Es increíble notar lo rápido que pasa el tiempo. Se iban a cumplir un año y medio desde que Atem llegó. Y que decir desde que ya pasaron seis meses desde que estuve en Kul-Elna. Todavía y de solo pensarlo me da escalofríos, aquel lugar resultaba ser tétrico en verdad. Por lo que pudimos descubrir es que los habitantes de esa población simplemente desaparecieron, aunque se piensa que su gente fue víctima de una masacre que acabó con ellos, lo curioso es que no hay rastros de cuerpos o sepulcros. Es como si el desierto los hubiera tragado. Sin embargo la atmósfera del templo subterráneo estaba muy cargada.
Realmente fue una gran emoción posar mi mano sobre la famosa Piedra del Faraón, pero la emoción que invadió mi corazón fue de una profunda angustia y dolor. Como viaje científico fue más que fructífero, puesto que logramos tomar medidas de los huecos en la piedra para compararlos con los ítems del Milenio y descifrar el mensaje oculto de los textos en las paredes y columnas.
Y no fue nada agradable descubrir lo que los textos trataban de codificar. La magia entre los sacerdotes siempre existió, tanto la blanca o la oscura. Pero es un tema del que dudaba si debía plasmarlo en la publicación o no.
Al pasar de la cocina a la sala de estar tropecé levemente con una caja. Los artículos que Alice me dio hace mas de un año. Y si, se confirmó el hecho que en la piedra del templo se fundieron los ítems. Es increíble pensar que quedaron rastros del material empleado en los moldes. El elemento principal era el oro, pero también se encontró material genético de mamíferos en la aleación. Lo que no se pudo determinar exactamente fue si ese material ajeno al metal preciosos fue empleado como elemento desmoldante o sirvió para fundirse con el oro. Eso sí, ningún museo nos permitió comprobar eso, pues de hacerlo deberíamos sacar una muestra de cualquiera de los ítems y ello conllevaría en algunos casos a la destrucción de una gran parte del mismo. Así que eso quedará como incógnita.
Por otro lado lo que se develará en esta investigación daría mucho que hablar, más ya dos canales de documentales están pretendiendo cubrir el viaje final que haremos en una semana. Menos, quedan cinco días y sigo sin preparar las maletas. No revisé el equipo que debemos llevar. Lo único positivo es que todo el papeleo burocrático con los museos por fin terminó. Hace tres meses logramos finalizar los permisos el Louvre y Cairo para que se nos facilite el traslado de los artículos del Milenio hasta Kul-Elna y poder tomar una foto de los artículos en el lugar donde fueron forjados. Más el que más trabas opuso fue el colgante piramidal que recién hace dos días terminé.
A veces pienso que inconscientemente me auto-boicoteaba, no quiero separarme de él, de Atem. Como me gustaba recostarme en cama y colocar el rompecabezas sobre mi estómago y tratar de armarlo antes de que el sueño terminara por ganarme. Pese que ahora está completo, lo sigo colocando encima mientras leo a Pushkin. Ahora tengo sueños de época, durante la Rusia Zarista, donde mi Alexander Pushkin no es de ascendencia etíope, si no de la más importante casta egipcia. Moreno, fornido y muy educado como todo caballero, capaz de batirse a duelo en defensa tanto del honor como del más sórdido romance. Si tuviera la belleza de la esposa de Karenin, sin hesitar me encantaría convertirme en su Natasha Goncharova. Qué más da. Pero cada vez se tornan más vívidos estos sueño, la última vez que bailamos en el palacio de San Petersburgo creí sentir la tibieza de su tacto.
Reviso nuevamente mi lista de quehaceres:anti-inflamatorio (listo), café (listo, acabo de prepararlo), dolor irrefrenable de cabeza en la que deseo que Hefesto abra mi cráneo de un hachazo para que nazca Pala Atenea (presente como siempre), acidez nerviosa (controlada desde hace una hora, espero que el café no lo estropee todo), valija con ruedas 360º (local de compras localizado, mi vieja compañera se jubiló en el ultimo trasbordo), tarjeta de crédito (en cartera). Por hoy, creo que tengo casi todo listo para salir. Me voy a duchar y prepararme.
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Nunca hay nada mejor que un buen baño temprano al levantarse. Reveo mi lista, y tacho mis primeros cuatro puntos. Una blusa blanca, pantalones negros de gabardina, botas media caña y un trench, estaría lista para salir. Aunque es podría parecer extraño, desde que terminé el busto para la exhibición me siento más acompañada, segura; y es aquí donde todo se torna ridículo. Bajo ningún aspecto un busto de arcilla podrá protegerme, por más que yo lo desee. Igual siempre al irme de casa doy una última mirada a mi escritorio y saludo a Atem. La misma mirada perdida me es devuelta por un rostro de rasgos firmes y gestos decididos, entre las arrugas de la frente y los ojos de vidrio. Con su cabello en forma crispada como una corona cuyos rayos emulan el sol, Atem parece sonreiría, o tal vez es el juego de sombras que causa la poca luz que se cuela por las persianas. No puedo dejar de pensar que tal vez de joven debió ser muy apuesto.
Un ventarrón frío proveniente del río me dio de lleno en el rostro. Por todos lados había rebajas de la temporada invernal y en teoría la estación estival se estaba retirando, pero los termómetros decían lo contrario. Debí haber sacado mis guantes, lo positivo es que tenía la bufanda dentro del bolso de mano, así que mis cuerdas vocales están a salvo. Unos pasos más y estaré debatiendo respecto al tamaño de valija que usaré para el viaje.
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No podía ser de otra manera, tengo un encantador insomnio y la razón se debate entre dos fundamentos: 1) mañana por fin viajo a El Cairo (pero no es algo que me sea ajeno, ya estuve varias veces allí y nunca tuve insomnio la noche anterior, por lo que debería descartarlo); 2) dejé a Atem esta mañana en el museo y eso me tiene inquieta, me siento sola, tal vez desarrollé un fetiche con los bustos de arcilla.
Prendo el televisor y tomo la película que me prestó Jorge. L'amour dure trois ans, para ser una comedia pasatista francesa está muy bien, pero el final c'est typique français. Mais j'ai une amour de trois mille ans(*).
Ahora, mi conducta era ridícula, pues pretender que se puede estar enamorado de una persona que vivió hace más o menos tres mil años, suponiendo como sería su carácter basado en las historias que escribieron de él. Obviamente todo es heroico y magnánimo, era el Faraón!
No recuerdo bien en que momento de los créditos de la película me dormí, pero el sueño finalmente me venció.
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Después de seis horas de vuelo llegamos por fin a El Cairo, son cerca de las seis y estamos esperando que despachen nuestro equipaje, parte del equipo fue a retirar el despacho especial por otra sección. Cerca de las once nos estaremos reuniendo con parte del equipo de excavación del museo local.
La emoción y la euforia debería abrazar mi espíritu, pero tengo el presentimiento que después de mañana muchas cosas cambiaran. La expectativa es enorme, ya los camarógrafos del canal encargado de realizar el documental nos esperaban en el hall del hotel. Dejé a Jorge y el profesor Johanns encargarse de ellos, él era el director de la investigación.
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Son cerca de las siete de la tarde y ya el sol empieza a caer sobre la rivera occidental del Nilo. El esquema del viaje era el siguiente: almorzar en El Cairo luego de la reunión con los miembros que formarían parte del grupo definitivo de trabajo. En las primeras horas de la tarde regresaríamos al museo para empacar el material y equipo como así también los seis ítems faltantes. Ahora nos dirigimos a Menfis, antigua capital del Imperio. A la mañana siguiente nos espera una caravana en el puerto para ir a Kul-Elna, la parte más importante del trayecto. No quiero ni pensar en como los del documental podrían entorpecer nuestros trabajos, aunque ya no queda mucho por hacer salvo la gran foto y este colgante piramidal se separará de mi para siempre. Puedo parecer imprudente al estar apoyada sobre la barandilla del barco con el rompecabezas colgando de mi cuello sujeto con un cordón de cuero trenzado. Lo tomo en mi mano apoyándolo contra mi pecho, anticipando lo extraña que me sentiré sin su peso, sin poder tocarlo de nuevo palpando sus molduras, el trabajo artesanal casi perfecto que ostenta. Más extraño aún es el hecho de este acostumbramiento cuando en general casi apenas llevo alguna alhaja encima. Tal vez, una vez que esto termine así también terminarán mis extraños sueños, incluso para siempre. Si mi madre me escuchara me deshereda, encima ya para esta edad ella pretendía que la hiciera abuela o con las grandes expectativas de verme casada, pero después de mi última relación con ese contador del banco, creo que mi madre deberá depositar todas sus esperanzas en mi hermano que en mi. Y pensándolo bien, esa podría ser la razón por la que idealicé tanto a Atem, ya que puedo hacer que se comporte y haga lo que deseo en mis sueños, lo que mi subconsciente anhela, tengo el poder para ello, está todo en mi mente. Conclusión, atento mi frustración cree una ficción de la que estoy embobada.
- No tienes frío?- me sobresaltó el hecho de que Jorge me colocara un abrigo sobre los hombros, nunca lo escuche llegar- estas muy seria, es por lo de mañana?
- Algo así- recién me doy cuenta que la luz que nos ilumina es la luna, que se refleja sobre las pardas aguas del río.
- Por lo visto no piensas separarte de ese colgante hasta el último minuto- eso me irritó, y bastante.
- No, hasta el último segundo- me di vuelta en dirección a los camarotes y lo dejé allí, sin decir más. Me molestó su comentario, él no entiende lo que significa para mi.
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Hoy no soñe nada, pero nada. Todo era negro pero esta vez no desperté. Los gritos en el muelle, el bullicio de gente me despertó. Para cuando salí ya estaban bajando los equipos y colocándoles en los jeeps de la caravana. Nuestro guía parecía algo fastidiado por la demora, espero no ser la culpable.
El pañuelo cubre casi toda mi cara salvo los ojos, igual no veo nada, el viento y la arena me están castigando severamente la vista y es ahí cuando caigo en cuenta que me dejé los anteojos de sol en el departamento en Londres, pero ya estamos aquí.
Después de cuatro horas de viaje a alta velocidad y con viento en contra, Alice no paraba de reírse de mi cara, se había formado una capa bastante gruesa de arena y lágrimas que de mis ojos no paraban de saltar. Uno de los muchachos del equipo me acercó agua y una gamuza para secarme la cara. instalamos unas carpas en el lugar sugerido por el guía, a resguardo de los vientos, pero no del sol. Ello no importaba mucho, el templo estaba bajo tierra y ya teníamos más que identificada la entrada. Bajamos de a poco los equipos al recinto subterráneo, uno de los camarógrafos se acercó a la piedra tallada yacente en el suelo para tomar un buen plano del antes de colocar los ítems. Ese joven se llama Henrry. Noté que daba pequeños golpecitos con el pié a un costado de la piedra para luego mirar en mi dirección.
- Disculpen, pero no era más fácil trasladar esta piedra al museo que dejarla aquí?
Pude observar la expresión de fastidio de Alice y cuando estaba a punto de explicarle Jorge se me adelantó.
- Eso sería posible si la piedra estuviera simplemente colocada allí y no creas que cuando la descubrieron no intentaron sacarla. El problema radica que la piedra esta tallada sólo en un diez por ciento que es la superficie sobre relieve que ves allí, el resto abarca más de doscientos metros cuadrados, lo que lo convierte en un gran inconveniente de traslado, pues deberíamos trasladar al museo más de la mitad de estas ruinas. Comprendes ahora? -la cara de Henrry era un plato, una expresión estupefacta incomparable, y Alice se moría de la risa, tan es así que salió afuera para desahogarse. Mientras tanto el profesor y yo estábamos desembalando los ítems y demás elementos del equipo.
El gran momento había llegado, tanto el fotógrafo del equipo como el camarógrafo habían puestos sus sendas cámaras sobre los trípodes debidamente ajustados a el marco. El profesor tenía en sus manos el aro y el ojo, Alice la balanza y el cetro, Jorge el Ank y collar, yo el colgante piramidal. Los colocamos en ese orden y nos posicionamos por detrás de la cabeza de la piedra, estábamos tan emocionados que nos brillaban los ojos de las lágrimas que ninguno dejó escapar. Alice fue la primera en salir corriendo a ver que tal salió todo, con el profesor nos quedamos a retirar los ítems de su lugar de origen, justo cuando Jorge llama al director por una consulta y quedé para retirar el último que quedaba. Lo observé con nostalgia, ya no colgaría más de mi cuello, no sentiría su peso cuando leo por las noches. Al pasar mi mano sobre el rompecabezas, sucedió todo tan rápido.
Que yo supiera, por la zona no había fallas tectónicas, pero la tierra se sacudió ferozmente y parte del techo comenzó a caer. Escuchaba los gritos de la gente del equipo llamándose unos a otros y corriendo hacia el exterior del templo. Solo me volví unos segundo para tomar la pirámide cuando un dolor punzante sobre un costado de mi cabeza hizo que todo se volviera negro. No escuché ni sentí nada más por mucho tiempo.
