y haberlo desvirgado. Aunque ambos habían perdido la virginidad realmente. Él sonrió satisfecho porque lo estaba haciendo con la persona que él había escogido, no con alguien que su padre hubiera impuesto.

Finalmente Armin se relajó, con ello una parte del dolor se hundió en las oleadas de placer. Atrapó las caderas del alfa con sus largas piernas.

- Hazlo más… rápido.

La petición sonó absurda en su voz perdida entre los gemidos y balbuceos. Pero aun así Eren logró reconoce el mensaje desesperado.

Las embestidas se tornaron salvajes, violentas, febriles. Sus cuerpos danzaron al ritmo impuesto por ambos, Armin enterró las uñas en la espalda ancha del alfa donde dejó su propia marca.

Durante cinco horas se amaron con tal pasión que los ecos de su delirio fueron escuchados por los vecinos del alfa.