Caminaba apurando el paso, el bosque pasaba a su lado como una nebulosa verde. Anotaba números, hablaba con los lugareños, comparaba listas con los funcionarios infernales residentes en el mundo humano, volvía a anotar más números, nombres, tachaba, volvía a anotar...

Había procurado que su tarea no le tomara más del mediodía pero ya era entrada la tarde y aún no podía regresar a la cabaña. No había querido marcharse esa mañana, habrìa deseado permanecer más tiempo disfrutando de la cálida presencia del kitsune a su lado, pero el trabajo era el trabajo y él ante todo tenía que cumplir una misión.

Cuando por fin pudo divisar su lugar de hospedaje ya era avanzada la noche. Abrió la puerta de un portazo preparándose para una decepción. Sin embargo y para su sorpresa, el boticario aún se hallaba en el lugar.

"Bienvenido" Lo recibió con una sonrisa entre un mar de hierbas, frascos, libros y pergaminos. "He aprovechado el tiempo para hacer un recuento de mis existencias..¿Has podido continuar con tu trabajo?"

El oni asintió y suspiró exhalando el aire que no sabía que estaba conteniendo hasta el momento. Había temido que su huésped se hubiera marchado durante el día. Antes de emprender el viaje al mundo humano había leído que los kitsunes eran criaturas reservadas que preferían la soledad. A pesar de eso allí estaba él, regalándole el placer de su compañía. Su humor mejoró notablemente.

"He traído algunos suministros de la ciudad, podemos cenar ahora si lo deseas"

El vendedor asintió y el oni comenzó a preparar todo con una felicidad burbujeante en su estómago.

*

Cenaron en un cómodo silencio, aunque cuando finalizaron el demonio sintió que debía decir algo, entablar de algún modo una conversación. Eso era lo que la gente hacía después de todo.

"Tus piernas ¿Cómo están?"

El vendedor retiró la vista de su plato.

"Mejorando, gracias a ti por supuesto.." Le dedicó una pequeña sonrisa y el oni ya no supo que decir. Hasta ahí llegaban sus habilidades sociales con ese sujeto.

"Bien"

Por unos instantes el silencio se hizo eco entre los dos.

"He pensado...la forma más adecuada de agradecerte lo que has hecho por mí hasta ahora, las curaciones, el hospedaje, la comida. Realmente te debo mucho.."

Hoozuki lo observó dudoso. No había sido gran cosa para él. Simplemente lo había hecho porque le había parecido lo correcto, lo más natural...para alguien que no fuera un demonio. Pero él lo era y ciertamente "lo más natural" no se aplicaba en su caso. Ahora que lo pensaba quizás ese kitsune le agradaba lo suficiente como para llevarlo a hacer cosas que no estaban en su naturaleza..

"¡Eh! ¡¿Por qué estás quitándote la ropa?!" El vendedor frente a él se quitaba una a una sus prendas para ir quedando gradualmente desnudo frente a sus ojos.

"Es necesario. Además creo que es la forma más adecuada para retribuirte.."

"¡No! Realmente eso no es.." Pero las palabras morían en su boca producto de la vergüenza. Realmente no quería una retribución de "esa clase", él no era Hakutaku...

Una luz captó su atención y aunque estaba procurando hacer notorios esfuerzos para no mirar el cuerpo de su compañero, no pudo evitarlo. Frente a él, contemplándolo con aquellos familiares ojos celestes se encontraba un enorme zorro de múltiples colas. Su pelo, de aquel blanco imposible que ya había visto una vez y que no había podido olvidar, relucía en la habitación dándole un aspecto onírico e irreal. Hoozuki tragó en seco cautivado por la extraña belleza de la mítica criatura.

Los dos permanecieron en su sitio un momento. Luego el kitsune se acercó a él con pasos que casi no tocaban el suelo y colocó su cabeza bajo la mano del oni. Hoozuki, en un principio no pudo hacer nada. Jamás había visto un zenko en su forma de kitsune y no había esperado que el boticario le regalara esa maravillosa vista a él, un simple funcionario demoníaco. Sin embargo, allí estaba y ahora volvía a hacer ese movimiento con su cabeza captando su atención. El oni comprendió esta vez, y algo inseguro, pasó su mano sobre el blanco manto de pelo. Jamás había tocado algo tan suave en toda su vida, así que no pudo más que repetir la acción una y otra vez. Pasó sus manos por la cabeza y el lomo de la criatura, hundió sus dedos en ese mar de nívea suavidad y delineó los rojos arabescos que enmarcaban sus ojos. Pocas acciones le habían generado tanto placer.

El kitsune se dejaba hacer sin oponer resistencia alguna, poco a poco adormeciéndose ante las generosas caricias recibidas. Si, definitivamente ese había sido el mejor modo de agradecimiento.

*

Hoozuki, se había perdido. No estaba seguro de cómo había sucedido, pero en un instante se encontraba recorriendo un mundo blanco y al otro estaba de vuelta en su cabaña con el cuerpo del boticario sobre su regazo. Ya no mantenía su forma de bestia y dormitaba dando pequeños suspiros que emitían un débil calor sobre sus piernas. Él también tenía deseos de acompañarlo, así que, con cuidado de no despertarlo, maniobró su cuerpo de forma tal que ambos pudieran descansar cómodamente. Al volver a su forma humana, aún permanecía desnudo. Pero al oni ya no le importaba.