"Se ha hecho tarde" Hoozuki hablaba con la vista fija en el cielo raso.

"Si"

Tendido casi completamente sobre él, el boticario dormitaba sobre su pecho. Aún estaba desnudo y el oni era plenamente consciente de cada parte de su cuerpo que entraba en contacto con él. Extrañamente ya no le incomodaba su desnudez. De algún modo, era como si el hecho de haber acariciado al kitsune en su forma de bestia la noche previa, le hubiese dado cierto tipo de poder sobre él. Como si a partir de aquella interacción, él fuera el portador del derecho de permanecer a su lado, de observar su cuerpo, de tocarlo y hacer lo que quisiera con él.

"Es necesario que me marche a trabajar"

"Si"

El vendedor respondía con una voz amortiguada y pastosa, como si no proviniera completamente del plano de la vigilia.

"El trabajo es el trabajo"

El boticario rozó con una de sus uñas el vendaje que Hoozuki se había colocado en el antebrazo producto del episodio con su sello. Se apenaba. Realmente no había querido lastimarlo.

"Ciertamente"

Como si el oni hubiera escuchado sus pensamientos posó su mano sobre el cabello de su compañero. Como esperaba, era tan suave como su manto en forma de zorro de modo que pasó su mano sobre él en una letanía de suaves caricias. El kitsune emitió un débil murmullo y se removió buscando colocarse en el pliegue entre el cuello y el hombro del demonio. Allí, perfectamente acomodado sobre su clavícula, pasó el resto de la mañana.

Ese día, por primera vez en toda su existencia infernal, Hoozuki se ausentó a su trabajo.

No estaba seguro de cuántas horas habían pasado, probablemente muchas, a juzgar por la forma en que el sol entraba por su ventana. Tal vez tendría que preparar algo de comer. Si, en unos minutos lo haría..solo necesitaba un momento más. En el ínterin, su tacto siguió navegando por los mares de piel blanca que pudo alcanzar.

El sol iluminaba la habitación con una tonalidad rojiza cuando el boticario finalmente se incorporó un poco sobre su cuerpo. Por largos segundos lo observó con esa mirada que no decía nada y que al mismo tiempo podía decir todo. No emitía palabra y Hoozuki sintió el irrefrenable deseo de escuchar su voz. Aquella voz tan suave y profunda, que se detenía por momentos en las largas pausas que el boticario hacía para hablar, como si de algún modo supiera de su efecto hipnótico y él deseara reservarla para decir solo lo esencial. ¿Cómo podía lograr escucharla de nuevo?

Llevó su mano al rostro del vendedor y con un dígito perfiló la pintura violácea que dibujaba aquella eterna sonrisa. Rozaba levemente la comisura de su boca cuando el otro separó sus labios en una muda invitación. Hoozuki sonrió. No la necesitaba, él ya se sabía poseedor de ese derecho y de muchos más. Para probar su punto introdujo el dígito en su boca, pasando sobre los filosos picos de sus fauces y acariciando apenas, casi al pasar, la marcada calidez de su lengua. Si esa lengua era suya, si esos labios eran suyos, si ese cuerpo, si ese cabello eran suyos..cómo podía permitir que el kitsune se guardara su voz para sí. Tenía que lograr que hablara, que dijera algo y entonces su voz sería suya también, porque él podría lograr invocarla cuando lo deseara. Hoozuki meditó unos segundos. Retiró su mano de la boca del vendedor y la colocó de forma tal que descansara imperceptiblemente sobre su cuello. Ya sabía como lograr su objetivo.

"¿De qué huías?"

El boticario pareció haber sido sacado abruptamente de un trance, desvió su mirada y se reubicó sobre el cuerpo del oni.

"No ha sido torpeza. Eres inteligente y poderoso, además del hecho de que conoces el territorio. Solo queda una obvia conclusión..escapabas de algo que te ha alterado lo suficiente como para no notar esa trampa humana.."

El kitsune demoró un momento en responder. Mantenía su mirada en algún punto a su izquierda como si sopesara las palabras. Eventualmente habló lanzando un hondo suspiro.

"Los humanos pueden ser realmente testarudos a veces. En ese pueblo no creyeron en la existencia del mononoke..pensaron que yo había sido quien ocasionó esas muertes. Buscaban tomar represalias.."

Hoozuki lo estudió por largos minutos. Cuando al fin se percató de aquello que no le cuadraba abrió los ojos en gesto de gran sorpresa. Realmente no había esperado eso.

"Mientes"

Mientras su compañero hablaba había percibido las tenues vibraciones que sus cuerdas vocales hacían sobre su piel, casi había sentido el sabor de la conquista formándose en su pecho y sin embargo... La mentira se había deslizado desde el interior de su pecho, había pasado por su traquea y se había escurrido por sus labios impidiéndole su ansiado triunfo. Se la había negado. Simplemente le había negado su voz. Porque si bien el kitsune había respondido a su pregunta con su aterciopelada sonoridad, el hecho de que su respuesta se tratara de una mentira le daba una victoria falsa, que él simplemente no podía aceptar.

Un sentimiento de intenso desafío guió sus acciones. En un segundo los dos descansaban en un infinito letargo y al otro el oni estaba sobre el boticario aprisionándolo con sus manos. Su aura demoníaca inundaba el lugar volviéndolo asfixiante. Acaso ¿Quién era él para negarle algo? Hoozuki se acercó a su rostro con aire predatorio pero el otro permaneció imperturbable, como si hubiese esperado esa reacción. Finalmente y mientras una fuerza intensa era ejercida sobre sus brazos, sus labios se curvaron en una sonrisa tan ínfima y fugaz que si el oni no hubiera estado tan cerca no habría sido capaz de percibirla. En un principio, el demonio no fue capaz de comprender, sin embargo el gesto que su compañero hizo a continuación terminó por aclarar la situación. El kitsune, en un deliberado y pausado gesto inclinó su cabeza hacia atrás brindándole una vista completa de su delicado cuello, en una clara señal animal de sumisión que le decía: Puedes tener todo lo que desees, pero deberás luchar por algunas cosas.

El oni sonrió. Jamás le habían agradado las cosas fáciles y ese kitsune bajo su cuerpo de alguna manera lo sabía y se hacía más atractivo para él. Definitivamente lucharía por aquello que se le negaba.